1 Dic 2013 | Sin categorizar
Continuación de «La aventura de la Unidad»/Los inicios/1
En los meses sucesivos Chiara se encuentra rodeada de jóvenes. Algunas de ellas quieren seguir su mismo camino: Natalia Dallapiccola la primera, después Doriana Zamboni y Giosi Guella; también Graziella De Luca y las dos hermanas Gisella y Ginetta Calliari; otra pareja de hermanas, las Ronchetti, Valeria y Angelella; Bruna Tomasi, Marilen Holzhauser y Aletta Salizzoni; … Y todo esto sucede a pesar de que el camino del focolar no estaba para nada definido, salvo por el “absoluto radicalismo evangélico” de Chiara.
En esos meses la guerra encrudece también en Trento. Ruinas, escombros, muerte. Chiara y sus nuevas compañeras se encuentran en los refugios antiaéreos cada vez que hay bombardeos. Es fuerte el deseo de estar juntas, de poner en práctica el Evangelio, después de aquella fulgurante intuición que las lleva a poner a Dios amor como el centro de sus jóvenes vidas. «Cada acontecimiento nos impresionaba profundamente –dirá más tarde Chiara-. La lección que Dios nos ofrecía mediante las circunstancias era clara: Todo es vanidad de vanidades, todo pasa. Pero, con-temporáneamente, Dios ponía en mi corazón, a nombre de todas, una pregunta, y con ella una respuesta: “Pero ¿existirá un ideal que no muera, que ninguna bomba pueda hacer caer, por el cual valga la pena donar todo de nosotros?”. Sí, Dios. Decididamente decidimos hacer de Él el ideal de nuestra vida».

En el mes de mayo, en un sótano de la casa de Natalia Dallapiccola, a la luz de una vela, leen el Evangelio, como ya es su costumbre. Lo abren casualmente, y encuentran la oración de Jesús antes de morir: «Padre, que todos sean una cosa sola» (Jn. 17, 21). Es un texto evangélico extraordinario y complejo, es el testamento de Jesús, estudiado por lo exegetas y por los teólogos de toda la cristiandad: pero algo olvidado en aquella época, por ser misterioso para la mayoría. Y después la palabra “unidad” había entrado en el vocabulario de los comunistas, que en cierto sentido reclamaban el monopolio. «Pero aquellas palabras parecían iluminarse una a una – escribirá Chiara-, y nos dejaron en el corazón la convicción de que habíamos nacido para “aquella” página».
Pocos meses antes, el 24 de enero, un sacerdote les pregunta: «¿Saben cuál fue el dolor más grande de Jesús?». Las muchachas responden según la mentalidad común de los cristianos de entonces: «El que sufrió en el huerto de los olivos». Pero en sacerdote replica: «No, Jesús sufrió más cuando grito en la cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”(Mt 27,46)». Impresionada por esas palabras, en cuanto quedaron solas, Chiara le dice a su compa-ñera: «¡Tenemos una sola vida, gastémosla lo mejor que podamos! Si el dolor más grande de Jesús fue el abando-no por parte de su Padre, nosotros seguiremos a Jesús abandonado». A partir de ese momento Él será para Chiara el único esposo de su vida.
El conflicto mientras tanto no deja tregua. Las familias de las muchachas en gran parte se ven desplazadas a los valles de las montañas. Pero ellas deciden permanecer en Trento: quien obligada por el trabajo o por el estudio, o, como Chiara, para no abandonar a las muchas personas que empezaban a sumarse. Chiara encuentra un techo en el apartamento número 2 de la Plaza de los Capuchinos, en la periferia de Trento, donde ella y algunas de sus nuevas amigas –primero Natalia Dallapiccola, y después poco a poco las otras- se transfirieren. Es el primer focolar: un modesto apartamento con dos ambientes en el anexo arbolado a los pies de la iglesia de los Capuchinos: lo llaman “la casita del amor”, o, simplemente, “la casita”.
30 Nov 2013 | Palabra de vida, Sin categorizar
«Que el Señor les haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros»
Siendo el amor el centro de la vida cristiana, si no progresa, toda la vida del cristiano lo resiente, languidece y después puede apagarse.
No basta con haber entendido la luz del mandamiento del amor al prójimo y ni siquiera haber experimentado el entusiasmo, sus impulsos y sus arrebatos a los inicios de la propia conversión al Evangelio. Es necesario hacerlo crecer manteniéndolo siempre vivo, activo, operativo. Y esto sucederá si se saben acoger, con mayor prontitud y generosidad, a las diversas ocasiones que la vida nos ofrece cada día.
«Que el Señor les haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros»
Para San Pablo, las comunidades cristianas deben tener la frescura y la calidez de una verdadera familia.
Es comprensible por tanto la intención del apóstol de advertir sobre los peligros a los que con mayor frecuencia se ven expuestos: el individualismo, la superficialidad, la mediocridad.
Pero San Pablo quiere prevenir también sobre otro grave peligro, estrechamente vinculado al precedente: el de apoyarse en una vida tranquila y ordenada, pero cerrada en sí misma.
Él quiere comunidades abiertas, ya que es propio de la caridad amar los hermanos en la fe y, al mismo tiempo, ir hacia todos, ser sensibles a los problemas y las necesidades de todos. Hace parte de la caridad saber acoger a cualquier persona, construir puentes, poniendo en relieve el positivo y uniendo los propios deseos y esfuerzos para el bien de los que muestran buena voluntad.
«Que el Señor les haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros»
¿Cómo viviremos entonces la Palabra de vida de este mes? Será tratando de crecer también nosotros en el amor mutuo dentro de nuestras familias, de nuestro ambiente de trabajo, de nuestras comunidades o asociaciones eclesiales, parroquias, etc.
Esta Palabra nos pide una caridad sobreabundante, es decir, una caridad que sepa superar las medidas mediocres y las varias barreras provenientes de nuestro sutil egoísmo. Será suficiente pensar en ciertos aspectos de la caridad (tolerancia, comprensión, acogida recíproca, paciencia, disponibilidad al servicio, misericordia hacia las verdaderas o presuntas faltas de nuestro prójimo, comunión de bienes materiales, etc.) para descubrir tantas ocasiones para vivirla.
Después es evidente que, si en nuestra comunidad hay este clima de amor mutuo, su calidez se irradiará sin falta hacia todos. También aquellos que todavía no conocen la vida cristiana advertirán su atractivo la atractiva y muy fácilmente, casi sin darse cuenta, se sentirán involucrados al punto de sentirse parte de una misma familia.
Chiara Lubich
24 Nov 2013 | Sin categorizar
Silvia, este es el nombre de bautismo de Chiara Lubich, nace en Trento el 22 de enero de 1920, es la segunda de cuatro hijos. El padre, Luigi, comerciante de vino, ex tipógrafo antifascista y socialista, irreductible adversario político de Benito Mussolini. La madre, Luigia, tenía por una fuerte fe tradicional. El hermano mayor, Gino, después de los estudios de medicina participa en la Resistencia con las célebres Brigadas Garibaldi, para después dedicarse al periodismo, a escribir en el periódico “L’Unitá”, del partido comunista de entonces..
Con 18 años, Silvia obtiene con excelentes calificaciones el diploma de maestra de primaria. Quiere seguir estudiando, y por eso intenta entrar en la Universidad Católica. En vano: Termina siendo la 34 sobre los 33 cupos de admisión gratuita disponibles. Sí, porque en la familia Lubich no había dinero suficiente para permitirse estudios en otra ciudad. Silvia se ve obligada a trabajar. A partir del año escolar 1940-1941 da clases en la Opera Seráfica de Trento.
Un viaje, en 1939, será el punto de partida decisivo de su experiencia humano-divina: «Fui invitada a un con-greso de estudiantes católicas en Loreto –escribe Chiara-, donde está custodiada según la tradición, en una gran iglesia-fortaleza, la casita de la Sagrada Familia de Nazaret… Participo en un colegio en el curso con todas las demás; pero, cada vez que puedo, corro allí. Me arrodillo junto al muro ennegrecido por las lámparas. Algo nuevo y divino me envuelve, es casi como si me aplastara. Contemplo con el pensamiento la vida de los tres (…). Cada pensamiento me pesa, me estruja el corazón, las lágrimas caen sin control. En cada intervalo del curso, corro siempre allí. Es el último día. La iglesia está repleta de jóvenes. Me pasa por la mente una idea clara, que nunca se borrará: serás seguida por una legión de vírgenes».
Volviendo a Trento, Chiara encuentra a sus estudiantes y al párroco que había estado muy cer-ca de ella en esos meses. Él, apenas la ve tan radiante, una chica verdaderamente feliz, le pregunta si había encontrado su camino. La respuesta de Chiara es aparentemente (para él) una desilusión, porque la joven sólo sabe decirle cuáles son las vocaciones que no advierte como “suyas”, es decir aquellas tradicionales: ni el convento, ni el matrimonio, ni la consagración en el mundo. Nada más.
En los años de la visita a Loreto de 1939 a 1943, Silvia sigue estudiando, trabajando y comprometida al servi-cio de la Iglesia. Cuando se hace terciaria franciscana, asume el nombre de Chiara.
En 1943, Chiara tiene veintitrés años, mientras va a buscar la leche a un par de kilómetros de su casa, en lugar de sus hermanitas que no habían aceptado la invitación de la mamá porque hacía mucho frío, pasando por la localidad conocida como Virgen blanca, advierte, precisamente mientras pasa bajo el puente del ferrocarril, que Dios la llama: «Date toda a mí». Chiara no pierde tiempo, y con una carta pide permiso para donarse totalmente a Dios, a un sacerdote cappuccino, el Padre Casimiro Bonetti. Lo obtiene después de un coloquio profundo. Y el 7 de diciembre de 1943, a las 6 de la mañana, se consagra. Ese día, Chiara no tenía en su corazón ninguna intención de fundar algo: simplemente se “casaba con Dios”. Y esto era todo para ella. Sólo más tarde se le atribuyó a esa fecha el inicio simbólico del Movimiento de los Focolares.
21 Nov 2013 | Sin categorizar
“Me dispongo a escribir esta biografía en «puntas de pie» y con un cierto temor”. Así comienza el prólogo, Matilde Cocchiaro, autora del libro sobre la biografía de Natalia Dallapiccola, la primera compañera de Chiara Lubich. En la historia de los Focolares, Natalia tuvo un rol particular. Tan especial que Chiara una vez dijo, que si no hubiese encontrado a una persona como ella, ya preparada por Dios, tal vez nunca hubiera comenzado esta vida, tan revolucionaria, basada en el Evangelio.
Por su amor incansable hacia todos, vivido siempre con la radicalidad de los comienzos, Chiara le dio el sobrenombre de “Anzolon”, que en dialecto trentino significa “gran ángel”
Fue determinante su rol en la difusión del ideal de la unidad en los países del Bloque Comunista, más allá de la “Cortina” y en el campo del “diálogo interreligioso”, por el que puso en juego todo su talento y energía durante 30 años, hasta los últimos días de su vida terrenal.
Nichiko Niwano, presidente del movimiento budista japonés Rissho Kosei-kai, en el prólogo afirma: “Natalia fue durante largos años la ‘ventana abierta’ que nos unió con el Movimiento de los Focolares… prodigando en esta tarea los mejores talentos de su corazón y de su mente… Como dice un antiguo dicho: “Conoce el pasado y descubrirás lo nuevo”. Significa: examina la historia, estudia atentamente la tradición y obtendrás una nueva sabiduría. Por lo tanto, no deseo otra cosa y auguro que esta biografía de Natalia sea una guía preciosa en el camino hacia el futuro”
El 1º de abril de 2008 partió para el Cielo. Falleció apenas 18 días después de Chiara. Muchos tuvieron palabras de gratitud y aprecio hacia Natalia: “Entre Natalia y yo – dijo el Rabino David Rosen de Jerusalén – existía un profundo vínculo. Custodiaré siempre como un tesoro su amable y noble espíritu (…)”
Desde India, Shantilal Somaiya, Kala Acharya y Lalita Namjoshi, de Somaiya Bharatya (hindúes) dicen: “Recordamos con gran reverencia la visita que ella hizo a nuestro Instituto y su forma de ser silenciosa, pero tan eficaz en la conducción de nuestros encuentros de diálogo”.
Desde Skopje, Azir Semani, en nombre de los amigos musulmanes de Macedonia, se dirige directamente a ella: ¡Gracias por tu mano siempre protectora!… Nosotros hemos acogido plenamente tu invitación: ‘Que todos sean uno’. La voz de Dios a través tuyo fue el llamado de amor y de confianza por el cual nosotros musulmanes, somos honrados en poder caminar juntos, hacia el mundo unido. ¡Que tu amor sea bendito!”
Monseñor Miloslav Vlk, Cardenal emérito de Praga, quien durante muchos años fue responsable de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, comenta: “Puedo sinceramente decir que Natalia fue una madre del Ideal de la unidad para nuestra tierra. Con su vida, sin muchos discursos, dejaba que transparentara la luz del carisma recibido por Chiara, que ella nos transmitía en toda su profundidad. En 1968, encontrándose Natalia en las montañas de Tatra, – continúa el Cardenal– a casi seis horas de distancia de Checoslovaquia, organizó la primera Mariápolis. Oficialmente la Mariápolis era “algunos días de vacaciones” y, para evitar los controles de la policía, se realizaban largas caminatas, luego nos deteníamos y ella nos contaba algo….La vida que nos presentaba era genuina, verdadera. Cada uno de los presentes quedaba impactado por su sencillez totalmente mariana. Su amor conquistaba porque era natural y sobrenatural al mismo tiempo”.

“Natalia no dejó su historia escrita, pues estaba siempre en la tensión de amar y donarse a cada prójimo -concluye la autora del libro- . He tratado de reconstruirla… ha sido insustituible la colaboración de las primeras focolarinas y de los primeros focolarinos, que, junto con ella, vivieron con Chiara Lubich los albores del Movimiento. Pude transmitir, también algunos pensamientos espirituales de Natalia, pensamientos preciosos, escritos con su puño y letra en papeles sueltos o transmitidos verbalmente a alguien que trabajaba con ella, recogidos luego por testigos oculares y reconstruidos con fidelidad”
(Matilde Cocchiaro, “Natalia: la primera compañera de Chiara Lubich”, Editorial Città Nuova , Roma, 2013. Colección Città Nuova Per).
Email: info@focolare.org
15 Nov 2013 | Sin categorizar

«El pueblo cubano es maravilloso, más allá del estado de abandono que se encuentra dando vueltas por las calles de La Habana y otras ciudades».
Agostino y Marisa cuentan algo de su viaje a Cuba. Ellos son una familia de los Focolares, de Vicenza, que después de haber vivido por 11 años en República Dominicana, ahora residen en Roma.
«Podríamos decir que vivimos esos días en Cuba en una constante conmoción por la autenticidad de la vida que encontramos en las personas. Vida heroica osaríamos decir, por la situación en la que tienen que vivir. Una familia nos contaba que a duras penas habían ahorrado $20 para comprarle un par de zapatos a uno de los niños. Un sábado en la tarde salieron para comprarlos pero, por ese precio o encontraron nada que valiera la pena y decidieron renunciar por el momento. Regresando a casa se encontraron con una familia muy pobre, papá, mamá y un niño con los zapatos destruidos. Se miraron y, juntos, decidieron dar una parte del dinero para los zapatos de ese niño; no iban a ser de buena calidad pero seguramente mejores que los que tenía. Algunos días después vino a visitarlos la abuela con un sobre; había llegado dinero de los parientes y había pensado compartir una parte para sus necesidades. Era la cifra que faltaba para poder comprar los zapatos del niño.
«Recorrimos alrededor de 3.000 km con los medios de transporte más variados; en las ciudades nos movíamos a pie, en bicicleta, con volanta y caballo, con bici-taxi.
En Cienfuegos, Santiago de Cuba, Camagüey, Florida, Holguin, Banes nos encontramos con grupos de familias, pero también de novios, para profundizar en la espiritualidad de la unidad, con especial atención a su incidencia en la familia. Entre los presentas estaban también algunos que no tenían una referencia religiosa; pero eran precisamente ellos quienes subrayaban que esta es una espiritualidad para todos.
«Fuimos a almorzar y a cenar a la casa de muchas familias amigas. ¡Qué bella experiencia entrar en sus casas y compartir con ellos la vida! Nos contaron muchos episodios de amor concreto. Como por ejemplo ésta: una familia fue a visitar a una pareja que hacía poco había tenido un niño: se dieron cuenta de que se les estaba terminando el azúcar que todos los meses reciben del Estado: comprar más habría sido muy costoso. Regresando a casa, tomaron el azúcar que les quedaba a ellos y se los llevaron. La pareja, sorprendida, exclamó: “Pero ustedes ahora ¿cómo hacen?”. Esa misma noche vino a verlos la abuela; traía el azúcar que no podía consumir por motivos de salud.
«Al tratar de compartir las alegrías de nuestros nuevos amigos, entendimos por qué la espiritualidad nació en tiempos de guerra. De hecho, Chiara Lubich no esperó “tiempos mejores” para empezar y amar con los hechos, sino que empezó en medio de las dificultades. Ha sido la confirmación de que es posible vivir el Evangelio en todas las situaciones».
14 Nov 2013 | Sin categorizar
Juntos es posible
Algunos de mis compañeros de liceo provienen de los suburbios donde existe marginación. Ellos sufrieron experiencias muy desagradables. El primer año me resultó muy difícil pues me sentía aislado. Me hice amigo de un muchacho que, como yo, quería vivir el cristianismo. Nos pusimos de acuerdo para dirigirnos sobre todo a los compañeros más pobres y a los que estaban sumergidos en graves problemas. Frente a nuestra escuela había una comunidad de discapacitados. Sentimos el impulso de ir a visitarlos para ayudarlos y para que se sintieran menos solos y desafortunados. Involucramos en esta experiencia a algunos compañeros nuestros. Los dos últimos años de liceo fueron muy buenos por las lindas experiencias que hicimos entre todos. (G. Z. – Italia)
La foto más linda

Soy un fotógrafo profesional y siempre observo todo y a todas las personas bajo el punto de vista de mi profesión. Siempre miro a las personas y a las cosas que están a mí alrededor como si me pertenecieran. ¿Qué tiene que ver Dios y el amor con la fotografía? Sin embargo hay algo en mi trabajo que no me da satisfacción. Un día en un congreso, en el momento en que estoy por sacar la foto más linda de mi vida (¡los fotógrafos pensamos siempre así!), alguien me toca en el hombro diciendo mi nombre. Es casi automático un pensamiento: ¿saco la foto o respondo al que me llama en este momento? Un momento de suspensión y dejo la cámara. Una alegría profunda me invade. (M. T.- Argentina)
Dos bolsas
En la calle encontramos a una joven desesperada: su madre se había ido dejándole plata sólo para tres días y ya había pasado más de una semana y todavía la mamá no había vuelto. Decidimos ayudarla dándole todo lo que teníamos en ese momento. Ella se quedó asombrada y feliz por este gesto, porque así le pudo dar de comer a sus dos hermanos. Cuando llegamos a casa, vinieron dos religiosas a visitarnos con dos bolsas llenas de alimentos para nosotros: mucho más de lo que habíamos dado. Vimos que se cumplió la frase del Evangelio: «Den y se les dará». (O. M. F.-Bolivia)
Fuente: El Evangelio del día, noviembre de 2013, Editorial Città Nuova.