Movimiento de los Focolares
Servicio y realeza

Servicio y realeza

El Papa Francisco pronunció palabras fuertes durante la Misa de inicio de su ministerio petrino: Una de ellas es el servicio, ¿cómo resonó en ti? Resonó exactamente como tenemos que vivir nuestra tarea, no importa cual sea, todos los formamos parte del Movimiento de los Focolares. Realmente un servicio, pero un servicio de amor. Y quien sirve por amor -recordaba Chiara Lubich, puede decir que ‘reina’. No se trata de un servicio que rebaja o humilla, sino la actitud de quien se dona completamente por amor. Quien se comporta así pone en su lugar a los demás y los pone en la condición de ser los que tienen que ser. A partir de allí se deduce que el servicio y la función de gobierno se atraen recíprocamente”. Otra palabra del Papa Francisco, por la que hizo oir su voz, es la atención a los pobres. ¿Hay algo que revisar en el Movimiento de los Focolares? No podemos quedarnos observando solamente al Papa Francisco. Pienso que tenemos que mirarnos a nosotros, hacernos un examen de conciencia de modo que utilicemos, con sobriedad, sólo lo que realmente necesitamos, poniendo a disposición de los demás lo que podemos: todo lo que podemos dar. Al mismo tiempo me pareció percibir en las palabras del Papa el eco de una pobreza que no es sólo material, sino que entiende como tal también a quien se encuentra solo, a quien se siente incomprendido, a quien está abandonado, a quien no conoce a Dios y quizás no lo sabe. Delante de todas estas pobrezas creo que cada uno de nosotros tiene que preguntarse: ¿qué puedo hacer yo? El Movimiento de los Focolares está sometiéndose a un examen de conciencia, tratando de convertirse a una nueva medida de amor, de donación, de servicio. Siempre hay posibilidades de crecimiento en este sentido». Victoria Gómez    Lee  fragmentos de los mensajes de María Voce a Benedicto XVI y al Papa Francisco  

Fraternidad para vivir

La elección del Papa Francisco es un gran signo de continuidad con el el que dejó a la Iglesia de Benedicto XVI, renunciando al ministerio de obispo de Roma. En continuidad, porque con la elección del nombre Francisco, por primera vez en la historia de la Iglesia, el nuevo Papa, evidentemente, quiso poner su ministerio en la luz profética del testimonio evangélico de Francisco de Asís.

El hecho que el Papa se haya referido a la fraternidad, fraternidad por vivir, es un signo fuerte de esta voluntad de seguir el auténtico espíritu del Evangelio en su tiempo.

Me parece también muy significativo el hecho de que él haya querido dirigirse en primera instancia a la Iglesia de Roma como su obispo y pastor, y a partir de allí extender su saludo a todas las Iglesias y a las personas de buena voluntad.

También el gesto de querer pedirle al pueblo de Roma la intercesión de su oración para recibir la bendición de Dios, antes de impartir la bendición, tiene un significado profundamente evangélico y remite al espíritu del Vaticano II, que tiene como punto central la visión de la Iglesia como “pueblo de Dios”, la comunidad de los creyentes.

Además subrayaría el estilo que definiría laico, para nada clerical, con el que se dirigió a la gente reunida en la plaza San Pedro con un sencillo “buenas tardes” y después con un “buenas noches y descansen bien”. También el llamado a la confianza recíproca es importante, porque refleja una metodología de servicio pastoral y un anuncio: el Papa Bergoglio pareciera querer afrontar los grandes desafíos que esperan al obispo de Roma, de una reforma de la curia y un nuevo lanzamiento de la evangelización, como él mismo dijo, a partir de Roma y después a todo el mundo.

Impresionó también su promesa de querer ir mañana a rezar a María para poner su pontificado bajo su manto de madre del Amor Bello y de la misericordia.

El Papa Bergoglio es un jesuita, y por lo tanto tiene la experiencia directa de un gran carisma que ha iluminado la vida de la Iglesia en la modernidad. Y se quiso llamar Francisco, que es el carismático por excelencia. Parece querer unificar así el ministerio de Pedro con el amor y la profecía que la Iglesia experimenta en su historia a través de los carismas.

Este primer encuentro con su Iglesia y la Iglesia universal es ciertamente un signo grande de esperanza para los católicos, pero también para los cristianos y para toda la humanidad. Como nos pidió, nos unimos también nosotros en oración para vivir en unidad este nuevo paso de esperanza y de compromiso que hoy se nos pide, para que el Evangelio pueda ser levadura y sal en nuestro tiempo.

De Piero Coda

Fuente: Città Nuova online

Chiara Lubich: «Tengo un sueño para el nuevo milenio»

«…Sueño, para nuestra Iglesia, un clima más conforme a ella como Esposa de Cristo; una Iglesia que se presente al mundo más bella, más una, más santa, más carismática, más identificada con su modelo, María, por lo tanto, mariana, más dinámica, más familiar, más íntima, más configurada con Cristo, su Esposo. La sueño como faro para la humanidad. Sueño en ella una santidad de pueblo, nunca vista antes.

Sueño que el despertar – que hoy se comprueba – en la conciencia de millones de personas, de una fraternidad vivida, cada vez más amplia en la tierra, se transforme mañana, con los años del 2000, en una realidad general, universal.

Sueño por ello, que desaparecerán las guerras, las luchas, el hambre, los miles de males del mundo.

Sueño un diálogo de amor cada vez más intenso entre las Iglesias, que nos permita ver más cercana la composición de la única Iglesia.

Sueño que se hace más profundo, vivo y activo el diálogo entre las personas de las más variadas religiones vinculadas entre ellas por el amor, «regla de oro» presente en todos los libros sagrados.

Sueño con un acercamiento y enriquecimiento recíproco entre las varias culturas en el mundo, que dé origen a una cultura mundial que ponga en primer plano los valores que siempre fueron la verdadera riqueza de cada pueblo y que se impongan como sabiduría global.

Sueño que el Espíritu Santo continúe invadiendo las Iglesias y potencie las «semillas del Verbo» más allá de sus fronteras, para que el mundo sea invadido por las continuas novedades de luz, de vida, de obras que sólo El sabe generar. Para que hombres y mujeres cada vez más numerosos emprendan rectos caminos, converjan a su Creador, predispongan almas y corazones a su servicio.

Sueño relaciones evangélicas no sólo interpersonales, sino entre grupos, Movimientos, Asociaciones religiosas y laicas, entre los pueblos, entre los Estados, de modo que sea lógico amar la patria de los demás como la propia. Y sea lógico tender a una comunión de bienes universal, por lo menos como punto de llegada.

Sueño un mundo unido en la variedad de los pueblos….

Sueño, por lo tanto, un anticipo de Cielos nuevos y una tierra nueva como es posible aquí. Sueño mucho, pero tenemos un milenio para verlo realizado».

(Fuente: Chiara Lubich, Attualità leggere il proprio tempo (Michele Zanzucchi), Città Nuova Editrice, Roma 2013)

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El Papa Francisco: la frescura del Espíritu Santo

“Junto a toda la Iglesia verdaderamente estoy feliz en este momento, que nos muestra tanto la vitalidad de la Iglesia como la frescura del Espíritu Santo que siempre encuentra el modo para sorprendernos.

Más allá de la sorpresa, porque ciertamente no era uno de los cardenales de los que se hablaba, está la alegría de pensar que también este es un signo de novedad para el hoy de la Iglesia, que me parece que esté viviendo un momento especial que comenzó con la renuncia al ministerio del obispo de roma por parte de Benedicto XVI y seguido por este nuevo papa, que logró suscitar un eco extraordinario en todo el mundo.

Es muy significativa la elección del nombre de Francisco, porque me parece que expresa el deseo de un retorno a la radicalidad delEvangelio, a una vida sobria, a una gran atención hacia la humanidad y también a todas las religiones.

Además me parece particularmente digno de destacar que es un jesuita quien elige el nombre de Francisco: me parece que significa una apertura a los carismas, a todos los carismas, reconocer lo que hay de bueno en cada uno de ellos y valorizarlo.

Me impresionó particularmente su estilo simple, familiar, en la primera salida al balcón central de San Pedro: me pareció que sabía llegar al corazón de los hombres, de las mujeres, de los niños presentes . Considero que en este momento en el que se verifican grandes sufrimientos en la humanidad, hay necesidad de alguien capaz de tocar los corazones y hacer sentir a cada uno la alegría de tener un padre y un hermano que nos quiere”.

Maria Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares

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Chiara Lubich. Actualidad: leer el propio tiempo

Para Chiara Lubich (1920-2008) la actualidad es el camino por excelencia para leer los “signos de los tiempos”, desde la apertura a la eternidad y la atención a cada individuo, pequeño o grande protagonista de la Historia.

Son un testimonio también las numerosas entrevistas y artículos escritos en la Revista «Città Nuova» desde 1956, año de su fundación y de sus primeros artículos, hasta el 2005, fecha de su último aporte. Entre éstos se eligieron unos treinta, a partir de los cuales emerge claramente la intuición inicial que nunca abandonó a Chiara: seguir la actualidad quiere decir descubrir en la Historia la mano de Dios.

Un texto que nos ofrece un método de interpretación de los hechos y de las noticias para dar, como ella, el propio aporte a la sociedad.

Leemos en el prefacio firmado por el curador, Michele Zanzucchi, director de Cittá Nuova:

«Chiara Lubich nutría tal atención y respeto por la verdad que no toleraba nada que la ofuscara o tergiversara la realidad. De este modo leía “los signos de los tiempos” –una expresión muy amada por ella-, dando espacio a su espíritu profético, para encontrar enseñanzas en el presente. No por casualidad en sus textos usaba a menudo palabras como ‘hoy’, ‘presente’, ‘actualidad’, (…) lugar por excelencia de la manifestación de Dios en la Historia. Al leer, por ejemplo, los artículos escritos después del ataque a las Torres Gemelas se entiende cuán profética y contracorriente es su punto de vista.

Pero no dejaba de lado el pasado, las enseñanzas de la historia. Cuando hablaba de actualidad se percibía en ella la profundidad de todo el acontecimiento humano: el patrimonio histórico del pensamiento y de los acontecimientos alegres o trágicos de la humanidad era esencial para ella para entender bien la novedad que se manifestaba, y como consecuencia también la novedad que llevaba el carisma que a ella le había confiado el Espíritu. Su visión, además, nunca olvidaba el amor por la persona […] No escribía para comentar la actualidad, sino para construir la convivencia social. Para edificar, como ella decía, “un mundo más unido”».

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En favor de una Iglesia-comunión

«La decisión de papa Ratzinger del pasado 11 de febrero me parece que nos ha ofrecido un extracto de su reflexión teológica y espiritual. Antes que nada porque ha puesto en evidencia la primacía de Dios, de que la historia está guiada por El. Y además, nos ha encaminado a captar los signos de los tiempos y a responder a ellos teniendo el valor de optar por acciones sufridas, pero que sepan de innovación. Con una clara nota de esperanza porque tenemos «la seguridad de que la Iglesia es de Cristo».

Pero ¿a qué tipo de Iglesia Benedicto XVI miraba? ¿Por amor de qué Iglesia ha dado un paso de tal envergadura? Pienso que no me equivoco si digo que ha indicado la “Iglesia-comunión”, fruto del Vaticano II pero también como perspectiva a alcanzar, «que sea cada vez más expresión de la esencia de la Iglesia», como ha subrayado papa Ratzinger también al final de su pontificado.

Un “cada vez más”, que significa que todavía no hemos alcanzado del todo esa meta. ¿Cuál debe ser pues la dirección a tomar?

La Iglesia, ya se sabe, existe para el mundo. Por eso,  frente a las exigencias de una reforma ad intra, me parece que deba empezar mirando fuera de sí misma, hacer más intenso el diálogo con la sociedad. Ese contacto vital le permitirá hacer escuchar su voz clara  siendo fiel al Evangelio y al mismo tiempo escuchando las instancias de los hombres y mujeres de esta época. El resultado sería encontrar nuevos recursos y una insospechada vitalidad también en su interior.

Hará falta insistir ciertamente sobre el diálogo ecuménico, sobre el importante tema de la unión visible entre las Iglesias, tratando de llegar a definir la fe y la práctica eclesial de manera aceptable para todos los cristianos.

Desearía además una Iglesia más sobria, ya sea en relación a la posesión de bienes como en las expresiones litúrgicas y en sus manifestaciones; propondría una comunicación más fluida y directa con la sociedad contemporánea, que haga posible a la gente relacionarse con ella con más facilidad, y una actitud de mayor acogida también en relación a quien piensa de otra manera.

Universalidad y apertura a los diálogos serán pues dos notas que deberán ser recogidas por el nuevo papa. Para que pueda responder a estos enormes desafíos, imaginamos que tendrá que ser un hombre de profunda espiritualidad, unido a Dios para recibir del Espíritu Santo las soluciones a los problemas, ejercitando constantemente la colegialidad, involucrando también a los laicos, hombres y mujeres, en el momento de pensar y actuar de la Iglesia.

A nosotros nos toca trabajar con nuevo sentido de responsabilidad. Se trata de suscitar estímulos creativos en diferentes niveles. Pienso en la economía que saldrá de la crisis solamente si se pondrá al servicio del hombre; en la política, que debe volver a ser creíble volviendo a ser “vida común en la polis”; en la comunicación, que debe ser promotora de unidad en el cuerpo social; pienso también en la justicia, en la apertura hacia quien se equivoca, quien sufre por las llagas de la explotación, hacia quien ha sufrido por los errores de otros hombres y mujeres también de la Iglesia. Pienso en aquellos que se sienten excluidos de la comunión eclesial, como son las “nuevas uniones”. También estas personas  forman parte de la Iglesia, porque Cristo que la ha fundado ha muerto en la cruz para sanar toda división.

Se trata de hacer brillar su verdadero rostro. Por eso he invitado a todos aquellos que han hecho propio el espíritu del Movimiento en todo el mundo a un nuevo “pacto” que haga crecer en todas partes la escucha, la confianza, el amor recíproco en este tiempo de espera, para que en la unidad y en la colegialidad la Iglesia pueda elegir a aquel papa del cual también la humanidad siente la necesidad».

Fuente: Zenit

Radio Vaticana

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