Movimiento de los Focolares

Febrero 2011

Porque nuestra relación con el Padre, en efecto, no es puramente jurídica, como sería la de los hijos adoptivos, sino sustancial, ya que cambia nuestra naturaleza como por un nuevo nacimiento. Toda nuestra vida es animada por un principio nuevo, por un espíritu nuevo que es el propio Espíritu de Dios. Por eso no se acabaría nunca de cantar, con Pablo, el milagro de muerte y resurrección que realiza en nosotros la gracia del Bautismo. Esta Palabra nos dice algo que tiene que ver con nuestra vida de cristianos, en la cual el Espíritu de Jesús introduce un dinamismo, una tensión que Pablo condensa en la contraposición entre carne y espíritu, entendiendo por carne al hombre entero (cuerpo y alma) con toda su constitutiva fragilidad y su egoísmo permanentemente en lucha con la ley del amor, es más, con el Amor mismo que ha sido derramado en nuestros corazones. Aquellos que son guiados por el Espíritu, en efecto, deben afrontar cada día “el buen combate de la fe”4, para poder rechazar todas las inclinaciones al mal y vivir de acuerdo a la fe profesada por el Bautismo. ¿Cómo hacerlo? Sabemos que, para que el Espíritu Santo actúe, se necesita nuestra correspondencia y san Pablo, al escribir esta Palabra, pensaba sobre todo en ese deber de los seguidores de Cristo que es precisamente la negación del propio yo, la lucha contra el egoísmo en sus distintas formas. Es este morir a nosotros mismos lo que, sin embargo, produce vida, de manera que cada corte, cada poda, cada no a nuestro egoísmo es origen de luz nueva, de paz, de amor, de libertad interior: es puerta abierta al Espíritu. Al dejar más libre al Espíritu Santo que está en nuestros corazones, él puede ofrecernos con abundancia sus dones, puede guiarnos por el camino de la vida. ¿Cómo vivir, entonces, esta Palabra? Antes que nada tenemos que ser cada vez más conscientes de la presencia del Espíritu Santo en nosotros: llevamos en nuestro interior un tesoro inmenso, pero no nos damos cuenta lo suficiente. Poseemos una riqueza extraordinaria, pero que por lo general queda inutilizada. Además, para poder escuchar y seguir esa voz tenemos que decirle que no a todo lo que va contra la voluntad de Dios y decirle que sí a todo lo que él quiere: no a las tentaciones, cortando enseguida con las consiguientes insinuaciones; sí a las tareas que Dios nos ha confiado, sí al amor a todo prójimo, sí a las pruebas y a las dificultades que se nos presentan. Al hacerlo, el Espíritu Santo nos guía y le otorga a nuestra vida cristiana el sabor, el vigor, la incidencia y la luminosidad que la caracterizan cuando es auténtica. De esa manera, también quien está a nuestro lado advertirá que no somos sólo hijos de una familia humana, sino hijos de Dios. Chiara Lubich Palabra de Vida publicada por primera vez en junio de 2000.  

Gennaio 2011

«El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común».

Esta Palabra de vida nos presenta uno de esos cuadros literarios (véase también Hch 2, 42; 5, 12-16) en los que el autor de los Hechos de los Apóstoles nos da a conocer a grandes rasgos la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Ésta se caracterizaba por su lozanía, su dinamismo espiritual., por la oración, por el testimonio y, sobre todo, por su gran unidad, rasgo que Jesús quería que fuese signo inconfundible y fuente de fecundidad de su Iglesia. El Espíritu Santo, que en el bautismo se les da a todos los que acogen la Palabra de Jesús, al ser espíritu de amor y de unidad, hacía de todos los creyentes uno, con el Resucitado y entre ellos, y los llevaba a superar todas las diferencias de raza, cultura y clase social.

«El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común».

Pero veamos con más detalle los aspectos de esa unidad. Ante todo, el Espíritu Santo obraba entre los creyentes la unidad de sus corazones y de sus mentes y, en la dinámica de la comunión fraterna, los ayudaba a superar los sentimientos que la hacían difícil. En realidad, el mayor obstáculo para la unidad es nuestro individualismo, es el apego a nuestras ideas, puntos de vista y gustos personales. Las barreras con las que nos aislamos y excluimos al que es distinto de nosotros se construyen con el egoísmo.

«El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común».

Y la unidad obrada por el Espíritu Santo se reflejaba necesariamente en la vida de los creyentes. Su unidad de pensamiento y de corazón se encarnaba y se manifestaba en una solidaridad concreta, en el compartir sus bienes con los hermanos y hermanas necesitados. Y precisamente porque su unidad era auténtica, no toleraba que en la comunidad unos viviesen en la abundancia mientras que a otros les faltaba lo necesario. «El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común». La Palabra de vida de este mes subraya la comunión y la unidad, tan encarecida por Jesús. Para realizarla, Él nos dio su Espíritu. ¿Cómo viviremos, pues, esta Palabra de vida? Escuchando la voz del Espíritu Santo, trataremos de crecer en esa comunión en todos los ámbitos. Ante todo, en el espiritual, superando los brotes de división que llevamos dentro de nosotros. Por ejemplo, sería un contrasentido querer estar unidos a Jesús y al mismo tiempo estar divididos entre nosotros comportándonos de un modo individualista, yendo cada uno por su cuenta, juzgándonos e incluso excluyéndonos. Por lo tanto, es necesario que nos convirtamos de nuevo a Dios, que nos quiere unidos. Además, esta Palabra nos ayudará a comprender cada vez mejor la contradicción que existe entre la fe cristiana y el uso egoísta de los bienes materiales. Nos ayudará a solidarizarnos realmente con los que están necesitados, aun dentro de nuestras posibilidades. Como nos encontramos en el mes en que se celebra la semana de oración por la unidad de los cristianos, esta Palabra nos impulsará a rezar y a reforzar nuestros vínculos de unidad y de comunión con nuestros hermanos y hermanas que pertenecen a otras Iglesias, con los que tenemos en común una única fe y un único espíritu de Cristo que recibimos en el bautismo. Chiara Lubich

Palabras para vivir

Ciencias Sociales en diálogo

Eran más de 60 entre docentes universitarios, sociólogos e investigadores del servicio social provenientes de Argentina, Brasil, Austria, Alemania, Rusia, Bélgica, Francia e Italia participaron en el Seminario Internacional: La acción agápica como categoría de interpretación de las Ciencias Sociales organizado por el grupo científico Social-one, Ciencias Sociales en diálogo”, desarrollado en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, el 17 y el 18 de enero de 2011.

Social-One es un grupo internacional de sociólogos e investigadores delas Ciencias Sociales que quiere llevar adelante una experiencia de vida, de estudio y de intercambio mediante una dinámica de escucha y de recíproca apertura, nutridos por el carisma de Chiara Lubich. Desde hace más de 10 años Social-One trata de analizar algunos conceptos fundamentales de las Ciencias Sociales mediante una doble lectura que, a partir de la tradición sociológica, ponga en evidencia las novedades que representa el Carisma de la Unidad.

Después de una serie de estudios sobre la relación social, sobre el conflicto, sobre relaciones interpersonales y la fraternidad, desde hace más o menos tres años, gracias a la lectura de una obra del francés Boltanski, uno de los más importantes sociólogos modernos, se lanzó la perspectiva de una nueva categoría conceptual, relacionada con la acción agápica (del griego: ágape, amor) es decir un amor que va más allá de la incertidumbre, del caos, del consumismo típico de las sociedades contemporáneas.

«En estos últimos dos años –subraya Vera Araujo, coordinadora de Social-One- hemos tenido la posibilidad de conversar con varios sociólogos italianos y de otras naciones sobre este argumento, enriqueciéndonos y sintiéndonos animados a proseguir».

Y así ha sido el Seminario –patrocinado por siete Universidades e Institutos Científicos- el cual tenía precisamente el objetivo de presentar a la comunidad científica algunas pistas de trabajo sobre la acción agápica, definida como “una acción, relación o interrelación social, en la cual los sujetos ofrecen más de lo que la situación requiere” –explicó Gennaro Iorio, sociólogo y profesor asociado de la Universidad de Salerno. “No es una forma de actuar utilitaria, de intercambio de mercado. La actitud agápica, para activarse, no parte del presupuesto que el otro corresponda el gesto”.

Enriquecieron el seminario más de 20 reportes científicos ofreciendo nuevas pistas de investigación.