3 Feb 2010 | Sin categorizar
Un viaje que partió en 1985, cuando Chiara Lubich lanzó a los jóvenes del Movimiento de los Focolares la idea de extender a sus coetáneos de todas las nacionalidades, culturas y convicciones religiosas, la invitación a trabajar juntos para construir un mundo más solidario; un viaje que ya los ha llevado lejos, como lo testimonian las numerosas actividades y proyectos puestos en práctica en los países en vías de desarrollo, en las ciudades, o mucho más simple, allí donde viven estos jóvenes. Para dar una nueva linfa a este proyecto y darlo a conocer a la mayor cantidad posible de jóvenes, los “Jóvenes por un Mundo Unido” se reunirán en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo del 19 al 21 de febrero.
Un meeting cuya intención es volver a lanzar las originarias “vías por un mundo unido” que habían animado los inicios del Movimiento, y recomenzar – o continuar – a recorrerlas hoy junto con otros coetáneos. Coetáneos cada vez más distintos en un mundo globalizado: desde quien llega de lejos hasta aquel que no profesa un credo religioso, pero que comparte el compromiso de derribar aquellos obstáculos que aún se interponen entre personas de diversas etnias, culturas y estratos sociales.
El encuentro, que tiene previsto entre otras cosas, una visita de medio día a Roma, está abierto no sólo para quien conoce ya a los “Jóvenes por un Mundo Unido”, sino también para quien por primera vez entra en contacto con ellos. Reflexiones, testimonios y encuentros varios se alternarán con momentos de fiesta, de amistad y de trabajo concreto, para dar en seguida forma a las ideas que surgirán durante el meeting.
Las inscripciones están abiertas hasta el 12 de febrero a través de la dirección de correo electrónico sgmu@focolare.org, o por el 06 94792089 de la secretaría internacional y organizadora de JMU.
de Amanda Cima
Fuente: Città nuova
www.mondounito.net
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3 Feb 2010 | Sin categorizar
Notas biográficas
Giancarlo Faletti fue co-presidente del Movimiento de los Focolares del 7 de julio de 2008 al 13 de septiembre de 2014. Piamontés de Cerro Tanaro (Asti-Italia), Faletti nace el 14 de septiembre de 1940 en una familia con gran sensibilidad social. A pesar de no haber recibido una orientación religiosa especial, en él madura muy pronto la exigencia de comprometerse en el mundo juvenil católico y, más tarde, en el ámbito del voluntariado cristiano, que lo lleva junto a quien sufre y vive en condiciones de pobreza. Después de un período de búsqueda, en 1959, encuentra la espiritualidad de comunión y queda fascinado con la propuesta de Chiara Lubich de vivir para contribuir a la realización de la unidad de la familia humana, tal como pidió Jesús al Padre: «¡Que todos sean uno!», la finalidad del Movimiento. A los veinticinco años decide donarse completamente a Dios en la vida de la comunidad del focolar. Concluidos los estudios de Economía, encuentra trabajo en un prestigioso organismo bancario de Turín, donde desempeña cargos a nivel directivo. En 1972, después de varios años transcurridos en la comunidad del focolar de Turín, se convierte en el responsable de la de Génova, donde demuestra una atención y cercanía especial hacia los jóvenes. Son años en los cuales entre los jóvenes florecen frutos de santidad como Chiara Luce Badano, recientemente beatificada, Alberto Michelotti y Carlo Grisolia, que actualmente tienen en curso los procesos. Después de ser nombrado delegado responsable del Movimiento para la zona de Lazio, Giancarlo Faletti completa los estudios teológicos en la Pontificia Universidad Lateranense y en 1997 es ordenado sacerdote. Pocos meses después Chiara Lubich lo nombra delegado responsable del Movimiento para la zona de Abruzzo, Cerdeña y Roma, donde permanece hasta la Asamblea del 2008, que lo elige Co-presidente del Movimiento. Acompaña a María Voce en su visita a Benedicto XVI al final de la Asamblea y, a finales de enero de 2009, está presente en Moscú en la entronización del Patriarca Cirilo I. En el curso de los años, ha acompañado a la Presidente María Voce en varios viajes por Europa y el resto del mundo para encontrar a las comunidades de los Focolares. En dichas ocasiones ha mantenido numerosos contactos con personalidades a nivel institucional del mundo civil y eclesial.
31 Ene 2010 | Palabra de vida, Sin categorizar
Jesús se presenta como aquel que realiza las promesas divinas y las expectativas de un pueblo cuya historia está totalmente marcada por la alianza, que nunca se ha revocado, con su Dios.
La idea de la puerta se parece y se entiende mejor con otra imagen que Jesús usa también: «Yo soy el camino, nadie puede llegar hasta el Padre si no es por mí» (2). Por lo tanto, Él es realmente un camino y una puerta abierta al Padre, a Dios mismo.
«Yo soy la puerta verdadera. Todo el que entre en el aprisco por esta puerta, estará a salvo; entrará y saldrá libremente y siempre encontrará su pasto».
Concretamente, ¿qué significa esta Palabra en nuestra vida?
Son muchas las implicaciones que se derivan de otros pasos del Evangelio que tienen relación con el párrafo de S. Juan, pero entre todas escojamos la de la “puerta estrecha” a través de la que hay que esforzarse por entrar (3) para entrar en la vida.
¿Por qué esta opción? Porque nos parece que es la que más nos acerca a la verdad que Jesús dice sobre sí mismo y que más nos ilumina sobre cómo vivirla.
¿Cuándo se convierte Él en puerta abierta de par en par, completamente abierta a la Trinidad? Cuando parece que la puerta del Cielo se le cierra, Él se convierte en puerta del Cielo para todos nosotros.
Jesús abandonado (4) es la puerta a través de la cual tiene lugar el intercambio perfecto entre Dios y la humanidad. Habiéndose hecho nada, une a los hijos con el Padre. Jesús abandonado es ese vacío (el hueco de la puerta) por el que el hombre entra en contacto con Dios y Dios con el hombre.
Él es la puerta estrecha y al mismo tiempo la puerta abierta de par en par, y podemos hacer experiencia de esto.
«Yo soy la puerta verdadera. Todo el que entre en el aprisco por esta puerta, estará a salvo; entrará y saldrá libremente y siempre encontrará su pasto».
En su abandono, Jesús se convirtió para nosotros en acceso al Padre.
Su parte está hecha. Pero para beneficiarse de tanta gracia cada uno de nosotros también tiene que hacer su pequeña parte, que consiste en acercarse a esa puerta y pasar al otro lado. ¿Cómo?
Cuando nos sorprende la desilusión o estamos heridos por un trauma o por una desgracia imprevista o por una enfermedad absurda, siempre podemos recordar el dolor que Jesús ha personificado en todas estas pruebas y en otras mil más.
Sí, Él está presente en todo lo que sabe a dolor. Cada uno de nuestros dolores tiene uno de sus nombres.
Probemos, pues, a reconocer a Jesús en todas las angustias, las estrecheces de la vida, en todas las oscuridades, en nuestras tragedias personales y de los demás, en los sufrimientos de la humanidad que nos rodea. Son Él, porque Él las ha hecho suyas. Será suficiente decirle con fe: «Eres Tú, Señor, mi único bien» (5). Bastará con hacer algo concreto para aliviar “sus” sufrimientos en los pobres y en los infelices para ir más allá de la puerta, y encontrar en el otro lado una alegría que nunca hemos experimentado, una nueva plenitud de vida.
Chiara Lubich
1) Palabra de vida de abril de 1999, publicada en Ciudad Nueva, nº 353, abril de 1999. 2) Cf. Jn 14, 6. 3) Cf. Mt 7, 13. 4) Cf. Mc 15, 34 y Mt 27, 46. 5) Cf. Sal 16(15), 2.
21 Ene 2010 | Sin categorizar
Querida Eli, hoy Chiara habría cumplido 90 años. En este periodo de tiempo la humanidad ha recorrido un cierto camino. En esta perspectiva, tú que estuviste tanto tiempo junto a ella, ¿qué rol histórico te parece que tenga su figura?
“Me parece que Dios en la historia manda, en cada época, un carisma para necesidades específicas de la humanidad. En esta época existe una tensión a la unidad, política, comercial… Son un testimonio la unidad europea, las Naciones Unidas, el diálogo ecuménico, etc. El Concilio Vaticano II abrió las puertas a otras iglesias y también a otras religiones. Para el carisma de la unidad se puede decir que ya había un contexto histórico preparado. El carisma de Chiara, que se puede resumir en las palabras de Jesús ‘que todos sean Uno’, es la unidad llevada a la máxima extensión: ‘todos Uno’. Su carisma se orienta a todos los hijos de Dios, que es Amor, por lo cual todos están hechos para amar. Chiara, mirando a esta naturaleza del hombre, no encontró límites en crear relaciones con todos. Su intuición de que el amor recíproco construye la unidad, fue una novedad, como el descubrimiento de que se puede ir juntos hacia Dios, en comunión, pasando de plenitud en plenitud.”
Se ha evidenciado a menudo, también por parte de personalidades autorizadas de la Iglesia, el “don de profecía” que Chiara poseía. ¿Podrías mencionar alguna de estas intuiciones que, en algún modo, se han cumplido?
“Un hecho: a los comienzos del Movimiento, en la fiesta de Cristo Rey, ella invita a sus primeras compañeras a pedir juntas lo que decían las Escrituras: ‘…pídeme y te daré en herencia a todas las gentes (…) hasta los confines de la tierra…”. Y ella, aún en vida, vio este espíritu evangélico llegar a 184 naciones del mundo, es decir a casi todas…
Otra novedad – siguiendo las huellas de los Padres de la Iglesia – es la presencia de Jesús allí ‘donde dos o tres están reunidos” en su nombre. Su presencia entre ellas, que saciaba todas sus aspiraciones, era una experiencia novísima.
También la comunión de los bienes y la unidad -hablaban de ello sólo los comunistas- , la Palabra del Evangelio -sólo los protestantes- …; la actitud de apertura y de evidenciar lo positivo de las otras iglesias encaminando un diálogo ecuménico; también el diálogo interreligioso y con todos los hombres de buena voluntad. Cosas que afirmaron, primero el Concilio, luego los papas y que ahora forman parte de la vida de la Iglesia. También la experiencia con el pueblo Bangwa, en África… (ejemplo de nueva evangelización), comenzada ya en los años sesenta. Asimismo la importancia de los laicos ‘para abrir camino’ a la Iglesia institucional en los varios ámbitos humanos. Y aquí se puede comprender mejor por qué Dios eligió a una mujer para construir la unidad entre todos. Nosotros hemos escrito en los Estatutos -lo ha querido Chiara y la Iglesia lo ha aprobado- ‘La Obra de María desea ser, por cuanto le sea posible, una presencia de María en la tierra y casi una continuación suya’. Hay una fuerte experiencia espiritual detrás de este exigente deseo.”
¿Cómo era la relación de Chiara con los jóvenes y qué significaban para ella?
“Chiara tenía un relación privilegiada con los jóvenes, porque sentía que non tenían necesidad de perder muchas cosas como, tal vez, los adultos. Los veía más libres y se hallaba muy bien con ellos, sobre todo con los más jóvenes. Creía en su naturaleza ‘incontaminada’ y mantenía con ellos una relación directa, sencilla, espontánea. La gustaba ver que los jóvenes están llevados a los grandes ideales, que a ellos todo les parece posible; y el suyo era un ideal grandísimo, positivamente utópico, que atraía a los jóvenes. Ella hizo una ‘revolución’ ya en el modo sencillo de relacionarse con ellos, con sus actos, en la normalidad de la propuesta de realizarse personalmente haciendo la voluntad de Dios, es decir, la santidad al alcance de todos.
Recibía muchas cartas de los jóvenes que deseaban imitarla en seguir a Dios, en el compromiso de vivir el Evangelio, en dar todo… Como cuando lanzó la Economía de Comunión: fue enseguida a encontrarse con jóvenes estudiantes y los desafió, estimulándolos a que se preparasen bien para llevar adelante la EdC.
Chiara, cuando comenzó su aventura era una joven, rodeada por compañeras más jóvenes aún que ella. En síntesis, siempre tuvo una gran confianza en los jóvenes.”
¿Qué piensas que nos diría Chiara, hoy?
“Nos repetiría: Ámense recíprocamente, como Jesús nos ha amado. Pienso que nos diría esto.”
17 Ene 2010 | Sin categorizar
«Les agradezco por el esfuerzo de transformar en una respuesta artística la extraordinaria experiencia del Santo Cura de Ars», dijo el Arzobispo Mauro Piacenza, Secretario de la Congregación para el Clero, al finalizar el Espectáculo “Ars Amoris – el Amor que viene de Ars” que debutó el jueves 14 de enero en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo.
Dirigiéndose a los 550 sacerdotes de 31 países, reunidos para su retiro anual, el Arzobispo subrayó la importancia de dar visibilidad a Dios Amor en la sociedad de hoy: «Los fieles laicos no piden otra cosa al Sacerdote (…) Como afirmó Chiara Lubich, hace 35 años: El amor, “el Evangelio es la verdadera revolución” ».
El Amor que viene de Ars – prosiguió- es «arte de amar, la capacidad de saber amar siempre y en todas partes, en cada realidad y circunstancia, a cada persona ».
Y recordó como, la chispa inspiradora del carisma de Chiara Lubich ha sido “una renovada revelación (…) de Dios Amor”. Este carisma «aun refiriéndose a la experiencia humana de una persona específica, es, en realidad, universal, porque el amor, y con este la unidad, pertenecen al corazón del mensaje evangélico y a la historia de la vida de la misma Iglesia ».
«No un sentimiento genérico de amor –precisó- sino el Amor que ha hecho visible Jesús de Nazareth, el Señor y Cristo, el amor que se ha dejado clavar en la Cruz por nosotros y por nuestros pecados, el Amor de Jesús Abandonado ».
«Ustedes, queridísimos sacerdotes, amigos del Movimiento de los Focolares –concluyó- están llamados en modo especialísimo a vivir esta radicalidad del amor, también por la responsabilidad que implica el haber encontrado un carisma tan bello y fecundo». «Hoy me gustaría dejarles un auténtico “mandato misionero”: sean fieles testigos del amor y de la unidad en sus diócesis, en los presbiterios a los que pertenecen, compitan en el estimar a sus hermanos y en la fiel obediencia a la Iglesia ».
31 Dic 2009 | Palabra de vida, Sin categorizar
Del 18 al 25 de enero en muchas partes del mundo se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, mientras que en otras se celebra en Pentecostés.
Chiara Lubich solía comentar la cita bíblica elegida cada año para esta ocasión mediante la Palabra de vida del mismo mes.
Este año la frase bíblica para la Semana de Oración es «Vosotros sois testigos de todas estas cosas» (Lc 24, 48). Para ayudarnos a vivirla proponemos este texto de Chiara como “llamada apremiante” a que nosotros, cristianos, demos juntos testimonio de la presencia de Dios en el mundo.
«¡Ésta es la morada que Dios ha establecido entre los seres humanos! Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo y Él será el Dios-con-ellos»
La Palabra de Dios de este mes nos interpela. Si queremos formar parte de su pueblo, deberemos dejarlo vivir entre nosotros.
Pero ¿cómo puede ser eso? Y ¿cómo saborear un poco ya desde esta tierra esa alegría sin fin que brotará de la visión de Dios?
Eso es precisamente lo que Jesús nos reveló; ése es precisamente el sentido de su venida: comunicarnos su vida de amor con el Padre para que la vivamos nosotros también.
Los cristianos podemos vivir esta frase ya desde ahora y tener a Dios entre nosotros. Tenerlo entre nosotros requiere ciertas condiciones, como afirman los Padres de la Iglesia. Para S. Basilio es vivir según la voluntad de Dios; para S. Juan Crisóstomo es amar como amó Jesús; para S. Teodoro Estudita es el amor recíproco; y para Orígenes es el acuerdo de pensamiento y de sentimientos para llegar a la concordia que «une y contiene al Hijo de Dios» .
En las enseñanzas de Jesús está la clave para que Dios habite entre nosotros: «Amaos unos a otros como ya os he amado» (cf. Jn 13, 34). El amor recíproco es la clave de la presencia de Dios. «Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros» (1 Jn 4,12), porque «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20), dice Jesús.
«Dios habitará con ellos; ellos serán su pueblo».
Por lo tanto, no está tan lejos ni es inalcanzable el día que marcará el cumplimiento de todas las promesas de la Antigua Alianza: «Mi morada estará junto a ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». (Ez. 37,27).
Todo se cumple ya en Jesús, que después de su existencia histórica, sigue estando presente entre los que viven la nueva ley del amor mutuo, es decir, la norma que los constituye en pueblo, el pueblo de Dios.
Esta Palabra de vida es, pues, una llamada de atención apremiante, sobre todo para nosotros los cristianos, para que demos testimonio de la presencia de Dios con el amor. «Vuestro amor mutuo será el distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos» (Jn 13, 35). Vivir el mandamiento nuevo de esta manera pone las premisas para que se concrete la presencia de Jesús entre los hombres.
No podemos hacer nada si esta presencia no está garantizada, una presencia que da sentido a la fraternidad sobrenatural que Jesús ha traído a la tierra para toda la humanidad.
«Dios habitará con ellos; ellos serán su pueblo».
Pero nos corresponde especialmente a los cristianos, aunque pertenezcamos a distintas comunidades eclesiales, mostrar al mundo el espectáculo de un solo pueblo compuesto por todas las etnias, razas y culturas, por mayores y pequeños, enfermos y sanos. Un único pueblo del que se pueda decir, como de los primeros cristianos: «Mira cómo se aman y están dispuestos a dar la vida el uno por el otro».
Éste es el “milagro” que la humanidad aguarda para poder seguir teniendo esperanza, y una aportación necesaria para el progreso ecuménico, para el camino hacia la unidad plena y visible de los cristianos. Es un “milagro” a nuestro alcance, o mejor dicho, al alcance de Aquel que, habitando entre los suyos unidos por el amor, puede cambiar la suerte del mundo y llevar a la humanidad entera hacia la unidad.
Chiara Lubich
Palabra de vida, enero 1999; publicada en la revista Ciudad Nueva, enero 1999.