IGINO GIORDANI: un alma de fuego
Igino Giordani, escritor, periodista, político, ecumenista y experto en patrística, es una de las figuras más representativas del Novecientos, una personalidad polifacética que ha dejado huellas profundas y ha abierto perspectivas proféticas a nivel cultural, político, eclesial y social.
Nacido en 1894, en Tivoli (Italia), es el primero de los seis hijos de Orsolina y Mariano, un albañil; empieza sus estudios gracias a la ayuda de un benefactor. En 1915 es llamado a las armas durante la Primera Guerra Mundial. Oficial en la trinchera, confesará más tarde que nunca quiso disparar al enemigo, sin embargo recibió la medalla de plata por su audacia y generosidad, además de por las heridas que lo angustiarán durante toda la vida. Graduado en Letras, se dedica a la enseñanza en Roma y se casa con Mya Salvati, tejiendo una historia de amor cada vez más delicada y fuerte, de la que nacerán cuatro hijos: Mario, Sergio, Brando y Bonizza.
En los años ’20 empieza su compromiso político.
Conoce a Don Sturzo, quien lo elige como jefe de prensa del recién nacido partido Popular. Piero Gobetti le publica el libro Rebelión Popular, definiéndolo como una “síntesis del nuevo pensamiento católico”.Funda el periódico Parte Guelfa. Y ya en los años ’24 y ’25 elabora y difunde ideas sobre la “Unión de las Iglesias” y sobre los “Estados Unidos de Europa”.
Abandonada por motivos políticos la escuela pública, en 1927 encuentra trabajo en la Biblioteca Vaticana, donde logra que contraten también a Alcide De Gasperi, quien acababa de salir de la prisión fascista. Se convierte en director de Fides, la revista de la “Obra Pontificia para la preservación de la Fe”.Colabora con el periódico Il Frontespizio de Piero Bargellini, estrechando relaciones con el vivaz movimiento literario florentino.
En 1944 dirige Il Quotidiano, el nuevo periódico de la Acción Católica en la segunda postguerra; seguidamente sustituye a Gonella en la dirección de Il Popolo.
El 2 de junio de 1946 es elegido como diputado y entra a formar parte de los “padres constituyentes” que pusieron las bases ideológicas de la República italiana. Será reelegido nuevamente en 1948, y en 1950 se convertirá en miembro del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo.
En síntesis, Giordani fue un político militante, no por ambición, sino por amor y servicio a la comunidad en momentos difíciles. En los años ’20 lucha con valentía por la libertad ante la dictadura. La fuerte connotación ética de su compromiso político le acarrea la marginación bajo el régimen: período de inteligente y continua “resistencia cultural”, en la que exalta en sus libros los valores de la libertad y de un orden diverso.
El período del ’46 al ’53 es el más creativo y vivaz, con iniciativas audaces y proféticas para la paz entre las clases y entre los pueblos, y una característica muy original: su famosa “ingenuidad” -como él la llama-, que lo lleva a asumir posiciones incómodas, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas… Una “ingenuidad” que pronto lo deja fuera de juego (no es reelegido en el ’53) pero que hoy hace que se le redescubra como (son palabras del historiador De Rosa) “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las motivaciones del poder por el poder”.
Como escritor ha publicado más de 100 obras (un promedio de casi dos por año), traducidas en los principales idiomas, sin contar los ensayos, los opúsculos, los artículos (más de 4000), las cartas, los discursos.
Una experiencia cristiana ejemplar
Entre los sufrimientos del hospital militar, con 22 años advierte un primer llamado a la santidad, reforzado por los escritos de Santa Catalina de Siena. Se vuelve terciario dominico por amor a ella, “la primera –dirá- que me incendió con el amor de Dios”.Como cristiano vive con espíritu evangélico toda su actividad terrena, viéndola siempre como una vocación. Sus escritos más válidos – de continua actualidad- nacen de un profundo conocimiento de la historia del cristianismo y de los Padres de la Iglesia. De allí la sólida formación teológica y espiritual que lo caracterizan y que él hace fructificar mediante una fecunda actividad de animación cristiana de la cultura y de formación espiritual de los laicos e incluso de sacerdotes y religiosos.
Precursor del diálogo ecuménico, anticipa en los años ’30 las líneas del Concilio Vaticano II. Estudia, traduce, explica el pensamiento de los Padres del primer cristianismo en años en los que habían sido casi olvidados. De ellos saca el “Mensaje social del cristianismo” que es una de sus obras más conocidas. Se ensimisma tanto con ellos que Italo Alighiero Chiusano lo define “como un antiguo Padre de la Iglesia al que Dios le dio el privilegio de resurgir y de moverse en medio de nosotros”.
Hacia los senderos de la santidad
Pero el evento que eleva todavía más su vida hacia senderos luminosos y exigentes de santidad, tiene lugar en septiembre de 1948, y es el encuentro con Chiara Lubich.
Se puede decir que empieza para él una experiencia nueva que lo involucra completamente, una asociación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, los acontecimientos mismos de mi vida se me presentaban como dirigidos hacia una meta… Podría decir que primero había buscado; ahora había encontrado”.
Fascinado por la radicalidad evangélica de la “espiritualidad de comunión” por ella anunciada y vivida, descubre la posibilidad de realización del sueño de los Padres de la Iglesia: abrir de par en par las puertas de los monasterios para que la santidad no sea un privilegio de pocos, sino un fenómeno de masa en el pueblo cristiano. Por lo tanto adhiere con totalidad de mente y de corazón al Movimiento de los Focolares dentro del cual es llamado “Foco” (“Fuego”), por el amor que testimonia y difunde. No sólo. Con su “sí” se convierte en un instrumento providencial para que la fundadora de los Focolares llegue a ulteriores comprensiones del propio carisma.
Giordani casi parece salir de la escena cultural y política hasta entonces perseguida, para revivirla en un plano sobrenatural. En el “hacerse niño” ante el amor totalitario de los llamados a la virginidad, a él, casado, se le abre de par en par, precisamente “en el amor sin medida”, un camino de comunión con ellos. Puro de corazón y con el alma dilatada a la humanidad, puede abrir así este camino a un escuadrón de casados en todo el mundo, llamados a este nuevo tipo de consagración. Y detrás de ellos surgen movimientos de masa para las familias y para la reanimación evangélica de las varias actividades humanas. Se convierte así en uno de los más estrechos colaboradores de Chiara Lubich, quien lo considera un “co-fundador” del Movimiento de los Focolares.
Por las vías de la mística
En el crisol del Focolar, Giordani realiza el más alto viaje del alma por los caminos de la mística, donde las pruebas espirituales, las incomprensiones y las humillaciones por la progresiva marginación, los dolores físicos, se disipan ante la experiencia cotidiana de la presencia de Cristo entre “dos o más” unidos en Su nombre, y del misterio de amor de un Dios crucificado y abandonado. Obtiene del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a quien más ama. Su viaje se convierte así en un “vuelo” en Dios, concluido la noche del 18 de abril de 1980. Sus restos mortales reposan en el cementerio de Rocca di Papa (Roma).
�Definir a Giordani con una sola palabra?
Muchos, incluso intelectuales exigentes, lo han llamado “un profeta”.
Para Chiara Lubich es “el hombre de las bienaventuranzas”, y revela su amplitud insólita cuando lo define como “alma-humanidad”.
Para Tommaso Sorgi, atento estudioso suyo, es un “enamorado de Dios y del hombre”.
Nedo Pozzi
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El viaje del alma de Giordani, a través de sus escritos, sobre todo de los más autobiográficos, es recorrido en una reciente breve biografía de Tommaso Sorgi, responsable del Centro de Estudios “Igino Giordani”, con el título: “Un alma de fuego”, editada por Città Nuova.
Devolver a Dios a la sociedad, a la cultura y a la política: el ideal de Igino Giordani
Igino Giordani: con su vida se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas. Dijo Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, el día de la apertura oficial del proceso de beatificación de esta personalidad “polifacética”: escritor, periodista, político, ecumenista, estudioso de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de San Pietro, en Francati, diócesis donde Giordani concluyó su vida terrena. Entre la multitud que colmaba la catedral, estaban presentes los hijos Sergio, Brando y Bonizza. La solemne concelebración litúrgica, que precedió la instalación del tribunal eclesiástico, fue precedida por el obispo de Frascati, Mons. Giuseppe Matarrese.
“Giordani atravesó el siglo XX como protagonista – dijo en la homilía Piero Coda, vicario episcopal-. Participó en la reconstrucción de la Italia republicana como miembro de la Constituyente y como parlamentario”, contribuyó a preparar y después a promover “con la vida y con la pluma” la primavera del Concilio. “En él ardía un deseo: devolver a Dios al mundo, a la sociedad, a la cultura”.
Y será después del encuentro con el carisma de Chiara Lubich, a quien encontró en Montecitorio en 1948, que Giordani dirá: “Sentí que pasaba del Cristo buscado, al Cristo vivo”.Con su vida –afirmó la fundadora de los Focolares interviniendo al final de la Misa- se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas: “Ha sido la pureza de corazón la que le afinó y potenció los sentimientos más sagrados hacia su esposa y sus hijos”. Ha sido un “Pobre de espíritu, por el desapego completo no sólo de lo que poseía, sino sobre todo de lo que era”. Ha sido un “constructor de paz, como documenta su historia de hombre político”.
En Giordani Chiara Lubich reconoce a un co-fundador del Movimiento de los Focolares, que ha dado un impulso excepcional a los movimientos de vasto alcance, nacidos para la animación cristiana del mundo de los jóvenes, de la familia, de la política, de la educación, de la medicina, del arte.
Ha sido él quien ha abierto de par en par un nuevo camino de consagración para los casados que lo llevó a experimentar “las alegrías de la contemplación y de la vida mística”. Superando finalmente ese “abismo” –como él lo llamaba- entre los religiosos que seguían ‘el ideal de perfección’ y los laicos, que –como decía con una pizca de ironía- seguían ‘el ideal de la imperfección’. “Fue él –siguió diciendo Chiara Lubich – la personificación de una de las finalidades más importantes de los Focolares: colaborar a la unificación de las Iglesias”.
Giordani, además de ser miembro de la Constituyente, hizo parte del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo. Es autor de 100 libros y de más de 4000 artículos. Entre sus obras más difundidas, traducida en muchos idiomas, incluso el chino, se encuentra el “Mensaje social del cristianismo”. Ya en los años 1924-25 elabora y difunde ideas sobre “La unión de las Iglesias” y sobre “Los Estados unidos de Europa”. El período que va de 1946 a 1953 es el más creativo, con iniciativas audaces y posiciones incómodas para ese tiempo, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas.
Una “ingenuidad” -es una expresión suya- que pronto lo hizo salir del juego (no fue reelegido en 1953), pero que hoy hace que se le descubra, según el historiador Gabriele De Rosa, como “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las razones del poder por el poder”.
En los últimos años, en los dolores físicos, debidos y agudizados por las heridas de guerra, gozaba de poderse “co-crucificar” con Cristo. Tenía una tal luminosidad en los ojos y afabilidad en el trato que infundía serenidad a todos e inducía a los pequeños a tratarlo como igual. Obtuvo del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a sus elegidos. Su “viaje” se convirtió en un “vuelo” en Dios, que se concluyó la noche del 18 de abril de 1980.
Ha sido Mons. Pietro Garlato, entonces obispo de Tivoli, ciudad donde Igino Giordani nació en 1894, quien el año del gran Jubileo, tuvo la iniciativa de proponer “un gesto significativo”: “introducir su causa de beatificación, para que toda la Iglesia encuentre en él un modelo, un testigo del Evangelio, y un modelo de comunión”.
Chiara Lubich: Igino Giordani cristiano y cofundador
Agradezco sobre todo a S.E. Mons. Giuseppe Matarrese, Obispo de Frascati, también en nombre del Movimiento de los Focolares, por el acontecimiento en el que estamos participando: el anuncio solemne del comienzo de la causa de beatificación de Igino Giordani.
Saludo de corazón a los afortunados hijos, a la hija y a los demás parientes del honorable Igino Giordani, ahora Siervo de Dios.
Estamos agradecidos por la presencia del alcalde de Frascati, el Sr. Francesco Posa y los otros alcaldes, así como de toda la ciudadanía, que se muestra interesada por este cristiano colmado de muchos testimonios en la «ciudad del hombre».
Comparto la alegría de todos los miembros del Movimiento de los Focolares, aquí reunidos.
Con la instauración del tribunal eclesiástico, comienza la fase diocesana del proceso canónico. A cada uno de sus componentes, aquí presentes, les aseguro mi apoyo y el de todos nosotros a través de la oración en su delicado trabajo, y nuestra colaboración activa en todo cuanto pueda ser útil.
En esta ocasión tan especial, espero que les agrade que por mi parte diga unas palabras sobre el honorable Igino Giordani.
Como ya se sabe, él fue una eminente personalidad católica poliédrica, que siempre ha unido a su compromiso político una intensa y fecunda actividad cultural como periodista y escritor, apologista y hagiógrafo, estudioso insigne de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo.
Se podría y debería hablar extensamente de los diferentes cometidos que han hecho famoso al honorable Igino Giordani.
Pero hoy, en este lugar sagrado y en esta circunstancia especial, me parece que tengo que hablar de él, sobre todo como cristiano, como focolarino y cofundador del Movimiento de los Focolares: acción, esta última, que desarrolló en el arco de los últimos treinta y dos años de su vida.
Giordani cristiano
Alguien dijo que si el Evangelio desapareciese de todos los puntos de la tierra, el cristiano tendría que ser tal, que quien lo viera vivir, podría volver a escribir el Evangelio.
Cuando Igino Giordani partió de esta tierra, se leyó en la Misa del día la página de las bienaventuranzas. Pues bien: cuantos lo habían conocido a fondo estaban de acuerdo en afirmar que él las había vivido a todas.
«Bienaventurados los puros de corazón». Fue esta pureza la que le hizo definir la existencia terrenal del hombre, siempre acompañada por el amor providencial de Dios, como una aventura divina. Fue la misma pureza de corazón la que le afinó los sentimientos más sagrados y se los potenció: hacia su mujer, hacia sus amados hijos.
Él fue un «pobre de espíritu» por el desapego total que tenía, no sólo de todo lo que poseía, sino, sobre todo, de cuanto él mismo era.
Su corazón estaba cargado de «misericordia»: acercándose a él, hasta el pecador más miserable se sentía perdonado y revestido de dignidad.
Fue siempre un «operador de paz», como documenta su historia de hombre político.
De carácter fuerte e impetuoso, llegó a poseer una tal «mansedumbre» que hacía entender que quien tiene esta virtud posee la tierra, como afirma el Evangelio. Con la gentileza más refinada, con esas exquisitas palabras suyas, conquistaba a todos los que tenían contacto con él.
Y … podríamos continuar…
Giordani focolarino
Cristiano de primer orden, culto, apologista, apóstol, cuando le pareció que había encontrado un manantial de agua genuina, que manaba de la Iglesia, supo posponer todo para seguir a Jesús, que lo llamaba.
Por lo que, si Giordani fue un verdadero cristiano, fue también un cristiano con un camino especial. Dios lo llamó a ser focolarino.
Personificó el nombre de batalla con el que se le llamaba entre nosotros: «Foco», fuego, es decir, ese amor hacia Dios y hacia el prójimo, sobrenatural y natural, que es el vértice de la vida cristiana.
Siempre había esperado que se le abriese algún camino para realizar su deseo de consagración total a Dios, a pesar de su condición de casado. Y en el 1948 se encontró con el Movimiento de los Focolares.
A través de la espiritualidad de la unidad, típica de esta Obra, se puede leer el Evangelio en su persona.
Para que Cristo viviese en él, para realizar la plena comunión con los hermanos que El pide, supo morir realmente a sí mismo, como lo expresa en un escrito poético de1951:
«Me he dispuesto a morir,
y lo que suceda ya no me importa;
ahora quiero desaparecer
en el corazón abandonado de Jesús.
Todo este penar
Por la avaricia y la vanidad
En el amor desaparece:
He conquistado mi libertad.
Me he dispuesto a morir
a esta muerte que ya no muere:
Ahora quiero gozar
Con Dios en su eterna juventud.»
Pero, aunque Giordani conoció la ascética cristiana, no le faltaron las alegrías de la contemplación y de la vida mística.
Dice Luis María Grignion de Montfort, hablando de las personas que la Virgen ama de una manera especial, que el don principal que éstas alcanzan es la realización aquí en la tierra de la vida de María en sus almas, de tal modo que ya no es el alma quien vive, sino María en ellas, o si se quiere de otro modo, el alma de María llega a ser la de ellos.
Escribe Giordani en 1957: «la tarde del primero de octubre, mes sagrado a María, después de las oraciones, de golpe el alma se desalojó de cosas y criaturas humanas; y en su lugar entró María, con Jesús desangrado, y toda la estancia del alma se llenó de su figura de dolor y de amor. (…)
Durante 24 horas, Ella estuvo, como altar que rige la Víctima: Virgo altare Christi. Mi alma era su estancia: el templo. (…) Tanto que me vino a los labios: ’Ya no vivo yo, sino que María vive en mí’.
Su presencia, de algún modo, había virginizado mi alma: marianizado mi persona. El yo había muerto y en su lugar había nacido María. De modo que ya no sentía la necesidad de que no sentía más la necesidad de llevar la mirada a las imágenes de las calles o a las imágenes de la Virgen; me bastaba con volver los ojos del alma hacia el interior de mí mismo para descubrir, en lugar del ídolo sórdido y grotesco de siempre, la Toda Hermosa: la Madre del Amor Hermoso. E incluso este pobre cuerpo dolorido me parecía una especie de catedral (…).
Si no soy el último miserable, tengo que hacerme santo: estar en armonía con esta realidad.»
Giordani cofundador
También fue cofundador del Movimiento de los focolares. El fue quien abrió de par en par el focolar a los casados, haciendo efectivo ese proyecto, antes sólo intuido, de una convivencia de vírgenes y casados, estos últimos de acuerdo a su propio estado.
Fue él quien dio un impulso excepcional al nacimiento de las ramificaciones de esta Obra que son los Movimientos de amplio alcance, como el «Movimiento Familias Nuevas», «Jóvenes por un mundo unido», «Humanidad Nueva», la cual se dedica a animar con el genuino espíritu cristiano el mundo del trabajo, del arte, de la medicina, de la escuela, de la política…
El dio inicio con otros diputados el «Centro Santa Catalina» precisamente para animar la política con el espíritu del Movimiento.
El fue la personificación de uno de los objetivos más importantes de esta Obra: contribuir a la unificación de las Iglesias, dirigiendo durante años el «Centro Uno» ecuménico.
El ayudó sobre todo al Movimiento a plantar raíces sólidas en la Iglesia, de manera que, todavía en vida, lo vio extender sus ramas en los cinco continentes con todo el bien que se puede imaginar, si se considera su espíritu evangélico, que subraya la fraternidad universal, la unidad entre todos los hombres.
Giordani fue uno de los mayores dones que Dios ha hecho a nuestro Movimiento.
Y ahora, para concluir, quiero recordar con ustedes uno de sus últimos días.
Se había agravado. Le había llevado una foto a colores del santo Padre con una bella bendición y firma autógrafa.
Esto le hizo feliz, y entre un sopor y otro, dijo: «�hoy es una gran fiesta! �Quién se lo esperaba?».
Y mientras el padre Antonio Petrilli – uno de los primeros focolarinos sacerdotes, que lo cuidaba en sus últimos años y que ahora está con él en la Otra Vida – colgaba la bendición enmarcada en la pared, añadió: «Tengo la idea de estar en el Paraíso».
A mi pregunta de si quería que escuchásemos la Misa juntos y renovásemos el Pacto de unidad del focolarino, exclamó: �Que maravilloso! Este es un don que se agrega».
Y en otro momento: «Tengo siempre presente a Dios con este nombre: Donator»; y citó algunos dones que le había hecho.
A mi pregunta de si le gustaría ir al Paraíso, hizo un gesto con la cabeza como para decir: �ojalá! Después, varias veces, con una sonrisa única, añadió: «�Esto es el Paraíso! �que puede existir más maravilloso?».
Refiriéndose otra vez a la bendición del Papa, susurró: «No se puede expresar el don que ha sido; más lo pienso, más me pierdo…».
Y después de la santa Misa con la indulgencia plenaria, afirmó: «Todo está completo».
Hoy Giordani está aquí presente entre todos nosotros.
[:it]L’inizio del processo di beatificazione di Igino Giordani
Una ola de esperanza por una Europa capaz de fraternidad y de paz
«Nos hemos sentido transformados, reforzados. Este encuentro ha sido un signo de gran esperanza. En estos tiempos nos llegan desde Europa sobre todo consumismo, moda, valores materiales. Hemos entendido que podemos dar valores espirituales». Dice un fax de la capital de Lituania, Vilnius, que el 1� de mayo, junto a otros 9 Países, festejó el ingreso a la Unión Europea, no sin el temor de muchos. Es ésta una de las 163 ciudades de Europa que el 8 de mayo estaban conectadas vía satélite con el estadio de Stuttgart, repleto con 10.000 personas de todo el continente para la gran manifestación con el título: Juntos por Europa. Un encuentro que muchos han definido como “histórico”, también porque era el primer encuentro de dimensiones europeas, con la presencia de 150 movimientos católicos, evangélicos, ortodoxos y anglicanos. Un alma para Europa «Estamos aquí para dar un alma a Europa que genere una unidad espiritual fuerte» – dijo Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en la inauguración- «como tantas redes de relaciones fraternas que unen a los pueblos, casi para preparar, a nivel de laboratorio, la plena unidad europea», en la riqueza de la diversidad. Son palabras que en Stuttgart se convirtieron en una experiencia viva: «Una impresión de esas que permanecen» –declaró en una entrevista para Città Nuova el Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi: «Hoy Europa se ha presentado con la posibilidad de cerrar un capítulo en la historia sin más dolor, sin más divisiones». Una experiencia que fue vivida con la misma intensidad en los encuentros conectados simultáneamente, como revelan los muchísimos fax y e-mail. Desde Trento escriben:«No sabíamos si estábamos acá o más allá de la pantalla».
Una piedra angular «Tenemos necesidad de una Europa de los corazones que no esté sólo llena de euros, sino llena de valores, llena de Dios», afirmó el card. Kasper desde el palco de Stuttgart. «Tenemos necesidad de esta Europa espiritual – dijo- de movimientos espirituales que hagan tangible esta Europa. Tenemos necesidad de comunidades que superen las fronteras de los pueblos y de las naciones: la de hoy es una piedra angular en este camino». En Ginebra, entre las personalidades presentes en la sede mundial del Consejo Ecuménico de las Iglesias, el Alto Comisario para los derechos humanos de la ONU, Marie-Francois Charrin dijo: «Esta Europa unida con un alma, un corazón, dos pulmones, sanará las enormes llagas en los Países en conflicto». Europa nació de los escombros del 2do. Conflicto Mundial El proceso de reconciliación y el sueño de una Europa unida nace precisamente a partir de los escombros de un conflicto: la Segunda Guerra Mundial. Lo recuerdan el pastor evangélico Aschoff de la Renovación Carismática de la Iglesia Evangélica y el historiador Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio. El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, se remonta a la visión de Schuman, De Gasperi y Adenauer y a los primeros pasos marcados con el tratado del carbón y el acero de 1951, después el euro y la Constitución en curso. Recuerda que los grandes padres se han nutrido de la fe para construir Europa. También hoy –dice- los cristianos están llamados a «aportar su creatividad», «para que Europa crezca no como una fortaleza, sino como un sujeto político que tiene un alma y hace de la paz y de la justicia su identidad y su vocación». Y agregó: «de esta alma, ustedes son un componente esencial». La visión de Europa a la luz de los carismas Es una visión de Europa iluminada con la luz de los carismas suscitados por el Espíritu a lo largo de los siglos que recorre la manifestación. No es por casualidad –recuerda el Pastor Aschoff- que precisamente «durante las duras jornadas de la guerra» nacieron en las distintas Iglesias muchos de los nuevos movimientos espirituales y comunidades. «Detrás de estos rostros, hay un corazón regenerado por el Evangelio» dijo Andrea Riccardi. Ante la falta de «empuje de Europa», ellos ofrecen «el gusto por el futuro».
Se trata de una Europa que «tiene necesidad de una nueva relación entre los hombres», afirma Ulrich Parzany, pastor luterano, secretario general de la YMCA en Alemania y promotor de una vasta iniciativa de evangelización, Pro Christ. «La misma democracia -advierte- se basa en presupuestos que ella misma no está en grado de crear». La palabra clave lanzada en Stuttgart es «fraternidad universal». De ella habla Chiara Lubich: es la aspiración más difundida, esa fraternidad hecha posible por Jesús que «ha abatido los muros que separan a los iguales de los distintos, a los amigos de los enemigos, haciendo una revolución existencial, cultural y política».
Los testimonios de los Movimientos y comunidades Una serie de hechos de vida ha presentado las semillas de renovación espiritual y social lanzadas por los distintos carismas de los Movimientos y comunidades: desde el «aporte determinante» para la sobrevivencia de la Iglesia ortodoxa en Finlandia, dado por el Movimiento de la Juventud ortodoxa (ONL), a la experiencia juvenil de un miembro de la comunidad evangélica FCJG de Ludenscheid, pasado «de la oscuridad más densa del alma» en la que había caído debido a la droga, a la liberación con el encuentro con Cristo. El iniciador de los cursos – Alpha, el anglicano Nicky Gumbel habla de la transformación obrada por el Evangelio incluso en las 124 prisiones de Reino Unido, mientras que movimientos evangélicos, como Family Life Mission y católicos como el Equipe Notre Dame, hablan de la renovación cristiana de la familia.
Cómo quieren comprometerse los jóvenes por Europa Resuena fuerte la voz de los jóvenes quienes con testimonios, canciones y banderas en varios idiomas hablan de cómo quieren y de cómo se comprometen a favor de una Europa capaz de perdonar, de superar los confines y de apuntar hacia un mundo unido. Un pacto de fraternidad Es este el compromiso expresado en el mensaje final: «Intensificar cada vez más esa fraternidad universal que no es otra cosa que el amor evangélico vivido»; «compartiendo bienes y recursos», «mediante la apertura a las otras culturas y tradiciones religiosas», «el amor solidario hacia los más débiles y pobres de nuestras ciudades», «un sentido profundo de la familia y de los valores de la vida». Se trata del momento culminante. Suben al palco decenas de representantes de los Movimientos y de las Comunidades que han preparado durante más de un año esta cita histórica. La aprobación es coral. Y no sólo en Stuttgart. Escriben desde Varsovia: «Conmoción profunda, en pie, como en Stuttgart, ante el manifiesto final. El alma de Europa, hoy la hemos visto y tocado». Suben también 50 obispos, de las distintas Iglesias. Con solemnidad leen los pasajes clave del Testamento de Jesús: «que todos sean uno». Al palco sube también la Reina Fabiola de Bélgica quien recita el Padre Nuestro. Una Europa unida por un mundo unido El mensaje de Stuttgart ha llegado también a los otros continentes: son 35 las ciudades conectadas. Desde Buenos Aires: «También nosotros éramos miles, en pie, hemos unido nuestras manos para sellar este pacto». Desde Brasilia expresan muy bien la dimensión profética del evento de Stuttgart: «Todas las divisiones a lo largo de siglos de historia nos parecían de cartón, experimentamos que el hielo de los corazones se derrite con el amor». Desde Man en Costa de Marfil se goza al ver una Europa abierta a todos los pueblos del mundo, especialmente hacia África. Es este el fuerte impulso dejado por Stuttgart, subrayado también por el mensaje del Papa, leído por el Arzobispo Stanislao Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos:«No se puede construir una casa común europea, sin ocuparse del bienestar de toda la humanidad, sobre todo del África, que está marcada por tantos y tan graves problemas». Y desde Singapur: «Las distancias se han anulado. Después de Europa se apunta ahora a la unidad del mundo entero». Es éste el horizonte presentado por Andrea Riccardi y Chiara Lubich: «una Europa unida por un mundo unido».
Un horizonte puesto en evidencia por el Papa: «Los cristianos de muchos Movimientos espirituales reunidos en Stuttgart –escribe en su mensaje- confirman que el Evangelio los ha llevado a superar el nacionalismo egoísta y a ver en Europa una familia de pueblos, rica de variedades culturales y de experiencias históricas». «La Europa del mañana –afirma- tiene necesidad de esta conciencia para tomar parte en los grandes eventos a los que la historia la llama». Un primer paso Una ola de esperanza se ha difundido desde Stuttgart, «como una primera onda en el agua, que no sabemos hasta dónde llegará» como escriben desde Vilnius. Pero, dicen muchos, que éste es sólo el primer paso.
