31 May 2003 | Palabra de vida, Sin categorizar
Testigos
Estas son las palabras que Jesús dirige a sus apóstoles antes de ascender al Cielo. Había llevado a cabo la misión que el Padre le había confiado: había vivido, muerto y resucitado para liberar a la humanidad del mal, reconciliarla con Dios, unificarla en una sola familia. Ahora, antes de volver al Padre, confía a sus discípulos la tarea de continuar su obra y ser sus testigos en el mundo entero.
Bien sabe Jesús que la empresa está infinitamente por encima de sus capacidades, y por eso promete el Espíritu Santo. Cuando el Espíritu descienda sobre ellos, en Pentecostés, transformará a los simples y temerosos pescadores de Galilea en valientes anunciadores del Evangelio. Nada los podrá detener. A todos los que quieran impedirles su testimonio les dirán: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído”1.
Jesús, a través de los apóstoles, confía la misión del testimonio a la Iglesia entera. Esa fue la experiencia de la primera comunidad cristiana de Jerusalén que, viviendo “con alegría y sencillez de corazón”, todos los días atraía a nuevos miembros2. Fue la experiencia de la primera comunidad del apóstol Juan, que anunciaban lo que habían oído, lo que habían visto con sus ojos, lo que habían contemplado y lo que sus manos habían tocado, es decir, el Verbo de la vida…3.
Con el bautismo y la confirmación también nosotros hemos recibido el Espíritu Santo que nos impulsa a dar testimonio y a anunciar el Evangelio. También a nosotros Jesús nos asegura:
“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos (…) hasta los confines de la tierra”
El es el don del Señor resucitado. Habita en nosotros como en su templo, nos ilumina y nos guía. Es el Espíritu de verdad que hace comprender las palabras de Jesús, las vuelve vivas y actuales, enamora de la Sabiduría, sugiere lo que tenemos que decir y cómo decirlo. Es el Espíritu de Amor que inflama con su mismo amor, nos hace capaces de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, todas las fuerzas, y de amar a todos los que se cruzan en nuestro camino. Es el espíritu de fortaleza que infunde valentía y fuerza para ser coherentes con el Evangelio y dar siempre testimonio de la verdad. Sólo con el fuego del amor que él infunde en nuestros corazones podemos cumplir la gran misión que Jesús nos confía:
“… serán mis testigos”.
¿Cómo ser testigos de Jesús? Viviendo la vida nueva que él ha traído a la tierra, el amor, y mostrando sus frutos. Debo seguir al Espíritu Santo que, cada vez que encuentro a un hermano o una hermana, me dispone a “hacerme uno” con él o con ella, a servirlos a la perfección, que me da la fuerza de amarlos si de algún modo son enemigos; que enriquece mi corazón de misericordia para saber perdonar y para comprender sus necesidades; que me hace sentir la importancia de comunicar, cuando es oportuno, las cosas más hermosas de mi alma.
A través de mi amor, es el amor de Jesús el que se revela y se trasmite. Sucede como con una lente que recoge los rayos del sol: acercándole una pajita, ésta se quema porque los rayos, al concentrarse, hacen que la temperatura se eleve. En cambio, si se pone la pajita directamente delante del sol, ésta no se enciende. Lo mismo pasa a veces con las personas. Es como si permanecieran indiferentes, apagados, ante la religión, pero a veces –porque Dios lo quiere- se encienden ante una persona que comparte su experiencia del amor de Dios, porque esa persona hace las veces de lente que recoge los rayos y enciende e ilumina.
Con ese amor y por ese amor de Dios en el corazón se puede llegar lejos, y compartir con muchísimas otras personas el propio descubrimiento:
“… hasta los confines de la tierra”
Los “confines de la tierra” no son solamente los geográficos. También indican, por ejemplo, personas cercanas a nosotros que no han tenido todavía la alegría de conocer verdaderamente el Evangelio. Hasta allí debe llegar nuestro testimonio.
Además queremos vivir la “regla de oro”, presente en todas las religiones: hacer a los demás lo que quisiéramos que se nos hiciera a nosotros.
Por amor a Jesús se nos pide “hacernos uno” con cada uno, en el olvido completo de uno mismo, hasta que el otro, dulcemente herido por el amor de Dios en nosotros, querrá “hacerse uno” con nosotros, en un intercambio recíproco de ayudas, de ideales, de proyectos, de afectos. Sólo entonces podremos dar la palabra, y será un regalo, en la reciprocidad del amor.
Que Dios nos haga sus testigos delante de los hombres para que Jesús, en el Cielo –como nos ha prometido- salga de testigo por nosotros delante de su Padre4.
Chiara Lubich
1) Hech 4,20;
2) cf Hech 2,46.48;
3) cf 1Jn 1,1-4;
4) cf Mt 10,32.
25 May 2003 | Sin categorizar
24 May 2003 | Sin categorizar
13 May 2003 | Sin categorizar
4 May 2003 | Sin categorizar
Es una crónica inédita que revela la fuerza de paz de María en acto en la propia historia de los pueblos, en los momentos de más grave sufrimiento, la que el prof. Tommaso Sorgi, director del Centro Igino Giordani presenta al Congreso Mariano. Pone en evidencia “la eficacia, también política, de manejar como arma la corona del rosario”. Un sólo ejemplo: habla de lo sucedido en Filipinas hace pocos años. A mediados de los años ’80, los obispos lanzan una campaña de oración por la propia conversión necesaria para obtener del Cielo la liberación de la dictadura de Marcos. Adhieren a ella 5 millones de Filipinos. El mundo asiste a un vuelco: “El dictador parte al exilio y la revolución del rosario libera al pueblo, sin esparcimiento de sangre”. Es el Magnificat en acto: María magnifica al Señor que “dispersa a los soberbios y derriba del trono a los potentes…”. El Magnificat por lo tanto, “puede ser asumido como modelo de la acción política”. Es la perspectiva abierta por el prof. Sorgi, precisamente hoy, cuando se hace urgente “dar un vuelco total a las categorías fundamentales de poder”. Sorgi propone “el Magnificat como ’magna charta’ social”. Pero esa de María – precisa- es una “soberanía de amor”. La política podría asumir de este modo “el calor de un servicio de amor”, “el alma” de la que tenemos “extrema necesidad”. Y el investigador y senador polaco Adam Biela da testimonio de cuánto la oración es fuente de inspiración y de fuerza en su compromiso político contra la corriente en favor de un verdadero desarrollo de su pueblo.
“Los grandes países civilizados y democráticos eligen la guerra como método de resolución de los conflictos”. Es la denuncia fuerte del prof. Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, quien intervino en la segunda jornada del Congreso Mariano Internacional. Presenta “un interrogante que inquieta a todos”: “�La guerra será el nuevo futuro del mundo?”. Es especial la evidencia de que “la guerra es todavía una actividad en gran parte masculina”. A partir de allí, el prof. Riccardi resalta la fuerza “femenina” de la paz, mostrando a María como aquella que bajo la cruz, “vencida” por la violencia del homicidio del hijo, “esconde entre sus lágrimas una fuerza de vida y de esperanza” y “no se somete a la lógica del vencido y del vencedor, del amigo y del enemigo”. “El misterio de fe que vemos en María –agrega- es que el fuerte puede estar en el débil, el del pequeño en el grande, la de la vida del cuerpo en la muerte”. Hoy “María representa la fuerza de la paz en medio de los conflictos”. La “prontitud mariana”, que responde a las necesidades de los hombres “incluso no expresadas”, mostrada por María en las bodas de Caná, es subrayada por Anna Pelli, en su reflexión sobre este cuadro evangélico, uno de los Misterios de la luz que el Congreso está profundizando. Esta página del Evangelio se ve reflejada en la experiencia contada por Carmen y Maricel. Una familia atormentada por el dolor: dificultades económicas, alcohol, droga, tensiones y sus repercusiones en los hijos, ocho. En un tugurio de la periferia de Manila. Una historia de resurrección a partir del descubrimiento del amor de Dios y de María como modelo para imitar. Carmen, la mamá, cuenta cómo su vida cambió cuando fue asumida en el Centro Social de Bukas Palad y de cómo pudo volver a empezar a amar a su marido, que desde hacía años tomaba y jugaba. Maricel, una de sus hijas, logra salir del círculo de la droga en el que se encontraba desde hacía siete años, perdona al papá – que mientras tanto había cambiado de vida- y lo asiste en sus últimos días de vida. Un milagro de amor, que se abre ahora a otras familias pobres de la barriada, a las cuales Carmen y Maricel se dedican trabajando como voluntarias en Bukas Palad.
El lenguaje del Arte, que hoy ha alcanzado un momento culminante, hizo penetrar todavía más profundamente en este ‘Misterio de la luz’, es más, nos ha llavado al corazón del Evangelio: el coreógrafo Stefanescu más que representar la fiesta de las Bodas, ha preferido captar el sentido más profundo del milagro del agua que se transforma en vino, símbolo de la sangre misma que Jesús pronto habría derramado para hacer el más grande milagro, la Resurrección. Otra página de este intenso evento mariano ha sido marcada por el aporte de los nuevos carismas a la comprensión vital de María y del Rosario. Se abrió con la mesa redonda de los representantes de varios Movimientos y Comunidades eclesiales: Renovación carismática internacional, Comunidad de San Egidio, Cursillos, Schöenstatt y Legionarios de Cristo. “Gocé con el intercambio de testimonios de tantos carismas, y me parecía ver a María presente y viva en cada uno y en el seno de la Iglesia” escribió un ‘navegante’ de Paraguay, quien siguió el Congreso a través de Internet. Y desde Argentina: “La serie de los exponentes de los diversos Movimientos ha sido el testimonio de la variedad de dones que embellece a la Iglesia”. En la mañana, fue especialmente profundo el testimonio del Pbro. Pasquale Foresi, co-fundador de los Focolares y primer focolarino sacerdote. Emergió el rostro del sacerdocio renovado por la huella de María y la fecundidad de una vida gastada por la construcción de una Obra suya.
2 May 2003 | Sin categorizar
“Yo no estoy de acuerdo con los atentados suicidas”. “Y yo no estoy de acuerdo con los bombardeos en sus ciudades”. Un intercambio de frases entre una joven palestina y un soldado israelí en una alcabala en los Territorios palestinos. Es una crónica “al revés” la que se cuenta desde el gran escenario, en la sala del Centro Mariápolis de Castelgandolfo, donde está en curso el Congreso Mariano Internacional promovido por ser el Año del Rosario convocado por el Papa. Su objetivo es volver a lanzar esta oración mariana definida por él como un “compendio del Evangelio”, y volver a llevar a los hombres de hoy a la búsqueda de la paz y de una nueva dimensión del Espíritu, y a “contemplar a Cristo con los ojos de María”, a ser como Él “constructores de paz” y de “un mundo más cercano al designio de Dios”. Es una crónica, la que ofrecen las muchas experiencias, que pone en evidencia la potencia del Evangelio capaz de apagar el odio con el amor al enemigo. Es un camino obligatorio “después del 11 de septiembre”, que nos ha puesto ante una bifurcación, y nos toca a nosotros tomar el camino correcto”, como dijo Mons. Piero Coda. Es lo que ha testimoniado también Dieudonné, de Burundi: 12 de sus familiares fueron masacrados bárbaramente, pero no por eso cambia su estilo de vida. Decide poner en acto el arte evangélico del amor también hacia militares que a menudo son personas ‘sin piedad’: puede suceder que los encontramos en un momento en el que necesitan ayuda, como le sucedió a él con un soldado borracho, en la orilla de un puente, a quien socorrió. Este fragmento de los testimonios injertados en el primero de los cinco cuadros programados durante el Congreso: los 5 misterios de la luz que se presentan, junto a reflexiones teológicas, ayudan a penetrar en las varias etapas de la vida de Jesús y de María. El primer cuadro, el Bautismo de Jesús: “Es una invitación a reconocer a Jesús como hijo de Dios –comentó el P. Fabio Ciardi- de modo que podamos sumergir en las aguas del Bautismo a nuestro ‘hombre viejo’ y hacernos renacer a una vida nueva, para volvernos a encontrar todos hermanos y hermanas en el corazón del único Padre”. Como puso en evidencia Mons. Domenico Sorrentino, prelado del Santuario de Pompeya, delineando la historia del Rosario, Juan Pablo II invita a dar un paso adelante con respecto al pasado: “No se limita a confiar la paz a la intercesión de María, sino que la presenta como fruto de esta oración que ‘es una oración de paz’, porque haciendo contemplar a Cristo”, “ejerce una acción pacificadora”. Es una experiencia de contemplación la que están viviendo en Castelgandolfo, no sólo las más de 1500 personas de 70 Países presentes en la sala, sino que llega a los más variados puntos del mundo gracias a la conexión con 11 satélites puestos a disposición con generosidad por ESA, Telepace, la red norteamericana EWTN y la CRC de Canadá que han permitido a muchos canales de televisión nacionales y locales y a través de Internet, transmitir todo el Congreso. Son 7000 los puntos conectados a través de Internet en el primer día. 20.000 las personas calculadas. Sólo algunos flash de los muchos mensajes e-mail llegados de todo el mundo: “Impresionante –escriben desde Amersfoort en Holanda- como la alta espiritualidad y la concreción vayan juntos”. Desde Edimburgo: “Estamos viendo la transmisión. Está llena de luz y nos hace sentir parte de la misma”.
La profunda dimensión espiritual de este evento mariano se anunciaba desde las primeras frases: “Nos detendremos sobre el Rosario que es un reiterado canto de amor a María –dijo el prof. Giuseppe Zaghì, director de la Revista Nueva Humanidad- y es también y sobre todo un abrir los ojos del alma a los misterios de la vida del Hijo de María. Y mientras nosotros abrimos nuestras mentes y nuestros corazones a Jesús, será Jesús quien hablará de María a nuestros corazones y a nuestras mentes con ese hablar que no termina en pobres palabras, sino en criaturas nuevas”.
Uno de los muchos aspectos novedosos de este evento mariano: la aportación de la dimensión carismática a la comprensión vital de María y del Rosario, aporte ofrecido con este Congreso, como respuesta al especial mensaje entregado a Chiara por el Papa, en la Plaza San Pedro, el mismo 16 de octubre 2002, día en el que relanzaba la oración del Rosario. El momento culminante ha sido la intervención de Chiara Lubich quien ha comunicado los dones de luz de los orígenes de esta Obra, el Movimiento de los Focolares, que la Iglesia ha reconocido como “Obra de María”. Chiara revive uno de los momentos más dramáticos de los inicios: «Un día, bajo un atroz bombardeo que caía directamente sobre nosotros, de bruces, cubierta de un polvo denso como el aire, mientras me ponía de pie casi por milagro, entre los alaridos de los presentes, tranquila y con mucha paz me di cuenta de que mientras estaba en peligro había experimentado un profundo dolor en el alma: el de no poder recitar más el Ave María». Más tarde comprenderá: «Pero esta Ave María, anhelada, tenía que ser dicha con palabras vivas, con personas que, como otras pequeñas María, dieran el Amor al mundo». Ese Amor que es Jesús mismo que “Hoy –agregó- podemos ‘generar’ espiritualmente, como promete el Evangelio: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre (en mi amor, explican los Padres) yo estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). Una tarea, ésta, definida en su homilía por el Cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, como “primaria en la sociedad secularizada de hoy”. La fundadora de los Focolares habló de su descubrimiento del nuevo rostro de María, “de una belleza incomparable”: “toda Palabra de Dios, toda revestida de la Palabra de Dios”, y de la llamada de cada cristiano a repetir, como María, a Cristo, Verdad, Palabra, con la personalidad que Dios ha dado a cada uno”. Una visión “rica de consecuencias, por ejemplo, en el campo ecuménico”. El miércoles darán su testimonio pertenecientes a la Iglesia luterana, evangélica reformada, rumano – ortodoxa y copta – ortodoxa. Una ulterior novedad que seguirá recorriendo todo el evento es el lugar privilegiado de los espacios artísticos: desde canciones, música, danzas de varias culturas a piezas literarias -de Dante a Sartre- porque de María “no se habla, se canta. El amor florece como poesía” como canta el Gen Verde, inspirado en una meditación de Chiara.