31 Jul 2002 | Sin categorizar
En un momento en el cual, el encuentro entre fedes y culturas parece ser el único antídoto ante los conflictos y las tensiones que amenazan al mundo, la J.M.J. de Toronto ha abierto, además, a los jóvenes, el horizonte del diálogo interreligioso. Durante tres días la iglesia de San Patricio se convirtió en teatro de canciones, danzas, “sketchs”, video-clips y verdaderos fuegos artificiales de testimonios de jóvenes de religiones diferentes que comparten el espíritu de unidad de los Focolares, a quienes la Iglesia canadiense había confiado esta iniciativa. Sorprendió mucho a los medios americanos el hecho de que en Toronto estuviesen también jóvenes hebreos, musulmanes, hindúes y budistas.
Los testimonios mostraban con hechos concretos que el arte de amar radica en la así llamada regla de oro: “Haz a los demás lo que quisieras que te hiciésen a tí”, común en todas las religiones, cambia decididamente la vida, alivia llagas, abre nuevos horizontes, une a jóvenes de culturas y religiones distintas respetando plenamente la identidad de cada uno. Metta, budista tailandesa, acusada de haber tenido un lavado de cerebro, por parte de los cristianos, conquista más tarde a toda la escuela budista a sus ideas. Avinash, hindú, habla del encuentro con los “Jóvenes por un mundo unido” de Bombay y del descubrimiento de una vida tan rica de valores. Ya desde niña, Ikram, estudiante musulmana de Marruecos, había aprendido el arte de amar a través de su maestra cristiana. Hoy, en la universidad de Bélgica, donde estudia, este arte es la llave que le abre el diálogo con todos.
Y toman también la palabra una periodista hebrea, un Imam de los Estados Unidos. No falta un testimonio cristiano, como el de Alicia, de Burundi, que logró perdonar a quien había matado a parte de su familia y, junto con colegas pertenecientes a la otra tribu, se convirtió en punto de referencia de la universidad para los jóvenes de las dos étnias combatientes. Con gran alegría se acogió, luego, en San Patricio, al Cardenal Francis Arinze, Presidente del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso. “Se puede decir que el diálogo –afirmó- es una componente irreversible en la Iglesia Católica”.
31 Jul 2002 | Palabra de vida, Sin categorizar
El lago de Tiberíades, llamado también “mar de Galilea”, tiene 21 kilómetros de largo y 12 de ancho. Cuando el viento baja impetuoso por el valle de la Bekaa llega a provocar miedo, incluso entre los pescadores acostumbrados a navegarlo. Pues bien, esa noche los discípulos sintieron realmente miedo: olas altas y viento contrario. A duras penas lograban dominar la barca.
Sucedió entonces algo inesperado. Jesús, que se había quedado en tierra, solo, para orar, apareció de improviso sobre las aguas. Ya excitados por las condiciones del mar, los discípulos comenzaron a gritar, espantados, creyendo ver un fantasma. Ese que veían delante de ellos no podía ser Jesús. Está escrito en el libro de Job que sólo Dios camina sobre las aguas (Cf Jb 9, 8). Pero Jesús les dice: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Sube a la barca y el mar se calma. Los discípulos no solamente recobran la paz, sino que por primera vez lo reconocen como “hijo de Dios”: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios” (Mt 14, 33).
«Tranquilícense, soy yo; no teman»
Esa barca agitada por el viento y sacudida por las olas se ha convertido en el símbolo de la Iglesia de todos los tiempos. Para todo cristiano que realiza la travesía de la vida, tarde o temprano llega el momento del temor. Imagino que tú también, alguna vez, te habrás encontrado con el corazón agitado por la tempestad; a lo mejor te has sentido arrastrado, por un viento contrario, en dirección opuesta a donde querías llegar; has tenido miedo de que tu vida o la de tu familia naufragara.
¿Quién puede estar exento de pruebas? A veces la prueba asume los rostros del fracaso, de la pobreza, de la depresión, de la duda, de la tentación… A veces lo que más daño nos hace es el dolor de quien tenemos al lado: un hijo drogadicto o incapaz de encontrar su camino, el marido alcohólico o sin trabajo, la separación o el divorcio de personas queridas, los padres ancianos y enfermos… Da miedo también la sociedad materialista e individualista que nos rodea, las guerras, las violencias, las injusticias… Ante estas situaciones también puede insinuarse la duda: ¿Adónde ha ido a parar el amor de Dios? ¿Ha sido todo una ilusión? ¿Es un fantasma?
No hay nada peor que sentirse solos en el momento de la prueba. Cuando no hay nadie con quien poder compartir el dolor, o que esté en condiciones de ayudarnos a resolver las situaciones difíciles, cualquier sufrimiento parece insoportable. Jesús lo sabe, por eso aparece sobre nuestro mar en tempestad, viene junto a nosotros y nos repite nuevamente:
«Tranquilícense, soy yo; no teman»
Soy yo, parece decirnos, en ese miedo tuyo: yo también, en la cruz, cuando grité mi abandono me sentí invadido por el temor de que el Padre me hubiera abandonado. Soy yo, en ese desaliento tuyo: en la cruz también yo tuve la impresión de que me faltaba el aliento del Padre. ¿Estás desorientado? Yo también lo estaba, a tal punto que grité “¿por qué?”. Yo, como y más que tú, me he sentido solo, inseguro, herido… Yo he sentido sobre mí el dolor de la maldad humana…
Jesús ha entrado verdaderamente en cada dolor, ha cargado con cada prueba nuestra, se ha identificado con cada uno de nosotros. El está bajo todo lo que nos hace daño, que nos da miedo. Bajo toda circunstancia dolorosa, temible, hay un rostro suyo. El es el Amor y es propio del amor despejar todo temor.
Cada vez que nos asalta una duda, que somos sofocados por un dolor, podemos reconocer la verdadera realidad que allí se esconde: es Jesús que se hace presente en nuestra vida, es uno de los tantos rostros con los cuales se manifiesta. Llamémoslo por su nombre: eres tú, Jesús abandonado-duda; eres tú, Jesús abandonado-traicionado; eres tú, Jesús abandonado-enfermo. Hagámoslo entonces subir a nuestra barca, démosle buena acogida, dejémoslo entrar en nuestra vida. Y luego sigamos viviendo lo que Dios quiere de nosotros, entregándonos a amar al prójimo. Descubriremos que Jesús es siempre Amor. Entonces podremos decirle, como los discípulos: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios”.
Abrazándolo, él se volverá nuestra paz, nuestro consuelo, valor, equilibrio, la salud, la victoria. Será la explicación de todo y la solución de todo.
Chiara Lubich
1 Jul 2002 | Sin categorizar
La fraternidad como categoría política es la respuesta más innovadora ante las tensiones y conflictos del mundo, así como en cada uno de los Estados y dentro de las administraciones locales”. Es uno de los puntos claves del mensaje que Chiara Lubich lanzó desde Rimini donde había sido invitada por el alcalde, Alberto Ravaioli. La Administración comunal y provincial han querido que precisamente desde esta ciudad, Rimini, capital del turismo y de la hospitalidad, ciudad de tradición cosmopolita, partiera este fuerte mensaje.
Esperanza bien expresada por el mensaje de la fundadora de los Focolares, centrado en la “Fraternidad y la paz para la unidad de los pueblos”. Tres palabras que ella definió como “tremendamente actuales, porque después del fatídico 11 de septiembre, su absoluta necesidad ha emergido paradójicamente de la conciencia de muchos”. Y aquí ha hecho un llamado a las “tantas redes ya en acto que unen a los pueblos, a las culturas y las diversidades” gracias a las decenas y decenas de Movimientos y comunidades eclesiales en expansión no sólo en Europa, sino en todo el mundo. Esperanza bien expresada por el mensaje de la fundadora de los Focolares, centrado en la “Fraternidad y la paz para la unidad de los pueblos”. Tres palabras que ella definió como “tremendamente actuales, porque después del fatídico 11 de septiembre, su absoluta necesidad ha emergido paradójicamente de la conciencia de muchos”. Y aquí ha hecho un llamado a las “tantas redes ya en acto que unen a los pueblos, a las culturas y las diversidades” gracias a las decenas y decenas de Movimientos y comunidades eclesiales en expansión no sólo en Europa, sino en todo el mundo.
Chiara da un ejemplo concreto: el “Movimiento de la unidad”, emanación de los Focolares, surgido en 1996, formado por políticos que asumen la fraternidad como categoría política. “No se trata de un nuevo partido, sino de un Movimiento que es portador de una cultura y de una praxis política nueva”, que hace posible, por ejemplo, el diálogo entre la mayoría y la oposición. “Quien está en el gobierno, reconoce los aportes positivos de la oposición y favorece su papel de contralor. La oposición es conducida a través de una crítica constructiva que no intenta obstaculizar la acción del gobierno, sino corregirlo para mejorarlo. Así se favorece la búsqueda de la solución mejor para la comunidad, la cual se garantiza plenamente sólo si gobierno y oposición ejercitan ambos del mejor modo su propio papel”. Y habló de “resultados políticos de relieve” como “entre fracciones opuestas en Irlanda del Norte”. Yendo a la raíz de las causas del terrorismo, que se han profundizado en los meses sucesivos a los atentados en los Estados Unidos, ha citado como “fundamental” en desequilibrio existente, en nuestro planeta, entre países ricos y países pobres, un desequilibrio que requiere una mayor comunión de bienes. Imposible “hasta que la humanidad no esté guiada por un ardiente deseo y un fuerte compromiso de fraternidad universal”. Seguidamente el Prof. Stefano Zamagni presentó el proyecto Economía de Comunión, lanzado por Chiara Lubich hace 10 años, que inspira la administración de más de 750 empresas en el mundo, definido por él como “un nuevo paradigma económico”. Siguió la presentación del proyecto del Polígono empresarial, que próximamente se realizará en las cercanías de la ciudadela de Loppiano.