Movimiento de los Focolares

Daniela Zanetta

Abr 4, 2017

Nace con una rara enfermedad que le causará laceraciones en la piel y enormes sufrimientos. Daniela muere en el 1986 con apenas 24 años. Forma parte del grupo de las gen de su ciudad (Novara – Italia). En su diario revela el secreto que la sostiene en los momentos más difíciles: la elección de Jesús […]

Nace con una rara enfermedad que le causará laceraciones en la piel y enormes sufrimientos. Daniela muere en el 1986 con apenas 24 años. Forma parte del grupo de las gen de su ciudad (Novara – Italia). En su diario revela el secreto que la sostiene en los momentos más difíciles: la elección de Jesús crucificado y abandonado, que la ayuda a transformar el dolor en amor. El pasado 23 de marzo el papa Francisco ha reconocido sus virtudes heroicas, declarándola “venerable”. El Movimiento de los Focolares se alegran con sus padres, hermanos y con cuantos han tenido el privilegio de conocerla.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

1° de septiembre, inicia el “Tiempo de la Creación”

1° de septiembre, inicia el “Tiempo de la Creación”

En su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, León XIV exhorta a superar la crisis ética y cultural actual, que incluye el deseo de guerra, dominación y la búsqueda de lucro. Lo que se necesita es una “auténtica conversión ecológica” que nazca del corazón.

Evangelio vivido: mirar a los hermanos

Evangelio vivido: mirar a los hermanos

La Palabra del Evangelio propuesta para este mes es: “Mi alma canta la grandeza del Señor”, el comienzo del cántico de María en su encuentro con Isabel.
“Las palabras de este himno”, dice el comentario sobre la Palabra de Vida, “nos invitan a comprender la intervención salvadora de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, que culmina en los nuevos cielos y la nueva tierra inaugurados por la revolución social del Evangelio”.
Estas experiencias nos muestran que alabar a Dios significa estar del lado de los más vulnerables y creer que el mundo puede, y debe, cambiar.