27 May 2004 | Sin categorizar
«Después del Año Santo 2000, empezó la segunda “Intifada ”, los peregrinos desaparecieron. Los cristianos del lugar se han sentido abandonados. La mayor parte de ellos viven de los servicios a los peregrinos, y ahora muchas familias están al borde de la sobrevivencia. Además de la ayuda material que se da, es también un apoyo espiritual” Es lo que nos dijo el Nuncio, Mons. Pietro Sambi, de Jerusalén.
“La unidad construida entre nosotros ‘peregrinos’ y con los amigos de allí, ha sido natural y concreta desde los primeros momentos. El corazón nos decía que era necesario ir a visitarlos allí, a su tierra, para entender la necesidad que tienen de sentirnos cerca, pero entrar en contacto con este pueblo quizás nos ha servido sobre todo a nosotros, que vinimos de otras partes del globo, para aprender y para agradecer por lo que ellos viven y ofrecen por todos”.
“Caminamos por la antigua ciudad y miramos a nuestro alrededor, llenos de tantas impresiones que con dificultad logramos ordenar. Son rostros, casas, colores, perfumes, palabras y silencios, panoramas y piedras. Las piedras que pisó un hombre-Dios cuya presencia está viva más que nunca y habla a este hoy, aquí. Es verdaderamente conmovedor ver como hay quien sigue construyendo la paz partiendo antes que nada de sí mismo”. Es la lección más grande de este viaje.
Hemos sido testigos de experiencias impresionantes: desde quien ha perdido al marido, a sus hermanos, a sus hijos; desde quien cada día vive con el temor de las alcabalas, viendo que se llevan a sus seres queridos o quien ve que se le derrumba su propia casa. De quien ya no tiene ninguna certeza, sólo la de que “es dándole Amor a quien pasa al lado que se puede volver a sonreír”, “amando a ese soldado, sonriendo no obstante esa ‘falta’, ofreciendo siempre algo positivo –a pesar de las mil injusticias- incluso a quien podría ser llamado tranquilamente ‘enemigo’”. Son miles las iniciativas de solidaridad, como la oficina de copiado nacida en una aldea de los Territorios Palestinos para ofrecer nuevos lugares de trabajo.
En estos días en Tierra Santa, este amor tan radical ha llegado también a nosotros. Es muchísimo lo que nos han dado, en vida y en gestos concretos: dulces, almuerzos, visitas, fiestas, todo ha sido un acto de Amor continuo hacia nosotros”. P. B.
26 May 2004 | Sin categorizar
Como San Martín
Quedé viuda siendo joven, con tres hijos a cargo y una situación financiera precaria. Como empleada doméstica por horas gano poco. Un día fui a una iglesia a rezar y allí noté a un hombre que sufría. Tenía los pantalones llenos de parches. Le pedí a Dios que me hiciera entender se tenía necesidad de ayuda. Levantando la mirada noté una pintura de San Martín, quien había vivido con radicalidad el mandamiento evangélico del amor. Me acerqué y él: «Acabo de salir del hospital y ya no puedo trabajar. Ahora estoy aquí pero la verdad es que quisiera lanzarme entre las ruedas de un tren. No sé como salir adelante». Lo animé diciéndole: «Usted está en el lugar apropiado. Venga siempre aquí. Él lo ayudará». Le di lo que había ganado ese día: 80 francos suizos. Al día siguiente recibí inesperadamente la visita de un tío que no veía desde hacía 10 años. Fue una alegría grandísima. Saludándome, me puso en la mano un sobre. �Abriéndola encontré la suma de 8.000 francos suizos!
(M.M. – Suiza)
En el lavadero público
Hace dos días fui al lavadero, que está cerca de mi casa, para lavar. Había un buen sol ese día y tantas mujeres lavaban sus cosas, aunque el espacio era realmente poco. Estábamos conversando alegremente cuando llegó un anciano. Casi no veía. Tenía dos sábanas, una camisa y su turbante para lavar y pedía que le abriéramos campo. Ninguna quería moverse. Dentro de mí pensé: ”Jesús considera hecho a sí lo que hacemos a los hermanos”. Me dirigí a él: «Baba (apelativo de respeto que se usa con las personas ancianas), dame tus cosas que te las lavo yo». Las otras mujeres se pusieron a reír. «Con la familia numerosa que tienes, y esa montaña de ropa, �no estarás hablando en serio?» Repetí al Baba la invitación y empecé a lavar sus sábanas. Estaba muy contento, me dio su bendición paterna, y antes de alejarse, quiso a toda costa dejarme un pedacito de jabón que custodiaba celosamente. Ya nadie reía. En medio del silencio, en el lavadero, sucedió algo nuevo: había quien prestaba su cubeta a la otra, quien ofrecía el balde lleno de agua a quien estaba más lejos. �Había empezado una cadena de amor!
(F.V. – Pakistán)
20 May 2004 | Sin categorizar
20 May 2004 | Sin categorizar

– El hilo de oro
– Roma años ’40: bajo los bombardeos
-El descubrimiento
– Nadie pase a mi lado en vano
– La escalada final
El hilo de oro
“Leeremos bien nuestra historia sólo en el Paraíso, donde captaremos plenamente el hilo de oro que, esperemos, nos llevará donde tenemos que llegar”. Con estas palabras, la misma Renata empieza la historia de su vida, que había descubierto toda entretejida del amor de Dios.
Nace el 30 de mayo de 1930 en Aurelia, una pequeña ciudad de la Región de Lazio. Seguidamente, se traslada a Roma con su familia.
Los suyos no frecuentaban la Iglesia, pero eran personas rectas, sinceras, ricas de valores humanos.
“Nunca terminaré – decía siempre Renata – de agradecer a Dios por haberme hecho experimentar la vida de una verdadera familia, sobre todo por el amor que había entre mis padres”.
Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Renata tiene 10 años. Su gran sensibilidad no la deja indiferente, y en su memoria permanecen algunos momentos fuertes.
Roma años ’40: bajo los bombardeos
El 13 de julio del ’43, al ver que las bombas caen, decide dar una dirección distinta a su vida. Escribe: “Me di cuenta de que la muerte podía llegar y advertí en un instante la vanidad de los juegos, del dinero, del mañana. Fue un momento de gracia… Cuando regresé a mi casa me sentía distinta. Había decidido ser mejor”.
Desaparece repentinamente una compañera suya de la escuela, muy buena. Era hebrea: “�Por qué son asesinados los hebreos? �No son como nosotros?”, se pregunta, pidiendo con insistencia explicaciones al papá.
El 8 de septiembre de 1943, día decisivo para la historia de Italia, ve desde el balcón de su casa a un soldado alemán que se desliza fatigosamente a lo largo de un muro, arrastrándose, casi con miedo de ser visto. Un sentimiento de compasión hacia él y hacia su pueblo la invade totalmente…
Imágenes lejanas en el tiempo, pero que hablan ya de un amor sin medida por el hombre, por todos los hombres, que seguidamente dominará toda su vida. Mientras tanto con la edad crece también la exigencia de una fe consciente y se vuelve urgente el problema de Dios. Empieza a frecuentar la Iglesia, se injerta en un grupo mariano, y entre sus profesores prefiere a aquellos que manifiestan una mayor corrección moral.
Con 14 años siente un especial “primer llamado”: el empuje interior de dar la vida para que los suyos, lejanos, encuentren la fe.
Sedienta de verdad, entre los 15 y los 19 años, se lanza de cabeza en los estudios para sondear las realidades más profundas, en busca de Dios. Se inscribe en la Facultad de Química, porque espera descubrirLo penetrando en los secretos del universo: “Me apasionaba la Matemática por su lógica. Tenía momentos de exultación cuando la mente descubría algo nuevo. Esperaba adquirir un conocimiento que pudiera de alguna forma hacerme abrazar lo universal. Buscaba a Dios en los seres inteligentes en donde podía haber un reflejo de Él. No sabía todavía que sólo en el Creador – Amor habría podido descubrir lo creado y las criaturas, y amarlas”.
El descubrimiento
El 8 de mayo del ’49, día que ella definirá como “extraordinario”, después de alguna duda – porque no le quería quitar tiempo al estudio – participa en un encuentro donde Graziella De Luca, una de las primeras compañeras de Chiara Lubich, habla del descubrimiento de Dios – Amor, de la nueva vida evangélica iniciada en Trento pocos años antes, mientras la guerra recrudecía.
“Lo que dijo no lo recuerdo. Recuerdo sólo que cuando salí de allí, sabía que había encontrado. (…) Tuve la intuición de que Dios es Amor. Esta experiencia entró hasta lo más profundo de mi ser. Perdí la imagen que tenía de un Dios sólo juez, que castiga a los malos y premia a los buenos y lo sentí como un Dios cercano”.
Convencida de haber recibido un llamado de Dios, da un vuelco decisivo a su vida. Poco a poco conoce a Chiara. Inmediatamente advierte con ella una relación estrechísima, vital, como entre madre e hija, junto a la clara confirmación de darse toda a Dios en el Movimiento de los Focolares. Y dice su Sí a Dios para siempre.
Su larga experiencia de donación en el focolar inicia el 15 de agosto de 1950. Acababa de cumplir 20 años. Su amor y su disponibilidad sin límites, su paz, pensando en su joven edad, no pasan inobservadas. Vive así 40 años al servicio del Movimiento de los Focolares, primero en varios focolares de Italia, después en Francia, en Grenoble.
En el ’67, a 37 años, Renata llega a la Escuela de formación de Loppiano, donde transcurre los últimos 23 años de vida como co-responsable de la ciudadela misma. Aquí su donación estalla en toda su potencialidad. Más de mil jóvenes han absorbido de ella esa sabiduría, esa fuerza interior para crecer espiritualmente.
Nadie pasa a su lado en vano
Su vida es un estupendo entramado de amor y de dolor, en el esfuerzo de morir a sí misma para dejar vivir a Jesús en ella. Y es a Jesús a quien encuentran estando ante su presencia.
Por su amor sin medida, nadie pasa a su lado en vano, como dan testimonio un gran número de personas de todas las categorías, condiciones, edades, culturas. Cada uno, entrando en contacto con ella, experimenta ese amor que hace de cada hombre un predilecto de Dios, amado y comprendido como hijo único.
Este amor radical, esta pasión por el hombre tiene su raíz en el amor incondicional a Jesús que en la cruz grita el abandono del Padre, y en el mirar como modelo a María que, ante el Hijo moribundo, todavía cree, todavía espera, todavía ama. De allí su escalada continua, realizada según la Palabra del Evangelio que consideraba su programa, casi como si trazara su fisionomía espiritual: “María (…) conservaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19).
Tensión constante a la santidad, desarrollo de las virtudes, correspondencia transparente al carisma de la fundadora “que todos sean uno” (Jn. 17, 21) florecían a partir de un inteligente y continuo dejar de lado su yo.
La escalada final
Con 59 años se le anuncia una enfermedad que muy pronto se manifiesta en toda su gravedad: delante de ella no quedan sino pocos meses. A partir de ese momento su vida se convierte en una escalada hacia Dios, mientras sigue siendo feliz como había prometido años antes a Jesús.
Su lecho se transforma en una cátedra de vida. En Cristo la muerte no existe, existe la vida, y ella repite hasta el último instante: “Quiero dar testimonio de que la muerte es vida”.
No se lamenta y rechaza los calmantes. Quiere permanecer lúcida, siempre dispuesta a decir su sí pleno a ese Dios que la había fascinado de joven y que ahora le pide el don de la vida. En los últimos días parece que se encuentra bajo una anestesia divina, tanto logra – no obstante el sufrimiento – transmitir a su alrededor sacralidad y alegría plena: “Me encuentro como en un remolino de amor. Soy demasiado feliz”. Encismada en una realidad paradisíaca, va al encuentro del Esposo el 27 de febrero de 1990.
La biografía completa de Renata Borlone ha sido recogida en el libro “Un silencio que se hace vida”, de G. Marchesi y A. Zirondoli (Editorial Città Nuova)
20 May 2004 | Sin categorizar
“La vida de los santos es siempre un alimento precioso para la comunidad cristiana. �Por qué la vida de Renata? Porque descubrió que Dios es Amor y desde ese momento su vida se vio incendiada por ese amor, hasta su muerte”. Así se expresó el obispo de Fiesole, Mons. Luciano Giovanetti, el 18 de diciembre de 2003, ilustrando a los presentes los motivos que lo empujaron a pedir el inicio de la causa de canonización.
En el gran salón S. Benito, repleto de amigos, en la ciudadela de Loppiano, en las colinas de Incisa, en el Valdarno (Florencia), el Obispo abrió oficialmente el proceso de canonización de Renata Borlone (1930-1990), focolarina, co-responsable de la ciudadela de Loppiano desde 1967 a 1990. Una vida enteramente donada a Dios y a los hermanos a la luz de la espiritualidad de la unidad, que continúa dejando tras de sí una estela luminosa.
Quién era Renata
Renata Borlone nace el 30 de mayo de 1930 en Aurelia, cerca de Roma. Crece en una familia no practicante, hacia los 14 años empieza a plantearse el problema de la existencia de Dios y a frecuentar la Iglesia. Sedienta de la verdad, se lanza en busca de Dios a través de los estudios. Con 19 años entra en contacto con la vida evangélica de algunas de las primeras focolarinas, que se acababan de transferir a Roma, y advierte una alegría y una plenitud nunca antes experimentadas; se le hace evidente una certeza: �Dios existe, Dios es Amor! Un descubrimiento fulgurante que transforma toda su vida. Empieza así una extraordinaria aventura que durante 40 años la verá comprometida en la edificación de esta nueva obra en la Iglesia. Muy pronto asume tareas de responsabilidad sea en Italia que en el extranjero. A partir de 1967 va a Loppiano como co-responsable de la ciudadela y encargada de la formación espiritual de las focolarinas.
Muere el 27 de febrero de 1990, dejando a todos el ejemplo de su vida que nos cuestiona todavía hoy.
15 May 2004 | Sin categorizar
5 May 2004 | Sin categorizar
30 Abr 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
Durante la última cena, antes de dejar a sus amigos y volver al Padre, Jesús quiere establecer un lazo con él y entre ellos, un lazo que los una estrechamente, con el vínculo más consistente y duradero: el amor. Jesús ama “hasta el fin”, con el amor “más grande”, que llega hasta a “dar la vida”, y, como contrapartida, pide ser amado con el mismo amor.
El amor que él pide no es simple sentimiento, es hacer su voluntad, descripta en sus mandamientos: sobre todo el amor al hermano y a la hermana, y el amor recíproco. Es tan importante esta verdad para Jesús que, en este último discurso dirigido a los discípulos, lo repite con fuerza otras tres veces: “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama”; “El que me ama, será fiel a mi palabra”; “El que no me ama, no es fiel a mis palabras”.
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos»
¿Por qué tenemos que cumplir sus mandamientos?
Creados a su “imagen y semejanza”, nosotros somos un “tú” que está frente a Dios, con la capacidad de una relación personal directa con él: una relación de conocimiento, de amor, de amistad, de comunión.
Yo “soy” en la medida en que digo sí al proyecto de amor que él tiene sobre mí.
En cuanto la relación con él, esencial a la naturaleza, se vive, se ahonda y se enriquece, tanto más el hombre y la mujer se realizan en su personalidad más verdadera.
Observemos a Abraham. Cada vez que Dios le pide algo, aún cuando parezca lo más absurdo, como el dejar la propia tierra para encaminarse hacia un destino que le es desconocido y sacrificar a su único hijo, Abraham adhiere enseguida confiando en Dios, y se le abre por delante un futuro impensado.
También a Moisés: en el monte Sinaí el Señor le revela la propia voluntad en el decálogo, y de la adhesión a éste nace el pueblo de Dios.
Lo mismo se verifica con Jesús. En él, el sí al Padre alcanza toda su plenitud: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Seguir a Jesús quiere decir cumplir la voluntad del Padre de la mejor manera posible, como él nos la ha revelado y como él, en primer lugar, la ha cumplido.
Los mandamientos que Jesús nos ha dejado son, de este modo, una ayuda para vivir de acuerdo a nuestra naturaleza de hijos e hijas de un Dios que es Amor. No son, por lo tanto, imposiciones arbitrarias, una superestructura artificial, y menos que menos, una alineación. No son tampoco órdenes, como las que da un patrón a sus servidores. Son más bien la expresión de su amor y de su premura por la vida de cada uno de nosotros.
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos»
¿Cómo vivir, entonces, esta Palabra de vida?
Tratemos de escuchar con atención lo que Jesús nos dice en el Evangelio –sus mandamientos– y dejemos que el Espíritu Santo nos recuerde sus palabras a lo largo del día. El nos enseña, por ejemplo, que no basta con no matar, sino que se debe evitar la ira contra los hermanos; que no se puede cometer adulterio, pero tampoco desear la mujer de otros; “si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra”; “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores”.
Pero sobre todo vivamos lo que Jesús ha llamado “su” mandamiento, el que sintetiza todos los demás: el amor recíproco. En la caridad, en efecto, la ley se cumple en toda su plenitud, es el “camino mejor” que estamos llamados a recorrer.
Lo había comprendido muy bien el P. Darío Porta, un sacerdote de Parma (Italia), muerto el jueves santo de 1996. Si en los primeros años de sacerdocio había vivido de manera excelente su relación con Dios, más tarde comprendió mejor que a Jesús había que reconocerlo en cada prójimo y entonces el amar evangélico se convirtió en su pasión. Para permanecer fiel a ese compromiso se volvió cada vez más atento a los demás, posponiendo programas personales, hasta escribir un día, en su diario: “He comprendido que lo único que al final uno querría haber hecho es haber amado al hermano”1.
Todas las noches también nosotros, como él, podemos preguntarnos: “¿He amado a los hermanos?”.
Chiara Lubich
1. Dario Porta, Testimone dell’Amore gratuito, Piero Viola, Parma 1996, p. 33.
28 Abr 2004 | Sin categorizar
27 Abr 2004 | Sin categorizar
27 Abr 2004 | Focolare Worldwide
27 Abr 2004 | Focolare Worldwide
Danuta Huebner, Ministro polaco de Asuntos Europeos “Los Movimientos y las comunidades cristianas tienen un papel propio que desarrollar: son los que están más cercanos a la gente y por lo tanto su responsabilidad en el proceso de integración consiste precisamente en dialogar con los simples ciudadanos. Deben hacer pasar la discusión de un nivel alto, filosófico, al nivel de la vida cotidiana. De este modo los valores humanos y cristianos que unen a Europa se convertirán en un argumento de diálogo y reflexión, y podremos entrar en la Unión más conscientes de lo que hacemos”. Rocco Buttiglione, Ministro italiano de Asuntos Europeos “El Espíritu de Dios suscita la novedad. Donde la Vieja Europa parece haber abdicado su herencia cristiana, el Espíritu de Dios ha hablado nuevamente, a través de los Movimientos. No es la primera vez: había sucedido ya con Francisco, Domingo, Ignacio, Benito… los nuevos Movimientos son un testimonio de la vitalidad de las raíces de Europa, cristianas pero no sólo, producidas por gente que ha contribuido a crear a Europa, con una búsqueda sincera de la verdad, de Dios” Tadeusz Mazowiecki, ex Primer Ministro Polaco, el primero después de la caída del régimen comunista Si Europa debe ser una comunidad política, también debe estar radicada en la cultura de esa que nosotros llamamos “Europa del Espíritu”. Desarrollarla requiere nuevas ideas, hombres que posean nuevas ideas. Creo que tantos Movimientos presentes hoy aquí han nacido precisamente por la necesidad de nuevas ideas, y tienen precisamente ese papel. La Iglesia es siempre antigua y siempre se renueva, hoy día, precisamente gracias a los nuevos Movimientos. Credo que todo esto sirve no sólo a la Iglesia, sino también a Europa. La necesidad de valores más profundos la advierte no sólo quien vive el cristianismo, sino también las personas alejadas de la fe. Tenemos necesidad de autoridades morales. La gente tiene una profunda necesidad de principios sólidos, y esto se ve. Ésta es la gran oportunidad que los Movimientos pueden ofrecer. Michel Camdessus, ex Director General del Fondo Monetario Internacional “Pienso que hemos asistido a un evento magnífico que muestra la vitalidad del catolicismo polaco, pero también las relaciones ecuménicas, y la seriedad con la cual Polonia se compromete en la aventura europea. Es cierto que los Movimientos espirituales tienen algo que decir a Europa, como todos los cristianos. En especial nosotros llevamos a Europa el pensamiento social cristiano, un tesoro que damos al mundo entero. Creo que no exista un sistema de pensamiento que aporte tantas respuestas a las inquietudes del hombre contemporáneo como el cristianismo”. Adam Schulz, jesuita, encargado de la consulta polaca de los Movimientos “La Europa del mañana tiene necesidad sobre todo de santidad, y este es el aporte más importante que pueden aportar los Movimientos. Una santidad expresada en modos diversos; es diversa para el político o para un hombre de cultura, para un estudiante… Realmente hoy Europa tiene necesidad de personas que vivan el Evangelio en modo radical. Los Movimientos son uno de los pocos ambientes donde se puede crecer en este tipo de santidad, y yo mirando a Europa
27 Abr 2004 | Focolare Worldwide
Poznan es una de las más antiguas ciudades polacas, situada a 50 Km. de Gniezno, donde tuvo lugar el Congreso «Europa del Espirito». No obstante tener una tradición plurisecular, Poznan es una ciudad con alma joven debido a la presencia de 19 universidades en su territorio, que la convierten en uno de los centros académicos polacos más vitales. Mons. Stanislaw Gadecki, arzobispo de Poznan, afirmaba: “Cuando escuché que Chiara Lubich venía a Gniezno, enseguida pregunté a los focolares si existía la posibilidad de un encuentro en Poznan, especialmente para los estudiantes. No creía que fuera posible, pero al final lo logramos. Y como hemos visto hoy, el clima fue tan especial que los que participaron quedaron cautivos de la espiritualidad de la unidad, de la espiritualidad de los focolarinos”. El 13 de marzo Chiara fue invitada a hablar en el Auditorium de la universidad “Adam Mickiewicz”. Antes de su discurso, sobre el escenario delante de un órgano monumental se presentó el pequeño “pueblo polaco” del Movimiento, que se formó antes de los años ’90 cuando no se podía hacer otra cosa más que vivir el Evangelio. Fue muy emocionante la proyección de la síntesis filmada de los encuentros del Papa polaco con los Focolares. Seguidamente tuvo lugar el discurso de Chiara en el que propuso a la asamblea la radicalidad evangélica del amor, que se manifestó como la única solución para poder elevar la temperatura de la vida de la comunidad cristiana. Es el antídoto al consumismo, a la tibieza; es la alegría, el fervor. Como conclusión, el arzobispo Satanislaw Gadecki le entregó a Chiara una medalla de reconocimiento de la diócesis por su visita. El card. Josef Glemp, arzobispo de Varsovia, se expresó así: “En el aula de la universidad de Poznan no solamente hemos escuchado un discurso de Chiara Lubich – a quien conozco muy bien – sino que hemos asistido a la creación de lo que yo llamaría el ambiente de la fe. Los jóvenes han podido experimentarlo, no sólo por los discursos y la racionalidad de los argumentos;, es un ambiente que permite dirigirse directamente a las personas dándoles del tú. Pienso que en esto consiste el gran carisma de Chiara”.
26 Abr 2004 | Sin categorizar
26 Abr 2004 | Sin categorizar
26 Abr 2004 | Sin categorizar
21 Abr 2004 | Sin categorizar
6 Abr 2004 | Sin categorizar
Una religiosa, in un momento de oscuridad, impresionada por la serenidad con la que otra hermana vivía su grave enfermedad, descubre el secreto: el amor a Jesús crucificado y abandonado, corazón de la Espiritualidad de la Unidad, de los Focolares. “Para mí –cuenta- es una conversión”. Redescubre la actualidad de su fundador: “Ante la miseria material y espiritual de su tiempo, San Vicente consagró su vida a la evangelización de los pobres que él llamaba “nuestros patrones”. En Jesús abandonado ella descubre el rostro del Señor transfigurado en la pobreza de hoy: en un barrio de mala reputación, en una comunidad al servicio de los drogadictos, entre los rechazados por la sociedad. Hay quien se acerca a Dios y “pasa de la muerte a la vida”, porque empieza a amar a los hermanos. Soy una Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. La Compañía de la que formo parte fue fundada en el siglo XVIII por Vicente y Luisa Marillac. Conocí el Ideal de la unidad en un momento de oscuridad y de agotamiento, a través de una hermana que vivía la Espiritualidad. Le habían diagnosticado un tumor cerebral, sin embargo ella permanecía serena y siempre abierta y dispuesta a amar. Durante la anestesia a menudo repetía: “Por tí Jesús, por ti”. ¿Dónde encontraba aquella fuerza? Descubrí el secreto: el abrazo a Jesús Crucificado y Abandonado. También yo quiero vivir esta aventura. Para mí es un momento de verdadera conversión: el Espíritu Santo quema el tormento que desde hace años quita a mi vida la frescura y la generosidad por Jesús. Dentro siento un deseo loco de amar. Empiezo a frecuentar el Focolar, participo en los encuentros donde encuentro la luz para vivir el carisma de mis fundadores. Me siento más libre, más alegre, más mujer, más Hija de la Caridad. El reglamento y la experiencia de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac me parecen más cercanos. Mi fundador, ante la miseria material y espiritual de su tiempo consagró su vida a la evangelización de los pobres que él llamaba “nuestros patrones”. Redescubro en Jesús Abandonado el rostro del Señor transfigurado en la pobreza de hoy. Si en el 1600 mis hermanas iban a evangelizar, curar, nutrir, vestir a los pobres, en las calles, en los campos de batalla, en las azoteas, en los hospitales, en las cárceles… Así hoy descubro la belleza y la actualidad de nuestro carisma viviéndolo en un barrio de mala reputación de Milán. En estos años redescubro cual es la forma en la que puedo contribuir a la realización del Ideal de la unidad: revivir a mi fundador para realizar la unidad. Años después me mandan a una comunidad al servicio de los drogadictos. Experimento la inseguridad y la absurdidad de abrazar esta realidad ante la cual me siento poco preparada e inadecuada. Me rebelo ante la idea de verme confinada a una casita de montaña, sin un papel o una actividad precisa. Pero es precisamente viviendo esta experiencia, aparentemente gris, que el Señor me libera de apegos y seguridades y renuevo mi “sí” a Jesús. De este modo Él me prepara para vivir otra aventura: me transfieren a un apartamentito en un barrio popular de Turín, caracterizado por la nueva pobreza: alcohólicos, dimitidos del hospital psiquiátrico, indigentes, ancianos, en otras palabras, los últimos, los rechazados por la sociedad. Tengo la fortuna de compartir la Espiritualidad de la Unidad con otra hermana. Viviendo con los pobres 24 sobre 24 horas encuentro a Jesús Abandonado a cada paso. Me enfrento con la desconfianza. La gente piensa que las monjas estamos allí para controlarlos y nos miran con desprecio. Pero ellos son “nuestros patrones”, en ellos reconocemos el rostro de Jesús. Poco a poco el amor los conquista. Los indigentes se convierten en nuestros primeros amigos. Nos interesamos por la vida de nuestros vecinos y abrimos la puerta de nuestra casa a todos. Ciertamente, no siempre es fácil, a veces nos entra la impaciencia, la incomodidad, la repugnancia y el desaliento ante la ingratitud o las pretensiones y exigencias de los más pobres. Pero abrazando el dolor, Jesús abandonado, vuelvo a encontrar la capacidad de amar y la alegría de vivir aquello que San Vicente pedía a las Hermanas de la Caridad: “Los pobres son tus patrones, patrones terriblemente exigentes. Más desagradables e injustos serán, más tendrás que amarlos”. El amor recíproco con la otra hermana genera la presencia de Jesús en medio (cf. Mt. 18, 20) y nuestra casa se convierte en un punto de referencia para la gente del barrio, para un grupo de jóvenes que quieren compartir nuestra actividad caritativa. Algunos se acercan a Dios haciendo la experiencia de la Palabra: “Hemos pasado de la muerte a la vida porque hemos amado a los hermanos”. Y algunos entienden que Dios los llama a seguirLo. Durante el invierno nuestra casa se abre también a los emigrantes que de lo contrario vivirían a la intemperie; algunos son musulmanes. Se quedan estupefactos ante el desinterés, el amor concreto y el respeto con el que nos acercamos a ellos. Chiara Lubich nos enseña a amar “haciéndonos uno”. Durante el período del Ramadán les hacemos encontrar un paquetito de comida, para que después del ocaso tengan algo para comer. También los gitanos se vuelven amigos nuestros; nos encontramos con los niños de las caravanas para prepararlos a los sacramentos y con los adultos para darles a conocer que Dios los ama. El año pasado la redimensión de nuestra Congregación me lleva a transferirme a otra parte, pero la experiencia de unidad vivida sigue abriendo otros ambientes. Regreso a Milán y experimento el dolor de dejar el grito de tantos pobres con quienes he compartido mi vida en estos años. Experimento así la frase de Chiara: “Todo desapego del bien que he hecho es un aporte para edificar a María” y repito: “por ti, Jesús”, que ahora sigo descubriendo en el rostro de los nuevos hermanos que me pone al lado. De este modo comprometiéndome a encarnar con la vida el carisma que San Vicente dejó a la Iglesia, trato, en unidad con toda la Obra de María, de realizar el testamento de Jesús: “Que todos sean uno”. Esto me da un nuevo ardor y la aventura continúa con nuevos hermanos en quienes redescubro Su Rostro”. (Hna. R.R.)
5 Abr 2004 | Sin categorizar
Desde hace meses, quizás años, no logro tomarme una hora de distracción. Una tarde me dejo convencer por mi hermana de ir al cine. Entrando en la sala mi mirada se cruza con dos ojos que me fijan con insistencia. Un muchacho de poco más de 18 años se me acerca, diciendo que quiere hablarme en el intervalo de la película. En ese momento no lo reconozco, pero después me empiezan a darme vuelta en la cabeza recuerdos e imágenes. �Cómo hice para no darme cuenta enseguida? Es Román, mi hijo, a quien no veo desde hace ocho años, cuando se fue a vivir con su padre, después de nuestra separación. Tenía apenas 10 años entonces, y ahora lo encuentro hecho un hombre. Nos abrazamos en silencio. Después me dice: “�Mamá puedo venir a vivir contigo?”. Después de las lágrimas de ambos, volvemos juntos a casa. Esa noche, por primera vez, mis 4 hijos duermen bajo el mismo techo: él y su hermano, nacidos de mi primer matrimonio, y los otros dos más pequeños, nacidos del segundo matrimonio.
Una vida en mil pedazos
A menudo he tenido la impresión de que mi vida fuese como un vaso roto en mil pedazos, y que más yo trataba de ponerlos juntos, más el vaso se rompía. Después de una infancia difícil y de relaciones tensas en mi familia, el día que cumplía diecisiete años me casé. Era un paso algo precipitado, pero estaba convencida de que el matrimonio me habría dado esa felicidad que esperaba. En cambio no tuve un sólo momento de tranquilidad. A pesar de que habían nacido dos hijos la situación había llegado, en poco tiempo, al punto de la ruptura, y después de 10 años de matrimonio nos separamos. Con 27 años, un niños pequeño (Román se había quedado con el padre), y un matrimonio fracasado a las espaldas, no era fácil volver a empezar.
No tenía a nadie a mi lado, e incluso aquél Dios que había encontrado de niña parecía haber desaparecido. En aquella soledad, cuando otro hombre me demostró un poco de afecto, en el deseo de ofrecerle al niño el calor de una familia, acepté casarme con él. Nacieron otros dos hijos y viví un período feliz. Después se presenta otra durísima prueba: mi compañero se ve afectado por un tumor. Se alternan momentos de esperanza y de desilusión, hasta cuando, por los dolores agudísimos, en un momento de crisis no logra más y se quita la vida.
�Es posible volver a empezar!
Quedo sola nuevamente, con tres hijos por mantener. Esa muerte trágica me zumba en la desesperación, también yo quisiera terminar con todo. Un día, no sé por qué, entro en una iglesia, donde no ponía un pie desde que era un jovencita. No logro decir nada, solamente lloro. Saliendo siento dentro una gran paz: era Él, Dios… me daba la posibilidad de volver a empezar. Vuelvo a frecuentar la iglesia, superando la vergüenza inicial. Allí encuentro una comunidad parroquial viva, encuentro calor, acogida. Poco a poco descubro que detrás de esta vida hay una elección radical del Evangelio. Su estilo de vida es el amor recíproco, que está en el mandamiento nuevo de Jesús. Descubro un cristianismo vivo. Empieza en mi una verdadera y profunda conversión. En las palabras de Jesús encuentro la luz y la fuerza para superar los momentos difíciles. Entiendo que el pasado ya no existe, y el encuentro con Dios hace todo nuevo y luminoso. Pero ahora con cuatro hijos por mantener los problemas económicos no faltan; sin embargo, en el momento oportuno, siempre llega lo que necesitamos: un vestido, una reparación gratuita, una suma para los gastos imprevistos.
Un amor más fuerte que la muerte
Una noche, hacia medianoche, tocan a la puerta. Román estaba fuera por trabajo y tenía que regresar a esa hora. En cambio son dos policías: Román fue atropellado por un carro mientras atravesaba la calle y murió instantáneamente. “Dios mío, esto es demasiado”, grito. Enseguida llegan mis nuevos amigos. Están a mi lado toda la noche, comparten en silencio ese abismo de dolor, me ayudan a no desesperar, transmitiéndome una fuerza no sólo humana. Finalmente he encontrado la familia que siempre busqué, la de los hijos de Dios. Afrontamos juntos los momentos más difíciles: en la funeraria, el sepelio. Poco a poco se abre camino una certeza: también esto es amor de Dios. Le repito mi sí. La vida recomienza. Me encuentro nueva. Ese abismo de dolor ha excavado en mí una nueva capacidad de amar. Ahora es más claro que nunca: sólo el amor permanece.
(L. M.)
31 Mar 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
No es la primera vez que Lucas cuenta que los discípulos discuten sobre quién es, entre ellos, el más grande. En esta ocasión lo hacen durante la Ultima Cena. Poco antes Jesús ha instituido la Eucaristía, el signo más grande de su amor, de su entrega sin medida, anticipo de lo que vivirá pocas horas más tarde sobre la cruz. El está en medio de ellos “como el que sirve”. El Evangelio de Juan refiere, en efecto, su gesto concreto de lavar los pies a los discípulos. En este mes en el que celebramos la Pascua, la Resurrección de Jesús, es importante recordar esta enseñanza suya.
Los discípulos no lo comprenden, condicionados por la mentalidad corriente del vivir humano que privilegia el prestigio y el honor, los primeros puestos en la escala social, el llegar a ser “alguien”. Pero Jesús vino a la tierra precisamente para crear una sociedad nueva, una nueva comunidad, guiada por una lógica distinta: el amor.
Si él, que es el Señor y el Maestro, ha lavado los pies (una acción considerada de esclavos), también nosotros debemos seguirlo y, sobre todo, si tenemos determinadas responsabilidades, estamos llamados a servir de igual manera a nuestro prójimo con hechos concretos y dedicación.
«El que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor»
Es una de las paradojas de Jesús. Se la comprende sólo si se piensa que la actitud típica del cristiano es el amor, ese amor que lo lleva a ponerse en el último lugar, que lo hace pequeño delante del otro, tal como hace un papá cuando juega con su hijo más chico, o ayuda en las tareas de la escuela al mayorcito.
Vicente de Paul llamaba sus “patrones” a los pobres y los amaba y servía como tales, porque en ellos veía a Jesús. Camilo de Lellis se inclinaba sobre los enfermos, lavando sus llagas, acomodando su cama, “con ese afecto – escribe él mismo ”.
¿Y cómo no recordar, más cercana a nosotros, a la beata Teresa de Calcuta, que acudió junto a millares de moribundos, haciéndose “nada” ante cada uno de ellos, los más pobres de los pobres?
“Hacerse pequeños” delante del otro quiere decir tratar de entrar lo más profundamente posible en su alma, hasta compartir los sufrimientos y los intereses, aún cuando a nosotros nos parezcan poca cosa, insignificantes, pero que sin embargo constituyen el todo de su vida.
“Hacerse pequeños” delante de cada uno, no porque nosotros estemos de alguna manera más alto y el otro más bajo, sino porque nuestro yo, si no se lo vigila, es como un globo, siempre dispuesto a elevarse, a ponerse en situación de superioridad con respecto a nuestro prójimo.
«El que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor»
“Vivir el otro”, por lo tanto, y no llevar una vida replegada sobre uno mismo, llena de las propias preocupaciones, de las propias cosas, de las propias ideas, de todo lo que se considera nuestro.
Olvidarnos, posponernos a nosotros mismos para tener presente al otro, para hacernos uno con cualquiera hasta descender con él y ayudarlo a elevarse, para hacerlo salir de sus angustias, de sus preocupaciones, de sus dolores, de sus complejos, de sus discapacidades, o simplemente para ayudarlo a salir de sí mismo e ir hacia Dios y hacia los hermanos y encontrar así, juntos, la plenitud de vida, la verdadera felicidad.
También los hombres de gobierno, los administradores públicos (“el que gobierna”), a cualquier nivel en que se encuentren, pueden vivir su responsabilidad como un servicio de amor, para crear y custodiar esas condiciones que permiten que todos los amores puedan florecer: el amor de los jóvenes que quieren casarse y necesitan una casa y un trabajo, el amor del que quiere estudiar y necesita escuelas y libros, el amor de quien se dedica a la propia empresa y necesita caminos y vías, reglas seguras…
Por la mañana, cuando nos levantamos, por la noche cuando vamos a dormir, en casa, en la oficina, en la escuela, por la calle, podemos encontrar siempre ocasiones de servir, y de agradecer cuando, a nuestra vez, somos servidos.
Hagamos todo por Jesús en los hermanos, no dejando de lado a nadie y, más aún, siendo nosotros los primeros en amar, tomando la iniciativa.
¡Sirvamos a todos! Es la única manera de que seamos “grandes”.
Chiara Lubich
31 Mar 2004 | Sin categorizar
16 Mar 2004 | Focolare Worldwide
Encuentros de máximo nivel en el campo político, económico y eclesial han caracterizado la primera visita de Chiara Lubich a Irlanda, los cuales han sido reseñados también por dos de los diarios nacionales más importantes: el Irish Times y el Irish Indipendent. En este semestre de presidencia irlandesa de la Unión Europea, los temas de Europa, han tenido especial importancia en los coloquios con la Presidente de la República Irlandesa, Mary McAleese y con el Primer Ministro Bertie Aherne.
En un País en el cual, después del estallido económico de estos últimos años, florece la exigencia de una profunda dimensión ética, se ha puesto en evidencia el congreso desarrollado en la Facultad de Economía de la Universidad de Dublín, donde fue propuesta la Economía do Comunión como vía para humanizar la globalización. El congreso fue inaugurado por el Gobernador de la Banca de Irlanda, quien declaró: «El proyecto de la Economía de Comunión nace de una cultura espiritual que me parece muy importante. La economía tiene necesidad de una profunda dimensión ética que la Economía de Comunión puede traer también a Irlanda».
Irlanda, hasta hace pocas décadas profundamente católica, espera ahora una respuesta a la onda de descristianización en acto en todo el mundo occidental. El Presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, Mons. Seran Brady, invitó a Chiara Lubich a hablar a un grupo de obispos sobre la espiritualidad de comunión y sobre su experiencia de evangelización. Estaban presentes también el Nuncio, Mons. Lazzarotto, el arzobispo de Dublín, el Card. Connell, y el arzobispo coadjutor Mons. Diarmuid Martin. La búsqueda de la luz es redescubierta como el hilo conductor de la antiquísima historia de Irlanda, representada con un lenguaje artístico, en la fiesta de la familia de los Focolares de Dublín, unas mil personas, provenientes también de Irlanda del Norte, se encontraron con Chiara Lubich. La fundadora de los Focolares lanzó a todos a llevar la luz del ideal de la unidad, la fraternidad que nace del Evangelio vivido.
Como conclusión del viaje, la inauguración de la ciudadela del Movimiento, “Lieta”, un “laboratorio de unidad”. Un momento impresionante, el recuerdo de quienes han sido las raíces espirituales de la difusión del ideal de la unidad en Irlanda.
16 Mar 2004 | Focolare Worldwide
16 Mar 2004 | Focolare Worldwide
Es el gobernador de la Banca de Irlanda, Laurence Crowley, quien inaugura un Congreso hospedado por la Facultad de Economía de la Universidad Estatal de Dublín, con el título: “Humanizando la economía global, hacia una Economía de Comunión”. Se trata de una propuesta innovadora, nacida en el humus de la espiritualidad de la unidad, de los Focolares, que suscita un vivo interés por parte del mundo académico irlandés. Lo ilustra el mensaje de Chiara Lubich. Se trata de un auditorio calificado: académicos, empresarios, estudiantes. 200 personas. La Economía de Comunión, un taller de nuevas ideas, portadora de una cultura económica innovadora, es ilustrada por expertos. Las experiencias de algunos empresarios, empezando por los pioneros del Polígono Spartaco (Brasil), han dado una mayor credibilidad al proyecto. El gobernador Crowley, declaró: “La Economía de Comunión ciertamente me interesa por los aspectos que se refieren a la teoría económica y empresarial que están detrás. Pero por lo que he podido comprender, el proyecto nace de una cultura espiritual que me parece muy importante. La Economía tiene necesidad de una profunda dimensión ética que la Economía de Comunión puede traer también a Irlanda, donde el dinamismo económico necesita de un suplemento de valores éticos”.
16 Mar 2004 | Focolare Worldwide
Irlanda, que se enorgullece de tener una antigua y profunda tradición cristiana, en estas últimas décadas está sufriendo el violento impacto de la descristianización, también debido al estallido económico. El Presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, Mons. Sean Brady había invitado a Chiara Lubich a hablar a un grupo de obispos sobre la espiritualidad de comunión y sobre su experiencia de evangelización. En el diálogo, los obispos revelaron sus preocupaciones más graves por el difícil momento que está atravesando el País. El problema más serio: las nuevas generaciones. Chiara habla de la exigencia que ellos tienen de modelos, de testimonios. Después el diálogo prosigue sobre la relación con las otras religiones, la política, la colegialidad, la familia. La búsqueda de la luz, hilo conductor de la antigua historia de Irlanda El redescubrimiento de las antiquísimas raíces de una historia que se remonta a 5000 años atrás, la evangelización iniciada por San Patricio en el siglo V, la época misionera, la actual crisis que presenta los signos de la búsqueda de esa luz que recorre toda la historia irlandesa, y la acogida de la luz del carisma de la unidad, ya desde hace 30 años: otras tantas etapas, delineadas con expresiones artísticas y musicales, todo en la fiesta de la familia del Movimiento con Chiara, en la Universidad de Dublín donde, alrededor de 1000 personas, llegaron desde Irlanda del Norte y de las otras regiones. Chiara lanzó a todos a vivir la fraternidad entre católicos y protestantes y en las relaciones con las otras religiones, en especial con el Islam, en ésta que hoy día es también, por primera vez, una tierra de inmigración. En la mañana, fueron fuertes los testimonios de la comunidad irlandesa: una joven que cuenta de su búsqueda de Dios en la turbulencia juvenil; una pareja de Irlanda del Norte, que resiste a la tentación del odio, entre bombas y atentados, para hacer vencer ese amor que lanza puentes entre la comunidad protestante y la católica de Ulster. El arzobispo Diarmuid Martin, coadjutor de Dublín, presente en el encuentro, en la homilía durante la Misa animó a todos a vivir y difundir este carisma de la unidad que –dijo- “refuerza la unidad entre los cristianos y trabaja por un ecumenismo de los corazones, donde el amor está vivo en cada uno y ayuda a comprendernos mejor y a superar las tensiones de las divisiones”.
La inauguración de la ciudadela Lieta, “laboratorio de unidad” Como conclusión de la visita, asumió un significado especial la inauguración de la incipiente ciudadela del Movimiento: la Mariápolis Lieta, pequeño boceto de un mundo renovado por el Evangelio, en el contexto de la política y de la Iglesia en Irlanda. Estaban presentes sea personalidades civiles que religiosas.
Las raíces espirituales de la difusión del ideal de la unidad en Irlanda Varias veces, durante este viaje a Irlanda, fueron recordados aquellos que están en la raíz de la difusión del ideal de la unidad en este País: los primeros que lo acogieron y difundieron, Margaret Neylon y su hijo Eddie, el primer gen, clavado a una silla de ruedas. Impresionante el momento en el que se develó la placa con la foto de Lieta, focolarina argentina, durante la inauguración de la ciudadela que lleva su nombre. Por este Ideal, Lieta trabajo durante 30 años en Irlanda: desde el inicio de los años Setenta, hasta el 2002, cuando nos dejó. Vivos en el corazón de todos, Joe McNamara, uno de los primeros focolarinos y el focolarino Stephen Lukong, de Camerún, que partió repentinamente para el Cielo hace pocas semanas. Sus últimos días habían sido marcados por una profunda experiencia espiritual. Sus nombres quedaron marcados en las calles y las plazas de la ciudadela.
9 Mar 2004 | Sin categorizar
9 Mar 2004 | Sin categorizar
29 Feb 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
El pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, mira el pasado con nostalgia, el tiempo glorioso en el cual Dios intervino con poder y liberó a sus antepasados, esclavos en Egipto. La tentación es la de pensar: Dios ya no mandará otro Moisés, ya no obrará esos grandes prodigios que hacía en un tiempo y nosotros tendremos que permanecer por siempre en esta tierra extranjera.
En cambio, el rey persa Ciro, en el 539 a.C. libera al pueblo elegido, cuyo retorno a la tierra prometida será aún más extraordinario que el éxodo de Egipto.
¡Dios no se repite nunca! Su amor es capaz de obrar cosas mucho más grandes que las realizadas en el pasado, cosas que no podemos siquiera imaginar. Por eso pone en los labios del profeta Isaías la invitación:
«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»
Además Isaías, al final de su libro, anuncia un futuro más luminoso que nunca: la creación de cielos nuevos y de una nueva tierra. Lo que Dios realizará será tan grande que “no quedará el recuerdo del pasado, ni se lo traerá a la memoria”.
También el apóstol Pablo, remitiéndose a las palabras de Isaías, anunciará la inimaginable intervención de Dios en nuestra historia. En la muerte y resurrección de Jesús, Dios hace nueva a la criatura humana, la recrea en su Hijo para una vida nueva. Por otra parte, en el Apocalipsis, al final de la historia, Dios anuncia que todo el cosmos será recreado: “Yo hago nuevas todas las cosas”.
Las palabras de Isaías recorren toda la Biblia y también nos hablan a nosotros hoy:
«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»
Somos nosotros ese “algo nuevo”, la “nueva creación” que Dios ha generado. A través de su Hijo, que llega a nosotros en sus Palabras y en todos sus dones, ha hecho nuevos nuestro ser y nuestro obrar: es Jesús mismo el que ahora vive y obra en nosotros. El es el que renueva nuestras relaciones con los demás: en la familia, en la escuela, en el trabajo. El es quien regenera, a través de nosotros, la vida social, el mundo de la cultura, de la diversión, de la salud, de la economía, de la política… en una palabra, de todos los sectores de la actividad humana en los que estamos involucrados.
No miremos más al pasado para quedarnos añorando lo hermoso que fue aquello o para llorar nuestros errores: creamos firmemente en la acción de Dios, que puede seguir realizando “cosas nuevas”.
Dios nos ofrece la posibilidad de volver a recomenzar siempre. Nos libera de los condicionamientos y de las cargas del pasado. La vida se simplifica, se vuelve más llevadera, más pura, más fresca. También nosotros, al igual que el apóstol Pablo, olvidando el pasado, estaremos libres de correr hacia Cristo, hacia la plenitud de la vida y de la felicidad.
«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»
¿Cómo vivir entonces esta Palabra? Tratemos de realizar con amor lo que Dios quiere de nosotros en cada momento presente de la jornada: estudiar, trabajar, atender a los hijos, rezar, jugar… cortando con todo lo que en ese momento no es Voluntad de Dios. De esta manera permaneceremos siempre abiertos a lo que él quiera obrar en nosotros y fuera de nosotros, y estaremos dispuestos a recibir esa gracia particular que nos ofrece siempre, para cada momento presente.
Viviendo de esta manera, ofreciendo cada acción a Dios, diciéndole explícitamente “es por ti”, Jesús vivirá en nosotros y realizará siempre obras que permanecen.
Chiara Lubich
25 Feb 2004 | Sin categorizar
25 Feb 2004 | Sin categorizar
De todas las partes de la tierra
Los hechos de protesta y de rebelión de estos días en Haití, los contrastes étnicos de Burundi y del Congo, los terribles aluviones en el Nordeste de Brasil, la situación de minoría vivida por los cristianos en territorio islámico al Norte de África en Kazakhstan: son algunos de los contextos de los que provienen los 105 Obispos amigos del Movimiento de los Focolares que, invitados por el Card. Miloslav Vlk, Arzobispo de Praga, se han reunido desde el 14 al 20 de febrero en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, para su 28� Encuentro Internacional.
Los Obispos alrededor del Papa
El punto culminante del encuentro ha sido la participación de los Obispos en la audiencia general del miércoles 18 de febrero, que ha ofrecido a los fieles un insólito cuadro: el Papa rodeado por los Obispos en torno a él sobre algunas pequeñas gradas, casi una imagen de la colegialidad efectiva y afectiva. Juan Pablo II, en el mensaje dedicado a los Obispos en el que ha dirigido un saludo especial a Chiara Lubich presente, con ellos, ha expresado su profundo aprecio por la temática del Encuentro, afirmando: “sólo, una comunidad cristiana resplandeciente de santidad puede cumplir eficazmente la misión confiada por Cristo, es decir, difundir el Evangelio hasta los últimos confines de la Tierra”. Y ha subrayado la exigencia de que los bautizados sepan “ vivir con coherencia el Evangelio en la cotidianidad… Precisamente, en lo ordinario debe vivirse lo extraordinario”.
Fraternidad vivida
Ha sido el deseo de crear un momento de intensa fraternidad – en el cual compartir, en un respiro mundial, los dolores, las alegrías, las preocupaciones, los desafíos – lo que ha hecho que se reúnan tantos Obispos de los cinco Continentes. “ Llegué aquí con un gran sufrimiento, pero la presencia de ustedes, su atención su amor, me han reconfortado”, confiaba, al final del encuentro, un obispo proveniente de un País que está en guerra civil. Y uno de sus hermanos en el episcopado, del Norte de África: “Este es un tiempo de gracia, por el hecho que nos encontramos, nos conocemos y vivimos como un solo cuerpo”.
Partir nuevamente del Evangelio
Un encuentro de fraternidad, ciertamente, pero así mismo, de espiritualidad, como expresaba el mismo tema del Encuentro: “ Por una santidad de pueblo: vivir y volver a proponer la ‘medida alta’ de la vida cristiana”. Instancia para nada teórica, sino posible y extremamente actual, como lo han hecho comprender los testimonios de vida de Obispos, familias, jóvenes, sacerdotes, personas comprometidas en la vida parroquial y en el ámbito social. A partir del Evangelio y del característico arte de amar que emerge de éste, se forman familias que, con su vida ‘contracorriente’, llegan a ser pioneros de la nueva evangelización, y comunidades cristianas que desarrollan una tal fascinación, que atraen a quienes miran la Iglesia desde lejos. Ha sido ésta una de las prometedoras perspectivas que el encuentro ha abierto.

El hermano, camino privilegiado para la unión con Dios
Chiara Lubich intervino en el Encuentro con un testimonio suyo sobre “La unión con Dios”, deteniéndose en particular en el “hermano como camino”. “Para nosotros, el camino típico, indiscutible, innegable, experimentado con éxito – afirmaba – es uno: nosotros llegamos a la unión con Dios amando al hermano” Y recordó el sintético trinomio con el que Igino Giordani, co-fundador del Movimiento, solía describir este camino: “ Yo, el hermano, Dios”. “ Yendo por este camino – explicaba la fundadora de los Focolares -, Dios se manifiesta dentro de nosotros. Lo advertimos presente. No estamos ya solos, nosotros con nosotros mismos. Somos dos: Él y nosotros. Y esto, en todas las situaciones de la vida. “ Todos nosotros debemos llegar a ser místicos, para poder vivir el Cristianismo en el mundo de hoy”, comentó un obispo de Hungría, citando la conocida expresión del teólogo Karl Rahner según el cual “el cristiano del futuro o es un místico o no es (cristiano)”.
Las intervienciones de los cardinales Kasper y Re
La Exhortación post-sinodal Pastores gregis, especialmente en su segunda parte, dedicada a la vida espiritual del obispo, ha sido un constante punto de referencia para las reflexiones de los obispos, tanto en las reuniones plenarias como en los encuentros de grupo. Partiendo de ésta, el Card. Walter Kasper, quien intervino presidiendo una de las concelebraciones, habló del obispo como “ hombre de las bienaventuranzas”.
Particularmente esperada la visita del Card. Giovanni Battista Re. Durante la concelebración que presidió, el Prefetto de la Congregación de los obispos expresó su alegría por este Encuentro que ofrece una ocasión propicia “ no sólo para profundizar la relación con Cristo, sino también la fraternidad entre los Obispos”, un aspecto – subrayaba- muy importante en estos tiempos difíciles.
Espiritualidad de comunión: incidencia en lo social
Un catalizador de esta experiencia ha sido la espiritualidad de comunión que se cultiva en el Movimiento de los Focolares y que produce frutos no solamente en el ámbito eclesial, sino también en el diálogo entre las culturas y las religiones “Aquí no se trata únicamente de una experiencia espiritual, sino de un impulso que tiene incidencia universal, también en la economía, en la política, en lo social”, constataba un obispo suizo comentando las eficaces video-síntesis a través de las cuales los obispos pudieron recorrer, decenio tras decenio, los 60 años desde que en 1943 nacieron los Focolares. Una historia cargada de esperanza, porque – como han expresado los obispos – testimonia que Dios, precisamente en este tiempo en el que vientos helados apagan en muchos la fe, está actuando fuertemente y prepara un nuevo florecer de la vida evangélica.
Apóstoles del diálogo
La conclusión del Encuentro, que ha puesto de relieve la fuerte convergencia entre las orientaciones actuales de la Iglesia y los efectos suscitados por el Carisma de la Unidad, fue una conversación de los obispos con Chiara Lubich en la que se profundizó el significado de la inédita expresión con la que Juan Pablo II había definido a los Focolares, en su mensaje por el 60� del Movimiento: “apóstoles del diálogo”, dentro de la Iglesia, entre las Iglesias, con personas de otras religiones y con quien no cree. Los obispos han dicho que quieren ser tales, al volver ahora a sus naciones.
23 Feb 2004 | Sin categorizar
19 Feb 2004 | Sin categorizar
“El Prof. Ehrlich es una de las grandes figuras en el diálogo hebreo-cristiano, no sólo en Alemania, sino también en Europa y más allá”. Así lo ha expresado Hans Hermann Henrix, director de la Academia católica de Aquisgrán, en el laudatio. “Marcado por la propia dolorosa historia de hebreo en Alemania nazi – ha continuado – habría tenido todas las razones para derrumbar puentes en vez de caminar con valor sobre nuevos caminos; el prof. Henrix ha subrayado cuánto él es, más que ningún otro, un hombre de diálogo, que no tiende a borrar las diversidades y las divisiones, sino que sabe apreciar al otro sin traicionar el propio ser”.
Estas palabras han sido pronunciadas con motivo de la entrega del Premio Klaus Hemmerle, instituido en el décimo aniversario de la desaparición del Obispo de Aquisgrán. La condecoración, que se le concede a personas que se comprometen con la causa de la unidad y del diálogo en y entre las iglesias y las religiones, le ha sido otorgado, tras una solemne liturgia, celebrada en la catedral de Aquisgrán por el cardenal Miloslav Vlk de Praga y por el obispo de Aquisgrán, Heinrich Mussinghoff.
El obispo Mussinghoff se ha alegrado por la buena elección del primer premiado recordando, al dirigir su saludo, la contribución decisiva de Ernst Ludwig Ehrlich en la fundación del primer grupo de diálogo hebreo-cristiano en el seno del Comité central de los católicos alemanes, en cuyo ámbito comenzó una amistad muy intensa entre Mons. Hemmerle y el premiado. El Prof. Ehrlich: mi amistad con Mons. Hemmerle Al agradecer, el Prof. Ehrlich ha descrito algunos momentos, muy personales, de encuentro con Klaus Hemmerle, su viejo amigo y compañero, expresando una profunda impresión por la comprensión que él tenía del hebraísmo “desde dentro”, por cómo el Obispo no es que hubiera escrito sobre la relación cristiano-hebrea, sino que la había vivido con inigualable profundidad, dignidad y espíritu de fraternidad. Esto también lo asemeja – decía – al Papa Juan Pablo II, que ha logrado crear signos de amistad, de relación de fraternidad en tantos encuentros profundos, fuertemente simbólicos, con representantes del hebraísmo. El card. Vlk: Mons. Klaus Hemmerle, una vida por la unidad El cardenal Vlk, en su homilía, ha puesto de relieve el profundo vínculo entre el obispo Klaus Hemmerle y el Movimiento de los Focolares, subrayando cómo Hemmerle haya sido un hombre de unidad, un hombre que lograba encontrar el nexo entre la Iglesia y el mundo, entre creyentes y no creyentes, entre intelectuales y obreros. Y cómo tal capacidad de vivir la unidad, de “… ensanchar su alma sobre Dios y sobre cada hombre…”, él mismo la atribuyese al encuentro con Chiara Lubich y con la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, que lo marcaron profundamente. Chiara Lubich: Convertirse en apóstoles del diálogo y de la comunión Chiara Lubich, en el saludo que envió, lo recuerda como un co-fundador de esta comunidad espiritual e internacional, invitando a todos los presentes a que se conviertan en “ apóstoles del diálogo y de la comunión…” como Hemmerle.
10 Feb 2004 | Sin categorizar
9 Feb 2004 | Sin categorizar
31 Ene 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
Trascurre el año 740-739 a.C. El pueblo de Israel atraviesa un momento crítico. JHWH, el Dios de Israel, necesita de un profeta que hable en su nombre a todo el pueblo, que les anuncie la llegada liberadora del Emanuel, el Dios con nosotros. Entonces se le aparece, en su majestad, a Isaías, que está orando en el templo.
Ante la grandeza de Dios, el profeta advierte la propia nulidad y su ser pecador: “¡Soy un hombre de labios impuros!”, grita. Pero un ángel, con un carbón encendido que ha tomado del fuego que arde en el altar, le purifica los labios. A la pregunta que Dios le formula: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”, Isaías, totalmente renovado por la iniciativa celestial, ahora puede responder con prontitud: “¡Aquí estoy: envíame!”.
¿Peca de presunción el profeta al ofrecerse así a Dios? No, porque la iniciativa no es suya, sino de Dios. Isaías responde a un llamado:
«¡Aquí estoy: envíame!»
Así como ha llamado al profeta, a lo largo de la historia Dios sigue llamando a hombres y mujeres para confiarles una misión particular. Sobre cada uno él posa una mirada de amor: ninguno es insignificante a sus ojos. A veces podemos tener la impresión de que nuestra vida es inútil o sin sentido. Ella es plenamente rescatada por el llamado de Dios, que se dirige justamente a mí, a ti: nos invita a tomar parte del proyecto de amor que tiene sobre la humanidad y sobre la creación.
Se dirige a mí, a ti, como se dirigió a Isaías, a María, a Pedro, y en cada ocasión nos pregunta: “¿A quién enviaré?”. Él, que es Dios, nos da confianza y nos invita a ser sus colaboradores. Con nuestro “sí”, que repite el “sí” de Isaías, de María y de una multitud de cristianos que nos han precedido, podemos ponernos a su disposición.
Diciendo que sí a cada uno de sus deseos – a ese que día a día me hace comprender –, cualquier acción mía, aún la más pequeña, aún la que puede parecer insignificante, adquiere valor, se vuelve importante, contribuye a la venida del Reino de Dios, a la fraternidad universal.
Responder que “sí” no es ninguna presunción, tampoco para nosotros. La iniciativa siempre es suya, como es suya la primacía del amor. Lo nuestro es sólo una respuesta de amor a un amor que nos ha precedido. Sí, gracias a su llamado, estoy dispuesto a cumplir cualquier deseo suyo, a trabajar por él y a repetirle:
«¡Aquí estoy: envíame!»
¿No nos sentimos a la altura de la misión que él nos confía? ¿Nos parece que no tenemos la capacidad ni las fuerzas para llevarla a término?
Si Isaías se hubiera detenido a considerar la propia indignidad o los propios límites, habría seguido repitiendo: “Soy un hombre de labios impuros”. A María le parecía imposible convertirse en Madre de Dios, tan extraordinario era el anuncio que se le hacía. Al apóstol Pedro, cuando se sintió llamado por Jesús, le resultó espontáneo responder: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”.
Con su llamado, Dios nos da también la capacidad de realizar la misión que nos confía: “No hay nada imposible para Dios”. A Isaías se le purifican los labios para que pueda hablar en nombre de Dios. María es colmada por la presencia del Espíritu Santo y por el poder del Altísimo5. Pedro es sostenido, en su misión de ser “piedra”, por la oración del mismo Jesús.
A cada uno de nuestros “sí” le seguirán todas las gracias para realizar cualquier tarea que nos pida la voluntad de Dios.
«¡Aquí estoy: envíame!»
Esto también es lo que sucedió en nuestra pequeña historia cuando, en 1943, al comienzo de nuestra experiencia, comprendimos que Dios nos amaba inmensamente y nos sentimos impulsadas a comunicarle a todos esa gran noticia: “Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente”.
Algunos meses más tarde se celebraba la fiesta de Cristo Rey. Es día quedamos fascinadas por las palabras de la liturgia: “Pídeme, y te daré las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra”. Era el llamado a la unidad y a la fraternidad universal.
De rodillas en torno al altar, impulsadas posiblemente por el Espíritu Santo, le dijimos a Jesús: “Tú sabes cómo se puede realizar la unidad. Aquí estamos. Si quieres, usa de nosotras”. Era nuestro: “¡Aquí estoy: envíame!”. En ese momento éramos un grupo pequeño, siete, ocho jovencitas, pero ya le habíamos dado nuestra respuesta a Jesús.
Desde entonces, en sesenta años, este espíritu, con la vida de millares de personas del Movimiento, ha llegado a 182 naciones.
Una experiencia que confirma la posibilidad de las grandes cosas que él puede hacer si encuentra personas dispuestas a responder a su invitación.
Chiara Lubich
25 Ene 2004 | Sin categorizar
En el momento en el que se delínea la unidad de Europa, también con el ingreso de pueblos del Este y del Sur del continente, Movimientos, Comunidades y grupos de varias confesiones cristianas, por primera vez en la historia, entretejen un camino de comunión y de colaboración: juntos quieren contribuir a la unidad espiritual del continente, en favor de una Europa que actúe su vocación universal de paz y unidad entre los pueblos.
Movimientos, Comunidades y grupos quieren hacer visible: – una red de fraternidad que ya se extiende en todo el continente y rompe con nacionalismos y barreras históricas; – la renovación a nivel espiritual que se está desarrollando a partir del Evangelio vivido y que se manifiesta en tantos sectores de la vida civil; – el aporte de los pueblos en pro de una Europa de los ciudadanos.
En una gran manifestación en STUTTGARD (Alemania), en el Estadio Hanns Martin Schleyer, en conexión vía satélite con encuentros contemporáneos en más de 100 ciudades europeas. Están en programa la intervenciones de fundadores y responsables de Movimientos, Comunidades y grupos, entre los cuales: Chiara Lubich, Andrea Riccardi; los pastores evangélicos Friedrich Aschoff, Ulrich Parzany, p. Heikki Huttunen, ortodoxo. Se esperan los aportes del Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, del Card. Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos y del Obispo de la Iglesia evangélico-luterana de Baviera, Johannes Friedrich. Serán numerosos los testimonios de Movimientos, Comunidades y grupos en respuesta a las preguntas fundamentales de hoy: la paz, un nuevo estilo de vida que ponga a los europeos en diálogo; la integración de pueblos y culturas diversas; los valores de la familia, la solidaridad con los más pobres en Europa y en el mundo. Tomarán la palabra también los jóvenes: hablarán de su compromiso y de su ‘visión’ de Europa. Durante la manifestación se alternarán significativos momentos artísticos que expresarán también la riqueza de los varios pueblos. Participarán entre otros: Judy Bailey, Albert Frey, Beatbetrieb, Gen Rosso, Gen Verde, la Compañía de ballet de Liliana Cosi y Marinel Stefanescu. Está prevista la participación de obispos de varias Iglesias, de numerosos representantes de instituciones políticas de diversos Países europeos y de personalidades del mundo de la cultura. La transmisión vía satélite será realizada gracias al soporte técnico de TELESPAZIO, CRC/Canadá y MEDIA SPACE Alliance
25 Ene 2004 | Sin categorizar
Con ocasión de un encuentro en Roma en mayo de 2002, entre fundadores y responsables de algunos Movimientos y Comunidades católicas y evangélicas nació la idea de promover una gran manifestación en Alemania, para contribuir a dar un alma a Europa. Estaban presentes: la Comunidad de San Egidio, el Convenio de responsables de Comunidades y Movimientos evangélicos, los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento de los Focolares, el Movimiento de Schöenstatt, la Renovación carismática católica (de Italia), la Renovación carismática de la Iglesia evangélica (GGE), la YMCA.
La manifestación “Juntos por Europa” es el fruto del entretejerse de un camino iniciado, en el ámbito evangélico en 1969, entre más de 120 Movimientos, Comunidades y grupos, y en el ámbito católico a partir del gran encuentro con Juan Pablo II durante la vigilia de Pentecostés ’98, y que actualmente ha involucrado a más de 240 Movimientos y Comunidades en el mundo. A partir del 31 de octubre de 1999 – fecha de la histórica firma de la Declaración conjunta entre la Iglesia católica y la Federación luterana mundial sobre la Doctrina de la Justificación – en un encuentro en el Centro Ecuménico de Ottmaring, en los alrededores de Ausburg entre algunos responsables de Movimientos, Comunidades y grupos católicos y evangélicos, surgió una nueva experiencia de comunión y colaboración que se está extendiendo también a los ortodoxos, anglicanos y otros cristianos. Quiénes son los Movimientos, comunidades y grupos cristianos de Europa presentes en Stuttgard Han surgido en distintos Países europeos antes y después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos se han difundido en toda Europa y en el mundo;
– son diversos por entidad, difusión, ámbitos de trabajo, laicos en su mayoría, involucran a personas de todas las edades y categorías; – abren amplios espacios de diálogo a distintos niveles; – tienen en común el retorno a la autenticidad evangélica y la conciencia de no ser fruto de proyecciones humanas, sino de un don del Espíritu, como respuesta a los retos de hoy. Este evento se injerta en una semana importante para Europa 1 de mayo: ampliación de la Unión Europea con el ingreso de Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Malta y Chipre. 8 de mayo: aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (8.5.1945) 9 de mayo: fiesta de Europa, en el aniversario de la histórica declaración de Robert Schuman de 1950, en la que proponía la formación de una comunidad al servicio de la paz, primicia de la Unión Europea.
24 Ene 2004 | Sin categorizar
SCHOOLMATES PREVEE DOS POSIBILIDADES: CONOCERSE: A través de una página Web, chicos y chicas de Países diferentes pueden escribirse y hacer una red mundial entre las clases para intercambiarse riquezas recíprocas, compartiendo su cultura, idioma, tradiciones e iniciativas, ya en acción, para construir el mundo unido. AYUDARSE: A través de un fondo de solidaridad, las clases que lo desean pueden crear becas de estudio a favor de chicos y chicas de los países menos favorecidos que no tienen la posibilidad de frecuentar el colegio, viviendo de esta manera la «cultura del dar»
19 Ene 2004 | Sin categorizar
Algunos muchachos y muchachas polacos vinieron a vivir a poca distancia de mi casa. Todos viven en una única habitación, dedicados a la bebida, a la espera de tener algo que hacer. Entre ellos se encuentra una muchacha más bien tímida. Se dirige a las religiosas del barrio y con su pobre italiano les confía que no quiere estar más con sus amigos: teme un triste futuro para todos. Las hermanas la acogen con ellas, dándole comida, alojamiento y trabajo, pero el problema más grave por superar es el contrato. De hecho, la joven no tiene visa para estar en Italia. El gestor a quien le han encargado su trámite, después de algunos meses, todavía no logra regularizar su situación. Las hermanas me preguntan si puedo hacer algo para resolver el caso. Si bien no se nada de las leyes vigentes, pienso que es la ocasión apropiada para dar una mano a una persona de otro país. Voy a la oficina de empleos para informarme sobre los trámites. La solicitud debe ser expuesta allí durante quince días, después otros quince en una oficina de Roma. Por la coincidencia de varias festividades, a menudo la oficina está cerrada o no está la persona interesada. En fin, muchas vueltas: dos medios días de permiso para ir a la embajada, después a la comisaría, al correo para enviar a Polonia los documentos para la visa y todavía a la oficina de tributación para el código fiscal… Realmente mucho qué hacer. Un día la joven me pregunta “Pero �por qué me ayudas?”. Le respondo que siendo cristiana, lo hago por amor y que no me debe nada a cambio. En efecto sentía que era mi ladrillo para construir la fraternidad entre todos, haciendo míos los problemas de quien está a mi lado, aunque fuese un desconocido. Después de un mes la muchacha es contratada y el trámite se concluye de manera perfecta. Precisamente en este período, en el que se habla tanto de la inmigración, pienso en las infinitas dificultades que los extranjeros encuentran por la lentitud de la burocracia y a los que, aun queriendo ponerse en regla, corren el riesgo de desanimarse. El amor sin embargo es la llave que abre todas las puestas. L. – Italia Soy R. y provengo de Albania. Mi País vivió durante 50 años bajo un régimen que ha marcado fuertemente la vida de todos los albaneses, llevando a una destrucción, no sólo económica, sino sobre todo espiritual. A pesar de esta situación los valores de mi pueblo, tan probado, han permanecido vivos y mi familia ha logrado transmitírmelos, junto con la fe en Dios. La caída del muro en 1989 provocó también en Albania un vuelco socio-político. Nosotros los jóvenes quedamos confundidos y desorientados. No sabíamos en quién creer, a cuál verdad aferrarnos, quedamos marcados por la pasividad, por la falta de optimismo, de esperanza. Dentro de mi sentía que el pasado no podía ser el patrón de nuestros sueños. Todo lo contrario, la esperanza en una vida nueva era la exigencia más fuerte de mi alma. Precisamente en este período conocí a algunos jóvenes. A través de ellos descubrí una nueva dimensión del cristianismo: creer en el amor de Dios por cada uno de nosotros y actuar de consecuencia. En Él encontré la respuesta a todas mis exigencias y empecé a vivir el arte de amar que el Evangelio nos enseña. A pesar de mi anhelo de paz y de unidad, existía sin embargo dentro de mí un nudo por resolver: se trataba de las personas que han llevado a mi País a la destrucción de casi todo. Sólo con pensarlo, me invadía un sentido de rebelión sin límites. �Cómo podía perdonar? Sin embargo, el amor de Dios, entrando hasta el fondo de mi alma, me permitió aprender a respetarlas y quizás a entenderlas un poco. Poco a poco empecé a superar la categoría del enemigo, hasta llegar a elegir amar a los demás gratuitamente y sin preferencias. Creo que fue el primer paso para construirme una “conciencia” de paz con la cual contagiar a cuantos encuentro. R. – Albania
31 Dic 2003 | Palabra de vida, Sin categorizar
Actualmente, hay en el planeta alrededor de 30 conflictos armados. Algunos están a la vista de todos, otros son olvidados, pero no por eso menos crueles. Violencia, odio, actitudes belicosas se advierten también muchas veces en países que viven “en paz”.
Todo pueblo, toda persona siente un profundo anhelo de paz, de concordia, de unidad. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia seguimos siendo incapaces de alcanzar una paz estable y duradera.
Jesús vino a traernos la paz, una paz –nos dice- que no es como la que “da el mundo”, porque no es solamente ausencia de guerra, de peleas, de divisiones, de traumas. “Su” paz es también eso, pero es mucho más: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es fraternidad en el amor entre todos los pueblos. Él mismo es nuestra paz, por eso puede decirnos:
«Les doy mi paz»
Pero, ¿qué hizo Jesús para darnos su paz? Pagó con su persona. Precisamente mientras nos prometía paz, era traicionado por uno de sus amigos, entregado en manos de los enemigos, condenado a una muerte cruel e ingnominiosa. Se puso en medio de los contendientes, se hizo cargo de los odios y las separaciones, derribó los muros que separaban a los pueblos. Muriendo en la cruz, después de haber experimentado por amor a nosotros el abandono del Padre, volvió a unir a los hombres con Dios y entre ellos, trayendo a la tierra la fraternidad universal.
La construcción de la paz nos exige, a nosotros también, un amor fuerte, capaz de amar incluso a aquel que no responde de la misma manera, capaz de perdonar, de ir más allá de la categoría del enemigo, de amar a la patria de los otros como a la propia. Nos exige pasar de ser personas pusilánimes, tal vez concentradas en sus propios intereses y sus propias cosas, a convertirnos en pequeños héroes cotidianos que, día tras día, poniéndose al servicio de los hermanos y las hermanas, están dispuestos a dar si es necesario la vida por ellos. Exige además de nosotros un corazón y unos ojos nuevos para amar y ver en todos a otros tantos candidatos a la fraternidad universal.
Quizás nos preguntemos: “¿ver candidatos a la fraternidad universal también en los consorcistas conflictivos? ¿En los colegas de trabajo que me crean dificultades para que no avance en la carrera? ¿En quien milita en otro partido o en el equipo de fútbol que me enfrenta? ¿En las personas de religiones o nacionalidades distintas a la mía?”.
Sí, todos y cada uno son para mí, hermanos y hermanas. Aquí es donde precisamente comienza la paz, en la relación que yo sea capaz de establecer con cada uno de mis prójimos. “El mal nace en el corazón del hombre”, escribía Igino Giordani, por eso “para desplazar el peligro de la guerra es necesario desplazar el espíritu de agresión, explotación y egoísmo del cual proviene la guerra: se necesita reconstruir una conciencia”.
«Les doy mi paz»
¿Cómo puede Jesús darnos hoy la paz? El puede estar presente en medio de nosotros a través de nuestro amor recíproco, a través de nuestra unidad. De este modo podremos experimentar su luz, su fuerza, su mismo Espíritu, cuyos frutos son: amor, alegría, paz. La paz y la unidad corren a la par.
En este mes, en el cual en buena parte del planeta se reza de modo particular para que se llegue a la comunión plena y visible entre las Iglesias, advertimos aún más fuerte el vínculo entre la unidad y la paz. En los últimos años hemos visto cuánto han trabajado juntos, por la paz, cristianos de distintas iglesias.
¿Cómo dar testimonio, por eso, de esa paz profunda traída por Jesús, si entre nosotros, cristianos, no se da la plenitud del amor, si no somos un solo corazón y un alma sola como en la primera comunidad de Jerusalén?
El mundo cambia si nosotros cambiamos. Por cierto, tenemos que trabajar, de acuerdo a las posibilidades de cada uno, para resolver los conflictos, para elaborar leyes que favorezcan la convivencia de las personas y de los pueblos. Pero, sobre todo, podremos contribuir a la creación de una mentalidad de paz, al poner de relieve lo que nos une, y trabajar juntos por el bien de la humanidad.
Dando testimonio y difundiendo valores auténticos como la tolerancia, el respeto, la paciencia, el perdón, la comprensión, las otras actitudes que se oponen a la paz, caerán por sí mismas
Esa ha sido nuestra experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando entre nosotras, unas pocas jovencitas, decidimos vivir sólo para amar. Eramos jóvenes y temerosas, pero apenas nos pusimos con fuerza a vivir la una por la otra, a ayudar a los demás comenzando por los más necesitados, a servirlos aún a costa de la propia vida, todo cambió. En nuestros corazones nació una fuerza nueva y vimos cómo la sociedad comenzaba a cambiar de cara: comenzó a renovarse una pequeña comunidad cristiana, semilla de una “civilización del amor”. Al final es el amor el que triunfa, porque es más fuerte que cualquier otra cosa.
Hagamos la prueba de vivir así este mes, para ser levadura de una nueva cultura de paz y justicia. Veremos renacer en nosotros, y a nuestro alrededor, una nueva humanidad.
Chiara Lubich
25 Dic 2003 | Sin categorizar
Una experiencia de unidad
«Bombas y misiles siguen sembrando dolor y odio. He querido, junto con mis hermanos obispos, escuchar otras voces, bombas y misiles espirituales, más fuertes, que siembran el amor, la concordia, la comprensión, la unidad”. Son las palabras del obispo iraquí Shlemon Warduni, auxiliar patriarcal de Bagdad. Eran 34 los obispos ortodoxos, siro-ortodoxos, anglicanos, evangélico-luteranos y católicos de varios ritos, llegados de distintos Países de Europa, Medio Oriente y América, que concluyeron el 1� de diciembre su encuentro anual desarrollado en el Centro internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa (Roma).
El Congreso fue transferido de Estambul a Roma debido a los trágicos atentados.
Originalmente el Congreso tenía que desarrollarse en Estambul y estaban programados importantes encuentros con el Patriarca ecuménico Bartolomé I, con el Patriarca armeno apostólico Mesrob II y otras personalidades religiosas. Pero debido a los atentados, de los quales el segundo tres días antes del inicio, el encuentro tuvo que trasladarse a Roma. “Nos habíamos preparado desde hacía tiempo a ir a Constantinopla –dice el obispo evangélico-luterano emérito de Estocolmo, Henrik Svenungsson – y las iglesias ortodoxas del lugar nos habían preparado una gran acogida. Después todo cambió. Pero ya lo hemos decidido: Estambul será la meta del próximo encuentro”. “El odio destruye los programas y cierra los caminos, pero el amor crea nuevos programas y abre nuevas vías”, comentó el promotor del Congreso, el Card. Miloslav Vlk. El encuentro nació de un profundo dolor, pero ha dado muchos frutos”.
El Mensaje del Patriarca ecuménico de Constantinopla
Del Patriarca Bartolomé I llegó, esperado, un afligido mensaje en el cual, citando al Papa, subraya que “la humanidad tiene necesidad de puentes, no de muros” y prosigue: “Habríamos querido estar en medio de ustedes, hablar ‘cara a cara’, para que nuestra alegría fuese plena”. “Lamentablemente esta oportunidad nos ha sido negada repentinamente y violentamente”. Y resaltó el especial contexto del Congreso: “En estos tiempos que se caracterizan por la falta de estabilidad y de seguridad (…), es muy prometedor y motivo de alegría el hecho de que existan individuos, organizaciones o movimientos, como el amado Movimiento de los Focolares, que se han dado cuenta de que la unidad entre ellos y del mundo en Cristo es el elemento fundamental de la verdad y de la vida. Pero es todavía más prometedor que hayan hecho de la realización de esta unidad el motivo principal de su actividad”.
Chiara Lubich sobre el tema “La presencia de Jesús en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”, centro del Congreso
Día tras día, los obispos han vivido el “diálogo de la vida” y experimentado como puede potenciar las varias dimensiones del ecumenismo. Sobre todo, “la oración en común”, durante las celebraciones litúrgicas de las varias Iglesias que han abierto los tesoros espirituales de las diversas tradiciones. Y el diálogo de la caridad, de la “acogida recíproca”.
El tema del congreso ha sido para los Obispos el encuentro con “Jesús presente espiritualmente en la comunidad, donde dos o más están unidos en su nombre, es decir en su amor”. Chiara Lubich ha profundizado esta realidad con un tema programático sobre “La presencia de Cristo en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”.
Remontándose a los 60 años de historia del Movimiento, la fundadora de los Focolares puso en evidencia como las personas involucradas en esta aventura, desde un inicio, estaban orientadas a dar vida por doquier a células vivas del Cuerpo místico. “Se formaron y se forman así –dijo- en la Iglesia católica, en las otras Iglesias y entre miembros de distintas Iglesias, fragmentos de cristiandad unidos en el nombre de Jesús a la espera de un ulterior vínculo de unidad, la Eucaristía, cuando Dios querrá”. Es la experiencia del “diálogo de la vida”, del “diálogo del pueblo”, “porque sentimos que componemos entre nosotros ‘un único pueblo cristiano’ que le interesa a los laicos, pero también a los monjes, a los religiosos, a los diáconos, a los sacerdotes, a los pastores, a los obispos”.
Jesús en medio de los suyos ha sido, en efecto, la gran experiencia de este congreso.
La promesa de Mateo 18, 20, Jesús en medio de los suyos, se ha presentado también como el camino para mirar con esperanza a nuestro tiempo, la llave para llevar el espíritu del Evangelio a la humanidad de hoy: a las familias y a los jóvenes, a la política, a los medios de comunicación, a la economía, al mundo de la cultura, como lo han demostrado numerosos testimonios.
El obispo evangélico-luterano Helge Klassohn comentó: “Por primera vez he encontrado el Movimiento de los Focolares. Pienso que esta comunidad ecuménica es muy importante: no sólo nos confirma en nuestro servicio, sino que es un signo para el camino de la Iglesia”.
25 Dic 2003 | Sin categorizar
Habiendo postergado para el próximo año la cita en Estambul, por el riesgo de nuevos ataques terroristas, los obispos de igual modo quisieron dar un signo claro de solidaridad a la comunidad cristiana de Constantinopla, enviando una pequeña delegación. Por este motivo el 28 de noviembre, partieron de Roma, para participar, a nombre de todos, en la fiesta de San Andrés apóstol, considerado el fundador y patrono del Patriarcado ecuménico, el Card. Miloslav y el Obispo luterano Henrik Svenungsson.
Fueron recibidos en audiencia por el Patriarca ecuménico Bartolomé y se encontraron también con el Patriarca armeno Mesrob II, con el Vicario patriarcal siro-ortodosso Çetin y con el Nuncio apostólico, Mons. Edmund Farhat. Fueron horas de intensa comunión ecuménica, en el marco de una ciudad que lamentablemente ha quedado profundamente marcada por los recientes acontecimientos. La delegación coincidió en su llegada con la del Vaticano, guiada por el Card. Kasper, y con la del Consejo ecuménico de las Iglesias de Ginebra con el Dr. Konrad Raiser.
25 Dic 2003 | Sin categorizar
La inauguración del Congreso en la abadía greco bizantina de San Nilo Para Estambul estaban reservados más de 60 Obispos, 34 de ellos lograron cambiar, al último momento, sus programas y venir a Roma. Pero, también en los Castillos Romanos, tuvieron una acogida especial, con una solemne y alegre celebración de apertura en la histórica abadía católica de rito bizantino, de San Nilo, situada en Grotaferrata y fundada hace mil años, en el 1004. El mensaje del Papa y el diálogo con el Card. Karper El Card. Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos, acogió a los Obispos en su sede en el Vaticano, y enseguida leyó el mensaje que el Papa había enviado al Congreso: “… con gran afecto los acoge (…) la Iglesia de Pedro y Pablo en Roma y les ofrece la hospitalidad reservada a los hermanos en Cristo”. Refiriéndose al lema del Congreso “Ustedes son todos uno en Cristo Jesús” (Gal 3,24), el Papa subrayó el tema: “Se trata de un tema más que nunca actual. Éste puede ofrecer una respuesta válida a las grandes laceraciones de afligen al mundo de hoy”. El Card. Kasper, seguidamente, entabló con los Obispos un diálogo intenso y muy abierto, trazando un interesante cuadro de las relaciones actuales de la Iglesia católica, relaciones caracterizadas no sólo por el diálogo teológico, sino también por un fuerte espíritu de participación en las alegrías y en los dolores de las otras Iglesias. Puso su atención en la esperanza que, a pesar de todas las dificultades, alcanza a los innumerables esfuerzos ecuménicos, y sobre el aporte que el Movimiento de los Focolares da a los mismos. Después el Card. Kasper animó a los Obispos a llevar adelante el “diálogo de la vida” característico del Movimiento de los Focolares y de su espiritualidad. El “diálogo teológico” -dijo- siempre debe caminar al mismo paso de una intensa espiritualidad ecuménica: “este diálogo de la vida para nosotros es esencial -afirmó- porque no estamos divididos sólo por doctrinas, sino también por que no nos conocemos, debemos vivir juntos para conocernos y hacernos amigos. Estoy muy agradecido a los focolarinos que nos ofrecen un modelo de este tipo de ecumenismo de la vida y de la amistad”. Mensaje del arzobispo de Canterbury y visita al Centro Anglicano de Roma Otra cita significativa fue la visita al Centro Anglicano, en el Palacio Doria Pamphili en Roma, donde el nuevo director, el Obispo John Flack, participante en el Congreso, acogió al grupo de los obispos afirmando que la relación con el Focolar, en esta nueva tarea, es esencial para él. Entregó a los obispos un mensaje del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams que, entre otras cosas subraya: “No hace falta recordar a nadie que el amor de Dios, expresado tangiblemente, nunca ha sido tan necesario como ahora, en este mundo turbado y dividido”. Y aseguró sus oraciones “por su reflexión común sobre la continua relevancia de los ideales inspiradores de Chiara Lubich”. Vísperas en la iglesia greco-ortodoxa de Roma y visita a la sede de la comunidad luterana sueca. Ulteriores ocasiones para un mayor conocimiento recíproco fueron la participación en las Vísperas de la fiesta de San Andrés, fundador y patrono del Patriarcado ecuménico, en la iglesia greco-ortodoxa de San Andrés de Roma y la sucesiva visita a la Casa de Santa Brígida, donde vivió la Santa en el siglo XII, y que hospeda la Iglesia de la comunidad luterana sueca. Visita a las Catacumbas de Domitila y el pacto del amor recíproco Otro punto central del Congreso fue la visita a las Catacumbas de Domitila, lugar de raíces comunes, con la Iglesia de los primeros cristianos. Era grande la conmoción cuando en un clima recogido y solemne, los Obispos estrecharon entre ellos, precisamente en ese lugar, un pacto de amor recíproco, prometiéndose amarse uno al otro, según la medida de Jesús, hasta que la cruz del otro llegue a ser la propia cruz, la alegría de uno la alegría del otro, en modo de amar la Iglesia del otro como la propia. En cierto modo se revivió cuanto está escrito de los primeros cristianos de Antioquía: “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”. (cf At 4, 32).
25 Dic 2003 | Sin categorizar
25 Dic 2003 | Focolare Worldwide
23 Dic 2003 | Sin categorizar
Para que la humanidad siga viviendo tenemos que tener el valor de “inventar la paz”. Seguramente nos hemos preguntado: �De dónde nace la radicalidad de la terrible elección de los kamikasis? Nosotros deberíamos ser capaces de dar nuestra vida por el gran ideal del amor a Dios y a los hermanos. Un amor posible para todos, porque el amor fraterno es el ADN de cada hombre. Florecería por doquier esa fraternidad que Jesús ha traído a la tierra haciéndose hermano nuestro y haciéndonos hermanos. Quizás la providencia divina se sirve de las situaciones de destrucción para suscitar transformaciones morales inesperadas y energías insospechadas para construir “ex-novo” la paz y volver a dar aliento a la humanidad. Chiara Lubich
12 Dic 2003 | Sin categorizar
La experiencia de la unión con Dios – El 7 de diciembre se cumplen 60 años del nacimiento, en Trento, del Movimiento de los Focolares. Ese 7 de diciembre de 1943 Chiara Lubich, entonces con poco más de 20 años, cuando pronuncia su sí a Dios para siempre, está sola. No podía imaginar entonces la fecundidad de ese “matrimonio con Dios”. Varias veces ha repetido que sólo la idea de que habría nacido un Movimiento habría turbado esa elección sólo de Dios. Y ahora, en el 60�, en un intenso clima espiritual, ha hablado de la unión con Dios a más de 1500 focolarinas de Europa y de los 5 continentes, reunidas en Castelgandolfo para su encuentro anual, un momento de profunda comunión sobre su experiencia personal.
“Cuando entra la unión con Dios, lo divino te invade totalmente: es algo nuevo que tú no ves con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. En la mente entra una luz, la luz del Espíritu Santo, que es más que la inteligencia, y la eleva. En el corazón entra el amor. Antes había amor humano, limitado a parientes y amigos. Después entra el amor mismo de Dios, que abre de par en par el corazón a todo el mundo. con la vida sobrenatural se injerta también una fuerza nueva. Incluso la fuerza física es sostenida por la gracia de Dios”.
Las felicitaciones del Papa por el 60� aniversario del Movimiento de los Focolares llegaron, no sólo con un mensaje para Chiara Lubich leído por S. E. Mons. Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo, sino incluso con una llamada telefónica del Santo Padre, el mismo 7 de diciembre.
Al inesperado mensaje del Papa, se sumaron las palabras de Mons. Rylko sobre el “don precioso del carisma”, que, porque es un don del Espíritu Santo, suscita continuas sorpresas.
Otros momentos fuertes del encuentro en este aniversario: el recuerdo de Chiara Lubich de ese 7 de diciembre de 1943, el testimonio de sus primeras compañeras, el sí para siempre a Dios pronunciado por más de 100 focolarinas de los 5 continentes.
Este 60� aniversario se han puesto las premisas para hacer nacer un Centro de espiritualidad y estudio en Jerusalén en el mismo lugar donde dice la tradición que Jesús pronuncio la oración por la unidad. Un Centro con un significado especial, que se sumará a los focolares de Tierra Santa, en Jerusalén y en Haifa, comprometidos en llevar la paz y la unidad en esa tierra tan atormentada.
12 Dic 2003 | Sin categorizar
El Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos como conclusión de la lectura del mensaje del Santo Padre, acogido con un interminable aplauso, desarrolló algunas de las ideas de Juan Pablo II, en especial el por qué de su acción de gracias a Dios: “por este don que se llama carisma”. El carisma es definido por él como “la cosa más preciosa que les ha sido confiada mediante la fundadora del Movimiento, Chiara”. Gratitud “al Señor por lo que ha obrado en ustedes en estos 60 años, por las grandes obras de Dios”, acompañadas por el sentido de responsabilidad que tal don comporta: fidelidad, acogida radical “con una total apertura a Dios dejándose guiar por la gracia del carisma, con una continua profundización en este don para hacerlo fructificar en la vida personal, en la vida de la Iglesia y del mundo”. Mons. Rylko observó que “el carisma es completo desde un inicio, sólo que ni siquiera el fundador conoce sus detalles. Si le preguntan a Chiara si ese 7 de diciembre quería fundar un Movimiento responderá que absolutamente �no!”. Esta fecha –recordó- “ha sido el inicio de una aventura pensada en su totalidad por Otro. Es el mismo Espíritu Santo quien revela poco a poco la enorme riqueza que el carisma conlleva”. Es más “la garantía de la juventud y de la permanente frescura de un carisma –precisó- está precisamente en el hecho de que sorprende siempre con cosas nuevas que revela ante nuestros ojos”, porque “cuando el Espíritu Santo interviene sorprende siempre”. Y aquí Mons. Rylko subrayó la importancia de la memoria de los “eventos surgidos de la fuente” que han dado origen a un Movimiento. En esta “memoria –concluyó- está la fuerza, la luz para poder caminar, para poder ir adelante en la certeza de que el Señor está con nosotros”. Después Mons. Rylko auguró a Chiara “mucha fuerza todavía por largos años”.
12 Dic 2003 | Sin categorizar
En este 60�, se han puesto las premisas para que surja en la parte antigua de Jerusalén, signo de la unidad, un centro de espiritualidad y de estudio de los Focolares contiguo a la escalera de piedra donde, según la tradición, el Jueves Santo, Jesús invocó al Padre la unidad. Con motivo de este aniversario los miembros del Movimiento en el mundo han recogido un primer aporte para la realización de este proyecto. El mes pasado fue firmado un acuerdo en el que el Patriarcado Latino de Jerusalén concede en uso perpetuo a los Focolares una parcela de terreno ubicado precisamente en las cercanías de “aquella escalera”. Se está realizando un sueño de hace casi 50 años, cuando en 1956 Chiara Lubich visitó por primera vez Tierra Santa. De hecho fue precisamente en esta página del Evangelio, leída en un refugio durante la Segunda Guerra Mundial, que Chiara y sus primeras compañeras descubrieron el por qué de sus vidas. Desde hace 25 años el Movimiento de los Focolares está presente en Tierra Santa con algunos centros en Jerusalén y en Haifa, comprometidos en llevar la paz.
6 Dic 2003 | Sin categorizar
07/12/2003

El 7 de diciembre se cumplen los 60 años del nacimiento del Movimiento de los Focolares, en Trento. Ese 7 de diciembre de 1943, Chiara Lubich, entonces con poco más de 20 años, cuando pronuncia su sí a Dios para siempre, está sola. No podía imaginar entonces la fecundidad que ha surgido. Ahora son millones de personas de todas las edades, categorías sociales, idiomas, razas y credos que en todo el mundo, en 182 países, están comprometidas a suscitar por doquier fragmentos de fraternidad para contribuir a componer en unidad la familia humana que hoy, más que nunca, aspira a la paz.
Chiara escribe en «Vita Trentina»:
�Cuál es mi estado de ánimo? �Qué llevo en el corazón en esta especial circunstancia?
Una honda conmoción, si pienso sólo por un momento ante lo que me encuentro: un pueblo nuevo nacido del Evangelio, esparcido en toda la tierra, una Obra inmensa que ninguna obra humana habría podido hacer surgir. De hecho es “una Obra de Dios”, para la cual he sido elegida de primera, como instrumento suyo siempre “inútil e infiel”.
Y un himno de gratitud a Dios por todo lo que, con mis hermanas y hermanos, he podido ver, experimentar, construir, llevar hacia esa meta con su ayuda.
�Un gracias profundo y sentido por cada cosa Dios mío!
Gracias sobre todo por haberme hecho nacer en tu Iglesia, hija de Dios, por haberme nutrido día tras día de la Eucaristía;
por haber llenado mi vida, desde pequeña, de signos premonitorios del divino carisma que habrías puesto en mí para tantos;
por haberme hecho experimentar las verdades del Evangelio y sus promesas que siempre se verifican;
por haberme donado la alegría del “céntuplo” en todo sentido;
por haberme revelado el secreto de la unidad en tu Hijo crucificado y abandonado;
por haber permitido sufrimientos precursores de una más profunda unión contigo;
por haberme donado una novísima espiritualidad, personal y comunitaria al mismo tiempo, tan actual;
por haberme abierto, con todos los míos, a toda la humanidad, hacia los otros cristianos, hacia los fieles de otras religiones, hacia personas que todavía no son tuyas, pero de buena voluntad;
por el paterno amor de tus Vicarios en la tierra, especialmente de Pablo VI y de Juan Pablo II, y por su bendición sobre nuestra Obra durante años y años;
por haberme bendecida con una larga vida;
por haber perdonado mis pecados.
Gracias por haberme dado, como misión específica, el colaborar con la Iglesia a actuar el Testamento de Tu Hijo: “Que todos sean uno” y de prepararTe amplios fragmentos de fraternidad universal.
Gracias, gracias. La alabanza y la gloria a Ti.
Así Chiara recordaba hace algunos años aquel 7 de diciembre de 1943:
«En la mañana me levanté hacia las cinco. Vestí el mejor traje que tenía, si bien pobre, y me encaminé, atravesando toda la ciudad, hacia el pequeño colegio.
Una tormenta encrudecía, tanto que tuve que abrirme paso empujando la sombrilla hacia delante. También esto tenía un significado. Me parecía que quería decir que el acto que estaba haciendo habría encontrado dificultades.
Llegando al colegio un cambio de escena: un enorme portón se abre por sí solo.Una sensación de alivio y acogida, casi como brazos abiertos de par en par de ese Dios que me esperaba. La iglesita estaba adornada lo mejor posible. En el fondo hondeaba una Virgen Inmaculada. Delante del altar, más allá de la baranda, estaba preparado un reclinatorio.
Antes de la Comunión vi por un momento lo que estaba por hacer: con la consagración a Dios atravesaba un puente, y el puente caía a mis espaldas, no podría regresar atrás, al mundo. Recuerdo que ese abrir los ojos sobre lo que estaba haciendo fue tan fuerte que se me cayó una lágrima en el pequeño misal. Después una alegría secreta. Yo me casaba con Dios.
Creo que hice el camino de regreso a casa corriendo, sólo me detuve a comprar tres claveles rojos para el crucifijo que me esperaba en la habitación. Serían el signo de la fiesta común. Me había casado con Dios. De Él podía esperarlo todo».