Movimiento de los Focolares

Un abono bancario que salva la empresa

Con mi esposa, desde 1992, tenemos una empresa de exportación de maquinaria y tecnología para la elaboración de la carne, que adhiere al proyecto de la Economía de Comunión y trabaja en los Estados de la ex-Unión Soviética. En agosto de 1997 se derrumbó el sistema bancario y el mercado ruso. Todo se bloqueó afectándonos gravemente: de hecho teníamos más de diez contratos en Rusia; muchos fueron suspendidos y el pago de los créditos congelado. Pero nuestra empresa tenía que ir adelante y asegurar también los pagos regulares a sus empleados, para el sustento de una decena de familias. Las reservas estaban por agotarse y todas las mañanas llamaba por teléfono al banco para preguntar si de casualidad había llegado algún abono desde Rusia o si había entrado algo de nuestros clientes. La respuesta era siempre la misma: no. Después de tres meses todavía no había llegado nada. Todos me decía que ni lo pensara: todo estaba bloqueado y no llegaba nada para nadie. Un lunes miré la cuenta bancaria y vi que teníamos sólo 300.000 florines. Sabía que al día siguiente tenía que pagar una cuenta de 400.000 florines y además, faltaban los sueldos por pagar. A medio día volví a casa muy preocupado. Con mi esposa nos preguntamos qué hacer: �cerrar la empresa o seguir adelante? Sentíamos la responsabilidad no sólo por nosotros, sino también por los demás. A la entrada, en la mesita, teníamos siempre alguna hojita de la palabra de Vida del mes. Esta decía: “Si tienen fe…”. Saliendo para regresar a la oficina le dije a mi esposa: “�Ahora tenemos necesidad de aumentar nuestra fe!”. Entrando en la oficina, me recibió la noticia que me habían llamado del banco, �porque había llegado un abono de un millón y medio! I.B. – Hungría

noviembre 2004

Oscuridad y luz: una oposición elocuente, habitual en todas las culturas y todas las religiones. La luz simboliza la vida, el bien, la perfección, la felicidad, la inmortalidad. La oscuridad remite al frío, lo negativo, el mal, la muerte.
El apóstol Pablo recuerda a los fieles de Roma que el cristiano no tiene nada que hacer con un pasado “oscuro”, hecho de impureza, injusticia, maldad, codicia, malicia, envidia, rivalidad, engaño… (Cf Rom 1, 24-31)

«Abandonemos las obras propias de la noche…

¿Cuáles son las “obras de la noche”? Por lo que dice Pablo son: embriaguez, lujuria, peleas, envidias, (Cf Rom 13,13) pero también olvido de Dios, traición, robo, homicidio, soberbia, ira, desprecio por el otro; y además: materialismo, consumismo, hedonismo, vanidad.
También es obra de la noche la facilidad con la que a menudo seguimos cualquier programa televisivo o navegamos por internet, leemos ciertas revistas, vemos ciertos filmes u ostentamos cierta indumentaria.
Nosotros, en el momento del bautismo, hemos aceptado que queríamos morir con Cristo al pecado cuando, por boca de nuestros padrinos, tres veces afirmamos que queríamos renunciar al demonio y a sus seducciones. Actualmente se prefiere no hablar del demonio, se tiende a olvidarlo y a decir que no existe, cuando en realidad está y sigue fomentando guerras, tragedias, violencias de todo tipo.
“Abandonemos”: una acción que implica hacerse violencia, cuesta, exige coherencia, decisión, valentía, pero que resulta necesaria si queremos vivir en el mundo de la luz. En efecto, la Palabra de vida continúa:

… y vistámonos con las obras de la luz»

No basta, entonces, con renunciar, “despojarse” del mal; es necesario “vestirse con las obras de la luz”, es decir, como explica Pablo más adelante, “revestirse del Señor Jesucristo”, dejando que sea él el que viva en nosotros. (Rom 13, 14) También el apóstol Pedro invita a “compenetrarse” de los mismos sentimientos de Jesús. (Cf 1 Ped 4,1)
Imágenes fuertes, sin duda, porque dejar vivir a Cristo sabemos que no es fácil, quiere decir reflejar en nosotros sus mismos sentimientos, su modo de pensar, su forma de actuar; significa amar como él ha amado y el amor es exigente, requiere lucha continua contra el egoísmo que está dentro de nosotros.
Pero, como recuerda la primera carta de Juan, no hay otro camino para llegar a la luz: “El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin sabe a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido” (1Jn 2, 10-11).

«Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con las obras de la luz»

Esta Palabra de vida es una invitación a la conversión, a pasar continuamente del mundo de las tinieblas al de la luz. Repitamos entonces nuestro no a Satanás y a todas sus lisonjas, y volvamos a decir nuestro sí a Dios, tal como lo hemos pronunciado el día del bautismo.
No tendremos que realizar grandes acciones; basta que cada una de las que hagamos esté sugerida y animada por el amor verdadero.
De este modo contribuiremos a que a nuestro alrededor se irradie una cultura de la luz, de lo positivo, de las bienaventuranzas. Será construir el paraíso ya desde esta tierra, para poseerlo eternamente en el Cielo. Sí, porque el paraíso es una realidad, nos lo ha prometido Jesús, y es como una casa, que se construye aquí para habitarla allá. Y su regalo será: felicidad plena, armonía, belleza, danza, felicidad sin fin, porque el Paraíso es el amor.
Nos da testimonio de ello la experiencia vivida por Mary, de Perú. Madre de tres hijas pequeñas, cuando conoce la Palabra de vida encuentra a Dios, encuentra la luz; se involucra totalmente y en su vida se produce un cambio radical.
Poco tiempo después se le diagnostica una enfermedad grave. Internada en el hospital, se entera de que le queda poco más de un mes de vida. La nueva intimidad con Jesús que ahora experimenta la anima a hacer una oración en la que pide cinco años de tiempo para consolidar su conversión y poder también cambiar la vida a su alrededor.
Los médicos no se explican cómo es que la salud de Mary mejora y le dan de alta en el hospital. Vuelve a casa, se prepara con su compañero al matrimonio, que celebra en la iglesia, y pide el bautismo para las hijas.
Pasados cinco años, el mal se agudiza de improviso y en apenas dos semana concluye su vida en la tierra.
Antes de morir, logra ocuparse de cada detalle con respecto al futuro de las hijas y a trasmitirle esperanza a su esposo. “Ahora voy al Padre que me espera. Todo ha sido maravilloso, él me ha dado los cinco años más hermosos de mi vida, desde cuando lo conocí en su Palabra que da la Vida”.

Chiara Lubich

Una parroquia casa para todos

Una parroquia casa para todos

   Carpi, una pequeña ciudad de Emilia Romana. La parroquia del “Corpus Domini” se encuentra en una zona en pleno desarrollo, habitada por familias de las más variadas proveniencias.  El interés está centrado en los negocios, predomina la indiferencia religiosa, la influencia religiosa es de apenas el siete por ciento.  ¿Cómo salir al encuentro de esta gente? Dios ama a todos – La acción pastoral del párroco, no se limita al pequeño grupo de los practicantes sino que va dirigida a todos.  Acerca a toda persona que encuentra con una actitud de amor, sabiendo que es un encuentro con Jesús, y tantos quedan conquistados e involucrados.  A ellos les comunica su descubrimiento: Dios es amor y quiere que también nosotros nos amemos.  Basta vivir sus palabras, que, si se viven, cambian poco a poco la mentalidad, promueven un espíritu de comunión, suscitan un clima de familia.  Muy pronto tantos hacen la experiencia.  Empiezan los encuentros de la Palabra de Vida que después se multiplican, se hacen en los caseríos, involucrando cada vez más personas.  Se forma una verdadera comunidad abierta y acogedora, con un estilo de vida según el Evangelio. Un hombre pide al párroco una constancia de idoneidad para ser padrino de bautismo.  No es practicante y no está ni siquiera seguro de tener fe.  “¿Por qué quieres hacerlo?”, pregunta el párroco.  “Para hacerle un favor a mi hermana que insistentemente me lo ha pedido”, responde.  “Un acto de amor –subraya el padre Carlo- ¡es una trozo de Evangelio vivido!”.  Él no pensaba que estaba viviendo el Evangelio, y queda sorprendido.  Nace un coloquio sobre Dios que es amor y sobre cómo el amor presente en cada acción vivida por los demás es un reflejo de Él.  Queda fascinado.  Empieza un camino de conocimiento del Evangelio. El amor no tiene fronteras – El amor es siempre creativo y suscita gestos de amistad también hacia quienes están en contra.  En la parroquia existe un círculo de ancianos hostiles a la Iglesia por educación y por razones históricas.  Están construyendo una nueva sede.  Es una obra social, que ayuda a estas personas.  Considerando el aspecto positivo de esta iniciativa, el párroco le propone al Consejo pastoral alentarlos, ofreciéndoles un aporte económico.  Hay un rechazo inicial.  Entonces les explica que a los creyentes les toca ser los primeros en amar.  Aprueban dar una pequeña suma.  Él la acompaña con una cálida carta de agradecimiento por este servicio a todos los ancianos del vecindario.  El gesto ha sido más elocuente que una prédica: cuando en el círculo se recibe el regalo y se lee la carta a todos se les llenan los ojos de lágrimas. Y empieza una actitud nueva, de apertura, hacia la Iglesia. Casa abierta a quien no puede recibir los sacramentos – La parroquia es la casa de todos: nadie debe sentirse excluido.  Se encuentra el modo de que todos se sientan acogidos, también aquellos que no pueden recibir los Sacramentos.  Se les explica que en tanto pueden vivir la Palabra de Dios, amar al prójimo, compartir alegrías y dolores sabiendo que Jesús ha dicho: “Cualquier cosa que hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños a Mí me lo hicieron”. T. tenía a sus espaldas un fracaso matrimonial y vivía desde hacía algunos años con F-; había recibido una formación cristiana y ahora se sentía lejana de Dios y rechazada por la Iglesia.  Un día entra en la parroquia.  El párroco va hacia ella y la saluda con calidez.  La mujer se siente acogida y le abre su corazón, comunica su dolor.  De él, por primera vez, escucha decir: “Dios te ama inmensamente”.  Es la luz: empieza a frecuentar los encuentros de la Palabra de Vida, se esfuerza en vivir el Evangelio, empieza a hacer de él una experiencia. Y, como ellos, muchos han sido conquistados por la acogida cordial encontrada en la parroquia y por la atmósfera de caridad que se respira en esa comunidad.  Una comunidad  que ha sido invitada a ofrecer la propia experiencia también en congresos y encuentros a nivel nacional e internacional.

La ciudadela internacional cumple 40 años: una utopía de paz convertida en realidad

La ciudadela internacional cumple 40 años: una utopía de paz convertida en realidad

Cumple 40 años la primera de las 33 ciudadelas de los Focolares que surgen en los 5 continentes Situada en las colinas toscanas en los alrededores de Florencia, en el municipio de Incisa en el Valle del Arno, con escuelas, empresas, centros artísticos, cuenta con alrededor de 1000 habitantes de 70 naciones: desde Rusia hasta Portugal, de Jordania, Líbano, Egipto hasta Burundi, Congo, Sudáfrica, de Estados Unidos, México, Tierra del Fuego, Japón, China, Corea, Filipinas, a Australia y Nueva Zelanda. Son estudiantes y docentes, profesionales, artesanos, agricultores, artistas, familias, religiosos y sacerdotes, cristianos de distintas Iglesias y fieles de otras religiones: un prototipo de una nueva sociedad fundada sobre la ley evangélica del amor. Una ciudadela que refleja un ideal de unidad y paz Construir una ciudadela que refleje el propio modo de pensar ha sido, a menudo, el sueño de quien ha dado vida a nuevas corrientes filosóficas, ideológicas o espirituales. Ha sido así también para Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares quien, visitando en 1962 la abadía benedictina de Einsiedeln, uno de los centros de irradiación de la civilización cristiana europea, tuvo la intuición de que nacerían en el mundo ciudadelas modernas, con casas, escuelas, fábricas. Más de 40.000 visitantes pasan cada año por Loppiano. Junto con quien vive allí, contribuyen a componer ese designio de unidad sobre el que se funda la ciudadela. María Theotókos: la Iglesia de la ciudadela Con ocasión de este aniversario, llegó a término la Iglesia de la ciudadela, dedicada a María Theotókos, la “Madre de Dios”. La solemne concelebración de inauguración tuvo lugar el sábado 30 de octubre de 2004, a las 11.00 a.m. y fue precedida por el Card. Ennio Antonelli, Arzobispo Metropolita de Florencia y por Mons. Luciano Giovannetti, Obispo de Fiesole. El proyecto ha sido realizado con el aporte de la Conferencia Episcopal Italiana. Un obra realizada por el Centro Ave Realizada por el estudio artístico Centro Ave que tiene su sede en Loppiano – el cual está formado por una escultora, 3 arquitectos y 3 pintoras– la Iglesia se delinea delicadamente sobre las colinas: un amplio plano inclinado nace del terreno y sube hasta la cima de la construcción. Está coronada por el campanario, cubierto por una falda triangular dorada, cuya clara forma deja entrever una referencia a la Trinidad. La idea del proyecto y la capilla ecuménica Dentro, en el centro del presbiterio, se encuentra un gran vitral con múltiples azules, es el fondo del dorado tabernáculo. “Quería expresar a través de la forma –explica Ave Cerquetti, escultora y diseñadora del edificio – la grandeza de aquella que, siendo Madre de Dios, es más grande de todo lo que se pueda imaginar, como lo confirma la Iglesia en los Primeros Concilios, y al mismo tiempo es como un dulce plano que va de la tierra al cielo, a Dios”. En el primer piso de la torre está situada la capilla ecuménica

Para honrar a María en esta Iglesia no hay sólo cristianos Llegó desde India un gran cuadro enriquecido con láminas de oro y adornado con piedras semipreciosas, obra de un artista hindú, que la representa junto con el niño. Durante la inauguración estuvo presente también el Maestro Pra Maha Thongrattana, monje budista tailandés. Su permanencia en Loppiano, en 1992, fue determinante para el inicio de un fructífero diálogo entre monjes budistas tailandeses y los Focolares.

La nueva Iglesia hospedará además los restos de Renata Borlone Renata (1930-1990), durante años fue constructora y corresponsable de Loppiano. Está en curso su causa de beatificación.

Polígono empresarial “Lionello Bonfanti” En el 40� aniversario de Loppiano se han iniciado también los trabajos de construcción del Polígono empresarial. 5.615 accionistas sostienen su construcción, a través de la sociedad administradora “E. de C. S.p.A.” que se constituyó en el 2001 (www.edicspa.com). En el mundo están operantes o en vías de construcción otros Polígonos empresariales en Brasil, Argentina, Estados Unidos, Portugal, Francia y Bélgica, nacidos para dar visibilidad al proyecto de la Economía de Comunión, que inspira la administración de 270 empresas de producción en Italia y 800 en todo el mundo.

En la familia, una voz en el presupuesto para quien tiene más necesidad

Ponerse delante de las cifras del presupuesto mensual en nuestra familia nunca ha sido una tarea agradable, hasta que entendimos que también en este campo es fundamental el comprendernos profundamente. De este modo el argumento “dinero” tomó un tinte familiar. Junto a las salidas de la comida, el alquiler, etc… pensamos introducir una cifra para poner en común con quien sabíamos que estaba pasando necesidad. Un día no lográbamos hacer que entrara esa cifra, porque la columna de las salidas era más larga que la de la entradas. Era un dolor. Precisamente algunos días antes habíamos visto en la televisión un programa sobre los niños que mueren de hambre. Nuestros dos niños, que habían escuchado todo, llegaron con sus monederos y pusieron en común todo el contenido. Eran pequeñas propinas que habían recibido de los abuelos, ahorros de su mesada semanal. Cuando la abuela vino a visitarnos los niños le contaron la cosa y ella: “¿Pero cómo? –nos dijo perpleja- ¿ustedes ayudan a los demás aunque no son ricos?” Quien desbloqueó la situación fue el más pequeño: “Abuela, pero nosotros comemos tres veces al día!”. Algunos días después la abuela llegó con un sobre en la mano. “Este es el dinero al que puedo renunciar. Lo pongo con el de ustedes… en el fondo ¡también yo como tres veces al día!”. (L.R. – Italia)

También un desierto puede florecer a la vida

Estamos en Budapest, en un barrio con 4000 habitantes. Un pedazo de mundo secularizado donde más de la mitad es católica sólo por haber recibido el bautismo. La población, formada sobre todo por jóvenes sin ninguna formación religiosa ni moral, está completamente abandonada a sí misma. El régimen comunista, que obstaculizaba toda forma de asociación, además de difundir la cultura atea, no había construido en ese barrio infraestructuras que permitieran el poderse encontrar para hacer deporte y otras actividades recreativas. Mucho menos un espacio para la iglesia.

Iniciar de la unidad – Después de un mes de búsqueda, los dos sacerdotes encargados por el obispo de reavivar la comunidad cristiana del barrio, encontraron alojamiento en una casa prefabricada, cuyas paredes dejaban pasar toda clase de ruidos, también los pleitos y las no raras blasfemias de los vecinos. ¡Una empresa ardua para ellos! La única certeza era vivir en primera persona como verdaderos cristianos, poniendo en práctica el mandamiento del amor recíproco y mereciendo la presencia de Jesús que dice: “donde dos o más…” Será Él el párroco: Jesús en medio de ellos.

La Misa dominical, celebrada en la única sala de reuniones del lugar (la del partido), a pesar de haber puesto invitaciones en todos los caseríos, recoge sólo un centenar de personas, la mitad niños. Los dos entienden que no pueden atraer a las multitudes y apuntan a ese pequeño grupo de personas. En las celebraciones litúrgicas, en los pequeños grupos de catequesis para niños y para adultos y en todos los otros grupos de encuentro subrayan el verdadero motivo del reunirse: vivir el amor fraterno, crear un clima de acogida del otro, de servicio, viendo en cada uno la presencia de Jesús.

Una verdad del Evangelio que enseguida atrae y es puesta en práctica. Las personas que vienen por primera vez no sólo regresan, sino que traen a otras. Y cuando se organizan fiestas o paseos, la finalidad debe ser siempre el amor fraterno para poder gozar de la presencia de Jesús en medio.

A la escuela de la Palabra – La comunidad se forma y crece a la luz de la Palabra de Dios. Se apunta a ella, antes vivida en primera persona y después donada para ser puesta en práctica por muchos y regresar encarnada en las experiencias que se comunican. Es una dinámica que produce frutos, un lenguaje que todos comprenden y son muchos los que se ven involucrados. Los adultos descubren y experimentan que la Palabra ilumina en modo concreto los hechos de todos los días, cambian radicalmente las relaciones humanas, suscita la comunión, da vida a una comunidad cristiana donde todos, sacerdotes y laicos, entran en Su escuela. También los niños de la catequesis se ven involucrados en la vida de la Palabra y hacen las primeras experiencias que los llevan a tener una relación personal con Jesús. El catecismo se convierte en una interesante aventura de convivencia con Él. Se vuelve una costumbre hacer los ejercicios espirituales durante los momentos fuertes del año litúrgico, y de este modo los dos sacerdotes se retiran por cinco días fuera de la ciudad con los adultos y los jóvenes más comprometidos, y después tres días con los demás. Los ejercicios son una experiencia concreta de Evangelio vivido, un entrenamiento para después proseguir en casa, en el trabajo, la misma vida de donación fraterna. Se profundiza en la espiritualidad colectiva.

Vivir y hacer vivir la comunión – Viendo las necesidades concretas de la parroquia, espontáneamente tantos se sienten responsables en las varias tareas. Dan vida a grupos de trabajo con un estilo nuevo, moviéndose en armonía: hay grupos que trabajan en el campo asistencial o en campo litúrgico, otros se encargan de la armonía de los ambientes parroquiales, otros más se dedican a los jóvenes, se encargan del deporte, están comprometidos en la catequesis y mantienen el contacto con otros habitantes del territorio. Las personas redescubren la fe ya no más como una doctrina desarraigada de la vida, sino como una luz que desde lo alto ilumina y conduce la existencia, que da sentido y transforma las realidades que están alrededor, la familia, la sociedad, y llena de alegría.

Entre los frutos: hay padres de familia, antes indiferentes, que han redescubierto la fe a través de sus hijos, y jóvenes que quieren conocer la comunidad por el cambio de sus padres. Lo mismo sucede entre colegas de trabajo y entre compañeros de escuela.

Una comunidad en crecimiento – Los miembros de la comunidad, de un centenar pasan a ser alrededor de 800 y los que frecuentan regularmente la catequesis de 80 a 350. Se debe construir una iglesia, que le dedican a la Santísima Trinidad, con el deseo de vivir el amor trinitario que Jesús ha traído a la tierra.

Apertura a las otras Iglesias y religiones – También personas de otras iglesias cristianas e incluso hebreos y musulmanes se han sentido atraídos por el testimonio de vida de parientes o conocidos. Un musulmán que acompaña a su esposa a la Misa dijo: “Yo no tengo en este barrio una mezquita, pero en medio de ustedes siento la presencia de Dios, puedo rezar y me siento más cercano a mi fe musulmana”.

Las dificultades: un trampolín de lanzamiento – Hay también días difíciles. Ha sido sustituido uno de los sacerdotes y en el seno de la comunidad han nacido algunas tensiones entre personas y grupos, pero de este dolor la comunidad en su conjunto se ha consolidado y la comunión entre todos ha echado raíces más profundas. A quien pregunta cuál es el secreto de tanta vitalidad responden: Jesús en medio nuestro. Pero agregan también que esto se verifica cuando, aceptando la desunidad, las debilidades y los errores de cada uno, se trata de ir más allá, transformando el dolor en amor. Porque Jesús ha resucitado pasando a través de la muerte.

[:it]A Vienna per “Educarsi ed educare attraverso lo sport”[:fr]Le sport au service de la paix[:pt]Esporte pela paz

[:it]A Vienna per “Educarsi ed educare attraverso lo sport”[:fr]Le sport au service de la paix[:pt]Esporte pela paz

  Un deporte para la paz Sportmeet 21/10/2004

Por una cultura del deporte orientada a la fraternidad universal �Qué pueden tener en común una maestra de esquí y un periodista deportivo, un médico del deporte y un trabajador social, un entrenador y un docente de pedagogía? Los une el proyecto de Sportmeet, una joven realidad internacional del Movimiento de los Focolares, nacida en el mundo del deporte, para contribuir, cada uno desde el propio ámbito específico, a elaborar una cultura del deporte orientada a la construcción de la fraternidad universal.

En Viena para “Educarse a educar a través del deporte”. Para ello se dieron cita en Viena, a mediados de septiembre para un congreso internacional (130 participantes de 17 naciones, 6 extra-europeas) sobre el tema Educarse y educar a través del deporte. La Unión Europea ha designado el 2004 como Año Europeo de la Educación a través del Deporte, considerándolo, tal como se lee en los documentos comunitarios, «un componente esencial de nuestra sociedad”, capaz de transmitir “todas las reglas fundamentales de la vida social” y de ser portador de valores educativos fundamentales como la “tolerancia, el espíritu de equipo, la lealtad”. Cuando el deporte puede llenar de tensión moral Pero ante las contradicciones del deporte de hoy �se le puede realmente conceder al mismo tal crédito?“Como otras actividades humanas el deporte es poliforme y ambivalente: -admitió, en el discurso de apertura, Paolo Crepaz, especialista en medicina deportiva y coordinador de Sportmeet- es una liberación de energías psicofísicas latentes, pero también es servilismo ante los ídolos del prestigio y de la ganancia; es don de sí, pero también es ocasión de egoísmo y de engaño; es lugar de encuentro pero también de desencuentro”. La educación del cuerpo implica favorecer que la corporeidad, expresión emblemática del deporte, esté en capacidad de mostrar y acreditar el espíritu. Pero �cuándo estará el deporte en capacidad de encender el espíritu? “Cuando será capaz de conferir, a quien lo practica, dominio de sí, -explicó Crepaz- de sus actos, una meta siempre en devenir, y cuando sea capaz de teñir la acción del atleta con la tensión moral”. Chiara Lubich: el deporte es capaz de revelar dimensiones esenciales del hombre Este es el concepto subrayado por Chiara Lubich en el saludo que dirigió a los participantes: “El deporte puede revelar la dimensión esencial del hombre sea como ser finito ante las dificultades y las derrotas, sea como ser llamado al infinito, capaz de superar los propios límites”. Pero �quién sabe educar en este modo? “Así como es necesaria la primavera para que florezca un jardín –concluyó Chiara Lubich-, del mismo modo es necesario el calor del amor para hacer germinar las verdades que están grabadas en el hombre. En una atmósfera de amor recíproco, hasta experimentar las palabras de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”, les deseo que puedan hacer la experiencia que Él mismo, Jesús, sea su maestro, también en el deporte”. Una inversión de tendencia ya en acto en el deporte. La lección de los más jóvenes De los participantes se tuvo la confirmación que quien cree en los valores del hombre, aunque no esté unido a referentes religiosos, puede compartir y experimentar cuán educativo puede ser una actitud de confianza recíproca, sincera y profunda, entre quien educa y quien es educado a través del deporte. En este sentido, numerosas reflexiones y testimonios concretos, han revelado una inversión de tendencia ya viva y difundida en el deporte, sobre todo entre los más jóvenes.

No palabras, sino nuevos proyectos deportivos en acto El congreso permitió sobre todo dar a conocer numerosos proyectos deportivos con dimensión social ya desarrollados, en los diversos continentes, afines o suscitados por Sportmeet. Todo un equipo de fútbol de muchachos de una difícil periferia de Bogotá “adoptada” a distancia gracias a la ayuda de un club profesional del sur de Italia; el proyecto de promoción deportiva SportFontem, iniciado en el colegio de la ciudadela de Camerún donde el Movimiento de los Focolares está presente desde hace tiempo, Deporchicos, una “mini Olimpiada” con implicaciones deportivo-sociales en Buenos Aires, la planificación de la promoción deportiva como instrumento de rescate social en las regiones de San Pablo en Brasil y en especial en Jardim Margarida; el proyecto escolar Café con Leche, ya activo en una zona marginal de Santo Domingo, que se desarrollará con la construcción de una cancha. Pero Sportmeet ha dado espacio durante el congreso también a otros proyectos deportivo-sociales de valor, como el InterCampus, promovido por el Inter de Milán, o Vivas, Vivir los valores del deporte, surgido por la tenacidad de un profesor de educación física, en Piacenza, o El Gran Reto, de Verona, un evento deportivo que pone en evidencia la riqueza de los discapacitados.

Sports4Peace, en Austria involucra a 20.000 jóvenes Entre los tantos proyectos, el más interesante resultó ser Sports4Peace, realizado precisamente en Austria durante el último año escolar 2003 – 2004. Entraron en contacto con la iniciativa alrededor de 20.000 jóvenes de distintas escuelas superiores austriacas, quienes pudieron experimentar un deporte que no mueve solamente… balones, sino un deporte que es camino hacia una sociedad solidaria y orientada a la paz. Guiados por seis sencillas normas (juega seriamente, juega honestamente, no aflojes nunca, mantén los ojos abiertos a las necesidades de los demás, juega para jugar, haz tú la diferencia) impresas en las caras de un dado, expresiones de una única regla, la “regla de oro”, presente en toda religión: “Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti”, los muchachos involucrados practicaron deporte, organizaron torneos, eventos deportivos y musicales y recogieron firmas por la paz olímpica. Todo evento o expresión deportiva vivida después de haber lanzado el dado, permitía a los muchachos coleccionar “anillos olímpicos”. En cambio, cada paso hacia la paz, a través de pequeñas o grandes acciones de comunión o de perdón, permitía conquistar “anillos de oro”. El objetivo final: llegar a los 51.000 anillos olímpicos y de oro y envolver así, simbólicamente, la superficie de 510 kilómetros cuadrados de la tierra con una red de paz. La iniciativa tuvo el patrocinio y el apoyo de las más grandes organizaciones deportivas y escolares austriacas y de diversos campeones deportivos, entre los cuales Ralf Schumacher, Hermann Mayer, Michael Walchhofer y otros, quienes aceptaron ser testigos, considerando la idea del dado muy original y eficaz. El proyecto de Sports4Peace si reveló particularmente contagioso: después del congreso Sportmeet se difundirá en otras naciones. Cultura – Deporte – Paz: el interés de docentes universitarios de Europa y de Brasil Los distintos proyectos deportivos presentados por Sportmeet han suscitado un interés especial en los 8 docentes universitarios, de distintas universidades (Viena, Innsbruck, Téramo, la Católica de Milán, Buenos Aires) y de diversas disciplinas en el campo del deporte, presentes en el congreso precisamente para profundizar la posible relación entre el deporte y la paz.

octubre 2004

Los discípulos le hacen a Jesús un pedido que los angustia. Ellos también han vacilado. ¡Cuántas veces encontramos en el Evangelio que él les reprocha su poca fe! El mismo Pedro, la “piedra” sobre la cual Jesús edificaría su Iglesia, fue tratado de “hombre de poca fe”. Jesús tuvo que pedir por él, para que su fe no flaqueara.
En realidad el pedido de aumentar la fe es una invocación de todos los cristianos porque, en la vida de cada uno de nosotros, puede haber oscilaciones. Incluso Santa Teresa de Lisieux, por más que a lo largo de toda su vida mantuvo una profundísima relación filial con Dios, en los últimos dieciocho meses se vio asediada por la “prueba contra la fe”: ella misma cuenta que tenía la impresión de que un muro se elevara hasta los cielos y cubriera las estrellas.

«Auméntanos la fe»

Lo cierto es que, aún sabiendo que Dios es Amor, muchas veces vivimos como si en esta tierra estuviéramos solos, como si no existiera un Padre que nos ama y nos cuida; que conoce todo de nosotros ¡hasta cuenta los cabellos de nuestra cabeza!; que hace que todo contribuya a nuestro bien: tanto lo bueno que hacemos como las pruebas que pasamos.
Tendríamos que poder repetir como propias las palabras del evangelista Juan: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”.
En efecto, creer es sentirse mirados y amados por Dios, es saber que cualquier pedido nuestro, cualquier palabra, cualquier gesto, cualquier acontecimiento triste, alegre o indiferente, cualquier enfermedad, todo, todo, todo, tanto esas cosas que nosotros llamamos importantes como las mínimas acciones, pensamientos o sentimientos, todo es mirado por Dios.
Ahora bien, si Dios es Amor, la confianza plena en él no es más que una consecuencia lógica. Podemos entonces tener esa confidencia que nos lleva a hablar a menudo con él, a exponerle nuestras cosas, nuestros propósitos, nuestros proyectos. Cada uno de nosotros puede abandonarse a su amor, seguro de ser comprendido, confortado, ayudado.

«Auméntanos la fe»

Ante el pedido de los discípulos, Jesús responde: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería”. Jesús no pide una fe más o menos grande, sino auténtica, basada en él, del cual se puede esperar todo, sin contar únicamente con las propias capacidades.
Si creemos, y creemos en un Dios que nos ama, toda imposibilidad puede superarse. Podemos creer que se “arrancarán” la indiferencia y el egoísmo que suelen rodearnos y que se oculta también en nuestro corazón; que se resolverán situaciones de conflicto en la familia; que nuestro mundo se encaminará hacia la unidad entre generaciones, entre categorías sociales, entre cristianos separados por siglos; que florecerá la fraternidad universal entre los fieles de las distintas religiones, entre las razas y los pueblos… Podemos creer también que esta humanidad nuestra llegará a vivir en paz. Sí, todo es posible, si le permitimos a Dios que actúe. A él, el Omnipotente, nada le es imposible.

«Auméntanos la fe»

¿Cómo vivir esta Palabra de vida y crecer en la fe? En primer lugar, pidiéndola, especialmente cuando sobrevienen dificultades y nos asaltan las dudas: la fe es un don de Dios. “Señor –podemos pedirle–, haz que permanezca en tu amor. Haz que no viva ni un instante sin que sienta, que advierta, que sepa por mi fe, o también por experiencia, que tú me amas, que tú nos amas”.
Y luego podemos vivirla amando. A fuerza de amar, nuestra fe se volverá inquebrantable, solidísima. No solamente creeremos en el amor de Dios, sino que lo sentiremos de manera tangible en nuestra alma, y veremos realizarse “milagros” a nuestro alrededor.
Eso es lo que experimentó una joven de Gran Bretaña: “Cuando mi madre me comunicó que había decidido dejar a papá y mudarse a otro departamento quedé casi desesperada, shockeada por la noticia, pero no le dije nada. En otras ocasiones habría buscado alguna excusa para escapar o me habría encerrado en la habitación a escuchar música, pero esta vez estaba decidida a vivir el Evangelio y me sentía llevada a permanecer allí, en medio de ese sufrimiento, y declararle mi ‘sí’ a la cruz. Para mí era una oportunidad de creer en su amor más allá de cualquier apariencia. A partir de ese momento traté de escuchar a mamá con amor cuando se desahogaba de todo lo que tenía que decir de mi padre, y de dejar mi opinión de lado. Traté también de encontrar la manera de estar cerca de mi padre.
Pasaron unos meses y cuando mis padres ya estaban volviendo a reconstruir la relación entre ellos, me sorprendió una frase de mamá: ‘¿Recuerdas cuando te dije que me habría separado? Tu reacción me hizo pensar que estaba tomando una decisión equivocada’. Yo no le había dicho nada, solamente un ‘sí’ a Jesús en silencio, segura de que él se habría ocupado de todo.”

Chiara Lubich

La Carta europea para las políticas de la Interdependencia. Para construir un mundo de paz y sin más fronteras

La Carta europea para las políticas de la Interdependencia. Para construir un mundo de paz y sin más fronteras

 �Una utopía realizada? «El moderno Auditorium-Parque de la Música tiene una nota de utopía realizada. La interdependencia de los pueblos, que se ha hecho absolutamente urgente debido a la globalización de los mercados y del… terrorismo. Interdependencia que ha sido cantada y tocada en muchísimas variaciones en la Sala Sinopoli del Auditorium, en un diálogo de varias voces y de varios credos y opciones políticas pero al unísono sobre la necesidad de un “sistema de interdependencia virtuosa” al que concurran todos: desde la ONU hasta las religiones”. Es lo que afirma Orazio Petrosillo en el diario Il Messaggero del 13 de septiembre. Y agrega: «Quien ha venido a Roma para la II Jornada de la Interdependencia lo ha hecho porque cree que los pueblos, las personas y los Estados pueden realmente ser más unidos”.

Benjamin Barber: La interdependencia virtuosa como respuesta a los actuales retos globales El Prof. Benjamin Barber, politólogo estadounidense, fundador de las Jornadas de la Interdependencia, en una entrevista explica que “Interdependencia significa que nosotros podemos crear un mundo que sea seguro para todos, o bien un mundo que no es seguro para nadie”. Y dando la bienvenida a los participantes, afirmó: “Dado que los retos ante los que nos encontramos hoy son retos globales, también las respuestas que se dan deben ser tales. Por ello nació la exigencia de una Jornada de la Interdependencia y de una Declaración de Interdependencia”. “Nuestras respuestas deben ser fruto de un sistema de interdependencia virtuosa, un nuevo sistema transnacional de derecho internacional, cooperación multilateral y gobernabilidad social global”. Un documento para una nueva convivencia mundial La Carta europea para las políticas de la Interdependencia fija las prioridades para una nueva convivencia mundial. Afirma, ante todo, que es indispensable erradicar el terrorismo y esto se puede hacer a través de la construcción de saldas redes sociales y lingüísticas, en modo de favorecer el diálogo intercultural y religioso, la cooperación internacional para abatir las diferencias económicas entre el norte y el sur del mundo. Solicita también la libre circulación de las personas, el acceso al agua potable y el derecho a la salud para todos. Se solicita que sea reforzado el derecho de asilo y que a los extranjeros se les permita votar. Prodi: superare las divisiones entre los pueblos En su mensaje, el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, afirma que “los tiempos nos exigen que miremos lejos, que superemos las divisiones que han marcado nuestro pasado”. “Ahora sabemos cuál es el camino a seguir: la unidad en la diversidad, el diálogo entre las culturas, el poner en común los recursos”. Kofi Annan: urge una nueva conciencia de que somos ciudadanos del mundo Para resolver las desigualdades y los horrores que afligen al mundo –escribe el Secretario General de la ONU, en un mensaje para la ocasión- “son necesarios hombres y mujeres que desarrollen la conciencia de ser ciudadanos del mundo”. “Por sí sola ninguna Nación tiene la capacidad de protegerse a sí misma de los peligros que amenazan desde el exterior”.

Veltroni define la Interdependencia como una alternativa al desequilibrio entre el norte y el sur El Alcalde de Roma, Walter Veltroni, también subrayó que la interdependencia es la alternativa a esa globalización que excava una desigualdad cada vez mayor entre el norte y el sur del mundo: “El último informe sobre el desarrollo humano dice que para 26 países, sobre todo países africanos, la riqueza ha disminuido en lugar de crecer”. Por lo tanto es necesario reforzar los organismos -entiéndase ONU- que gobiernan el Planeta. Chiara Lubich: Interdependencia y fraternidad para poner en movimiento procesos positivos Para Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, la interdependencia tiene un significado muy preciso: comporta, de hecho, la elección del diálogo en lugar de la hegemonía, el camino del compartir en lugar de la concentración de los recursos y de los conocimientos en una sola área del mundo. Vivificada por la fraternidad, la interdependencia, de simple “hecho” o “instrumento”, podrá llegar a ser el motor de procesos positivos… no de un solo pueblo, sino de toda la humanidad. Andrea Riccardi: todos llamados a trabajar por la paz “Un pequeño número de hombres puede desestabilizar el mundo con las armas -dijo Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio- y esta es la historia del terrorismo. Pero también es verdad que todos pueden trabajar por la paz”. “Tenemos necesidad de una nueva cultura, de nuevas iniciativas”.

Suscitar una corriente inversa al terrorismo, con un nuevo orden económico

Suscitar una corriente inversa al terrorismo, con un nuevo orden económico

 Una pobreza para erradicar y una pobreza para elegir
Existe una “pobreza que se sufre” que se debe erradicar. Es la miseria injusta e inhumana. Pero “existe otra pobreza, libremente elegida, que constituye la primera condición para vencer la miseria”. Es ésta la visión de pobreza y riqueza madurada a partir de la experiencia de la Economía de Comunión en acto desde hace ya 13 años en los 5 continentes, profundizada por el Prof. Luigino Bruni, docente de Economía Política y uno de los responsables del Movimiento para una Economía de Comunión. “Todo lo que soy y lo que tengo me lo han regalado y por lo tanto debe ser donado a su vez” –agregó el Prof Bruni. De allí parte la elección del compartir los “bienes que de este modo se transforman en puentes”.

La EdC es una experiencia de gran actualidad
Lo afirmó Chiara Lubich, porque puede “suscitar una corriente inversa al terrorismo”, contribuyendo, “con tantas otras fuerzas positivas” a esa fraternidad que hace posible la comunión de los bienes, la derrota de las desigualdades sociales. De hecho –prosiguió- “una de las causas más profundas del terrorismo está en el terrible desequilibrio existente entre Países ricos y Países pobres” que “genera hostilidad y venganza”.

La primera idea de la Economía de Comunión: sanar el contraste entre ricos y pobres
En su intervención en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo, ante más de 700 economistas, investigadores, empresarios, trabajadores, estudiantes, accionistas de 30 Países, de India a los Estados Unidos, a Europa del Este y del Oeste, la fundadora de los Focolares, recordó la primera idea de la Economía de Comunión, nacida en 1991, con ocasión de un viaje a Brasil, precisamente sobrevolando la ciudad de San Pablo, “impresionada por el contraste entre la selva de rascacielos y la miseria de las favelas que la rodean”. A partir de allí nace el reto lanzado a las empresas: producir utilidades en beneficio de los más necesitados. Destinarlos, en parte para la formación de hombres nuevos, aptos para esta nueva economía, y en parte para el incremento de la misma empresa.

El balance de 13 años de EdC
Poco antes se había presentado, mediante varias voces, el balance de estos 13 años: las empresas y las actividades productivas administradas según este proyecto son 800 en todos los continentes, 470 en Europa, 270 en la Américas.

Un Movimiento económico
Chiara Lubich alentó el desarrollo de un verdadero movimiento económico que pueda expresarse también en términos culturales y científicos. En estos años los seminarios académicos, las publicaciones, las tesis de graduación (166 en el mundo) “ya existe –dijo- un inicio prometedor”.

Como subrayó el prof. Bruni, “sin una cultura nueva no se hace una economía nueva”: “en la EdC –dijo- entrevemos la posibilidad concreta de un nuevo humanismo; divisamos el camino para un nuevo orden económico más justo y solidario”.

Una nueva visión del trabajo
En esta visión también el trabajo asume otra dimensión. Reflejándose en el Evangelio, Chiara Lubich ha delineado casi un decálogo: “hacer de cada hora una obra de arte de precisión, de armonía”. “Aprovechar los propios talentos y perfeccionarse”. Trabajar “no sólo por la ganancia”, sino para “transformar en amor cada cosa que sale de nuestras manos”: “los destinatarios son los hermanos”. Jesús mismo considera hecho a sí lo que les hacemos a ellos. “El peso del trabajo, las dificultades de relación, las contradicciones son la típica penitencia que no le puede faltar al cristiano”. En el primer lugar entre el patrono y los trabajadores, debe estar “ese amor recíproco que atrae la presencia de Jesús en la colectividad”, y se convierte en luz para “encontrar juntos nuevas formas de organización del trabajo, de participación, de administración”. Las “empresas se convertirán así en la morada de Dios entre los hombres, verdaderas antecámaras del Paraíso”. El prolongado aplauso expresaba la adhesión a esta altísima propuesta.

Las experiencias de varios Países, que siguieron en la tarde, presentaron ese rostro nuevo de la empresa.

Atravesar los confines de la propia Iglesia

Atravesar los confines de la propia Iglesia

  Después del Concilio Vaticano II se multiplicaron también en las parroquias las relaciones ecuménicas entre comunidades de varias Iglesias.  Reseñamos la experiencia de la parroquia Santa Isabel de Hungría, en Plátanos, una localidad de 10.000 habitantes en el sur de la ciudad de Buenos Aires (Argentina).

Una comunidad viva –  Durante los años ’70 la población de Plátanos crece rápidamente por el gran flujo migratorio de las provincias del interior de Argentina.  La parroquia de Santa Isabel es un mosaico de personas de diferentes orígenes: italianas, españolas, holandesas, yugoslavas y húngaras, y allí se conforma una comunidad viva, abierta al intercambio de ideas, al compartir, a la comunión con todos.   Alrededor del párroco, un sacerdote italiano unido al Movimiento de los Focolares, nace muy pronto un grupo de personas, animadas por la espiritualidad de la unidad, que se comprometen a vivir el Evangelio.  Se encuentran periódicamente para comunicarse la «Palabra de vida» y se cuentan las experiencias vividas, para ayudarse en el camino espiritual.  Se crea así la familia con un nuevo estilo de vida que, poco a poco, se difunde en toda la parroquia y en los distintos vecindarios.  Involucra las realidades eclesiales presentes como el Camino Neocatecumenal, el Colegio de Hermanas Húngaras, y abre el diálogo con cristianos de varias Iglesias.

Santa Isabel de Hungría. PlátanosRelaciones ecuménicas cada vez más profundas – Lo que ha favorecido el nacimiento de relaciones fraternas entre miembros de varias Iglesias ha sido el contacto con personas de la Iglesia Reformada.  El párroco siente la necesidad de ponerse en contacto con el pastor reformado e inicia entre las dos comunidades una relación se que vuelve cada vez más profunda.

Con el tiempo han nacido varias actividades ecuménicas desarrolladas de acuerdo con los responsables de las respectivas Iglesias: cursos bíblicos en los que participan miembros de varias denominaciones, un coro ecuménico de 50 personas para ocasiones especiales, momentos vividos juntos durante los aniversarios y las fiestas más importantes.

Cada año, por ejemplo, algunos días antes de Navidad, para hacer sentir a tantos que no frecuentan la Iglesia la atmósfera del nacimiento de Jesús, se pensó en organizar juntos, católicos y miembros de la Iglesia reformada, una procesión a lo largo de las calles de la urbanización, con cantos y música hechos sobre todo por jóvenes y niños, saliendo de la parroquia católica para encontrarse para la conclusión en el templo de la Iglesia reformada.

El Vía Crucis del Viernes Santo se desarrolla a lo largo de las calles de la pequeña ciudad y algunas familias preparan las estaciones en sus casas.  Un año se propuso que la procesión se detuviera, para una estación, en la casa de una familia de la Iglesia Pentecostal quien acogió con alegre sorpresa este privilegio.  El día de Pascua una joven señora acercándose al párroco le agradeció de corazón.  Su madre había roto relaciones con ella y su marido desde cuando se había convertido a la Iglesia Pentecostal.  Después del Vía Crucis del Viernes Santo, los invitó a almorzar, y les pidió disculpas diciendo que se había dado cuenta de que los católicos no son como ella creía.

Informado de las cordiales relaciones que habían nacido en esa parroquia, el Obispo Católico de la diócesis fue a visitar la comunidad reformada.  Fue un encuentro verdaderamente importante:  «Es la primera vez -reveló feliz una señora- que un obispo católico entra en un templo reformado».  Y cuál no fue la sorpresa de los médicos del lugar al encontrarse ante un pastor protestante necesitado de atención, acompañado por un sacerdote católico, y después al constatar cómo el pastor había sido objeto de tantas atenciones por parte de los católicos.

Como respuesta a las urgencias sociales de la zona, la comunidad parroquial se sintió interpelada también por la difícil situación social del territorio.  Para responder a las necesidades más urgentes fundaron, desde hace algunos años, la «Casa del Niño de Lourdes».  Todos los días unos ochenta niños, de los tres a los quince años, la mitad de los cuales provenientes de familias de diversas Iglesias, reciben alimentación, desarrollan actividades educativas, deportivas, recreativas.  Se puede palpar el amor de Dios que interviene con tanta providencia.  Los niños junto con los educadores de la Casa viven una palabra del Evangelio y rezan juntos.  La unidad que se crea va más allá de las diversidades eclesiales, culturales e históricas.

 

Jornada de la Interdependencia. «Las personas, los pueblos, los Estados por un mundo unido”

Jornada de la Interdependencia. «Las personas, los pueblos, los Estados por un mundo unido”

 

Ante el riesgo de un conflicto entre las civilizaciones, se abre camino la idea de la interdependencia positiva como clave para afrontar el gran reto del “saber vivir juntos” que presenta la sociedad postglobal. Con el fin de superar la visión de una interdependencia sólo económica, de los mercados y las finanzas, se presenta la interdependencia positiva entre las personas, los pueblos y los Estados, en vista de un futuro de paz, de diálogo, de justicia social y de fraternidad universal. La iniciativa El 11 y 12 de septiembre, se celebra en Roma la Segunda Jornada de la Interdependencia. La primera tuvo lugar el 12 de septiembre de 2003 en Filadelfia, por iniciativa de Benjamín Barber, profesor de la Universidad de Maryland (USA) y fundador de la Asociación Civ-World. La elección de la fecha no es casual, tratándose del día después del 11 de septiembre en el que se recuerdan los ataques terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono. En el proyecto del Civ-World dicha fecha pareció la más apropiada por hacer referencia a la nueva realidad interdependiente que estos ataques expresaron tan duramente. El significado de la iniciativa es el de subrayar la interdependencia positiva, como clave para afrontar el gran reto del “saber vivir juntos”, como un valor necesario para la convivencia pacífica entre los hombres, que se ha de aplicar en la política y a favor del cual hemos de comprometernos culturalmente. La interdependencia es la condición global en la cual hoy cada uno de nosotros, individualmente o como grupo, vive, trabaja, respira, piensa y tomar conciencia de ello acelera el camino positivo de la humanidad. Ante una interdependencia negativa organizada por el crimen o por el terrorismo; o una interdependencia sólo económica, de los mercados y de las finanzas, que no es capaz de evitar el riesgo del conflicto entre civilizaciones, la búsqueda de una interdependencia positiva entre los pueblos y las naciones contribuirá a la maduración de una cultura de la paz, del diálogo, de la solidaridad, y de la fraternidad universal. El objetivo del evento es promover también en Italia y en Europa la idea de la interdependencia positiva entre las personas, los pueblos y los Estados, colaborando para identificar acciones comunes locales, nacionales, europeas y transnacionales. Los promotores, junto con la Alcaldía de Roma y al Movimiento Civ-World del prof. Barber, son: la “Asociación Católica de Trabajadores Italianos (ACLI), Legambiente, el Movimiento Político de la Unidad – Movimiento de los Focolares y la Comunidad de San Egidio. Realidades muy diversas que se han unido para responder juntas y adecuadamente, cada una según sus características específicas, a la necesidad de formar un “ciudadano global”, que con sus virtudes cívicas tenga la capacidad de construir una “sociedad civil global”, capaz de establecer una verdadera y mutua reciprocidad y un verdadero diálogo entre culturas y pueblos diferentes. El programa se subdivide esencialmente en dos partes: � una noche de conmemoración de las víctimas del terrorismo y de toda guerra, en la que se dará espacio en especial al diálogo entre las grandes religiones monoteístas (Plaza del Campidoglio); � una mañana de profundización en el concepto de interdependencia, confiado a testigos de relieve internacional y de distintas extracciones culturales (“Auditorium de Roma”).

La fraternidad en política: ¿utopía o necesidad?

En 1998, con ocasión del 150� aniversario de la Constitución suiza, fui invitada por la Comisión “Una visión para Suiza”, para exponer justamente aquí, en Berna, durante la jornada federal de reflexión. Para mí, siendo italiana y por lo tanto extranjera en este país, fue un honor poder dirigirme a una asamblea tan calificada y representativa de toda Suiza. Lo hice con una alegría especial, porque desde hace decenios aprecio y considero esta tierra como mi segunda patria. Y hoy también siento una alegría particular al dirigirme a ustedes que están comprometidos en política a distintos niveles. Agradezco de modo especial al grupo de políticos de la región del Vallese, que después de haber promovido el año pasado una jornada muy exitosa en Martigny, a la que siguieron varios encuentros a nivel local, ahora han querido aprovechar esta sesión de las Cámaras federales para organizar este encuentro. El título que me propusieron para el tema es: “La fraternidad en política: �utopía o necesidad?” Abrigo la esperanza de que con la presente intervención pueda demostrar la necesidad de la fraternidad y la posibilidad de realizarla. El tríptico: libertad, igualdad, fraternidad, que es casi una síntesis del programa político de la modernidad, expresa una intuición profunda y nos exige una aguda reflexión: �a qué punto estamos en la realización de este gran anhelo? La Revolución francesa anunció los tres principios, pero ciertamente no los ha inventado: ellos ya habían comenzado su fatigoso camino a través de los siglos, sobre todo a partir del anuncio cristiano, que ha iluminado lo mejor de las tradiciones antiguas de los diversos pueblos y el patrimonio de la revelación judía, produciendo una auténtica revolución: el nuevo humanismo, abierto por Cristo, que permitió al hombre vivir plenamente estos principios. Desde aquel anuncio, a lo largo del tiempo, se fueron manifestando sus riquezas en las obras de los hombres. Libertad e igualdad han marcado profundamente la historia política de los pueblos, llegando a expresar frutos de civilización y creando las condiciones para la progresiva expresión de la dignidad de la persona humana. La libertad y la igualdad se convirtieron en principios jurídicos y son aplicados cotidianamente como verdaderas y propias categorías políticas. Pero la afirmación exclusiva de la libertad, como bien sabemos, puede transformarse en el privilegio del más fuerte, mientras que la igualdad, y la historia lo confirma, puede traducirse en un colectivismo que masifica. Por otra parte, muchos pueblos en realidad todavía no se benefician con los contenidos de la libertad y la igualdad… �Cómo hacer, entonces, para que su puesta en práctica produzca frutos maduros? �Cómo volver a encauzar la historia de nuestros países y de toda la humanidad hacia ese destino que le pertenece? Nosotros creemos que la clave se encuentra en la fraternidad universal, en darle el justo lugar entre las categorías políticas fundamentales. Solamente si se viven uno a la par del otro, los tres principios podrán dar origen a una política adecuada a las exigencias de hoy. Pocas veces como en este tiempo nuestro planeta ha sido y es atravesado por la desconfianza, por el temor, incluso por el terror: basta recordar el 11 de setiembre del 2001 e, incluso más cerca, el 11 de marzo del 2004, sin olvidar los cientos de atentados que en estos últimos años han nutrido la crónica cotidiana. El terrorismo: una calamidad tan grave como -por lo menos- las decenas de guerras que siguen ensangrentando nuestro planeta. �Y cuáles son sus causas? Muchas. Pero no se puede dejar de reconocer que una de las más profundas es el desequilibrio económico y social que existe en el mundo entre los países ricos y los países pobres. Desequilibrio que genera resentimiento, hostilidad, venganza, favoreciendo de este modo el fundamentalismo que germina más fácilmente en un terreno semejante. Ahora bien: si las cosas están así, para que el terrorismo se apague y desaparezca, la guerra ciertamente no es una respuesta, es necesario buscar los caminos del diálogo, caminos políticos y diplomáticos. Pero tampoco es suficiente; hace falta generar más solidaridad en el mundo, y una comunión de bienes más equilibrada. Sin dejar de lado que son aún más numerosos los temas candentes que interpelan la política, tanto en la dimensión nacional como en la internacional. Incluso en el mundo occidental el modelo mismo de desarrollo económico está indudablemente en crisis, una crisis que exige no solamente algunos ajustes, sino un replanteo global para superar la recesión en curso. El avance irrefrenable de la investigación científica no puede continuar sin que se garanticen la integridad y la salud de la especie humana y de todo el ecosistema. El reconocimiento de la función esencial de los medios de comunicación en el mundo moderno debe encontrar reglas eficaces frente a las exigencias específicas de promoción de los valores y la defensa de las personas, de los grupos y de los pueblos. Otra cuestión fundamental surge de la necesidad de defender y valorizar la riqueza que se origina por las distintas proveniencias étnicas, religiosas, culturales, incluso en el horizonte de los irreversibles procesos de la globalización en acto. Estos desafíos, que se nos presentan como algunos de los más grandes de la actualidad, reclaman con insistencia la idea y la práctica de la fraternidad, y teniendo en cuenta la vastedad del problema, de una fraternidad universal. La fraternidad universal está presente en los espíritus grandes. El Mahatma Gandhi decía: “La regla de oro es ser amigos del mundo y considerar ‘una’ a toda la familia humana» . Y a propósito de cuanto sucedió el 11 de setiembre del 2001, el Dalai Lama escribía a los suyos: “Para nosotros las razones ( de esos sucesos) son evidentes (…) No tenemos presente las verdades humanas más básicas (…) Todos somos uno. Este es un mensaje que la raza humana no tuvo en cuenta. El olvido de esta verdad es la única causa del odio y de la guerra”. Sin olvidar al santo suizo Nicolás de Flue, profeta y constructor de paz, quien para realizarla afirmaba que los conflictos se pueden resolver con éxito solamente en el pleno y total respeto recíproco. Es decir, con la fraternidad vivida hasta la obediencia recíproca. Pero quien ha traído la fraternidad como un don esencial para la humanidad fue Jesús, que antes de morir oró así: “Padre, que todos sean uno” (cf. Jn 17,21). Al revelar que Dios es Padre y que por eso los hombres somos todos hermanos, derribó los muros que separan a los “iguales” de los “diferentes”, a los amigos de los enemigos. La fraternidad, por lo tanto, es un ideal que hay que afirmar, es un ideal de hoy. �Pero existen signos de fraternidad en las actuales vicisitudes de los pueblos? A lo largo de los años, habiendo experimentado muchas veces, en mi vida y en la de los demás, la acción providencial de Dios, y habiendo podido conocer directamente muchos pueblos, he aprendido a descubrir los pasos hacia adelante que señalan el progreso de la humanidad, hasta poder afirmar que su historia es un lento pero irrefrenable camino hacia la fraternidad universal. Los hechos están delante de nosotros, debemos saber interpretarlos. La tensión del mundo hacia la unidad nunca ha sido tan viva y reconocible como hoy. Son signos las Uniones de Estados y los procesos de integración económica y política que con creciente intensidad se van realizando a nivel continental o por áreas geo-políticas; la función de los organismos internacionales, en especial de las Naciones Unidas, que vuelve a ser determinante para conocer, afrontar y gestionar las principales cuestiones que atañen a la vida de los pueblos y de los países; el desarrollo de un diálogo a 360�, cada vez más difundido y más fecundo, entre todo tipo de personas; el crecimiento de movimientos sociales, culturales y religiosos, que se presentan como los nuevos protagonistas de las relaciones internacionales y tienden a objetivos de dimensión mundial. Para darle al mundo la fraternidad que genera una unidad espiritual, garantía de la unidad política, económica, etc., no faltan los instrumentos. Basta saber reconocerlos. Uno, cuya eficacia todavía no ha sido descubierta, es la aparición en el mundo cristiano, después de las primeras décadas del ‘900, de decenas y decenas de Movimientos, que como una especie de red unen a los pueblos, a las culturas y a las diversidades: son casi un signo de que el mundo podría convertirse en una casa de las naciones, porque ya lo es a través de estas realidades, si bien todavía a nivel de laboratorio. Son Movimientos que no nacieron de proyectos humanos, sino de carismas del Espíritu de Dios, quien conoce mejor que cualquier hombre o mujer de la tierra los problemas de nuestro planeta y está deseoso de ayudar a resolverlos. Estos Movimientos, al ser fundados o estar compuestos preferentemente por laicos, son vehículo de un interés sentido y profundo por las vicisitudes humanas, con manifestaciones en el campo civil, donde ofrecen realizaciones concretas en política, en economía, etc. Y los Movimientos son muchos y espléndidos; surgieron en la Iglesia católica, reformada, anglicana, evangélica, ortodoxa, etc. Una característica que poseen es la presencia de muchísimos jóvenes, como una garantía del futuro, ya que al estar menos condicionados que los adultos por experiencias negativas del pasado, saben creer con mayor entusiasmo en ideales verdaderos y en los más grandes. Estos Movimientos se hicieron conocer el 8 de mayo pasado en Stuttgart (Alemania) en una Jornada muy lograda organizada por ellos, que fue transmitida via satélite en nuestro continente y en otros, cuyo título era “Juntos por Europa”. Ofrecieron su contribución para realizar, junto a la Europa política o económica o del euro, la Europa del espíritu, tratando de darle un alma a Europa, que también ayude a garantizar mejor su propia multiplicidad y cohesión. Para dar un ejemplo de estos Movimientos quisiera exponerles las líneas principales del que conozco mejor, porque estoy relacionada con él: el Movimiento de los Focolares, cuyo objetivo es, justamente, la unidad y la fraternidad universal. Nació durante la segunda guerra mundial, bajo los bombardeos, en Trento, al norte de Italia, cuando junto con las casas se derrumbaban todos los proyectos de vida, también los nuestros, las esperanzas, las seguridades. Mientras todo se destruía, en nuestros corazones, de primeras jóvenes focolarinas, afloraba con una fuerza hasta ese momento desconocida, una sola verdad: Dios es el único ideal que no se derrumba; Dios, que se nos revelaba por aquello que es: Amor. Y justamente en el ápice del odio y de la división Dios Amor nos sugirió que para amarlo teníamos que amarnos entre nosotras y llevar este amor a todos. Un amor que inmediatamente se extendió a toda la ciudad, y después, a lo largo de los años, a todo el planeta, a 182 naciones. El llamado a la unidad nos hizo privilegiar esos puntos de la tierra donde era más fuerte la división, y se fueron delimitando algunos lugares específicos de diálogo y de participación: en primer lugar en el interior de las Iglesias, donde el Movimiento contribuye para que haya cada vez más comunión; entre los cristianos de distintas denominaciones; con los fieles de las grandes religiones, con numerosas experiencias de “diálogo de la vida” respetuoso y profundo, premisa para la paz. Y por último, un diálogo entretejido con la activa colaboración de quienes no tienen una específica referencia religiosa. El Movimiento de los Focolares, además, es fundamentalmente religioso, pero desde sus comienzos y durante estos años, prestó una atención especial a todos los ámbitos de la sociedad, incluso al mundo político, hasta ver nacer desde su seno en Nápoles, en 1996, el “Movimiento político por la Unidad”, que ahora se está difundiendo y organizando en todo el planeta. De su origen y su desarrollo pude exponer varias veces, entre otros a parlamentarios de varias naciones europeas y del exterior en Estrasburgo, en el Centro Europeo de Madrid y en la ONU. Como expresión política del Movimiento de los Focolares, este Movimiento tiene como finalidad ayudar a las personas y a grupos comprometidos en política a redescubrir los valores profundos, eternos del hombre; a poner la fraternidad como base de su vida, y sólo después comenzar la acción política. Como consecuencia, en la actividad política el amor interpersonal se transforma en la posibilidad de un amor más grande, el amor a la polis. Un amor que al adquirir la dimensión política no pierde sus características, es decir: el compromiso de toda la persona, con su inteligencia y su voluntad, para llegar a todos; la intuición y la fantasía para dar el primer paso; el realismo de ponerse en la piel del otro, con la capacidad de donarse sin intereses personales y de abrir nuevos caminos, incluso cuando los límites humanos y los fracasos parecieran cerrarlos. No se trata de un nuevo partido, ni se quiere confundir religión y política, como ha sucedido y sucede en los integralismos de cristianos e incluso de no cristianos. Pueden formar parte del Movimiento político por la unidad políticos de todos los niveles, administradores, parlamentarios, militantes de partidos de distintas extracciones, que sienten el deber de actuar junto al verdadero titular de la soberanía, el ciudadano; ciudadanos que quieren hacer su parte como sujetos políticos activos; de modo especial los jóvenes, que en todas partes, como aquí en Suiza, saben comprometerse admirablemente y con pasión, como estudiantes de politología, por ej., que quieren ofrecer su contribución de capacidad y de investigación; funcionarios de la Administración Pública, concientes de su función específica. Lo que proponemos y tratamos de testimoniar juntos es un estilo de vida que le permita a la política alcanzar sus fines de la mejor manera: el bien común en la unidad del cuerpo social. Es más, quisiéramos proponer a todos los que actúan en política la formulación de una especie de pacto de fraternidad para con sus países, que garantice su bien por encima de los intereses parciales, sean estos individuales, de grupo, de clase o de partido. Porque la fraternidad ofrece posibilidades sorprendentes: permite mantener unidas y valorar exigencias que en otro caso corren el riesgo de transformarse en conflictos crónicos. Armoniza, por ejemplo, las experiencias de las autonomías locales con el sentido de la historia común; afianza la conciencia de la importancia de los organismos internacionales y de todos esos procesos que tienden a superar las barreras y consolidan etapas importantes para la unidad de la familia humana. La fraternidad, en efecto, puede hacer florecer proyectos y acciones en el complejo tejido político, económico, cultural y social de nuestro mundo. La fraternidad saca del aislamiento y pude abrir la puerta del desarrollo a pueblos que todavía están excluidos. La fraternidad indica cómo resolver pacíficamente las contiendas y puede relegar la guerra a los libros de historia. Por la fraternidad vivida es posible soñar e incluso tener esperanzas en una especie de comunión de bienes entre países ricos y pobres. La profunda necesidad de paz que hoy manifiesta la humanidad dice que la fraternidad no es sólo un valor, no es sólo un método, sino el paradigma global del desarrollo político. Es por esto que un mundo que de hecho es cada vez más interdependiente tiene necesidad de políticos, de empresarios, de intelectuales, de artistas, que consideren la fraternidad – instrumento de unidad – el centro de su actividad y de su pensamiento. El sueño de Martín Luther King era que la fraternidad se convirtiera en el orden del día de un hombre de negocios y en la palabra de orden del hombre de gobierno. Los políticos del “Movimiento político por la unidad” quieren hacer de este sueño una realidad. Pero esto puede realizarse solamente si en la actividad política no se olvida la dimensión espiritual, por lo menos la fe en los valores profundos que deben regular la vida social. También de esto estaba convencido Nicolás de Flue, que tanto hizo por la vida política de esta nación. Estaba siempre informado de todo. En su celda, una ventana daba al exterior, hacia los hombres, y otra hacia adentro, hacia el altar de la capilla. El diputado Igino Giordani, parlamentario italiano y cofundador de nuestro Movimiento, hoy siervo de Dios, con su estilo inconfundible escribió: “Cuando se atraviesa el umbral de casa para sumergirse en el mundo, la fe no se cuelga de un clavo detrás de la puerta, como una gorra ajada”. Un día me pareció comprender qué quería decir la política como amor. Si pensáramos un color para cada actividad humana, para la economía, la sanidad, las comunicaciones, el arte, el trabajo, la cultura, la administración de la justicia… la política no tendría un color, sería el fondo: el negro, que pone de relieve a los otros colores. Por eso la política debe buscar continuamente una relación con todos los ámbitos de la vida, para establecer las condiciones mediante las cuales la sociedad misma, con todas sus expresiones, pueda realizar plenamente su designio. Es claro que en esta tensión continua al diálogo, la política tiene el deber de reservarse algunos espacios específicos: establecer prioridades con un programa adecuado, preferir a los últimos, buscar siempre y en todas partes la participación, que quiere decir diálogo, mediación, responsabilidad y concreción. Para los políticos de quienes estoy hablando, la elección del compromiso político es un acto de amor con el cual cada uno responde a una auténtica vocación, a una llamada personal. Quien es creyente advierte que es Dios quien lo llama a través de las circunstancias; el no creyente responde a una llamada humana, a una necesidad social, a un problema de su ciudad, a los sufrimientos de su pueblo que encuentran eco en su conciencia; y unos y otros encuentran su morada en el «Movimiento político por la unidad». Pero ambos siempre ponen amor en su acción. Un amor que es fuente de luz, que hace ver la posibilidad de grandes resultados, que sustituye con el valor, con un nuevo coraje, ese temor aplastante y que inmoviliza, que a menudo está presente en el mundo político. Los políticos de la unidad toman conciencia de que la política es amor desde su raíz; por eso comprenden que también los otros, algunas veces denominados adversarios políticos, pueden haber hecho su propia elección por amor. Se dan cuenta de que cada formación política, cada opción, puede ser la respuesta a una necesidad social, y por lo tanto hace falta para la composición del bien común. Por eso se interesan por las actividades de los otros y por los principios que postulan como de los propios, y la crítica se vuelve constructiva. Tratan de vivir la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del país necesita de la obra de todos. Éste, a grandes rasgos, es el ideal del “Movimiento político por la unidad”, y ésta – me parece – es la política que vale la pena vivir; una política capaz de reconocer y servir el designio de la propia comunidad, de la propia ciudad y nación, hasta el de toda la humanidad, porque la fraternidad es el designio de Dios sobre la entera familia humana. Ésta es la verdadera, autorizada política que cada país necesita; en efecto, el poder confiere la fuerza, pero es el amor el que da autoridad. Ésta es la política que construye obras que perdurarán. Las generaciones futuras no estarán agradecidas a los políticos porque han conservado el poder, sino por el modo como lo han gestionado. Ésta es la política que el “Movimiento político por la unidad” con la ayuda de Dios desea generar y sostener. Entonces, �cuál es mi deseo para ustedes, políticos de esta espléndida Suiza? Que este pueblo, y en especial sus representantes, ricos de su noble historia de democracia, encuentren en la fraternidad el vigor necesario para continuar con una eficacia aún más grande su camino, y para dar una contribución protagónica a la historia de unidad de la familia humana. Nosotros, por nuestra parte, nos comprometemos a no dejarlos solos, poniendo a vuestra disposición el carisma de la unidad ofrecido por el cielo para toda la humanidad. Gracias por vuestra atención.

La fraternidad en la política: para devolver la historia al camino de la paz

La fraternidad en la política: para devolver la historia al camino de la paz

ANSA, 4 sept. – La fraternidad en la política. “Es la llave para volver a poner en camino la historia de nuestros Países y de la humanidad”. Dijo Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en Berna, ante 450 políticos suizos y jóvenes reunidos en el Palacio de los Congresos para reflexionar sobre el interrogante: “Fraternidad en la política: �utopía o realidad?”, promovido por un grupo de políticos suizos del Movimiento Político de la Unidad. La fraternidad en la política no es sólo necesaria, sino urgente Sobre el fondo de la trágica epidemia del terrorismo, la fraternidad, propuesta como una “categoría política fundamental” se presenta no sólo como necesaria, sino urgente. “La fraternidad en la política no puede ser más actual, ante el terror, la muerte y la violencia”. Afirmó en la inauguración del Congreso la Canciller de la Confederación, la señora Annemarie Huber Holz. Suiza ante una profunda crisis de transformación La fraternidad es más que necesaria también para la vida misma de Suiza, definida por la Concejal Nacional Chiara Simoneschi «como algo especial», ya que es una Nación que no nace de una cultura y un idioma común, sino de la voluntad de estar juntos. “El País –agregó- está atravesando en estos momentos por una profunda crisis, sometida al reto de la construcción europea, de un nuevo equilibrio geopolítico mundial, del fenómeno de la migración, de la larga recesión económica”. La Concejal Simoneschi habló de temores e incertidumbre, de divisiones y contraposiciones. Y de allí el motivo de la invitación a Chiara Lubich. Un horizonte con amplio respiro La fundadora de los Focolares abrió un horizonte con amplio respiro. En ella se siente vivo el drama del terrorismo: “Aflojar y callar –dijo con fuerza- no es ciertamente una respuesta ante la violencia”. Es necesario ir “a las causas de los desequilibrios económicos y sociales que generan el resentimiento, la hostilidad, la venganza”. “Es necesario buscar las vías del diálogo, las vías políticas y diplomáticas”. Urge una política cuya sustancia sea la fraternidad. Fraternidad que definió “no sólo como un valor, ni sólo como un método, sino como un paradigma global de desarrollo político”. Una fraternidad que es posible “sólo si no se olvida la dimensión espiritual”, los valores profundos inspirados en el amor. “Ese amor que es fuente de luz –dijo- que hace ver la posibilidad de grandes resultados y que sustituye ese temor aplastante que a menudo atraviesa el mundo político”. Amar el partido del otro como el propio Luz que hace ver “en toda opción política la respuesta a una necesidad social y por lo tanto pone en práctica la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del País tiene necesidad del trabajo de todos”. “Donde la crítica se vuelve constructiva”. Ésta es “la verdadera política autorizada de la que el País tiene necesidad”. La fraternidad en la política, no sólo es necesaria, sino posible La intervención de Chiara Lubich fue seguida por una serie de voces de políticos suizos e italianos adherentes al Movimiento Político de la unidad, nacido en 1996 y difundido en varios Países, quienes dieron testimonio de que la fraternidad en la política no sólo es necesaria, sino posible. En la tarde, tuvo lugar un vivaz intercambio entre los políticos y los jóvenes.

septiembre 2004

Llama la atención este pedido tan exigente y radical. No se dirige sólo a una categoría particular de personas, como los misioneros, los religiosos, que tienen que estar libres para ir a cualquier parte a anunciar el Evangelio. Tampoco es para momentos excepcionales, como los tiempos de persecución, cuando al discípulo no sólo se le pide que deje los bienes, sino que entregue la vida misma por permanecer fiel a Dios. Jesús dirige estas palabras a todos. Todos, por lo tanto, podemos responder.
Es una de las condiciones para seguir a Jesús, sobre la cual Lucas insiste en el Evangelio: “Vendan sus bienes y denlos como limosna… Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”; “Ningún servidor puede servir a dos señores… No se puede servir a Dios y al Dinero”; “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios”.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

¿Por qué Jesús insiste tanto sobre el desapego de los bienes, hasta convertirlo en una condición indispensable para poder seguirlo? ¡Porque la primera riqueza de nuestra existencia, el verdadero tesoro es él! Por eso invita a dejar de lado todos esos ídolos –los “haberes”– que pueden ocupar el lugar de Dios en nosotros.
Jesús nos quiere libres, con el alma desocupada de todo apego y de toda preocupación, para que podamos amar verdaderamente con todo el corazón, la mente y las fuerzas. Los bienes son necesarios para vivir, pero deben ser usados con el mayor desprendimiento. Tenemos que estar dispuestos a dejar de lado cualquier cosa, si llegara a ocupar el primer lugar en nuestro corazón. En el que sigue a Jesús no hay espacio para la avaricia, la complacencia en las riquezas, la búsqueda excesiva de comodidades y seguridades.
Nos pide que renunciemos a los haberes también porque quiere que nos abramos a los demás, que demos cabida y amemos al prójimo como a nosotros mismos: la renuncia a los propios bienes es en beneficio del prójimo. En el discípulo de Jesús no caben la codicia, ni el encierro ante el pobre.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

¿Cómo vivir, entonces, esta “Palabra de vida”? El modo más simple de “renunciar” es “dar”. Dar a Dios amándolo, ofreciéndole nuestra vida para que la use como quiera, preparados para hacer siempre su voluntad. Luego, para demostrarle ese amor, amemos a nuestros hermanos y hermanas, dispuestos a jugarnos a fondo por ellos.
Aunque no nos parezca, tenemos muchas riquezas para poner en común: tenemos afecto en el corazón que podemos dar, cordialidad que podemos expresar, alegría que comunicar; tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores para compartir; a veces tenemos cosas: libros, ropa, medios de transporte, dinero…
Demos sin pensarlo demasiado: “Pero esto me puede servir en tal o cual ocasión…”. Todo puede ser útil pero, mientras tanto, al seguir esas sugerencias, se infiltran en nuestro corazón muchos apegos y se crean siempre exigencias nuevas. No, tratemos de quedarnos solamente con lo que nos hace falta. Tengamos cuidado de no perder a Jesús por una suma guardada, por algo de lo que podríamos prescindir.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

Por un “todo” que se pierde, hay un “todo” que se encuentra, muchísimo más valioso. Y, creámoslo, quien se beneficiará seremos justamente nosotros, porque en lugar de lo poco o mucho que hemos dado, tendremos como recompensa la plenitud de la alegría y de la comunión con Dios. Nos convertiremos en verdaderos discípulos.
Si el dar un vaso de agua tendrá su recompensa, ¿qué recompensa tendrá quien da todo lo que puede por Dios en el hermano y en la hermana? Da fe de ello uno de los tantos episodios de los que continuamente me informan muchos de los que viven con nosotros la “Palabra de vida”.
Un padre de familia de Caracas, Venezuela, se quedó sin trabajo. Dos semanas más tarde se enfermó gravemente. En esos mismos días, le robaron el auto. Para él y su familia eran momentos muy difíciles. A ello se sumó que, al poco tiempo, deberían dejar el departamento porque no podían pagar el alquiler.
Al mismo tiempo, un amigo de ellos, también pobre, advirtió interiormente el impulso de responder de una manera más plena al amor de Dios, y de vivir la Palabra según el ejemplo de los primeros cristianos, que ponían todo en común.
Esa noche confió ese deseo a su esposa y juntos decidieron ceder parte de su casa a aquella familia. Su propia pobreza no podía ser un motivo para dejarlos en la calle. La casa, sin embargo, todavía no está terminada… Al día siguiente llegó, inesperadamente, una ayuda económica para terminar de construir la parte de la casa que faltaba.

Chiara Lubich

Nuevos Horizontes de la Economía de Comunión

Nuevos Horizontes de la Economía de Comunión

Nunca como en estos últimos años se advierte la fragilidad y la incapacidad de sostenerse del actual sistema económico: desde la quiebra financiera de grandes empresas a la crisis energética, todo dice que la economía, así como la hemos concebido en los últimos dos siglos está gravemente enferma. Al mismo tiempo, nunca como en estos años la sociedad civil expresa un florecimiento de nuevas formas de economía social: comercio equitativo, ética financiera, consumo crítico. Un fenómeno que hace entrever la posibilidad de una economía y de y de un desarrollo sostenibles. En este contexto se sitúa la Economía de comunión: El congreso internacional que tuvo lugar en Castelgandolfo del 10 al 12 de septiembre, presentó un balance sobre los resultados alcanzados después de más de una década de experimentación a escala internacional, y la perspectiva de nuevos horizontes. El congreso presentó las experiencias más significativas sobre las ganancias compartidas por las empresas con los pobres; las tesis de graduación, 130, presentadas en Universidades de varios Países; los polígonos empresariales surgidos en América Latina y el naciente en Italia. De hecho, estas son algunas de las realizaciones del proyecto de la Economía de Comunión, lanzado por Chiara Lubich en Brasil en 1991, para responder al grave desequilibrio entre ricos y pobres. Uno de los temas más importantes ha sido: “Pobreza y desarrollo en la perspectiva de la comunión”. La misma fundadora de los Focolares presentó el tema central: “Nuevos horizontes de la Economía de Comunión”. Otra novedad característica del Congreso ha sido el diálogo entre las distintas formas de economía social actual en otros universos culturales. Se presentaron experiencias de microcrédito inspiradas en la economía gandhiana, otras experiencias innovadoras en el campo económico, originadas en la cultura hindú y jainista. Se propusieron estilos de vida caracterizados por la sobriedad, entre los cuales la experiencia holandesa de la “Economy of enough”. Intervinieron en este diálogo expertos en economía social a nivel internacional, como Michael Noughton y Stefano Zamagni, y otros expertos y empresarios de varios continentes y de distintas disciplinas. “Non sólo economía: para un humanismo de comunión”, fue el título de la última sesión del Congreso que injertó las realizaciones de este proyecto en el cuadro más amplio de un humanismo de comunión al que dan su aporte expertos en otros ámbitos como la ecología, la política y la urbanística.

La fraternidad en la política: utopía o necesidad?

En una época caracterizada por la fragmentación provocada por una creciente polarización en todos los niveles de la administración federal, y por la difundida visión de la política como lucha de poder entre partidos, el Congreso de Berna que tendrá lugar en el Centro de Convenciones de BEA (Bern-expo) el sábado 4 de septiembre de 2004, propondrá otro tipo de lectura del actuar político a la luz de una línea innovadora: la fraternidad universal. Esta iniciativa quiere ofrecer a los políticos suizos nuevos estímulos para su compromiso y favorecer el diálogo entre políticos y jóvenes. El tema principal: “La fraternidad en la política: �utopía o necesidad?” ha sido confiado a Chiara Lubich quien en 1996, en Nápoles, dio inicio al Movimiento político de la unidad, difundido después en varios Países. La fundadora de los Focolares ha ya afrontado el comprometedor argumento en varias sedes políticas en el ámbito internacional, entre las cuales: Londres, Madrid, Bratislava, Brasilia. Inaugurará el encuentro la Canciller federal, Annemarie Huber-Hotz. Presentará a Chiara Lubich la Concejal Nacional del Ticino, Chiara Simoneschi-Cortesi. Seguirá un diálogo entre los participantes y políticos de varios Países que ya han iniciado a experimentar en el campo esta nueva propuesta. En la tarde se le concederá un espacio especial a los jóvenes. La cita de Berna se realiza después del Congreso desarrollado en marzo del 2003 en Martigny, en el Vallese, donde participaron 250 personas comprometidas en la política en varios niveles. A partir de allí ha nacido la iniciativa de esta nueva cita a la que ya han confirmado su participación diputados, miembros de los parlamentos cantonales, alcaldes y numerosos jóvenes. La iniciativa ha sido promovida por: W. Donzé, Concejal Nacional (Frutigen, Berna), por los alcaldes suizos: M. Schwery de St. Léonard (Vallese), R. Lurati de Canobbio (Ticino), M. Wenger de Schaffhausen, S. Pont de Mollens (Vallese), M. Weber, vice-alcalde de Oberägeri (Zugo), por el Presidente y por la delegada del Parlamento de los jóvenes del Vallese*, Laurent Mösching y Krystel Bovy. * El Parlamento de los Jóvenes del Vallese fue creado en 1995. Iniciativas similares han tenido lugar también en otros cantones suizos. Está abierto a jóvenes que viven o estudian en el Vallese, ya sea suizos o extranjeros. En los distintos encuentros se afrontan temas de actualidad que se refieren a la política regional, nacional o internacional.

agosto 2004

En varias ocasiones Jesús comparó el Paraíso a un banquete de bodas, a una reunión de familia en torno a la mesa. En nuestra experiencia humana estos son, en efecto, los momentos más hermosos y serenos. Pero, ¿cuántos entrarán en el Paraíso, cuántos ocuparán su lugar en el “salón del banquete”?
Esa es la pregunta que un día alguien le dirige a Jesús: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”1. Jesús, como hizo en otras ocasiones, fue más allá de la discusión y puso a cada uno frente a la decisión que debe tomar. Lo invita a entrar en la casa de Dios.
Esto, sin embargo, no es fácil. La puerta para entrar es estrecha y permanece abierta por poco tiempo. En efecto, para seguir a Jesús es necesario negarse, renunciar, por lo menos espiritualmente, a sí mismos, a las cosas, a las personas. Hasta es necesario llevar la cruz como lo hizo él. Un camino difícil, es verdad, pero que con su gracia todos podemos recorrer.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Es más fácil tomar por “la puerta ancha y el camino espacioso”, del que Jesús habla en otra parte, pero que puede conducir a la “perdición”2. En nuestro mundo secularizado, saturado de materialismo, consumismo, hedonismo, vanidades, violencia, parece que todo está admitido. Se tiende a satisfacer cualquier exigencia, a ceder a cualquier pacto con tal de alcanzar la felicidad.
Sin embargo, sabemos que la verdadera felicidad se obtiene amando y que la renuncia es la condición necesaria al amor. Hace falta ser podados para dar buenos frutos. Hay que morir a sí mismos para vivir. Esa es la ley de Jesús, su paradoja. La mentalidad corriente nos embiste como un río en crecida y nosotros debemos caminar contra corriente: saber renunciar, por ejemplo, al ansia de poseer, al antagonismo como posición tomada, a la denigración del adversario; pero también realizar con honestidad el propio trabajo, y con generosidad, sin menoscabo de los intereses ajenos; saber discernir lo que se puede ver en televisión y lo que se puede leer, etc.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Para quien se deja estar en una vida fácil y no tiene el coraje de afrontar el camino propuesto por Jesús, se abre un futuro triste. Esto también está en el Evangelio. Jesús nos habla del dolor de los que serán dejados afuera. No bastará con apelar a la propia pertenencia religiosa y contentarse con un cristianismo por tradición. Será inútil decir: “Hemos comido y bebido contigo…”3. Nadie puede dar por descontada su salvación.
Será duro oír que a uno le dicen: “No sé de dónde son ustedes”4. Habrá entonces soledad, desesperación, falta absoluta de relación, la amargura abrasadora de haber tenido la posibilidad de amar y de ya no poder amar más. Un tormento del cual no se ve el final, porque no lo tendrá: “habrá llanto y rechinar de dientes”5.
Jesús nos lo advierte porque quiere nuestro bien. No es que él cierra la puerta, en todo caso seremos nosotros los que nos cerramos a su amor. El respeta nuestra libertad.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Si la puerta ancha conduce a la perdición, la estrecha se abre de par en par sobre la verdadera felicidad. Después de cada invierno llega la primavera. Sí, tenemos que vivir con inmediatez la renuncia que el Evangelio requiere, cargar cada día con la propia cruz. Si la sabemos ofrecer con amor, en unidad con Jesús que ha asumido cada dolor nuestro, probaremos un paraíso anticipado.
Es lo que le sucedió a Roberto cuando se presentó a la audiencia del proceso contra quien, cuatro años antes, había causado la muerte a su padre. Después de la sentencia de condena, el atacante, junto a la esposa y al padre, se veía muy deprimido. “Hubiera querido acercarme a ese hombre, superando el orgullo que me decía que no; hacerle sentir que no me era indiferente”.
La hermana, en cambio, decía: “Son ellos los que tienen que disculparse con nosotros…”. Roberto finalmente la convenció y fueron juntos a ver a la familia “adversaria”: “Si esto puede aliviarlos, sepan que no alimentamos ningún rencor contra ustedes”. Se estrecharon las manos con fuerza. “Me siento invadido por la felicidad: he sabido aprovechar la ocasión de ver el dolor del otro olvidando el mío”.

Chiara Lubich

1) Lc 13, 23;

2) Cf Mt 7, 13;

3) Lc 13, 26;

4) Lc 13, 25;

5) Lc 13, 28.

Roma, Estación Termini: el valor de arriesgar la vida

  Un día fui a Roma para una cita médica con un especialista. Bajando en la Estación Termini un joven emigrante me roba, tres hombres empiezan a perseguirlo: “Es un ladrón, deténganlo!”. La muchedumbre lo detiene, haciéndolo caer al suelo. Los perseguidores empiezan a insultarlo, golpearlo y patearle el estómago. Viendo ese brutal espectáculo, pienso por un momento en mi situación de hipertensa grave, pero enseguida entiendo que en ese momento la vida de ese muchacho era más importante que la mía. No puedo dejar espacio a la mentalidad común y hacer como si nada. La coherencia con el Evangelio exige algo más. Me precipito de carrera, dispersando a todos y dando golpes a la derecha y a la izquierda con mi cartera; me lanzo sobre él haciendole de escudo. El joven grita fuerte que lo salven de sus agresores, los cuales, viendo mi actitud, deciden detenerse. “¿No les da vergüenza tratarlo de ese modo? ¿Qué hizo tan grave para ser tratado así?”, “!Me robó mi cartera!”, responde uno de ellos. El muchacho –tenía 16 años- me dice que robó para comprar un poco de pan para sobrevivir, dado que desde hace dos días no prueba bocado y duerme debajo de los puentes. Mientras tanto llega la policía, y el muchacho empieza a explicar: había escapado de su País hacía dos años. Su familia había sido destruida y sólo él había logrado salvarse escondiéndose en una paca de paja. Después había llegado a Italia, donde unos amigos le habían dicho que había mucho bienestar. Con los policías lo llevamos al hospital. Durante el translado me apreta fuerte la mano y me dice: “Mamá. tú me has salvado la vida. Tú eres mi mamá italiana”. Llega el diagnóstico a la sala de Emergencias: trauma craneal y lesiones en tres costillas. Después de un tiempo una religiosa nos dice que tiene que ser internado, pero que está desprovisto del vestuario necesario para el internamiento. Voy a comprar lo necesario, para que el muchacho pueda ser ingresado. Mientras lo atienden, los policías y las religiosas extienden el reporte médico, me preguntan si yo soy su pariente. Respondo que no. Veo en los ojos de los presentes la perplejidad y la emoción. “¿Por qué hace todo esto?”, me preguntan. Respondo que todos los días trato de amar al hemano, de ver en él el rostro de Jesús, y de no echarme para atrás en las situaciones incómodas. La hermana, con los ojos rojos, me dice que le he dado una buena lección de amor, porque sólo quien vive el Evangelio puede hacer esto, y me anima a proseguir por este camino. Antes de irme intento dejar una cierta cantidad de dinero, de la que disponía, para la cita con el especialista, para las necesidades del muchacho. Pero la hermana me dice que no me preocupe por él: “Usted ya le salvó la vida, ahora yo me encargo de él”. También los policías me agradecen por el gesto, diciendome que había arriesgado mucho. La justicia hace su camino; pero sé que hoy día este muchacho vive en una comunidad católica como vigilante, recomendado por la hermana del hospital. (M.T. – Italia, extraído de Cuando Dios interviene, Experiencias de todo el mundo, Città Nuova, Roma 2004)

Vivir en el amor para morir en el amor

Vivir en el amor para morir en el amor

Vincenzo, el cuarto de los ocho hijos de la familia Folonari, era un niño muy inquieto: en la escuela hacía berrinches, hablaba en lugar de escuchar, algunas veces la maestra lo castigaba, pero a partir del día de su Primera Comunión cambió radicalmente. Un día en la mesa Vincenzo preguntó a sus hermanos: “¿A qué edad les gustaría morir?”. “A mí joven…”, “A mí con 100 años…” Y él: “A mí con 33 años, como Jesús”.

Un ideal por el cual vivir

Algunos años después, en el verano de 1951, Vincenzo y dos de sus hermanas, al terminar las clases, fueron de vacaciones a la montaña. Chiara Lubich se encontraba en ese período en Tonadico, en la montañas Dolomitas. Se había vuelto habitual, para los adherentes del naciente Movimiento de los Focolares, esa cita en las montañas trentinas, que había tomado el nombre de Mariápolis. Los muchachos Folonari, que habían conocido el Movimiento en Brescia, su ciudad natal, obtuvieron el permiso de sus padres para pasar las vacaciones allí cerca, en S. Martín de Castrozza. No faltaron a las frecuentes citas en Tonadico; estaban en grupos distintos y no se habían visto en todo el día. En la noche, de regreso en el autobús. Vincenzo no tenía palabras, estaba feliz: “!Bellísimo, bellísimo!” – decía. Era como si hubiese encontrado algo que lo saciaba profundamente, un ideal por el cual vivir.

“Tú no has elegido a Dios, es Dios quien te ha elegido a ti”

Algunos meses después, Vincenzo se mudó a Roma, para inscribirse en la Universidad; enseguida se puso en contacto con el focolar. Durante la vigilia de Pentecostés fue a pie al santuario de la Virgen del Divino Amor para pedirle un signo externo que le hiciera entender su vocación. Al día siguiente, cuando Chiara lo encontró, le recordó una frase de Jesús: “No han sido ustedes quienes Me han elegido, sino Yo quien los he elegido a ustedes”. Desde entonces todo lo llamaran “Eletto” (Elegido).

En una carta a Chiara, Eletto escribió: “He elegido a Dios para siempre, sólo a Él, ninguna otra cosa”. Le comunicó que quería dar al Movimiento de los Focolares todos los bienes que había recibido en herencia – entre los cuales las 80 hectáreas en donde hoy surge la ciudadela de Loppiano -, agregando: “No tengo ningún mérito para tenerlas porque las he recibido gratis”.

Una vida para donar el Ideal de la Unidad a los muchachos

Una de las características de Eletto era su relación con los niños y los adolescentes del Movimiento, que Chiara le había confiado. En las Mariápolis de Fiera de Primiero estaba siempre rodeado por ellos. Con ellos iba de paseo, organizaba comedias…

Hablando con su hermana Virgo, quien a su vez tenía confiadas las muchachas, acostumbraba decirle: “Pero te imaginas si este Ideal de la Unidad tomara todos los muchachos, todos los jóvenes… !lo que surgiría!”.

Aquella sonrisa entre las olas del lago

Ese 12 de julio de 1964 era domingo, estaba con él uno de estos muchachos, Gabriele, y Eletto lo invitó a dar un paseo. Fueron al lago de Bracciano. Hacía mucho calor y decidieron dar una vuelta con la barca. A más o menos 200 metros de la orilla Eletto –deportista y nadador- entró en el agua sosteniéndose con ambas manos. “Está muy fría” –le dijo a Gabriele – y se puso muy pálido. El lago estaba movido y una ola le arrancó, primero una mano y después la otra, del borde de la barca, que, ya no estando sostenida por el peso de Eletto, se alejó repentinamente varios metros. Eletto gritó enseguida a Gabriele: “Ven acá, ven acá, acércate”, pero Gabriele, que no sabía ni remar ni nadar, no lograba acercarse, todo lo contrario, por la fuerte corriente, la barca se alejaba cada vez más. “A duras penas lograba divisar su rostro en medio de las olas, lo llamaba, pedía ayuda, le grité que no lograba alcanzarlo” – cuenta Gabriele. Y prosigue: “Me gritó: ‘Voy a la orilla… voy a la orilla’, y luego se dio vuelta, lo vi todavía por un segundo: su rostro estaba iluminado por una sonrisa radiante”. Después desapareció, tragado por el lago. Su cuerpo no fue encontrado nunca, su “tumba azul” es el lago de Bracciano.

Vivir en el amor, para morir en el amor

Chiara, el 19 de julio, escribía: «Eletto era tan bueno, tan humilde que pertenecía más a Dios que a nosotros y Él, quizás por esto, lo ha llamado. Ahora está con Jesús a quien ha amado, con María y con los nuestros que están en el Paraíso y, después de que se sentía el último, se ha convertido en el primero.

Dios mío, !qué abismo es esta vida y esta muerte que cada uno debe afrontar! Permítenos vivir en el amor para poder morir en el amor.

Eletto hizo –como último acto- un acto de amor. Quiere decir que estaba acostumbrado, porque de lo contrario, en esos momentos, se puede pensar sólo en sí mismo.

Eletto nuestro, ruega desde el cielo por nosotros que rezamos por ti. Estamos seguros de que Dios, amándote, te ha llamado en el mejor momento. Tú Lo has amado en la vida; no tenías más que Él y María.

Has llegado donde también nosotros tenemos que ir. Ábrenos el camino, Eletto, y prepáranos un lugar (…). Ahora que tú ves lo que realmente vale, como en realidad ya te habías acostumbrado aquí abajo, ayúdanos a no salir del camino y a mantenernos en la caridad como hiciste tú”.

El Movimiento GEN

Su muerte tan repentina dejó desconcertados no sólo a los adultos, sino también a los niños y muchachos que él seguía. “También ellos han tenido su prueba –escribió Chiara- tremenda e irremediable. Esperemos que sobre este dolor nazca algo para ellos en el seno del Movimiento, para la gloria de Dios, para embellecer la Iglesia. Por otra parte, Eletto no habría deseado nada mejor”. Pocos años después, nace el Movimiento Gen, que hoy día cuenta con miles de jóvenes, adolescentes y niños, de todo el mundo.

El recuerdo en Trevignano

El 12 de julio, 40 años después de la ida al Cielo de Eletto, tendrá lugar una jornada en Trevignano, en el lago de Bracciano (Roma). El encuentro iniciará a las 11.00 de la mañana, con la S. Misa, en la iglesia de la Asunción de María, que domina la pequeña ciudad. La conclusión está prevista para las 5.00 de la tarde.

Para mayores informaciones tel.: 06/94315300; 06/9412419

e-mail: gen2m@focolare.org ; centrogen2f@focolare.org

julio 2004

Los discípulos veían cómo oraba Jesús. Lo que más les impactaba era ese modo característico con el cual se dirigía a Dios: lo llamaba “Padre”1. Ya antes otros habían llamado a Dios con ese mismo nombre, pero esa palabra, en labios de Jesús, hablaba de un íntimo conocimiento recíproco entre él y el Padre, nuevo y único; de un amor y de una vida que los vinculaba a ambos en una unidad incomparable.
Los discípulos hubieran querido experimentar esa misma relación con Dios, tan viva y profunda, que veían en su Maestro. Querían orar como oraba él, por eso le pidieron:

«Señor, enséñanos a orar»

Jesús ya les había hablado muchas veces a sus discípulos del Padre, pero ahora, respondiendo a su pedido, les revela que su Padre es también nuestro Padre: nosotros, como él, gracias al Espíritu Santo, podemos llamarlo “Padre”.
Enseñándonos a decir “Padre”, Jesús nos revela que somos hijos de Dios y nos hace tomar conciencia de que somos hermanos y hermanas entre nosotros. Como hermano junto a nosotros, nos introduce en su misma relación con Dios, orienta nuestra vida hacia él, nos introduce en el seno de la Trinidad, nos hace ser, cada vez más, uno entre nosotros.

«Señor, enséñanos a orar»

Jesús no sólo enseña a dirigirse al Padre, sino que también enseña qué pedirle. Que sea santificado su nombre y venga su reino; que Dios se deje conocer y amar por nosotros y por todos; que entre definitivamente en nuestra historia y tome posesión de lo que ya le pertenece; que se realice plenamente su plan de amor sobre la humanidad. Jesús nos enseña, de esa manera, a tener sus mismos sentimientos, uniformando nuestra voluntad sobre la de Dios.
Nos enseña, además, a confiar en el Padre. A él, que alimenta a los pájaros del cielo, podemos pedirle el pan cotidiano; a él, que recibe con los brazos abiertos al hijo descarriado, podemos pedirle el perdón de los pecados; a él, que cuenta incluso los cabellos de nuestra cabeza, podemos pedirle que nos defienda de toda tentación.
Estos son los pedidos a los cuales Dios ciertamente responde. Podemos hacerlo con palabras distintas – escribe Agustín de Hipona – pero no podemos pedir cosas distintas2.

«Señor, enséñanos a orar»

Recuerdo cuando también a mí el Señor me hizo comprender, de manera novedosa, que tenía un Padre. Tenía 23 años. Todavía trabajaba como maestra. Un sacerdote que estaba de paso me pidió que ofreciera una hora de mi jornada por sus intenciones. “¿Por qué no toda la jornada?”, le respondo. Impactado por esta generosidad juvenil me dice: “Recuerde que Dios la ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. Lo digo, lo repito a mis compañeras: “Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente”.
A partir de ese momento advierto a Dios presente por todas partes. Está siempre. Y me explica. ¿Qué me explica? Que todo es amor: lo que soy y lo que me sucede; lo que somos y los que tiene que ver con nosotros; que soy hija suya y él es Padre para mí.
Desde ese momento también mi oración cambia: ya no es un dirigirme a Jesús, sino un ponerme a su lado, Hermano nuestro, dirigida al Padre. Cuando le rezo con las palabras que Jesús me ha enseñado, siento que no estoy sola trabajando por su Reino: somos dos, el Omnipotente y yo. Lo reconozco Padre también en nombre de todos los que no saben que lo es, pido que su santidad envuelva y penetre la Tierra entera, pido pan para todos, el perdón y la liberación del mal para todos los que pasan por pruebas.

Cuando hay acontecimientos que me alarman o me turban, vuelco toda mi ansiedad en el Padre, segura de que él se ocupa. Y puedo dar testimonio de que no recuerdo ninguna preocupación que haya puesto en su corazón y de la cual él no se haya ocupado. El Padre, si nosotros creemos en su amor, interviene siempre, en las pequeñas y en las grandes cosas.
En este mes tratemos de decir el “Padre Nuestro”, la oración que Jesús nos ha enseñado, con una nueva conciencia: Dios es nuestro Padre y se ocupa de nosotros. Digámosla en nombre de toda la humanidad, afianzando la fraternidad universal. Que sea nuestra oración por excelencia, sabiendo que con ella pedimos a Dios lo que a él más le interesa. El responderá a cada uno de nuestros pedidos y nos colmará de sus dones. Libres, entonces, de toda preocupación, podremos correr por el camino del amor.

Chiara Lubich
 

1) Mt 11, 25-26; Mc 14, 36; Lc 22, 42; Lc 10, 21; Jn 17, 1;

2) Carta 130, a Proba, 12, 22.

Del diálogo entre las religiones, una estrategia de fraternidad para un mundo nuevo

Del diálogo entre las religiones, una estrategia de fraternidad para un mundo nuevo

  “¿Cuál futuro para una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa? Es un interrogante cada vez más difundido y particularmente vivo en la sociedad inglesa, la más cosmopolita de Europa, el afrontado por Chiara Lubich en el Westminster Central Hall, el sábado en la tarde ante más de 2000 personas, entre las cuales el Card. Murphy O’ Connor, arzobispo de Londres, personalidades musulmanas, budistas y sijs. El título del encuentro, promovido por el Movimiento de los Focolares de Gran Bretaña era: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. Una estrategia de fraternidad para dar un vuelco a las relaciones internacionales Mientras muchos hablan de la amenaza de un choque entre civilizaciones debido al terrorismo, la fundadora de los Focolares indicó el remedio preventivo en el diálogo interreligioso. No sólo. A partir de este diálogo –dijo- puede empezar una “estrategia de fraternidad, capaz de señalar un vuelco en las relaciones internacionales”.

De la sociedad multiétnica y multirreligiosa puede nacer un mundo nuevo Haciendo una comparación entre nuestro tiempo caracterizado por tan profundas transformaciones y el de San Agustín de Hipona, quien fue testigo del trastorno de su sociedad, por la presión de las migraciones de los pueblos, Chiara Lubich afirmó que lo que está ocurriendo es “el nacimiento de un mundo nuevo”. El mundo nuevo del tercer milenio, para Chiara Lubich, será la unidad de la familia humana, enriquecida por las diversidades, según el designio de Dios. El boceto ya se pudo entrever en el denso intercambio de testimonios, de cantos, y de danzas que iban desde los colores y ritmos orientales y africanos, a las intervenciones de representantes de varias religiones, como la del Imán iraní, Mohammed Somali, y de la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú “Swadyaya Family”. ¿Cómo actuar el diálogo entre las religiones? El diálogo debe estar animado por ese amor –afirmó Chiara Lubich- que llega a “ponerse en el lugar del otro”, porque sabe hacerse una “nada de amor” delante del otro, sabe convertirse en ese espacio de acogida y escucha que prepara “el respetuoso anuncio del Evangelio”. Aquí la fundadora de los Focolares recordó las palabras pronunciadas por Juan Pablo II en India: “Cuando nos abrimos el uno al otro, nos abrimos también a Dios, y actuamos de modo que Dios esté presente en medio nuestro”. Y Él es “la fuerza secreta que le da vigor y éxito a nuestros esfuerzos, de llevar por doquier la unidad y la fraternidad universal”.

Una visión compartida por líderes de varias religiones y por políticos Es lo que expresaron los otros líderes, desde el Imán de Reino Unido, el Dr. Zaki Badawi, al jefe espiritual de los Sijs de Gran Bretaña y de Europa, Bai Shaib Mohinder Singh de Birmigham, quienes intervinieron enseguida después de Chiara Lubich, junto a la baronesa Kathleen Richardson de la Cámara de los Lord, quien recordó como “enseguida después de la guerra, la asamblea de la ONU se reunió por primera vez en asamblea plenaria precisamente en esa aula. La visión expresada hoy –agregó- es todavía más rica, porque no está construida sólo sobre aspiraciones humanas, sino sobre la participación en el amor de Dios”. Las nuevas tecnologías al servicio de la fraternidad entre los pueblos Unidad y fraternidad universal. Es una experiencia viva allí en el Westminster Central Hall que, como dan testimonio fax y e-mail, ha llevado una ola de esperanza a muchos Países de las Américas, Australia, Europa, Medio Oriente y el Norte de África, conectados vía satélite gracias a Telepace y por Internet. Algunos flash. Desde Bulgaria: “Nos hemos visto involucrados en esa fraternidad entre las religiones y culturas que queremos realizar también en nuestro País donde están presentes casi un millón de musulmanes, quienes son para nosotros el recuerdo de una llaga del pasado”. Desde Irlanda:“Hemos experimentado un fragmento de fraternidad universal realizada admirando la belleza y riqueza de tantos credos y culturas. Hoy se he marcado para nosotros el inicio de un nuevo camino lleno de esperanza, ahora que Irlanda se está volviendo cada vez más multicultural”. Desde Estocolmo:“Hemos entrevisto la solución de la violencia que hay en el mundo, una nueva esperanza de que la unidad y la paz son posibles”.

Miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.

La fraternidad como categoría política, antídoto al terrorismo y salvaguardia del bien común

La fraternidad como categoría política, antídoto al terrorismo y salvaguardia del bien común

De la libertad y la igualdad se habla mucho, pero ¿dónde terminó la fraternidad? Es este el interrogante central en la intervención de Chiara Lubich en el palacio de Westminster, sede del Parlamento británico. Estaban presentes también el Ministro de asuntos constitucionales, David Lammy, de origen africana y un miembro protestante del Partido Unionista de Irlanda del Norte. Es la última etapa del viaje de la fundadora de los Focolares a Gran Bretaña, después de los encuentros con las máximas autoridades anglicanas y católicas y con líderes musulmanes, hindúes y sijs, que han abierto perspectivas nuevas. “Hoy existe un velo de escepticismo hacia la política y no se sabe cómo ir más allá. Ya ninguno quiere escuchar las campañas electorales… El poder corrompe astutamente… �Cómo hacer para ir adelante manteniendo el poder y el objetivo del bien común?” Son algunos flash del diálogo entre los políticos y Chiara Lubich.

La visión de la política presentada por la fundadora de los Focolares es decididamente innovadora. Se refiere al trinomio de la Revolución Francesa y observa que la libertad y la igualdad, con el tiempo, “se han convertido en principios jurídicos y son aplicados como verdaderas categorías políticas”. Pide el mismo reconocimiento para la fraternidad. Sólo juntos podrán dar origen a una política que responda a las necesidades más urgentes de hoy, incluido el terrorismo. Y se refiere a una de las causas fundamentales: la creciente diferencia entre ricos y pobres. Sólo la fraternidad puede hacer que se muevan los bienes y entre en acción la solidaridad. ¿Utopía? Chiara Lubich cita hechos: son alrededor de 3000 los políticos que han asumido la fraternidad como categoría política en varios Países, desde Europa hasta América Latina. Forman el Movimiento Político por la Unidad al cual ella dio inicio hace unos diez años. Ofrece su testimonio el diputado Giuseppe Gambale, italiano, quien habla de numerosas iniciativas. Citamos sólo una: diputados de varias tendencias iniciaron “un grupo de trabajo transversal sobre la reforma de la cooperación internacional bloqueada desde hacía años en la Comisión del Ministerio de Relaciones Exteriores, descubriendo –dice- varios puntos de convergencia entre las propuestas de ley ya presentadas. Una forma concreta para contribuir a afrontar los grandes desequilibrios económicos y sociales entre el norte y el sur del mundo”. En el marco de una política cada vez más conflictiva, la fraternidad significa cambiar totalmente de actitud hacia los adversarios políticos, dijo Chiara Lubich. “Se toma conciencia de que toda ideología política puede ser la respuesta a una necesidad social y por lo tanto es necesaria para el bien común. La crítica puede ser constructiva hasta llegar a poner en práctica la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del País tiene necesidad del trabajo de todos”. “Es ésta la verdadera política de la que cada País tiene necesidad –agregó-. De hecho el poder otorga la fuerza, pero es el amor el que da la autoridad”. Ha sido un encuentro que tendrá una continuidad. Se prevé en Londres el inicio de esos encuentros periódicos que ya tienen lugar en otros Países.

Chiara Lubich en audiencia con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams

Chiara Lubich en audiencia con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams

La primera cita de Chiara Lubich en Londres tuvo lugar en el Lamberth Palace, donde fue recibida en audiencia por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra. De ella habló Chiara Lubich misma en una rueda de prensa en Londres. “El arzobispo Williams estaba especialmente interesado en nuestra experiencia de diálogo interreligioso. Me preguntó cuál era nuestro secreto. Me referí a la Novo Millennio Ineunte, donde el Papa profundiza el misterio de Jesús en la cruz que grita: ‘Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado’. Jesús, después de que había perdido a su madre, a sus discípulos y su misma vida, perdió también el sentido de la unidad con el Padre que era todo para Él. Jesús se redujo a nada. Es éste el punto de nuestra espiritualidad de comunión que nos enseña, a ser “nada”, “nada de amor”, ante las personas de otras religiones, para “entrar” en ellos, porque –como se dijo- es necesario “saber ponerse en el lugar del otro”, hasta entender qué significa para ellos ser budistas, musulmanes, hindúes. Pero no se puede entrar en el otro si no se es nada. Entonces la figura de Jesús abandonado es el modelo”. “Después hemos hablado de muchos otros argumentos: del Movimiento ecuménico, del compromiso que hemos asumido –junto a muchos otros Movimientos católicos, anglicanos, evangélicos y ortodoxos- de contribuir a realizar una Europa del Espíritu. Esto suscitó en él un vivo interés, siendo él teólogo”. “Quedé muy impresionado por la ‘calidad’ de relación entre Chiara y el Arzobispo” –nos dijo Callan Slipper, ministro de la Iglesia de Inglaterra, focolarino, presente en la audiencia. “El Arzobispo tenía una actitud de profunda apertura, la inteligencia de quien sabe escuchar y apreciar. Esta actitud se vio desde el primer momento, cuando, después de que Chiara nombró los distintos Primados de la Iglesia de Inglaterra que ha conocido, dijo bromeando: ‘Entonces, �usted conoce la Iglesia de Inglaterra mejor que yo!’. Después, informado de las citas públicas programadas, afirmó que cuanto ocurre en estos días sucede en el momento oportuno, porque –dijo- tenemos mucha necesidad de ello, sea como Nación que como Iglesia”. La página ecuménica, de las relaciones con la Iglesia de Inglaterra, ha tenido inicio en 1961, con el Archidiácono Bernard Pawley, quien encontró a Chiara en Roma. Más tarde algunos ministros anglicanos estuvieron presentes en un encuentro, en Grottaferrata (Roma), entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hizo reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En 1966, en Londres, en el Lambeth Palace, Chiara encontró por primera vez al Primado de la Iglesia de Inglaterra, el entonces arzobispo Michael Ramsey. quien le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Seguidamente Chiara se encontró con los sucesores: Coggan, Runcie y Carey. En Gran Bretaña, el Movimiento de los Focolares se ha desarrollado entre los católicos, y entre anglicanos, presbiterianos, metodistas y bautistas. En Welwyn Garden City está naciendo una ciudadela ecuménica. Es la unidad, corazón de la espiritualidad de los Focolares, la que interesa en especial a los anglicanos.

«Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad»- En DIRECTO vía satélite y vía Internet

«Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad»- En DIRECTO vía satélite y vía Internet

 Está suscitando un amplio interés, en Londres, la capital de Europa más cosmopolita, y en toda Gran Bretaña, el evento con el título: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. A través de ponencias, reflexiones, testimonios, espacios artísticos, este encuentro quiere expresar el compromiso común de cristianos de diversas Iglesias y comunidades eclesiales, y de seguidores de varias religiones, de construir un mundo de paz y unidad en la fraternidad. Es significativa la elección del lugar: el histórico Westminster Central Hall, donde en 1946 tuvo lugar la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, y en 1931 tomó la palabra el Mahatma Gandhi. Chiara Lubich, en su exposición, afrontará un interrogante cada vez más difundido: “�Cuál es el futuro de una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa?”.Premio UNESCO por la Educación a la paz en 1996, fundadora y Presidente del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, precisamente en Londres, con ocasión de la entrega del Premio Templeton por el progreso de la religión, en 1977, dio un impulso decisivo al diálogo interreligioso, en el que desde entonces se ha comprometido el Movimiento de los Focolares, en los 5 continentes. Se esperan unas 2000 personas de varias Iglesias, y una representación de varias religiones, entre las cuales Musulmanes, Siks, Hindús. Entre las personalidades que han confirmado su participación se encuentran: el líder sikh, Bhai Sahib Ji Mohinder Singh de Birmigham; el Dr. Zaki Badawi, Presidente del Consejo de los Imán y de las Mezquitas de Gran Bretaña; la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú Swadhyaya Family. Estarán presentes también el obispo anglicano Tom Butler, dirigente de la organización: “Red religiosa para Gran Bretaña”, el arzobispo de Glasgow, Mario Conti, especialmente comprometido en el ecumenismo, la baronesa Shirley Williams, conocida personalidad, de los demócratas liberales de la Cámara de los Lord.

El martes 15 de junio, Chiara Lubich fue recibida en audiencia en el Lambeth Palace por el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra (anglicana) y Primer inter-pares entre los Primados de la Comunión Anglicana mundial. El Reverendo Williams empezó su ministerio el 27 de febrero de 2003.

La página ecuménica, en las relaciones con la Iglesia anglicana, tiene inicio en 1965 cuando algunos ministros anglicanos participaron en un encuentro en Grottaferrata (Roma) entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hacía reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En Londres, en 1986, en el Lambeth Palace, el entonces Primado de la Iglesia de Inglaterra, el Arzobispo Michael Ramsey, encontrando a Chiara, le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Lo mismo que han hecho sus sucesores: Coggan, Runcie y Carey.

Al día siguiente, miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.

 

IGINO GIORDANI: un alma de fuego

Igino Giordani, escritor, periodista, político, ecumenista y experto en patrística, es una de las figuras más representativas del Novecientos, una personalidad polifacética que ha dejado huellas profundas y ha abierto perspectivas proféticas a nivel cultural, político, eclesial y social.

Nacido en 1894, en Tivoli (Italia), es el primero de los seis hijos de Orsolina y Mariano, un albañil; empieza sus estudios gracias a la ayuda de un benefactor. En 1915 es llamado a las armas durante la Primera Guerra Mundial. Oficial en la trinchera, confesará más tarde que nunca quiso disparar al enemigo, sin embargo recibió la medalla de plata por su audacia y generosidad, además de por las heridas que lo angustiarán durante toda la vida. Graduado en Letras, se dedica a la enseñanza en Roma y se casa con Mya Salvati, tejiendo una historia de amor cada vez más delicada y fuerte, de la que nacerán cuatro hijos: Mario, Sergio, Brando y Bonizza.

En los años ’20 empieza su compromiso político.

Conoce a Don Sturzo, quien lo elige como jefe de prensa del recién nacido partido Popular. Piero Gobetti le publica el libro Rebelión Popular, definiéndolo como una “síntesis del nuevo pensamiento católico”.Funda el periódico Parte Guelfa. Y ya en los años ’24 y ’25 elabora y difunde ideas sobre la “Unión de las Iglesias” y sobre los “Estados Unidos de Europa”.

Abandonada por motivos políticos la escuela pública, en 1927 encuentra trabajo en la Biblioteca Vaticana, donde logra que contraten también a Alcide De Gasperi, quien acababa de salir de la prisión fascista. Se convierte en director de Fides, la revista de la “Obra Pontificia para la preservación de la Fe”.Colabora con el periódico Il Frontespizio de Piero Bargellini, estrechando relaciones con el vivaz movimiento literario florentino.

En 1944 dirige Il Quotidiano, el nuevo periódico de la Acción Católica en la segunda postguerra; seguidamente sustituye a Gonella en la dirección de Il Popolo.

El 2 de junio de 1946 es elegido como diputado y entra a formar parte de los “padres constituyentes” que pusieron las bases ideológicas de la República italiana. Será reelegido nuevamente en 1948, y en 1950 se convertirá en miembro del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo.

En síntesis, Giordani fue un político militante, no por ambición, sino por amor y servicio a la comunidad en momentos difíciles. En los años ’20 lucha con valentía por la libertad ante la dictadura. La fuerte connotación ética de su compromiso político le acarrea la marginación bajo el régimen: período de inteligente y continua “resistencia cultural”, en la que exalta en sus libros los valores de la libertad y de un orden diverso.

El período del ’46 al ’53 es el más creativo y vivaz, con iniciativas audaces y proféticas para la paz entre las clases y entre los pueblos, y una característica muy original: su famosa “ingenuidad” -como él la llama-, que lo lleva a asumir posiciones incómodas, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas… Una “ingenuidad” que pronto lo deja fuera de juego (no es reelegido en el ’53) pero que hoy hace que se le redescubra como (son palabras del historiador De Rosa) “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las motivaciones del poder por el poder”.

Como escritor ha publicado más de 100 obras (un promedio de casi dos por año), traducidas en los principales idiomas, sin contar los ensayos, los opúsculos, los artículos (más de 4000), las cartas, los discursos.

Una experiencia cristiana ejemplar

Entre los sufrimientos del hospital militar, con 22 años advierte un primer llamado a la santidad, reforzado por los escritos de Santa Catalina de Siena. Se vuelve terciario dominico por amor a ella, “la primera –dirá- que me incendió con el amor de Dios”.Como cristiano vive con espíritu evangélico toda su actividad terrena, viéndola siempre como una vocación. Sus escritos más válidos – de continua actualidad- nacen de un profundo conocimiento de la historia del cristianismo y de los Padres de la Iglesia. De allí la sólida formación teológica y espiritual que lo caracterizan y que él hace fructificar mediante una fecunda actividad de animación cristiana de la cultura y de formación espiritual de los laicos e incluso de sacerdotes y religiosos.

Precursor del diálogo ecuménico, anticipa en los años ’30 las líneas del Concilio Vaticano II. Estudia, traduce, explica el pensamiento de los Padres del primer cristianismo en años en los que habían sido casi olvidados. De ellos saca el “Mensaje social del cristianismo” que es una de sus obras más conocidas. Se ensimisma tanto con ellos que Italo Alighiero Chiusano lo define “como un antiguo Padre de la Iglesia al que Dios le dio el privilegio de resurgir y de moverse en medio de nosotros”.

Hacia los senderos de la santidad

Pero el evento que eleva todavía más su vida hacia senderos luminosos y exigentes de santidad, tiene lugar en septiembre de 1948, y es el encuentro con Chiara Lubich.

Se puede decir que empieza para él una experiencia nueva que lo involucra completamente, una asociación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, los acontecimientos mismos de mi vida se me presentaban como dirigidos hacia una meta… Podría decir que primero había buscado; ahora había encontrado”.

Fascinado por la radicalidad evangélica de la “espiritualidad de comunión” por ella anunciada y vivida, descubre la posibilidad de realización del sueño de los Padres de la Iglesia: abrir de par en par las puertas de los monasterios para que la santidad no sea un privilegio de pocos, sino un fenómeno de masa en el pueblo cristiano. Por lo tanto adhiere con totalidad de mente y de corazón al Movimiento de los Focolares dentro del cual es llamado “Foco” (“Fuego”), por el amor que testimonia y difunde. No sólo. Con su “sí” se convierte en un instrumento providencial para que la fundadora de los Focolares llegue a ulteriores comprensiones del propio carisma.

Giordani casi parece salir de la escena cultural y política hasta entonces perseguida, para revivirla en un plano sobrenatural. En el “hacerse niño” ante el amor totalitario de los llamados a la virginidad, a él, casado, se le abre de par en par, precisamente “en el amor sin medida”, un camino de comunión con ellos. Puro de corazón y con el alma dilatada a la humanidad, puede abrir así este camino a un escuadrón de casados en todo el mundo, llamados a este nuevo tipo de consagración. Y detrás de ellos surgen movimientos de masa para las familias y para la reanimación evangélica de las varias actividades humanas. Se convierte así en uno de los más estrechos colaboradores de Chiara Lubich, quien lo considera un “co-fundador” del Movimiento de los Focolares.

Por las vías de la mística

En el crisol del Focolar, Giordani realiza el más alto viaje del alma por los caminos de la mística, donde las pruebas espirituales, las incomprensiones y las humillaciones por la progresiva marginación, los dolores físicos, se disipan ante la experiencia cotidiana de la presencia de Cristo entre “dos o más” unidos en Su nombre, y del misterio de amor de un Dios crucificado y abandonado. Obtiene del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a quien más ama. Su viaje se convierte así en un “vuelo” en Dios, concluido la noche del 18 de abril de 1980. Sus restos mortales reposan en el cementerio de Rocca di Papa (Roma).

�Definir a Giordani con una sola palabra?

Muchos, incluso intelectuales exigentes, lo han llamado “un profeta”.

Para Chiara Lubich es “el hombre de las bienaventuranzas”, y revela su amplitud insólita cuando lo define como “alma-humanidad”.

Para Tommaso Sorgi, atento estudioso suyo, es un “enamorado de Dios y del hombre”.

Nedo Pozzi

———————————–

El viaje del alma de Giordani, a través de sus escritos, sobre todo de los más autobiográficos, es recorrido en una reciente breve biografía de Tommaso Sorgi, responsable del Centro de Estudios “Igino Giordani”, con el título: “Un alma de fuego”, editada por Città Nuova.

Devolver a Dios a la sociedad, a la cultura y a la política: el ideal de Igino Giordani

Devolver a Dios a la sociedad, a la cultura y a la política: el ideal de Igino Giordani

Igino Giordani: con su vida se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas. Dijo Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, el día de la apertura oficial del proceso de beatificación de esta personalidad “polifacética”: escritor, periodista, político, ecumenista, estudioso de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de San Pietro, en Francati, diócesis donde Giordani concluyó su vida terrena. Entre la multitud que colmaba la catedral, estaban presentes los hijos Sergio, Brando y Bonizza. La solemne concelebración litúrgica, que precedió la instalación del tribunal eclesiástico, fue precedida por el obispo de Frascati, Mons. Giuseppe Matarrese.

“Giordani atravesó el siglo XX como protagonista – dijo en la homilía Piero Coda, vicario episcopal-. Participó en la reconstrucción de la Italia republicana como miembro de la Constituyente y como parlamentario”, contribuyó a preparar y después a promover “con la vida y con la pluma” la primavera del Concilio. “En él ardía un deseo: devolver a Dios al mundo, a la sociedad, a la cultura”.

Y será después del encuentro con el carisma de Chiara Lubich, a quien encontró en Montecitorio en 1948, que Giordani dirá: “Sentí que pasaba del Cristo buscado, al Cristo vivo”.Con su vida –afirmó la fundadora de los Focolares interviniendo al final de la Misa- se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas: “Ha sido la pureza de corazón la que le afinó y potenció los sentimientos más sagrados hacia su esposa y sus hijos”. Ha sido un “Pobre de espíritu, por el desapego completo no sólo de lo que poseía, sino sobre todo de lo que era”. Ha sido un “constructor de paz, como documenta su historia de hombre político”.

En Giordani Chiara Lubich reconoce a un co-fundador del Movimiento de los Focolares, que ha dado un impulso excepcional a los movimientos de vasto alcance, nacidos para la animación cristiana del mundo de los jóvenes, de la familia, de la política, de la educación, de la medicina, del arte.

Ha sido él quien ha abierto de par en par un nuevo camino de consagración para los casados que lo llevó a experimentar “las alegrías de la contemplación y de la vida mística”. Superando finalmente ese “abismo” –como él lo llamaba- entre los religiosos que seguían ‘el ideal de perfección’ y los laicos, que –como decía con una pizca de ironía- seguían ‘el ideal de la imperfección’. “Fue él –siguió diciendo Chiara Lubich – la personificación de una de las finalidades más importantes de los Focolares: colaborar a la unificación de las Iglesias”.

Giordani, además de ser miembro de la Constituyente, hizo parte del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo. Es autor de 100 libros y de más de 4000 artículos. Entre sus obras más difundidas, traducida en muchos idiomas, incluso el chino, se encuentra el “Mensaje social del cristianismo”. Ya en los años 1924-25 elabora y difunde ideas sobre “La unión de las Iglesias” y sobre “Los Estados unidos de Europa”. El período que va de 1946 a 1953 es el más creativo, con iniciativas audaces y posiciones incómodas para ese tiempo, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas.

Una “ingenuidad” -es una expresión suya- que pronto lo hizo salir del juego (no fue reelegido en 1953), pero que hoy hace que se le descubra, según el historiador Gabriele De Rosa, como “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las razones del poder por el poder”.

En los últimos años, en los dolores físicos, debidos y agudizados por las heridas de guerra, gozaba de poderse “co-crucificar” con Cristo. Tenía una tal luminosidad en los ojos y afabilidad en el trato que infundía serenidad a todos e inducía a los pequeños a tratarlo como igual. Obtuvo del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a sus elegidos. Su “viaje” se convirtió en un “vuelo” en Dios, que se concluyó la noche del 18 de abril de 1980.

Ha sido Mons. Pietro Garlato, entonces obispo de Tivoli, ciudad donde Igino Giordani nació en 1894, quien el año del gran Jubileo, tuvo la iniciativa de proponer “un gesto significativo”: “introducir su causa de beatificación, para que toda la Iglesia encuentre en él un modelo, un testigo del Evangelio, y un modelo de comunión”.

Chiara Lubich: Igino Giordani cristiano y cofundador

Agradezco sobre todo a S.E. Mons. Giuseppe Matarrese, Obispo de Frascati, también en nombre del Movimiento de los Focolares, por el acontecimiento en el que estamos participando: el anuncio solemne del comienzo de la causa de beatificación de Igino Giordani.
Saludo de corazón a los afortunados hijos, a la hija y a los demás parientes del honorable Igino Giordani, ahora Siervo de Dios.
Estamos agradecidos por la presencia del alcalde de Frascati, el Sr. Francesco Posa y los otros alcaldes, así como de toda la ciudadanía, que se muestra interesada por este cristiano colmado de muchos testimonios en la «ciudad del hombre».
Comparto la alegría de todos los miembros del Movimiento de los Focolares, aquí reunidos.

Con la instauración del tribunal eclesiástico, comienza la fase diocesana del proceso canónico. A cada uno de sus componentes, aquí presentes, les aseguro mi apoyo y el de todos nosotros a través de la oración en su delicado trabajo, y nuestra colaboración activa en todo cuanto pueda ser útil.

En esta ocasión tan especial, espero que les agrade que por mi parte diga unas palabras sobre el honorable Igino Giordani.

Como ya se sabe, él fue una eminente personalidad católica poliédrica, que siempre ha unido a su compromiso político una intensa y fecunda actividad cultural como periodista y escritor, apologista y hagiógrafo, estudioso insigne de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo.
Se podría y debería hablar extensamente de los diferentes cometidos que han hecho famoso al honorable Igino Giordani.

Pero hoy, en este lugar sagrado y en esta circunstancia especial, me parece que tengo que hablar de él, sobre todo como cristiano, como focolarino y cofundador del Movimiento de los Focolares: acción, esta última, que desarrolló en el arco de los últimos treinta y dos años de su vida.

Giordani cristiano

Alguien dijo que si el Evangelio desapareciese de todos los puntos de la tierra, el cristiano tendría que ser tal, que quien lo viera vivir, podría volver a escribir el Evangelio.
Cuando Igino Giordani partió de esta tierra, se leyó en la Misa del día la página de las bienaventuranzas. Pues bien: cuantos lo habían conocido a fondo estaban de acuerdo en afirmar que él las había vivido a todas.
«Bienaventurados los puros de corazón». Fue esta pureza la que le hizo definir la existencia terrenal del hombre, siempre acompañada por el amor providencial de Dios, como una aventura divina. Fue la misma pureza de corazón la que le afinó los sentimientos más sagrados y se los potenció: hacia su mujer, hacia sus amados hijos.
Él fue un «pobre de espíritu» por el desapego total que tenía, no sólo de todo lo que poseía, sino, sobre todo, de cuanto él mismo era.
Su corazón estaba cargado de «misericordia»: acercándose a él, hasta el pecador más miserable se sentía perdonado y revestido de dignidad.
Fue siempre un «operador de paz», como documenta su historia de hombre político.
De carácter fuerte e impetuoso, llegó a poseer una tal «mansedumbre» que hacía entender que quien tiene esta virtud posee la tierra, como afirma el Evangelio. Con la gentileza más refinada, con esas exquisitas palabras suyas, conquistaba a todos los que tenían contacto con él.
Y … podríamos continuar…

Giordani focolarino

Cristiano de primer orden, culto, apologista, apóstol, cuando le pareció que había encontrado un manantial de agua genuina, que manaba de la Iglesia, supo posponer todo para seguir a Jesús, que lo llamaba.
Por lo que, si Giordani fue un verdadero cristiano, fue también un cristiano con un camino especial. Dios lo llamó a ser focolarino.
Personificó el nombre de batalla con el que se le llamaba entre nosotros: «Foco», fuego, es decir, ese amor hacia Dios y hacia el prójimo, sobrenatural y natural, que es el vértice de la vida cristiana.

Siempre había esperado que se le abriese algún camino para realizar su deseo de consagración total a Dios, a pesar de su condición de casado. Y en el 1948 se encontró con el Movimiento de los Focolares.
A través de la espiritualidad de la unidad, típica de esta Obra, se puede leer el Evangelio en su persona.

Para que Cristo viviese en él, para realizar la plena comunión con los hermanos que El pide, supo morir realmente a sí mismo, como lo expresa en un escrito poético de1951:

«Me he dispuesto a morir,
y lo que suceda ya no me importa;
ahora quiero desaparecer
en el corazón abandonado de Jesús.

Todo este penar
Por la avaricia y la vanidad
En el amor desaparece:
He conquistado mi libertad.

Me he dispuesto a morir
a esta muerte que ya no muere:
Ahora quiero gozar
Con Dios en su eterna juventud.»

Pero, aunque Giordani conoció la ascética cristiana, no le faltaron las alegrías de la contemplación y de la vida mística.
Dice Luis María Grignion de Montfort, hablando de las personas que la Virgen ama de una manera especial, que el don principal que éstas alcanzan es la realización aquí en la tierra de la vida de María en sus almas, de tal modo que ya no es el alma quien vive, sino María en ellas, o si se quiere de otro modo, el alma de María llega a ser la de ellos.
Escribe Giordani en 1957: «la tarde del primero de octubre, mes sagrado a María, después de las oraciones, de golpe el alma se desalojó de cosas y criaturas humanas; y en su lugar entró María, con Jesús desangrado, y toda la estancia del alma se llenó de su figura de dolor y de amor. (…)
Durante 24 horas, Ella estuvo, como altar que rige la Víctima: Virgo altare Christi. Mi alma era su estancia: el templo. (…) Tanto que me vino a los labios: ’Ya no vivo yo, sino que María vive en mí’.

Su presencia, de algún modo, había virginizado mi alma: marianizado mi persona. El yo había muerto y en su lugar había nacido María. De modo que ya no sentía la necesidad de que no sentía más la necesidad de llevar la mirada a las imágenes de las calles o a las imágenes de la Virgen; me bastaba con volver los ojos del alma hacia el interior de mí mismo para descubrir, en lugar del ídolo sórdido y grotesco de siempre, la Toda Hermosa: la Madre del Amor Hermoso. E incluso este pobre cuerpo dolorido me parecía una especie de catedral (…).
Si no soy el último miserable, tengo que hacerme santo: estar en armonía con esta realidad.»

Giordani cofundador

También fue cofundador del Movimiento de los focolares. El fue quien abrió de par en par el focolar a los casados, haciendo efectivo ese proyecto, antes sólo intuido, de una convivencia de vírgenes y casados, estos últimos de acuerdo a su propio estado.
Fue él quien dio un impulso excepcional al nacimiento de las ramificaciones de esta Obra que son los Movimientos de amplio alcance, como el «Movimiento Familias Nuevas», «Jóvenes por un mundo unido», «Humanidad Nueva», la cual se dedica a animar con el genuino espíritu cristiano el mundo del trabajo, del arte, de la medicina, de la escuela, de la política…
El dio inicio con otros diputados el «Centro Santa Catalina» precisamente para animar la política con el espíritu del Movimiento.
El fue la personificación de uno de los objetivos más importantes de esta Obra: contribuir a la unificación de las Iglesias, dirigiendo durante años el «Centro Uno» ecuménico.
El ayudó sobre todo al Movimiento a plantar raíces sólidas en la Iglesia, de manera que, todavía en vida, lo vio extender sus ramas en los cinco continentes con todo el bien que se puede imaginar, si se considera su espíritu evangélico, que subraya la fraternidad universal, la unidad entre todos los hombres.

Giordani fue uno de los mayores dones que Dios ha hecho a nuestro Movimiento.

Y ahora, para concluir, quiero recordar con ustedes uno de sus últimos días.
Se había agravado. Le había llevado una foto a colores del santo Padre con una bella bendición y firma autógrafa.
Esto le hizo feliz, y entre un sopor y otro, dijo: «�hoy es una gran fiesta! �Quién se lo esperaba?».
Y mientras el padre Antonio Petrilli – uno de los primeros focolarinos sacerdotes, que lo cuidaba en sus últimos años y que ahora está con él en la Otra Vida – colgaba la bendición enmarcada en la pared, añadió: «Tengo la idea de estar en el Paraíso».
A mi pregunta de si quería que escuchásemos la Misa juntos y renovásemos el Pacto de unidad del focolarino, exclamó: �Que maravilloso! Este es un don que se agrega».
Y en otro momento: «Tengo siempre presente a Dios con este nombre: Donator»; y citó algunos dones que le había hecho.
A mi pregunta de si le gustaría ir al Paraíso, hizo un gesto con la cabeza como para decir: �ojalá! Después, varias veces, con una sonrisa única, añadió: «�Esto es el Paraíso! �que puede existir más maravilloso?».
Refiriéndose otra vez a la bendición del Papa, susurró: «No se puede expresar el don que ha sido; más lo pienso, más me pierdo…».
Y después de la santa Misa con la indulgencia plenaria, afirmó: «Todo está completo».
Hoy Giordani está aquí presente entre todos nosotros.

Una ola de esperanza por una Europa capaz de fraternidad y de paz

Una ola de esperanza por una Europa capaz de fraternidad y de paz

  «Nos hemos sentido transformados, reforzados. Este encuentro ha sido un signo de gran esperanza. En estos tiempos nos llegan desde Europa sobre todo consumismo, moda, valores materiales. Hemos entendido que podemos dar valores espirituales». Dice un fax de la capital de Lituania, Vilnius, que el 1� de mayo, junto a otros 9 Países, festejó el ingreso a la Unión Europea, no sin el temor de muchos. Es ésta una de las 163 ciudades de Europa que el 8 de mayo estaban conectadas vía satélite con el estadio de Stuttgart, repleto con 10.000 personas de todo el continente para la gran manifestación con el título: Juntos por Europa. Un encuentro que muchos han definido como “histórico”, también porque era el primer encuentro de dimensiones europeas, con la presencia de 150 movimientos católicos, evangélicos, ortodoxos y anglicanos. Un alma para Europa «Estamos aquí para dar un alma a Europa que genere una unidad espiritual fuerte» – dijo Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en la inauguración- «como tantas redes de relaciones fraternas que unen a los pueblos, casi para preparar, a nivel de laboratorio, la plena unidad europea», en la riqueza de la diversidad. Son palabras que en Stuttgart se convirtieron en una experiencia viva: «Una impresión de esas que permanecen» –declaró en una entrevista para Città Nuova el Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi: «Hoy Europa se ha presentado con la posibilidad de cerrar un capítulo en la historia sin más dolor, sin más divisiones». Una experiencia que fue vivida con la misma intensidad en los encuentros conectados simultáneamente, como revelan los muchísimos fax y e-mail. Desde Trento escriben:«No sabíamos si estábamos acá o más allá de la pantalla».

Una piedra angular «Tenemos necesidad de una Europa de los corazones que no esté sólo llena de euros, sino llena de valores, llena de Dios», afirmó el card. Kasper desde el palco de Stuttgart. «Tenemos necesidad de esta Europa espiritual – dijo- de movimientos espirituales que hagan tangible esta Europa. Tenemos necesidad de comunidades que superen las fronteras de los pueblos y de las naciones: la de hoy es una piedra angular en este camino». En Ginebra, entre las personalidades presentes en la sede mundial del Consejo Ecuménico de las Iglesias, el Alto Comisario para los derechos humanos de la ONU, Marie-Francois Charrin dijo: «Esta Europa unida con un alma, un corazón, dos pulmones, sanará las enormes llagas en los Países en conflicto». Europa nació de los escombros del 2do. Conflicto Mundial El proceso de reconciliación y el sueño de una Europa unida nace precisamente a partir de los escombros de un conflicto: la Segunda Guerra Mundial. Lo recuerdan el pastor evangélico Aschoff de la Renovación Carismática de la Iglesia Evangélica y el historiador Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio. El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, se remonta a la visión de Schuman, De Gasperi y Adenauer y a los primeros pasos marcados con el tratado del carbón y el acero de 1951, después el euro y la Constitución en curso. Recuerda que los grandes padres se han nutrido de la fe para construir Europa. También hoy –dice- los cristianos están llamados a «aportar su creatividad», «para que Europa crezca no como una fortaleza, sino como un sujeto político que tiene un alma y hace de la paz y de la justicia su identidad y su vocación». Y agregó: «de esta alma, ustedes son un componente esencial». La visión de Europa a la luz de los carismas Es una visión de Europa iluminada con la luz de los carismas suscitados por el Espíritu a lo largo de los siglos que recorre la manifestación. No es por casualidad –recuerda el Pastor Aschoff- que precisamente «durante las duras jornadas de la guerra» nacieron en las distintas Iglesias muchos de los nuevos movimientos espirituales y comunidades. «Detrás de estos rostros, hay un corazón regenerado por el Evangelio» dijo Andrea Riccardi. Ante la falta de «empuje de Europa», ellos ofrecen «el gusto por el futuro».

Se trata de una Europa que «tiene necesidad de una nueva relación entre los hombres», afirma Ulrich Parzany, pastor luterano, secretario general de la YMCA en Alemania y promotor de una vasta iniciativa de evangelización, Pro Christ. «La misma democracia -advierte- se basa en presupuestos que ella misma no está en grado de crear». La palabra clave lanzada en Stuttgart es «fraternidad universal». De ella habla Chiara Lubich: es la aspiración más difundida, esa fraternidad hecha posible por Jesús que «ha abatido los muros que separan a los iguales de los distintos, a los amigos de los enemigos, haciendo una revolución existencial, cultural y política».

Los testimonios de los Movimientos y comunidades Una serie de hechos de vida ha presentado las semillas de renovación espiritual y social lanzadas por los distintos carismas de los Movimientos y comunidades: desde el «aporte determinante» para la sobrevivencia de la Iglesia ortodoxa en Finlandia, dado por el Movimiento de la Juventud ortodoxa (ONL), a la experiencia juvenil de un miembro de la comunidad evangélica FCJG de Ludenscheid, pasado «de la oscuridad más densa del alma» en la que había caído debido a la droga, a la liberación con el encuentro con Cristo. El iniciador de los cursos – Alpha, el anglicano Nicky Gumbel habla de la transformación obrada por el Evangelio incluso en las 124 prisiones de Reino Unido, mientras que movimientos evangélicos, como Family Life Mission y católicos como el Equipe Notre Dame, hablan de la renovación cristiana de la familia.

Cómo quieren comprometerse los jóvenes por Europa Resuena fuerte la voz de los jóvenes quienes con testimonios, canciones y banderas en varios idiomas hablan de cómo quieren y de cómo se comprometen a favor de una Europa capaz de perdonar, de superar los confines y de apuntar hacia un mundo unido. Un pacto de fraternidad Es este el compromiso expresado en el mensaje final: «Intensificar cada vez más esa fraternidad universal que no es otra cosa que el amor evangélico vivido»; «compartiendo bienes y recursos», «mediante la apertura a las otras culturas y tradiciones religiosas», «el amor solidario hacia los más débiles y pobres de nuestras ciudades», «un sentido profundo de la familia y de los valores de la vida». Se trata del momento culminante. Suben al palco decenas de representantes de los Movimientos y de las Comunidades que han preparado durante más de un año esta cita histórica. La aprobación es coral. Y no sólo en Stuttgart. Escriben desde Varsovia: «Conmoción profunda, en pie, como en Stuttgart, ante el manifiesto final. El alma de Europa, hoy la hemos visto y tocado». Suben también 50 obispos, de las distintas Iglesias. Con solemnidad leen los pasajes clave del Testamento de Jesús: «que todos sean uno». Al palco sube también la Reina Fabiola de Bélgica quien recita el Padre Nuestro. Una Europa unida por un mundo unido El mensaje de Stuttgart ha llegado también a los otros continentes: son 35 las ciudades conectadas. Desde Buenos Aires: «También nosotros éramos miles, en pie, hemos unido nuestras manos para sellar este pacto». Desde Brasilia expresan muy bien la dimensión profética del evento de Stuttgart: «Todas las divisiones a lo largo de siglos de historia nos parecían de cartón, experimentamos que el hielo de los corazones se derrite con el amor». Desde Man en Costa de Marfil se goza al ver una Europa abierta a todos los pueblos del mundo, especialmente hacia África. Es este el fuerte impulso dejado por Stuttgart, subrayado también por el mensaje del Papa, leído por el Arzobispo Stanislao Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos:«No se puede construir una casa común europea, sin ocuparse del bienestar de toda la humanidad, sobre todo del África, que está marcada por tantos y tan graves problemas». Y desde Singapur: «Las distancias se han anulado. Después de Europa se apunta ahora a la unidad del mundo entero». Es éste el horizonte presentado por Andrea Riccardi y Chiara Lubich: «una Europa unida por un mundo unido».

Un horizonte puesto en evidencia por el Papa: «Los cristianos de muchos Movimientos espirituales reunidos en Stuttgart –escribe en su mensaje- confirman que el Evangelio los ha llevado a superar el nacionalismo egoísta y a ver en Europa una familia de pueblos, rica de variedades culturales y de experiencias históricas». «La Europa del mañana –afirma- tiene necesidad de esta conciencia para tomar parte en los grandes eventos a los que la historia la llama». Un primer paso Una ola de esperanza se ha difundido desde Stuttgart, «como una primera onda en el agua, que no sabemos hasta dónde llegará» como escriben desde Vilnius. Pero, dicen muchos, que éste es sólo el primer paso.

junio 2004

Hacía poco que Jesús había tomado la decisión de iniciar el gran viaje hacia Jerusalén, donde debía cumplirse su misión. (Lc 9, 51) Había otros que querían seguirlo, pero Jesús les advierte que caminar con él es una opción seria. Será una marcha difícil, que requerirá contemporáneamente valentía y la misma determinación con la cual él ha decidido llegar hasta el fondo en el cumplimiento de la voluntad del Padre.
Jesús sabe que, al entusiasmo inicial, le puede suceder el desaliento. Acababa de contar la parábola del sembrador: las semillas caídas sobre las piedras “son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen, pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás” (Lc 8, 13). Jesús quiere ser seguido con radicalidad y no hasta cierto punto, a medias. Una vez que uno se ha puesto a vivir por Dios y por su Reino, no es posible volver a recuperar lo que se había dejado, a vivir como antes, a pensar en los intereses egoístas de un tiempo:

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Cuando nos llama a seguirlo – y todos, de distintas maneras, somos llamados -, Jesús nos abre por delante un mundo nuevo por el cual vale la pena romper con el pasado. A veces, sin embargo, nos asaltan recuerdos nostálgicos o se insinúa y presiona sobre nosotros la mentalidad común, muchas veces no evangélica.
Nos vemos, entonces, en dificultades. Por un lado querríamos amar a Jesús, y por el otro querríamos dar cabida a nuestros apegos, nuestras debilidades, nuestras mediocridades. Querríamos seguirlo, pero sentimos la tentación de mirar atrás, volver sobre nuestros pasos, o bien dar un paso adelante y dos atrás…
Esta Palabra de vida nos habla de coherencia, de perseverancia, de fidelidad. Si hemos experimentado la novedad y la belleza del Evangelio vivido, veremos que nada es más contrario a él que la indecisión, la pereza espiritual, la poca generosidad, las componendas, las medias tintas. Decidamos seguir a Jesús y entrar en el maravilloso mundo que él nos abre. Nos ha prometido que “quien persevere hasta el fin se salvará”.
(Mt 10,22)

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

¿Qué hacer para no ceder a la tentación de mirar atrás?
En primer lugar, no prestar oídos al egoísmo, que pertenece a nuestro pasado, cuando no se quiere trabajar como se debe, o estudiar con empeño, o rezar bien, o aceptar con amor una situación que pesa y duele, o bien cuando se querría hablar mal de alguien, no tener paciencia con algún otro, vengarse. A estas tentaciones les tenemos que decir que no diez, veinte veces al día, si fuera necesario.
Pero esto no es suficiente. Con los no, no se llega muy lejos. Se necesitan sobre todo los sí, a lo que Dios quiere y a lo que los hermanos y las hermanas esperan.
Asistiremos entonces a grandes sorpresas.
Recuerdo aquí una experiencia mía.
El 13 de mayo de 1944 un bombardeo había dejado inhabitable mi casa y esa noche, para refugiarnos, habíamos escapado con mi familia a un bosque cercano. Lloraba, comprendiendo que no podría partir de Trento con ellos, a los que tanto amaba. Veía ya en mis compañeras el Movimiento naciente: no habría podido abandonarlas.
¿El amor a Dios tenía que vencer también esto? ¿Tenía que dejar que los míos se fueran solos, cuando yo era la única que en ese momento los sostenía económicamente? Lo hice, con la bendición de mi padre.
Más tarde supe que habían partido contentos y muy pronto encontraron una buena ubicación.
Volví a buscar a mis compañeras entre las casas y las calles reducidas a escombros. Gracias a Dios, todas estaban a salvo. Nos ofrecieron un pequeño departamento. ¿El primer focolar? Nosotras no lo sabíamos, pero así era.

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Vayamos entonces siempre adelante, hacia la meta que nos espera, manteniendo fija la mirada en Jesús. (Heb 12, 1-2) Cuanto más nos enamoramos de él y experimentamos la belleza del mundo nuevo al cual ha dado vida, tanto más pierde atractivo lo que hemos dejado a nuestras espaldas.
Digámonos cada mañana, cuando comienza una nueva jornada: ¡Hoy quiero vivir mejor que ayer! Y, si nos sirve de ayuda, hagamos la prueba de contar, de alguna manera, los actos de amor a Dios y a los hermanos y hermanas. Por la noche nos encontraremos con el corazón rebosante de felicidad.

Chiara Lubich