Movimiento de los Focolares
Chiara Lubich: «Dios nos necesita»

Chiara Lubich: «Dios nos necesita»

«Mira que hago nuevas todas las cosas»

(…) No es un sueño, ni una utopía, ni un deseo apasionado, sino una certeza repetidamente atestiguada por Dios en la Biblia. Será la respuesta que Dios dé a las fatigas con las que sus hijos han trabajado por su Reino. Será la coronación de la fidelidad con la que sus hijos han vivido su Palabra. Será el despliegue completo de la potencia del Espíritu Santo, que Jesús ha introducido en la historia con su muerte y resurrección.

Sin embargo, desde que Jesús vino a la tierra, esta renovación, aunque sea en medio de tantas dificultades, ya ha empezado, ya está en acción. Desde ahora todos los que lo dejan vivir en sí mismos -y Jesús vive en nosotros si ponemos en práctica su Palabra- experimentan este milagro de su gracia, que hace nuevas todas las cosas: transforma el sufrimiento en paz y serenidad interior, vence la debilidad, el odio, el egoísmo, la soberbia, la avaricia y cualquier mal; hace pasar de la esclavitud de las pasiones y del miedo a la gozosa libertad de los hijos de Dios. Y no se limita a transformar al individuo, sino que transforma a través de él a toda la sociedad.

(…)

De hecho, Dios quiere renovar todas las cosas: nuestra vida personal, la amistad, el amor conyugal, la familias quiere renovar la vida social, el mundo del trabajo, de la educación, de la cultura, de la diversión, de la sanidad, de la economía, de la política…. en una palabra, todos los sectores de la actividad humana.

Pero para hacer esto, Él tiene necesidad de nosotros. Necesita personas que dejen vivir en ellas mismas su Palabra, que sean su Palabra viva, otros Jesús en sus ambientes. Y ya que la caridad es palabra que lo resume todo, plenitud de la Ley, tratemos de ponerla en práctica amando a los hermanos como a nosotros mismos, sin diluir la Palabra de Dios, sin menguarla.

Advertiremos una continua renovación antes que nada en nuestro corazón y muy pronto la descubriremos evidente en torno a nosotros.

Chiara Lubich
Foto: © Kaike Rocha by Pexels

Chiara Lubich: “A mí me lo hicieron”

Chiara Lubich: “A mí me lo hicieron”

(…) «Tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber…» (Mt 25,35) «¿Cuándo, Señor…?» «Cada vez que lo hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mt 25,40).

(…)  

Por el amor dado a los pobres, siempre iluminador el Espíritu nos llevó a comprender la necesidad de amar no solo a los pobres, sino a todos. «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 19, 19), quienquiera que sea.

Así, tuvimos una espléndida idea y tomamos una decisión: transformar nuestra vida cotidiana, en contacto con todo tipo de personas, en un sinfín de obras de misericordia materiales y espirituales, porque también en este caso es válido: “A mí me lo hicieron”.

En cada uno de los hermanos que pasaban a nuestro lado veíamos a Cristo, que pedía ayuda, consuelo, consejo, una corrección, instrucción luz, pan, casa, ropa, oraciones…

(…) 

Esperemos que Jesús un día responda, a cada uno (…) cuando le pregunte: «Señor ¿cuándo te di de comer, de beber? ¿cuándo te consolé?». «Cada vez que lo hiciste con el más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hiciste».

Chiara Lubich

7 de diciembre de 1943: El comienzo de una aventura divina

7 de diciembre de 1943: El comienzo de una aventura divina

[…] Era el 7 de diciembre de 1943. Voy sola hacia la iglesia, en medio de un gran temporal. Tengo la sensación de tener el mundo en contra.

[…] Encuentro preparado un reclinatorio cerca del altar y, en las manos, tengo un misal pequeño, pequeño. Pronuncio la fórmula con la que me doy a Dios totalmente y para siempre. Yo era tan feliz que, probablemente, no me daba cuenta de lo que estaba haciendo, porque era muy joven. Solo que, cuando pronuncié la fórmula, tuve la sensación de que un puente se derrumbaba detrás de mí y que ya no podía volver atrás, porque era toda de Dios, por tanto, no podía hacer otra elección. En ese momento me cayó una lágrima sobre el pequeño misal.

¡Pero la felicidad es inmensa! ¿Saben por qué? ¡Me desposo con Dios y por consiguiente ¡espero el mayor bien posible! ¡Será fantástico! ¡Será una aventura divina, extraordinaria! ¡Me desposo con Dios! Y después vimos que fue realmente así.

[…] ¿Cuál es mi consejo? Este consejo me lo daría a mí misma: tenemos una vida sola, aspiremos a lo más Alto, a lo más Alto. Juguémonos todo por el Todo. Vale la pena, vale la pena. […] En lo que depende de ustedes, hagan este acto de generosidad: ¡apunten a lo Alto, no escatimen nada!

Fragmento de un discurso de Chiara Lubich, El cuarto camino, 30 de diciembre de 1984
Foto: © Horacio Conde – CSC Audiovisivi

Chiara Lubich en el Genfest 1990

Chiara Lubich en el Genfest 1990

Imaginemos que ante nuestros ojos pasen algunas escenas sintomáticas del mundo de hoy. […]

Observamos […] en naciones que han visto los recientes cambios, gente que exulta de alegría porque recuperó la libertad, junto a personas asustadas y decepcionadas, deprimidas por el derrumbe de sus ideales […]

¿Y si viéramos imágenes de luchas raciales con estragos y violaciones de derechos humanos…? ¿O interminables conflictos como los de Oriente Medio, con el derribo de casas, heridos, muertos y la constante y mortal caída de bombas o de otras armas homicidas? … Preguntémonos todavía: ¿Qué diría Jesús ante estos muchos dramas? «Les había dicho que se amaran. Ámense como yo los he amado”.

Sí, así diría ante estos y ante las más graves situaciones del mundo actual.

Pero su palabra no es solo un lamento por lo que no se ha hecho. Él la repite hoy realmente. Porque Él murió, pero resucitó y ─como había prometido─ está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Y lo que dice tiene una importancia inmensa. Porque este «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» es la clave principal para la solución de todos los problemas, es la respuesta fundamental a cualquier mal del ser humano. […]

Jesús el mandamiento del amor lo definió «mío» y «nuevo», porque es típicamente suyo, habiéndolo colmado de un contenido singular y nuevísimo. «Ámense ─dijo─ como yo los he amado». Y Él dio la vida por nosotros.

Entonces, en este amor se pone en juego la vida. Y un amor dispuesto a dar la vida por los hermanos es lo que Él también nos pide.

Para Él no es suficiente la amistad o la benevolencia hacia los demás; no le basta la filantropía y tampoco la solidaridad. El amor que pide no se agota en la no-violencia.

Es algo activo, muy activo. Pide que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para los demás. Y esto exige sacrificio, esfuerzo. Nos pide a todos transformarnos […] en pequeños héroes cotidianos que, día tras día, están al servicio de los hermanos, dispuestos a dar incluso la vida por ellos. […]

Este amor recíproco entre ustedes, de hecho, provocará consecuencias de un valor ─digamos─ infinito, porque donde hay amor allí está Dios y, como Jesús dijo: «Donde dos o tres están unidos en mi nombre, es decir, en su amor, yo estoy en medio de ellos» […]

Será Él mismo quien actuará con ustedes en sus países, porque Él volverá en cierto modo al mundo, a todos los lugares donde ustedes se encuentren, estará presente por su amor recíproco, por su unidad.

Y Él los iluminará en todo lo que tengan que hacer, los guiará, los sostendrá, será su fuerza, su ardor, su alegría. […]

Entonces, amor entre ustedes y amor sembrado en muchos rincones de la tierra, entre las
personas, entre los grupos, entre naciones, con todos los medios, para que sea realidad la invasión de amor de la cual a veces hablamos, y adquiera consistencia, también gracias a su contribución, la civilización del amor que todos esperamos.

A esto están llamados. Y verán cosas grandes.

Chiara Lubich
Foto © Archivio CSC Audiovisivi

El camino que une

El camino que une

Una Pascua de esperanza, pero sobre todo para vivirla juntos. A los 1700 años del Concilio de Nicea, en este 2025, las varias Iglesias cristianas celebran la Pascua el mismo día, el domingo 20 de abril.

Una coincidencia maravillosa que representa una invitación a todos los cristianos para que demos un paso decisivo hacia la unidad; es un llamado a reconocer que podemos estar unidos en la pluralidad.

En una época marcada por continuas divisiones en todos los frentes, pero más aún en esta ocasión en la que nos acercamos al misterio de la Resurrección, compartimos algunas palabras que Chiara pronunció en Palermo (Italia) en 1998 acerca de “Una espiritualidad para el diálogo”, y específicamente, una “espiritualidad ecuménica”.

Es una invitación directa a responder al llamado del amor recíproco, pero no cada uno individualmente sino de una manera colectiva. Es la posibilidad de mirar a ese Jesús Abandonado en la cruz como una luz que –aun en el extremo sacrificio– no sólo nos guía sino que también se vuelve el camino por el cual ir moviendo nuestros pasos.

Activar los subtítulos y escoger el idioma deseado.

Foto: © Carlos Mana – CSC audiovisivi