Movimiento de los Focolares
El Evangelio vivido: Cuando el otro entra en nuestra vida

El Evangelio vivido: Cuando el otro entra en nuestra vida

Ponerse en el lugar de quienes percibimos como lejanos o diferentes nos ayuda a comprender sus historias y sus dificultades, así como la riqueza que llevan consigo. Al mismo tiempo, acoger significa abrir el corazón a infinitas posibilidades, incluida la oportunidad de ser los primeros en recibir abundantes dones y de transformarnos, casi sin darnos cuenta, en una “casa”.

Estoy sentada en mi coche frente a la estación, esperando el tren con mi hija, cuando un hombre se acerca y me muestra sus documentos: es un palestino que ha huido de la guerra.

Por su italiano entrecortado, comprendo que se aloja en un centro de Cáritas y que ha venido aquí buscando trabajo como albañil. Sin embargo, primero necesita regularizar su situación, trámite para el que requiere un sello fiscal y cuatro fotografías. Le escucho e intento —con cierta dificultad— conectar con él, pero no accedo a su petición, aunque me despido de él amablemente.

Mientras tanto, el tren se retrasa. Mi mirada vuelve hacia el palestino, que permanece de pie a la entrada de la estación, esperando a su vez… ¿a quién? ¿A alguien más caritativo que yo? De repente, un fuerte impulso interior voy hacia él; esta vez, con el dinero necesario para los trámites en la comisaría. Cuando llega el tren, él expresa su gratitud con efusión.

Al reflexionar sobre la necesidad de estar siempre dispuesta al encuentro con Dios, llego a una conclusión: fue Él, en realidad, quien salió a mi encuentro en aquel hombre palestino.

(Barbara – Italia)

Durante los primeros años de nuestro matrimonio, Ursula —enfermera en la misma unidad de pediatría del hospital donde yo trabajaba como pediatra— y yo apenas notábamos que no teníamos hijos propios; estábamos totalmente volcados en los pequeños que se nos habían confiado. Aquello cambió una mañana cuando ingresaron en nuestra unidad a un bebé de tres meses, hijo de una madre menor de edad que no podía hacerse cargo de él.

Tras mucho reflexionar, solicitamos su adopción. Aquello marcó el inicio de la etapa más feliz de nuestras vidas. Íbamos juntos al trabajo con el pequeño Marius en brazos; una vez en el hospital, lo acomodábamos en un cochecito donde podíamos vigilarlo mientras trabajábamos. Dos años más tarde, surgió una situación similar con otro bebé que necesitaba una familia adoptiva. Así fue como Franz se unió a Marius; eran muy diferentes entre sí, tal como suele ocurrir con los hermanos biológicos. Dos años después, en circunstancias parecidas, Elke se incorporó a la familia. Son, ante todo, hijos de Dios, pero para nosotros también representan el fruto de nuestro amor y de nuestro trabajo en favor de los niños de todas partes.

(J. e U. – Alemania)

Maria Grazia Berretta
extraído de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, anno XII – n.5 –settembre-ottobre 2026)
Foto: © Alexandros Kournoutis by Pexels

Obispos: una experiencia de comunión al servicio de la Iglesia

Obispos: una experiencia de comunión al servicio de la Iglesia

Entre los participantes, procedentes de cuarenta países diferentes, casi noventa obispos y varios cardenales, que vivieron una experiencia de auténtica comunión fraterna, enaltecida por la audiencia con el papa León XIV, el 9 de septiembre. En algunos momentos del encuentro también estuvieron presentes Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente de los Focolares. Estos encuentros se iniciaron en 1977 por iniciativa de monseñor Klaus Hemmerle (1929-1994), obispo de Aquisgrán, junto con Chiara Lubich. Desde entonces se celebran regularmente a nivel internacional, nacional y regional, con el apoyo de los distintos pontífices.

Una unidad nueva

Una unidad nueva

Personas diferentes que viven y trabajan juntas. Como el cuerpo humano, que se compone de diferentes miembros. Chiara Lubich, en un mensaje de los años 2000, hace 26 años, había hablado precisamente de esto, de una «nueva unidad».
Chiara contó que unos días antes se había reunido con varios políticos del Movimiento Político por la Unidad. En su intervención había profundizado en las palabras del Magníficat, y la figura de María había surgido como el modelo por excelencia del político.
De hecho, Chiara veía en el Magníficat la primera y más poderosa página de la doctrina social cristiana. No solo un texto de alabanza, sino un programa para la realización de una sociedad nueva, basada en la justicia y la fraternidad. Un programa que, si se vive, nos lleva a hacer realidad la revolución del amor que se inspira en el Evangelio. Cantar el Magníficat es, por tanto, también para nosotros hoy, comprometernos a ponerlo en práctica. Y como Obra de María que somos, estamos llamados a hacerlo juntos. En una unidad más consciente, más madura, en una «nueva unidad».

Foto: © Pexels-Joaojesusdesign

La experiencia de sentirse extranjero

La experiencia de sentirse extranjero

Ser extranjero no es solo una condición jurídica o geográfica. Es también una experiencia humana que casi todos, de una manera u otra, hemos vivido alguna vez.

Podemos sentirnos extranjeros cada vez que entramos en un contexto cuyos códigos desconocemos: un país nuevo, un nuevo trabajo, una escuela, una residencia, un grupo social o incluso una familia que no es la nuestra. También podemos sentirnos extranjeros cuando las nuevas generaciones utilizan lenguajes y referentes que nos resultan incomprensibles, o cuando descubrimos que la sociedad a la que creíamos pertenecer ha cambiado en una dirección que ya no reconocemos. Todos sabemos qué significa sentirse fuera de lugar: una experiencia común que puede ayudarnos a ponernos en la piel del otro.

La historia de la humanidad ha sido siempre una historia de encuentros entre culturas. Si, por una parte, las migraciones han generado conflictos y dificultades, por otra han favorecido el intercambio, el enriquecimiento mutuo y la profunda transformación de las sociedades. Por eso podemos contemplar el fenómeno migratorio no solo como una emergencia, sino también como una oportunidad para renovar la familia humana. Es una invitación a salir de nuestras seguridades para ir al encuentro del otro.

El verdadero reto es vivir este cambio de época con una mirada capaz de descubrir las semillas de esperanza que las migraciones llevan consigo, transformando la acogida en un espacio donde construir fraternidad.

Podemos empezar con pequeños gestos. Acciones que pueden parecer insignificantes, pero que, unidas a las de muchas otras personas, forman una cadena silenciosa y real capaz de convertirse en un «dique contra la barbarie».

Así lo expresaba Chiara Lubich en una de sus últimas intervenciones públicas, en Londres, en junio de 2004:
«[…] nuestra experiencia nos dice que, para quien hoy se dispone a mover las montañas del odio y de la violencia, la tarea es inmensa. Pero aquello que es imposible para millones de personas aisladas y divididas parece hacerse posible para personas que han hecho del amor mutuo, de la comprensión recíproca y de la unidad el motivo esencial de su vida. […]»

Cuando vivimos así, el diálogo puede convertirse en una verdadera cultura del encuentro, en la que la diversidad de cada uno deja de ser una barrera y se convierte en un don para el bien común.

Como testimonio de ello, un párroco suizo explica las «lecciones» que ha aprendido viviendo en un centro de acogida para personas migrantes. Por una parte, la toma de conciencia de hasta qué punto el racismo está latente en cada uno de nosotros; por otra, la extraordinaria fuerza transformadora que nace del encuentro: «Solo un ejemplo: aquí, en Lucerna, vivió con nosotros durante tres años un joven de Ruanda. No tenía documentación y, cuando llegó, estaba muy afectado psicológicamente. Al principio no fue fácil. Pero, poco a poco, su personalidad original volvió a resplandecer y, con ella, también nuestra comunidad plural floreció en una vida aún más hermosa. ¡Cuánto reímos, celebramos, rezamos y superamos juntos incertidumbres y grandes retos! Nos convertimos en hermanos. Esto se hizo especialmente evidente el día de la partida, contra su voluntad, de este hermano nuestro ruandés. Cuatro policías vinieron a buscarlo a nuestra casa para devolverlo por la fuerza a su país. Se sorprendieron mucho al encontrar allí a diez personas de diferentes nacionalidades que habían venido a despedirse de él y ver un ambiente sereno en una situación tan difícil. (…) Han pasado cinco años y sigue muy vivo, de un continente a otro, el profundo vínculo familiar que se ha creado entre nosotros».

[1]

[1] “Migrazioni: sfide e opportunità” in: Ekklesia – n.26 (2025/1)

Foto © William Fortunato – Pexels

LA IDEA DEL MES, es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www.dialogue4unity.focolare.org

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto» (Ex 22, 20).

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto» (Ex 22, 20).

La Palabra de vida de este mes está tomada del libro del Éxodo, que relata las condiciones cada vez más desesperadas de los israelitas en Egipto. Oprimidos y reducidos a esclavos, claman al cielo pidiendo ayuda. Este clamor llega al corazón de Dios, que decide intervenir, y elige a Moisés como enviado suyo. Después de la liberación tiene lugar la ceremonia que sella la Alianza entre Dios e Israel. El documento que refleja esta relación es el llamado «Código de la Alianza» [1], aceptado por todo el pueblo [2] y cuya parte más conocida son los diez mandamientos. A estos se añaden otras prescripciones y leyes de diverso tipo, todas relacionadas con el evento extraordinario de la liberación. La frase de este mes proviene de este patrimonio de normas de vida y de comportamiento.

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto».

El extranjero forma parte de las categorías preferidas y protegidas por Dios, pues está entre los más vulnerables, junto con el pobre, el huérfano y la viuda. La motivación de esta norma apela ante todo a la memoria de todo lo que vivieron los israelitas siendo esclavos en Egipto. La intervención poderosa de Dios en el Éxodo se reproduce continuamente en el Antiguo Testamento. Se trata de un evento que el pueblo ha de tener siempre presente, como algo que se repite de diversos modos en cada generación. Es significativa la frase de Orígenes en su comentario al libro del Éxodo: «Quien oprime al extranjero muestra que aún no ha abandonado Egipto»[3].

Este mandamiento apela también a la empatía: ponerse en el lugar de los demás ayuda a comprenderlos y a entender qué necesitan. A quien ha pasado por una experiencia difícil le debería resultar más fácil identificarse con el dolor del otro. Pero en el Antiguo Testamento no se trata solo de una experiencia humana: el primero en dar ejemplo de lo que significa entrar en la situación de los demás es Dios mismo.

«No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto».

¿Cómo poner en práctica esta Palabra de vida? Podría ser útil preguntarnos: ¿he experimentado alguna vez el ser extranjero? ¿Me he sentido no aceptado, no acogido, incomprendido, fuera de lugar? ¿Qué he aprendido de estas situaciones? ¿Quién es para mí el extranjero? ¿Y quién es el extranjero para Dios? ¿Cómo puedo acogerlo sin reservas, tal como hace el Señor con nosotros? ¿Qué puedo hacer concretamente?

Escribe Chiara Lubich: «Con un Dios que no hace distinción entre las personas, ¿cómo no grabarse en el corazón la fraternidad universal? Como
hijos del mismo Padre, podemos descubrirnos hermanos y hermanas de cada hombre y mujer con quien nos relacionamos. Por lo tanto, si somos todos hermanos y hermanas, debemos amar a todos, empezando por quien tenemos al lado, sin detenernos. Así, nuestro amor no será platónico y abstracto, sino concreto, a base de servicio. Un amor capaz de ir al encuentro del otro; de entablar un diálogo, de identificarse con sus situaciones de necesidad, de asumir sus cargas y preocupaciones. Hasta que el otro se sienta comprendido y acogido en su diversidad y libre de expresar toda la riqueza que lleva consigo» [4].

Es la experiencia de Maryam, una joven paquistaní.

«En un local, vi cómo el propietario le negaba un té a una señora mayor. Yo solo llevaba en el bolsillo unas rupias (la moneda local), pero me pareció que debía ayudarla, así que me acerqué al dueño y le dije que yo pagaba. Primero me miró dubitativo, pero después de una pausa, sonrió y me dijo: “No, no es justo. Si tú, una clienta, estás dispuesta a poner lo poco que tienes para preocuparte por ella, ¡cuánto más generoso debería ser yo como propietario! Para mí es más fácil darle una taza de té gratis que dejar que pagues tú”. Fue una experiencia fuerte. Procurando mostrar amor, primero a la señora y luego al propietario, he visto que un simple gesto de amabilidad puede abrir el corazón de otra persona».

Augusto Parody Reyes y el equipo de la Palabra de vida


[1]Es 20-23

[2]Cf. Es 24.

[3]Origene, Homiliae in Exodum V,5.

[4] C. LUBICH, Palabra de vida de mayo de 2006: Palabras de Vida/2 (1991-2006) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2026, p. 351.

Foto © Anil Kumar – Pexels