La conciencia de que Dios muestra su amor a través de las circunstancias de la vida, incluso dolorosas, hizo que las primeras focolarinas -en peligro de muerte bajo las bombas de la guerra- desearan ser sepultadas en una sola tumba con el escrito: «Nosotras hemos creído en el amor».

La conciencia de ser amadas por Dios las hizo capaces de estar dispuestas a dar la vida la una por la otra.

Y la consecuencia lógica fue compartir también todos los bienes materiales y la comunión de todas las aspiraciones, temores y proyectos.

Giosi Guella, una de las primeras focolarinas, contaba a propósito de la primera convivencia realizada por Chiara y por sus primeras compañeras: «En la Plaza Cappuccini no había nada. Pero al mismo tiempo había todo: para nosotros y para los demás. Era lógico que no hubiese nada: si había algo se daba. Llevábamos a casa nuestros sueldos, los poníamos en común».

También el trabajo, hacer el balance de los gastos de la casa, estudiar, dar clases, hacer la limpieza como un servicio, se convirtió en una ocasión para amar concretamente al prójimo.

El servicio era la regla de vida de la comunidad que se formó alrededor del primer focolar y hacía pensar en los primeros cristianos que «eran un solo corazón y una sola alma y entre ellos no había ningún indigente» (cf. Hch. 4, 32-35).

Quien se adhiere al “carisma de la unidad”, en una forma o en otra y como una consecuencia natural de la comunión de los corazones, adquiere la costumbre de poner en común sus cosas: quien todo, quien algo, quien lo superfluo. De esta comunión surgió también un proyecto de amplio alcance, ya sea desde el punto de vista teórico que práctico, la Economía de Comunión, que es la expresión madura de una forma integral de concebir a la persona y el servicio a la misma. A ella se adhieren cientos de empresarios en todo el mundo. En las empresas de Economía de Comunión el trabajo se concibe como ennoblecimiento del hombre, la justicia se lleva a cabo con determinación y la legalidad se busca día tras día.

Escribe Chiara Lubich: «La carta magna de la doctrina social cristiana comienza allí donde María canta: “Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada” (Lc. 1,52-53). En el Evangelio está la revolución más alta y transformadora. Y quizás esté en los planes de Dios que también en esta época, inmersa en la solución de los problemas sociales, sea la Virgen la que eche una mano a todos los cristianos para edificar, consolidar, erigir y mostrar al mundo una sociedad nueva en la que resuene potente el Magníficat».

Hechos de vida

test_marius=
Palabra de Vida – Noviembre 2026

Palabra de Vida – Noviembre 2026

“Tengan valor: yo he vencido al mundo.”
(Jn 16, 33)
 
Admitámoslo: en el panorama histórico en que vivimos y del que recibimos noticias cada día más alarmantes, esta Palabra nos parece casi desentonada. En efecto, todo nos lleva a desanimarnos, atrapados entre la inseguridad de situaciones que nos superan y expectativas de rendimiento que nos condicionan.
El Evangelio […]

[leer más]
test_marius=
Palabra de Vida – Octubre 2026

Palabra de Vida – Octubre 2026

 
“No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto.” (Ex 22, 20)
La Palabra de Vida de este mes está tomada del libro del Éxodo, que relata las condiciones cada vez más desesperadas de los israelitas en Egipto. Oprimidos y reducidos a esclavos, claman al cielo pidiendo ayuda. Este clamor llega al corazón […]

[leer más]