16 Ene 2017 | Sin categorizar
Más de 40 seminaristas, acompañados por algunos sacerdotes, procedentes de 17 países de los 5 continentes, se pusieron en marcha para pasar en Loppiano las vacaciones de fin de año. «Elegimos la ciudadela internacional de los Focolares para hacer una experiencia de Dios – escriben –, en la comunión y en el intento de ahondar en esa elección evangélica radical que arde en nuestros corazones». Y es precisamente el Evangelio lo que quieren poner como base de su estadía en Loppiano, empezando por la Regla de oro, esa enseñanza que está presente también en otros textos sagrados de grandes religiones: “Todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos” (Mt 7,12). El grupo es acogido en Vinea Mea, la estructura sede de la Escuela residencial para sacerdotes llegados de varias partes del mundo para formarse a la Espiritualidad de la unidad, típica de los Focolares, haciendo una experiencia de Iglesia, tal como la define S. Juan Pablo II: «Casa y escuela de comunión» (Novo Millennio Ineunte, 43). Algunos sacerdotes de la Escuela y otros expertos de la Ciudadela acompañan a estos futuros sacerdotes en esta experiencia. El método con el que exponen sus temas, algunos incluso de un profundo contenido teológico, es experiencial y dinámico, y comprende también la puesta en común de las propias vivencias, acompañando así a los jóvenes para que a su vez hagan una actualización del mensaje de Jesús.
Uno de ellos escribe: «Quedé profundamente impactado por uno de los puntos fundamentales de la espiritualidad de Chiara Lubich, presentado en el tema “Jesús abandonado, ventana de Dios – ventana de la humanidad”. Entendí que su mirada de amor abre el camino de la humanidad hacia Dios, pero abre también el sendero de Dios hacia el hombre de forma siempre nueva». Y otro: «Comprendí que ese Jesús que se hizo hombre por amor y que expresa el culmen de su amor en el abandono en cruz, no es sólo un hermoso concepto teológico, sino que tiene que llegar a ser vida en mí, amor y servicio para quienes están cerca de mí». Además el contacto con los demás ‘ciudadanos’ de Loppiano les dio la oportunidad de ampliar la comprensión de cómo construir la unidad a pesar de las numerosas diferencias. Concluyendo, algunas impresiones: «En estos días descubrí que también en las relaciones interpersonales la clave es lograr hacerse nada frente al otro, como Jesús abandonado, quemando en Él las dificultades que la vida de unidad conlleva». «Como Jesús, yo también tengo que vaciarme de mi “yo”, y estar dispuesto a “dar la vida” por los hermanos, en cada momento de la jornada». «Lo que más me impactó es la alegría con la que los habitantes de la ciudadela afrontan trabajos y tareas, transmitiendo Dios a los demás». Por el Centro Gens
14 Ene 2017 | Sin categorizar
[…] Cuando Dios creó el género humano, modeló una familia; cuando el Verbo de Dios vino a la Tierra, quiso nacer en una familia; cuando Jesús inició su vida pública, estaba festejando una nueva familia. Dios amó tanto a la familia, la consideró una realidad tan importante, que imprimió en ella su propia huella: de hecho, ella refleja la misma vida de Dios, la vida de la Santísima Trinidad […]. Pero, Dios, ¿cómo concibió a la familia? Dios, que es Amor, la ideó como un entramado, un engranaje de amor: amor nupcial entre los esposos, amor materno, paterno hacia los hijos, filial hacia los padres. Amor de los abuelos por los nietos, de los nietos por los abuelos, por los tíos y viceversa. La familia es pues un tesoro, una joya, un misterio de amor. Fue así como Dios la pensó, la creó. Y su Hijo, redimiendo al mundo, sublimó todo este amor natural, del que están impregnados todos los miembros de la familia, con el amor divino que Él trajo a la Tierra, con el fuego que quiere que arda por todas partes. Por eso, la familia ha llegado a ser, además de la célula básica de la Humanidad creada por Dios, la célula básica de la Iglesia fundada por su Hijo. Gracias al amor sobrenatural que le otorga el Bautismo y los otros sacramentos, especialmente el matrimonio, los componentes de la familia están llamados en efecto, personalmente y juntos, a la sublime y vertiginosa tarea de edificarla como pequeña iglesia, como «ecclesiola» […]. [Jesús] quiere que el esposo vea y ame en la esposa no sólo a aquella con la que comparte su vida, sino que en ella lo ame a Él, a Cristo mismo. En efecto, considera hecho a sí mismo lo que le hace a ella y viceversa. A Jesús en la esposa y a Jesús en el marido hay que amarlos con la medida que Jesús pide y que expresó con estas palabras: «Ámense como yo les he amado» (Jn. 13, 34). Es decir, ámense hasta estar dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Si durante todo el día, los padres tienen presente esto, ya sea cuando rezan o trabajan o se reúnen para comer, cuando descansan o estudian, o ríen o juegan con sus hijos… todos los momentos serán oportunos para dar testimonio de Dios. Leer más: La Familia y la oración De la intervención de Chiara Lubich en el Congreso “Familia-sociedad: raíces en lo Absoluto para el hoy del hombre”- Castel Gandolfo, 8 de Abril de 1989.
13 Ene 2017 | Focolare Worldwide
Hace muchos años un conocido me dijo: “Donde hay gente pobre, hay también mucho dinero”. Yo era joven y no creí mucho en esas palabras. Después de veintiséis años de vivir en Asia, me di cuenta, lamentablemente, de que esto es cierto, también en Mae Sot. En contraste con el sentido común de desarrollo sustentable y sin el mínimo respeto hacia el hombre y la naturaleza, se abren calles, se arman proyectos para instalar en este lugar industrias que ya no eran productivas en las zonas de donde provienen, o se ubican en ese lugar porque fueron desplazadas por estar fuera de la ley o porque eran peligrosas para la salud de la gente. Y todo esto ocurre porque existe una “mano de obra” barata, muy barata, casi a tasa cero; mientras por otro lado existen personas riquísimas dispuestas a sacar provecho de la situación. Los pobres, al cruzar la frontera entre Myanmar y Tailandia, escapan del hambre y de la pobreza de un país que todavía busca la igualdad social, y no logra proteger a las clases menos favorecidas o de distinta religión. En la frontera siguen expulsándolos, disparando, y los que más sufren son los más pequeños. Aumentan los niños huérfanos, los discapacitados, los abandonados, u otros que quedan solos en sus casas, mientras los padres van a trabajar a las plantaciones. ¡Qué triste que es ver a los niños sufriendo! Y Mae Sot está llena de estos niños. Por eso nosotros estamos haciendo algo por ellos con nuestro proyecto. Cada vez que vamos a esa zona, tenemos nuestros “lugares especiales”: casas de huérfanos, casas perdidas en el campo, nuestra pequeña escuela “Goccia dopo Goccia” (“Gota a gota”) con unos sesenta alumnos. Estos son los lugares donde encontramos a muchísimos de estos niños y sus ojos negros que te quedan grabados en el alma y no se van más. Nuestro proyecto ya lleva seis años (pero ya hace varias décadas que ayudamos al pueblo Karen) y beneficia a casi 250 personas de tres naciones (Tailandia, Laos y Vietnam). Son todos micro proyectos, directos y concretos, a favor de núcleos familiares que, a menudo, están por debajo del mínimo necesario para sobrevivir. ¿Qué necesitan? Comida, ropa, pero sobre todo, amor, que alguien se interese por ellos, necesitan una sonrisa, cuidado, en síntesis alguien que les pregunte “¿Cómo estás?”. Es decir, personas que ante ellos sepan “com-padecerse” de sus sufrimientos por llevar una vida de emigrantes, que es la vida de gente que vale poco a los ojos de los ricos y que es explotada. Es esto lo que tratamos de hacer: ayudar, estar al lado de ellos, aliviarlos, darles esperanza y calor. A través de contactos locales nuestra ayuda llega cada mes. Y cada tres meses los visitamos, para encontrarnos con ellos y hacerles sentir concretamente que no los hemos abandonado. “El hecho de que hagan todos estos kilómetros de camino para venir a vernos, nos da la fuerza y nos motiva a seguir viviendo”. Esto es lo que frecuentemente nos dicen. Esos pequeños ojos negros, esos rostros que no sonríen, hablan más que mil y mil palabras. Nos recuerdan las palabras de Chiara Lubich, inspiradora de nuestro proyecto: “Dame a todos los que están solos”. Y nosotros sentimos que estos “solos” son todos nuestros, porque son imagen del rostro de Jesús que continúa gritando en la Cruz y que pide todo el amor que podamos donar. Aquí está el sentido de nuestro proyecto y, diría, de nuestra íntima alegría. Luigi Butori Para colaborar con el proyecto: Banca Cantonale dei Grigioni, 7002 Coira IBAN-Nr: CH19 0077 4010 2957 6490 0 Goccia dopo Goccia Residenza Ragazzi 196a CH 7742 Poschiavo, Suiza E – mail: gica.ceccarelli@bluewin.ch o gocciadopogoccia.ms@gmail.com La asociación es reconocida por la administración cantonal grisonesa. Las donaciones pueden ser deducidas de los impuestos.
12 Ene 2017 | Sin categorizar
https://vimeo.com/192602997 Copyright 2016 © CSC Audiovisivi – All rights reserved
11 Ene 2017 | Focolare Worldwide
«Acabamos de concluir una gira desde Bobo-Dioulasso desde donde viajamos primero a Dori, en el extremo norte de Burkina Faso, y después a Niamey en Níger. El objetivo era responder a las expectativas de las comunidades surgidas alrededor del espíritu de los Focolares de compartir las experiencias y los frutos de la vida que empieza a abrirse camino en estos países de El Sahel”. Empieza así el relato de Aurora y Pascal, focolarinos de Bobo Dioulasso, la segunda ciudad de Burkina Faso, sede del Movimiento en esa región. Burkina, con sus 17 millones de habitantes (50% musulmanes, 30% cristianos y 20% de religiones tradicionales) es uno de los países más pobres del mundo, está cerca de Níger; ninguno de los dos tiene salida al mar. «Llegamos a la ciudad de Niamey, la capital de Níger, donde fuimos acogidos con mucha alegría por la comunidad, empezando por el obispo Mons. Laurent Lompo, quien llegó a ser sacerdote –como él mismo dice- gracias a su participación en su primera Mariápolis. Mons. Lompo es un pastor muy cercano a su gente y concreto en el amor. Nos contó muchas experiencias de diálogo y amistad con los musulmanes que, en Níger, representan el 93% de la población (10 millones). Por tal motivo la relación de los cristianos con el mundo musulmán representa un auténtico desafío, sobre todo después del 17 de enero de 2015 cuando, después de los atentados de París a la revista Charlie Hebdo, los extremistas islámicos quemaron más de 70 iglesias cristianas en el país».
«Mons. Lompo nos aconsejó que fuéramos a visitar a Hawa, una señora que en el pasado había participado en los encuentros del Movimiento pero que por motivos familiares que había hecho musulmana. Sorprendida y conmovida por nuestra visita, nos habló de su familia, de los bellos momentos vividos en la Mariápolis y al oír que pronto en este lugar se realizará una Mariápolis, prometió que se iba a preparar para participar. Era bello ver en ella, y en muchos otros musulmanes que encontramos, la alegría de poder revivir en la ciudad de María (la Mariápolis) la experiencia del amor recíproco. Una alegría que después compartimos con el obispo». «Al final nos encontramos con la pequeña comunidad de Niamey. Son personas muy profundas y con ganas de vivir el Evangelio y llevar adelante la experiencia de la unidad. Una de ellas, a nombre de todos, decía: «Es verdad que nosotros, aquí en África, a menudo tenemos que vivir situaciones difíciles, pero con la espiritualidad de Chiara Lubich aprendemos a amar al otro haciendo nuestro su dolor. ¡Cuánto quisiera que este ideal de fraternidad invadiera nuestra pequeña Iglesia y la sociedad de nuestro país!». Aurora Oliveira De y Pascal Pontien Ntawuyankira