«Agradecemos juntos al Señor por la gran familia espiritual que ha surgido del carisma de Chiara Lubich». Así se expresó el Santo Padre León XIV ante los participantes en la Asamblea General de la Obra de María –Movimiento de los Focolares–, el 21 de marzo de 2026. De Chiara Lubich se conoce, como recuerda el Papa, su labor como fundadora, así como su «espiritualidad de comunión», gracias también a sus numerosas publicaciones. Es menos conocida la experiencia mística que constituye el origen de su Obra y a partir de la que esta última ha obtenido inspiración constantemente. La publicación de Paradiso ’49, dentro del amplio proyecto editorial de sus «Obras» emprendido por la Editorial Ciudad Nueva, del que el presente constituye el sexto volumen, descubre ahora un velo que mantenía reservado, por comprensible voluntad de la propia autora, ese intenso período contemplativo que va del 16 de julio de 1949 hasta finales de 1951, conocido precisamente como “Paradiso ’49”.
Antes de detenernos en el libro, observemos el acontecimiento en sí que este nos relata. El 16 de julio de 1949, después de participar en la misa, Chiara quiere dirigirse a Jesús y llamarlo por su nombre, pero no puede. Lo que ha vivido la ha transformado en Jesús; por lo tanto, no puede llamarse a sí misma, y de su boca sale la palabra que Jesús pronunciaba en su oración: «Abbá, Padre». «Me pareció comprender —escribe más tarde— que quien había puesto en mi boca la palabra: “Padre” había sido el Espíritu Santo». No es solo una palabra, es realidad: «en ese momento me encontré en el seno del Padre. […] Había entrado, pues, en el Seno del Padre, que se presentaba a los ojos del alma (pero es como si lo hubiera visto con los ojos físicos) como una vorágine inmensa, cósmica. Y todo era oro y llamas arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda». Desde el primer momento, el acontecimiento adquiere connotaciones de carácter místico, que se pueden encontrar en fenómenos análogos vividos por otros místicos. Sin embargo, también manifiesta una peculiaridad propia, dada sobre todo por la dimensión unitiva, «colectiva», eclesial.
Antes de asistir a la misa, Chiara había sellado un «Pacto de Unidad» con Igino Giordani, conocido escritor, parlamentario y padre de familia. Juntos habían pedido que fuera Jesús, que venía a cada uno mediante la Eucaristía, quien pactara la unidad del uno con el otro, en total apertura y disponibilidad a su acción, como en un «cáliz vacío». Así había sucedido: sobre ella y sobre él, habiéndose hecho «vacíos de amor», había descendido y permanecido solo Jesús. Los dos se habían convertido en un único Cristo. Se repetía la experiencia del apóstol Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2, 20): las dos almas se habían convertido en una sola alma, la de Cristo. Es esta única alma la que entra en el Seno del Padre. La experiencia mística que está ocurriendo no concierne solo a una persona, sino primero a dos, luego a todo un grupo al que Chiara comunica lo que está viviendo, involucrando siempre a nuevas personas en la misma experiencia: «Tuve la impresión de ver en el Seno del Padre a un pequeño grupo: éramos nosotros». En el Seno del Padre se vive como una sola Alma (la mayúscula es una constante en la narración de Chiara).



Algunos momentos de la presentación en la Pontificia Universidad Lateranense
Cuando poco después se produce el fenómeno, común a muchos místicos, de las «bodas místicas», ya no es la persona individual la que se «desposa», sino todo el grupo, hecho una sola Alma. A partir de ese momento comienza lo que Chiara llama «viajar por el Paraíso», una especie de viaje de novios en el que el Esposo le muestra las realidades del Cielo que ahora también le pertenecen a ella. Y aquí nos adentramos en el contenido de lo que ella llama «luces», «revelaciones», «comprensiones», experiencia e inteligencia de la Revelación, de una intensidad tal que se identifica con lo que «ve», casi conociendo los misterios de la fe desde dentro. Son intuiciones sobre la Obra que está naciendo, líneas guía para una pedagogía de la espiritualidad de comunión, indicaciones que se traducen en oración y en la vida cotidiana: «como en el Cielo, así en la tierra».
El texto no es de fácil lectura, tanto por su lenguaje místico —con paradojas, metáforas y oxímoron— como, sobre todo, por la densidad de sus contenidos. La autora compuso esta obra a lo largo de muchos años, prácticamente hasta el final de su vida, seleccionando y ordenando los escritos de ese periodo de iluminación. Nos encontramos ante una multiplicidad de géneros literarios: cartas, páginas íntimas al estilo de un diario espiritual, anotaciones para conversaciones, artículos de periódico y comentarios a la «Palabra de Vida», momentos autobiográficos y especulativos, incluso una fábula. La experiencia, sin embargo, aunque variada, se desarrolla como un hilo de oro que sigue una pedagogía divina, «un desvelarse de misterios ligeros y suaves como el Paraíso, lógicos y progresivos como la vida». La publicación reproduce el escrito completo, tal y como ella quiso donarlo, con sus anotaciones elaboradas durante la lenta relectura.

Los ponentes de la presentación: Alessandro Clemenzia, decano de la Facultad Teológica de Italia Central; Angela Ales Bello, profesora emérita de filosofía contemporánea de la Pontificia Universidad Lateranense; Stefan Tobler, teólogo y director del Instituto de Investigación Ecuménica de la Universidad «Lucian Blaga» de Sibiu (Rumanía); Brendan Leahy, teólogo y obispo de Limerick (Irlanda)
El libro viene precedido de dos ensayos: uno de carácter histórico, de Alba Sgariglia[1], que recorre la historia y la laboriosa elaboración del texto; y otro de carácter teológico, de Piero Coda[2], que muestra la naturaleza de la experiencia y cómo esta se enmarca en el camino histórico de la Iglesia, revelando al mismo tiempo su novedad. El libro se enriquece con un glosario, una bibliografía e índices bíblicos y temáticos.
Un texto fundamental para la comprensión del carisma de Chiara Lubich, que trasciende su Movimiento. Es una obra destinada a formar parte del patrimonio místico-doctrinal de la Iglesia, capaz de hablar a cada persona, «un legado que hay que compartir y hacer fructificar», como escribe Coda.
¿Cómo leer esta obra? «Todos estos papeles que he escrito —anotaba ya la autora el 25 de julio de 1949— no valen nada si el alma que los lee no ama, no está en Dios. Valen si es Dios quien los lee en ella». Es una ley elemental para comprender cualquier obra: ponerse a su mismo nivel. Para comprender adecuadamente el Paradiso ’49 es indispensable ponerse con sinceridad a la escucha de la experiencia de su autora y casi entrar con ella en ese «Paraíso» del que da testimonio el libro. Lubich estaba convencida de ello. Cuando el 22 de noviembre de 2003 comenzó de nuevo la lectura de su escrito, junto con un pequeño cenáculo de profesores que había reunido a su alrededor, llamado «Escuela Abbá», anotó en su texto: «Esta vez lo leemos con el propósito de convertirnos, traduciéndolo en vida. Debemos hacer que la Escuela Abbá se convierta en Paraíso. Además, solo así se comprenden los contenidos de estos volúmenes».
Fabio Ciardi, OMI
Foto: © Carlos Mana – CSC Audiovisivi
[1] Alba Sgariglia è ricercatrice del Centro Studi del Movimento dei Focolari e membro della Scuola Abbà per l’ambito teologico-mariologico.
[2] Piero Coda è Segretario generale della Commissione Teologica Internazionale e Docente di Ontologia trinitaria presso l’Istituto Universitario “Sophia”. Già Presidente dell’Associazione Teologica Italiana dal 2004 al 2011.




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