8 Jul 2017 | Sin categorizar
¡
Te he encontrado en muchos lugares, Señor! Te he sentido palpitar en el silencio profundo de una ermita alpina, en la penumbra del sagrario de una catedral vacía, en el palpitar unánime de una muchedumbre que te ama y llena las arcadas de tu iglesia de cantos y de amor. Te he encontrado en la alegría. Te he hablado más allá del firmamento estrellado, mientras, de noche y en silencio, volvía del trabajo a casa. Te busco y a menudo te encuentro. Pero donde siempre te encuentro es en el dolor. Un dolor, cualquier dolor, es como el sonido de la campanilla que llama a la esposa de Dios a la oración. Cuando aparece la sombra de la cruz, el alma se recoge en el sagrario de su intimidad y, olvidando el tintineo de la campana, te «ve» y te habla. Eres Tú, que vienes a visitarme. Soy yo que te respondo: «Heme aquí, Señor. Te quiero. Te he querido». Y en este encuentro mi alma no siente su dolor, sino que está como embriagada por tu amor, invadida por ti, impregnada de ti: yo en ti, Tú en mí, a fin de que seamos uno. Luego, abro de nuevo los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrida, para conducir tu guerra. De Chiara Lubich, “La doctrina espiritual”, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 2002, págs.140-141.
7 Jul 2017 | Focolare Worldwide
Después de una violenta guerra civil que duró unos largos 12 años, Burundi, está actualmente sufriendo una crisis política que produce una gran fractura entre las instituciones y los ciudadanos. Hay numerosas manifestaciones de protesta en contra del gobierno y muchos jóvenes fueron arrestados. Se producen homicidios y secuestros, y muchos huyen dejando los propios pueblos o inclusive el país.
Los gen, jóvenes de los Focolares, se comprometieron en “vivir por la propia gente”, reconociendo en cada dificultad o persona que sufre un rostro de Jesús crucificado y abandonado, para amarlo concretamente. «Fuimos a socorrer a muchos heridos – cuenta Lewis. Durante una de las visitas a un hospital de la capital lavamos la ropa de los enfermos y compartimos comidas con algunos de ellos. Fuimos a visitar a los niños de un asilo de huérfanos. Jugamos y compartimos la tarde con ellos, tratando de que estén contentos. Aprovechamos también para ayudar en la limpieza». Los gen, muchos de ellos estudiantes universitarios, organizaron una “Conferencia de paz” en la Universidad de Burundi, que estuvo muy concurrida. «La sala estaba llena y esto nos confirmó que las personas aspiran de verdad a la paz. Nuestro grupo musical, el “Gen Sorriso” cantó algunas canciones que fueron muy bien recibidas por parte de los presentes. En especial la canción “I Believe” (ver el video) compuesta por ellos, alienta a los jóvenes de nuestro pueblo a ir contra la corriente, siendo sensibles al sufrimiento de los demás, con la invitación de hacer la propia parte para cambiar el mundo. Cuando hicimos las tomas de este videoclip nos tuvimos que esforzar para ir más allá de las situaciones adversas que nos rodeaban y creer, que, a pesar de todos, la paz es siempre posible». Para que sea más visible y eficaz su compromiso, junto con la comunidad local de los Focolares, los jóvenes comenzaron el proyecto “TOPA” (Proyecto por la paz en Burundi), que incluye una serie de iniciativas en favor de la paz y de la reconciliación. «A través de conferencias temáticas, programas de radio, actividades de beneficiencia, concursos de arte, de poesía y de canto y una gran fiesta de clausura, iniciativas que fueron siempre difundidas en las redes sociales, tratamos de involucrar al mayor número de personas a que se comprometan con nosotros para construir la paz en nuestro país». https://www.youtube.com/watch?v=Q2fobgsqI7c
6 Jul 2017 | Sin categorizar
«El pasado 25 de marzo se conmemoró el 60° aniversario de los Tratados de Roma, que hicieron nacer concretamente aquella “comunidad de pueblos” que Robert Schuman había entrevisto plenamente. El 7 de mayo de 1950, de hecho, había propuesto a Adenauer “una solidaridad de producción” de carbón y acero, que hiciera imposible cualquier forma de guerra entre Francia, Alemania y los demás Países que adhirieran. Un acto extraordinario para reconciliar a pueblos postrados por el más terrible conflicto experimentado hasta el día de hoy. Europa estaba devastada, más de 35 millones de muertos, no sólo escombros, sino también destrucción social, política, moral. Sin leyes, sin orden público, sin servicios… En aquellos estremecedores días ya habría sido mucho salvaguardar la seguridad de los confines y vigilar sobre los acuerdos de paz. ¿Cómo se ha llegado, en cambio, a imaginar la curación profunda de las heridas de tal modo que de tantos pueblos en contraposición formen un solo pueblo europeo? ¿Quién inspiraba a Schuman, Adenauer, De Gasperi y a otros más? Queremos pensar que ha sido Dios quien suscitó las ideas y la fuerza para Europa. Dios que testimonió su amor por los hombres hasta morir por ellos con una muerte atroz e infame, que se identificó con todos los dolores de la Humanidad, comprendidos los que derivan de las violencias y las guerras. Dios, que también hoy puede pedir a los pueblos que se reconcilien y formen una única familia universal. Los fundadores de Europa hicieron esa experiencia. No se dejaron aplastar por lo absurdo del mal, de las dictaduras deshumanas, del conflicto, de la Shoah… Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares, a propósito de la cultura que nace de una profunda reconciliación, decía: “…Cada persona puede aportar una propia, típica contribución a todos los ámbitos: a la ciencia, al arte, a la política, a las comunicaciones y así sucesivamente. Y su eficacia será mayor si trabaja juntamente con otros, unidos en el nombre de Cristo. Es la Encarnación que continúa, encarnación completa que se refiere a todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo. Así nace y se difunde en el mundo, la que podríamos llamar “cultura de la Resurrección”: cultura del Resucitado, del Hombre nuevo y, en Él, de la Humanidad nueva”. Y si ésta fue en cierto modo la aventura de los fundadores de Europa, podemos – y diría: debemos – aspirar a continuar su obra. Todos estamos llamados a ello. La unidad de los pueblos de Europa es un itinerario educativo, cultural, espiritual, y al mismo tiempo, también político, económico, social, comunicativo. He aquí, por tanto, algún posible paso ulterior: ante todo se nos pide a nosotros los cristianos no sólo la reconciliación sino un camino de común testimonio, camino que ha visto recientes encuentros históricos: en Lund, en Suecia; en Lesbo, en Grecia; en Cuba. A todos nosotros nos toca la tarea de contribuir en los pasos hacia la plena y visible comunión, sabiendo que esto será muy determinante para la unidad de Europa y para servir mejor a la Humanidad. Queremos además ensanchar la mirada a toda Europa – del Atlántico a los Urales – y esto significa el reconocimiento recíproco de los valores y los espacios de colaboración entre el Norte y el Sur, entre el Este y el Oeste. Las guerras, los regímenes totalitarios, las injusticias, han dejado heridas que hay que curar. Para ser verdaderamente constructores de la unidad europea, debemos lograr reconocer que lo que hoy somos es fruto de una historia común y de un destino europeo que tenemos que tomar íntegramente en nuestras manos. Si como consecuencia se renovaran las relaciones entre la Unión Europea y los Países europeos que no adhieren a ella, éste sería un paso importante para la paz, particularmente para Oriente Medio. También en Europa hay una fuerte necesidad de participación de los ciudadanos en la vida de la ciudad y de todo el continente. En otras palabras, hay que regenerar la democracia que nació en Europa que, sin embargo, hoy tiene necesidad de una nueva dimensión, más efectiva, más densa, más adecuada a este siglo.
Y prosigue: En un contexto europeo multicultural y multireligioso hay una gran necesidad de una nueva capacidad de diálogo. Diálogo que puede sustentarse en la “Regla de oro“, que dice: “Haz a los demás lo que querrías que te hicieran a ti” (Cf. Lc 6,31); regla común a todas las principales religiones de la Tierra y que acogen con gusto también quienes no tienen un referente religioso. Sería necesario además revisar y aplicar, también a nivel institucional, el lema elegido por la Unión Europea “unidad y diversidad”. Sería un don también para los pueblos que, en otros continentes, están buscando caminos para unirse. En la visión de los fundadores, nunca se pensó en una Europa cerrada en sí misma, sino abierta a la unidad de la familia humana. Es significativo reafirmarlo aquí en Malta, el Estado europeo más al Sur, inmerso por alimentación, lengua y, sobre todo, por vocación, en el Mediterráneo, que de ‘tumba azul’ debería volver a ser “Mare nostrum”: de Europa, de África y de Oriente Medio unidos. Las muchas crisis internacionales actuales nos dan la nítida percepción de que es muy largo el camino para llegar verdaderamente a ello. Decía todavía Chiara Lubich: “Hace falta un estudio paciente, hace falta sabiduría, hace falta sobre todo no olvidar que hay Alguien que sigue nuestra historia y desea – si colaboramos con nuestra buena voluntad – realizar sus designios de amor sobre nuestro continente y sobre todo nuestro planeta”. Podemos concluir que para un fin tan alto vale la pena, sin duda, comprometer toda nuestra existencia. Que también este Forum contribuya a poner en pie aquella “Europa familia de pueblos” que, según el Papa Francisco, es “capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, la capacidad de dialogar y la capacidad de generar”». María Voce Malta, St John’s Cathedral, 7 de mayo de 2017
5 Jul 2017 | Focolare Worldwide
Se viaja por varios motivos: por curiosidad, por sed de conocer, por espíritu de aventura, para encontrar respuestas o para conocerse a sí mismos. No es así para Gianni Ricci, autor junto con Delfina Ducci de un volumen editado por Cittá Nuova, El largo camino del “hacerse uno”, quien ha recorrido muchos kilómetros. Su vida es una “vida en viaje”, se podría decir, pero para acercarse a las infinitas modalidades de la humanidad que sufre. Nace en Ripalta, Cremasca, en el Norte de Italia, en una familia sencilla pero digna, crece en la autenticidad de los valores cristianos. A los veinte años conoce el Ideal de la unidad de Chiara Lubich, que revoluciona su modelo de vida cristiano, a tal punto que comprende que el camino del focolar es un camino para recorrer durante toda la vida. En 1964 parte para Loppiano (Florencia, Italia), ciudadela del Movimento que estaba en sus inicios, a la que se dedica durante más de veinte años con gran empeño. Después de Loppiano, su adhesión a los planes de Dios lo lleva a trasladarse, primero a Turquía, para seguir los desarrollos de la comunidad naciente, después va a Líbano, Tierra Santa, Argelia, Jordania, Iraq, Egipto, Siria, Túnez, Marruecos. «¡Cuántos cambios imprevistos en mi vida! ¿Qué posibilidades o gracias me faltan para hacerme santo? Aquí hay mucho trabajo por hacer» Gianni Ricci, globe trotter del alma, anota todo lo que encuentra, desglosando detalles en las dificultades encontradas, especialmente en la forma de relacionarse con pueblos tan distintos. Inclusive mostrando la tragedia de las guerras, que causan heridas profundas en la población y empañan las esperanzas de un posible futuro de estabilidad y paz, no busca soluciones o posibles explicaciones en la historia. Simplemente vive al lado de quien encuentra, con el corazón libre y abierto hacia una humanidad “esparcida”, que habla el mismo idioma del corazón y del sufrimiento. «A fines de enero de 1986, con Aletta (focolarina de los primeros tiempos), comienza el primer viaje desde Estambul a Ankara y desde allí a Beirut, en Líbano. ¡El aeropuerto está casi destruido por las bombas! Líbano había sido sacudida por la guerra civil (…). Los controles son implacables, las autoridades sospechan de todo y de todos. Cada cabina de control es manejada por facciones distintas. Después de ocho días, Gianni parte para Estambul. A lo largo de los 120 Km que separan Beirut de la frontera con Siria, lo esperan 13 puestos de control. En la primera arriesga la vida. Gianni se detiene delante de un puesto, donde un soldado armado hasta los dientes le pide los documentos. Se los da y parte. Después de pocos metros un joven le pide que vuelva atrás y le hace notar que el guardia tiene el fusil apuntándolo y que no le había dado el permiso para proseguir. No apretó el gatillo, gracias a Alá, le dice». No es un relato político, sino exquisito y “solamente” humano. La humanidad de la que habla no tiene color o idioma, no tiene pasaporte, fronteras, leyes o costumbres. En cada lugar donde fue destinado, Gianni cuida especialmente la relación con las Iglesias locales, con el Islam, con el mundo judío, se dedica a sostener a las personas que encuentra desafiando el miedo, la incertidumbre por el mañana, la tensión provocada por la guerra. Una sucesión de recuerdos en la perspectiva de la unidad. Esta es la “lógica” que todavía mueve a Gianni, una persona que observa con asombro las cosas de Dios. Las citas son extraídas de “El largo camino del `hacerse uno´”. Experiencias en Medio Oriente, Cittá Nuova, 2016.