Movimiento de los Focolares
Un largo camino en Medio Oriente

Un largo camino en Medio Oriente

Il lungo cammino...Se viaja por varios motivos: por curiosidad, por sed de conocer, por espíritu de aventura, para encontrar respuestas o para conocerse a sí mismos. No es así para Gianni Ricci, autor junto con Delfina Ducci de un volumen editado por Cittá Nuova, El largo camino del “hacerse uno”, quien ha recorrido muchos kilómetros. Su vida es una “vida en viaje”, se podría decir, pero para acercarse a las infinitas modalidades de la humanidad que sufre. Nace en Ripalta, Cremasca, en el Norte de Italia, en una familia sencilla pero digna, crece en la autenticidad de los valores cristianos. A los veinte años conoce el Ideal de la unidad de Chiara Lubich, que revoluciona su modelo de vida cristiano, a tal punto que comprende que el camino del focolar es un camino para recorrer durante toda la vida. En 1964 parte para Loppiano (Florencia, Italia), ciudadela del Movimento que estaba en sus inicios, a la que se dedica durante más de veinte años con gran empeño. Después de Loppiano, su adhesión a los planes de Dios lo lleva a trasladarse, primero a Turquía, para seguir los desarrollos de la comunidad naciente, después va a Líbano, Tierra Santa, Argelia, Jordania, Iraq, Egipto, Siria, Túnez, Marruecos. «¡Cuántos cambios imprevistos en mi vida! ¿Qué posibilidades o gracias me faltan para hacerme santo? Aquí hay mucho trabajo por hacer» Gianni Ricci, globe trotter del alma, anota todo lo que encuentra, desglosando detalles en las dificultades encontradas, especialmente en la forma de relacionarse con pueblos tan distintos. Inclusive mostrando la tragedia de las guerras, que causan heridas profundas en la población y empañan las esperanzas de un posible futuro de estabilidad y paz, no busca soluciones o posibles explicaciones en la historia. Simplemente vive al lado de quien encuentra, con el corazón libre y abierto hacia una humanidad “esparcida”, que habla el mismo idioma del corazón y del sufrimiento. «A fines de enero de 1986, con Aletta (focolarina de los primeros tiempos), comienza el primer viaje desde Estambul a Ankara y desde allí a Beirut, en Líbano. ¡El aeropuerto está casi destruido por las bombas! Líbano había sido sacudida por la guerra civil (…). Los controles son implacables, las autoridades sospechan de todo y de todos. Cada cabina de control es manejada por facciones distintas. Después de ocho días, Gianni parte para Estambul. A lo largo de los 120 Km que separan Beirut de la frontera con Siria, lo esperan 13 puestos de control. En la primera arriesga la vida. Gianni se detiene delante de un puesto, donde un soldado armado hasta los dientes le pide los documentos. Se los da y parte. Después de pocos metros un joven le pide que vuelva atrás y le hace notar que el guardia tiene el fusil apuntándolo y que no le había dado el permiso para proseguir. No apretó el gatillo, gracias a Alá, le dice». No es un relato político, sino exquisito y “solamente” humano. La humanidad de la que habla no tiene color o idioma, no tiene pasaporte, fronteras, leyes o costumbres. En cada lugar donde fue destinado, Gianni cuida especialmente la relación con las Iglesias locales, con el Islam, con el mundo judío, se dedica a sostener a las personas que encuentra desafiando el miedo, la incertidumbre por el mañana, la tensión provocada por la guerra. Una sucesión de recuerdos en la perspectiva de la unidad. Esta es la “lógica” que todavía mueve a Gianni, una persona que observa con asombro las cosas de Dios.   Las citas son extraídas de “El largo camino del `hacerse uno´”. Experiencias en Medio Oriente, Cittá Nuova, 2016.  

Kilómetros de esperanza

Kilómetros de esperanza

Gen Rosso-aToda vida conlleva una esperanza. También en el oscuro túnel de la dependencia se puede encender una luz. En 1983, en la ciudad de Guaratinguetá, en el Estado de San Pablo (Brasil), Nelson Giovanelli se acercó a un grupo de drogadictos, animado por el Padre Hans Stepel, franciscano alemán. Nelson se conquista su confianza. Uno de ellos, Antonio Eleuterio, pide ayuda para salir del círculo de la droga. Son los primeros pasos de la gran familia de la Fazenda da Esperança. En1989, Iraci Leite y Lucilene Rosendo, dos jóvenes chicas de la misma parroquia, siguiendo el ejemplo de Nelson, dejan todo para dedicarse totalmente a esta nueva misión. En el 2007, el papa Benedicto XVI visita la primera comunidad en Pedrinhas, en Brasil, cerca del Santuario de Aparecida. Desde entonces la propuesta de vida de la Fazenda da Esperança empieza a difundirse en todo el mundo. Los trabajadores de las actuales 118 Fazendas, esparcidas en 17 naciones, son personas voluntarias, a menudo provenientes de un pasado de droga y alcohol, quienes después de un camino de recuperación han advertido el llamado de Dios a ser también ellos portadores de la esperanza para cuantos han precipitado en su misma oscuridad. Los primeros días de mayo de 2017, 60 voluntarios de varias Fazendas del mundo fueron a Asís, la ciudadela de San Francisco y Santa Clara, y a Loppiano (Italia), para iniciar una nueva “misión esperanza” a lo largo de las vías de Europa. Durante dos semanas con ellos estuvo también el conjunto internacional Gen Rosso. Alemania, finales de mayo. Cuentan algunos miembros del conjunto: «Cada mañana una caravana de automóviles y camionetas partía para un nuevo destino, en un área de 400 kilómetros: escuelas, comunidades, grupos, cárceles. Los chicos y las chicas de la Fazenda comparten el testimonio de sus vidas atormentadas; suscitan interrogantes, responden a las preguntas. Sobre todo encienden la esperanza, si ellos lo lograron ¿por qué yo no? Son historias de droga, desesperación, soledad, temor, crímenes, cárcel. Cuando la oscuridad era total, una luz se encendió en sus vidas: Dios me ama, así como soy, así como estoy reducido. ¿A qué aferrarse para renacer? A la “Palabra de vida”, al amor recíproco, pan cotidiano para volverse a levantar y recomenzar». Un mensaje detonador, que va con el sonido de las palabras, pero también al ritmo de la música y siguiendo los pasos de la danza, haciéndose cada vez más atrayente. Primero suscita simple interés y momentos de suspenso, Después la duda se disipa, en la boca de muchos chicos se abre la sonrisa. Hasta llegar a momentos de profundo intercambio. «También hoy el anuncio de la esperanza se ha abierto brecha en muchos corazones». El tourEvery Life Has Hope” recorre kilómetros, atraviesa ciudades y regiones, dando testimonio de la presencia de Dios en el hoy de la sociedad, y de la posibilidad para todos, sin excluir a nadie, de volver a empezar. En la cárcel de Bielefeld, la “caravana” se encuentra con cien detenidos. En Arnsberg, ciudad del noreste de Alemania, se reúne con los miembros del Movimiento Shalom. El día de Pentecostés, en Colonia, el viaje prevé una etapa en una comunidad parroquial, en la tarde tiene lugar el encuentro con la Cáritas. Por invitación del obispo auxiliar, el conjunto canta la misa en la Catedral, proponiendo “Yo estaba allí”, una canción compuesta para esa ocasión. En Gut Hange festejan los primeros 5 años de la apertura de una Fazenda femenina. Y todavía: visitas a lugares de acogida de mendigos, enfermos terminales, encuentros con estudiantes y con chicos drogadictos que están en una institución pública, con una congregación de hermanas que se dedica a la acogida de chicas en serias dificultades. El tour hace una etapa en Bélgica, en la comunidad de Peer, una ciudad donde pronto se abrirá una nueva Fazenda. Después de dos semanas intensas y alegres, el grupo de la Fazenda prosigue hacia Berlín y Polonia, mientras que el Gen Rosso regresa a Loppiano en vista de las próximas etapas del musical “Campus” en Puglia (en el sur de Italia), donde se inaugurará una nueva Fazenda. Nuevamente juntos para encender una nueva esperanza.    

El Evangelio vivido: ir contra la corriente

El Evangelio vivido: ir contra la corriente

20170703-01¿Cuántas veces se debe perdonar? «Hace tres años mi hermanastro mayor vino a nuestra casa y ofendió a mi esposa cuando yo estaba afuera, en el trabajo. Cuando volví a casa me enojé mucho, pero juntos decidimos no reaccionar. Después supimos que su hija, que vivía con nosotros en ese período, había vuelto a su casa diciendo que debía prepararse ella sola el almuerzo. Además, ante nuestra gran sorpresa, mi hermano comenzó a contar a las personas de nuestra comunidad que lo habíamos insultado y que nos perdonaría solamente después que le expresáramos nuestras disculpas. En ese momento, para nosotros, era demasiado y durante un año no le dirigimos más la palabra. Un día me acordé que Jesús nos enseñó que debemos perdonar hasta setenta veces siete, cualquiera sea la situación que se presente y además rezar por nuestros enemigos. Así, el último día del año, organicé una reunión de reconciliación entre nosotros, con la presencia de toda nuestra gran familia. Fui el primero en hablar. Les dije a los miembros de la familia que no estábamos allí para hacer grandes discursos, ni para juzgar al otro, sino simplemente para pedir perdón a mi hermano mayor y que estábamos entristecidos por haberlo ofendido. Después me levanté y me arrodillé delante de él, un gesto que significaba humildad y magnanimidad, dos virtudes cristianas. Los miembros de la familia, incluido mi hermano, quedaron asombrados por este gesto y ninguno de ellos se animaba a decir ninguna palabra.  Después de un momento, él dijo que me había perdonado. Volvimos a casa felices y serenos por haber restablecido la paz entre nuestras familias.»  (Christopher e Perpetua Idu – África) Pearl_resizedUna perla de gran valor «Estaba viviendo un matrimonio verdaderamente duro. Mi marido, que en un tiempo era un hombre amable, inteligente y culto, se había vuelto alcohólico debido al período en que había vivido bajo las armas. Cuando volvió del frente (de guerra) a Inglaterra, retomó la vida de forma normal, pero pronto le apareció una úlcera duodenal que le dolía mucho. Era incurable y muy a menudo no estaba en condiciones de trabajar. Fue en ese momento que descubrió el alcohol como una eficaz solución para no sentir el dolor… Bebía mucho. Viví con él este momento terrible. Fue un verdadero trauma tanto físico como mental: ¡no podía más! Pedí consejo a varios médicos y profesionales pero sin éxito. Después de algunos años encontramos el Movimiento de los Focolares. Escribí a una persona a la que le tenía mucho respeto y confianza. Su respuesta me asombró: «Gracias por compartir conmigo tu “perla de gran valor”…». ¿Cómo podía llamarse a la enorme dificultad que estábamos viviendo, una “perla de gran valor”? Se necesitaron años para comenzar a comprender de qué modo podría transformar el sufrimiento en amor, saber perder todo lo que creía que era necesario para nosotros, ser aceptados socialmente, y no fingir que todo estaba bien. En el fondo se trataba de decir “sí” en vez de “no”. Al final me rendí, permitiendo que Dios me envolviera entre Sus brazos. Y Él se manifestó. En el último período de su vida, mi marido hizo una experiencia profunda del amor personal de Dios y no tomó más. También yo logré liberarme de la depresión. Es cierto que llegar a esta meta me llevó una gran parte de mi vida. Pero era, y es, mi “perla de gran valor”.» (Fuente: New City – Londres)

El esplendor de la naturaleza

El esplendor de la naturaleza

«Contemplando la inmensidad del universo, la extraordinaria belleza de la naturaleza y su potencia, me remonté espontáneamente al Creador de todo y adquirí una nueva comprensión acerca de la inmensidad de Dios. La impresión que tuve fue tan fuerte y tan nueva que enseguida me habría arrojado a tierra de rodillas para adorar, alabar y glorificar a Dios. Sentí la necesidad de hacerlo como si ésta fuese mi vocación actual. Y casi como si ahora se abrieran mis ojos, comprendí como nunca Quién es el que hemos elegido como ideal; o mejor dicho, Quién es el que nos ha elegido a nosotros. Lo vi tan grande, tan grande, tan grande que me parecía imposible que hubiera pensado en nosotros. Esta impresión de su inmensidad ha permanecido en mi corazón durante algunos días. Ahora, al rezar: “Santificado sea tu nombre” o “Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo” es otra cosa para mí: es una necesidad del corazón. (Rocca di Papa, 22.1.87) «[…]  Contemplar, tal vez, la infinita extensión del mar, una cadena de montañas altísimas, un glaciar imponente, o la bóveda del cielo punteada de estrellas… ¡Qué majestuosidad! ¡Qué inmensidad! Y a través del esplendor deslumbrante de la naturaleza, nos remontásemos a Aquél que es su autor: Dios, el Rey del universo, el Señor de las galaxias, el Infinito. […] Él está presente en todas partes: está en el centelleo de un arroyo, en una flor que se abre, en una aurora clara, en un rojo atardecer, en una cumbre nevada … En nuestras metrópolis de cemento, construidas por la mano del hombre entre el ruido del mundo, la naturaleza pocas veces se ha salvado. Y sin embargo, si queremos, basta con un retazo de cielo azul descubierto entre los tejados de los rascacielos, para acordarnos de Dios; es suficiente un rayo de sol, que no deja de penetrar ni siquiera a través de los barrotes de una cárcel; es suficiente una flor, un prado, el rostro de un niño…  […] Esto nos ayudará a regresar entre los hombres, donde tenemos nuestro sitio, sintiéndonos fortalecidos, igual que se sentía Jesús cuando, después de haber rezado al Padre durante toda la noche en los montes, bajo el cielo estrellado, volvía entre los hombres a hacer el bien». (Mollens, 22.9.88) De Chiara Lubich – “Buscando las cosas de arriba” – Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1993, págs. 18 – 20

Maria Voce: “El ecumenismo sirve para la paz”/2

Maria Voce: “El ecumenismo sirve para la paz”/2

59° SETTIMANA ECUMENICA - “CAMMINADO INSIEME. CRISTIANI SULLA VIA VERSO L'UNITA'Guerras, amenazas nucleares, terrorismo. Son muchos los desafíos. Usted ha dicho que el ecumenismo es importante para la paz. ¿Puede explicarnos por qué y cómo? «El ecumenismo es importante para la paz porque el ecumenismo es unidad. La unidad es la paz. La unidad es ser un corazón solo y un alma sola. Es amarse. Es compartir los propios bienes, los dolores, las alegrías. Y esto conlleva la paz. ¿Qué es la paz? La paz no es ausencia de bombardeos. No es un acuerdo que se firma. La paz no es nada de esto. La paz es la unidad de los corazones. El ecumenismo sirve para construir y ampliar la unidad de los corazones y, por lo tanto, sirve para la paz, sirve muchísimo para la paz. Si después, los cristianos se presentan unidos, seguramente influirán más. Y realizarán juntos también proyectos de paz, sobre todo, allá donde la paz está continuamente amenazada. Ayudarán a poner en práctica la coparticipación en los bienes del mundo, y a quienes huyen de los Países en guerra buscando una vida mejor, les acogerán. Pero ayudarán si están unidos. Y si están unidos ayudarán a dar esos pasos necesarios para que la paz pueda realizarse». ¿Qué contribución está dando el Papa Francisco al Movimiento ecuménico y qué tipo de estilo está comunicando a la Iglesia? «Yo advertí su contribución desde el primer momento en el que se asomó a la ventana, cuando se presentó ante el mundo como obispo de Roma. Y ésa fue la primerísima contribución del Papa al camino ecuménico de las Iglesias. Es una contribución que prosigue, también en esta continua ansia suya de reforma de las Iglesias y de la Iglesia dirigida hacia una mayor colegialidad y participación, tanto de los pastores, como de los fieles, así como de una mayor humildad recíproca y reconocimiento de los errores cometidos. Todo un proceso que va en el sentido del camino ecuménico.» 59° SETTIMANA ECUMENICA - “CAMMINADO INSIEME. CRISTIANI SULLA VIA VERSO L'UNITA'Los participantes en la Semana ecuménica 2017 asistieron a la audiencia general en la que el Papa Francisco habló de María como madre que estuvo junto a su Hijo hasta la Pasión. ¿María es modelo del camino ecuménico? «Diría que sí. Porque María es madre, es madre de Dios y madre de Jesús y, por tanto, madre de todos los hombres. Seguramente una madre quiere ver a sus hijos unidos. Trata de hacer todo lo que puede para que los hijos se reúnan, reconozcan que Dios bajó a la Tierra y se hizo hombre por ellos. Quiere que se amen, que no peleen, que no discutan con odio el uno contra el otro, sino que busquen modos cada vez nuevos para comprenderse. María nos ayuda en esto. Y además, yo creo que María nos ayuda precisamente en su estar bajo la cruz. Con su desolación. Me parece que allí, ella misma pierde su tesoro más grande y nos enseña a saber perder algo, también esa riqueza que cada Iglesia tiene pero que está llamada a recomponerse con las riquezas de las demás. Si María logró perder al Hijo, nosotros podemos perder una idea, un recuerdo, una herida que arrastramos dentro, un prejuicio, para construir y llegar a ser constructores de unidad.» Maria Voce Por M. Chiara Biagioni    Fuente: SIR Lee la primera parte