Visita a Jordania – síntesis de vídeo
«No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad»
Debemos amar entonces, dice el apóstol, además que con los hechos, también en la verdad. El amor cristiano, mientras intenta traducirse en hechos concretos, se preocupa por inspirarse en la verdad del amor que encontramos en Jesús; se preocupa por hacer obras conformes a sus sentimientos y enseñanzas. Debemos amar en la línea y en la medida mostrada por Jesús.
«No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad»
¿Cómo vivir entonces la Palabra de vida de este mes? Su mensaje es muy claro. Es una llamada a la autenticidad cristiana, sobre la cual Jesús ha insistido tanto. ¿Pero no es ésta también la gran expectativa del mundo? ¿No es cierto que el mundo de hoy quiere ver testimonios del amor de Jesús?
Amemos entonces con hechos y no con palabras, comenzando por los humildes servicios que nos piden cada día las personas que nos encontramos.
Y amemos en la verdad. Jesús actuaba siempre en línea con la voluntad del Padre; de la misma manera también nosotros debemos actuar siempre en línea con la palabra de Jesús. Él quiere que lo veamos en cada prójimo. De hecho, lo que hagamos a cada uno lo considera hecho a sí mismo. Quiere que amemos a los demás como a nosotros mismos, y que nos amemos entre nosotros estando dispuestos a dar la vida uno por el otro.
Amemos así para ser también instrumentos de Jesús para la salvación del mundo.
Chiara Lubich
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Palabra de vida publicada en Città Nuova, 1988/8, p.11.
«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
Quien ama no evita solo el mal. Quien ama se abre a los otros, quiere el bien, lo hace, se dona y llega a dar la vida por el amado. Por esto, Pablo escribe que en el amor al prójimo no solo se observa la ley, sino que se tiene «la plenitud» de la ley.
«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
Si toda la ley está en el amor al prójimo, es necesario ver los otros mandamientos como medio para iluminarnos y guiarnos a saber encontrar, en las difíciles situaciones de la vida, el camino para amar a los demás; es necesario descubrir en los otros mandamientos la intención de Dios, su voluntad.
Él nos quiere obedientes, castos, apacibles, clementes, misericordiosos, rdiosos, pobres… para realizar mejor el mandamiento de la caridad.
«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
Nos podrían preguntar: ¿Cómo es que el Apóstol no habla del amor a Dios?
El hecho es que el amor a Dios y al prójimo no compiten entre ellos. Uno, el amor al prójimo, es de hecho expresión del otro, el amor a Dios. Amar a Dios, significa hacer su voluntad. Y su voluntad es que amenos al prójimo.
«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
¿Cómo poner en práctica esta palabra? Está claro: amando al prójimo y amándolo de verdad.
Esto significa donarse, pero donarse desinteresadamente a él. No ama aquel que instrumentaliza al prójimo para sus propios fines, aunque sean espirituales, como puede ser la propia santificación. Es necesario amar al prójimo, no a nosotros mismos.
No hay duda, sin embargo, que quien ama así se hará santo de verdad; será «perfecto como el Padre», porque ha hecho lo mejor que podía hacer: ha descubierto la voluntad de Dios, la ha puesto en práctica, ha cumplido plenamente con la ley.
¿No seremos examinados al final de la vida únicamente sobre este amor?
Chiara Lubich
[1] Palabra de vida publicada en Città Nuova, 1983/10, p.40.
«Pero si obrando el bien soportan el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios.» A estas personas el apóstol recomienda no ceder a la reacción instintiva que podría surgir en estas situaciones, sino imitar el comportamiento que tuvo Jesús. Les exhorta de hecho a responder con amor, viendo también en esta dificultad e incomprensión una gracia, es decir, una ocasión permitida por Dios para demostrar el verdadero espíritu cristiano. En este modo, sobretodo, podrán llevar a Cristo con el amor, también al otro que no lo comprende. «Pero si obrando el bien soportan el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios.» Algunas personas, partiendo de estas palabras u otras similares, querrían acusar al cristianismo de favorecer una sumisión excesiva, la cual adormecería la consciencia y la hacíamenos activa en la lucha contra la injusticia. Pero no es así. Si Jesús nos pide amar también a quien no nos entiende y nos maltrata, no es que quiera hacernos insensibles a las injusticias, es porque quiere enseñarnos a construir una sociedad verdaderamente justa. Esto se puede hacer difundiendo un espíritu de verdadero amor, al empezar nosotros a ser los primeros en amar. «Pero si obrando el bien soportan el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios.» ¿Cómo vivir, entonces, la Palabra de vida de este mes? Los modos en los cuales hoy nosotros podemos ser incomprendidos y maltratados son muchos. Puede ser desde una falta de tacto o grosería a los juicios maliciosos, a la ingratitud, a los insultos, a las injusticias. Pues bien, en todas estas ocasiones tenemos que dar testimonio del amor que Jesús trajo en la tierra a todos y, por consiguiente, también a los que nos tratan mal. La Palabra de este mes quiere que, incluso en legítima defensa de la justicia y de la verdad, no nos olvidemos nunca que nuestro primer deber como cristianos, el de amar a los demás, es decir, tener hacia el otro aquella actitud nueva, hecha de comprensión, de acogida y de misericordia que Jesús tuvo hacia nosotros. De este modo, aunque tengamos que defender nuestras razones, no romperemos nunca una relación, no caeremos nunca en la tentación del resentimiento o la venganza. Haciendo así, como instrumentos del amor de Jesús, seremos capaces también nosotros de llevar a Dios a nuestro prójimo.
Chiara Lubich
¡Oh, Espíritu Santo, qué agradecidos deberíamos estar contigo y qué poco lo estimo! Nos consuela
el hecho de que eres totalmente uno con Jesús y con el Padre, a quienes a menudo nos dirigimos, pero esto no nos justifica .
Queremos estar contigo…, fuente del mayor consuelo, dulce huésped del alma, descanso de
nuestro esfuerzo”.
Tú eres la luz, la alegría, la belleza.
Tú arrastras las almas tú inflamas los corazones e inspira pensamientos profundos y decididos de
santidad con compromisos personales inesperados.
Tú operas lo que muchos sermones no serían capaces de enseñar.
Tú santificas.
Sobre todo, Espíritu Santo, tú, que eres tan discreto, aunque impetuoso y arrollador, y que soplas
como vientecillo suave que pocos saben escuchar y sentir, mira la rudeza de nuestra tosquedad y haznos discípulos tuyos. Que no pase un día sin invocarte, sin darte gracias, sin adorarte, sin amarte, sin vivir como asiduos discípulos tuyos. Te pedimos esta gracia. Y envuélvenos en tu gran luz de amor, sobre todo en la hora de las tinieblas más espesas: cuando se apague esta visión de la vida para perderse en la que es eterna.
Chiara Lubich ( «La doctrina espiritual», libro editado en Italia por la Mondadori en el 2001 )