4 Ago 2019 | Sin categorizar
A los 60 años de la “Consagración de los pueblos a María”, cuando, durante el período de posguerra, miles de personas de todos los continentes pronunciaron un pacto de unidad entre ellos y sus pueblos, la Mariápolis europea vuelve a lanzar el sueño de la fraternidad universal. “Amar la Patria del otro como la propia” es la invitación que el Movimiento Político por la Unidad (MPPU), fundado por Chiara Lubich, renueva en el contexto de la Mariápolis europea, que se lleva a cabo en los Alpes Dolomíticos. Una propuesta de fraternidad que sugiere recorridos nuevos en las relaciones entre los Estados y los pueblos. Hablamos de ello con la diputada Letizia De Torre, Presidente del Centro Internacional del MPPU: El MPPU es una corriente de pensamiento que quiere promover en el ámbito político la “cultura de la fraternidad”. ¿Qué consecuencias puede tener la adopción de esta categoría en las relaciones entre los Estados, las instituciones internacionales, los partidos políticos y los distintos representantes de los grupos políticos? Lo que Usted plantea en su pregunta es un pedido, que yo llamaría pesaroso, de un cambio a 360° de la política. De hecho, los ciudadanos están desilusionados, enfadados. Están indignados. Se sienten traicionados. Y tienen razón. La política, salvo raras excepciones, no ha sabido captar a tiempo el cambio de época que estamos viviendo en todo el mundo. Como consecuencia de ello están en una crisis profunda las relaciones y las organizaciones internacionales, los partidos y el sistema de representación. Los movimientos de ciudadanos están asumiendo un rol en todas partes, pero ¿a quién le pueden hablar? ¿Quién puede realizar lo que piden? La protesta no basta para cambiar las cosas. Para hacer intuir el alcance que podría tener el ideal de la unidad en las relaciones internacionales, imaginemos qué sucedería si los Estados (partiendo de las grandes potencias en carrera por su propia supremacía geopolítica) se comportaran en relación con los demás – en cualquiera de las actuales áreas en crisis – “como quisieran que los demás Estados actuasen con ellos”. Imaginemos si esa actitud fuera recíproca… Y no es una utopía, sería un realismo conveniente. En la investigación científica, por ejemplo en el espacio, desde cuando se optó por la cooperación en lugar de la competición, se han logrado conquistas enormes en beneficio de todos. Si los Estados descubrieran que pueden amarse, imaginemos qué conquistas de paz, de compartición de bienes, de conocimientos, de respeto de nuestra casa Tierra… En realidad el mundo está caminando lentamente en esa dirección y la idea de la unidad puede ser un potente acelerador. En los primeros años de la década de 1950 los países europeos empezaban a hacer nacer instituciones comunes: en 1952 nació la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, en 1957 la Comunidad Económica Europea. ¿Cómo podemos renovar hoy ese impulso unitario que pareciera extraviado? No creo que el proyecto de unidad europea se haya extraviado. Más bien creo que la Unión Europea se encuentra sacudida, como el resto del mundo, por las grandes transformaciones de este siglo y, a causa de la crisis cultural que atraviesa Occidente, no encuentra las energías para una nueva visión política, para un nuevo rol que debe ser asumido en el plano internacional; debería entender que tiene justamente en su propio lema “unidad y diversidad” el secreto para afrontar la gran complejidad de hoy. Tenemos que darnos cuenta de que la Unión Europea no está formada por las instituciones de Bruselas, sino sobre todo por sus ciudadanos, o sea por nosotros. Por ende, los pasos futuros dependen, en distintas formas, de todos nosotros. A nivel internacional, junto a situaciones de tensión, no faltan ejemplos de colaboración y conciliación entre los países. Sucede en el continente africano, en las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, y en el viejo continente. ¿Cómo podemos leer estos acontecimientos de la historia? El mundo sólo puede aspirar a la paz, a la concordia, a la colaboración. Sin duda es un camino lento, contradictorio, con muchas marchas y contramarchas, con mucho lastre entre los pies por la corrupción. Pero un camino al que quisiéramos dar un aporte con el paradigma que hemos mencionado antes “Haz al otro pueblo lo que quisieras que se te hiciese a ti”. Y para realizarlo no es suficiente ni siquiera (¡aunque ya sería mucho!) elegir a líderes preparados, capaces de jugarse por su pueblo y por la unidad de los pueblos, sino que también es necesario que los ciudadanos den su consenso, y, más aún, que impulsen una fraternidad global, sepan superar visiones mezquinas en función un bien común universal.
Claudia Di Lorenzi
2 Ago 2019 | Sin categorizar
La Duma, el parlamento ruso, invitó a miembros de los parlamentos y expertos para un intercambio sobre el desarrollo de los sistemas parlamentarios. Participó Letizia De Torre, presidenta del MPPU. “Es importante caminar junto con los que en el mundo, en cualquier modo, buscan un cambio. Todos nosotros, como individuos y como pueblos, estamos llamados a la unidad y debemos sacar a la luz todos los pasos positivos”. Esta es la primera impresión de Letizia De Torre, ex diputada del Parlamento italiano y presidente del Centro Internacional del Movimiento Político por la Unidad (MPPU), que del 30 de junio al 3 de julio participó en el Foro “Desarrollo del parlamentarismo”, sobre el desarrollo de los sistemas parlamentarios. Propuso un co-governance, es decir, la idea de una corresponsabilidad entre las instituciones y la sociedad civil en el gobierno de las ciudades y en las relaciones internacionales. Una idea que estuvo en el centro del congreso, celebrado el pasado enero, en Castel Gandolfo (Roma, Italia), propuesta en diferentes niveles y en diferentes países y que tendrá una segunda versión de alto nivel en Brasil en 2021.
¿Cómo llegó CO-Governance a Moscú? El Secretario General y el Asesor de la IAO (Interparliamentary Assembly on Orthodoxy), http://eiao.org/home_english_iao, – red de parlamentarios ortodoxos, también rusos, con quienes colaboramos – intervinieron en Roma, en el evento CO-Governance 2019. La idea les pareció interesante y lograron que el MPPU fuera invitado al Foro: http://duma.gov.ru/en/international/forum_english/. Debo decir que solo cuando llegué a Moscú entendí realmente por qué. De hecho, podemos sorprendernos: el sistema institucional ruso se define con expresiones tales como “democracia controlada”, “centralismo”, “ambivalencia entre modernización y tradicionalismo”, mientras que co-governance implica la corresponsabilidad, la participación generalizada, las relaciones innovadoras entre políticos y ciudadanos… En efecto, y es sintomático del cambio de época que estamos experimentando. A la política se le exige un cambio. Los ciudadanos ya no confían e Internet nos ha catapultado a un mundo diferente al de la rigidez de los palacios de la política. Muchos parlamentarios buscan nuevas formas y CO-Governance expresa la idea de una relación intensa entre políticos y ciudadanos, de una corresponsabilidad de gobierno en todos los niveles, sin miedo a este momento complejo.
¿Cómo fue recibida la propuesta? La idea de colaboración está madurando en todas las sociedades y también la declaración final del Foro va en esta dirección. Pero lo que fue acogido con sorpresa es la lógica política que se encuentra debajo: “Actúa hacia el otro Estado, hacia cada ‘otro tú’, como te gustaría que te hicieran a ti”. Esta actitud revoluciona la política, le da un nuevo rol necesario hoy: el de facilitador y catalizador para la colaboración entre todos. ¿Qué recaba el MPPU de esta presencia oficial en Rusia? He experimentado un cambio personal primero. El pueblo ruso es maravilloso, la acogida es atenta; Moscú es hermoso, rico en historia, eficiente, no puedes quitártelo del corazón. En este sentido es fácil sentirse pueblos hermanos. Pero acercar el sistema político de otro país es otra cosa. He “aterrizado” en una cultura política muy diferente y tenía miedo de no entenderla. Ante las primeras dificultades me encontré en una encrucijada: distinguirme o poner en acción “el método” que un día me fascinó: conscientemente tomé la decisión de amar a Rusia en la misma medida con la que amo a mi país. No amas a tu país porque es perfecto: simplemente lo amas. Disfrutas y sufres con él y por él en los buenos y en los malos momentos. Así es como empecé a entender a Rusia hoy, a mirar al mundo desde su punto de vista, incluso a sentir pena por los juicios negativos que recibe, a menudo funcionales en la carrera por la supremacía geopolítica. Aprecié la intención del “soft power” de este foro, con el que me parece que Rusia busca ganarse la confianza de otros estados, acercándose con más dignidad y respeto. Me encontré más abierta para aceptar, por ejemplo, la voluntad de unidad entre las dos Coreas de la diputada norcoreana; el compromiso de buscar “partnership” y la no dependencia de un parlamentario de Ghana; la esperanza de la delegación siria; la pregunta del parlamentario libanés “Pero, ¿por qué nos matamos?”, que concluyó con la fuerza que venía de su fe ortodoxa: “¡Dios no quiere esto!”.
Stefania Tanesini
1 Ago 2019 | Sin categorizar
El “corazón” es lo más íntimo que tenemos, lo más escondido, lo más vital; el “tesoro” es lo que tiene más valor, lo que nos da seguridad para hoy y para el futuro. El corazón es la sede de nuestros valores, la raíz de las opciones concretas; el lugar secreto en el que nos jugamos el sentido de la vida: ¿a qué le damos realmente el primer lugar? En el metro Mientras iba en el metro, repasaba un tema que me parecía muy importante para el examen que estaba por rendir. En una estación más adelante, entró otra estudiante, que conozco. Tenía que dar el mismo examen y me preguntó un tema que para mí era de muy poca importancia. Viendo su nerviosismo, “me olvidé” de mi programa y me dediqué al tema que ella me proponía. Cuando más tarde me presenté a dar el examen, el profesor me preguntó justamente el tema que le había explicado poco antes a mi compañera. (M.L. – Alemania) Una vida encendida por Dios Soy turca, musulmana. Cuando le dije a mi esposo, Sahib, que creía estar embarazada por cuarta vez, él empezó a hacerme una lista de todos los sacrificios que deberíamos afrontar de allí en más. Quedé muy confundida y entonces le pregunté a mi ginecóloga si aún estaba a tiempo de abortar. Me dijo que lo único que tenía que hacer era ponerme en la lista. Pero dentro de mí advertía que nadie en el mundo tenía la autoridad de apagar una vida que Dios había encendido. Los meses siguientes fueron muy duros, pero yo ya estaba decidida a luchar. Varias amigas, cristianas y musulmanas, estuvieron a mi lado. Leyendo el Corán sentía el calor de Dios, que me daba fuerza. Sahib poco a poco volvió a encontrar la paz. Nunca habíamos sido tan felices como ahora con este niño. Con él, Dios ha venido a vivir bajo nuestro techo. (F.O. – Alemania) Enfermo terminal En los días que pasé en el hospital por un tumor irreversible, experimentaba la cercanía de Dios y sentí que me invadía una grande e inexplicable felicidad. Trataba de estar cerca de los otros enfermos, y nos sentíamos hermanos, no sólo en nuestra habitación, sino también con los demás. Cada vez que alguno se iba por el alta, la separación era un dolor. Parecía que la enfermedad era una ocasión para ir en profundidad en nuestras relaciones. Ahora que las fuerzas disminuyen, siento que la fraternidad construida en el hospital me acompaña y me sostiene en este último trecho del camino. (M.J. – Francia) Solidaridad Desde un hospital nos había llegado el pedido de hacer algo por una chica albanesa de 19 años que acababa de dar a luz. Junto con su marido y un hermano vivían en un coche. Mi esposo fue a pedirle al director del hospital si podía tener a madre e hijo hospitalizados aún durante unos días más; y tras su consentimiento les pregunté a mis padres si estaban dispuestos a alojar a la familia en un viejo apartamento de su propiedad. Con la ayuda de dos chicos albaneses y otros amigos, mi marido se puso a pintar las habitaciones. Un amigo puso a disposición algunos muebles, un fontanero hizo gratuitamente trabajos que eran necesarios. Cuando salió del hospital, L. encontró una casa acogedora. Los servicios sociales del Municipio le consiguieron una comida al día, mientras no tuviera un trabajo. (A.A. – Italia)
Recopilado por Chiara Favotti
31 Jul 2019 | Sin categorizar
“¿Qué te parece?, “¿qué harías en mi lugar?”. Cuántas veces alguien nos pide una mano o entendemos que tendría necesidad, o bien estamos seguros de que para ayudar a ese amigo, hermano, a esa persona, realmente se debería “hacer así”. En pocas líneas tomadas de “Meditaciones”, el libro que recoge sus primerísimos escritos espirituales, Chiara Lubich nos invita a cambiar de perspectiva y a ponernos del lado de Dios para tener, no el nuestro, sino Su amor hacia quien quiera que sea. Hay quien hace las cosas «por amor». Hay quien hace las cosas tratando de «ser el Amor». Quien hace las cosas «por amor» puede que las haga bien, pero, creyendo por ejemplo que presta un gran servicio al hermano, quizá enfermo, puede aburrirle con sus charlas, con sus consejos, con sus favores: con una caridad poco acertada y molesta. Pobrecillo; él tendrá mérito, pero el otro tiene una carga. Y esto sucede porque hace falta «ser el Amor». Nuestro destino es como el de los astros: si giran existen, si no giran no existen. Nosotros somos –en el sentido de que en nosotros vive la vida de Dios y no la nuestra– si no dejamos de amar ni un instante. El amor nos sitúa en Dios, y Dios es el Amor. Pero el Amor, que es Dios, es luz, y con la luz se ve si nuestro modo de acercarnos y de servir al hermano es conforme al querer de Dios, como el hermano lo desearía, como lo soñaría si tuviese al lado a Jesús y no a nosotros.
Chiara Lubich
30 Jul 2019 | Sin categorizar
¿Tiene sentido aún esforzarse por la fraternidad en política? En la Mariápolis Europea, el 10 de agosto próximo se renovará el pacto por la fraternidad de los pueblos, estipulado por primera vez 60 años atrás. Hemos hablado al respecto con Marco Titli del Movimiento Político por la Unidad de los Focolares. Era el 22 de agosto de 1959, los ecos de la guerra aún se hacían oír, pero al terminar la Mariápolis, en el valle de Primiero, en los Alpes Dolomitas, representantes de los cinco continentes realizaron un pacto de unidad: rezaron en nueve idiomas, consagraron sus pueblos a María. Quisieron significar que la unidad era posible. A distancia de 60 años, viendo la actualidad política, esa propuesta de realizar un pacto de unidad por la fraternidad de los pueblos pareciera utópica; ya sea que provenga “de abajo”, como sucedió en 1959, o bien que nazca de una iniciativa de los gobiernos. ¿Tenemos que resignarnos o tiene sentido aún comprometerse y esforzarse por la fraternidad en política? Hemos hablado con Marco Titli, 33 años, colaborador parlamentario, comprometido en el Movimiento Político por la Unidad de los Focolares, miembro de la junta de distrito en su ciudad, Turín: Frente a una Europa dividida entre integración y particularismos, ¿qué mensaje ofrece la Mariápolis Europea? “La tarea de la Mariápolis no es la de entrar en la dialéctica política. El mensaje que queremos dar es que la unidad de Europa es un valor que hay que custodiar, en el respeto de las identidades de cada país. Si Europa se quiebra volvemos a las fronteras fortificadas, mientras que los puentes y los caminos amplían la mirada y dan bienestar. El Movimiento de los Focolares se pone en red con otras instancias de la Iglesia Católica, como en lo referente a la moción en contra de las exportaciones de armas a Yemen, o bien respecto de la batalla contra los juegos de azar”. La crisis de confianza para con los partidos se ha agudizado y los ciudadanos renuncian a participar activamente. ¿Cómo se puede reconstruir esa confianza? “Al lado de la crisis de la política veo la de los medios de comunicación que enfatizan las malas noticias. Muchos alcaldes arriesgan su vida para combatir la criminalidad organizada o ponen en riesgo su reputación actuando con mucha valentía en su ciudad. A nivel nacional también hay políticos que luchan por el bien común. Salgamos de la apatía: hay mucha gente que quiere hacer bien las cosas hoy en política”. Ser coherentes con sus propios ideales a veces puede dejar descontento a alguien. ¿Cuál es el criterio para actuar en política? “Si se hace política hay que estar dispuestos a contemporizar, porque vivimos en una realidad compleja, pero no cualquier tipo de concesión. Frente a prácticas ilícitas o hechos graves hay que decir que no, y ello también significa arriesgar: muchos administradores cayeron porque dijeron que no y no fueron comprendidos ni siquiera por su propia gente. Pero si se rechaza el poder contemporizar y se entra a la política para defender las propias ideas se introduce la división. Es un camino difícil que encuentra resistencias, pero el político está llamado a escuchar los intereses particulares, a componerlos en un mosaico”. ¿Puedes contarnos alguna iniciativa de colaboración entre partidos en tu ciudad? “Estaban construyendo un puente cerca de una estación ferroviaria de la ciudad de Turín, que une dos partes de la ciudad que antes estaban separadas por el ferrocarril. Junto a algunos otros de mi distrito y del distrito que se uniría del otro lado del puente, propuse ponerle como título a esa estructura “Unión Europea”, símbolo de la unidad entre pueblos diferentes. El proyecto fue votado y aprobado por unanimidad, y varias fuerzas políticas estaban presentes cuando colocamos el nombre. Fue un momento de esperanza: yo espero y deseo que signos como éste puedan reconstruir en los ciudadanos la confianza en la política”.
Claudia Di Lorenzi
Immagine:© Ufficio stampa Mariapoli Europea
29 Jul 2019 | Sin categorizar
Andrea Cardinali, joven escritor italiano, cuenta acerca de la cuarta edición del Summer Camp de los chicos de “Armonía entre los Pueblos”, que se llevó a cabo en Tierra Santa. Es la narración personal de una experiencia y de una tierra capaces de impactar en el alma como pocos sitios en el mundo. Hay viajes de los que se vuelve descansados, porque han sido verdaderas vacaciones; otros después de los cuales hay que tomarse algunos días de reposo ulteriores por el sueño acumulado, y luego están esos viajes a cuyo retorno nos preguntamos: “Pero… ¿en dónde estuve?”.
A veces se vive todo tan intensamente que falta el momento de la pregunta, la fase en la que el hombre se interroga acerca del sentido, del dónde, del porqué. No está mal necesariamente. Todo lo contrario. Sobre todo cuando se trata de transcurrir la mayor parte del tiempo con niños que aún no son conscientes de que están “prisioneros” en su lugar de nacimiento, la Palestina. El hecho que falte el momento de la pregunta no es síntoma de poca reflexión. En algunos viajes, tal vez los más grandes, funciona exactamente así, partes cuando dices un “sí” casi sin darte cuenta y entras con fuerza en la aventura plena. Ya no es posible pensar el sentido desde afuera, estás tan fuera de ti mismo que vives el sentido desde adentro.
Estuve 18 días en Palestina, arrastrado hasta allí por Antonella Lombardo y por las maravillosas chicas de la escuela Dance Lab de la ciudad de Montecatini (Italia), algunas de las cuales había conocido en el inolvidable Genfest Let’s Bridge de 2012. “Armonía entre los Pueblos” nació en 2005 con la intención de utilizar el arte y la danza como instrumentos de unidad entre pueblos y culturas. Después de varias ediciones italianas y talleres con chicos de varios países, hace algunos años nació, gracias a la colaboración con el Padre Ibrahim Faltas, el proyecto “Children without borders”
(Chicos sin fronteras) que este verano llegó a su cuarta edición en Palestina. Yo he sido el último en unirse a esta comitiva de artistas-educadores y con Luca Aparo de Sportmeet empezamos a movernos también en el ámbito deportivo que sabemos que es igualmente precioso para aprender a divertirse respetando diversidades de todo tipo. Tras dos semanas de workshops artísticos estuvimos actuando con los niños el 14 de julio en el Teatro Notre Dame de Jerusalén, y el 16 de julio en la Fundación Juan Pablo II de Belén, donde hicimos la representación del encuentro histórico de San Francisco de Asís con el Sultán de Egipto Malik Al-Kamil acaecido hace 800 años, en 1219. La presencia del cantante Milad Fatouleh (conocido sobre todo en Italia por la canción “Una estella de Belén”, que fue elegida la mejor canción extranjera en el Festival Zecchino d’Oro de 2004), durante las dos veladas, dio un toque enriquecedor al espectáculo. Fueron muchas las personalidades políticas y religiosas presentes en los dos espectáculos para celebrar el encuentro del Cristianismo y el Islam, signo profético del diálogo interreligioso y de una paz posible.
Andrea Cardinali