Chiara Lubich: “Revestirnos de misericordia”
«Habíamos dicho que queríamos ver sólo a Jesús en el hermano, tratar con Jesús en el hermano, amar a Jesús en el hermano, pero ahora nos viene el recuerdo de que ese hermano tiene tal o cual defecto, o tiene esta o aquella imperfección. Nuestra mirada se complica y nuestro ser deja de estar iluminado. La consecuencia es que se rompe la unidad y nos equivocamos. Quizás ese hermano, como todos nosotros, haya cometido algún error, pero ¿cómo lo ve Dios? ¿Cuál es en realidad su condición, su verdadero estado? Si está arrepentido ante Dios, Dios ya no recuerda nada, porque todo lo ha borrado con su sangre. ¿Por qué, pues, hemos de recordarlo nosotros? ¿Quién está en el error en ese momento? ¿Yo, que juzgo, o el hermano? Yo. Entonces, he de ponerme a ver las cosas con la mirada de Dios, en la verdad, y tratar al hermano de tal manera que, si por desgracia no hubiese vuelto aún al Señor, el calor de mi amor, que es Cristo en mí, lo lleve al arrepentimiento, como el sol que reabsorbe y cicatriza tantas llagas. La caridad se mantiene con la verdad, y la verdad es misericordia pura, de la cual hemos de estar revestidos de pies a cabeza para poder llamarnos cristianos».
Fuente: Chiara Lubich, en La doctrina espiritual, Ciudad Nueva, Madrid 2006, pág. 139
Brasil – ¿Qué puedo hacer por mi gente?
https://vimeo.com/162493862
Portugal. «Alta Resolução – Ajusta o foco à Paz”
Promovida por los Jóvenes por un Mundo Unido “De alta resolución –Enfoca la Paz” será una jornada dedicada a la paz. Se trata de un evento que se realiza en Portugal desde el 2002, cada dos años, siempre el 1º de mayo, en el que han participado, además de miles de jóvenes portugueses, también jóvenes de otras nacionalidades. En el 2016, la propuesta es “de alta resolución”: se invita a los jóvenes a que sean protagonistas de fraternidad y constructores de paz, con transparencia. Através de la música, coreografías, testimonios y Expo se presentarán las acciones que ya están desarrollándose con el objetivo de proporcionar respuestas concretas, dando ideas para continuar en esta dirección. Este año, el programa incluirá varios laboratorios que abordarán el tema de la paz en varias áreas como la ecología, el arte, el diálogo intercultural, la economía, el deporte, la comunicación, la ciencia y la tecnología. Esta jornada es parte del proyecto internacional United World Project (Proyecto Mundo Unido), que tiene como meta la fraternidad universal como paradigma de las relaciones humanas, promoviendo la identificación, la organización y la difusión de acciones que a nivel global ya se están ejecutando en favor de la fraternidad. Invitación: 1°de mayo de 2016
La herencia de Igino Giordani
Cuando en el ’49 Giordani se encontró con el Movimiento de los Focolares, él era diputado del nuevo Estado italiano después de una vida ya madura de luchas conducidas con vigor tanto por su fe como por su visión religiosa de la vida pública. Su compromiso en este último campo se cobró un precio: la marginación profesional. Su forma de ver el Evangelio detestaba los dos extremos: el espiritualismo desencarnado y la tendencia a reducirlo sólo a un mesianismo terrestre. En su entereza humano-divina, el mensaje evangélico es la semilla de una revolución (“la” revolución) que ha trasformado la historia y continúa hoy su obra en pos de una libertad del ser humano cada vez más profunda. Su concepto de fondo, el “leit motiv” de muchos de sus libros, era la conexión entre lo divino y lo humano, necesaria para los intereses del ser humano: según su parecer la libertad y la dignidad del hombre tiene origen a partir de la aceptación de Cristo en la vida de los pueblos. Libertad, igualdad, solidaridad, uso social de la riqueza, dignidad laboral, armonía entre Estado e Iglesia, animación moral de la vida pública y de la actividad económica, antimilitarismo y pacifismo en el plano internacional: eran los puntos fundamentales de su pensamiento. Era por lo tanto ésta su posición, cuando se produjo el encuentro que imprimió a su vida –que ya tendía decididamente hacia Dios- una empinada vertical. Había plasmado en las páginas de su diario también la angustia por la incoherencia entre su propia fe privada y la vida pública, por la fragilidad de una “ascética” personal frustrada por «fracasos en la política, en la literatura, en la vida social». Había señalado de sentirse incapaz de responder a su propio deseo de «difundir la santidad desde las pobres páginas de un periódico» (en ese entonces era el director de “Il Popolo”), de «difundir la santidad en el pasillo de los pasos perdidos» (la recepción del Parlamento Italiano). «¿Quién podrá hacer este milagro?», se había preguntado en agosto de 1946. La respuesta a tales angustias y a este interrogante se había perfilado en ese encuentro con Chiara Lubich, casi como un “llamado” providencial. Ella le había permitido encontrar la forma de llevar su ya vivo cristianismo a una profundidad todavía más divina, y por otro lado todavía más social. Ese encuentro fue para él el impacto con un carisma. Su espíritu nutrido de profundos conocimientos de las espiritualidades surgidas a lo largo de la historia de la Iglesia, vio inmediatamente en ese carisma su amplia dimensión e implicaciones teológicas e históricas. La espiritualidad de la unidad enseguida le pareció una enorme energía utilizable más allá de la Iglesia, también en la comunidad civil para «transformar la convivencia humana en co-ciudadanía con los santos, para introducir la gracia en la política y hacerla un instrumento de santidad». Así maduró uno de los aportes fundamentales que Giordani tenía que dar al desarrollo del Movimiento de los Focolares: ayudar al pequeño grupo inicial a tomar conciencia de la eficacia también humana del carisma que se estaba manifestando. Ahora que el árbol del Movimiento de los Focolares ha florecido en todos los continentes, le queda como linfa vital, además de la vida de Giordani, su visión del cristianismo social, por el cual trabajó y luchó durante toda su vida, alcanzando la estatura de un profeta bíblico contra la separación entre la fe y las obras y contra todo «liberticidio» que de allí se deriva. Le queda al Movimiento de los Focolares un precioso patrimonio por profundizar, a partir de su pensamiento y de su método. Pienso que sea válido para todo el mundo cristiano el camino por él indicado, en su penetrante atención a las experiencias históricas del Cristianismo y de su equilibrada lectura del Evangelio, lejana de la ingenuidad fideísta y de los integralismos, abierta a la búsqueda de una “colaboración racional” entre las dos ciudades, la de Dios y la del hombre. Tomado de: Tommaso Sorgi, La herencia que nos ha dejado, Città Nuova n.9 – 10 de mayo de 1980
Por qué nos quedamos en Siria
«Cuando empezaron los conflictos en Siria, viendo que el futuro no prometía nada bueno, pensé que era más prudente dejar el país. Esta decisión la reforzaba el hecho que me llegó una posibilidad de trabajo en Líbano. Así reservé los boletos para viajar y empecé los preparativos para trasladarnos con toda la familia. Dentro de mí surgían muchas dudas; ¿era justo irnos para asegurarle un futuro a mi familia o era más oportuno permanecer en el país que tanto amaba para ayudar a mi gente? Hablando con mi esposa entendí que ella estaba más propensa a quedarse, pero me apoyaba a mí, para ella lo más importante era que permaneciéramos todos juntos. Me sentía muy angustiado y confuso. Hasta que un día –estando en la Iglesia- advertí claramente que nuestro lugar era aquí, en Alepo, para compartir la suerte de nuestro pueblo. Un pueblo muy variado por etnias, religiones y confesiones distintas, pero que sin embargo había sido capaz de vivir en armonía. Un pueblo tan generoso que había acogido en las últimas décadas, a pesar del embargo, a palestinos, libaneses, iraquíes, dándoles igualdad de derechos y posibilidades de trabajo. Decidimos quedarnos. Trabajaba en mi negocio propio y ganaba bien. Pero después de lo sangrientos eventos que empezaron a devastar el país, mi taller fue saqueado y después destruido. Sin embargo, son innumerables las posibilidades de prestar ayuda, en primera persona y también a través del Centro de sordomudos que empezamos a atender mi esposa y yo. Seguidamente se encaminó una sinergia con otras organizaciones humanitarias para llegar, con la ayuda de la providencia que prodigiosamente siempre nos ha asistido, a ofrecer lo indispensable a más de 1500 familias. En estos cinco años de guerra, debido a los bombardeos lanzados ‘por accidente’ en nuestros barrios, hemos visto a muchas familias perder a sus seres queridos y a muchas personas quedar discapacitadas permanentemente. Un día el chofer del Centro para sordomudos donde trabajamos, mientras caminaba por la calle con su familia, perdió a su esposa y a su hija, heridas por un mortero. También él quedó gravemente herido y fue llevado en estado de shock al hospital. Les pude contar de esta grave situación a un sacerdote y al obispo, que al enterarse se hicieron cargo del funeral de la esposa y la hija. Por mi parte empecé a buscar la cifra necesaria para la operación del papá. El hospital, viendo la solidaridad de tantos, disminuyó los costos y algunos médicos renunciaron a su paga. Así logramos cubrir todos los gastos, y nos quedó dinero para las sucesivas operaciones a las que tuvo que someterse el chofer para poder recuperarse. Otra vez me llamó un musulmán que trabaja en la iglesia a la que asistimos, para pedirme que lo ayudara a conseguir una casa donde vivir. Había visto entrar a rebeldes armados en su barrio y estaba preocupado por la seguridad de sus tres hijas. Después de muchas llamadas finalmente logré encontrar una habitación para ellos. Cuando se pasó a la casa nueva se dio cuenta de que necesitaba urgentemente un tanque de gas, pero no lograba encontrarla. Entonces me llamó a mí. “Te pido esta ayuda –dijo- porque eses mi hermano ¿verdad?”. Yo le respondí: “Cierto somos hermanos”. Después del reciente ‘cese al fuego’ estamos atravesando un período de aparente calma, aunque de vez en cuando se escuchan retumbos que nos dejan inquietos y no logramos dormir durante la noche. Con respecto a mi actividad económica, hasta que las armas no callen del todo es imposible pensar en retomarla. En esta situación precaria y sin futuro nos sostiene la comunidad del Focolar y una fe incondicionada en el amor de Dios que nunca nos abandona. Delante de cada problema, sentimos que no estamos solos. Seguimos experimentando que en la donación a los demás encontramos la paz. Una paz que es siempre un desafío, porque es un don que hay que conquistar todos los días».
