16 Jun 2015 | Sin categorizar
El cliente Dirijo una agencia bancaria. Una noche, saliendo de la oficina, llevaba el peso de un gran problema que no había resuelto. Se refería a un cliente que se había comportado mal con su cuenta corriente. Entreveía dos posibles soluciones que me hacían sufrir: dañar gravemente al cliente, iniciando un proceso legal, o correr el riesgo de no asumir mi deber. Me había dado cita con mi esposa para regresar juntos a casa. Normalmente trato de liberarme de mis pensamientos, pero esa noche no lo logré. Ella lo percibió enseguida y me dijo: «¿Hoy fue un día pesado, verdad?». Empecé a contarle. Mary no conocía mucho sobre la problemática del banco, pero me escuchaba atentamente, en silencio. Después de contarle todo, me sentí aliviado y confiado. El problema seguía allí, pero ahora no era sólo mío. Al día siguiente empecé a vislumbrar una tercera solución, que me permitía, respetar mis funciones y no hacerle daño al cliente. (G. K. – Inglaterra) Problemas de oído Mis parroquianos me animaron a que fuera a consultar a un especialista porque estaba teniendo serios problemas de oído. Después de preguntarme de cuál orden religiosa era, empezó a enumerar sus rencores contra la Iglesia por todas las incoherencias y contradicciones que lo habían hecho perder la fe. Lo escuché con amor, me daba cuenta de que me encontraba ante una persona que no se contentaba con un cristianismo superficial. Por mi lado le contesté que no tenía más argumentos para defender a la Iglesia que una vida coherente. Y agregué: «Dios nos ama así como somos». Él me pidió mi dirección y teléfono. Vino a visitarme esa misma noche. Me contó que había estado en el seminario hasta los 18 años hasta que le pareció que el marxismo respondía mejor a aquello que buscaba, pero ahora estas certezas se habían resquebrajado. Unos días después me contó que había entrado a una iglesia, le pareció que Dios le decía: «Yo no te he abandonado nunca». Ahora ha vuelto a los sacramentos junto con su esposa. (P. G. – Italia) Despido En la fábrica distribuyeron algunas cartas de despido entre las cuales una iba dirigida a Giorgio. Conociendo su precaria situación económica me acerqué y lo invité a que fuéramos juntos a la oficina de personal: «Yo estoy mejor que él –declaré-, mi esposa tiene trabajo. Mejor me despide a mí». El jefe prometió que iba a volver a revisar el caso. Cuando salimos, Giorgio me abrazó conmovido. Naturalmente el hecho pasó de boca en boca y otros dos obreros, más o menos en mis mismas condiciones, se ofrecieron a cambio de otros dos despedidos. La dirección se vio obligada a revisar su método para decidir un despido. Habiendo sabido el hecho, el párroco lo contó durante la homilía de la misa, sin decir nombres. AL día siguiente me hizo saber que dos estudiantes habían ido a llevarle sus ahorros para los obreros que estaban en necesidad, declarando: «También nosotros queremos imitar el gesto de ese obrero». (B. S. – Brasil)
13 Jun 2015 | Sin categorizar
«Nuestra espiritualidad se basa en un punto esencial: la fe en el amor de Dios, tener conciencia de que no estamos solos, de que no somos huérfanos porque tenemos un Padre que nos ama. Uno de los momentos en los que podemos aplicar esta fe, es cuando algún pensamiento nos preocupa y nos hace perder la paz. A veces, se trata de temor del futuro, una preocupación por la salud; o cuando nos hallamos alarmados por supuestos peligros o angustiados por algún familiar; o preocupados ante un determinado trabajo, o dudamos sobre cómo comportarnos ante una cierta situación, o nos asustamos cuando escuchamos noticias negativas… Pues bien, en estos momentos de incertidumbre, Dios quiere que nosotros creamos en su amor y nos pide un acto de confianza. Si somos verdaderamente cristianos, desea que aprovechemos estas penosas circunstancias para demostrarle que creemos en su amor. Esto significa tener fe en que Él es nuestro Padre y que piensa en nosotros. Poner en sus manos cada una de nuestras preocupaciones. Dice la Escritura: «Descarguen en Él todas sus inquietudes, ya que Él se ocupa de ustedes». (1 P 5, 7). Porque Dios es Padre y quiere la felicidad de sus hijos. Por eso toma sobre sí sus cargas. Además, Dios es Amor y quiere que sus hijos sean amor. Ahora bien, todas estas preocupaciones, ansiedades y miedos, bloquean nuestra alma, hacen que se encierre en sí misma e impiden que ésta se abra a Dios, haciendo su voluntad, y al prójimo, haciéndose uno con él, para amarlo como se debe. En los primeros tiempos del Movimiento, cuando la pedagogía del Espíritu Santo nos hacía dar los primeros pasos en el camino de «poner en manos del Padre todas las preocupaciones» era algo habitual, que repetíamos con frecuencia durante el día. Pasábamos de un modo de vivir puramente humano – aun siendo cristianos – para entrar en un modo de vivir sobrenatural, divino; es decir, empezábamos a amar. Las preocupaciones son obstáculo para el amor. El Espíritu Santo, por lo tanto, tenía que enseñarnos el modo de eliminarlas. Y así lo hizo. Recuerdo que decíamos que así como no se puede tener una brasa en la mano sino que se la suelta enseguida porque de lo contrario nos quema, así, con la misma premura, debíamos poner en las manos del Padre toda preocupación. Y no recuerdo ni una puesta en su corazón de la que Él no se haya ocupado. (…) Pongamos en sus manos nuestras preocupaciones. Seremos libres para amar. Correremos mejor por el camino del amor que – como sabemos – conduce a la santidad.» Chiara Lubich
9 Jun 2015 | Sin categorizar
La Casa Emmaus, está situada en la ciudadela internacional de Loppiano – Incisa Valdarno (FI). Su cometido es ser una “Escuela de Comunión” y una “Escuela de Vida” para todas las consagradas del mundo. Con el curso se quieren ofrecer algunos instrumentos para ir en profundidad en la espiritualidad de comunión que la Iglesia nos propone vivir durante el Tercer Milenio, a la luz de la unidad y de la vida del Evangelio. Muy útil será que cada participante lleve la propia Constitución, de modo de poder confrontar su propio carisma y compartir con las presentes los tesoros que éste contiene, dentro de un clima espiritual de reciprocidad. Ver: Tríptico
8 Jun 2015 | Sin categorizar
Ante los enormes desafíos que la sociedad europea tiene que afrontar –este año en especial después de los ataques de París y Copenhague- se advierte una creciente desconfianza dentro y entre las comunidades. Ya desde el inicio de los años ’90, por iniciativa del entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, el diálogo con las Iglesias y las organizaciones no confesionales, ofrece la posibilidad de un intercambio de puntos de vista en las políticas europeas, entre instituciones y actores de la sociedad civil. ¿Cómo vivir juntos y construir una sociedad en la que toda persona y comunidad pueda sentirse en casa y segura? ¿Cómo encontrar la forma para acoger las diferencias cuando sustancialmente no estamos de acuerdo? Son algunas de las preguntas abiertas para confrontar con los líderes religiosos. Entre los invitados, está también la presidente del Movimiento de los Focolares, María Voce quien, al responder a la invitación subrayó que es un compromiso prioritario de los Focolares el «construir puentes mediante un diálogo respetuoso a distintos niveles, para contribuir a la convivencia pacífica y fraterna entre personas de distintos credos y de las más variadas proveniencias étnicas y sociales».
8 Jun 2015 | Sin categorizar
«En Sarajevo se respira una atmósfera de paz», exclamó el cardenal Puljic en vísperas de la llegada del Papa. La ciudad lo esperó con mucha alegría, preparándose durante algunos meses. Los rumores que alertaban al cuerpo de seguridad fueron desmentidos por una acción conjunta en la preparación, en la que la Iglesia y el Estado trabajaron en armonía. Este trabajo y la disponibilidad por parte de los ciudadanos de respetar las reglas, permitieron que todo funcionara de la mejor manera. Sarajevo, la ciudad que Juan Pablo II definió la Jerusalén europea, esperó al Papa de fiesta. Que la paz esté con vosotros era el lema de la visita del Papa a Bosnia y Herzegovina, “una tierra probada por conflictos, el último de los cuales está todavía muy presente en la memoria de sus habitantes bosnios, serbios y croatas”, escribe Gina Perkov, periodista de Novi Svijet (Croacia). “La guerra, de hecho, dejó consecuencias trágicas: muertes, destrucciones y el exilio de muchas personas. La presencia de los católicos (en su mayoría croatas) se redujo a la mitad”. Los habitantes estaban agradecidos por el hecho de que esta vez los ojos del mundo entero estuvieran clavados en ellos debido a un feliz acontecimiento y alimentaban la esperanza de que este evento ayude a resolver los varios problemas políticos “de los que tienen la culpa también algunos países de la Unión Europea que permitieron y apoyaron la limpieza étnica”, como testimonia en su reciente libro Mons. Franjo Komarica, obispo de Banja Luka (actual República de Serbia). En el estadio olímpico de Kosovo, durante la celebración eucarística, ante unas 70 mil personas (de las cuales 23 mil eran de Croacia), el Papa lanzó un fuerte mensaje de paz. «La paz es el sueño de Dios, es el proyecto de Dios sobre la humanidad … Hoy, una vez más, se eleva desde esta ciudad el grito del pueblo de Dios y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad: ¡nunca más la guerra! … Hacer la paz es un trabajo artesanal: requiere pasión, paciencia, experiencia, tenacidad. Felices aquéllos que siembran paz con sus acciones cotidianas, con actitudes y gestos de servicio, de fraternidad, de diálogo, de misericordia… La paz es obra de la justicia … justicia practicada, vivida … La verdadera justicia es hacer a esa persona, a ese pueblo, lo que me gustaría que me hiciesen a mí, a mi pueblo … La paz es un don de Dios porque es fruto de su reconciliación con nosotros… Hoy pedimos juntos al Señor, la gracia de tener un corazón sencillo, la gracia de la paciencia, la gracia de luchar y trabajar por la justicia, de ser misericordiosos, de construir la paz, de sembrar la paz y no guerra ni la discordia. Este es el camino que nos hace felices, que nos hace bienaventurados”, concluyó. Fueron momentos inolvidables vividos con un hombre, el Papa, que habló no sólo con las palabras (sintéticas y claras), sino también con los gestos. Se dio un paso nuevo hacia la paz. «Hoy no hay peleas, no hay problemas, así deberían ser todos los días», comentó alguien por la calle. Por la tarde, Francisco se encontró con sacerdotes, religiosos, religiosas y personas consagradas en la Catedral, con los representantes de las varias confesiones y religiones y finalmente con los jóvenes. La comunidad del Movimiento de los Focolares se hizo presenta a través de obsequios y participó de los distintos momentos de encuentro.
El Ideal de la unidad llegó a Bosnia y Herzegovina en 1975 a través de algunos jóvenes presentes en la Mariápolis de Zagreb (Croacia). En 1992 estalló la guerra: innumerables pérdidas, destrucciones, muertos, refugiados. Muchísimas personas huyeron hacia los distintos países de Europa. Se trató de apoyar en todas las formas a quienes se quedaron en el país. Ya que las carreteras estaban cerradas, este apoyo llegaba a través de cartas o cajas de alimentos. A través del amor concreto de quienes vivían la espiritualidad de la unidad, muchos musulmanes y cristianos encontraron este Ideal. Una vez que terminó la guerra, volviendo a Bosnia, ellos mismos se convirtieron en portadores y testigos de este espíritu nuevo. “Al inicio de 1996, apenas fue posible, aunque la guerra seguía, fuimos a visitarlos – cuentan los testigos de ese periodo –. Nos encontramos frente a escombros, casas destruidas, tanques armados, constantes controles de la policía y de vez en cuando, la explosión de una granada… La ciudad de Sarajevo estaba sin árboles, porque habían sido todos quemados por las granadas o por las mismas personas que habían tratado de calentarse de alguna manera durante los inviernos helados”. La chispa del Ideal de la unidad, recibida por algunas personas muchos años antes y custodiada en el corazón, se prendió completamente en ellos precisamente durante la guerra. Esta gente marcada por el sufrimiento, necesitada de tantas cosas, fue capaz de intuir lo esencial. Estaba sedienta de la verdad. Eran católicos, pero también musulmanes, ortodoxos, todos agradecidos por el descubrimiento del amor de Dios que había transformado su vida. La actual situación en Bosnia no está resuelta. Los católicos emigran, sobre todo los jóvenes, y se teme otro conflicto. La comunidad de los Focolares encuentra fuerza en la unidad, pequeño signo concreto de aquella unidad anhelada por Juan Pablo II en 1997, en ocasión de su visita a Sarajevo, cuando deseó que llegara a ser, después de la tragedia de la guerra, el modelo de convivencia para el 3° milenio.
7 Jun 2015 | Sin categorizar
«Las conversaciones de Chiara Lubich sobre la Eucaristía fueron para mí una revelación. Me hicieron conocer de una manera más amplia, más precisa, más profunda, el efecto que la Eucaristía tiene en la sociedad y en cada persona. He visto que el progreso de la conciencia cristiana, ya sea en cada persona como en la sociedad, depende del progreso de la conciencia que los cristianos tengan de la Eucaristía. En otros términos: si nosotros sabemos lo que es la Eucaristía y la vivimos como ella es, entonces extraemos del cristianismo el valor más profundo ya sea para nuestra alma como para la sociedad. La Eucaristía, efectivamente, logra la unión del hombre con Dios; ella representa el misterio del amor de Cristo hacia la humanidad. Es la comunión con Cristo y con los hermanos. Es la unidad entre ambos. Si se aspira a un progreso de los ideales comunitarios, ideales que unifiquen a la sociedad de hoy; ideales que signifiquen las aspiraciones más hermosas contra las egoístas defensas de los intereses particulares; ideales que defiendan la tolerancia entre las razas; ideales que no acepten las dictaduras, etc, es necesario progresar en la conciencia de la Eucaristía, hay que vivir en profundidad esta realidad. Se puede decir que la relación con Dios y con el mismo hombre es un misterio eucarístico, en el cual Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios. Nada menos que esto. Chiara, con sus explicaciones, nos quiere insertar conscientemente no sólo en el pensamiento de Cristo, sino en la persona de Cristo, en su humanidad y en su divinidad. Nos quiere poner a convivir, a través de la comunión sacramental, con la divinidad y con la humanidad de Jesús, con ambas. Es una revolución que “endiosa” al hombre y lo coloca contra y sobre el proceso de degradación que cursa la sociedad. Gracias a la Eucaristía comienza la rebelión contra la muerte. Chiara, de este modo, impone a nuestra vida un carácter de heroísmo, de santidad. No tiene lugar la mediocridad en la convivencia humana; recordamos la pregunta que el ángel le hace a las almas que entraban en el purgatorio como lo describe Dante en La Divina Comedia: «0 gente umana per volar su nata,- perché a poco vento così cadi?» (“Oh, hombres y mujeres, nacidos para volar hacia Dios, pero que con tanta facilidad, caen en el pecado”). Es decir, “hombre, ¿por qué tú, que naciste para volar hacia Dios, te dejas caer en el pecado tan fácilmente o pierdes este vuelo?” La santidad es heroísmo, pero es un heroísmo facilitado inmensamente por el alimento cotidiano del pan eucarístico. Esto implica una devoción cotidiana, asidua, de cada día, cada vez más alta, pasando por encima de la mediocridad en la que tanta gente de la humanidad hoy vive. Una mediocridad impregnada de mentiras, lujuria, robos, violencia que no es vivir, sino organizar tontamente nuestra agonía. ¡Con la Eucaristía se vuela!». Igino Giordani, Con la Eucaristía se vuela, «GEN» noviembre de 2004, pp.10-11