4 Jun 2015 | Sin categorizar
En el mundo occidental se discute sobre el género. El drama de la explotación es algo que preocupa en los países en vías de desarrollo; en Medio Oriente preocupan los derechos de las mujeres y la paz. Todavía en occidente, las mujeres se ven obligadas a elegir entre el trabajo y la familia, hay vidas que sufren violencia…. Estos son algunos de los desafíos y problemáticas – diferentes según las distintas zonas geográficas- que se encuentran en discusión en las Naciones Unidas, en vista de la nueva agenda sobre los Objetivos para un desarrollo sostenible programado para poner en acción después del 2015 (fecha dentro de la cual los 193 estados miembros se habían propuesto alcanzar los famosos Objetivos del milenio). Son desafíos y problemáticas discutidos también en los tres días promovidos por el Consejo Pontificio Justicia y Paz (Roma 22-24 de mayo de 2015), en colaboración con la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas y la “World Womens’ Alliance for Life and Family. No se trata sólo de un panorama sobre las cuestiones más urgentes viculadas a la condición de la mujer, ni tampoco sólo una denuncia de las violaciones de su dignidad y sus derechos. Las 120 mujeres procedentes de distintos países del mundo quisieron ofrecer su contribución mediante sus experiencias e ideas, plasmadas luego en un documento final para la nueva agenda de las Naciones Unidas para el Desarrollo post-2015. El papa Francisco en su mensaje al Cardenal Turkson, presidente de Justicia y Paz, quiso expresar las instancias promovidas por el universo católico femenino en los procesos internacionales, invitando a todos los que están «comprometidos en la defensa de la dignidad de las mujeres y en la promoción de sus derechos» a que se dejen «guiar por un espíritu de humanidad y de compasión en el servicio al prójimo». «Así – continúa el Papa- surgirán los dones inconmensurables con que Dios enriqueció a la mujer, dándole capacidad de comprensión y de diálogo para recomponer los conflictos grandes y pequeños, sensibilidad para sanar las heridas, y hacerse cargo de toda vida, también a nivel social, dotándola de misericordia y ternura para mantener unidas a las personas». Los aportes tenían un amplio espectro: desde la antropología femenina, la mujer y educación, las mujeres y diálogo interreligioso, las tecnologías vinculadas a la vida y a la procreación, los derechos humanos, mujeres y trabajo agrícola, empresarial y financiero, etc. Después se prosiguió con el trabajo en los ‘atelier temáticos’ (un término que hace referencia al arte del “trabajo artesanal”, fino y laborioso proprio de la mujer) donde se elaboraron las propuestas para los Objetivos para el Desarrollo Sostenible. Rita Mousallem, co-directora del Centro para el Diálogo Interreligioso del Movimiento de los Focolares, intervino sobre el tema “Diálogo interreligioso, en camino para una paz duradera. Rol de la mujer”, refiriéndose también a su propia experiencia de cristiana en Medio Oriente. En las diversas entrevistas que se le hicieron, resaltó la capacidad de escucha, característica típica de la mujer, que da la posibilidad de entrar en la interioridad de sí mismo y en los otros; de saber sufrir y esperar hasta el final, porque –siendo madre- sabe muy bien cuánto vale la vida. Estos aspectos, junto con otros, forman parte de ese “genio femenino”- recordado también por el papa Francisco –don y belleza típica de la mujer, llamada a dar su aporte en la sociedad actual, enbeneficio de todos. Lee también : http://www.aleteia.org/it/religione/interviste/donne-protagoniste-dialogo-interreligioso-chiara-lubich-madre-teresa-calcutta-5787946082893824
1 Jun 2015 | Sin categorizar
Polonia cuenta con 38 millones de habitantes, el 90% de los cuales son cristianos. En ese país, los musulmanes representan una minoría religiosa: son 25 mil, el 0,08% de la población. Su presencia se remonta a los Tártaros en el siglo XIV; después se dio la inmigración de la segunda mitad del siglo XX, y luego llegó otro grupo después de la caída del muro de Berlín. La jornada de diálogo que se acaba de realizar, se injerta en el camino trazado por tres eventos fundamentales del diálogo entre cristianos y musulmanes en Polonia. Don Adam Wąs, miembro del Comité para las religiones no cristianas de la Conferencia Episcopal Polaca, define sus características: la Jornada del Islam en la iglesia católica en Polonia, fue instituida en el año 2000 por la Conferencia Episcopal Polaca por pedido del Consejo Mixto de Católicos y Musulmanes, se celebra cada 26 de enero; la “Oración por la Paz y la Justicia en el Mundo”, surgió luego del 11 de septiembre de 2001, y fue promovida por los musulmanes tártaros polacos; y finalmente está, este evento “sin precedentes en todo el mundo”, como subrayó el muftí Nedal Abu Tabaq, de la “Jornada del Cristianismo entre Musulmanes en Polonia”, fijada para el 29 de mayo, que empezó hace tres años por iniciativa de los musulmanes de la Liga Musulmana en Polonia. Por invitación del imán Abdul Jabbar Koubaisy, director del Centro y vicepresidente de la Liga Musulmana en Polonia, intervinieron en el evento unas 50 personas: representantes de las autoridades locales, de las iglesias católica, ortodoxa y luterana; de la Universidad de Silesia y también de la Comunidad Judía de Katowice. María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares y Jesús Morán, copresidente, fueron huéspedes de honor.
«El diálogo interreligioso es una condición necesaria para alcanzar la paz en el mundo, y por lo tanto es un deber para los cristianos, como para las demás comunidades religiosas» (EG, 250), recordó el metropolita de Katowice, arzobispo Wiktor Skworc, en su mensaje leído por el Padre Tadeusz Czakański, su delegado para el diálogo con el Islam. Luego, enfocándose el tema del encuentro, subrayó como «el fundamento de toda la enseñanza de Jesucristo consiste en el amor misericordioso hacia el prójimo», e hizo el augurio que este encuentro interreligioso en Katowice ayude a todos «para que vivamos más profundamente el misterio de la Misericordia de Dios» y que «contribuya a una mayor apertura de los unos hacia los otros para colaborar más eficazmente en el ámbito de la atención a los oprimidos y los excluidos».
Luego María Voce, en su discurso, recordó algunos pasajes de las Escrituras cristianas que hablan de Jesús desde antes de su nacimiento, poniendo de relieve su amor concreto hacia cada ser humano. «Es este amor universal, sin reservas, lo que ha fascinado a todos aquellos que forman parte del Focolar y se ha convertido en nuestra regla de vida», constató la presidente de los Focolares. «Una de las intuiciones de Chiara Lubich, que constituye uno de los fundamentos de la espiritualidad de la unidad desde sus primeros días de vida, fue el descubrimiento del valor del mandamiento por excelencia de Jesús: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene un amor mayor que éste: dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12-13)». «Amar siempre de esta forma no es fácil – constató María Voce -; a veces o muy a menudo este amor al hermano cuesta esfuerzo, sacrificio… Pero también en esto, Jesús es nuestro modelo: Él nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros». Y, concluyendo, les deseó a todos que Dios – «el más grande y el más misericordioso, nos ayude a vernos todos como hermanos con la medida que Él mismo nos reveló, para construir juntos un mundo en el que reine la fraternidad y por lo tanto la paz completa y verdadera que todos esperamos».
El Muftí Nedal Abu Tabaq, responsable de todos los imanes en Polonia, recordó que está escrito en el Corán que “Jesús es el signo». «No sólo – agregó -, fue concebido de forma milagrosa, hizo milagros, sanó a los enfermos y resucitó a los muertos». Cada uno de nosotros – subrayó además –, debe “resucitar la luz en quienes sufren (…). No somos velas, que pueden apagarse, sino que somos la luz que ha salido de ellas, y esta luz está presente en cada hombre. Sin embargo nosotros debemos siempre revelarla, hacerla emerger (…) en los necesitados, tal como hizo Jesucristo (…). He aquí el Jesús que yo amo, que conozco, que alabo». En la segunda parte del encuentro, en un fraterno diálogo con María Voce y Jesús Morán, se trataron algunas problemáticas como la acción común a favor del diálogo interreligioso, la amenaza del valor de la familia y la necesidad de protegerla juntos en cuanto creyentes, la educación de los hijos al diálogo, etc. La oración del “Padre Nuestro” recitada por los cristianos y la oración “D’ua” por los musulmanes, concluyeron el evento. El signo de la paz, que se intercambiaron entre todos con un apretón de manos o con un abrazo, expresó el amor fraterno vivido en esas horas entre cristianos, musulmanes y judíos. Una Jornada del Cristianismo entre los musulmanes en Polonia inolvidable.
28 May 2015 | Palabra de vida, Sin categorizar
¡Cuánto afecto al repetir este nombre: Marta, Marta! La casa de Betania, a las puertas de Jerusalén, es un lugar donde Jesús suele detenerse y descansar con sus discípulos. Fuera, en la ciudad, debe discutir, encuentra oposición y rechazo; en cambio aquí hay paz y acogida. Marta es emprendedora y activa. Lo demostrará también en la muerte de su hermano, cuando entabla con Jesús una conversación firme, en la cual lo interpela con energía. Es una mujer fuerte, que muestra una gran fe. A la pregunta: «¿Crees que yo soy la resurrección y la vida?», responde sin dudarlo: «Sí, Señor, creo» (cf. Jn 11, 25-27). También ahora está atareada preparando una acogida digna para el Maestro y sus discípulos. Es la anfitriona (lo dice su propio nombre: Marta significa «dueña») y por eso se siente responsable. Probablemente está preparando la cena para este huésped de categoría. María, su hermana, la ha dejado sola en la tarea. En lugar de quedarse en la cocina según las costumbres orientales, se une a los hombres para escuchar a Jesús, sentada a sus pies, como haría una discípula perfecta. De ahí la intervención un poco resentida de Marta: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano» (Lc 10, 40). Y esta es la respuesta afectuosa y a la vez firme de Jesús: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria». ¿Es que no le gustaba a Jesús el estilo emprendedor y el servicio generoso de Marta? ¿Acaso no agradecía su acogida concreta y no iba a tomar con gusto las viandas que le estaba preparando? Poco después de este episodio, en otras parábolas, alabará a administradores, emprendedores y empleados que saben sacar provecho de sus talentos y negociar con los bienes (cf. Lc 12, 42; 19, 12-26). Incluso alaba su astucia (cf. Lc 16, 1-8), de modo que no podía no alegrarse de ver a una mujer tan llena de iniciativa y capaz de una acogida diligente y generosa. Lo que le reprocha es el afán y la preocupación que pone en su trabajo. Está agitada, «afanada con los muchos servicios» (Lc 10, 40), ha perdido la calma. Ya no es ella la que dirige el trabajo, sino el trabajo el que ha tomado la delantera y la tiraniza. Ya no es libre, se ha vuelto esclava de sus tareas. ¿No nos sucede también a nosotros a veces que nos dispersamos en las mil cosas que hay que hacer? Nos dejamos atraer y distraer por Internet, los chats, los superfluos mensajes del móvil. Incluso aunque nos ocupemos en trabajos serios, estos pueden hacer que nos olvidemos de prestar atención a los demás, de escuchar a las personas que tenemos cerca. El peligro está sobre todo en perder de vista por qué y para quién trabajamos. El trabajo y las demás ocupaciones se convierten en fin en sí mismos. O quizá nos pueden el ansia y la agitación ante situaciones y problemas difíciles que atañen a la familia, la economía, la profesión, las clases, nuestro futuro o el de nuestros hijos, hasta hacernos olvidar las palabras de Jesús: «No andéis agobiados pensando en qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso» (Mt 6, 31-32). También nosotros merecemos la reprimenda de Jesús: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria». ¿Qué es lo único necesario? Escuchar y vivir las palabras de Jesús. A ellas –y a Él, que habla– no se les puede anteponer absolutamente nada. El verdadero modo de hospedar a Jesús, de acogerlo, es acoger lo que Él nos dice. Tal como hizo María, que se olvidó de todo, se puso a sus pies y no se perdió ni una palabra suya. Así no nos moverá el deseo de figurar ni de sobresalir, sino de darle gusto a Él, de estar al servicio de su reino. Como Marta, también nosotros estamos llamados a hacer «muchas cosas» por el bien de los demás. Jesús nos ha enseñado que el Padre quiere que demos «mucho fruto» (cf. Jn 15, 8) y que haremos incluso cosas mayores que Él (cf. Jn 14, 12). Es decir, Él espera de nosotros dedicación, pasión en el trabajo que se nos encomienda, inventiva, audacia e iniciativa. Pero sin afán ni agitación, con la paz que viene de saber que estamos cumpliendo la voluntad de Dios. Lo único que importa es, pues, convertirse en discípulos de Jesús, dejar que Él viva en nosotros, estar atentos a sus sugerencias, a su voz sutil, que nos orienta en cada momento. De este modo será Él quien nos guíe en cualquier acción nuestra. Cuando hagamos «muchas cosas», no estaremos distraídos ni dispersos porque, siguiendo las palabras de Jesús, nos moverá solo el amor. En cualquier ocupación haremos siempre una sola cosa: amar.
Fabio Ciardi
23 May 2015 | Chiara Lubich, Cultura, Focolari nel Mondo, Sin categorizar, Spiritualità
Mayo de 1995. Ciudadela internacional de Loppiano (Italia). Es de noche. Un grupo de personas de convicciones y procedencias culturales distintas discuten animadamente durante la cena. Estuvieron reunidos todo el día para comprobar si es posible comprenderse, aceptarse y estimarse siendo cristianos y no creyentes, superando barreras ideológicas y preconceptos milenarios. El encuentro con personas tan distintas por su idioma y sus convicciones, comenzó en 1978 cuando Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, instituyó el “Centro para el diálogo con los no creyentes”, en el ámbito de la más vasta experiencia que llevan adelante los Focolares. El encuentro en Loppiano es por consiguiente un balance y un desafío para para mirarse a los ojos y certificar que sí, que estimarse es posible. En el transcurso de los años, llegaron a ser incluso “amigos”, por lo cual el debatir y el estar juntos, además de un estímulo, es un placer. En esta cena, sin embargo, falta uno de ellos, tal vez el más activo de todos: Ugo Radica, focolarino un tanto especial que tuvo una idea. Fue a “hacer la guardia” delante de la casa de Chiara que esa misma noche llegaba a Loppiano. Su paciente espera fue premiada pues finalmente llegó el auto de Chiara. Ugo se acerca. Chiara asombrada, baja el vidrio y le pregunta: «Ugo, ¿qué estás haciendo aquí?» Y él responde con decisión: «Estoy con un grupo de amigos de convicciones distintas. ¿Por qué no vienes a reunirte con nosotros mañana? Creo que sería importante para ellos conversar directamente contigo». Chiara primero no está segura, pero luego acepta. Le dice a Ugo que preparen algunas preguntas que ella les responderá. Ugo vuelve entusiasmado al lugar donde se encuentran los demás.

Loppiano, 7 de mayo de 1995
Y es así que al día siguiente, el 7 de mayo de 1995, Chiara Lubich pasa media hora con algunas de estas personas que serán más adelante las columnas de una experiencia verdaderamente especial, delicada y también fuerte. Es la experiencia del diálogo entre personas que normalmente les cuesta hablarse y estimarse. El así llamado “cuarto diálogo” del Movimiento de los Focolares nace oficialmente allí, en esa media hora con esas respuestas a un pequeño grupito al cual Chiara les habla de respeto recíproco, de “no proselitismo” (¡un concepto casi revolucionario en esa época!), de amor recíproco que es posible entre personas de ideas y culturas distintas. Una experiencia que entusiasma, que va adelante y se difunde con tenacidad y convicción porque, si el fin del Movimiento es “que todos sean uno”, sin los no creyentes faltaría una parte esencial e insustituible de la humanidad. Esa noche, Tito, uno de los amigos que había llegado a Loppiano justo a último momento, llama a su esposa, “ferviente católica”, miembro del Movimiento desde hace muchos años, para anunciarle, con mucha alegría, que mientras ella en todos esos años no había logrado ver a Chiara ni siquiera de lejos, él ¡había incluso hablado con ella personalmente!
Mayo de 2015, veinte años después. Se festeja nuevamente en Loppiano. ¿Una conmemoración nostálgica? No. Armando, Morena, Tito, Dolores, Piero, Luciana, Roberto, Silvano y muchos otros se alternan en el palco para recordar aquellos momentos, hacer un balance de los veinte años trascurridos y organizar los próximos veinte años. Si algo está claro para todos es lo precioso que es este tipo de diálogo.
Diversamente a lo que sucede en los momentos de diálogo entre personas creyentes, en un encuentro del “cuarto diálogo” no se sabe nunca que va a pasar. Pero precisamente ésta es la garantía de la autenticidad, porque cada uno debe entregarse completamente, dispuesto a ofrecer la propia idea pero también dispuesto a recibir la idea del otro en un intercambio difícil pero fructífero. Un diálogo, que en el transcurso de los años, no sin dificultad, se ha vuelto internacional, llegando a muchísimos países, es una difusión que los presentes sienten como una responsabilidad cada vez más urgente. Un estilo de vida que hay que vivir antes que nada entre los miembros del Movimiento, para ofrecerlo posteriormente a toda la humanidad.
22 May 2015 | Sin categorizar
«La casa en la que vivimos como comunidad está ubicada muy cerca de la Plaza de S. Pedro, en Roma. Eran casi las nueve de la noche. Poco antes, mi superiora había salido para dar un paseo by night por la columnata de Bernini, junto a algunos compatriotas. En ese momento sonó mi celular. Era ella: «Aquí hay un señor; tendrá unos 35 años. Dice que le robaron los documentos, la plata y el celular en el metro». Bajé para ver qué se podía hacer. Luciano, como dijo llamarse ese hombre, contó que había llegado a Roma precisamente esa tarde, después de veintisiete horas de ómnibus. Había logrado recoger 1300 euros, pensando que con esa cantidad podría cubrir sus gastos mientras encontraba un trabajo en Italia. Le pregunté si quería llamar a alguien y él me dio el número de su madre radicada en su país de origen. Lo marqué y le entregué mi celular. Se estaba haciendo tarde. Llamé a una religiosa que trabaja en la Cáritas de la estación de trenes para ver si conocía algún lugar en el que él pudiera pasar la noche, pero me dijo que sin documentos era imposible. A este punto él me dijo que pasaría la noche al aire libre y que al día siguiente iría a la embajada para volver lo más pronto a su patria. Le pregunté si quería comer o tomar algo, pero tenía el estómago cerrado por el estrés. Me dijo que todavía le quedaban unos emparedados del viaje. Le propuse entonces acompañarlo donde las personas que viven a la intemperie en la Plaza Pio XII, para confiárselo a ellos (había también unos connacionales). Antes de llegar, nos encontramos con B., una indigente que duerme en las entradas de los edificios. A veces le llevamos algo de comer. Le conté la historia de Luciano, pero sin decirle que, con los tiempos que corren, no estaba segura de que al creerle estaba haciendo lo correcto. Y ¿si se tratara de una estafa? Pero era más fuerte la convicción de que era un hermano para amar concretamente. La mujer le dijo: «Ve al basurero, recoge todos los cartones que encuentres, porque aquí de noche hace mucho frío. Puedes dormir aquí cerca. Nadie te hará daño». Dejamos el equipaje y fuimos a buscar los cartones. No era fácil conseguirlos, porque en ese sector son muchos los que duermen en los andenes, cerca de los muros. Mientras tanto llegó mi superiora. Con los cartones volvimos donde B. y dejamos a Luciano bajo su custodia. Sobre todo se lo confiamos a la Virgen y a los Ángeles de la Guarda. Durante la noche no lograba dormir. Afuera hacía mucho frío y estaba muy húmedo. Por la mañana le llevé al menos un poco de leche caliente y café. Dijo que por el frío, la incomodidad y el ruido de los autos, no había podido dormir. Volví a casa para la Misa. Las lecturas hablaban del ayuno, que consiste no sólo en el abstenerse de la comida, sino «en el compartir el pan con el hambriento, en acoger en casa a los necesitados, a los indigentes, en vestir a quien está desnudo…” (Is 58,1-9). No lograba leer; no lograba contestar al sacerdote, un nudo me cerraba la garganta, las lágrimas caían abundantes… Entendí – justamente yo, que nunca lloro – qué significa el ‘don de las lágrimas’ del que habló recientemente el papa Francisco. Terminada la misa le dije a mi superiora: «Tenemos que ocuparnos de él hasta el fondo». Siempre temiendo que fuese una estafa, ella titubeó, pero luego aceptó. Luciano todavía estaba ahí. Se había acordado que en el bolsillo interno de su mochila tenía la cédula de identidad. Echamos uno de sus bolsos en el carrito de las compras, el otro lo llevamos juntos. En la estación de autobuses descubrimos que precisamente ese día salía uno para su país. Compramos el pasaje. La cajera nos avisó que sería mejor esperar que Luciano partiera, porque ya había pasado que personas como él regresan luego a la caja para pedir el reembolso. Teníamos que volver a casa y le pagamos el desayuno. Todavía faltaban dos horas para la salida, pero nosotros seguimos confiando. Le di un fuerte abrazo y le dejé mi número de celular, junto a unas monedas para el viaje y un poco de divisa nacional para llegar en tren a su ciudad. Por la tarde, alguien que se enteró de esta historia, nos donó lo que gastamos. Al día siguiente llegó también un grato SMS de Luciano. “Les agradezco por el boleto del autobús y por todo. Llegué a mi casa sano y salvo».
16 May 2015 | Sin categorizar
Audio mp3 en italiano «Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo» (Ef. 2, 4-5)
«El comentario de esta Palabra subraya dos características del amor de Dios con respecto a nosotros. La primera es que el amor de Dios ha tomado la iniciativa y nos ha amado cuando nosotros no éramos dignos de ser amados («muertos por el pecado»). La segunda es que Dios, con su amor, no se ha limitado a perdonar nuestros pecados, sino que, amándonos sin límites, nos ha hecho partícipes de su misma vida («nos ha hecho revivir con Cristo»). Estas palabras y estas consideraciones me recuerdan los comienzos del Movimiento, cuando Dios encendió en nuestro corazón la «chispa» de nuestro gran ideal. En efecto, a la luz de esta espléndida Palabra, me doy cuenta de que aquella chispa o aquel fuego no eran otra cosa que participación del Amor mismo que es Dios. ¿Acaso encontrábamos, en medio de la desolación de la guerra y en el desierto que nos rodeaba, a algún otro que tomara la iniciativa de amarnos? ¿Y no éramos nosotros quienes, por un don particular de Dios, encendíamos la llama del amor en muchísimos corazones con el deseo de que se extendiera a todos? ¿Mirábamos acaso si nuestros prójimos eran amables para decidir amarlos? ¿No eran más bien los más pobres quienes nos atraían y en los cuales entreveíamos mejor el rostro de Cristo, o los pecadores, que eran quienes necesitaban de su misericordia? Sí, por un milagro divino (esos milagros que ocurren cada vez que se enciende un carisma del Espíritu sobre esta Tierra) también nuestro pequeño corazón podía afirmar que era rico en misericordia. Y, tal como sabemos, amar a los prójimos no significaba para nosotras simplemente hacernos uno con ellos hasta llevarlos a Dios. Significaba enrolarlos en nuestra misma revolución de amor, en nuestro mismo ideal. Al ser todos candidatos a la unidad, podían participar, y de hecho participaban, en esa dinámica vida divina que Dios había desencadenado en un punto de su Iglesia. Entonces era así. También ahora tiene que ser así. Ciertamente los tiempos han cambiado, pero no es difícil admitir que si en aquellos días lejanos, el mundo se nos mostraba como un desierto por las destrucciones de la guerra, no es menos desierto ahora, aunque sea por otros motivos. Muchos factores han determinado una nivelación de nuestra sociedad moderna por lo cual se vive en un peligroso equívoco. Antes la sociedad era fundamentalmente cristiana y se distinguía muy netamente el bien del mal. Hoy es distinto: en nombre de una libertad, que no es verdadera libertad, el bien y el mal, el cumplimiento o el no cumplimiento de la ley de Dios han sido colocados en el mismo plano. Es un nuevo desierto, donde lo que ha sido bombardeado no son las casas, las iglesias, los edificios, sino las leyes morales y, consecuentemente, las conciencias. ¿Qué hacer entonces? ¿Nos encontramos desarmados para combatir nuestra batalla a fin de llevar el perdón y el amor de Cristo a los hombres, cuando éstos tienen tan poco en cuenta el pecado? No, no estamos desarmados. Este mundo que ha perdido el sentido de lo sagrado tiene un rostro para nosotros: el de Jesús Abandonado, en quien lo sagrado y lo divino se ha ocultado completamente. Él, Dios que se siente abandonado por Dios, refleja toda situación negativa. En su nombre y por amor a Él encontraremos la fuerza de amar lo que hoy es tan poco digno de ser amado. Con la llama encendida en nuestro corazón, tomando siempre la iniciativa como nuestro Dios, seremos capaces de ir al encuentro de todos. Y Dios en nosotros despertará e iluminará las conciencias, suscitará arrepentimiento, volverá a dar esperanza, llenará de entusiasmo hasta que, en muchos que estaban muertos, nazca el deseo de revivir con Cristo de vivir en Cristo. La Palabra nos pone en el corazón estos tres propósitos: mantener encendido el fuego en nuestro corazón, ser los primeros en amar, amar de un modo no restringido sino ilimitado, de manera que sepamos llevar a todos a vivir nuestro ideal, que es vivir a Cristo. Sólo de esta manera estaremos de acuerdo con lo que la Escritura nos pide este mes» […] (Chiara Lubich Rocca di Papa, el 3 de enero de 1985) (Juntos en camino, Ciudad Nueva, Buenos Aires 1988, págs. 54 – 57) Fuente: Centro Chiara Lubich