27 Ene 2015 | Sin categorizar
El clima, aunque de fiesta, tiene un timbre solemne y de oración. Después de haber entonado las Vísperas y los cantos, el celebrante principal anuncia, para la gozosa sorpresa de los presentes, la llegada de un mensaje del Papa Francisco. La misiva pontificia tiene la firma del Secretario de Estado Card. Pietro Parolin, y está dirigida a Mons. Raffaello Martinelli, Obispo de Frascati, en calidad de encargado de la apertura oficial del “Proceso sobre la vida, virtudes, fama de santidad y signos” de Chiara Lubich. La diócesis de Frascati, de hecho, es el territorio en el cual se encuentra el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares, cerca del cual Chiara ha vivido gran parte de su vida y ha muerto (14 de marzo de 2008).
«En ocasión de la apertura de la causa de beatificación y canonización de Chiara Lubich – se lee en el mensaje del Papa –, que tiene lugar en la Catedral de Frascati, Su Santidad el Papa Francisco dirige su cordial pensamiento, auspiciando que el luminoso ejemplo de vida de la fundadora del Movimiento de los Focolares suscite en cuantos conservan su preciosa herencia espiritual, renovados propósitos de fiel adhesión a Cristo y de generoso servicio a la unidad de la Iglesia. El Santo Padre invoca abundantes dones del divino Espíritu sobre cuantos están comprometidos en la Postulación y exhorta a hacer conocer al pueblo de Dios la vida y las obras de aquella que, acogiendo la invitación del Señor, ha encendido para la Iglesia una nueva luz en el camino hacia la unidad y, mientras pide que se rece para sostenerlo en su universal ministerio como sucesor del apóstol Pedro, por intercesión de la Virgen Santa, envía a vuestra Excelencia, a la Postulación, a la entera Obra de María y a cuantos participan en el gozoso evento la implorada bendición apostólica. En el Vaticano, 27 de enero de 2015».
Maria Voce, en nombre de todo el Movimiento de los Focolares en el mundo que sigue el evento vía Internet, expresa la gratitud de todos: «Queremos, ante todo, expresar la alegría, la conmoción, la sorpresa, por este mensaje del Santo Padre, al cual queremos enviar nuestro agradecimiento y asegurarle nuestra oración, que él nos ha pedido; así como asegurarle nuestro empeño en seguir difundiendo esa “luz nueva” que él ha indicado como don de Chiara a la Iglesia y a la humanidad»
El aplauso de los presentes ha subrayado la inmensa alegría y gratitud de todo el “pueblo focolarino”.
27 Ene 2015 | Sin categorizar

Card. João Braz De Aviz, Jesús Morán y Maria Voce, co-presidente y presidente de los Focolares
El 27 de enero, día de la Memoria, en el que el mundo recuerda la tragedia de la Shoah y todas las otras que siguen ensangrentando el planeta, la catedral de Frascati estaba rebosante, a pesar del horario y de ser un día de trabajo. Y precisamente para que “la humanidad y la historia puedan conocer un nuevo desarrollo de la paz”, es que María Voce auspicia el reconocimiento de la ejemplaridad de Chiara Lubich. Sí, porque “a su mirada y su corazón los movía un amor universal, capaz de abrazar a todos los hombres más allá de cualquier diferencia, estando siempre proyectados a realizar el testamento de Jesús ‘Que todos sean uno’”.
Un largo y prolongado aplauso puso de manifiesto el agradecimiento al papa Francisco, por su mensaje en el que exhortaba a “dar a conocer al pueblo de Dios la vida y las obras de aquella que, acogiendo la invitación del Señor, ha encendido para la Iglesia una nueva luz en el camino hacia la unidad”. María Voce, en nombre del pueblo de los Focolares aseguró “el compromiso de seguir difundiendo esa nueva luz que el Papa ha indicado” refiriéndose a la figura de Chiara.
La directa streaming permitió que se pudiera seguir en evento, con traducción simultánea en inglés, francés, portugués y español. Fueron más de dieciocho mil las conexiones simultáneas, en algunos puntos se reunieron incluso cientos de personas (como en la Mariápolis Ginetta, en Brasil o en la ciudadela de Loppiano en Toscana – Italia).

Mons. Raffaello Martinelli, obispo de Frascati
“La tarea que nos espera no es fácil”, declaró el obispo de Frascati, Mons. Rafaello Martinelli, “pero es un servicio que queremos dar a la Iglesia para ofrecer un testimonio de fe, esperanza y caridad mediante la obra y la vida de una de sus hijas”.
Había gran internacionalidad entre los presentes. Empezando por los cardenales Tarcisio Bertone, Ennio Antonelli, Joao Braz De Aviz, Miloslav Vlk; entre los obispos estaba Carlos Tissera de Argentina y Brendan Leahy de Irlanda; y en la presencia ecuménica, el Arquimandrita Simeon Catsinas, de la Iglesia ortodoxa de Roma en representación del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y el padre Gabriel, párroco rumano-ortodoxo de Rocca di Papa, quien fue enviado por el obispo rumano-ortodoxo de Italia, Mons. Siluan.
Entre los amigos de Chiara Lubich estaban presentes fundadores y representantes de otros Movimientos. No quiso faltar el mundo musulmán, dando así un testimonio de la voluntad de diálogo que se mantiene en este momento tan crítico, a través del director del Instituto Tevere Cenap Mustafa Aydin, de Turquía. Desde Japón, en representación del movimiento Rissho Kosei-Kai, participó el Dr. Mizumo. Con la banda tricolor italiana estuvieron presentes varios alcaldes de los municipios limítrofes, una delegación de Trento, la ciudad natal de Chiara, y un grupo de familiares de la Sierva de Dios.
“Chiara habla de vivir el Evangelio y de ser fieles a Dios”, dice João, un joven brasileño, “pienso que no podemos ser fieles a Dios si no apuntamos a la santidad, que es lo que Dios quiere”. Y Francesca, de 13 años: “Chiara me impresionó por su gran fe que podría ser difícil que llegara a los adolescentes, en cambio ella nos la comunicaba con una simplicidad estupenda”.
La ceremonia. Una serie de actos jurídicos dieron inicio a la causa de canonización, pero, como subrayó el obispo de Frascati –“queremos transformarlos en una meditación”, por eso la ceremonia se abrió con el rezo de las vísperas. En un clima solemne se cumplió con los procedimientos de instalación del tribunal, empezando por la lectura del “supplice libello” con el que el Movimiento de los Focolares solicitó la apertura de la causa en diciembre del 2013. A lo largo de estos seis años transcurridos desde la muerte de Chiara Lubich –explica el documento- «ha crecido continua y establemente en todo el mundo entre los fieles la percepción de la pureza e integridad de la vida de la Sierva de Dios, de las virtudes por ella practicadas en grado heroico, así como las gracias y favores recibidos de Dios mediante su intercesión». Seguidamente se leyó el nihil obstat (ningún impedimento) de la Congregación de las Causas de los Santos y se constituyó el tribunal.
Mons. Angelo Amati, delegado episcopal, será quien conducirá esta fase de investigación a nivel diocesano, acompañado por el Rev. Emmanuele Faweh Kazah, nigeriano, come Promotor de Justicia, y por la notaria Patrizia Sabatini, quien ya ha trabajado los meses anteriores recogiendo unos cincuenta testimonios, para evitar que se perdieran aquellos de quienes «permitieron desde el primer momento dar testimonio de la belleza y la posibilidad de recorrer juntos, en unidad, el camino hacia la única meta», como dijo María Voce al recordar a los primeros compañeros y compañeras de Chiara, algunos de los cuales estaban presentes en la ceremonia.
El grupo de postuladores nominado por la presidente de los Focolares está conformado por el padre Silvestre Marques, portugués, como postulador y por los vice-postuladores, la italiana Lucia Abignente y el holandés, Waldery Hilgeman. El Tribunal ya estableció la próxima sesión, el 12 de febrero próximos, para escuchar el testimonio de María Voce, la primera de una lista de alrededor de 100 personas.
Nota de prensa
La oración de intercesión
Streaming: http://live.focolare.org/reply.asp
27 Ene 2015 | Sin categorizar
Con gran alegría, «multiplicada por el eco de alegría procedente del mundo entero » Maria Voce, Presidente del Movimiento de los Focolares, ha acogido la noticia de la apertura de la causa de beatificación de Chiara. El anuncio lo ha dado el Obispo de Frascati, Mons. Raffaello Martinelli, indicando el 27 de enero como fecha para la ceremonia de apertura del proceso en la catedral de Frascati.Es en su diócesis donde Chiara Lubich vivió gran parte de su vida y murió en 2008.
Así lo explicaba Maria Voce a través de los micrófonos de Radio Vaticana: «He comunicado enseguida a todos esta alegría y este agradecimiento, también al Obispo, que verdaderamente ha estado atento en el tratar de llevar adelante cuanto era necesario, como trabajo preliminar, para llegar a este momento. Y un gran agradecimiento también a la Iglesia, que nos permite mostrar la belleza de una vida comprometida como la de Chiara».
Ella, continua en la entrevista, « siempre ha soñado con el día en el que se pudiese hablar verdaderamente de una santidad de pueblo, porque veía que nos hacemos santos haciendo la voluntad de Dios, que es algo que Dios pide a cada persona que viene a la Tierra. Por lo tanto, su deseo non era tanto el hacerse santa ella – aunque lógicamente tenía presente también que es la voluntad de Dios ‘vuestra santificación’ – sino el deseo de que muchas, muchas personas entrasen en este camino de santidad». Trabajar para que se reconozca la santidad de Chiara Lubich, significa por lo tanto para Maria Voce «trabajar para que se reconozca esta posibilidad, abierta a todos, de hacerse santos».
¿Cómo se involucra el Movimiento de los Focolares en este camino? Con «un renovado compromiso, para que la Iglesia vea en los seguidores de Chiara el testimonio vivo de ese modelo que Chiara ha sido y sigue siendo para nosotros».
«El testimonio del afecto de muchos por Chiara Lubich continua inmutable», se comenta en la Radio Vaticana. «Inmutable y en aumento, diría: es un testimonio del afecto que llega incluso de quien no la ha conocido personalmente. Ciertamente los que la han conocido sienten este momento como un momento particular de gracia: y me refiero tanto a autoridades de la Iglesia, como a presidentes o fundadores de otros Movimientos, o a personas de otras religiones y de otras Iglesias».
No le espera una tarea fácil a quien tendrá que examinar escritos, discursos, videos…: «Existe un mar de documentos y de escritos, que ya se han entregado para este examen. Y además hay videos, hay grabaciones de discursos que Chiara ha hecho; cartas que Chiara ha escrito… Hay muchísimo material y será seguramente una tarea grande para todo el Tribunal, una tarea que nos involucra en la preparación de estos documentos del mejor modo para que la Iglesia pueda examinarlos».
En síntesis, ¿una palabra para expresar la santidad de Chiara? «Diría la normalidad: se puede ser santos llevando una vida normal. Los frutos extraordinarios de esta vida normal son frutos que proceden de Dios, de la relación de Chiara con Dios y de la relación normal de Chiara con su pueblo. Vivir normalmente una cosa extraordinaria: Chiara nos ha dado ejemplo de esto, aunque lógicamente ha habido también momentos extraordinarios en su vida, pero ella nos ha dado el ejemplo de la santidad en la normalidad y no sólo en los momentos extraordinarios».
Y sobre Chiara Lubich como “mujer del diálogo”, necesario más que nunca en estos días, afirma: «Pienso que en este campo, Chiara todavía tenga mucho que decir para la construcción de relaciones verdaderas, profundas entre las civilizaciones, entre las razas, entre las religiones para contrastar esta oleada de violencia que parece haber invadido el mondo. Por lo tanto, una afirmación de la santidad de una persona que ha hecho de su vida un símbolo de diálogo, podría ser un signo de este momento».
Entrevista completa en Radio Vaticana
26 Ene 2015 | Sin categorizar
«Lo que había entendido, leyendo las hagiografías, como el resultado de una ascesis fatigosa, reservada a pocos, se convertía en cambio en patrimonio común. Comprendía por qué Jesús había podido invitar a todos los que lo seguían a ser perfectos como su Padre: ¡perfectos como Dios!
Era todo conocido y todo nuevo.
Era un mecanismo nuevo, un nuevo espíritu. Había encontrado la llave del misterio: es decir, se le había dado paso al amor, demasiado a menudo atrincherado: y éste irrumpía, como una llama, dilatándose, creciendo, hasta convertirse en un incendio.
Esta ascensión a Dios, considerada inalcanzable, se veía facilitada y abierta a todos, al reencontrar el camino a casa para todos, mediante el sentido de la fraternidad. Esta ascesis que parecía terrorífica (cilicios, cadenas, noches oscuras, renuncias), se convertía en algo fácil, porque el camino se recorría en compañía, con la ayuda de los hermanos, con el amor a Cristo.
Renacía una santidad colectiva, socializada (para usar dos vocablos que más adelante el Concilio Vaticano II popularizó), que eliminaba el individualismo, que en cambio impulsaba a cada uno a santificarse por sí solo, cultivando meticulosamente la propia alma, a través de un análisis sin medida, pero sin perderla. Era una piedad, una vida interior, que salía de los reductos de las casas religiosas y del exclusivismo de clases privilegiadas – que se mantenían separadas, e incluso afuera, cuando no era en contra, de la misma sociedad, que en su mayoría representaba a la Iglesia viva. Llevaba esta vida interior a las plazas, a los talleres y a las oficinas, a las casas y a los campos, y también a los conventos y a los círculos de Acción católica, dado que, en todos lados, donde hay personas, hay candidatos a la perfección.
En síntesis, la ascesis se había convertido en una aventura universal del amor divino: y el amor genera luz»
«La vida es una ocasión única que hay que aprovechar. Hay que aprovecharla aquí en la tierra para prolongarla en la eternidad. Para hacer de la tierra un anticipo del cielo, integrándola en la vida de Dios tanto aquí como allá. La vida no se debe arruinar con la obsesión de ambiciones y avaricias, ni embrutecer con rencores y hostilidades: sino divinizarla – prolongarla en el seno de lo Eterno – con el Amor. Y donde está el amor está Dios. Y cada momento ha de ser aprovechado por amor, es decir para donar a Dios: lo que significa absorber a Dios para sí mismos y para los demás.
En este modo de vivir está la libertad de los hijos de Dios, en donde el espíritu no se ve inmovilizado por prejuicios. Las divisiones, las oposiciones, son obstáculos para el espíritu de Dios.
«El que vive así no piensa en santificarse, piensa en santificar. Se olvida de sí mismo: se desinteresa de sí mismo. Se santifica santificando: se ama amando, se sirve sirviendo.
De tal modo la misma obra de santificación tiene una evolución social: este donar continuo y donarse hace que la elevación de las almas sea una obra comunitaria.
“Sean perfectos como mi Padre” pidió Jesús: y nos hacemos perfectos en la voluntad del Padre unificándonos entre nosotros para unificarnos con Él, a través de Cristo».
Fuente: Centro Igino Giordani
24 Ene 2015 | Sin categorizar
«Nos habíamos preparado al matrimonio con la certeza de comprometernos para toda la vida. Sin embargo, ya poco tiempo después del nacimiento de la niña, mi esposo empezó a salir solo y yo, que estaba enamorada pero también cansada por el trabajo y la maternidad, en un primer momento no me di cuenta de que algo no funcionaba. Siguieron 13 años de mentiras y peleas, alternadas con pseudo-aclaraciones a las que seguían indefectiblemente continuas decepciones. Deshecha y al borde del agotamiento (llegué a pesar 36 kilos) finalmente me rendí, y le volví a entregar a mi esposo su libertad.
Tres años después encontré a un compañero del colegio, también él padre separado. Inicialmente trataba de resistir al sentimiento que afloraba en mí, porque, si por un lado el hecho de sentirme amada me daba una gran felicidad, por el otro me ponía ante el problema de mi vida cristiana. Fueron momentos muy difíciles. Pero luego las dudas se desvanecieron porque, me decía, es verdad que me había casado convencida del ‘para siempre’ pero si el amor ya no es correspondido, ¿por qué no podía seguir viviendo con otra persona aquella vocación a la vida familiar que había sentido desde siempre?
Seguros de nuestro amor, decidimos juntar nuestras vidas truncadas. Después de unos dos años de convivencia tuvimos un niño, que hicimos bautizar y que tratamos de educar cristianamente.
Para mi compañero – una persona muy recta que se declara no creyente – el problema de la pertenencia a la Iglesia no existe. En cambio yo seguía asistiendo a la Misa dominical y, aún en el sufrimiento, me conformé a las disposiciones de la Iglesia absteniéndome de los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía. Hubiera podido ir a una iglesia donde no me conocían, pero por obediencia nunca lo hice.
Sin embargo, con el pasar del tiempo, esta autoexclusión empezó a pesarme y me alejé de la Misa y de la vida de la comunidad. En efecto, me sentía profundamente incómoda viendo que los demás se dirigían hacia el altar, mientras yo tenía que quedarme en el banco. Me sentía abandonada, repudiada, culpable.
Unos años después, gracias a la cercanía con el Focolar retomé el camino de fe. ‘Dios te ama inmensamente’, me repetían. Junto con ellos entendí que Jesús murió y resucitó también por mí y que Él, en su infinito amor, ya había colmado ese abismo en el que había caído y sólo esperaba que yo lo siguiera por el resto de mi vida.
Descubrí así que, más allá de la Eucaristía, hay otras fuentes a través de las cuales se puede encontrar a Jesús. Él se esconde en cada prójimo que encuentro, me habla a través de Su Evangelio y está presente en la comunidad que se reúne en Su nombre. Sobre todo Lo encuentro cuando logro transformar en amor el dolor que me procura la separación de la Eucaristía.
Recuerdo el día en que nuestro hijo hizo su primera comunión. Yo era la única, entre los padres, que no fui al altar con él; un sufrimiento que no se puede expresar. Por otra parte puedo decir que fue precisamente cuando perdí la Eucaristía que redescubrí el gran don que ella representa, así como te das cuenta del valor de la buena salud en el momento en que la pierdes.
Espero que, el día en el que me presente al Padre, Él mire, más que mis fracasos, mi pequeño pero cotidiano intento de amar a los demás tal como Jesús nos enseñó».
23 Ene 2015 | Sin categorizar
Conocido simplemente como Peppuccio, fue por largo tiempo responsable de la Escuela Abba, el centro cultural de los Focolares, Giuseppe Maria Zanghì falleció inesperadamente a los 85 años, después de una breve enfermedad, en la tarde del 23 de enero 2015.
“Él, quien muchas veces nos habló del Paraíso, ahora puede gozarlo plenamente” – afirma María Voce, presidente de los Focolares comunicando la noticia.
Lo recordamos con algunos fragmentos de una entrevista concedida en 2009 a la revista Città Nuova:
Compartiste con Chiara Lubich los inicios del Movimiento Gen, que congrega a los jóvenes de los Focolares. ¿A qué se debe el hecho que ella decidió comunicar también a la nueva generación esas realidades místicas conocidas como “Paraíso del ’49”?
«En fin de cuentas, ¿qué es este “Paraíso del ‘49”? Es el relato escrito que Chiara hacía a Igino Giordani de lo que acontecía en ella en el verano de 1949 en Fiera di Primiero, un periodo contemplativo en el cual Dios le imprimía en el alma, como con un hierro caliente, el proyecto de la Obra que tenía que nacer. Dios hace lo mismo con todos los místicos que deben ser fundadores de realidades en la Iglesia. La característica del ‘49 fue que quien hacía esta experiencia contemplativa con Chiara fue – por participación – un grupo de focolarinas y focolarinos que pasaban con ella un periodo de vacaciones, fundidos en uno por el amor de Dios. Sin embargo fue una fusión que dejaba intactas las distintas individualidades.
Es una experiencia muy original también en el aspecto cultural, porque se refiere a los que yo llamo un “sujeto colectivo”. Toda cultura, de hecho, nace de un sujeto; y el hombre de hoy está buscando precisamente un sujeto para la cultura que tiene que nacer. Ésta es, según mi opinión, la mayor contribución de Chiara al nacimiento de una nueva cultura. Y falta mucho aún por entender.
Pero, dejando de lado este aspecto, sobre el cual tendremos que trabajar y estudiar, la realidad en la que Dios le abrió a Chiara el abismo de su vida y le hizo comprender, al mismo tiempo, muchas cosas de la Obra que tenía que nacer. En ella no era algo sólo para recordar, era la vida del presente. Y te dabas cuenta de esto estando a su lado; sentías que seguir el ideal de la unidad no era tanto conocer una doctrina o bien oír hablar de la experiencia vivida por una persona, no; era entrar en la realidad en la que Chiara había vivido en el ‘49 y en la que seguía viviendo.
Ahora bien, para ella también los jóvenes del Movimiento tenían que entrar en el meollo de esta experiencia, al mismo tiempo humana y divina, espiritual y cultural, y quedarse ahí, desarrollándola y llevándola adelante».
Fuente: Città Nuova