20 Dic 2013 | Sin categorizar
Navidad en Belén: «Una ocasión para coronar el año encontrándose con los Jóvenes por un Mundo Unido de Tierra Santa, por una navidad de acogida y de paz», cuentan Maria Guaita, Andrew Camilleri y Claudia Barrero, de la secretaría internacional de los JMU.
¿Qué significa para ustedes transcurrir la Navidad en Tierra Santa? «Recibimos esta invitación como una propuesta que se hace extensiva a todos los Jóvenes por un Mundo Unido esparcidos en el mundo –cuenta María Guaita-. El Evangelio nos dice que María y José no encontraron lugar en el albergue, y que el Verbo de Dios vino entre su gente pero los suyos no lo recibieron. Por eso queremos acogerlo especialmente en los que están solos, en los marginados, en los pobres o en los que no tienen casa. Comprometernos para que cada una de nuestras ciudades se convierta en una pequeña Belén que hospeda el pesebre, que ofrece una cuna a Jesús».
¿Cómo se organizaron? «Propusimos a todos los Jóvenes por un Mundo Unido una Navidad de acogida y paz –explica Andrew-. Todos los días los medios nos presentan imágenes de violencia, de sufrimiento y de exclusión. Queremos responder a todo eso, empezando en este período navideño, con varias iniciativas de amor concreto hacia los hermanos».
«Quisiéramos involucrar el mayor número posible de personas –concluye María-, también parroquias, instituciones, otras asociaciones y Movimientos, según la fantasía y las posibilidades de cada uno, con la convicción de que –como decía Chiara Lubich- “nada es pequeño de lo que se hace por amor”».
Fotos y breves videos de las iniciativas que se están llevando adelante se podrán encontrar en la página de Facebook de los JMU de Tierra Santa: Youth for a United World – Holy Land (https://www.facebook.com/Y4UW.HOLYLAND?fref=ts).
«Serán fragmentos de fraternidad –agrega Claudia-, que hablan por sí mismos y documentan una etapa importante en la realización del “United World Project”, en el camino hacia la unidad del mundo».
Para informaciones:
Jóvenes por un Mundo Unido
19 Dic 2013 | Sin categorizar

¿Qué significa para el Papa Francisco “Iglesia-comunión”? Se puede vislumbrar en los 4 puntos de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium que se refieren al No a la guerra entre nosotros. La frase clave que lo explica, -afirma María Voce– está en el punto 99: “A los cristianos de todas las comunidades del mundo deseo pedirles especialmente un testimonio de comunión fraterna que sea atractiva y luminosa”. Este pedido – continúa la presidente de los Focolares en su comentario- está dirigido «a los cristianos, a quienes se encuentran en todas las comunidades, y por consiguiente a la Iglesia». Solicita que ellos den, diversas comunidades en que viven, «un testimonio de amor recíproco, de comunión fraterna».
Pero, ¿de qué comunidad habla el Papa? Según María Voce se podría pensar en primer lugar en grupos particulares, pero si se ve desde una perspectiva más amplia, «puede tratarse de todos los cristianos – comenta- que se encuentran en comunidades no cristianas o en comunidades donde todavía se debe comenzar el anuncio del Evangelio: ya sea que se encuentran reunidos en un convento, en una asociación, en una familia»
¿Por qué este pedido? «Lo explican sus dos últimas palabras: “Que sea (esta comunión) atractiva y luminosa”. Existe siempre el ansia de la evangelización, ya sea que se trate de una “primera” evangelización o de una “nueva” evangelización: la comunión fraterna entre los cristianos debe tener la capacidad de atraer por su simple testimonio» Es una visión que se expresa de forma concreta: el Papa «invita a empezar. Comenzamos rezando por esa persona que en este momento nos resulta antipática, que no quisiéramos amar. Es una invitación a dar el primer paso, aunque sea mínimo, incluso simplemente recordándola en la oración. Esto ayuda a superar cada obstáculo viviendo la comunión fraterna… da la posibilidad a aquellas personas que se encuentran destruidas por odios y rencores, que han sufrido por enemistades y traiciones, a vivir un “alegre retorno” ». La alegría como característica, que desde el título, impregna toda la exhortación apostólica: «se da testimonio del Evangelio- comenta María Voce- a través de la alegría».
¿Cuáles podrían ser los impedimentos? María Voce vuelve al párrafo precedente: el obstáculo «es la mundanidad espiritual que “consiste en buscar la gloria humana y el bienestar personal, en lugar de buscar la gloria del Señor” (93). Por lo tanto, el impedimento es el egoísmo, el mirarse a sí mismos en lugar de mirar a Dios y a los demás; el buscar la seguridad en las cosas de esta tierra, en el dinero, en el poder, en las lisonjas, en lugar de confiar completamente en Dios». Esta mundanidad «impide en su misma raíz a los cristianos que tengan entre ellos una comunión fraterna».
«El Papa estigmatiza particularmente las disputas y las envidias, los celos que pueden nacer entre los cristianos, especialmente si están dentro de comunidades religiosas o dentro de comunidades de personas comprometidas de alguna manera en el camino del testimonio del Evangelio». Según la presidente de los Focolares, de las palabras del Papa se deduce que es imposible pensar en evangelización de este modo: «No hay ninguna posibilidad de fecundidad si en estas comunidades cristianas no existe un testimonio auténtico de amor fraterno»
Finalmente, una confidencia: «Recuerdo un pensamiento de Chiara Lubich: “A nosotros – decía a los animadores parroquiales en el año 2005- el Señor nos donó un carisma para el mundo de hoy, el carisma de la unidad. Estoy segura de que este carisma puede ayudar también a las comunidades parroquiales a renovarse, a que sean lo que deberían ser: Iglesia viva, donde todos encuentran a Jesús. Sentimos entonces la responsabilidad de haber recibido un don muy grande de Dios y tenemos la fuerza de difundir la espiritualidad de la unidad, especialmente ahora que Juan Pablo II la transmitió a toda la Iglesia como `espiritualidad de comunión´ (NMI 43)”» «Por lo tanto es también para hoy la invitación a que tomemos conciencia de que «somos portadores de un carisma y podemos contribuir a tejer vínculos de comunión fraterna en todas las comunidades donde nos encontramos, ya sea dentro de nuestro Movimiento como fuera de él».
Fuente: Città Nuova online
16 Dic 2013 | Sin categorizar
Al preguntarle si le desagrada el no poder ser sacerdote, ella que es una de las mujeres más influyentes de la Iglesia, ríe sigilosamente: «Mire, conozco a pastoras evangélicas que pertenecen al Movimiento, amigas y mujeres excepcionales que son de mucho provecho en sus iglesias; pero nunca he pensado que la posibilidad de llegar a ser sacerdote aumente la dignidad de la mujer. Sería sólo un servicio añadido. Porque la cuestión es otra: como mujeres hemos de aspirar, me parece, a que se reconozca la misma dignidad, la igualdad de oportunidades en la Iglesia católica. Servicio y no servidumbre, como dice el mismo Papa Francisco… ». Maria Voce guía desde 2008 a los Focolares, dos millones y medio de miembros en 182 Países, el único movimiento que por estatuto es conducido por una mujer. Es la sucesora de la fundadora, Chiara Lubich, que la llamaba «Emmaus», y que está enterrada cerca, en la pequeña capilla del centro mundial en Rocca di Papa, desde cuyo ventanal se aprecia entre los pinos su casa, y frente a la lápida, un mosaico representando a María como Madre de la Iglesia. El 7 de diciembre habrán pasado 70 años de la «consagración” de Chiara a Dios. Una mujer laica que anticipó diversos temas del Concilio. «La Iglesia como apertura, comunión, amor recíproco… ».
¿Cuál es, hoy, el papel de la mujer en la Iglesia, y cuánto se les escucha?
«El papel es el de todo ser humano, hombre o mujer, que pertenece a la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. En cambio, cómo son consideradas por los demás, ya es algo un poco diferente. Me parece que las mujeres todavía no tienen mucha voz en capítulo. Muchas veces se le reconocen valores como la humildad, la docilidad, la flexibilidad, pero se aprovechan un poco de esto. El Santo Padre, por otra parte, ha dicho que le da pena ver a la mujer en sumisión, no a la mujer al servicio; el servicio es una palabra clave de su pontificado, pero en cuanto servicio de amor; y no en el sentido de un servicio porque es considerada inferior y por lo tanto sumisa. En esto creo que todavía queda por hacer».
El Papa dijo que hay que pensar en una «teología de la mujer». ¿Qué significa para usted?
«Yo no soy una teóloga. Pero el Papa dio el título: «María es más grande que los apóstoles». Es hermoso que lo diga, es muy fuerte. Pero de aquí tiene que surgir la complementariedad. La participación también en el magisterio, en un cierto sentido…».
¿En qué sentido?
«Chiara pensaba en María como el cielo azul que contiene el sol, la luna y las estrellas. En este sentido, si el sol es Dios, y las estrellas los santos, María es el cielo que los contiene, que contiene también a Dios: por voluntad del mismo Dios que se encarnó en su seno. La mujer en la Iglesia es esto, debe tener esta función, que sólo puede darse en la complementariedad con el carisma petrino. No es posible que sólo Pedro sea quien guíe la Iglesia, sino Pedro con los apóstoles y sostenido y circundado por el abrazo de esta mujer-madre que es María».
Para Francisco, debemos reflexionar sobre el lugar de la mujer «incluso donde se ejerce la autoridad». ¿Cómo se podría efectuar?
«Las mujeres podrían conducir distintos dicasterios de la Curia, por decir, no veo ninguna dificultad. No entiendo por qué, por ejemplo, al frente de un departamento sobre la familia tenga que haber necesariamente un cardenal. Podría muy bien estar una pareja de laicos que vivan cristianamente su matrimonio y, con todo respeto, seguramente estarían más al corriente de los problemas de la familia que un cardenal. Lo mismo se podría decir respecto a otros dicasterios. Me parece normal».
¿Qué más?
«Pienso en las Congregaciones preparatorias del cónclave. Podrían participar las superioras generales de los grandes institutos religiosos y tal vez representantes electos de las diócesis. Si la asamblea fuese más amplia, ayudaría incluso al futuro Papa. Por otra parte, ¿por qué se debe consultar sólo a los otros cardenales? Es una limitación».
¿Se puede aplicar también al grupo que compone el Consejo de Cardenales que ha querido Francisco?
«Por supuesto. No veo que se agregue un grupo formado sólo por mujeres. Sería más útil un organismo mixto, con las mujeres y otros laicos que, junto con los cardenales pueden proporcionar la información necesaria y aportar perspectivas. Esto me entusiasmaría».
¿Y las mujeres cardenales? Se habló de Madre Teresa, ¿cómo lo habría visto?
«¡Quisiera saber cómo se habría visto ella! Una mujer cardenal podría ser un signo para la humanidad, pero no para mí ni para las mujeres en general, creo. No me interesa. Se trataría de una persona excepcional que fue hecha cardenal. De acuerdo, pero ¿y luego? Grandes figuras, santas y doctoras de la Iglesia, han sido valoradas. Pero es la mujer, en cuanto tal, la que no encuentra su lugar. Lo que debe ser reconocido es el genio femenino en la vida cotidiana».
La famosa complementariedad…
«Por supuesto. Hablaba de carisma petrino y carisma mariano. Pero en general yo diría que entre hombre y mujer la complementariedad está inscrita en el designio de Dios. El hombre a imagen de Dios, «hombre y mujer los creó», no se puede realizar de otro modo. Vale también para los consagrados: incluso si uno renuncia a la relación sexual no puede renunciar a la relación, a la relación con el otro».
Gian Guido Vecchi
Fuente: Corriere della Sera, 30.11.2013
Lee también: Donne e Chiesa, questione da affrontare (entrevista de Città Nuova)
15 Dic 2013 | Sin categorizar
En el verano de 1949, el diputado Igino Giordani, que desde hacía algunos meses había encontrado la espiritualidad de la unidad, llegó al valle de Primiero, en Tonadico, en las montañas del Trentino, donde Chiara Lubich estaba pasando un período de descanso. Junto a la pequeña comunidad de Trento, que ya pululaba en varias ciudades de Italia, las semanas anteriores habían vivido intensamente el pasaje del Evangelio de Mateo sobre el abandono de Jesús en la cruz. El 16 de julio, empezó un período de extraordinaria intensidad, hoy conocido como Paraíso ’49. Chiara escribirá más tardea a propósito de esos meses: «Si 1943 fue el año de origen del Movimiento, 1949 marcó en cambio un paso adelante. Circunstancias impensadas, pero previstas por la Providencia, hicieron que, para descansar, el primer grupo de miembros del Movimiento se retirara del “mundo” para ir a la montaña. Debíamos retirarnos de los hombres pero no podíamos alejarnos de esa forma de vida, que constituía el por qué de nuestra existencia.
Una pequeña y rústica cabaña de montaña nos hospedó. Estábamos solas: solas entre nosotras con nuestro gran Ideal vivido momento tras momento, con Jesús Eucaristía, vínculo de unidad, de quien nos saciábamos día tras día; solas en el descanso, en la oración y en la meditación. Y allí empezó un periodo de gracias especiales. Teníamos la impresión de que el Señor abriera a los ojos del alma el Reino de Dios, que estaba entre nosotros: la Trinidad que vive en una célula del Cuerpo místico: “Padre santo, custodia en tu nombre a quienes nos has dado, para que sean una sola cosa, como nosotros”; y nos pareció entender que la Obra que estaba naciendo sería nada más y nada menos que una presencia mística de María en la Iglesia. Naturalmente, no habríamos descendido nunca de esa montaña, pequeño Tabor de nuestra alma, si la voluntad de Dios hubiese sido distinta. Y fue sólo el amor a Jesús crucificado y abandonado, que vive en la humanidad inmersa en las tinieblas, que nos dio el valor»(1). En otra ocasión, es siempre Chiara quien lo afirma: “Empezó un período especialmente luminoso en el cual, entre otras cosas, nos pareció que Dios quería hacernos intuir su designio sobre nuestro Movimiento”. En los años siguientes Chiara no hizo otra cosa que realizar lo que le había sido donado en ese verano de luz. (1) Chiara LUBICH, en Escritos Espirituales/3, Roma 19963, p. 41-42.
14 Dic 2013 | Sin categorizar
Lucia Abignente hace parte del Centro Chiara Lubich: Centro de documentación, de estudio, de investigación científica y de promoción de la figura histórica de la fondadora de los Focolares. Chiara Santomiero de Aleteia, el 9 de diciembre de 2013, le hizo la siguiente entrevista que publicamos en parte:
Los santos son testigos de la fe que se muestran como ejemplos de la Iglesia católica: ¿cuál es la ejemplaridad de Chiara Lubich?
Abignente: Hace unos días vi el twet de Papa Francisco en el que afirmó que los santos no son superhombres, sino personas que tienen a Dios en el corazón y lo transmiten con alegría. Me hizo pensar enseguida en Chiara. Todo el itinerario de su vida desde el 7 de diciembre de hace 70 años cuando decidió consagrarse a Dios, se llevó a cabo sin ninguna programación. Ha ido detrás de Dios en lo que pidió. Pero su vida se caracterizó siempre por la transmisión a otros de la alegría pura de la fe. En los inicios de los años ’40, un sacerdote le dijo: «Dios te ama inmensamente». Esta certeza, que fue el fundamento de su vida, Chiara quiso compartirla inmediatamente: no sólo Dios «me» ama, sino «nos» ama a todos inmensamente. Su camino nunca fue el de un individuo, siempre tuvo el carácter de la universalidad. Y lo mismo sucedió con su camino a la santidad. «Hacernos santos juntos» nos repetía. Por eso siempre nos hizo partícipes de lo que Dios le hacía comprender, para caminar juntos hacia Él. «Que todos sean uno»: este fue el deseo y el propósito de la vida de Chiara hasta el final.
En los últimos años, recordando los inicios del Movimiento en Trento y viendo la Obra de María (Movimiento de los Focolares) que se extiende en todo el mundo a través de la abundancia de los dones de Dios, Chiara dijo que tenía un sueño. Haciendo suyas las palabras del teólogo Jacques Leclercq, repetía: «En tu día, Dios mío, vendré a ti… con mi sueño más loco: llevarte el mundo en los brazos».
Lea la entrevista integral
11 Dic 2013 | Sin categorizar
Córdoba, una ciudad con 1.2 millones de habitantes, en el corazón de Argentina. Un conflicto salarial con la policía provincial llevó a que se acuartelaran y dejaran las calles sin vigilancia. En la tarde y noche del 3 de diciembre y durante la madrugada del 4, se produjeron saqueos a más de 1000 comercios, casas de familia y hasta el depósito de Caritas, a manos de delincuentes organizados en motos. Para destrabar el conflicto fue fundamental la acción de Comipaz (el comité interreligioso) a través del Obispo, el Rabino y representantes de distintas confesiones, con lo que se llegó a un acuerdo al mediodía del 4 y la policía poco a poco fue tomando el control de la ciudad. Ese día todos habían permanecido en sus casas: los comercios, las escuelas, las universidades y las oficinas públicas estuvieron cerradas.
Apenas se vislumbró el acuerdo comenzó la acción de Jóvenes por un mundo unido, como nos cuenta Ana María Martínez: “Todos estábamos viviendo el tema de los saqueos con miedo, en nuestras casas. Pero no podíamos permanecer ajenos a lo que pasaba en nuestra Córdoba. Teníamos un gran empuje para demostrar a la sociedad que algo bueno puede salir de tanta bronca, locura y corrupción estructural.
Nos dimos cita en una plaza del centro de la ciudad. Avisamos por las redes sociales. Al instante, mucha gente empezó a difundir nuestra iniciativa, por todos los medios.
A las 16 horas llegaron los primeros y en veinte minutos éramos alrededor de 30 jóvenes, había un canal de televisión y algún periodista gráfico. La mayoría traía alimentos no perecederos que juntábamos para luego acercar al depósito de Cáritas, que también fue víctima de los saqueos. A medida que pasaban las horas, se sumaban más, de a dos u ocho jóvenes. Venían porque se habían enterado por facebook o porque algún amigo les había contado. Terminamos siendo 100, sin contar las decenas de personas que se sumaron en sus edificios o en alguna calle”.
El trabajo era mucho: limpiar cenizas de incendios, retirar restos de las barricadas… “Más allá de la acción concreta, la idea era charlar con los vecinos, ofrecer un momento de escucha”. La noche anterior había sido terrible: tiros, sirenas de alarmas en casas cercanas, saqueos, muchos que se quedaron defendiendo su pequeño negocio.
“La respuesta fue increíble. Los vecinos traían agua para los que trabajaban, guantes, escobas, palas. Muchos se sumaban a limpiar, porque les conmovía ver que gente que no era de la zona, se había movido a limpiar su barrio”.
La repercusión fue inesperada: diarios, radios, noticieros habían transmitido la acción de los jóvenes, “y creemos que algo logramos, quizás más allá de la limpieza de las calles del centro de nuestra ciudad. El cambio fue más adentro. Entendimos que depende de cada uno salir a hacer algo distinto y que, si bien el día anterior se había producido un contagio de delincuencia y oportunismo, hoy fuimos testigos de un contagio de buena voluntad, de trabajo y esfuerzo por ayudar y protagonizar un cambio”.
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