Movimiento de los Focolares
Fraternidad y acción política

Fraternidad y acción política

Autores: Blanco de Di Lascio Cecilia; Gatti Isabel; López Verónica FRATERNIDAD Y ACCIÓN POLÍTICA ofrece un abanico de experiencias muy diversas: por su geografía, sus referencias políticas y sociales. Sin embargo, algo las une. Todos los políticos entrevistados, y también los entrevistadores, hacen parte de una misma propuesta de vida y de acción política, originada en el Movimiento Políticos por la Unidad. Estos políticos y ciudadanos, frente al desánimo de muchos, encontraron en este espacio la posibilidad de comprometerse en acciones transformadoras de lo social desde una lógica innovadora. El Movimiento Políticos por la Unidad es una asociación a la que adhieren políticos y ciudadanos de distintos partidos y tendencias, con el compromiso común de contribuir a la construcción de un orden social y político más justo y fraterno. Quienes la integran, reconocen en la fraternidad universal el fin, el contenido y el método específico del compromiso político. El MPPU se inspira en el pensamiento y la doctrina espiritual de Chiara Lubich, caracterizados por promover la unidad y la comunión entre las personas más allá de sus credos e ideologías. En un discurso al parlamento catalán, ella misma afirmó que el MPPU “no es un partido nuevo, sino el portador de una cultura y una praxis política nuevas. (…) El fin específico del Movimiento de la unidad, entonces, es ayudar y ayudarse a vivir siempre la fraternidad; basándose sobre ella, creer en los valores profundos, eternos del hombre, y sólo después comenzar la acción política” (Barcelona, 29 de noviembre de 2002). Gracias a esta concepción, los miembros del movimiento consideran la política como un instrumento privilegiado para alcanzar el bien común de una sociedad fraterna que promueve la unidad en la diversidad. De esta manera, con la fraternidad como paradigma, nace un nuevo estilo de acción política que explicita los grandes objetivos del bien común y favorece prácticas políticas que, en su medio y en su fin, tienden a la unidad de la familia humana, sin exclusiones, superando desde esta lógica cada barrera; ofreciendo una alternativa a una de las llagas más importantes de nuestro tiempo: la fragmentación social. Datos del autor:  COORDINACIÓN DE LA OBRA: Blanco de Di Lascio, Cecilia: Licenciada en Filosofía por la Universidad del Salvador. Magister en Doctrina Social de la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca. Profesora en Filosofía y Pedagogía por el CONSUDEC. Presidenta nacional del Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU) desde 2001hasta la fecha. Gatti, Isabel: Magister en Comunicación y Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA). Coordinadora de Relaciones Institucionales del MPPU. López, Verónica: Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Católica Argentina de Córdoba. Responsable del MPPU, región Salta. Docente de la Escuela para Jóvenes del MPPU. SISTEMATIZADORES DE LAS EXPERIENCIAS: Andrián, Melissa Luisina (Entre Ríos). Blanco, María Laura (Córdoba). Lic. Cáceres, Malvina (Santa Fe). Candusso, Santiago Luis (Buenos Aires). Lic. Duffard Evangelista, Irene (Buenos Aires). Lic. Gordillo, Claudia Lucrecia (Mendoza). Lic. Paniagua, María Noelia (Buenos Aires). Rabbia, Sebastián (Entre Ríos). Lic. Sanguineti, Mercedes (Buenos Aires). Editorial Ciudad Nueva – Buenos Aires

Abril 2012

«Vosotros ya estáis limpios…». ¿De qué pureza se trata? De la disposición de ánimo necesaria para estar ante Dios, de la ausencia de obstáculos (como el pecado, por ejemplo) que impiden el contacto con lo sagrado, el encuentro con lo divino. Para tener esta pureza se necesita una ayuda de lo Alto. Ya en el Antiguo Testamento, el hombre había adquirido conciencia de su incapacidad para acercarse a Dios sólo con sus fuerzas. Era necesario que Dios le purificase el corazón, le diera un corazón nuevo. Un salmo bellísimo dice: «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro» . «Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado». Según Jesús, hay un medio para ser puro, y es su Palabra. Esa Palabra que los discípulos oyeron y acogieron los purificó. En efecto, la Palabra de Jesús no es como las palabras humanas. Cristo está presente en ella como lo está, de distinto modo, en la Eucaristía. Por ella Cristo penetra en nosotros. Al aceptarla y ponerla en práctica, Cristo nace y crece en nuestro corazón. Pablo VI decía: «¿Cómo se hace presente Jesús en las almas? Mediante la comunicación de la Palabra se transmite el pensamiento divino, el Verbo, el Hijo de Dios hecho hombre. Se podría afirmar que el Señor se encarna en nosotros cuando aceptamos que la Palabra venga a vivir dentro de nosotros» . «Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado». También se compara la Palabra de Jesús con una semilla sembrada en lo más íntimo del creyente. Si es acogida, penetra en el hombre y se desarrolla como una semilla, crece, da fruto y «cristifica», haciéndonos conformes a Cristo. La Palabra, interiorizada así por el Espíritu, tiene realmente la capacidad y la fuerza de mantener al cristiano alejado del mal: mientras deje obrar en él a la Palabra, se mantendrá libre del pecado, es decir, puro. Solamente pecará si deja de obedecer a la verdad. «Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado». ¿Cómo vivir entonces para merecer también nosotros el elogio de Jesús? Poniendo en práctica cada Palabra de Dios, nutriéndonos de ella en cada momento, haciendo de nuestra existencia una obra de continua reevangelización. Todo ello para llegar a tener los mismos pensamientos y sentimientos que Jesús, para hacer que reviva en el mundo, para mostrar a una sociedad tantas veces atrapada en el mal y en el pecado, la pureza divina, la transparencia que da el Evangelio. Además, durante este mes, si es posible (es decir, si otros también comparten nuestras intenciones), procuremos poner en práctica de forma especial la Palabra que expresa el mandamiento del amor recíproco. Pues para el evangelista Juan, que refiere la frase de Jesús que hoy consideramos, existe un vínculo entre la Palabra de Cristo y el mandamiento nuevo. Según él, es en el amor recíproco donde se vive la Palabra con sus efectos de purificación, de santidad, de ausencia de pecado, de frutos, de cercanía a Dios. El individuo aislado es incapaz de resistir mucho tiempo las incitaciones del mundo, mientras que en el amor recíproco encuentra el ambiente sano capaz de proteger su existencia cristiana auténtica. Chiara Lubich

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El Papa a los jóvenes: sean testigos de la alegría

“Este año – exhorta el Santo Padre-, el tema de la Jornada Mundial de la Juventud surge de una exhortación de la carta de San Pablo Apóstol a los Filipenses: “¡Estén siempre contentos en el Señor!” (Fil. 4,4). La alegría, en efecto, es un elemento esencial de la experiencia  cristiana, (…) Y vemos la gran fuerza atractiva que ella tiene: en un mundo a menudo marcado por la tristeza y las preocupaciones, es un testimonio importante de la belleza y de la confiabilidad de la fé cristiana” Profundizando algunos aspectos de la alegría, Benedicto XVI subraya que “nuestro corazón está hecho para la alegría” y que “Dios es la fuente de la verdadera alegría” Y explica a los jóvenes cómo encontrar y “conservar en el corazón la alegría cristiana” a través, entre otras cosas, de la vida de la Palabra. El mensaje continúa encarando la alegría y el amor que según Benedicto XVI están íntimamente ligados. El amor produce alegría, y la alegría es una forma de amor. Y recuerda una frase de Teresa de Calcutta, …”Dios ama al que da con alegría. Y el que da con alegría da más” Siguen dos pasajes  que encaran “la alegría de la conversión” y el desafío de encontrar “la alegría en las pruebas”. “El dolor, -afirma el Papa-, puede ser transformado por el amor y ser misteriosamente habitado por la alegría” Y en este punto propone como modelo de alegría a dos jóvenes testimonios: Pier Giorgio Frasati (1901-1925), y Chiara Badano (1971-1990) citando una carta de ésta última a Chiara Lubich de fecha 20 de diciembre de 1989, donde la joven beata confiesa que “sufría mucho físicamente, pero que el alma cantaba”. El texto se concluye con la invitación a los jóvenes de convertirse en “testigos de la alegría” pues siempre, según el Santo Padre, “no se puede ser feliz si los otros no lo son: la alegría por lo tanto debe ser compartida”   Texto completo: MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2012    

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Un maravilloso ejemplo de inculturación

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Video: Chiara Lubich, Santuario de Guadalupe, Ciudad de México, 7 de junio de 1997

«Nos encontramos aquí ante la hermosa imagen de la Virgen de Guadalupesin duda pintada en el Cielo por amor al muy amado pueblo mexicano. Nos encontramos aquí donde, con ustedes, también yo deseaba ardientemente venir, después de haber conocido más profundamente a esta dulce Madre de Dios y madre nuestra, y también su historia, a través de algunas lecturas que me han sorprendido y emocionado.

Y ¿qué sentimientos brotan en nuestro corazón al estar cerca de esta celestial realidad, al contemplar el privilegio que el mundo, y antes que nada México, ha recibido con la aparición de la dulce Señora? Creo poder afirmar que aquí de nuestra alma nace espontáneamente una profunda convicción: esta Virgen, la Virgen de Guadalupe tiene también una estrecha relación con nosotros, con el Movimiento de los Focolares, con la Obra de María.

¿Y por qué? Porque la Virgen de Guadalupe es la Virgen del amor y el amor es nuestra espiritualidad. La Virgen de Guadalupe, de hecho, manifiesta, explica, enseña de manera sublime ese arte de amar que hemos encontrado en el Evangelio. Nosotros sabemos que el amor sobrenatural tiene sus exigencias precisas.

Este amor quiere ante todo que se ame a todos. Por eso no se mira al simpático o al antipático, al lindo o al feo, al de tu nación o al extranjero, al asiático o al africano. El amor que Jesús trajo a la tierra, exige que se ame a todos.

Y ¿qué hizo la Virgen de Guadalupe? Dio un ejemplo extraordinario: amó a los indígenas y a los españoles. El amor verdadero además impulsa a ser los primeros en amar, como hizo Jesús. Aún cuando éramos pecadores, Él dio su vida por nosotros. Así ha hecho la celestial ‘Morena’. De manera inesperada apareció a un indígena subrayando así, entre otras cosas, la predilección de Jesús. En tiempos en los que el pueblo indígena vivía su terrible viernes santo, se apareció no a quien dominaba en aquel momento, sino a un indígena, hablando su misma lengua. Y no solamente apareció, sino que trajo alivio y felicidad y, con celestial dulzura, a millones de criaturas humanas de una y de otra parte las convirtió a su Hijo, Jesús.

El amor sobrenatural, lo sabemos, no se nutre seguramente de sentimientos o de benevolencia, o sólo de solidaridad, o únicamente de limosna. Es ese amor que Jesús mismo testimonió haciéndose uno con nosotros en la encarnación y después en su pasión y muerte. De hecho, otro atributo del amor es aquel de saber hacerse uno con los demás para comprender a los otros y compartir sus alegrías y sus dolores. Este atributo del amor, da contenido, sustancia la inculturación tan necesaria y hoy tan subrayada por la Iglesia para ofrecer una auténtica evangelización.

María de Guadalupe es realmente la Madre del verdadero amor, la Madre del ‘hacerse uno’. La Virgen de Guadalupe es un ejemplo extraordinario y maravilloso de inculturación, que Ella expresó con su manera de presentarse.

No tiene un rostro blanco como se imagina a María de Nazaret; sino que su semblante es el de una mujer ni blanca ni indígena. Es morena y así predica a todos la necesidad de no chocar nunca con los demás, sino fundirse siempre. Dice su divina maternidad, simbolizada con las cintas oscuras que descienden desde su pecho, siguiendo el uso azteca. Presentándose con un vestido reservado a Dios y al rey, quiso demostrar que, aún no siendo de origen divina, también era la Reina del universo.

Junto a las cintas negras, lleva también una pequeña cruz indígena, indicando así que el centro del universo es Cristo, a quien María lleva en su seno. Pero esa cruz es acompañada por otra pequeña cruz cristiana grabada en el broche que lleva en el cuello. Su imagen resalta la presencia del sol tras de sí, pero también lleva las estrellas en su manto y la luna bajo sus pies: sol, estrellas, luna, no como rivales entre sí, como se acostumbraba pensar, sino en paz, conviviendo pacíficamente.

Y podríamos seguir… Y ustedes mexicanos tendrían muchas cosas más que decirnos. Pero lo que les he dicho me parece suficiente para que comprendamos una cosa muy importante: la inculturación no es sólo ‘hacerse uno’ con otro pueblo espiritualmente, descubriendo en él quizás y potenciando los gérmenes del Verbo presentes en él, sino asumir también nosotros, con humildad y gratitud, todo lo válido que ofrece la cultura de nuestros hermanos. La inculturación exige un intercambio de dones. Esto es lo que nos quiere decir la Virgen de Guadalupe. Sólo así el Evangelio podrá penetrar hasta el fondo de las almas y desencadenar en ellas su revolución, con todas sus consecuencias».

Chiara Lubich, Santuario de Guadalupe, Ciudad de México, 7 de junio de 1997