30 Jun 2011 | Palabra de vida, Sin categorizar
«Velen y oren, para no caer en la tentación; que el espíritu está pronto pero la carne es débil».
Estas palabras – leídas a la luz de las circunstancias en las que fueron pronunciadas – más que como una recomendación dirigida por Jesús a los discípulos, hay que verlas como un reflejo de su estado de ánimo, o sea, del modo como Él se prepara a la prueba. Frente a la Pasión inminente, Él reza, con todas las fuerzas de su espíritu, lucha contra el miedo y el horror de la muerte, se abandona en el amor del Padre para ser fiel hasta el fondo a su voluntad y ayuda a sus apóstoles a que hagan lo mismo. Jesús aquí se nos presenta como el modelo para quien debe afrontar la prueba y, al mismo tiempo, como el hermano que se pone a nuestro lado en ese difícil momento.
«Velen y oren, para no caer en la tentación; que el espíritu está pronto pero la carne es débil».
La exhortación a la vigilancia se repite a menudo en los labios de Jesús. Vigilar, para Él, quiere decir no dejarse vencer nunca por el sueño espiritual, estar siempre dispuestos a ir al encuentro de la voluntad de Dios, saber captar sus signos en la vida de cada día, sobre todo, saber leer las dificultades y los sufrimientos a la luz del amor de Dios. Y la vigilancia es inseparable de la oración, porque la oración es indispensable para vencer la prueba. La fragilidad connatural al hombre («la debilidad de la carne») puede ser superada mediante la fuerza que viene del Espíritu.
«Velen y oren, para no caer en la tentación; que el espíritu está pronto pero la carne es débil».
¿Cómo vivir entonces la Palabra de este mes? También nosotros debemos poner en programa el encuentro con la prueba: pruebas pequeñas o grandes que encontramos cada día. Pruebas normales, pruebas clásicas con las que, quien es cristiano, no puede dejar de enfrentarse un día u otro. Ahora, la primera condición para superar la prueba, toda prueba – nos advierte Jesús – es la vigilancia. Se trata de saber discernir, de darnos cuenta de que son pruebas permitidas por Dios, no para que nos desanimemos, sino para que, superándolas, maduremos espiritualmente. Y contemporáneamente debemos rezar. Es necesaria la oración porque son dos las tentaciones a las que estamos mayormente expuestos en estos momentos: por un lado, la presunción de lograr superar las pruebas solos; por el otro, el sentimiento opuesto, es decir, el temor de no lograrlo, como si la prueba fuera superior a nuestras fuerzas. Jesús, en cambio, nos asegura que el Padre celestial no nos dejará faltar la fuerza del Espíritu Santo, si estamos vigilantes y se lo pedimos con fe. Chiara Lubich Palabra de vida, abril 1990, publicada en Città Nuova, 1990/6, p. 9.
23 Jun 2011 | Sin categorizar
Ser “constructores de ciudades nuevas” fue el augurio de María Voce, presidente de los Focolares, durante la cita del pasado 20 de junio, en Nápoles, para recordar el nacimiento del Movimiento Político por la Unidad (Mppu). “En el contexto de una desilusión general por parte de los ciudadanos hacia los asuntos públicos –auguraba María Voce en su mensaje- las realizaciones presentadas por el Mppu, quizás pequeñas pero significativas, “permiten esperar una nueva estación, una “política nueva”, hecha de diálogo y de acogida recíproca”. Las raíces. El 2 de mayo de 1996, en Nápoles, un grupo de políticos planteó a Chiara Lubich una pregunta crucial: ¿es posible, para quienes militan en partidos distintos y en frentes opuestos, “vivir esa fraternidad que propones a la vida política?”. Su respuesta exigía una nueva determinación: la unidad aldededor de los valores fundamentales compartidos debe preceder la legítima pertenencia al partido, el bien común sólo puede alcanzarse con el aporte de todos. Sobre estas ideas fundamentales, que suscitaron la adhesión convencida de los políticos presentes, tomó vida el Mppu. Después de 15 años, siempre en Nápoles, tuvo lugar el congreso “La fraternidad: un reto para la política”, que se realizó en el Auditorio de la Junta Regional, sobre todo para hacer un reconocimiento a la irrupción del carisma de Chiara Lubich en la historia civil. Son más de 150 las personas presentes; entre ellas parlamentarios y funcionarios provenientes de otras regiones. La primera ponencia se le confió a Eli Folonari, quien durante 50 años estuvo al lado de Chiara y hoy es responsable del “Centro Chiara Lubich”, trazó las líneas de este itinerario: del amor interpersonal al amor social hacia la polis. Hoy el Mppu trabaja en todas las regiones italianas, en varias naciones de Europa, de América Latina y de Asia. Participan las distintas experiencias políticas que se han desarrollado a lo largo de los años en el humus de la espiritualidad de la unidad, a partir de aquella paradigmática de Giordani. Las líneas fundamentales del Mppu fueron presentadas por Marco Fatuzzo, presidente del Centro Internacional, a partir de una definición ofrecida por la misma Chiara Lubich: Es “un laboratorio internacional de trabajo político común, entre ciudadanos, funcionarios, investigadores, políticos comprometidos en varios niveles, de inspiraciones y partidos diferentes, que ponen la fraternidad como base de sus vidas”. En este marco, siguieron algunos testimonios significativos: los talleres de diálogo y diseño político que el Mppu anima en los Parlamentos de algunos países –en Italia, en Brasil, en Argentina y en Corea del Sur- la red internacional de escuelas de formación política, en donde los jóvenes pueden hacer la experiencia de una política de comunión. También las ciudades se ponen en red: “Son más de 100 las que, hoy día, han adherido a la Asociación ‘Ciudades por la Fraternidad”, refirió el alcalde de Rocca di Papa, Pasquale Boccia, su actual presidente. Y ¿por qué no las Regiones? Es emblemático por lo tanto que en la óptica de una visión más solidaria de nuestro país, precisamente al concluir el congreso, el Presidente del Consejo Regional de Campania, Paolo Romano, comunicara la adhesión unánime de este Ente a la Asociación ‘Ciudades por la fraternidad’, firmando el protocolo de acuerdo. A cargo del Movimiento político por la unidad Leer también Città Nuova on line
22 Jun 2011 | Sin categorizar
«En la RDA, después del giro del 1989, no siendo ya gratuita la participación en las asociaciones deportivas, como consecuencia del recorte de las subvenciones, muchos jóvenes pasaban a los ambientes neonazis. Y nadie hacía nada. Desesperado, fui incluso al sacerdote católico, con el que nunca antes en mi vida había tenido relación, para contárselo: ¿Por qué la iglesia no hace nada?». Es un entrenador de Sajonia, en Alemania oriental, quien describe el inicio de una ya larga amistad con un sacerdote católico, aún sin tener un determinado credo religioso. Cambio de escena. Un ex-oficial de la armada del pueblo y después, profesor de instituto superior de la seguridad, es decir, de los servicios secretos de la RDA, participa en el 50º aniversario de su examen de selectividad y encuentra un colega de clase, que había tomado un camino completamente distinto. Se había hecho cura. Pero la diversidad de sus caminos no obstaculiza la amistad que comienza a surgir, es más, la favorece. El profesor, de hecho, ha iniciado ya en los últimos años de la RDA una búsqueda intelectual y por esto, fue eliminado de su puesto de trabajo. Su concepción de una sociedad socialista no es compatible con los intereses del sistema de poder.

Centro Mariápolis de Zwochau
Como otros, también los dos personajes, el entrenador y el profesor de seguridad del estado, han encontrado posteriormente perspectivas nuevas en los encuentros del Movimiento de los focolares. Así, en el pasado mayo han participado en el encuentro entre cristianos y personas sin una referencia a una fe religiosa en el Centro Mariápolis de Zwochau, cerca de Lipsia, (5 – 9 mayo 2011). Han participado también Claretta dal Rí, Nella Ammes y Franz Kronreif del centro del “diálogo con personas de convicciones no religiosas” del Movimiento. Este centro en Rocca di Papa coordina y desarrolla, a nivel mundial, el camino común de personas, con y sin referencias religiosas, sobre la base de valores comunes y de un respeto recíproco, que nace del amor. Nadie trata de ‘tirar’ al otro a su propia ‘costa’ de visión del mundo. Las así llamadas “nuevas regiones” de Alemania son un terreno fértil para este tipo de diálogo. En pocas partes del mundo, el hecho religioso tiene un rol tan insignificante en la vida de las personas. Sólo el 15-18% de las personas están bautizadas en una de las iglesias cristianas, 1’80% no tiene ninguna afinidad con cualquier religión, que tenga una tendencia creciente. Como demuestran los dos ejemplos, no hay enemistad contra la religión o las iglesias. Hay puntos de encuentro cuando se trata de cuestiones y valores comunes. Los contenidos más centrales de la religión encuentran incluso interés y suscitan asombro. Para la mayoría, son simplemente desconocidos. Se requiere un diálogo con una gran sensibilidad, que permita descubrir los valores y los ideales del otro y encontrar un lenguaje que logre vehicular los tesoros de la una y de la otra parte. « Nuestro objetivo es el mundo unido. No seremos todos cristianos. La dimensión es mucho más grande (…). Lo único que cuenta es el amor». Así, Chiara Lubich hablaba del diálogo a los miembros del Movimiento. Cuánto estas personas «religiosamente desarmónicas», para usar un término de Max Weber, comparten esta visión de la vida, construir, es decir, un mundo unido en la fraternidad, lo evidencia un momento del encuentro de Zwochau. Un escritor y una periodista, habían vuelto de un crucero de algunas semanas. Los objetivos y los contenidos del Movimiento, les parecían tan interesantes e importantes que hablaron con sus compañeros de viaje, convencidos de que seguramente los conocerían. “Pero ni siquiera un católico de la Baviera con el cual comían había oído hablar antes”, han revelado. Así atraparon al vuelo la invitación de ocuparse ellos mismos de la difusión de los valores comunes. Pocos días después, de hecho, a partir de la iniciativa de la periodista apareció un artículo sobre el encuentro de Zwochau y sobre los “huéspedes romanos” en un periódico de la región.
18 Jun 2011 | Sin categorizar
“No nos asusta un hijo que viene de lejos y que tendrá rasgos distintos, otro color de piel, otra cultura y un estilo de vida diferente del nuestro –dicen María Pina y Angelo Caporaso-. Es más nos entusiasma poder donar nuestro amor, abrir nuestra casa y nuestro corazón a niños afectados por el drama del abandono”. La voz de las familias, los aspectos socio-culturales y político-institucionales de la intercultura se presentan en el congreso titulado “Si amas a mi país, me amas a mí – itinerarios interculturales de la adopción internacional” (11 y 12 de junio de 2011, Castelgandolfo, Roma), desarrollado bajo el patrocinio del Presidente de la República. El encuentro promovido por Acción para Familias Nuevas onlus estaba dirigido a los funcionarios (trabajadores sociales, psicólogos, profesores, empleados del sector, políticos, etc.) y, en especial, a las parejas orientadas a adoptar. Las intervenciones de los representantes y referentes del extranjero de algunos países en donde AFN trabaja pusieron en evidencia la labor que se realiza en el país de origen de los niños, desde las autoridades centrales extranjeras hasta los funcionarios de AFN. El punto de vista de los niños y jóvenes adoptados emergió a través de varias reflexiones y en especial del testimonio de dos chicas gemelas brasileñas, adoptadas en 1984, hoy una es psicóloga y la otra trabajadora social.
“El mundo de las adopciones es un laboratorio de experiencias, que nos abre un horizonte de diferencias. Incluye dinámicas de relaciones que nos ayudan a ser pioneros en un mundo donde todos, personas y pueblos han de saber adoptarse recíprocamente”. Así dijo Giuseppe Milan, profesor de pedagogía intercultural de la Universidad de Pádova, quien subrayó la importancia de una red entre familias que “facilite el contacto-encuentro y el acompañamiento educativo y puede abrir un camino de salvación al acróbata sin red: el niño adoptado”. Según el profesor Alberto Lo Presti, es necesario empezar por el concepto de bien común, un valor que se ha perdido en las sociedades modernas y “podrá realizarse sólo si se deja crecer ese común hasta llegar al punto de incluir a cada hombre”. “A diferencia de hace algunos años la adopción hoy tiene lugar en una sociedad multicultural de hecho donde la inmigración es cada vez más estable. Sin embargo esta realidad va acompañada de ansiedad y preocupación que afectan también a las parejas que adoptan”. Dijo la Profesora Milena Santerini, docente de Pedagogía Social e intercultural en la Universidad Católica de Milán, y dirigente de un ente autorizado para coordinar adopciones internacionales, la ACAP-Sant’Egidio. “Los padres sensibles tienen que ver al niño/a adoptado que viene de otra cultura… como en una persona en crecimiento, con algunos rasgos propios, experiencias ya vividas en sus primeros meses o años, pero sobre todo abierto al cambio y a la influencia externa”. “Nuestro itinerario adoptivo empezó en un momentos en el que nuestra vida era muy rica de experiencias y orientada a lo social” – Rita y Mario son una familia multiétnica: la niña adoptada, a la edad de 6 años, es de Vietnam, él de América Latina y ella europea. – “El impacto con Yngat no fue suave… Cada uno tuvo que superar obstáculos interiores que ni siquiera creía que tenía y este trabajo constante nos ha madurado como personas. Ciertamente hemos pedido ayuda en los momentos más delicados, dirigiéndonos a la oficina de atención a los ciudadanos y también frecuentando grupos de familias con las que compartimos esta experiencia de vida. Un camino que prosigue”. El reto de la adopción es tan complejo como fascinante. Exige estar abiertos a la humanidad y dispuestos a ir más allá de las propias expectativas. Es necesario acoger al niño así como es, perdiendo los propios esquemas de referencia, culturales y de comportamiento, para que se pueda iniciar un intercambio recíproco de dones entre padres e hijos, en la construcción de una pertenencia común dentro de la compleja red familiar y social. Cuando un hijo llega de lejos, Città Nuova n.11/2011
16 Jun 2011 | Sin categorizar
Ver todas las intervenciones por video (WebTV Camera Deputati)
Servicio fotográfico: T. Arzuffi
«La política está hecha para el pueblo y no el pueblo para la política. Ella es un medio y no un fin. Antes la moral, antes el ser humano, antes la colectividad, después el partido, después la agenda política, después las teorías de gobierno». Empezó con esta cita de Giordani, Gianfranco Fini, Presidente de la Cámara del Parlamento Italiano, en la inauguración del encuentro dedicado al diputado del Partido Popular, quien conoció tiempos bien difíciles durante las persecuciones fascistas, las atrocidades de la guerra, la incertidumbre de la reconstrucción.
Estamos en la Sala de la Loba, el 14 de junio 2011, colmada con 200 personas. Ante este público Fini señaló tres puntos fundamentales de la labor de Giordani: dignidad del hombre, libertad, trabajo. Fueron batallas conducidas por él, algunas veces anticipando los tiempos y arriesgándose a ser incomprendido: como por la ley de objeción de conciencia. El Presidente de la Cámara recordó también su batalla personal, caída en la nada: la solicitud al Parlamento Europeo de no desconocer el papel del cristianismo en las raíces de Europa. La derrota política, las incomprensiones tienen un sabor amargo, sin duda, pero Giordani, en los momentos críticos de la historia parlamentaria, aun en medio de gritos y contrastes ideológicos fortísimos logró hacer prevalecer la razón, el humanismo, el espíritu cristiano que convenció también a los marxistas. Lo recuerda en varios pasajes Alberto Lo Presti, director del Centro Giordani quien trazó su perfil, dándole en algunos momentos la palabra mediante videos de sus intervenciones.
De Montecitorio al mundo fue el título elegido para el momento conmemorativo, para indicar la universalidad del mensaje de Giordani, pero al mismo tiempo la particularidad de un encuentro que tuvo lugar precisamente en Montecitorio, que transformó literalmente su vida, volviéndolo irreconocible para sus mismos compañeros de partido.
Los detalles del este encuentro con Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, que le transmitió a Giordani la pasión por la unidad y por un Evangelio que entra en la historia y puede resolver incluso la problemática social más compleja, los contó María Voce, la actual Presidente del Movimiento. «(Chiara) acercaba a Dios: lo hacía sentir Padre, hermano, amigo, presente en la humanidad» citó María Voce quien explicitó la visión política de Chiara Lubich, centrada en el principio de la fraternidad que «consciente comprender y hacer propio el punto de vista del otro de modo que ningún interés y ninguna exigencia resulten extraños». «Es necesario un pacto de fraternidad por Italia –fue el auspicio de la Presidente de los Focolares- porque el bien del país tiene necesidad del trabajo de todos».
La herencia de Lubich y de Giordani, recogida por el Mppu (Movimiento Político por la Unidad), propone a los parlamentarios y políticos, concejales y funcionarios públicos, estudiosos de todos el mundo, de difundir el principio de fraternidad, dentro de la acción política. Cómo se aplica prácticamente lo explican dos parlamentarios italianos, de tendencias políticas opuestas que han acogido este reto.
Giacomo Santini, senador del “Pueblo de la Libertad”, admite las dificultades de «considerar hermano a quien desde la otra parte del hemiciclo te ha insultado pocos minutos antes, como provocadoramente Lubich invitaba a hacer» sin embargo es posible y Giordani lo demostró permaneciendo en la trinchera política, en las contraposiciones ideológicas, pero en el respeto de la diversidad. Letizia De Torre, diputada del Partido Democrático recordó un Giordani «seguro de sus convicciones, pero no cerrado, capaz de ver lo positivo, capaz de diálogo». Ahora recoger su herencia significa para De Torre «reconstruir una democracia de la comunidad y no del 50% más uno, una democracia de la reciprocidad en el Parlamento y en el país».

La palabra pasa después a los estudiantes de las escuelas de participación animadas en todo el mundo por el Movimiento Político, que abren horizontes de esperanza y de renovación, quizás a partir de situaciones de crisis extrema como por ejemplo en Argentina. Carlos, para conseguir una especialización en Derecho Laboral cuenta que durante la crisis del 2000, cuando su pueblo estaba por los suelos, la decisión de invertir en formación política podía parecer utópica y no ciertamente resolutiva de dramas cotidianos: sin embargo hoy ha dado como fruto 200 administradores locales que en la óptica de la fraternidad intentan dar respuestas a los problemas del país, mientras que las escuelas se han multiplicado hasta llegar a la Tierra del Fuego.
También en Brasil, denunciar las desigualdades sociales y de la pobreza opresora no le pareció suficiente a Daniel, un periodista que está cursando la Maestría de Ciencias Políticas en la Universidad Sophia de Loppiano. Volver a la lógica del servicio, de una conciencia formada al bien común, que se inclina ante los problemas de su gente, ha sido la línea de su compromiso que corresponde precisamente con la experiencia del Movimiento Político y con el pensamiento de Giordani, desde la pequeña aula de Montecitorio, de una forma que él mismo quizás nunca habría imaginado, ahora se ha convertido en un maestro de vida y de compromiso en todo el mundo.
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13 Jun 2011 | Sin categorizar
«Cuando uno llora, debemos llorar con él. Y si ríe gozar con él. Así se reparte la cruz, al ser llevada por muchos hombros y se multiplica la alegría, compartida por muchos corazones. Hacerse uno con el prójimo es un camino, el camino por excelencia para hacerse uno con Dios. (…) Hasta establecer entre los dos los elementos esenciales para que el Señor pueda decir de nosotros: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es decir hasta garantizarnos, por cuanto está en nuestras manos, la presencia de Jesús y caminar en la vida, siempre, como pequeña iglesia en marcha; iglesia incluso en casa, en la escuela, en la oficina, en el parlamento. Caminar en la vida como los discípulos de Emaús, con ese Tercero entre nosotros que da valor divino a todo nuestro obrar. Por tanto, no somos nosotros, míseros y limitados, solos y dolientes, los que actuamos en la vida. Camina con nosotros el Omnipotente, y quien permanece unido a Él da mucho fruto. De una célula nacen más células, y de un tejido más tejidos. Y hacerse uno con el prójimo se logra con ese completo olvido de sí mismo que – sin advertirlo y sin preocuparse de ello – posee quien se acuerda del otro, del prójimo. Esta es la diplomacia de la caridad, que tiene muchas expresiones y manifestaciones de la diplomacia ordinaria, por lo cual no dice todo lo que podría decir, pues no le gustaría al hermano y no sería agradable a Dios; sabe esperar, sabe hablar, y sabe llegar a la meta. Divina diplomacia del Verbo que se hace carne para divinizarnos. Pero tiene un sello especial y característico que la distingue de aquélla de la que habla el mundo, para el cual decir “diplomático” muchas veces es sinónimo de reticente o incluso de falso. La diplomacia divina tiene esto de grande y de suyo, tal vez únicamente suyo: se mueve por el bien del otro y, por lo tanto, está desprovista de toda sombra de egoísmo. Esta regla de vida debería inspirar toda diplomacia y con la ayuda de Dios esto es posible, porque Él no sólo es dueño de los individuos, sino rey de las naciones y de toda sociedad. Si cada diplomático es sus propias funciones obrara impulsado por la caridad hacia el otro Estado igual que hacia su propia patria, se vería iluminado hasta tal punto por la ayuda de Dios, que contribuiría a establecer entre los Estados relaciones análogas a las que debe haber entre los hombres. (…) Que Dios nos ayude y dispongámonos a ello para que, desde el Cielo, el Señor pueda ver este nuevo espectáculo: su testamento realizado entre los pueblos. A nosotros nos puede parecer un sueño, para Dios en cambio, es la norma que garantiza la paz en el mundo y la valoración de los individuos, en la unidad de esa humanidad que ya conoce Jesús». Chiara Lubich – Meditaciones (1959)