26 Jul 2011 | Sin categorizar
En las diócesis de todo el mundo los jóvenes que vendrán al encuentro con el Papa están en plena preparación. En la mochila que todo participante en la JMJ recibirá llegando a Madrid estará también YouCat, el subsidio del Catecismo de la Iglesia Católica hecho a propósito para los jóvenes y que está estructurado en forma de preguntas y respuestas. Precisamente en estos días la Casa editorial Cittá Nuova, que tuvo a su cargo la edición italiana de YouCat, puso a disposición una aplicación para descargar en los celulares de última generación. Se trata de una App, es decir una aplicación, que también se llama YouCat, que le permite a los muchachos confrontarse sobre los temas del Catecismo y sobre la JMJ. ¿De qué se trata exáctamente? Debora Donnini se lo preguntó a Giuglio Meazzini, colaborador de Cittá Nuova, quien tuvo a su cargo la aplicación de YouCat para celulares:
Città Nuova pensó en hacer un regalo para los muchachos que van a Madrid dándoles la posibillidad de descargar en los celulares que tienen sistema operativo Apple, Windows móvil o Android – por lo tanto la gran mayoría de los celulares de última generación- esta App gratuita. Las funcionalidades disponibles son red social tipo facebook con un muro para mensajes donde se pueden intercambiar comentarios, donde cada muchacho puede tener su perfil, se pueden intercambiar mensajes y sms directos entre los usuarios y donde se puede tener el propio círculo de amigos pero también uno de “amigos famosos” o amigos especiales: nosotros, por ejemplo, pusimos dentro a Maritain, a Juan Pablo II, a San Francisco, a Van Thuan… Por lo que todos los días, o cada dos días, en esta aplicación de YouCat se pueden encontrar frases famosas de estos personajes. Además, por lo que se refiere específicamente a la JMJ, a través de esta App, tenemos la posibilidad de recibir directamente al celular noticias sobre la JMJ, una actualización día tras día de todos los eventos que acontecen y también la posibilidad de hacer una especie de “comunidad” entre todos los que participan en la JMJ, con informaciones, comentarios…
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Esto responde a lo que el mismo Benedicto XVI escribió en la premisa del You Cat.De hecho, el Papa invita a estudiar el texto pero también a leerlo entre amigos a formar grupos y redes de estudio. ¿Es ésta su respuesta? Va precisamente en este sentido. De hecho, la alta funcionalidad que hay en esta App, la más importante quizás, es la posibilidad de tener disponibles en el celular, por lo tanto de poder consultar, el 20% de las preguntas y respuestas de YouCat, del subsidio del Catecismo: es la forma para hacer que este mensaje esté disponible inmediatamente.
- Se intenta permitir que los jóvenes que se confronten con los contenidos del catecismo desde el celular…
Exacto. Como están acostumbrados a dialogar y compartir informaciones por las redes sociales, del mismo podo se podrán intercambiar impresiones, preguntas e incluso las mismas preguntas y respuestas de YouCat, al profundizar en los temas. Dentro de poco también estará en línea in sitio en Internet – www.cittanuova.it – donde habrá otras informaciones relativas a la JMJ y a YouCat. No quisiera olvidar tampoco el sitio internacional sobre YouCat que todos los editores europeos están preparando en los distintos idiomas. Agrego que otros editores nos han pedido que publiquemos preguntas y respuestas no sólo en italiano sino también en otros idiomas, por lo tanto probablemente dentro de poco estará también en inglés y francés.
24 Jul 2011 | Sin categorizar
«El amor, por ejemplo, es comunión, lleva a la comunión. Jesús en nosotros, porque es AMor, realiza la comunión. Chiara Lubich La conciencia de que Dios muestra su amor a través de las circunstancias de la vida, incluso dolorosas, hizo que las primeras focolarinas -en peligro de muerte bajo las bombas de la guerra- desearan ser sepultadas en una sola tumba con el escrito: «Nosotras hemos creído en el amor». La conciencia de ser amadas por Dios las hizo capaces de estar dispuestas a dar la vida la una por la otra. Y la consecuencia lógica fue compartir también todos los bienes materiales y la comunión de todas las aspiraciones, temores y proyectos. Giosi Guella, una de las primeras focolarinas, contaba a propósito de la primera convivencia realizada por Chiara y por sus primeras compañeras: «En la Plaza Cappuccini no había nada. Pero al mismo tiempo había todo: para nosotros y para los demás. Era lógico que no hubiese nada: si había algo se daba. Llevábamos a casa nuestros sueldos, los poníamos en común». También el trabajo, hacer el balance de los gastos de la casa, estudiar, dar clases, hacer la limpieza como un servicio, se convirtió en una ocasión para amar concretamente al prójimo. El servicio era la regla de vida de la comunidad que se formó alrededor del primer focolar y hacía pensar en los primeros cristianos que «eran un solo corazón y una sola alma y entre ellos no había ningún indigente» (cf. Hch. 4, 32-35). Quien se adhiere al “carisma de la unidad”, en una forma o en otra y como una consecuencia natural de la comunión de los corazones, adquiere la costumbre de poner en común sus cosas: quien todo, quien algo, quien lo superfluo. De esta comunión surgió también un proyecto de amplio alcance, ya sea desde el punto de vista teórico que práctico, la Economía de Comunión, que es la expresión madura de una forma integral de concebir a la persona y el servicio a la misma. A ella se adhieren cientos de empresarios en todo el mundo. En las empresas de Economía de Comunión el trabajo se concibe como ennoblecimiento del hombre, la justicia se lleva a cabo con determinación y la legalidad se busca día tras día. Escribe Chiara Lubich: «La carta magna de la doctrina social cristiana comienza allí donde María canta: “Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada” (Lc. 1,52-53). En el Evangelio está la revolución más alta y transformadora. Y quizás esté en los planes de Dios que también en esta época, inmersa en la solución de los problemas sociales, sea la Virgen la que eche una mano a todos los cristianos para edificar, consolidar, erigir y mostrar al mundo una sociedad nueva en la que resuene potente el Magníficat». Lee también
18 Jul 2011 | Cultura, Sin categorizar
Quién tiene práctica con smartphone, iPhone, iPod, iPad y compañía, no se sorprenderá de este anuncio, es más, lo esperaban desde hace tiempo. Para quien en cambio no está en el campo puede ser útil saber que, en esta frontera de las nuevas tecnologías, y en especial de las así llamadas aplicaciones para celulares, desde hoy es posible recibir en el propio smartphone, todos los días todas las noticias publicadas en el sito www.focolare.org. Glosario Un smartphone (literalmente teléfono inteligente) es un dispositivo portátil que combina las funciones del teléfono celular con las de la administración de datos personales.App – Si tenemos un teléfono de última generación, o una tablet tipo iPad – como nos explica Giulio Meazzini en el artículo Del amar libre a los oasis protegidos – el aprovechamiento de los servicios que nos interesan se obtiene utilizando las “aplicaciones” especializadas, las famosas app, que aparecen en la pantallas mediante muchos íconos de color, cada uno distinto de la otro.
La diferencia no es banal: cada app es construida por un proveedor específico y ofrece una serie de servicios veloces, privados y exclusivos, según la categoría del usuario deseado. Cómo funciona la App de Focolare.org –La TeamDev la desarrolló para Focolare.org y se puede descargar en forma gratuita en http://itunes.apple.com/it/app/youcat/id448164885?mt=8 Actualmente está disponible en italiano. La próxima semana estará lista también en inglés y español. Tiene una pantalla que permite entrar en la home page o también en los canales temáticos. Ésta es la versión 1.0, se preveén modificacones sucesivas. ¡Para todos, buena navegación esperamos sus feedback! Lee también:
R como Amor
de Giulio Meazzini en Città Nuova online
17 Jul 2011 | Sin categorizar
La “cultura de la unidad” que surge del “carisma de la unidad” lleva a la persona que se adhiere a una plena realización de su potencial humano, a la luz de los principios del Evangelio. Este modo de vivir unitario no puede dejar de tener un reflejo en cada uno de los ámbitos en los cuales la persona se encuentra, vive y actúa. Escribía Chiara Lubich en 1968: «El amor es luz, es como un rayo de luz, que, cuando atraviesa una gota de agua, se despliega en un arco iris, en el que se pueden admirar los siete colores. Son todos colores de luz que, a su vez, se despliegan en infinitas gradaciones. Y así como el arco iris es rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo/añil y violeta, el amor, que es la vida de Jesús en nosotros, asumiría distintos colores, se expresaría de varias maneras, diferente una de otra.
El amor, por ejemplo, es comunión, lleva a la comunión. Jesús en nosotros, porque es Amor, realizaría la comunión.
El amor no se encierra en sí mismo, es difusivo de por sí. Jesús en nosotros, el Amor, sería irradiación de amor.
El amor eleva el alma. Jesús en nosotros elevaría nuestra alma a Dios. Y esto es la oración.
El amor sana. Jesús, el centro del amor, sería la salud de nuestra alma.
El amor reúne a las personas en asamblea. Jesús en nosotros, porque es amor, reuniría los corazones.
El amor es fuente de sabiduría. Jesús en nosotros, el Amor, nos ilumina.
El amor compone a muchos en uno, es unidad. Jesús en nosotros nos fundiría en uno. Éstas son las siete expresiones principales del amor que teníamos que vivir. El siete sirve para indicar un número al infinito».
13 Jul 2011 | Sin categorizar
Hacia el nuevo encuentro entre las religiones en Asís. Cita con las sorpresas del Espíritu.

Simposio interreligioso en Thailandia - 2010
Primero que nada quisiera expresar la mía y nuestra alegría y gratitud hacia el Papa Benedicto XVI por haber convocado un nuevo gran encuentro en la ciudad de San Francisco. Es la alegría que nace ante una inspiración que comportará nueva celeridad y profundidad a la hora de vivir las propias convicciones religiosas al servicio de la paz. Resulta urgente precisamente hoy, cuando, por un absurdo, se difunde el temor hacia la religión, olvidando su natural fuente vital de paz, y se le imputa la primera causa de muchos conflictos, tensiones, fobias, intolerancia y persecución con trasfondo religioso que pululan en el mundo.
Indudablemente, en este tiempo de grandes cambios, “los muros dentro de los cuales vivían las distintas civilizaciones con sus culturas se están desmoronando”, como observa el filósofo Giuseppe Zanghi. Al mismo tiempo “una ciudad-mundo sin muros se perfila en el horizonte, llena de esperanza”. Es la visión propuesta por Chiara Lubich en Londres en el 2004, ante una concurrida platea donde estaban presentes representantes de numerosas religiones. Como respuesta ante el interrogante de cuál futuro le espera a la sociedad multicultural, multiétnica y multireligiosa de nuestro tiempo, ante el riesgo de combates entre civilizaciones, se había referido a la visión de San Agustín en los tiempos de la caída del Imperio Romano bajo la presión de la migración de los pueblos: no es el fin de una civilización, sino el nacimiento de un mundo nuevo.
Un mundo nuevo en difícil gestación. Ya al inicio de los años Setenta, Chiara percibía los indicios del “sentido de penosa incertidumbre, de un sufrimiento que –había dicho- la humanidad más o menos siente y seguramente sentirá en la medida en que varios puntos de la tierra se vean sacudidos por el impacto con otros pueblos desconocidos hasta entonces”. Hablando a los jóvenes en un congreso internacional, les pidió “no cerrar los ojos ante este trance de la humanidad sino entrar conscientemente en la gestación del mundo nuevo”. “Están aquí –había agregado- para formarse con una mentalidad global, para llegar a ser ‘hombres-mundo’”.
Por un momento la visión de este mundo nuevo se convirtió en una experiencia precisamente hace veinticinco años, en el primer histórico encuentro de los jefes religiosos del mundo en Asís. Así lo refirió Juan Pablo II pocos meses después, en la vigilia de la Navidad de 1986, en un denso discurso dirigido a sus más estrechos colaboradores de la Curia Romana: “Parecía que por un momento se expresaba visiblemente la unidad escondida, pero radical que el Verbo divino, en quien todo fue creado y subsiste, ha establecido entre los hombres y las mujeres de este mundo”. Una visión que abraza el presente, “a quienes ahora comparten las ansias y las alegrías de este final del siglo XX”. Pero también pasado y futuro: “También quienes nos han precedido en la historia y quienes tomarán nuestro lugar hasta que el Señor venga”.
Es la gran visión del designio de Dios sobre el género humano, ilustrada por el Concilio Vaticano II, desde las primeras líneas de la declaración Nostra aetate: «varios pueblos», pero «una sola comunidad» extendida por toda la faz de la tierra, que en Asís se hizo visible. El beato Juan Pablo II lo profundizó a lo largo de todo su denso discurso. Es una “unidad real” – afirmó- “que se basa en el misterio de la creación divina y pertenece a la identidad misma del ser humano”. “Todos los hombres –prosiguió refiriéndose a los textos conciliares- están llamados a la unidad del pueblo de Dios que prefigura y promueve la paz universal”.
Una perspectiva que lanza nueva luz sobre la misión de la Iglesia delineada en el Concilio: “Ser germen de unidad y de esperanza para la humanidad” es por lo tanto el llamado a no “rechazar nada de lo que es verdadero y santo” en las diversas religiones, es más invita a “subrayar y hacer progresar los valores espirituales, morales y sociales” a acoger en ella “los rayos de verdad que pueden iluminar a todos los hombres”.
Y hoy el Papa Benedicto XVI recoge la consigna de su predecesor quien, ya desde entonces, invitaba a “reencontrar y mantener siempre vivo el espíritu de Asís, como motivo de esperanza para el futuro”.

Chiara Lubich con un grupo de monjes budistas
En estos veinticinco años el camino abierto por el beato Juan Pablo II, en la actuación de la enseñanza conciliar, ha hecho una gran camino gracias a la acción del Espíritu Santo que entrelaza admirablemente las enseñanzas y los gestos proféticos de los Papas con la vida de muchos testigos, antiguos y nuevos carismas, órdenes monásticas y nuevos Movimientos eclesiales, por Él suscitados en la Iglesia católica y en las otras Iglesias y comunidades eclesiales.
Es Él quien guía la historia al desplegarse este gran designio de unidad, a pesar de las muchas sombras que pesan sobre nuestro planeta. Somos testigos. También para nuestro Movimiento, casi de sorpresa, se abrió la página inexplorada del diálogo interreligioso. Chiara Lubich acogió este signo del Espíritu Santo a través del interés manifestado hacia su experiencia por parte de representantes de distintas religiones presentes en la Guildhall de Londres en 1979, cuando se le otorgó el premio Templeton por el progreso de la religión.
Desde ese momento innumerables adelantos han tenido lugar en esos 30 años. Continuamente se renueva la sorpresa al ver cómo el sendero espiritual por el cual Dios nos ha conducido se entrecruza con otras vías espirituales y, manteniendo nuestra identidad, con un constante impulso misionero, cuales testigos de Jesucristo, “camino, verdad y vida”, nos permite encontrarnos y comprendernos con los seguidores de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad.
Es esta la vía que estamos experimentando. Cuando Chiara en 1972 invitó a los jóvenes a convertirse en protagonistas en la gestación de un mundo nuevo, les entregó aquella que es en definitiva “una potentísima arma de amor”, “el modelo capaz de recomponer la unidad del mundo”: Jesús crucificado que llega a gritar el abandono del Padre. “a ustedes les toca revivirlo para dar un impulso indispensable y decisivo al cambio que la humanidad está afrontando”.

Maria Voce con el gran maestro budista Ajahn Thong - Thailandia 2010
Es Él, el Señor crucificado y resucitado, la clave que abre el diálogo también en las situaciones más difíciles, el modelo de ese amor radicalmente desinteresado, de esa kenosis, de ese vacío de amor necesario para acoger al otro.
Fue inesperada la solicitud que le hicieron a Chiara de que hablara ante grandes asambleas de budistas en Tokio, a monjes y monjas budistas en Tailandia, de musulmanes en Harlem, a las poblaciones animistas en Camerún. Y tales solicitudes se han repetido también conmigo, en mis recientes viajes a África y Asia, y he constatado nuevamente con maravilla cuánto realmente el amor y la unidad están inscritos en el ADN de cada hombre.
Hoy el diálogo entre las religiones no puede limitarse a los líderes, a estudiosos y especialistas. Debe convertirse en un diálogo del pueblo, un diálogo de la vida, que se revela cada vez más indispensable para la pacífica convivencia en nuestras ciudades y países, al encontrarnos viviendo codo a codo con musulmanes y budistas, hindúes y sikhs. Es una crónica por descubrir y quizás por inventar, sin dejarnos abrumar por el rumor de hechos de intolerancia y violencia.
Es el testimonio cotidiano el que abre camino: lo hemos experimentado en varias partes del mundo. Así fue en Argelia, delante de la imagen en sentido único de un Islam cerrado e impenetrable, y de una minoría cristiana a la defensiva; desde los años Sesenta se ha abierto otro panorama: empezó y se ha desarrollado un diálogo espiritual profundo entre cristianos y musulmanes.
«Eras un ejemplo magnífico de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y lo que se es. Viniste en medio nuestro derritiendo un mar de hielo y destruyendo los muros que nos separaban para construir un puente indestructible” Son las palabras de Sidi Ahmed Benchoukri, un musulmán, quien fue prefecto de la región de Tlemcen, dirigidas a Ulises Caglioni, un focolarino, en Argelia desde 1966, en el momento de su funeral en el 2003, en Castelgandolfo. En una larga carta a un grupo de amigos musulmanes escribe: «Siempre dio testimonio de su fe. Para nosotros fue el modelo del creyente. Era un hombre de Dios, un hombre que hace parte de nosotros mismos”.
Hemos experimentado el auténtico rostro del Islam y la fuerza de paz del diálogo también en otros puntos cruciales como Turquía, Tierra Santa, Líbano, Paquistán, Estados Unidos, para no hablar de Europa. Por doquiera conocemos cristianos y musulmanes que dan testimonio que se puede pasar del temor hacia el otro al descubrimiento del otro, y se puede incidir en la fraterna convivencia en las ciudades. En un reciente congreso del Movimiento en Italia, un imán declaró: “Aprendí a no rendirme ante la lógica amigo-enemigo, a apostar por la unidad de la familia humana unida por vínculos de interdependencia y fraternidad, a mirar al otro con la certeza que encontrarás una riqueza desconocida”.
Seguimos y rezamos desde ahora por la gran cita de Asís el próximo octubre. A la espera de las nuevas sorpresas que nos reservará el Espíritu Santo.
Maria Voce, Presidente del Movimiento de los Focolares
8 Jul 2011 | Sin categorizar
Contemplando la inmensidad del universo, la extraordinaria belleza de la naturaleza, su potencia, me remonté espontáneamente al Creador de todo y tuve una nueva comprensión de la inmensidad de Dios. La impresión fue tan fuerte y nueva que me habría lanzado de rodillas a adorar, a alabar, a glorificar a Dios. Sentí una gran necesidad de hacerlo, como se esa fuese mi vocación actual. Era casi como si se me abrieran los ojos, entendí como nunca antes, quién es Aquél que hemos elegido como ideal, o mejor Aquél que nos ha elegido a nosotros. Lo vi tan grande, que me parecía imposible que hubiese pensado en nosotros. Y esta impresión de su inmensidad permaneció en mi corazón durante algunos días. Ahora rezar: “Santificado sea Tu Nombre” o “Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo” es otra cosa para mí: es una necesidad del corazón. (…) Nosotros vamos en camino. Y, cuando uno viaja, ya piensa en el ambiente que lo acogerá a su llegada, en el paisaje, en la ciudad, y se prepara. Así tenemos que hacer también nosotros. ¿Allá arriba se alabará a Dios? Entonces alabémoslo desde este momento. Dejemos que nuestro corazón grite todo nuestro amor, lo proclame, junto con los ángeles, con los santos: “Santo, Santo, Santo”. Expresémosle nuestra alabanza con la boca y con el corazón. Aprovechemos para reavivar ciertas oraciones cotidianas que hacemos que tienen esta finalidad. Y démosle gloria con todo nuestro ser. (…) Alabémoslo más allá de la naturaleza o en la profundidad de nuestro corazón. Sobre todo, vivamos muertos a nosotros mismos y vivos a la voluntad de Dios, al amor hacia los hermanos. Seamos también nosotros, como decía Isabel de la Trinidad, una “alabanza de su gloria”. Así anticiparemos un poco el Paraíso, y repondremos a Dios por la indiferencia de innumerables corazones que hoy viven en el mundo. Chiara Lubich, Rocca di Papa, 22.1.1987