25 Ene 2004 | Sin categorizar
Con ocasión de un encuentro en Roma en mayo de 2002, entre fundadores y responsables de algunos Movimientos y Comunidades católicas y evangélicas nació la idea de promover una gran manifestación en Alemania, para contribuir a dar un alma a Europa. Estaban presentes: la Comunidad de San Egidio, el Convenio de responsables de Comunidades y Movimientos evangélicos, los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento de los Focolares, el Movimiento de Schöenstatt, la Renovación carismática católica (de Italia), la Renovación carismática de la Iglesia evangélica (GGE), la YMCA.
La manifestación “Juntos por Europa” es el fruto del entretejerse de un camino iniciado, en el ámbito evangélico en 1969, entre más de 120 Movimientos, Comunidades y grupos, y en el ámbito católico a partir del gran encuentro con Juan Pablo II durante la vigilia de Pentecostés ’98, y que actualmente ha involucrado a más de 240 Movimientos y Comunidades en el mundo. A partir del 31 de octubre de 1999 – fecha de la histórica firma de la Declaración conjunta entre la Iglesia católica y la Federación luterana mundial sobre la Doctrina de la Justificación – en un encuentro en el Centro Ecuménico de Ottmaring, en los alrededores de Ausburg entre algunos responsables de Movimientos, Comunidades y grupos católicos y evangélicos, surgió una nueva experiencia de comunión y colaboración que se está extendiendo también a los ortodoxos, anglicanos y otros cristianos. Quiénes son los Movimientos, comunidades y grupos cristianos de Europa presentes en Stuttgard Han surgido en distintos Países europeos antes y después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos se han difundido en toda Europa y en el mundo;
– son diversos por entidad, difusión, ámbitos de trabajo, laicos en su mayoría, involucran a personas de todas las edades y categorías; – abren amplios espacios de diálogo a distintos niveles; – tienen en común el retorno a la autenticidad evangélica y la conciencia de no ser fruto de proyecciones humanas, sino de un don del Espíritu, como respuesta a los retos de hoy. Este evento se injerta en una semana importante para Europa 1 de mayo: ampliación de la Unión Europea con el ingreso de Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Malta y Chipre. 8 de mayo: aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (8.5.1945) 9 de mayo: fiesta de Europa, en el aniversario de la histórica declaración de Robert Schuman de 1950, en la que proponía la formación de una comunidad al servicio de la paz, primicia de la Unión Europea.
24 Ene 2004 | Sin categorizar
SCHOOLMATES PREVEE DOS POSIBILIDADES: CONOCERSE: A través de una página Web, chicos y chicas de Países diferentes pueden escribirse y hacer una red mundial entre las clases para intercambiarse riquezas recíprocas, compartiendo su cultura, idioma, tradiciones e iniciativas, ya en acción, para construir el mundo unido. AYUDARSE: A través de un fondo de solidaridad, las clases que lo desean pueden crear becas de estudio a favor de chicos y chicas de los países menos favorecidos que no tienen la posibilidad de frecuentar el colegio, viviendo de esta manera la «cultura del dar»
19 Ene 2004 | Sin categorizar
Algunos muchachos y muchachas polacos vinieron a vivir a poca distancia de mi casa. Todos viven en una única habitación, dedicados a la bebida, a la espera de tener algo que hacer. Entre ellos se encuentra una muchacha más bien tímida. Se dirige a las religiosas del barrio y con su pobre italiano les confía que no quiere estar más con sus amigos: teme un triste futuro para todos. Las hermanas la acogen con ellas, dándole comida, alojamiento y trabajo, pero el problema más grave por superar es el contrato. De hecho, la joven no tiene visa para estar en Italia. El gestor a quien le han encargado su trámite, después de algunos meses, todavía no logra regularizar su situación. Las hermanas me preguntan si puedo hacer algo para resolver el caso. Si bien no se nada de las leyes vigentes, pienso que es la ocasión apropiada para dar una mano a una persona de otro país. Voy a la oficina de empleos para informarme sobre los trámites. La solicitud debe ser expuesta allí durante quince días, después otros quince en una oficina de Roma. Por la coincidencia de varias festividades, a menudo la oficina está cerrada o no está la persona interesada. En fin, muchas vueltas: dos medios días de permiso para ir a la embajada, después a la comisaría, al correo para enviar a Polonia los documentos para la visa y todavía a la oficina de tributación para el código fiscal… Realmente mucho qué hacer. Un día la joven me pregunta “Pero �por qué me ayudas?”. Le respondo que siendo cristiana, lo hago por amor y que no me debe nada a cambio. En efecto sentía que era mi ladrillo para construir la fraternidad entre todos, haciendo míos los problemas de quien está a mi lado, aunque fuese un desconocido. Después de un mes la muchacha es contratada y el trámite se concluye de manera perfecta. Precisamente en este período, en el que se habla tanto de la inmigración, pienso en las infinitas dificultades que los extranjeros encuentran por la lentitud de la burocracia y a los que, aun queriendo ponerse en regla, corren el riesgo de desanimarse. El amor sin embargo es la llave que abre todas las puestas. L. – Italia Soy R. y provengo de Albania. Mi País vivió durante 50 años bajo un régimen que ha marcado fuertemente la vida de todos los albaneses, llevando a una destrucción, no sólo económica, sino sobre todo espiritual. A pesar de esta situación los valores de mi pueblo, tan probado, han permanecido vivos y mi familia ha logrado transmitírmelos, junto con la fe en Dios. La caída del muro en 1989 provocó también en Albania un vuelco socio-político. Nosotros los jóvenes quedamos confundidos y desorientados. No sabíamos en quién creer, a cuál verdad aferrarnos, quedamos marcados por la pasividad, por la falta de optimismo, de esperanza. Dentro de mi sentía que el pasado no podía ser el patrón de nuestros sueños. Todo lo contrario, la esperanza en una vida nueva era la exigencia más fuerte de mi alma. Precisamente en este período conocí a algunos jóvenes. A través de ellos descubrí una nueva dimensión del cristianismo: creer en el amor de Dios por cada uno de nosotros y actuar de consecuencia. En Él encontré la respuesta a todas mis exigencias y empecé a vivir el arte de amar que el Evangelio nos enseña. A pesar de mi anhelo de paz y de unidad, existía sin embargo dentro de mí un nudo por resolver: se trataba de las personas que han llevado a mi País a la destrucción de casi todo. Sólo con pensarlo, me invadía un sentido de rebelión sin límites. �Cómo podía perdonar? Sin embargo, el amor de Dios, entrando hasta el fondo de mi alma, me permitió aprender a respetarlas y quizás a entenderlas un poco. Poco a poco empecé a superar la categoría del enemigo, hasta llegar a elegir amar a los demás gratuitamente y sin preferencias. Creo que fue el primer paso para construirme una “conciencia” de paz con la cual contagiar a cuantos encuentro. R. – Albania
31 Dic 2003 | Palabra de vida, Sin categorizar
Actualmente, hay en el planeta alrededor de 30 conflictos armados. Algunos están a la vista de todos, otros son olvidados, pero no por eso menos crueles. Violencia, odio, actitudes belicosas se advierten también muchas veces en países que viven “en paz”.
Todo pueblo, toda persona siente un profundo anhelo de paz, de concordia, de unidad. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia seguimos siendo incapaces de alcanzar una paz estable y duradera.
Jesús vino a traernos la paz, una paz –nos dice- que no es como la que “da el mundo”, porque no es solamente ausencia de guerra, de peleas, de divisiones, de traumas. “Su” paz es también eso, pero es mucho más: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es fraternidad en el amor entre todos los pueblos. Él mismo es nuestra paz, por eso puede decirnos:
«Les doy mi paz»
Pero, ¿qué hizo Jesús para darnos su paz? Pagó con su persona. Precisamente mientras nos prometía paz, era traicionado por uno de sus amigos, entregado en manos de los enemigos, condenado a una muerte cruel e ingnominiosa. Se puso en medio de los contendientes, se hizo cargo de los odios y las separaciones, derribó los muros que separaban a los pueblos. Muriendo en la cruz, después de haber experimentado por amor a nosotros el abandono del Padre, volvió a unir a los hombres con Dios y entre ellos, trayendo a la tierra la fraternidad universal.
La construcción de la paz nos exige, a nosotros también, un amor fuerte, capaz de amar incluso a aquel que no responde de la misma manera, capaz de perdonar, de ir más allá de la categoría del enemigo, de amar a la patria de los otros como a la propia. Nos exige pasar de ser personas pusilánimes, tal vez concentradas en sus propios intereses y sus propias cosas, a convertirnos en pequeños héroes cotidianos que, día tras día, poniéndose al servicio de los hermanos y las hermanas, están dispuestos a dar si es necesario la vida por ellos. Exige además de nosotros un corazón y unos ojos nuevos para amar y ver en todos a otros tantos candidatos a la fraternidad universal.
Quizás nos preguntemos: “¿ver candidatos a la fraternidad universal también en los consorcistas conflictivos? ¿En los colegas de trabajo que me crean dificultades para que no avance en la carrera? ¿En quien milita en otro partido o en el equipo de fútbol que me enfrenta? ¿En las personas de religiones o nacionalidades distintas a la mía?”.
Sí, todos y cada uno son para mí, hermanos y hermanas. Aquí es donde precisamente comienza la paz, en la relación que yo sea capaz de establecer con cada uno de mis prójimos. “El mal nace en el corazón del hombre”, escribía Igino Giordani, por eso “para desplazar el peligro de la guerra es necesario desplazar el espíritu de agresión, explotación y egoísmo del cual proviene la guerra: se necesita reconstruir una conciencia”.
«Les doy mi paz»
¿Cómo puede Jesús darnos hoy la paz? El puede estar presente en medio de nosotros a través de nuestro amor recíproco, a través de nuestra unidad. De este modo podremos experimentar su luz, su fuerza, su mismo Espíritu, cuyos frutos son: amor, alegría, paz. La paz y la unidad corren a la par.
En este mes, en el cual en buena parte del planeta se reza de modo particular para que se llegue a la comunión plena y visible entre las Iglesias, advertimos aún más fuerte el vínculo entre la unidad y la paz. En los últimos años hemos visto cuánto han trabajado juntos, por la paz, cristianos de distintas iglesias.
¿Cómo dar testimonio, por eso, de esa paz profunda traída por Jesús, si entre nosotros, cristianos, no se da la plenitud del amor, si no somos un solo corazón y un alma sola como en la primera comunidad de Jerusalén?
El mundo cambia si nosotros cambiamos. Por cierto, tenemos que trabajar, de acuerdo a las posibilidades de cada uno, para resolver los conflictos, para elaborar leyes que favorezcan la convivencia de las personas y de los pueblos. Pero, sobre todo, podremos contribuir a la creación de una mentalidad de paz, al poner de relieve lo que nos une, y trabajar juntos por el bien de la humanidad.
Dando testimonio y difundiendo valores auténticos como la tolerancia, el respeto, la paciencia, el perdón, la comprensión, las otras actitudes que se oponen a la paz, caerán por sí mismas
Esa ha sido nuestra experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando entre nosotras, unas pocas jovencitas, decidimos vivir sólo para amar. Eramos jóvenes y temerosas, pero apenas nos pusimos con fuerza a vivir la una por la otra, a ayudar a los demás comenzando por los más necesitados, a servirlos aún a costa de la propia vida, todo cambió. En nuestros corazones nació una fuerza nueva y vimos cómo la sociedad comenzaba a cambiar de cara: comenzó a renovarse una pequeña comunidad cristiana, semilla de una “civilización del amor”. Al final es el amor el que triunfa, porque es más fuerte que cualquier otra cosa.
Hagamos la prueba de vivir así este mes, para ser levadura de una nueva cultura de paz y justicia. Veremos renacer en nosotros, y a nuestro alrededor, una nueva humanidad.
Chiara Lubich
25 Dic 2003 | Sin categorizar
Una experiencia de unidad
«Bombas y misiles siguen sembrando dolor y odio. He querido, junto con mis hermanos obispos, escuchar otras voces, bombas y misiles espirituales, más fuertes, que siembran el amor, la concordia, la comprensión, la unidad”. Son las palabras del obispo iraquí Shlemon Warduni, auxiliar patriarcal de Bagdad. Eran 34 los obispos ortodoxos, siro-ortodoxos, anglicanos, evangélico-luteranos y católicos de varios ritos, llegados de distintos Países de Europa, Medio Oriente y América, que concluyeron el 1� de diciembre su encuentro anual desarrollado en el Centro internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa (Roma).
El Congreso fue transferido de Estambul a Roma debido a los trágicos atentados.
Originalmente el Congreso tenía que desarrollarse en Estambul y estaban programados importantes encuentros con el Patriarca ecuménico Bartolomé I, con el Patriarca armeno apostólico Mesrob II y otras personalidades religiosas. Pero debido a los atentados, de los quales el segundo tres días antes del inicio, el encuentro tuvo que trasladarse a Roma. “Nos habíamos preparado desde hacía tiempo a ir a Constantinopla –dice el obispo evangélico-luterano emérito de Estocolmo, Henrik Svenungsson – y las iglesias ortodoxas del lugar nos habían preparado una gran acogida. Después todo cambió. Pero ya lo hemos decidido: Estambul será la meta del próximo encuentro”. “El odio destruye los programas y cierra los caminos, pero el amor crea nuevos programas y abre nuevas vías”, comentó el promotor del Congreso, el Card. Miloslav Vlk. El encuentro nació de un profundo dolor, pero ha dado muchos frutos”.
El Mensaje del Patriarca ecuménico de Constantinopla
Del Patriarca Bartolomé I llegó, esperado, un afligido mensaje en el cual, citando al Papa, subraya que “la humanidad tiene necesidad de puentes, no de muros” y prosigue: “Habríamos querido estar en medio de ustedes, hablar ‘cara a cara’, para que nuestra alegría fuese plena”. “Lamentablemente esta oportunidad nos ha sido negada repentinamente y violentamente”. Y resaltó el especial contexto del Congreso: “En estos tiempos que se caracterizan por la falta de estabilidad y de seguridad (…), es muy prometedor y motivo de alegría el hecho de que existan individuos, organizaciones o movimientos, como el amado Movimiento de los Focolares, que se han dado cuenta de que la unidad entre ellos y del mundo en Cristo es el elemento fundamental de la verdad y de la vida. Pero es todavía más prometedor que hayan hecho de la realización de esta unidad el motivo principal de su actividad”.
Chiara Lubich sobre el tema “La presencia de Jesús en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”, centro del Congreso
Día tras día, los obispos han vivido el “diálogo de la vida” y experimentado como puede potenciar las varias dimensiones del ecumenismo. Sobre todo, “la oración en común”, durante las celebraciones litúrgicas de las varias Iglesias que han abierto los tesoros espirituales de las diversas tradiciones. Y el diálogo de la caridad, de la “acogida recíproca”.
El tema del congreso ha sido para los Obispos el encuentro con “Jesús presente espiritualmente en la comunidad, donde dos o más están unidos en su nombre, es decir en su amor”. Chiara Lubich ha profundizado esta realidad con un tema programático sobre “La presencia de Cristo en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”.
Remontándose a los 60 años de historia del Movimiento, la fundadora de los Focolares puso en evidencia como las personas involucradas en esta aventura, desde un inicio, estaban orientadas a dar vida por doquier a células vivas del Cuerpo místico. “Se formaron y se forman así –dijo- en la Iglesia católica, en las otras Iglesias y entre miembros de distintas Iglesias, fragmentos de cristiandad unidos en el nombre de Jesús a la espera de un ulterior vínculo de unidad, la Eucaristía, cuando Dios querrá”. Es la experiencia del “diálogo de la vida”, del “diálogo del pueblo”, “porque sentimos que componemos entre nosotros ‘un único pueblo cristiano’ que le interesa a los laicos, pero también a los monjes, a los religiosos, a los diáconos, a los sacerdotes, a los pastores, a los obispos”.
Jesús en medio de los suyos ha sido, en efecto, la gran experiencia de este congreso.
La promesa de Mateo 18, 20, Jesús en medio de los suyos, se ha presentado también como el camino para mirar con esperanza a nuestro tiempo, la llave para llevar el espíritu del Evangelio a la humanidad de hoy: a las familias y a los jóvenes, a la política, a los medios de comunicación, a la economía, al mundo de la cultura, como lo han demostrado numerosos testimonios.
El obispo evangélico-luterano Helge Klassohn comentó: “Por primera vez he encontrado el Movimiento de los Focolares. Pienso que esta comunidad ecuménica es muy importante: no sólo nos confirma en nuestro servicio, sino que es un signo para el camino de la Iglesia”.
25 Dic 2003 | Sin categorizar
Habiendo postergado para el próximo año la cita en Estambul, por el riesgo de nuevos ataques terroristas, los obispos de igual modo quisieron dar un signo claro de solidaridad a la comunidad cristiana de Constantinopla, enviando una pequeña delegación. Por este motivo el 28 de noviembre, partieron de Roma, para participar, a nombre de todos, en la fiesta de San Andrés apóstol, considerado el fundador y patrono del Patriarcado ecuménico, el Card. Miloslav y el Obispo luterano Henrik Svenungsson.
Fueron recibidos en audiencia por el Patriarca ecuménico Bartolomé y se encontraron también con el Patriarca armeno Mesrob II, con el Vicario patriarcal siro-ortodosso Çetin y con el Nuncio apostólico, Mons. Edmund Farhat. Fueron horas de intensa comunión ecuménica, en el marco de una ciudad que lamentablemente ha quedado profundamente marcada por los recientes acontecimientos. La delegación coincidió en su llegada con la del Vaticano, guiada por el Card. Kasper, y con la del Consejo ecuménico de las Iglesias de Ginebra con el Dr. Konrad Raiser.