Movimiento de los Focolares
Se inicia el proceso de Beatificación del Pbro. Silvano Cola

Se inicia el proceso de Beatificación del Pbro. Silvano Cola

El P. Silvano Cola (1928-2007), sacerdote y con una formación en psicología y pedagogía, en los primeros años de su ministerio se ocupó de los menores en situación de abandono y con dificultades, en la “Città dei Ragazzi” [Ciudad de los chicos] de Turín, donde elaboró un método educativo basado en planes de estudio personalizados, de vanguardia para aquella época. En 1954, con 26 años, conoció el Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, y el Carisma de la Unidad, que marcó profundamente su ministerio sacerdotal. A lo largo de los años se dedicó especialmente a la formación del clero y a la difusión del Carisma de la Unidad, contribuyendo al nacimiento y al desarrollo de la rama sacerdotal del Movimiento. Chiara Lubich lo consideraba cofundador de esta realidad.

“No puedo olvidar el día de mi Ordenación sacerdotal ─recuerda el Card. Lazzaro You Heung-Sik,, Prefecto del Dicasterio para el Clero, que había conocido al P. Silvano siendo aún seminarista ─, al regresar a la sacristía, don Silvano se acercó a mí y me colocó alrededor del cuello una cadenita con una cruz de oro. Me dijo: ‘Este es tu Esposo’, como diciendo: este es tu fiel compañero de viaje, aquél con quien compartirlo todo y en quien reconocer, en cada circunstancia dolorosa, la clave para que tu vida y tu ministerio den fruto. ‘¡Vive tu vida con Él!’. Una consigna que ha marcado mi trayectoria y que aún hoy me acompaña”.

La ceremonia estará presidida por Mons. Stefano Russo, obispo de Velletri-Segni y Frascati, y supone el inicio oficial del proceso eclesial destinado a recopilar testimonios y documentación sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad de don Silvano Cola.

Estarán presentes: el Card. Lazzaro You Heung-Sik, prefecto del Dicasterio para el Clero; Card. Giuseppe Petrocchi, arzobispo emérito de L’Aquila y presidente de la Comisión Cardenalicia de Supervisión del IOR [Instituto para las Obras de Religión]; Mons. Tommaso Caputo, arzobispo Prelado de Pompei; Mons. Vincenzo Zani, arzobispo, archivero y bibliotecario emérito de la Santa Iglesia Romana; Mons. Sandro Salvucci, arzobispo de Pesaro y de Urbino-Urbania-Sant’Angelo in Vado; Mons. Michele Fusco, obispo de Sulmona-Valva; Mons. Gianfranco De Luca, obispo emérito de Termoli-Larino; Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares.

Stefania Tanesini

Transmisión en directo: http://live.focolare.org/donsilvano en italiano, inglés, francés, español, portugués y alemán.

Con motivo de este evento, se publicará el libro “Iluminar la noche. Biografía de Silvano Cola. Segunda parte (1967-2007)”de Fernando Muraca (Editorial Città Nuova).Programma

Programa

15.30: Celebración eucarística. 16.30: Presentación de la figura del Siervo de Dios P. Silvano Cola. A continuación, apertura de la Investigación diocesana – Primera sesión.

Biografía del Pbro. Silvano Cola

Silvano Cola nació el 22 de enero de 1928 en Camerino, en la región de Las Marcas. Pocos meses después, su familia se trasladó a Lanzo Torinese, un pequeño pueblo del Piamonte situado a los pies de los Alpes Grayos. La fe genuina que le transmitieron su madre y el párroco lo llevó a ingresar, a los nueve años, en el seminario menor de Giaveno, en la provincia de Turín, en octubre de 1937.

Su trayectoria de formación hasta el sacerdocio atravesó los años difíciles de la Segunda Guerra Mundial.<br/>A los 22 años recibió la Ordenación sacerdotal, el 27 de junio de 1950, gracias a una dispensa especial por no tener todavía la edad mínima prevista en las normas eclesiásticas para ser sacerdote.

Su deseo de mantenerse fiel al Evangelio lo llevó a comprometerse con la Ciudad de los Chicos fundada por don Giovanni Battista Arbinolo y allí, en medio de la precariedad de una obra que aún estaba en construcción, concibió un sistema educativo de vanguardia para los niños en situación de abandono y con dificultades.

<br/>La experiencia generó gran revuelo tanto en los ambientes eclesiásticos como en el mundo laico y la Dirección General de Educación de Piamonte le pidió que impartiera conferencias para los profesores en formación.

A pesar de estos éxitos de su labor educativa, que lo llevó a ser presentado a los fieles de la parroquia en la que se convirtió en vicario, como un «nuevo Don Bosco», fue puesto a prueba por una profunda crisis de fe durante la cual llegó incluso a plantearse la posibilidad de abandonar el sacerdocio.

Precisamente en esa época conoció en Turín a algunas de las primeras focolarinas, laicas consagradas pertenecientes al Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich. Sus testimonios de vida evangélica le ayudaron a recuperar la fe y el sentido de su vocación sacerdotal.

El encuentro con el Carisma de la Unidad marcó profundamente su ministerio. A lo largo de los años, contribuyó al nacimiento y al desarrollo de la rama sacerdotal del Movimiento, de la que fue cofundador. Se dedicó a la formación y al acompañamiento de los sacerdotes, promoviendo una vida de comunión y profundizando, a la luz del Concilio Vaticano II, en la relación entre el ministerio sacerdotal y la espiritualidad de la unidad. Falleció el 17 de febrero de 2007 tras una vida dedicada al servicio de la Iglesia.

P. Silvano fue una guía segura para muchas personas, entre ellas sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos, ayudándoles a amar a la Iglesia y al pueblo de Dios con una actitud mariana y acompañándolos hacia una elección de Dios sincera y radical, como la que había orientado su propia vida.

El «Espíritu de Asís», 40 años después del primer encuentro

El «Espíritu de Asís», 40 años después del primer encuentro

Asís (Italia) es una ciudad de paz. A 800 años de la muerte de San Francisco, conserva el encanto de sus callejuelas y de su geografía, que casi hace esperar que el Pobrecillo de Asís (Il Poverello di Assisi) aparezca en cualquier esquina. Su presencia, su inmensa capacidad de amar a los pobres y al prójimo, a quien es diferente de uno mismo, es tan fuerte que convierte a esta ciudad de Umbría (región italiana en donde se encuentra Asís) en un centro de profunda espiritualidad viva.

Tres jornadas iluminadas por un amable sol otoñal convirtieron a Asís en la capital del diálogo interreligioso, con representantes unidos en la oración por la paz. Ya desde el domingo 25 se podía escuchar una infinidad de idiomas y contemplar la diversidad de colores y vestimentas de los representantes de las distintas religiones que habían llegado para participar en estas jornadas. Unas 5.000 personas participaron en los numerosos foros temáticos que se desarrollaron en diferentes salas de la ciudad.

Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares, respectivamente, junto con una delegación, participaron en las jornadas de este encuentro, que celebraba los 40 años de la oración interreligiosa en el Espíritu de Asís, iniciada por Juan Pablo II.

El 26 de octubre, Margaret participó en el foro «Mediterráneo: mar del diálogo». «San Francisco no aceptó la postura de que hablar con quien era considerado un enemigo significara traicionar al propio bando», comentó. «Hoy, el “diálogo” puede parecer un término frágil, pero precisamente cuando parece imposible se vuelve aún más necesario, para poner en comunicación ese bien que ya existe».

Durante la mañana del 27 de octubre, en la Sala Cimabúe de la Colina del Paraíso (Colle del Paradiso), donde se encuentra el complejo de la Basílica franciscana, el foro con el Patriarca ecuménico de Constantinopla concentró la atención de los participantes. «La Iglesia que proclama la Resurrección debe proclamar al mismo tiempo la paz», destacó Bartolomé I. Esta reflexión se vio confirmada también por la presencia, entre el público, de numerosos representantes de las Iglesias cristianas, entre ellos la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally; el patriarca de la Iglesia asiria, Mar Awa III; el patriarca armenio de Constantinopla, Sahak II; el obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino y de Foligno, Felice Accrocca; y el metropolita Emmanuel de Calcedonia, junto con la presidenta del Movimiento de los Focolares, Margaret Karram. Una presencia numerosa y significativa, que permitió recuperar el sentido mismo del encuentro: Iglesias y tradiciones diferentes que se reúnen para reconocer en el otro a un hermano y dar testimonio de que el diálogo es posible.

Luego, durante la tarde, tuvieron lugar emotivos momentos de oración por la paz, con la presencia de numerosos líderes de distintas religiones, y la ceremonia de clausura, realizada en la explanada de la Basílica inferior. «No existe la guerra santa, solo la paz es santa», afirmó el papa León XIV en un mensaje en video enviado especialmente para la ocasión. En un sereno atardecer, el encendido de las antorchas transmitió a todos los presentes la certeza de que la paz es verdaderamente posible.

Texto y fotografías: Carlos Mana

Una unidad nueva

Una unidad nueva

Personas diferentes que viven y trabajan juntas. Como el cuerpo humano, que se compone de diferentes miembros. Chiara Lubich, en un mensaje de los años 2000, hace 26 años, había hablado precisamente de esto, de una «nueva unidad».
Chiara contó que unos días antes se había reunido con varios políticos del Movimiento Político por la Unidad. En su intervención había profundizado en las palabras del Magníficat, y la figura de María había surgido como el modelo por excelencia del político.
De hecho, Chiara veía en el Magníficat la primera y más poderosa página de la doctrina social cristiana. No solo un texto de alabanza, sino un programa para la realización de una sociedad nueva, basada en la justicia y la fraternidad. Un programa que, si se vive, nos lleva a hacer realidad la revolución del amor que se inspira en el Evangelio. Cantar el Magníficat es, por tanto, también para nosotros hoy, comprometernos a ponerlo en práctica. Y como Obra de María que somos, estamos llamados a hacerlo juntos. En una unidad más consciente, más madura, en una «nueva unidad».

Foto: © Pexels-Joaojesusdesign

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

He aquí, en resumen, el relato del acontecimiento (del 16 de julio) que se nos ofrece, recuperando su encantador espíritu evangélico. Ante la propuesta que Igino Giordani (Foco) le hace (a Chiara Lubich) de «unirse estrechamente» a ella para seguir más de cerca a Jesús ─como ocurría con santa Catalina y sus seguidores─, Chiara se siente impulsada a responder invitándolo a formular un «pacto», en fidelidad a la lógica evangélica a la que ha aprendido a modelar su vida [1]:

“Tú conoces mi vida: yo soy nada. Quiero vivir, de hecho, como Jesús Abandonado que se anuló completamente. También tú eres nada, porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que vendrá a mi corazón, como en un cáliz vacío, yo le diré: ‘Sobre mi nada pacta tú unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco y, Jesús, haz de modo que se manifieste entre nosotros el vínculo que tú sabes’ […]”: Y luego añadí: “Y tú Foco, haz lo mismo”. (Párrs. 24 y 25 del texto de Chiara Lubich publicado en «Paraíso 49», Città Nuova, Roma 2026).

El relato es sobrio y extremadamente sencillo. El acontecimiento que surge de él como un don, una vez que se ha realizado el pacto y del que se da testimonio, supera toda expectativa humana. Y en esta forma, es también inédito en la historia de la experiencia cristiana.

Se puede intentar desentrañar su sentido a partir de lo que Chiara cuenta, en primer lugar, a Foco, para “explicarle” ─escribe─ lo sucedido. “¿Sabes dónde estamos?”: con esta pregunta comienza, invitándolo a abrir con ella los ojos del alma al escenario que se ha desvelado con el pacto. De aquí se intuye que el pacto crea las condiciones para que se produzca una gracia de Dios: la percepción mística de la presencia de Jesús en el hacerse Chiara y Foco (e inmediatamente después aquellos a los que se extiende el pacto) “una sola cosa” – realizada en Él y por Él, a través de la Palabra vivida y de la Eucaristía–. Y así en cada uno de ellos. Ciertamente, la identificación vivida y percibida, con Jesús, que experimenta Chiara, manifiesta la gracia extraordinaria común a todas las auténticas experiencias místicas atestiguadas a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero lo que se pone de relieve, en la experiencia aquí descrita, es que esto ocurre para Chiara en la unidad en y gracias a Jesús que ella vive con Foco, y poco a poco con las demás personas a las que se les comunica la experiencia. Hasta el punto de que se les hace partícipes de ella.

Piero Coda
(Extraído de Paradiso ’49, Opere di Chiara Lubich,
a cura di Piero Coda – Alba Sgariglia, Città Nuova, Roma 2026)
Foto: Baita Paradiso. Vivienda en Tonadico, Italia, donde Chiara Lubich, junto con algunas de sus primeras compañeras, se alojó durante el periodo conocido como «Paradiso ’49». © Jesús María Zamora


[1] Nos encontramos ante una característica específica de la experiencia cristiana propiciada por el Carisma de la unidad: el “pacto”. Sea cual sea su origen en el pensamiento y la práctica de Chiara, es evidente que la dinámica de “pactar” implica compartir, con quienes se involucran en el pacto, la referencia fundamental a Dios de la propia existencia y la decisión de cumplir juntos su voluntad: de modo que el pacto, entre quienes lo viven, se hace expresión del pacto con el que Dios mismo estableció una alianza con su Pueblo en el Antiguo Testamento, y que “de una vez para siempre” renovó escatológicamente en Jesús. Nos encontramos, pues, ante un “fundamento” de la experiencia de la Revelación. “Anteriormente ─recuerda Chiara en una nota─, habíamos vivido otros pactos, como el del amor recíproco. Este había realizado un salto cualitativo en nuestra vida, haciéndonos experimentar la presencia de Jesús en medio con los dones del Espíritu que Él trae consigo: la paz, la alegría, la luz, la fuerza. El pacto de misericordia, después – así llamábamos a aquel pacto con el que, nosotras focolarinas, nos comprometíamos a vernos nuevas cada día, sin recordar los defectos de la otra, como si nos encontrásemos por primera vez – nos había ayudado a perfeccionar el amor mutuo” (nota 30). El pacto de unidad, suscitado por la petición de Foco y vivido según la modalidad descrita por Chiara, produce un nuevo y decisivo ─en la lógica, se diría, del desplegarse del Carisma de la Unidad como don de Dios─ «salto de calidad»: el de la identificación, donada y percibida, con Jesús y el de reencontrarse en el seno del Padre.

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

[…] La unidad. Pero ¿qué es la unidad? ¿Se puede realizar la unidad?

La unidad es lo que Dios quiere de nosotros.

La unidad es realizar la oración de Jesús: “Padre, que sean uno como tú y yo. Yo en ellos y tú en mí, para que sean uno” (Cf. Jn 17, 21).

Pero la unidad no se puede realizar únicamente con nuestras fuerzas. Solo la puede realizar una gracia especial, que viene del Padre, si encuentra una disposición particular en nosotros, un requisito preciso y necesario:

el amor recíproco, del mandamiento de Jesús, puesto en práctica.

Su amor recíproco, el que Él quiere y que no es –como sabemos – simple amistad espiritual o un acuerdo, o un buen entendimiento.

Se trata de amarnos unos a otros, como Él nos amó. Es decir, hasta el abandono: hasta el desapego completo, material y espiritual, de las cosas y de las criaturas para poder “hacernos uno” recíprocamente y a la perfección.

De esta manera hacemos nuestra parte y reunimos las condiciones para recibir la gracia de la unidad, que no faltará, que no puede faltar.

¡Cuánta gratitud debe nacer en nosotros, llamados a esto, ante este pensamiento! ¡Qué impulso para vivir de tal modo, que obtengamos este don que, donde no se vive así, no existe!

Debemos recordar que en nuestra espiritualidad comunitaria hay una gracia más. Que el Cielo puede abrirse en cada instante para nosotros; y nosotros, si hacemos lo que Él nos pide, invadidos por esta gracia, podemos hacer mucho, mucho por el Reino de Dios.

Sin duda, es esta gracia la que explica la gran expansión de nuestro Movimiento y de tantas estupendas conquistas vinculadas a él.

Conscientes de este privilegio extraordinario, en los primeros tiempos nos expresábamos así:

“Grábense en sus mentes una sola idea. Siempre fue una sola idea la que formó a los grandes santos. Y nuestra idea es esta: ‘la unidad’.

«Mantengan siempre este fuego encendido entre ustedes. Y no tengan miedo de morir. Ya han experimentado que la unidad exige la muerte de todos para dar vida al Uno. Hagan esto como sacrosanto deber, pero ¡les dará inmensa alegría! ¡Jesús prometió la plenitud de la alegría a quien vive la unidad!”.

Durante el próximo mes ¡esforcémonos siempre por obtener este don!

Y no lo esperemos solo para nuestra felicidad, sino para ser capaces de realizar nuestra típica evangelización. La conocen: “Que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

¡El mundo tiene una gran necesidad de fe, de creer! Y todos estamos llamados a evangelizar. Un día Francisco dijo a uno de sus discípulos: “Vamos a predicar”. Y con las manos cruzadas dentro de sus mangas y con la mirada baja, caminaron por la ciudad predicando con su actitud la mortificación y la pobreza total.

Lancemos también nosotros, en el mundo, nuestra predicación. Que cualquiera que observe a dos o más de nosotros unidos –en el focolar, en los núcleos, en las unidades, en nuestras reuniones o casualmente juntos– quede impactado por un rayo de nuestra fe y crea; crea en el amor porque lo ha visto.

¡Manos a la obra! Esto es lo que el Señor quiere de nosotros. Lo quiere a través de nuestro carisma grabado en nuestros Estatutos: La unidad es la premisa de cualquier otra voluntad de Dios.
Después podemos también hablar para difundir el Evangelio. Pero después.

Chiara Lubich
(Convesazioni, Città Nuova, Roma 2019, pp 522/4

Foto: © JGH – CSC Audiovisivi

Alba Sgariglia: la experiencia mística del Paraíso ’49

Alba Sgariglia: la experiencia mística del Paraíso ’49

Alba Sgariglia es licenciada en Filosofía y Teología. Desde 1975, año anterior a su ingreso en el Movimiento de los Focolares, trabajó en el Centro de Estudios de los Focolares, junto a la fundadora, Chiara Lubich.

¿En qué consistía tu trabajo en el Centro de Estudios?

Iba a la biblioteca de Florencia para hacer fotocopias de fragmentos de escritos de los Padres griegos, que luego traducíamos en casa para buscar, entre muchas páginas y páginas, esas pequeñas frases que podían servir a Chiara Lubich como confirmación de sus inspiraciones. Por aquel entonces trabajaba con Marisa Cerini, que me decía: Para nosotros, construir el «Que todos sean uno» significa adentrarnos en el pensamiento de los Padres griegos e intentar comprender, a partir de ahí, cuál ha sido la luz del carisma que Chiara recibió.
En los años siguientes también impartí clases de religión en institutos de Roma. Después entré en el gobierno de la Obra para ocuparme del aspecto de la cultura y, posteriormente, en la Escuela Abba, que Chiara fundó en 1991 para estudiar los apuntes del llamado periodo del Paraíso ‘49. Por último, en 2014, María Voce Emmaus, entonces presidenta del Movimiento de los Focolares, me confió el Centro Chiara Lubich, creado para custodiar, estudiar y promover la figura de Chiara.

¿Qué representa este texto recientemente publicado?

El Paraíso ‘49 es un texto que se publica póstumamente, porque fue escrito, tratado y redactado por Chiara Lubich mientras vivió. Ella quiso describir la experiencia mística que había vivido entre los años 1949 y 1951, acompañándola de notas para facilitar su comprensión, con el fin de entregar al grupo de estudiosos de la Escuela Abba un texto accesible, que pudiera servir para la investigación. El texto contiene una experiencia mística que Chiara siempre dijo que no podía tenerla para sí misma. Luego, animada por muchos, comprendió que podía ser un texto comprendido y utilizado también por otras personas del Movimiento.

Ella misma, por ejemplo, a principios de la década de 2000 explicó a los jóvenes del Movimiento la esencia de esta experiencia suya. Finalmente, se dio cuenta, poco a poco, de que la experiencia recogida en el texto podía compartirse también con personas de otras religiones: a lo largo de los años se han realizado simposios con hindúes, budistas y musulmanes, a quienes ella ofreció algunos pasajes del Paraíso’49. Incluso se ha hecho la experiencia de diálogo sobre el texto con personas sin referencia religiosa, quienes han ofrecido reflexiones mucho más profundas de lo que nosotros mismos podríamos haber imaginado, subrayando que es un texto de gran valor. Muchos fundadores de carismas han recibido esta posibilidad de comprender la obra que estaban llevando a cabo, a través de las llamadas «visiones intelectuales» en las que se percibe con el intelecto lo que Dios te está haciendo entrever.

Pero al ser un lenguaje místico, ¿no resulta difícil de entender para la gente común?

El lenguaje místico es un género literario particular, no es poesía, ni teatro, ni literatura, ni teología. Por ejemplo, a veces pueden surgir dificultades a nivel teológico, porque el místico busca palabras que no encuentra, intenta expresar lo inexpresable: un ejercicio difícil, tanto que Chiara misma, a menudo, mientras releíamos estos pasajes, nos preguntaba: «Pero ¿cómo pude escribir estas frases? ¿Qué significan? ¿Por qué escribí esto?».

Eso confirma que, en estas situaciones, los fundadores intentan expresar lo que «ven» utilizando las categorías culturales y los conceptos que tienen, a veces inadecuados. Por ejemplo, en el Paraíso ’49 hay referencias a la Divina Comedia porque Chiara la conocía, o a los filósofos, por ejemplo, Kant, a quien ella había estudiado. También el marco externo puede influir: Chiara y sus primeras compañeras iniciaron esta experiencia en las montañas del Trentino, en Tonadico, donde la naturaleza habla por sí misma con su belleza. Esto también la ayudaba a expresar cosas que percibía por primera vez en su vida.

Durante estos 18 años desde la muerte de Chiara se han publicado libros que pueden aclarar el contexto de la aventura del Paraíso ’49…

Se siguió profundizando en el texto a través de diferentes ámbitos disciplinarios, con el método que Chiara nos había dejado, es decir, examinar las cosas con «Jesús en Medio». Creo que en este volumen se puedan identificar tres valores característicos: el primero es un valor didáctico, porque enseña cómo vivir el carisma de la Unidad, ofrece una clave de lectura vital; el segundo valor se puede definir artístico-literario, porque el texto presenta muchos géneros literarios: diarios, cartas, escritos, apuntes; por último, el tercero, el aspecto doctrinal, porque el texto tiene, sin duda, una orientación teológica. De hecho, es una experiencia mística que ayuda a comprender, por un lado, las realidades del Cielo: Dios, la Trinidad, el Verbo, María, la Creación, el infierno, el paraíso; y por otro, la encarnación del carisma en una Obra que se fundaría en los años siguientes, es decir, después de los años 1949-1951. Cada vez que se leen estos textos de mística, se comprenden cosas nuevas. Es lo que me pasa también a mí: cada vez que leo estas páginas comprendo cosas nuevas, tanto a nivel intelectual como espiritual.

Al leer el texto, ¿en algunos pasajes Chiara parece un poco presuntuosa?

Hay que entender por qué Chiara dice esas cosas de esa manera. Digamos que es como si Dios, para expresar categorías inexpresables a través de una criatura humana, se identificara con esa criatura, mirando las cosas a través de sus ojos. Por eso Chiara se encuentra escribiendo: ‘hoy yo soy la paternidad universal’. Pero ella misma se pregunta: ¿qué significa esto? En ese momento ella se identifica con esa realidad, para poder expresarla. En las notas a pie de página, ella misma comenta y explicita su asombro, y la alegría de ver que otros fundadores habían vivido más o menos lo mismo.

¿Qué recomendación de lectura darías?

Yo diría: toma este libro y léelo cuando y como quieras, en cualquier momento. Algún pasaje que no te quede claro o que sea más complejo, puedes consultarlo con otros, o con un experto. Pero te sugiero que no te dejes condicionar, porque este texto le habla directamente a la persona. Abrámoslo al azar y leamos la página que nos salga. Comprenderemos lo que necesitamos en ese momento porque, a pesar de alguna dificultad, el texto penetra en nosotros profundamente. Es una experiencia mística, «participable», en cierto modo. Esta es la novedad, como Chiara misma nos explicó. Ella siempre hizo lo posible para que todos participaran de su experiencia y este volumen nos ofrece esa oportunidad.

Giulio Meazzini
Entrevista publicada originalmente en Città Nuova
Foto: © Francesco Frascella