Movimiento de los Focolares

Terremoto en Abruzzo: una experiencia que cambia la vida

Mucho más que solidaridad “Entre el polvo de L’Aquila se respiró mucha humanidad – nos cuenta Humberto, voluntario de la unidad de rescate alpina, comprometido en las operaciones de salvamento entre los escombros -. Se derrumbaron prejuicios, presunciones, arrogancia y parecía que sólo hubiese quedado la “pureza” del hombre, como si apenas nos hubiesen creado. Había mucho más que sólo solidaridad: la humanidad de todos emergió en su espléndida grandeza”. Una experiencia que te cambia. Marta, de diecinueve años y estudiante de ingeniería civil de la Universidad de L’Aquila, no puede evitar conmoverse: “Es una experiencia que te cambia. Sólo Dios queda. Lo sabía, lo creía, pero ahora lo he experimentado. ¿De qué sirvió programar la vida? Ahora vivo un día a la vez, es más, un instante a la vez”. El domingo 5 de abril el temblor, de las 11 de la noche fue acompañado por un bramido.  Marta se asustó mucho. Ni ella ni sus compañeras sabían qué hacer, a pesar de que la casa que alquilan, construida en los años noventa, parecía segura. Llamaron por teléfono a sus respectivos padres. Parecería que se hubieran puesto de acuerdo en la respuesta: no se preocupen, no tiene sentido exagerar, piensen más bien en estudiar. ¿Quién sabe cuántos remordimientos, a pesar de que sus hijas lograron salvarse. Chiara, 24 años, cursa odontología, recuerda muy bien el temblor de las 10:45 de la noche. Estaba hablando por teléfono con Lisa: ¡qué susto! Las otras estudiantes de las respectivas habitaciones ya habían abandonado L’Aquila. Solas en dos casas. Deciden dormir juntas, “¿Voy a tu casa? “¿Vienes tú a la mía?”. Menos mal que Chiara fue donde su amiga. Su casa estaba ubicada en una de las zonas que quedaron más afectadas. Reconstruir. También por dentro No se puede olvidar otra tipo de reconstrucción. La de las muchísimas personas traumatizadas por el sisma. Las crisis de pánico, el estado de ansiedad y de inseguridad, la dificultad de administrar la cotidianidad y de proyectar se ven acompañados con frecuencia por insomnio y falta de reactividad. Los síntomas del trauma duran meses, cuando no quedan permanentes. “Saberlos dominar – nos explica Giuseppe Riccio, neurólogo, dirigente de psiquiatría de la Asl de Teramo, que trabaja con los damnificados – es posible, pero no es suficiente el apoyo de la psicoterapia y de las medicinas. Sirven contextos ricos en relaciones. Entonces los daños del trauma sí pueden ser reversibles”. En esta crucial reconstrucción interior, la generosidad y el calor humano de grupos, movimientos y asociaciones pueden ser de mucha ayuda». Como ya se está viendo mientras todavía la tierra sigue temblando. Los testimonios han sido publicados en Cittá Nuova n.8 del 25.04.2009

Un comunicador al servicio de un gran ideal

Publicamos algunos fragmentos de la ponencia de Nedo Pozzi sobre la figura de “Giordani comunicador”, realizada el18 de abril, día del 29º aniversario del nacimiento al Cielo de “Foco”, durante el reciente congreso de NetOne Italia.

Hace veintinueve años Igino Giordani, a quien Chiara y todos nosotros llamábamos Foco, estaba dejando esta tierra. (…) Para Giordani, una de las figuras más representativas del siglo XX italiano, tiene lugar. en el ápice de la fama y de una actividad frenética, el evento que conduce su vida hacia una nueva experiencia espiritual, que abarca todo su ser.

Es el encuentro con Chiara Lubich, en septiembre de 1948. Con ella empieza una relación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, las vicisitudes mismas de mi vida, parecían que estaban dirigidas hacia esta meta…Podría decir que antes buscaba; ahora he encontrado”. (…)

Y fue precisamente a partir de aquel encuentro entre Chiara y Giordani de 1948 que comenzó a florecer una renovación radical del vivir, del pensar, del interactuar social en todos los sentidos, también en lo político, también en lo mediático…

Giordani es un personaje extremadamente poliédrico, pero hoy lo miramos sobre todo como comunicador al servicio de un gran ideal: la humanidad como familia.

Su compromiso como hombre de los medios de comunicación es impresionante: 4000 artículos en 49 medios de prensa italianos y de otros países, fundador de varios periódicos, director de dos diarios y de otros 10 periódicos, autor de más de 100 libros (un promedio de casi dos por año) para un total de 26.000 páginas, traductor de los principales idiomas, sin contar los ensayos, los folletos, las cartas y los discursos. Por tres décadas se mantuvo activo en el fermento político y cultural, nacional e internacional, encendiendo luces proféticas sobre los acontecimientos con frecuencia dramáticos del siglo XX. Además de su pluma, de escritor de pura cepa, su don mediático más impresionante era la palabra, el don de una conversación que a través de la belleza y la propiedad del discurso y de una sutil ironía, transmitía ideas contracorriente, de una altura insólita.

Y he aquí algunas frases de este artista de la palabra, de este político “ingenuo” y “demasiado cristiano”. He aquí algunas perlas de sus escritos sobre la comunicación:

“Si para el hombre ser es pensar, vivir es comunicar.”

“El comunicador está llamado a iluminar, no a oscurecer. …Debería renovarse cada día, proveerse de ideas a cada momento. … Puede ser que el comunicador no tenga ni un centavo en el bolsillo, pero si tiene una idea en la cabeza, una llama en el corazón, vale en el mercado más que un financista.”

“El amor lo es todo; sin el amor todo es nada: la comunicación puede y debe alimentar esta verdad que es el único cemento social duradero, antes de que el miedo, madre de la atómica, tome la delantera.”

“El comunicador es el constructor más directo de una ciudad nueva”.

“La humanidad se mata siempre por las mismas razones… Por ejemplo dice: ‘Si vis pacem, para bellum’ (‘Si quieres la paz prepara la guerra’ -n.d.t.) . Pero para nosotros es otra la verdad. Si quieres la paz, prepara la paz. Si preparas la guerra, los fusiles a un cierto punto dispararán ellos solos… Si queremos alcanzar la paz, debemos comenzar a construirla entre nosotros… porque la paz empieza verdaderamente por cada uno de nosotros”. Estas mismas palabras las pronunció en el Parlamento el 21 de diciembre de 1950.

Y para finalizar, ¿qué diría hoy Giordani si le preguntáramos qué debemos hacer concretamente?

“Abrir el corazón como una concha para recoger la voz de la humanidad y poner a circular el amor y la riqueza – el bien y los bienes – suprimiendo los obstáculos de raza y de clases, las fronteras del espíritu, los peajes de la felicidad… Ver en el hombre, quienquiera que sea, un hermano…”.

Es una propuesta y una invitación que data de 1961 pero que siento es siempre actualísima, y que me interroga cada mañana, cada vez que encuentro a alguien o que me siento frente a la computadora para hacer mi… y su deber.

Nedo Pozzi

Abril 2009 – Con los ojos abiertos

 

¿Observaste cómo en general no vives la vida sino que la arrastras en espera de un “después”, en el que tendría que llegar lo “bello”?
El hecho es que un “después-bello” tiene que llegar, pero no es lo que esperas.
Un instinto divino te lleva a esperar a alguien o algo que pueda satisfacerte. Y piensas tal vez en el día de fiesta, o en el tiempo libre, o en un encuentro particular… pero pasados éstos, no quedas satisfecho, al menos plenamente. Y retomas el tran tran de una existencia vivida sin convicción, siempre en espera.
La verdad es que, entre los elementos que componen también tu vida, hay uno del que nadie puede escapar; es el encuentro cara a cara con el Señor que viene. Esto es lo “bello” a lo que inconscientemente tiendes, porque estás hecho para la felicidad. Y la felicidad plena te la puede dar solamente Él.
Y Jesús, sabiendo que tú y yo estamos ciegos en esta búsqueda, nos amonesta:

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Vigilen. Estén bien atentos. Estén despiertos.
Porque hay muchas cosas de las que no estás seguro en el mundo, pero de una ciertamente no puedes tener dudas: de que un día tienes que morir. Y esto para el cristiano significa presentarse delante de Cristo que viene.
Puede ser que también tú seas como la mayoría que quiere olvidarse de la muerte, a propósito. Tienes miedo de ese momento y vives como si no existiera. Dices con tu vida terrenal, con el enraizarte cada vez más en ella: la muerte me hace temblar, por lo tanto, no existe. En cambio, ese momento vendrá. Porque Cristo seguramente viene.
Con estas palabras Jesús entiende su venida en el último día. Así como subió al Cielo entre los apóstoles, volverá.
Pero estas palabras quieren decir también la venida del Señor al final de la vida de cada hombre. Además, cuando el hombre muere, para él, el mundo terminó.
Y ya que no sabes si Cristo viene hoy, esta tarde, mañana, o dentro de un año o más, debes estar alerta. Justamente como aquellos que están despiertos porque saben que los ladrones vendrán a desvalijar su casa, pero no saben la hora.
Y, si Jesús viene, quiere decir que esta vida es pasajera. Y si es así, más que desvalorizarla, tienes que darle la máxima importancia. Debes prepararte para ese encuentro con una vida digna. (…)

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Ciertamente, hace falta que tú también estés atento. Tu vida no es solamente un pacífico sucederse de actos. Es también una lucha. Y las tentaciones más variadas, como las sexuales, las de la vanidad, las del apego al dinero, las de la violencia, son tus primeros enemigos.
Si vigilas siempre, no te dejarás tomar por sorpresa. Vigila bien quien ama. Es propio del amor vigilar. Cuando se ama a una persona, el corazón vigila siempre esperándola, y cada minuto que pasa sin ella es en función de ella.
Así hace una esposa amorosa cuando se esfuerza, o prepara cuanto puede servir a su esposo ausente: hace todo pensando en él. Y cuando llega, en su saludo exultante está todo el alegre trabajo del día.
Así hace una madre, cuando toma un pequeño descanso durante la asistencia de su hijo enfermo. Duerme, pero su corazón vigila.
Así actúa quien ama a Jesús. Hace todo en función de Él, a quien encuentra en las simples manifestaciones de su voluntad de cada momento, y a quien encontrará solemnemente el día en el que vendrá.
Es el 3 de noviembre de 1974. Se concluye en Santa María, en el sur de Brasil, un encuentro espiritual de 250 jóvenes, de las cuales la mayor parte proviene de la ciudad de Pelotas. El primer ómnibus, con cuarenta y cinco personas, parte: muchas canciones, mucha alegría, mucho amor a Jesús. En un momento del viaje, algunas chicas dicen juntas el rosario con los misterios dolorosos y le piden a la Virgen la fidelidad a Dios, hasta la muerte.
En una curva, por un desperfecto mecánico, el colectivo cae en un barranco de unos cincuenta metros, y vuelca tres veces. Mueren seis chicas.
Una sobreviviente dice: “Vi la muerte de cerca, pero no tuve miedo, porque Dios estaba allí”. Otra: “Cuando me di cuenta de que podía moverme, en medio de los hierros retorcidos, miré el cielo estrellado y, arrodillada entre los cuerpos de mis compañeras, recé. Dios estaba allí al lado nuestro…”. El padre de Carmen Regina, una de las víctimas, contó que su hija a menudo repetía: “Es hermoso morir, papá, se parte para estar junto a Jesús”.

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Las jóvenes de Pelotas, porque amaban, vigilaban, y cuando llegó el Señor fueron a recibirlo con alegría.

Chiara Lubich

Marzo 2009

 

El espectáculo más absurdo que puedes observar en este mundo es, por una parte la presencia de hombres desorientados, siempre en busca de algo, que, en las inevitables pruebas de la vida, sienten con angustia la necesidad de ayuda y el sentimiento de orfandad, y, por otro lado la realidad de Dios, Padre de todos, cuyo mayor anhelo es usar su omnipotencia para satisfacer los deseos y las necesidades de sus hijos.
Es como un vacío que reclama ser llenado. Es como un lleno que pide un vacío. Pero no se encuentran.
La libertad de la que el hombre está dotado puede causar también este daño.
Pero Dios no cesa de ser Amor para los que lo reconocen.
Escucha lo que dice Jesús:

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

Aquí tienes una de esas palabras ricas en promesas que, de vez en cuando, Jesús repite en el Evangelio. A través de ellas te enseña, con matices y explicaciones distintas, cómo obtener lo que necesitas.
(…)
Sólo Dios puede hablar así. Sus posibilidades son ilimitadas. Tiene en su poder todas las gracias: las de esta tierra, las espirituales, las posibles y las imposibles.
Pero, escucha bien.
El te sugiere “como” tienes que presentarte al Padre para pedírselas. Dice: “en mi nombre”.
Si tienes un poco de fe estas tres breves palabras tendrían que darte alas.
Mira, Jesús, que ha vivido entre nosotros, conoce las infinitas necesidades que tienes tú y que tenemos todos, y siente pena por nosotros. Y por eso, en la oración se ha puesto Él de intercesor y es como si te dijese: “Ve al padre de mi parte y pídele esto y esto y después aquello”. Él sabe que el Padre no puede decirle que no. Es su hijo y es Dios.
Tú no vas al Padre en tu nombre, sino en nombre de Cristo. El embajador, como se suele decir, es sólo un mensajero.
Cuando vas al Padre, en nombre de Cristo, actúas como un simple mensajero.
Los asuntos se resuelven entre los dos interesados.
Así es como rezan muchos cristianos que podrían dar testimonio de las innumerables gracias que han recibido. Son una demostración de que la paternidad de Dios, atenta y amorosa, cuida de ellos cada día.

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

Pero puede ser que ahora tú me digas: “He pedido y pedido en nombre de Cristo, y no he obtenido”.
Puede ser. Te decía más arriba que Jesús, en otros pasajes del Evangelio en los que invita a pedir, da más explicaciones que quizá se te han escapado.
Dice, por ejemplo, que obtiene quien “permanece” en Él, que quiere decir en su voluntad.
(…)
Puede ser que tú pidas algo que no forma parte del designio que Dios tiene para ti, y por tanto Él no lo vea útil para tu existencia en la tierra o en la otra vida, o incluso lo considere perjudicial.
¿Cómo te va a escuchar Él, que es tu padre, en estos casos? Te engañaría. Y esto no lo hará nunca.
Entonces será útil que, antes de orar, te pongas de acuerdo con Él y le digas: “Padre, yo te pido esto en nombre de Jesús, si crees que es bueno”.
Y si la gracia que pides forma parte del plan que Dios con su amor ha pensado para ti, se cumplirá la palabra:

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

También puede ser que tú pidas gracias, pero que no tengas la más mínima intención de adecuar tu vida a lo que Dios te pide.
¿Te parecería justo que Dios te escuchase también en este caso? Él no quiere darte sólo un don, sino la felicidad plena. Y ésta se obtiene tratando de vivir los mandamientos de Dios, sus palabras. No basta con pensar en ellas, ni siquiera con meditarlas, hay que vivirlas.
Si haces así, lo obtendrás todo.
En conclusión: ¿quieres obtener gracias?
Pide cualquier cosa en nombre de Cristo, atendiendo antes que nada a su voluntad, con la decisión de obedecer la ley de Dios.
A Dios le hace feliz conceder gracias; pero somos nosotros los que, por desgracia, le cerramos las manos la mayoría de las veces.

Chiara Lubich

El Evangelio vivido “irradia luz”

He aquí algunos frutos de la Palabra. Pero todos los frutos aquí citados tienen su origen en un hecho. Como sabemos, la Palabra de Dios no es como las otras, no sólo puede ser escuchada, sino que tiene el poder de realizar lo que dice. La Palabra, que es una presencia de Cristo, genera a Cristo en nuestra alma y en las almas de los demás. Es verdad: también antes de vivir la Palabra con radicalidad, si somos cristianos, tenemos la vida de Cristo en nosotros y con ella, sin dudas, la luz de Dios y también el amor, pero a menudo están encerradas, como en una crisálida. Viviendo el Evangelio el amor irradia luz y la luz hace crecer el amor: la crisálida empieza a moverse, hasta que sale la mariposa. La mariposa es el pequeño Cristo que empieza a tomar lugar en nosotros y después crece cada vez más… para llenarnos cada vez más de Él. Existe una magnífica descripción de Pablo VI sobre los efectos de la Palabra “¿Cómo se puede presentar a Cristo en las almas? A través del vehiculo y de la comunicación de la Palabra (…) pasa el pensamiento divino, pasa el Verbo, el Hijo de Dios hecho Hombre. Se podría afirmar que el Señor se encarna dentro de nosotros, cuando nosotros aceptamos que su Palabra venga (…) a vivir dentro de nosotros” .   Tomado de: Vivere. La Parola che rinnova – Editorial Città Nuova, Roma 2008

México: en fiesta y en oración

México: en fiesta y en oración

Son numerosas las iniciativas en todo el mundo para recordar a Chiara Lubich y seguir viviendo su herencia. En este espacio abrimos un zoom sobre México. Está todavía vivo en muchos el recuerdo de la visita de Chiara a México, en junio de 1997. Especialmente aquel encuentro en el Santuario de la Ciudad de México en el cual se benera a la Virgen de Guadalupe, la Morenita, mestiza como lo es la mayoría de la población. También en Guadalajara, el 14 de marzo, se celebrará una misa solemne que será transmitida en directo por la red satelital Mariavisión. En Santa Cruz, región de mayoría indígena, la comunidad se reunirá en oración por Chiara, siguiendo ritos ancestrales, por 9 días. Al décimo día se celebrará una misa en lengua Náhuatl de los Aztecas (antiquísima civilización mexicana) y la misma con la que Virgen de Guadalupe se dirigió a Juan Diego cuando se le apareció. Participarán los adherentes del Movimiento de las 32 comunidades indígenas de la zona. El canal Mariavisión, además de la misa en la Catedral de Guadalajara, transmitirá un programa sobre la vida, el carisma y la obra de Chiara. Otras iniciativas en México PUEBLA -26/3 Evento Cultural, con  la participación de diversos exponentes de la cultura,  de otras religiones y del mundo del arte – 19.00 horas – Palacio Municipal. PUEBLA – 28/3 S. Misa en la Catedral – 18:00 horas; preside S. Em. Mons. J. Trinidad Medel, vicario de la Arquidiócesis de Puebla y delegado para los Laicos. NETZAHUALCOYOTL – 20/3 S. Misa en la Catedral – 19.00 horas; preside el Obispo S. Em. Mons. Carlos Garfias. CIUDAD DE MÉXICO – 26/3 Homenaje a Chiara, en el IMDOSOC, Instituto Mexicano de Doctrina Social de la Iglesia – 19,00 horas – testimonios de varias personas del ámbito  político, religioso y cultural. SANTA CRUZ – 6-15/3 Ritos tradicionales – 9 días en oración  por Chiara; al 10º día, S. Misa en lengua Náhuatl con pertenecientes de las 32 comunidades indígenas de la zona. (Nota: El Náhuatl es el idioma hablado por los Aztecas y por la Virgen de Guadalupe cuando se dirigió a Juan Diego). CIUDADELA EL DIAMANTE – 22/3 Tarde dedicada a Chiara – Bendición de la Cruz – 13,00 horas; según las usanzas del lugar, la Cruz, enalzada de la tierra como símbolo de la resurrección, se llevará en procesión, mientras se esparcirán pétalos de flores a lo largo de la calle, como signo del camino definitivo hacia el Paraíso. Se plantará la cruz en el Campo Santo de la Ciudadela, al que Chiara le dio el nombre de “Resurrección”.  

México: en fiesta y en oración

Alemania: “La Fuerza del Evangelio”

Son numerosas las iniciativas en el mundo para recordar a Chiara Lubich y seguir viviendo su heredad. En este sitio abrimos un zoom sobre Alemania. Con ocasión del primer aniversario de la muerte de Chiara Lubich, quisiéramos dirigir nuestra atención nuevamente a esa fuerza que emana del Evangelio y que ha cambiado la vida de Chiara y la de tantas personas”. Es éste el compromiso que Movimientos y Comunidades de varias Iglesias de Alemania quieren reafirmar en la iglesia evangélico-luterana de Munich, el próximo 14 de marzo. Particularmente significativa la elección del lugar. En esta iglesia que el 8 de diciembre de 2001 tuvo lugar un evento importante, como se lee en la siguiente invitación: “Chiara Lubich y el Obispo evangélico Ulrich Wilckens habían dado una contribución esencial al camino de comunión entre Movimientos y Comunidades de varias Iglesias, hasta llegar al pacto de amor recíproco que fue la base del desarrollo de la gran red de “Juntos por Europa”. Intervendrán: El Metropolita Serafim Joanta, de la Iglesia Rumeno Ortodoxa El Pastor Thomas Römer, de la YMCA de Munich Padre Michael Marmann, del Movimiento de Schönstatt (München) Renata Simon y Herbert Lauenroth, del Movimiento de los Focolares (Ottmaring) Otras iniciativas en Alemania: Dresda – 14/03 Santa Misa – a las 11horas; celebra S.E. Mons. Joachim Reinelt Conmemoración en la Sala del Consejo del Land, con el patrocinio del Presidente Erich Iltgen. Hannover – 14/03 Programa conmemorativo con el Obispo luterano Christian Krause, ex – presidente de la Federación Luterana Mundial Presentación del proyecto escolar: “Fuertes sin violencia” con el apoyo de la Unión Europea, y la participación del Gen Rosso. Solingen – 14/03 Entrega del premio de la ciudad de Solingen al Centro Mariápolis “Zentrum Frieden” por su contribución al desarrollo de la ciudad. Münster – 14/03 Santa Misa – 14:30 horas – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara. Regensburg – 14/03 Santa Misa – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara. Mainz – 14/03 Santa Misa – celebra S.E. Mons. Ulrich Meymeyr – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara.

Radicalidad cristiana – Febrero 2009

 

¿Qué dice? ¡Son palabras con exigencias tremendas, radicales, jamás escuchadas!
Y, sin embrago, ese Jesús que dijo que el matrimonio es indisoluble y dio como mandato que amáramos a todos y por lo tanto particularmente a los padres, ese mismo Jesús ahora pide que pongamos en segundo lugar todos los bellos afectos de la tierra, si es que son un impedimento para el amor directo, inmediato, a Él. Sólo Dios podía pedir tanto.
Jesús, de hecho, arranca a los hombres de su modo natural de vivir y los quiere ligados antes que nada a sí mismo, para componer sobre la tierra la fraternidad universal.

Por esto, donde encuentra un obstáculo para su proyecto “corta” y en el Evangelio habla de “espada”, espiritual, se entiende. Y llama “muertos” a aquellos que no supieron amarlo a Él más que a la madre, a la esposa, a la vida. ¿Recuerdas a ese hombre que le pidió que lo dejara sepultar a su padre antes de seguirlo? Justamente a él Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”1.
Quizás ante tanta exigencia habrás temblado de miedo, quizás habrás pensado relegar estas palabras de Jesús a su tiempo, o destinarlas a los que deben seguirlo de un modo particular.
Te equivocas. Esta palabra vale para cualquier época, incluso para la actual, y vale para todos los cristianos, también para ti.
En los tiempos que corren se te pueden presentar muchas ocasiones para poner en práctica la invitación de Cristo.
¿En tu familia alguien critica el cristianismo? Jesús quiere que tú lo testimonies con la vida y en el momento oportuno con la palabra, incluso a costa de que se burlen de ti o te calumnien.
¿Eres madre y tu marido te invita a interrumpir un embarazo? Obedece a Dios y no a los hombres. ¿Un hermano te quiere agregar a una compañía con fines poco claros, o incluso reprobables? Desasóciate. ¿Algún pariente te invita a aceptar dinero poco limpio? Mantiene tu honestidad. ¿La familia entera te quiere involucrar en un laxismo mundano? Corta, para que Cristo no se aleje de ti.

“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo”.

¿Eres de una familia poco creyente y el hecho de tu conversión a Cristo produjo división? No te alarmes, es un efecto del Evangelio. Ofrece a Dios el desgarro del corazón por aquellos que amas, pero no decaigas.
¿Cristo te llamó de modo particular y ahora llegó el momento en que tu donación total requiere dejar el padre y la madre, o tal vez renunciar a la novia? Concretiza tu elección. Quien no tiene lucha, no tiene victoria.

“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo”.

“… y hasta a su propia vida”. ¿Estás en una tierra de persecución y el exponerte por Cristo pone en peligro tu vida? Ten coraje. A veces nuestra fe puede pedir también esto. No se termina nunca del todo la época de los mártires en la Iglesia.
Cada uno de nosotros, en su existencia, se encontrará ante la elección entre Cristo y todo el resto para seguir siendo auténtico cristiano. Por lo tanto, te tocará también a ti.
No tengas miedo. No tengas miedo por la vida: mejor perderla por Dios que no encontrarla jamás. La otra Vida es una realidad.
Y no tengas miedo por los tuyos. Dios los ama. Un día – si tú los sabes posponer por Él – pasará al lado de ellos y los llamará con las palabras fuertes de su amor. Y tú los ayudarás a volverse, contigo, verdaderos discípulos de Cristo.

Chiara Lubich

1. Palabra de vida de octubre de 1978, publicada en Essere la Tua Parola, Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. I, Roma 1980, p. 111-113.
2. Evangelio de Lucas, cap. 9, versículo 60.

“Me fascinaba su vida transparente”.

Soy libanesa, ortodoxa, de padre ortodoxo y madre católica. Mis padres son creyentes. En la familia nunca se le había dado importancia a la palabra ‘católico’ u ‘ortodoxo’. Era natural festejar las dos Pascuas junto con las dos familias. A los 15 años empecé a rechazar ambas religiones, también porque en Líbano, religión y política están estrechamente relacionadas. Pensaba que los hombres habían mezclado todo y no distinguía nada. Para mí Dios no podía existir y permitir la guerra y la injusticia. Fue así como perdí la poca fe que tenía.. Después de algunos años llegamos al ápice de la guerra en Líbano. Mis padres se fueron a París. Yo me quise quedar para defender mi país. Traté de entrar en el ejército; sin embargo, hastiada ya de la inutilidad de mis esfuerzos y de mí misma, obedecí a la voluntad de mis padres y los alcancé en Francia. Sin embargo mi vida allí ya no tenía ningún sentido: tenía que liberar a mi país… Para no pensar en ello, me distraje en las diversiones de la vida. Mientras tanto mi hermano había conocido y empezado a vivir el Evangelio. Su vida me fascinaba: era tan transparente. Me invitó a conocer a otras personas y fui. Era otro mundo. Veía gente que me acogía con mucho amor, muy sonriente. Volví a casa feliz, el amor estaba renaciendo dentro de mí. Comencé a frecuentar mi Iglesia, a descubrirla y amarla. Leí su historia, fui a un curso de teología. Comprendí que tenía que estar unida a ella, experimentando la ayuda de esta espiritualidad evangélica, que te hacer ir más allá de las divisiones en el respeto de las diferencias. ¡Era ésta la verdadera revolución! (S. W. – Libano)

México: en fiesta y en oración

Fieles a los valores tradicionales, pero abiertos a lo nuevo

Impresionantes fueron los testimonios de las familias de los cinco continentes contados en el momento cúlmen del Encuentro Mundial de las Familias promovido por el Pontificio Consejo para la Familia.  Desde África, la familia Simango -el padre, la madre y dos gemelos de 14 años- vive en un ambiente permeado por preciosos valores tradicionales. Pero es también fuerte el riesgo de que el consumismo, con la presión de los medios de comunicación, borre todo e imponga otros modelos. Es importante educar a los hijos en el respeto de las tradiciones, pero siempre abiertos a lo nuevo… Dennis (padre) Como en tantos países de África, también entre nosotros sube continuamene el precio de las cosas mientras que los sueldos permanecen igual. Como consecuencia, cada vez hay más personas bajo el nivel de la pobreza. Nuestros mercados se llenan de productos lujosos y modernos: juegos, vestidos de todo tipo, teléfonos… y la publicidad incita a comprarlos. De este modo, en lugar de intentar combatir la pobreza creando nuevas oportunidades de desarrollo, la gente se apasiona por estas cosas y sufre porque no puede conseguirlas. Como padres sentimos el deber de enseñar a nuestros hijos a distinguir lo que es esencial en la vida y lo que no lo es, como es el caso de todas esas cosas que ellos, en un primer impulso, desearían tener. Intentamos que comprendan que la tecnología no puede sustituir nuestra buena voluntad de respetar lo que ya tenemos y que debemos comprar sólo cosas nuevas cuando es necesario. Pero más que mediante nuestras palabras, lo hacemos escuchando juntos el Evangelio. Una tarde hemos reflexionado, también con los niños, sobre las palabras de Jesús: “Cualquier cosa que hayáis hecho a uno de estos mis hermanos más pequeños, me la habéis hecho a mí”. Al día siguiente nos contamos unos a otros, de manera espontánea, cómo habíamos llevado a la práctica esta palabra y hemos visto que todos hemos podido compartir algo con los demás, pensando en dárselo a Jesús. Yo había dado el tiempo del descanso de la comida a un alumno con dificultades; mi mujer había dado arroz a una vecina que no tenía nada; los niños habían prestado uno el lápiz y el otro la goma a sus compañeros. Al contarnos estas cosas, los más felices eran los niños, que habían comprendido que no es necesario ser ricos para poder compartir. Margaret (14 años) En el colegio nos dan sólo la comida básica, no siempre suficiente. El año pasado, muchos de mis compañeros se quejaban de hambre y con frecuencia yo les daba todo lo que había traído de casa. Al regresar a casa por las vacaciones, mi madre se dio cuenta de que estaba un poco delgada. Cuando supo el motivo, me recomendó no dar de lo necesario para vivir pero me ha dado otras cosas para que pudiera compartirlas. Modesta (madre) En nuestra cultura, compartir está considerado un gran valor, como dice un antiguo proverbio africano: “…A diferencia de un pedazo de tela, la comida no es nunca tan poca que no se pueda compartir.” Pero con la influencia de los medios de comunicación, muchos han comenzado a pensar que es mejor retener para uno mismo todo lo que se posee. Otro peligro ligado al uso incontrolado de la Televisión son las telenovelas y los dibujos animados de importación, que ofrecen modelos de vida muy distintos a los de nuestra cultura, sobre todo en lo que respecta al consumismo y a las relaciones entre hombres y mujeres. En familia hemos acordado unas reglas, por ejemplo nada de televisión durante los días de colegio y en los fines de semana y en las vacaciones sólo dos horas al día y teniendo cuidado con los programas que se ven. A veces conseguimos DVDs, procurando que sean buenos, los cuales luego los intercambiamos con las familias de los diversos grupos que atendemos, sea en nuestra ciudad o en las zonas rurales. Pero sobre todo hablamos con los jóvenes sobre lo que han visto, a fin de suscitar en ellos un sentido crítico adecuado, “para poder discernir –como enseña San Pablo- la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12,2). Mario (14 años) Cuando estaba en el colegio estaba impaciente por regresar a casa para pasar todo el tiempo ante el televisor. Hablando con mi familia, he comprendido que no es ésta la verdadera libertad y que la televisión a veces puede convertirse en una trampa. Así he aprendido a pasar incluso varios días sin encenderla. Modesta ¡Oh María, que eres la reina de África!, tú sabes que es una tierra rica en recursos, pero que atraviesa por grandes dificultades: pobreza, desnutrición, sida, epidemias, conflictos y guerras. Danos gobernantes sabios y mantennos fieles a aquella cultura de la vida que nos han enseñado nuestros padres. Ayúdanos a vivir y a transmitir a nuestros hijos la buena noticia del Evangelio, compendio de valores humanos y cristianos, que nos hace hijos tuyos y hombres nuevos.

Enero de 2009

¿Alguna vez estuviste en una comunidad viva de cristianos realmente auténticos? ¿Alguna vez asististe a una asamblea entre ellos? ¿Penetraste en su vida? Si es así, habrás notado que se distribuyen muchas funciones entre aquellos que la componen: quien tiene el don de hablar y te comunica realidades espirituales que te tocan el alma; quien tiene el don de ayudar, de asistir, de proveer y te hace maravillar ante los éxitos alcanzados en beneficio de cuantos sufren; quien enseña con tanta sabiduría que te infunde una fuerza muy nueva en la fe que ya posees, quien tiene el arte de organizar, quien de gobernar, quien sabe comprender a aquellos a los que se acerca y es distribuidor de consuelo a los corazones que lo necesitan. Sí, todo esto lo puedes experimentar, pero sobre todo lo que te impresiona de una comunidad tan viva es el único espíritu que caracteriza a todos y te parece que sientes aletear y hace de esa original sociedad un unum, un solo cuerpo.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

Incluso Pablo, y particularmente él, se encontró frente a comunidades cristianas vivísimas, suscitadas justamente por su extraordinaria palabra.
Una de éstas era aquella, joven, de Corinto, en la cual el Espíritu Santo no había sido parco en el difundir sus dones o carismas, como se les dice; es más, en ese tiempo se manifestaban extraordinarios, por la especial vocación que tenía la Iglesia naciente.
Sin embrago, esta comunidad, habiendo hecho la experiencia exaltadora de los distintos dones dados por el Espíritu Santo, había conocido también rivalidades o desórdenes, justamente entre aquellos que habían sido beneficiados. Fue necesario entonces dirigirse a Pablo, que estaba en Éfeso, para obtener aclaraciones.

Pablo no vacila, y responde con una de sus extraordinarias cartas, explicando cómo debían ser usadas estas gracias particulares.
Explica que existe diversidad de carismas, diversidad de ministerios, como el de los apóstoles o de los profetas o de los maestros, pero que uno solo es el Señor del que provienen. Dice que en la comunidad existen operadores de milagros, de curaciones, personas llevadas de modo excepcional a la asistencia, otras al gobierno, como existe quien sabe hablar lenguas, quien las sabe interpretar, pero agrega que uno solo es el Dios en el que se originan.

Y entonces, como los distintos dones son expresiones del mismo Espíritu Santo, que los infunde libremente, no pueden no estar en armonía entre ellos, no pueden no ser complementarios. Éstos no son para el goce personal, no pueden ser motivo de enorgullecimiento o de afirmación de sí mismo, sino que se dan para una finalidad común: construir la comunidad; su finalidad es el servicio. No pueden, por lo tanto, generar rivalidades o confusión.

Pablo, aun pensando en los dones particulares que tenían que ver justamente con la vida de la comunidad, es de la idea de que cada miembro tiene su capacidad, su talento para hacer fructificar para el bien de todos, y cada uno debe estar contento con el propio.
Él presenta a la comunidad como un cuerpo y se pregunta: si el cuerpo fuera todo ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si fuera todo oído, ¿dónde el olfato? En cambio, Dios dispuso los miembros de modo diferente en el cuerpo, como Él quiso. Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? En cambio:

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo”.

Si cada uno es diferente, puede ser un don para los demás, y así ser sí mismo y realizar el propio designio de Dios en relación con los otros.
Y Pablo ve en la comunidad, en la que los distintos dones funcionan, una realidad a la que da un espléndido nombre: Cristo. El hecho es que ese original cuerpo que componen los miembros de la comunidad es verdaderamente el Cuerpo de Cristo. En efecto, Cristo sigue viviendo en su Iglesia y la Iglesia es su cuerpo. En el bautismo, de hecho, el Espíritu Santo incorpora a Cristo al creyente, que es inserto en la comunidad. Y allí todos son Cristo, se borra toda división, se supera toda discriminación.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

Cuando el cuerpo es uno, los miembros de la comunidad cristiana actúan correctamente su manera de vivir, es decir, realizan entre ellos la unidad, aquella unidad que supone la diversidad, el pluralismo. La comunidad no se asemeja a un bloque de materia inerte sino a un organismo viviente con diversos miembros.
El provocar las divisiones es, para los cristianos, hacer lo contrario a lo que deben.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

¿Cómo, vivirás, entonces, esta nueva Palabra que la Escritura te propone?
Hace falta que tengas un gran respeto por las diferentes funciones, por los dones y los talentos de la comunidad cristiana.
Será necesario que dilates el corazón sobre toda la variada riqueza de la Iglesia y no sólo sobre la pequeña Iglesia que frecuentas y te es conocida, como la comunidad parroquial o la asociación cristiana a la que estás ligado, o bien al movimiento eclesial del que eres miembro, sino sobre toda la Iglesia, en sus múltiples formas y expresiones.
Debes sentir tuyo el todo, porque eres parte de este único cuerpo. Y así debes hacer para con cada miembro del cuerpo espiritual. (…)
Por todos debes tener la misma estima, hacer tu parte para que puedan ser útiles a la Iglesia en el mejor de los modos.
(…) Mientras tanto, no desprecies lo que Dios te pide allí donde estás, aunque el trabajo cotidiano te pueda parecer monótono y sin un gran significado: pertenecemos todos a un mismo cuerpo, y, como miembro, cada uno participa de la actividad del cuerpo entero, permaneciendo en el lugar que Dios eligió para él.
Además, lo esencial es que tú poseas ese carisma que, como dice Pablo, supera todos los demás, y es el amor: el amor para con cada hombre que encuentras, el amor para con todos los hombres de la tierra.
Es con el amor, con el amor recíproco, que los muchos miembros pueden ser un solo cuerpo.

Chiara Lubich

Esta Palabra de vida fue publicada en enero de 1981.
Referencia a la 1º Carta a los cristianos de Corinto, en el cap. 12, versículos del 17 al 19.

7 de diciembre de 1943: Aquel «Sí para siempre»

Era el 7 de Diciembre de 1943. He aquí como ella misma recuerda aquel momento,cuando, muy temprano, sola, fue al Colegio Seráfico de los Capuchinos: allí, en la capilla, la esperaba un sacerdote. En el momento de la comunión había pronunciado su sí para siempre a Dios, roca de la cual todo comenzó: “Imagínense a una joven enamorada: enamorada por aquel amor que es el primero, el más puro, aquel que todavía no se ha declarado, pero que empieza a quemar el alma. Con una sola diferencia: la joven que se enamora así, en el mundo, tiene en los ojos el rostro de su amado; pero esta en cambio no lo ve, no lo siente, no lo toca, no advierte su perfume con los sentidos del cuerpo, sino con los del alma, a través de los cuales el amor ha entrado en ella y la ha totalmente invadida. De aquí nace una alegría característica, difícil de volver a saborear en la vida, alegría secreta, serena, exultante. La pequeña iglesia estaba adornada lo mejor posible. En el Altar, en el fondo, se erguía una Virgen Inmaculada. Antes de comulgar, me di cuenta, por un instante, de lo que iba a hacer: Había atravesado un puente con la consagración a Dios; el puente se derrumbaba detrás de mí, no habría podido regresar nunca más al mundo. Yo me estaba desposando con Dios. Y era aquel Dios que, más tarde, se me habría manifestado como abandonado. Aquel “abrir los ojos” a lo que estaba haciendo – recuerdo – fue inmediato, breve – pero al mismo tiempo tan fuerte que se me cayó una lágrima sobre mi pequeño misal. Creo que hice el camino de regreso a casa corriendo. Me parece que me detuve solamente cerca, en el Obispado, para comprar tres claveles rojos para el Crucifijo que me esperaba en mi habitación, habrían sido el signo de la fiesta común”.  

El Evangelio vivido “irradia luz”

He aquí algunos frutos de la Palabra. Pero todos los frutos aquí citados tienen su origen en un hecho. Como sabemos, la Palabra de Dios no es como las otras, no sólo puede ser escuchada, sino que tiene el poder de realizar lo que dice. La Palabra, que es una presencia de Cristo, genera a Cristo en nuestra alma y en las almas de los demás. Es verdad: también antes de vivir la Palabra con radicalidad, si somos cristianos, tenemos la vida de Cristo en nosotros y con ella, sin dudas, la luz de Dios y también el amor, pero a menudo están encerradas, como en una crisálida. Viviendo el Evangelio el amor irradia luz y la luz hace crecer el amor: la crisálida empieza a moverse, hasta que sale la mariposa. La mariposa es el pequeño Cristo que empieza a tomar lugar en nosotros y después crece cada vez más… para llenarnos cada vez más de Él. Existe una magnífica descripción de Pablo VI sobre los efectos de la Palabra “¿Cómo se puede presentar a Cristo en las almas? A través del vehiculo y de la comunicación de la Palabra (…) pasa el pensamiento divino, pasa el Verbo, el Hijo de Dios hecho Hombre. Se podría afirmar que el Señor se encarna dentro de nosotros, cuando nosotros aceptamos que su Palabra venga (…) a vivir dentro de nosotros” .   Tomado de: Vivere. La Parola che rinnova – Editorial Città Nuova, Roma 2008

Dios en nuestra historia – Diciembre 2008

 

¿Lo recuerdas? Es la palabra que Jesús le dirige al Padre en el monte de los Olivos y da sentido a su pasión, seguida de la resurrección. Expresa en toda su intensidad el drama que Jesús vive en su interior. Es la laceración interior provocada por la repugnancia profunda de su naturaleza humana de frente a la muerte querida por el Padre.
Pero Cristo no esperó ese día para adecuar su voluntad a la de Dios. Lo hizo toda su vida.
Si ésta fue la conducta de Cristo, ésta debe ser la actitud de todo cristiano. También tú debes repetir en tu vida:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Tal vez hasta ahora no lo has pensado, aunque seas bautizado, aunque seas hijo de la Iglesia.
Tal vez redujiste esta frase a una expresión de resignación, que se pronuncia cuando no se puede hacer otra cosa. Pero no es ésta su verdadera interpretación.
Mira, en la vida puedes elegir dos direcciones: hacer tu voluntad o libremente elegir hacer la voluntad de Dios.
Y tendrás dos experiencias: la primera, te desilusionará pronto, porque quieres treparte al monte de la vida con tus ideas limitadas, con tus medios, con tus pobres sueños, con tus fuerzas.
De aquí, antes o después, la experiencia de la rutina de una existencia que conoce el aburrimiento, lo inacabado, lo opaco y, a veces, la desesperación.
De aquí, una vida chata, aunque quieras hacerla colorida, que no te satisface nunca en lo íntimo, lo más profundo de ti.
De aquí, al final, una muerte que no deja huella: alguna lágrima y el inexorable total universal olvido.
La segunda experiencia: aquella en la que repites también tú:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Verás: Dios es como sol. Del sol parten muchos rayos que besan a cada uno de los hombres. Son la voluntad de Dios sobre ellos. En la vida, el cristiano, y también el hombre de buena voluntad, está llamado a caminar hacia el sol, en la luz de su propio rayo, diferente y distinto de todos los demás. Y cumplirá el maravilloso, particular designio que Dios tiene sobre él.
Si también tú haces así, te sentirás envuelto en una divina aventura jamás soñada. Serás actor y espectador al mismo tiempo de algo grande, que Dios obra en ti y, a través de ti, en la humanidad.
Todo lo que te suceda, como dolores y alegrías, gracias y desgracias, hechos notables (éxitos y buena suerte, accidentes o muertes de personas queridas), hechos insignificantes (el trabajo cotidiano en casa, en la oficina o en la escuela) todo, todo adquirirá un significado nuevo, porque te es ofrecido por la mano de Dios que es Amor. Él quiere, o permite, todo para tu bien. Y aunque primero lo pienses solamente por la fe, después verás con los ojos del alma un hilo de oro que liga acontecimientos y cosas y compone un magnífico bordado. El designio, justamente, de Dios sobre ti.
Tal vez esta perspectiva te atrae. Tal vez quieres sinceramente dar un sentido más profundo a tu vida.
Entonces escucha. Antes que nada te diré cuándo tienes que hacer la voluntad de Dios.
Piensa un poco: el pasado se fue y no puedes recuperarlo. No te queda más que ponerlo en la misericordia de Dios. El futuro todavía no existe. Lo vivirás cuando se vulva actual. En la mano tienes solamente el momento presente. Es en éste que debes tratar de cumplir la palabra:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Cuando quieres hacer un viaje – y la vida es también un viaje – estás tranquilo en tu asiento. No se te ocurre caminar por el vagón para adelante y para atrás.
Así haría quien quiere vivir la vida soñando un futuro que todavía no existe, o pensando en el pasado que jamás volverá.
No: el tiempo camina por sí mismo. Hace falta estar quietos en el presente y llegaremos al cumplimiento de nuestra vida aquí abajo.
Me preguntarás: ¿Cómo hago para distinguir la voluntad de Dios de la mía?
En el presente no es difícil saber cuál es la voluntad de Dios. Te indico un camino. Escucha dentro de ti: hay una voz sutil, quizás por ti sofocada demasiadas veces y que se ha vuelto casi imperceptible. Pero escúchala bien: es voz de Dios2 . Ella te dice que ése es el momento de estudiar, o de amar a quien necesita, o de trabajar, o de superar una tentación, o de seguir tu deber de cristiano, u otro de ciudadano. Ella te invita a escuchar a alguien que te habla en nombre de Dios, o a afrontar con valentía situaciones difíciles…
Escucha, escucha. No la hagas callar. Es el tesoro más precioso que posees. Síguela.
Y entonces, momento tras momento, construirás tu historia, que es historia humana y divina al mismo tiempo, porque está hecha por ti en colaboración con Dios. Y verás maravillas: verás lo que puede hacer Dios en una persona que dice, con toda su vida:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Chiara Lubich

 

(más…)

INSTITUTO SOPHIA, CONJUGAR DOCTRINA Y VIDA EN EL SIGNO DE LA UNIDAD

ZENIT ha hablado con Maria Emmaus Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares, de la idea inspiradora del «Sophia» y de sus perspectivas. El instituto Sophia, una institución de alta cultura, nace de una paradoja: «dejar los libros en el desván» de Chiara Lubich… Maria Emmaus Voce: Chiara tenía un gran deseo de conocer la verdad y esperaba conocerla a través del estudio de la filosofía. Un día sintió dentro de sí que Jesús le pedía no buscar la verdad en los libros, sino seguirle a Él que era la Verdad encarnada. Por esto optó por dejar sus libros en el desván, renunciar al sueño del estudio, para dedicarse completamente a Jesús. Sintió también que Jesús le prometía revelarle su Verdad, su Saber y de esta revelación –Jesús– extraería luego todas las consecuencias, es decir el carisma de la unidad. Precisamente de la profunda convicción de que el carisma de la unidad que Jesús donó a Chiara tiene en sí la capacidad de generar una doctrina tal que ilumina los diversos ámbitos del saber, nace hoy un instituto universitario. Sophia quiere ser un laboratorio de formación e investigación en el que se ponen en contacto las relaciones profundas entre vida y pensamiento, entre estudio y experiencia. ¿Qué significa esto concretamente? Maria Emmaus Voce: El intento de vivir la unidad entre estos aspectos significa que aquellos que se inscriben en este instituto universitario vienen ya con una condición previa, la de estar dispuestos a amar a los otros, estar abiertos a todas las personas, a prescindir de la cultura, la religión, el mundo y la raza a la que pertenecen. Los estudiantes del Sophia aceptan hacer y hacen una experiencia de vida en la que descubren que no sólo como personas pueden estar abiertas las unas a las otras, sino que incluso las propias culturas pueden estar abiertas las unas a las otras. Descubren, además, que cada disciplina está ligada profundamente a las demás y el fundamento de todo el saber es la Sabiduría, es decir la visión de Dios sobre los hombres y sobre la realidad humana. ¿Qué expectativas tanto personales como del Movimiento siente ante el nacimiento de Sophia? Maria Emmaus Voce: Deseamos formar hombres y mujeres que sepan conjugar la doctrina con la vida y sean, por tanto, capaces de ofrecer una aportación de unidad –ser hombres y mujeres constructores de unidad–, allí donde la sociedad les conduzca, a través de los propios caminos profesionales y las actividades sociales. Esperamos verdaderamente que estas personas, integradas como catalizadores en cualquier grupo social, puedan poco a poco ser un punto de atracción, un fulcro en torno al cual se construyan células de unidad que se ensanchen cada vez más en la sociedad hasta que «todos sean uno», hasta que la familia humana sea restaurada en la unidad. Esta es la oración de Jesús al Padre, es el sueño de Chiara, el nuestro y, por tanto, también el mío personal. Por Chiara Santomiero, traducido del italiano por Nieves San Martín 20.11.2008

Seguir las huellas de Jesús – Noviembre 2008

 

No creas que, porque estás en el mundo, puedes nadar en él como un pez en el agua. No creas que, porque el mundo entra en tu casa a través de ciertas radios y de la televisión, estás autorizado a escuchar cualquier programa o a ver todas las transmisiones.
No creas que, porque recorres los caminos del mundo, puedes mirar impunemente todos los afiches y puedes comprarte en el kiosco o en la librería cualquier publicación indiscriminadamente. No creas que, porque estás en el mundo, todas las formas de vivir del mundo pueden ser tuyas: las experiencias fáciles, la inmoralidad, el aborto, el divorcio, el odio, la violencia, el hurto.
No, no. Tú estás en el mundo. ¿Y quién lo puede negar? Pero tú no eres del mundo .

Y esto representa una gran diferencia. Esto te clasifica entre los que no se nutren de las cosas que son del mundo sino de aquellas que te son expresadas por la voz de Dios dentro de ti. Esa voz está en el corazón de todo hombre y – si la escuchas – te hace entrar en un reino que no es de este mundo, donde se viven el amor verdadero, la justicia, la pureza, la mansedumbre, la pobreza, donde rige el dominio de uno mismo.

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”

¿Por qué muchos jóvenes escapan a Oriente, por ejemplo, a India, para encontrar un poco de silencio y captar el secreto de ciertos grandes espiritualistas que, por larga mortificación de su yo interior, dejan transparentar un amor (…) que impresiona a todos aquellos que se les acercan? Es la reacción natural al alboroto del mundo, al ruido que vive fuera y dentro de nosotros, que ya no deja espacio al silencio para escuchar a Dios. ¡Ay de mí! ¿Hace falta ir hasta la India, cuando desde hace dos mil años Cristo te dijo: “Renuncia a ti mismo… renuncia a ti mismo…”?
La vida cómoda y tranquila no es propia del cristiano, y Cristo no pidió y no te pide menos si lo quieres seguir. El mundo te embiste como un río crecido y debes caminar en contra de la corriente. El mundo para el cristiano es tupida espesura y hay que mirar dónde poner los pies. ¿Y dónde hay que hacerlo? En las huellas que Cristo mismo te marcó a su paso por esta tierra: son sus palabras. Hoy Él vuelve a decirte:

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo…”.

Tal vez esto te exponga al desprecio, a la incomprensión, al escarnio, a la calumnia; esto te aislará, te invitará a mostrarse tal cual sos, a dejar un cristianismo a la moda. Pero hay más: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.”
Lo quieras o no, el dolor amarga cualquier existencia. También la tuya. Y pequeños y grandes dolores llegan todos los días. ¿Quieres esquivarlos? ¿Te rebelas? ¿Suscitan en ti manifestaciones de enojo? No eres cristiano.
El cristiano ama la cruz, ama el dolor, aun en medio de las lágrimas, porque sabe que tienen valor. No por nada entre los innumerables medios que Dios tenía a su disposición para salvar la humanidad, eligió el dolor.

Pero Él – recuérdalo – después de haber llevado la cruz y haber sido clavado, resucitó. La resurrección es también tu destino , si en lugar de despreciar el dolor que te procura tu coherencia cristiana y cualquier otro que la vida te presente, sabes aceptarlo con amor. Experimentarás entonces que la cruz es el camino, desde esta tierra, a una alegría jamás probada; la vida de tu alma comenzará a crecer. El reino de Dios en ti adquirirá consistencia y afuera, de a poco, el mundo desaparecerá ante tus ojos y te parecerá de cartón. Y no envidiarás más a nadie. Entonces te podrás llamar seguidor de Cristo. Y, como Cristo, a quien seguiste, serás luz y amor para las innumerables llagas que laceran a la humanidad de hoy.

Chiara Lubich

 

¿Cómo vivir el Evangelio en cada momento presente?

Viviendo el momento presente, vivo todo el Evangelio. Si las Escrituras enseñan a hacer bien las cosas pequeñas, esta es precisamente la característica del que no hace otra cosa, con todo el corazón, que lo que Dios le pide en el presente. Si uno vive en el presente, Dios vive en él y si Dios está en él, en él está la caridad. Quien vive el presente es paciente, es perseverante, es manso, es pobre de todo, es puro, es misericordioso, porque tiene el amor en su máxima y más genuina expresión; ama verdaderamente a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; está iluminado interiormente, y guiado por el Espíritu Santo y por lo tanto no juzga, no piensa mal, ama al prójimo como a sí mismo, tiene la fuerza de la locura evangélica de poner la otra mejilla, de caminar dos millas… A menudo tiene la ocasión de dar al César lo que es del César porque en muchos momentos presentes tendrá que vivir plenamente su vida como ciudadano…y así por el estilo. Quien vive el presente está en el Cristo Verdad. Y eso sacia, sacia el alma que siempre anhela poseer todo en cada momento de su vida.   (de Essere tua Parola, Città Nuova Editrice – 2008 p. 51)

México: en fiesta y en oración

Último saludo al Imán de la paz: W.D. Mohammed

“Nos comprometemos más que nunca a recorrer juntos el camino que nos han abierto nuestros dos grandes guías”, escribe la presidente de los Focolares, Emmaus María Voce a los familiares y seguidores “del queridísimo Imán W.D. Mohammed, quien ofreció su vida por la paz y la fraternidad universal”.

Una profunda amistad espiritual de más de diez años unía a Chiara Lubich y al Imán, reconocido por su autoridad moral, como el mayor líder de los musulmanes afro- americanos, fallecido en su casa en Markham, Illinois, el pasado 9 de septiembre, a la edad de 74 años.

“Las miles de personas que acudieron de todos los Estados Unidos a su funeral, le rinden homenaje – según se lee en la prensa norteamericana – al más grande líder musulmán de los Estados Unidos”. Y acota: “Grupos de musulmanes en otros tiempos heridos por divisiones internas, se ha encontrado unidos delante de un hombre que dedicó su vida a llevar la unidad”. De las impresiones recogidas entre los presentes: “El 11 de septiembre de 2001 había significado un día triste para los musulmanes. Hoy en cambio, es para nosotros un día que nos llena de orgullo” afirma un seguidor del Imán.

En 1975, sobre su lecho de muerte, su padre, Elijah Mohammed, le había confiado la conducción de la comunidad afro-americana “Nation of Islam”, fundada por él para el rescate moral y social de los afro-americanos. W.D. trabajó para guiar a sus seguidores hacia un Islam más fiel a sus raíces, subrayando la tolerancia racial y la universalidad del Islam. Se convirtió en un constructor de puentes entre los musulmanes afro-americanos y los musulmanes que emigraron a Estados Unidos de Medio Oriente y de Asia, con los cristianos, entre blancos y negros. Por su extraordinario trabajo en el campo interreligioso, en 1994 fue nombrado entre los presidentes internacionales del “World Council for Religions and Peace” (Consejo Mundial de las Religiones por la Paz).

El camino recorrido juntos por los seguidores del Imán Mohammed y Chiara Lubich comenzó en el histórico 18 de mayo de 1997 en la Mezquita Malcolm Shabazz (conocida también como Malcolm X) en Harlem, Nueva York. Era la primera vez que una mujer cristiana, blanca, tomaba la palabra en la mezquita. Tres mil musulmanes y una buena representación de los miembros del Focolar estaban presentes. Mientras Chiara contaba su experiencia cristiana, citando el Evangelio y algunas frases del Corán que ilustraban cuánto tenemos en común, fue interrumpida con frecuentes aplausos y exclamaciones “¡Dios es Grande!”. Poco después, en un encuentro privado, W.D. Mohammed y Chiara hicieron un pacto en el nombre del Dios único: trabajar sin descanso por la paz y la unidad.

La fidelidad a este pacto ha dado innumerables frutos de unidad entre las comunidades del Focolar y sus seguidores: el diálogo que se ha desarrollado se ha vuelto signo de esperanza, luz para muchos. Se ha mostrado particularmente importante después de los atentados del 11 de septiembre.

Luego se dieron varios viajes del Imán Mohammed y de sus seguidores a Roma, para participar en los encuentros interreligiosos organizados por los Focolares. En 1999, en representación de todo el mundo musulmán, fue invitado a hablar en el gran encuentro interreligioso como preparación al Jubileo, en Plaza San Pedro, con la presencia del Papa Juan Pablo II. En dicha ocasión el Papa alentó y bendijo el diálogo iniciado con los Focolares.

En el 2000 invitó nuevamente a Chiara a hablar a los 7.000 musulmanes y cristianos reunidos en Washington en un encuentro de dos días con el título: “Faith Communities Together” (Comunidades Religiosas Juntas), porque, decía, “América tiene necesidad de escuchar tu mensaje, de ver esta unidad que nos une”.

Desde ese momento han nacido y continúan desarrollándose en muchas ciudades de los Estados Unidos (desde Washington a Los Ángeles, Miami, Chicago, Nueva York, etc.) “Encounters in the Spirit of Universal Brotherhood” (Encuentros bajo el espíritu de la fraternidad universal), encuentros de diálogo en los cuales se profundiza un punto de la espiritualidad de la unidad, sea desde el punto de vista cristiano como del musulmán, con intercambios de experiencias de vida concreta.

Resale a pocos días atrás los últimos contactos de los responsables de los Focolares, en Chicago, con el Imán Mohammed. De hecho se había programado para asistir, junto con un grupo de sus seguidores, al próximo congreso internacional de diálogo cristiano-musulmán que se desarrollará en Castelgandolfo del 9 al 12 de octubre próximos. Sin embargo, su médico le había prohibido hacer viajes largos debido a disturbios cardíacos.

Un hombre profundamente de Dios, el Imán Mohammed durante su convenio nacional del 2005, hablando a 4.000 de sus seguidores, había afirmado con fuerza: “Tenemos que amar a todos como deben ser amados: tenemos que amar a los cristianos de modo que sean mejores cristianos, tenemos que amar a los musulmanes de modo que sean mejores musulmanes”.

Cuando se le había preguntado a Chiara acerca de su relación con el Imán Mohammed, había respondido: “Con él me siento a mis anchas, pues me parece que el Señor lo puso a nuestro lado, así como nos puso a nosotros a su lado, por un plan de amor Suyo que comprenderemos conforme vayamos adelante en nuestra comunión y trabajando juntos”.

Y el Imán Mohammed, en una entrevista había declarado: “Yo creo que es posible librarnos del veneno de los prejuicios si somos sanados espiritualmente. Esto es lo que nosotros podemos mostrar, cómo personas de religiones diversas se reconocen parte de una única humanidad. Creo que estamos haciendo un gran trabajo, que damos la posibilidad a personas que se odiaban, de liberarse del odio, de encontrar una vida nueva, una felicidad nueva, porque el peso de los prejuicios ha sido retirado de sus corazones”.

octubre 2008

La entrega desinteresada

¿Te sucedió alguna vez que al recibir un regalo de un amigo sentiste la necesidad de responder? ¿Y de hacerlo no tanto por saldar una deuda, sino por amor verdadero, de reconocimiento? Ciertamente que sí.
Si te pasa a ti, puedes imaginarte a Dios, a Dios que es Amor.

Él responde siempre a cada don que nosotros le hacemos a nuestros prójimos en nombre suyo. Es una experiencia que los cristianos verdaderos hacen, y a menudo. Y todas las veces es una sorpresa. Uno no se acostumbra nunca a la inventiva de Dios. Podría darte mil, diez mil ejemplos, podría escribir un libro con ejemplos. Verías cuánto hay de real en esa imagen: “Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante”. Significa la abundancia con la que Dios responde, su magnanimidad.

“Ya había caído la noche sobre Roma. Y en ese departamento casi subterráneo el exiguo grupo de chicas que quería vivir el Evangelio se daba las buenas noches. En ese momento, suena el timbre. ¿Quién sería a aquella hora? Un hombre que se presentaba a la puerta en estado de pánico, desesperado: al día siguiente lo habrían desalojado junto a su familia de su casa por no pagar el alquiler. Las chicas se miraron y en un mudo acuerdo abrieron el cajoncito en el que, en sobres diferentes, habían guardado lo que quedaba de sus sueldos y una reserva para las facturas de gas, teléfono, luz. Le dieron todo a ese hombre, sin pensarlo. Esa noche durmieron felices. Alguien habría pensado en ellas. Todavía no clarea el día, cuando suena el teléfono. ‘Voy enseguida en taxi’, dice el hombre. Sorprendidas por la elección del medio de transporte, las chicas esperan. La cara del visitante dice que algo cambió: ‘Anoche, apenas volví a casa, me encontré con la noticia de una herencia que nunca hubiera imaginado recibir. Mi corazón me dijo que compartiera la mitad con ustedes’. La suma era exactamente el doble de lo que le habían dado generosamente.”

“Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante.”

¿Has hecho esta experiencia? Si no es así, recuerda que el don tiene que hacerse desinteresadamente, sin esperar el retorno, a cualquiera que pida.
Prueba. Pero hazlo no para ver el resultado, sino porque amas a Dios.
Me dirás: “Pero yo no tengo nada”.
No es verdad. Si queremos, tenemos tesoros inagotables. Nuestro tiempo libre, nuestro corazón, nuestra sonrisa, nuestro consejo, nuestra cultura, nuestra paz, nuestra palabra para convencer a quien tiene para que dé a quien no tiene…
Me dirás todavía: “No sé a quién dar”.
Mira alrededor: ¿Te acuerdas de ese enfermo en el hospital, de esa señora viuda siempre sola, de ese compañero que fue tan humillado, de ese joven desocupado siempre triste, de tu hermanito que necesita ayuda, de ese amigo que está en la cárcel, de ese aprendiz vacilante? Es en ellos que Cristo te espera.

Asume el nuevo comportamiento del cristiano – del que está impregnado todo el Evangelio – que es el del anti-encierro y de la anti- preocupación. Renuncia a sentirte seguro en los bienes de la tierra y apóyate en Dios. Así se evidenciará tu fe en Él, que será pronto confirmada por el don que te volverá.
Lógicamente, Dios no se comporta así para enriquecerte o para enriquecernos. Lo hace para que otros, muchos otros, viendo los pequeños milagros que recoge nuestro dar, hagan otro tanto.
Lo hace para que cuanto más tengamos, más podamos dar; para que – como verdaderos administradores de los bienes de Dios – hagamos circular cada cosa en la comunidad que nos rodea, hasta que se pueda decir como de la primera comunidad de Jerusalén: ninguno padecía necesidad .
¿No sientes que con esto colaboras en el entregar un alma segura a la revolución social que el mundo espera?

“Den, y se les dará”

Ciertamente, Jesús pensaba en primer lugar en la recompensa que tendremos en el Paraíso, pero cuanto sucede sobre esta tierra es ya un anuncio y una garantía.

Chiara Lubich

 

El perdón a cualquier precio

Tanto mi marido como mis hijos son alcohólicos. Hasta hace un año, Tom, el más grande, convivía con una muchacha. Los dos resultaron ser, no sólo alcohólicos, sino también toxico dependientes. Hace alrededor de un año mi hijo volvió a casa pues ya no se entendía con la mujer con quien vivía. Sólo que para entonces había nacido un niño. La idea de este nietecito me daba mucha pena pues la situación era sumamente dolorosa. Yo culpaba a la madre y un día, encontrándomela por la calle, la acusé abiertamente de muchas cosas. Nos dejamos llenas de amargura. Está de más decir que volviendo a casa me sentía culpable por no haber amado. Y todas las justificaciones que trataba de encontrar, el repetirme que en el fondo yo tenía razón, que lo había hecho por mi nieto, no me daban paz. Algo dentro de mì me impulsaba a llamarla para pedirle disculpas, a pesar de que me parecía muy difícil. No sabía si me escucharía. En cambio, cuando le pedí perdón, fue ella quien después la que se disculpó conmigo. Varias semanas después de este episodio, a Dorothy la pusieron presa. Las cosas iban de mal en peor, y yo, preocupada por la situación de mi nietecito, sentía un fuerte resentimiento hacia los padres, por haberlo traído al mundo en esa situación. Al no estar casados, el niño sería confiado al Estado. El resentimiento que sentía dentro crecía hora tras hora, y ni siquiera las palabras de Jesús sobre el perdón me daban la paz. Tenía que amar también a Dorothy, independientemente de lo que le sucediera a mi nieto. Después de varios intentos, finalmente la Palabra hizo brecha en mi corazón y con un alma nueva fui a visitarla a la prisión: me abrazó, conmovida. Creo que sintió que fui para amarla y aceptarla así como era. Fue ella quien me habló del niño y me pidió si podía cuidarlo yo. Así la custodia legal de mi nieto pasó a mi hijo y ahora ambos viven bajo mi techo. Me pareció que el céntuplo prometido por Jesús al que busca su Reino, haciendo su voluntad, el fruto por haberme empeñado en amar, hasta el fondo.

Septiembre 2008

«Amad a vuestros enemigos». ¡Esto sí que es fuerte! ¡Esto sí que transforma nuestro modo de pensar y nos hace a todos dar un giro al timón de nuestra vida!

Porque, no nos engañemos, algún enemigo…, pequeño o grande, todos lo tenemos.
Está ahí, detrás de la puerta del piso de al lado, en esa señora tan antipática e intrigante, que trato de evitar cada vez que va a entrar conmigo en el ascensor…
Está en ese familiar que hace treinta años ofendió a mi padre y por ello le he negado el saludo…
Se sienta detrás de tu pupitre, en el colegio, y no has vuelto a mirarle a la cara desde que te acusó ante el profesor…
Es esa chica que era amiga tuya y luego te dejó plantado para irse con otro…
Es ese comerciante que te ha engañado…
Son los que no piensan como nosotros en política, por lo cual los consideramos enemigos nuestros.
Igual que existen, y siempre han existido, los que ven como enemigos a los sacerdotes y odian a la Iglesia.

Pues bien, a todos éstos y a muchísimos otros que llamamos enemigos, hay que amarlos. ¿Hay que amarlos?
Sí, ¡hay que amarlos! Y no creas que podemos salir del paso sencillamente cambiando el sentimiento de odio por otro más benévolo.
Hay algo más.
Escucha lo que dice Jesús:

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os maltratan»

¿Comprendes? Jesús quiere que venzamos al mal con el bien. Quiere un amor traducido en hechos concretos.
Podríamos preguntarnos: ¿cómo es que Jesús da un mandamiento semejante?
La verdad es que Él quiere modelar nuestro comportamiento según el de Dios, su Padre, «que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos»2.
Así es. No estamos solos en el mundo, tenemos un Padre y debemos parecernos a Él. Y no sólo esto, sino que Dios tiene derecho a que nos comportemos así porque, cuando éramos enemigos suyos y estábamos todavía en el mal, Él fue el primero3 en amarnos, enviándonos a su Hijo, que murió de ese modo tan terrible por cada uno de nosotros.

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian…»

Esta lección la había aprendido el pequeño Jerry, ese niño negro de Washington que por tener un coeficiente alto de inteligencia había sido admitido en una clase especial con los demás chicos blancos. Pero la inteligencia no le había bastado para hacer comprender a los compañeros que era igual que ellos. Su piel negra le había acarreado el odio general; tanto que el día de Navidad todos los chicos se intercambiaron regalos ignorando a Jerry. El niño se puso a llorar; ¡se comprende! Pero al llegar a casa pensó en Jesús: «Amad a vuestros enemigos», y de acuerdo con su madre compró regalos y los distribuyó con amor entre todos sus «hermanos blancos».

«Amad a vuestros enemigos…, rezad por los que os maltratan»

¡Qué dolor aquel día para Isabel, una niña de Florencia, que al subir las escalinatas para ir a misa oyó que se burlaban de ella un grupo de compañeros de su edad! A pesar de que quería reaccionar contra ellos sonrió y, una vez en la iglesia, rezó mucho por ellos. Al salir la pararon y le preguntaron el motivo de su actitud. Ella les explicó que era cristiana y por tanto tenía que amar siempre. Lo dijo con una ardiente convicción. Y su testimonio fue premiado. Al domingo siguiente vio a todos aquellos jóvenes en la iglesia, atentísimos, y en primera fila.

Así es como acogen la Palabra de Dios los niños. Por eso son grandes delante de Él.

Quizá convenga que también nosotros arreglemos alguna situación, ya que seremos juzgados según juzguemos a los demás. De hecho somos nosotros los que damos a Dios la medida con la que Él nos medirá4. ¿Acaso no le pedimos: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»5? Por tanto, ¡amemos al enemigo! Sólo si actuamos así podremos arreglar las desuniones, destruir las barreras y construir la comunidad.

¿Es difícil? ¿Es penoso? ¿Nos quita el sueño sólo con pensarlo? Ánimo. No es el fin del mundo; un pequeño esfuerzo por nuestra parte y luego el 99 por 100 restante lo hace Dios y… en nuestro corazón habrá un torrente de alegría.

Chiara Lubich

1) Palabra de Vida escrita en mayo de 1978, publicada en «Ser tu Palabra», Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 1980, pág. 17-20.
2) Mt 5, 45.
3) Cf 1 Jn 4, 19.
4) Cf Mt 7, 2.
5) Mt 6, 12.

agosto de 2008

En todos los prójimos que encuentras durante el día –de la mañana a la noche–, trata de ver a Jesús.

Si tu ojo es simple, quien mira a través de él es Dios. Y Dios es Amor, y el amor quiere unir conquistando. ¡

Cuántos –equivocándose– miran a las criaturas y a las cosas para poseerlas! Y su mirada es egoísmo o envidia o, de cualquier modo, pecado. O miran dentro de sí mismos para poseerse, para poseer su alma, y su mirada está apagada, porque está aburrida o turbada.

El alma, a imagen de Dios, es amor; y el amor replegado sobre sí mismo es como la llama que, si no es alimentada, se apaga. Mira fuera de ti: no a ti, no a las cosas, no a las criaturas: mira al Dios fuera de ti para unirte con Él. Él está en el fondo de toda alma que vive, y, si el alma está muerta, es el sagrario de un Dios que espera, para alegría y expresión de la propia existencia. Mira, entonces, a cada hermano amando, y amar es donar.

Pero un don reclama otro don y serás, a tu vez, amado. Así, el amor es amar y ser amado: como en la Trinidad. Y Dios en ti arrebatará los corazones, y encenderá la Trinidad que quizá descansa en ellos, por la gracia, pero está apagada.

No enciendes la luz en un ambiente –aunque haya corriente eléctrica– hasta que no provocas el contacto de los polos. Así es la vida de Dios en nosotros: se pone en circulación para irradiarla más allá, para que testimonie, a su vez, Cristo: quien liga Cielo y tierra, hermano y hermano.

Mira por lo tanto a cada hermano donándote a él para donarte a Jesús, y Jesús se donará a ti. Es ley de amor: “Den, y se les dará” (Evangelio de Lucas 6,38).

Déjate poseer por él – por amor a Jesús –, déjate “comer” por él –como otra Eucaristía–; pon todo a su servicio, que es servicio de Dios, y el hermano vendrá a ti y te amará. Y en el amor fraterno está el cumplimiento de todo deseo de Dios, que es mandato: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros.” (Evangelio de Juan 13, 34).

El amor es un Fuego que compenetra los corazones en fusión perfecta. Entonces reencontrarás en ti no más a ti mismo, no más al hermano, reencontrarás el Amor que es Dios viviente en ti. Y el Amor saldrá a amar a otros hermanos porque, simplificado el ojo, se reencontrará a sí mismo en los demás y todos serán uno. Y alrededor de ti crecerá la Comunidad: como alrededor de Jesús: doce, setenta y dos, miles…

Es el Evangelio que al fascinar –Luz en amor– arrebata y entusiasma.

Después, tal vez morirás sobre una cruz para no ser más que el Maestro, pero morirás por quien te crucifique, y así el amor tendrá la última victoria. Su linfa –esparcida en los corazones– no morirá. Fructificará, fecundando, alegría y paz y Paraíso abierto.

Y la gloria de Dios crecerá.

Pero tú debes ser aquí el Amor perfecto.

 

Chiara Lubich

 

Publicada en el diario “La Via”, 12 de noviembre de 1949, y reimpresa parcialmente en: Chiara Lubich, La doctrina espiritual, Bunos Aires 2005 pp. 116-117.

Giancarlo Faletti

El 7 de julio de 2008, Giancarlo Faletti fue elegido por la Asamblea General como co-presidente, con la particular responsabilidad, entre otras cosas, de seguir la rama de los sacerdotes diocesanos y de los religiosos de las diversas congregaciones. Giancarlo nació en Cerro Tanaro (Asti) el 14 de septiembre de 1940, es una familia de origen campesino, cristiana pero no muy practicante. Su madre, ama de casa. Por el trabajo del padre, obrero de los Ferrocarriles del Estado, la familia se transfiere a Turín. Ya a los 10 años advierte el deseo de donar su vida a Dios, pero eran fuertes los condicionamientos que provenían de la familia y del ambiente en el que vivía. A los 16 años entra en un período de crisis y de búsqueda. A los 19 años casualmente adquiere en la puerta de su parroquia un número de la revista Città Nuova (Ciudad Nueva). “Fue como si aquel domingo de invierno me hubiese introducido en un ambiente cálido. Leyendo aquellos artículos, percibí que existía algo que unía a una familia. Quise en seguida saber más al respecto”. De aquí el contacto con el focolar. Fue decisivo para su vida un encuentro internacional, al año siguiente, en Grottaferrata. Se aclara cuál es su camino: la donación a Dios en el focolar. Finalizados los estudios en Economía, comienza a trabajar en un banco. A los 25 años empieza su nueva vida en el focolar de Turín. Del ’72 al ’83 se encuentra en Génova, como co-responsable del Movimiento de Liguria, donde sigue particularmente a los jóvenes, entre los cuales florecen también frutos de santidad: ha iniciado este año la causa de beatificación de dos de ellos: Alberto Michelotti y Carlo Grisolia. Después, durante 14 años trabajó en el Centro del Movimiento en Rocca di Papa; fue también co-responsable de la comunidad de los Castillos Romanos y de parte de la región de Lazio. En 1997 obtiene la licenciatura en Teología y es ordenado sacerdote. En ese mismo año es transferido a Roma, como co-responsable del Movimiento para zona de Lazio, Abruzzo y Cerdeña. En el 2000 Chiara Lubich, que siempre tuvo un amor especial por la ciudad sede del papado y de la cristiandad, lanza “Roma-Amor”, una gran experiencia de nueva evangelización. Giancarlo Faletti ayuda de cerca a la fundadora que sigue paso a paso esta iniciativa. El objetivo es contribuir a animar, de forma capilar, con el ideal evangélico de la unidad, la vida de la ciudad a nivel civil y religioso. Entre las más variadas iniciativas, se encuentran la apertura del diálogo con la comunidad islámica de Roma que desemboca en la invitación a hablar de la experiencia cristiana y del diálogo interreligioso del Movimiento en la Mezquita de Roma.  

julio de 2008

¿Has experimentado alguna vez una sed de infinito? ¿Has sentido alguna vez en tu corazón el deseo ardiente de abrazar la inmensidad? ¿O tal vez has advertido en algún momento, en lo más íntimo de ti, la insatisfacción por todo lo que haces y por lo que eres?
Si es así, te gustará encontrar una fórmula que te dé la plenitud que anhelas: algo que no te deje sinsabores por los días que se van medio vacíos…
Hay una frase del Evangelio que nos deja pensando y que, apenas la comprendemos un poco, nos hace exultar de alegría. En ella está concentrado todo cuanto debemos hacer en la vida. Resume todas las leyes impresas por Dios en el fondo del corazón de cada hombre. Escúchala: Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Esa frase se llama “la regla de oro”. La trajo Jesús, pero ya era conocida universalmente. El Antiguo Testamento la poseía, y es patrimonio de todas las grandes religiones mundiales. Eso denota la importancia que tiene para Dios: hasta qué punto Él quiere que todos los hombres la conviertan en norma de su vida. Cuando se lee es bonita y suena como un eslogan. Escúchala de nuevo:

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos»

Amemos así a cualquier prójimo –hombre o mujer– que encontremos durante el día.
Imaginémonos que estamos en su situación y tratémoslo como quisiéramos ser tratados nosotros en su lugar. La voz de Dios que habita dentro de nosotros nos sugerirá la expresión de amor adecuada para cualquier circunstancia.
¿Tiene hambre? Pensemos: soy yo quien lo tiene. Y démosle de comer. ¿Sufre injusticias? ¡Soy yo quien las sufre! ¿Está en la oscuridad o en la duda? Soy yo quien lo está. Digámosle palabras de consuelo y compartamos sus sufrimientos, y no nos quedemos tranquilos hasta que no esté iluminado y aliviado. Nosotros quisiéramos ser tratados así. ¿Es un discapacitado? Quiero amarlo hasta el punto de sentir en mi cuerpo y en mi corazón su limitación física, y el amor me sugerirá el modo exacto de actuar para que se sienta igual que los demás, es más, con una gracia mayor, porque los cristianos sabemos cuánto vale el dolor.
Y así con todos, sin discriminación alguna entre el simpático y el antipático, entre el joven y el anciano, entre el amigo y el enemigo, entre el compatriota y el extranjero, entre el lindo y el feo… El Evangelio quiere decir a todos.
Me parece oír un murmullo general… Comprendo… Quizá mis palabras parezcan simples, pero ¡qué transformación exigen! ¡Qué lejanas están de nuestro modo habitual de pensar y de actuar! Pero, ¡ánimo! Intentémoslo. Un día empleado de este modo vale una vida. Y por la noche ya no nos reconoceremos a nosotros mismos. Una alegría desconocida nos invadirá. Una fuerza nos investirá. Dios estará con nosotros, porque está con quienes aman. Los días se irán sucediendo con plenitud.
Quizás a veces aflojemos, estemos tentados de desanimarnos, de claudicar. Y desearíamos volver a la vida de antes… ¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia.
Volvamos a empezar siempre. Si perseveramos, veremos cambiar lentamente el mundo a nuestro alrededor. Comprenderemos que el Evangelio contiene la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio para resolver todos los problemas.
Y no estaremos tranquilos hasta que no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que puedan comprendernos, a los familiares, a todo aquél a quien nos sintamos impulsados a dársela.
Renacerá la esperanza.

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos»

Chiara Lubich

Texto publicado en La doctrina espiritual, Buenos Aires, 2006, p. 162.

 

“En el amor de esa nueva familia descubrí el verdadero rostro de Dios”

Tenía 6 años cuando mi mamá se fue de la casa. Somos 4 hermanos y con mi padre la vida se hizo cada vez más difícil: todos los días regresaba a la casa borracho y a menudo nos pegaba, sin motivo.  Era una vida insoportable.  Un día mi hermano más grande decidió ir a la policía para denunciarlo. Papá fue a la cárcel y a nosotros nos dejaron en un orfanato. En ese ambiente no encontraba paz: dificultades por doquier. Una noche nos escapamos a escondidas y por algún tiempo encontramos refugio con algunos parientes. Hasta que el asistente social me confío a una nueva familia, junto con otros dos de mis hermanos, una vez más estaba asustado… En cambio en el amor de esta nueva familia, descubrí el verdadero rostro de Dios: Dios Amor. No lo había experimentado nunca. Ahora me doy cuenta de que estos nuevos padres nos han amado “dando la vida” por nosotros, desde el primer día y siempre. Junto a ellos descubrí que el amor sanaba poco a poco todas las heridas de mi pasado. Pero ¿hacia dónde dirigir mis pasos? ¿Qué significaba para mí amar? Un día recibí una invitación y participé en un gran encuentro en Roma. Una experiencia extraordinaria, intuí que mi sed de un gran ideal, de un ideal auténtico por el cual vivir, encontraba una respuesta. Después de algún tiempo me esperaba el servicio militar, que en Grecia es obligatorio. Estaba preocupado, nuevamente me encontraría en un ambiente pobre de esos valores que estaba descubriendo.  Preparando la maleta, tomé conmigo un libro de Chiara Lubich que alguien me había dado y, en las largas noches de guardia, cuando era posible, lo sacaba del bolsillo y lo leía. La luz del Evangelio que Chiara me explicaba era tan fuerte que me sostuvo también en esos meses. También yo quiero amar de este modo, sin límites, quiero aprender mejor el arte de amar y después llevarlo a mi país, a Grecia. Realmente puedo decir que “todo lo vence el amor”. (L. K. – Grecia)

México: en fiesta y en oración

Ser el ‘espejo’ de Jesús

¡Las palabras de Jesús! Deben haber sido su mayor arte. El Verbo que habla con palabras humanas: ¡qué contenido, qué intensidad, qué entonación, que voz! La volveremos a escuchar en el paraíso. Él nos hablará. La Palabra de Dios no es como las demás. Ella tiene el poder de obrar todo lo que dice. Genera a Jesús en nuestra alma y en el alma de las otras personas. La Palabra debe transformarse en acción y guiar la vida. De este modo es atrayente. Bastan pocas letras y pocas reglas gramaticales para saber leer y escribir, pero si no se conocen, uno se que analfabeta para toda la vida. Del mismo modo,  quien no asimila una por una las palabras del Evangelio, no sabe escribir Cristo con su vida. Se necesitan pocas frases para formar a Jesús en nosotros. Nosotros no tenemos otro libro que el Evangelio, no tenemos otra ciencia, otro arte. ¡Ahí está la Vida! Quien la encuentra, no muere. Chiara Lubich  

junio 2008

Es suficiente con amar

Cuando se ama se querría estar siempre con la persona amada. Dios también tiene ese deseo, porque es Amor. Nos creó para que pudiéramos encontrarlo. No seremos plenamente felices hasta que no alcancemos una íntima unión con él, el único que puede saciar nuestro corazón. Bajó del cielo para estar con nosotros e introducirnos en su comunión.
Juan, en su carta, habla de “permanecer” el uno en el otro, Dios en nosotros y nosotros en él, recordando la exigencia más profunda que Jesús manifestó en la última cena: “Permanezcan en mí y yo en ustedes”. Así había dicho el Maestro, explicando con la alegoría de la vid y de los sarmientos lo fuerte que es el vínculo que nos une a él. (1)
¿Cómo podemos alcanzar la unión con Dios? Juan no demuestra perplejidad: basta con observar sus mandamientos:

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

¿Son muchos los mandamientos que hay que observar para llegar a esta unidad? No, desde el momento en que Jesús los condensó en un solo mandato. “Este es mi mandamiento – recuerda Juan antes de anunciar la Palabra de vida que elegimos para este mes–: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros tal como nos mandó.” (2)
Que creamos en Jesús y nos amemos como él nos amó: he aquí el único precepto. Si la existencia humana encuentra su cumplimiento cuando Dios habita entre nosotros, hay un solo modo para llegar a ser nosotros mismos: amar. Juan está tan convencido que sigue repitiéndolo durante toda su carta: “quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (3); “si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros…” (4).
Con respecto a esto, la tradición cuenta que cuando era ya anciano y le preguntaban sobre las enseñanzas del Señor, repetía siempre las palabras del mandamiento nuevo. Si le preguntaban por qué Juan no hablaba de otras cosas, respondía: “¡Porque es el mandamiento del Señor! Si se lo practica, es suficiente.”
Del mismo modo sucede con cada Palabra de Vida: conduce irremediablemente a amar. No podría ser de otra forma, porque Dios es Amor y su Palabra contiene al amor, lo expresa y, si se la vive, transforma todo en amor.

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

La Palabra de este mes nos invita a que creamos en Jesús, a que adhiramos con todo nuestro ser a su Persona y a su enseñanza. A que creamos que él es el amor de Dios – como nos enseña Juan en esta carta – y que por amor dio la vida por nosotros . Que creamos en él aun cuando parezca lejano, cuando no lo sintamos, cuando se presenten dificultades o llegue el dolor…
Si nos fortalecemos con esta fe, sabremos vivir siguiendo su ejemplo y, obedeciendo a su mandamiento, sabremos amarnos como él nos amó. Amar aún cuando el otro no nos parezca amable, cuando tengamos la impresión de que nuestro amor es inadecuado, inútil; cuando no es correspondido. De esta forma haremos revivir nuestros vínculos, cada vez más sinceros, más profundos, y nuestra unidad permitirá que Dios habite entre nosotros.

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

“Durante los primeros años de matrimonio, mi marido y yo estábamos enamorados y era muy fácil la relación entre nosotros. Este último tiempo él está muy cansado y estresado. En Japón el trabajo pesa en las espaldas de un hombre como si fuera un yugo.
Una noche, al regresar del trabajo, se sentó a la mesa a cenar. Intenté sentarme junto a él, pero me gritó que me fuera: ‘¡No tienes derecho a comer, porque no trabajas!’. Me pasé la noche llorando, rumiando la idea de irme de casa, de separarme. Al día siguiente me asaltaban mil pensamientos: ‘Me equivoqué casándome con él, no puedo más vivir a su lado’.
Esa tarde hablé con algunas amigas con quienes comparto mi vida cristiana. Me escucharon con amor y de la comunión con ellas reencontré la fuerza y la valentía necesarias para seguir. Una vez más, le preparé la cena mi marido. A medida que se acercaba la hora de que volviera a casa, mi temor aumentaba: ¿cómo reaccionará hoy? Pero una voz adentro me decía: ‘Acoge este dolor, no aflojes. Sigue amando’. Abrió la puerta y vi que me había traído una torta: ‘Perdóname – me dijo – por lo que pasó ayer”.

Chiara Lubich

1 Cf. Jn. 15, 1-5
2 1 Jn. 3, 23
3 Ibid. 4, 16
4 Ibid. 4. 12

 

Mayo 2008

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” También hoy, como en los tiempos de Pablo, Jesús resucitado, el Señor, sigue actuando en la historia, y en particular en la comunidad cristiana a través del Espíritu Santo. Él nos permite comprender el Evangelio en toda su novedad, y lo escribe en nuestros corazones para que sea nuestra ley de vida. No somos guiados por leyes impuestas desde afuera, no somos esclavos sometidos a disposiciones de las que no estamos convencidos y que no compartimos. El cristiano es movido por un principio de vida interior, que el Espíritu ha depositado en él con el bautismo, por su voz, que repite las palabras de Jesús haciéndolas comprender en toda su belleza, expresión de vida y de gozo: las vuelve actuales, enseña cómo vivirlas y al mismo tiempo infunde la fuerza para ponerlas en práctica. Es el mismo Señor el que, gracias al Espíritu Santo, viene a vivir y a actuar en nosotros, haciéndonos Evangelio vivo. Ser guiados por el Señor, por su Espíritu, por su Palabra: ¡ésta es la verdadera libertad! Coincide con la realización más profunda de nuestro yo.

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”

 Todos sabemos que, para que el Espíritu Santo actúe, se requiere plena disponibilidad para escucharlo –dispuestos a cambiar nuestra mentalidad, si fuera necesario– y luego adherir plenamente a su voz. Es fácil dejarse esclavizar por las presiones que ejercen las costumbres y convenciones sociales, que pueden inducir a opciones equivocadas. Para vivir la Palabra de Vida de este mes es necesario aprender a decir un no decidido a lo negativo que aflora de nuestro corazón cada vez que nos sentimos tentados a acomodarnos a formas de actuar que no son conformes al Evangelio. Y, a su vez, aprender a decir un sí convencido a Dios cada vez que él nos llama a vivir en la verdad y en el amor. Descubriremos, entonces, el vínculo que existe entre la cruz y el Espíritu, como entre causa y efecto. Cada corte, cada poda, cada no a nuestro egoísmo es fuente de luz nueva, de paz, de gozo, de amor, de libertad interior, de realización de uno mismo; es una puerta abierta al Espíritu. En este tiempo de Pentecostés él nos podrá brindar con mayor abundancia sus dones; podrá guiarnos; seremos reconocidos como verdaderos hijos de Dios. Estaremos cada vez más libres del mal, cada vez más libres para amar.

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” Esa es la libertad que encontró un funcionario de las Naciones Unidas durante la última misión que tuvo a cargo en los países balcánicos. Le habían encomendado un trabajo gratificante, aunque muy comprometido. Una de las mayores dificultades para él eran los largos períodos lejos de su familia. Además, cuando volvía a casa le resultaba muy difícil dejar atrás la carga de su trabajo y dedicarse a su esposa e hijos. Inesperadamente, lo trasfirieron a otra ciudad de esa misma región, donde era impensable llevar consigo a su familia porque, a pesar de los acuerdos de paz recién firmados, las hostilidades continuaban. ¿Qué hacer? ¿Qué era más valioso, la carrera o la familia? Conversó largamente con su esposa, quien comparte su compromiso de vida cristiana. Pidieron luz al Espíritu Santo y juntos buscaron la voluntad de Dios. Al fin, la decisión: dejar ese trabajo tan codiciado. Decisión realmente insólita en ese ambiente profesional. “La fuerza para esa elección – cuenta él mismo – fue fruto del amor recíproco con mi esposa, quien nunca me hizo pesar los inconvenientes que le ocasionaba. Por mi parte, al buscar el bien de mi familia, más allá de las seguridades económicas, encontré la libertad interior”. Chiara Lubich

Vivir la Palabra cambia la relación con Dios y con los hermanos

He aquí el último pensamiento preparado por Chiara Lubich para el Movimiento, desde su cama en el “hospital Gemelli”, poco antes de su “partida” y que ha sido difundido en estos días: “Quisiera esta vez subrayar el valor de la relación, de las relaciones entre nosotros. Viviendo la Palabra, en los inicios, en Trento, Cambió, ya sea nuestra relación con Dios que nuestra relación con los hermanos. Así nació aquella que entonces llamábamos “comunidad cristiana”. No nos olvidemos de estos orígenes. Construyamos nuestra obra sobre estas bases”. Reportamos a continuación algunas líneas extraídas del primer comentario sobre la Palabra de Vida, de hace más de 50 años, todavía de gran actualidad. Bien se podrían referir al pensamiento recién citado, para penetrarlo en profundidad y traducirlo en vida. “Las palabras del Evangelio quizás parezcan simples, Pero ¡qué transformación requieren! ¡Qué lejos están de nuestro habitual modo de pensar y de actuar! Pero ¡ánimo! Probemos. Una jornada así aprovechada vale una vida. Y en la noche no nos reconoceremos más a nosotros mismos. Una alegría jamás probada nos inundará. Una fuerza nos investirá. Dios estará con nosotros, porque Él está con quienes lo aman. Los días transcurrirán en plenitud. Alguna vez quizás aflojaremos, sentiremos la tentación de desilusionarnos, de detenernos. Y querremos volver a la vida de antes. ¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia. Recomencemos siempre. Perseverando, veremos lentamente cambiar el mundo a nuestro alrededor. Comprenderemos que el Evangelio lleva a la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio de la resolución de todos los problemas. Y no nos quedemos tranquilos, hasta que no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que nos puedan comprender, a los familiares, a cualquiera que nos sintamos impulsados a darla. Renacerá la esperanza”.

El coraje de ponerse en juego

La planilla para solicitar trabajo como profesor que tengo delante de mí me dice que mi vida de estudiante se ha concluido. La casilla en la cual debo indicar la provincia escogida me pone tenso. ¿Qué será mejor: quedarme en mi ciudad del Sur, o ir a otra parte? Me están pidiendo una elección de vida. Muchos de mis colegas eligen el Norte, para tener mayores posibilidades de trabajo y para alejarse de esa realidad que con frecuencia la crónica amarillista pone en evidencia: ilegalidad, desviaciones, criminalidad.  Y sin embargo, ¡hay tanto que me ata a mi  ciudad! No sólo la familia, los afectos, los amigos, los intereses, si no también la esperanza de poder hacer algo por ella, yendo contra la corriente, a pesar de mis límites. Me regresa a la mente la exhortación de Chiara a las jóvenes: “morir por la propia gente…”.  La idea de quedarme, arriesgando de encontrarme con menos posibilidades de trabajo y en “escuelas difíciles”, crece en mí, con un poco de inconciencia. Lo comento en casa, con mi novia, con mis colegas. Es de noche, y mañana tengo que enviar la planilla. La decisión está tomada: me quedo. En las afueras y en las zonas marginales hay más posibilidad de trabajo, no siendo lugares ambicionados. Pienso: “¿Qué puedo hacer yo en este barrio, que es zona de luchas de la camorra, donde se disparan y se matan? ¡Puedo amar! ¡Que Dios me ayude!”. Por este motivo señalo algunas escuelas “de frontera”, junto a escuelas “de élite”. Dios me hará entender dónde me quiere. Después de algunos meses me nombran por un año. Increíble, entro en el mundo de la escuela por la puerta principal, ¡con el mejor contrato! El día que me presento en la escuela las lecciones están suspendidas por actos vandálicos perpetrados la noche anterior. Comprendo en seguida que Dios me tomó la palabra: el momento de la prueba llegó. El contexto es especial, el malestar social se hace sentir. Los jornadas pasan entre momentos de desaliento en los cuales todo parece no funcionar y otros en los cuales se iluminan los ojos de los muchachos, me buscan, porque quieren superarse y prepararse para un futuro mejor; me aferro a esta esperanza, y mi sufrimiento encuentra sentido. No sé si “resistiré”, porque a veces es difícil hacer frente a los muchachos pendencieros, obtener respecto, hablar de matemática en estos contextos. Pero sé que, momento tras momento, puedo tratar de hacer entrar a Dios en las aulas; llevarlo en los regaños, en las notas, en los coloquios, en las disputas, en las explicaciones, en los silencios, en las las notas que hago en el registro. Si Dios me ha querido aquí, existe un por qué. (P.D. – ITALIA)

Poner en marcha la fraternidad en el deporte

Un horizonte hacia un deporte confiable y bello, libre de las amenazas que comporta la violencia, el doping, la comercialización exasperada, se ha abierto en el congreso 2008 de “Sportmeet”, con el título: “Sport In” – Confiable – Pon en marcha la fraternidad, desarrollado en Castel Gandolfo – Roma, del 28 al 30 de marzo. El desafío de la fraternidad en y a través del deporte, proviene de parte de los 420 deportistas, de 38 naciones diferentes, provenientes de los 5 continentes, que han participado en el evento, con testimonios significativos de vida, exposiciones de expertos internacionales, mesas redondas, talleres, momentos deportivos y juegos. Entre los numerosos testimonios de deportistas de todo nivel, estaba el de Josefa Idem, pluricampeona olímpica de canoa; la de Ippolito Sanfratello, medalla de oro de patinaje a velocidad en Turín 2006; la del “camiseta roja” (líder) de la Vuelta a Italia 2007 Marco Pinotti; del alpinista de los 8.000 metros de altura, Karl Unterkircher; la del pluricampeón mundial de “orienteering”, Nicoló Corradini; y la de la corredora de maratón Petra Teveli de Hungría, tercera en el último maratón de Milán. Junto a ellos han participado varios promotores de proyectos deportivos de carácter social en países en vías de desarrollo (Colombia, Brasil, Argentina, la República Democrática del Congo, Burundi, Líbano, Pakistán, Filipinas,…), y los animadores de proyectos de educación para la paz, antimafia y anticamorra, en Sicilia y en Campania. Además docentes y estudiantes de 17 universidades de todo el mundo, conectados en red con Sportmeet, han manifestado su compromiso de trabajar y difundir una cultura del deporte nueva, orientada a la fraternidad.

abril 2008

“… hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque”. Con estas palabras comienza el texto del cual se extrajo la Palabra de Vida de este mes. El profeta Isaías, en la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo, anuncia un futuro de esperanza para la humanidad, casi una nueva creación, un nuevo “vergel”, habitado por el derecho y la justicia, capaces de generar paz y seguridad.

Esta nueva era de paz (shalom) será obra del Espíritu divino, una fuerza vital capaz de renovar la creación, y consecuencia del respeto del pacto entre Dios y su pueblo y entre los integrantes del mismo pueblo, en el que la comunión con Dios y la comunidad de los hombres serán inseparables.
Las palabras de Isaías evocan la necesidad de un compromiso serio y responsable de seguir las normas comunes de la convivencia civil que impiden el individualismo egoísta y la ciega arbitrariedad, favorecen la coexistencia armoniosa y la laboriosidad orientada al bien común.

“La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre” (Is, 32,17)

¿Será posible vivir y practicar el derecho de manera justa? Sí, si se reconocen a todas las personas como a otros tantos hermanos y hermanas y se ve a la humanidad como una familia, en el espíritu de la fraternidad universal.
Ahora bien, ¿cómo verla así sin la presencia de una Padre para todos? Podría decirse que El ya ha inscripto la fraternidad universal en el ADN de cada persona. En efecto, el primer deseo de un padre es que los hijos se traten como hermanos y hermanas, y quieran el bien el uno del otro, se amen. Por eso el “Hijo” por excelencia del Padre, el Hermano de todo hombre, vino y nos dejó como norma de vida social el amor recíproco. Es expresión de amor respetar las reglas de la convivencia, cumplir con el deber. El amor es la norma última de cualquier acción; es lo que anima a la verdadera justicia y procura la paz. Las naciones necesitan leyes cada vez más adecuadas a las necesidades de la vida social e internacional, pero sobre todo tienen necesidad de hombres y mujeres que ordenen la caridad en su interior. Ese orden es justicia, y sólo en ese orden las leyes tienen valor.

“La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre” (Is, 32,17)

¿Cómo vivir, entonces, la Palabra de Vida de este mes? Poniendo más empeño en los deberes profesionales, en la ética, en la honestidad, en la legalidad. Reconociendo en los demás a personas de la misma familia que esperan de nosotros atención, respeto, cercanía solidaria.
Si tu vida, tus relaciones con el prójimo, se fundamentan en la mutua y continua caridad (que precede a todas las cosas), como la expresión más plena de tu amor a Dios, entonces tu justicia verdaderamente agradará a Dios.
Un guarda municipal del Sur de Italia que eligió compartir la situación de las personas más cadenciadas de la ciudad, tomó la decisión de ir a vivir con su familia a uno de los barrios formados recientemente: calles de tierra, sin iluminación pública, sin agua corriente ni cloacas; sin servicios civiles ni transporte público.

“Fuimos tratando de crear con cada familia y habitante del barrio – cuenta – una relación de conocimiento y de diálogo, tratando de restablecer el tejido roto entre los ciudadanos y la administración pública. Poco a poco, los casi tres mil habitantes se fueron convirtiendo en sujetos activos en la relación con las instituciones pública, por medio de un comité creado con ese objetivo.
Se llegó a obtener de la administración regional la adjudicación pública de una suma considerable para el saneamiento del barrio, que se ha convertido en un barrio-piloto y ha dado vida a actividades formativas para los representantes de todos los comités de barrio de la ciudad”.

Chiara Lubich

‘La heroica lección sobre qué es el Amor’

 Viernes santo: la muerte de Jesús en la cruz es la sublime, divina, heroica lección de Jesús sobre qué es el amor. Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor. Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dado místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad. Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él: “El Padre y yo somos una sola cosa” (Jn 10, 30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba. Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22, 7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad de quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor. Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él. Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mudo: ya no sabe hablar. Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye. Es el cansado que se queja. Roza la desesperación. Es el hambriento de unión con Dios. Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado. Es miedoso, tímido, desorientado. Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado. A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo la palabra; para quien no sabe, la respuesta; para el ciego, la luz; para el sordo, la voz; para el cansado, el descanso; para el desesperado, la esperanza; para el separado, la unidad; para el inquieto, la paz. Con Él, las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido. Él había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada por qué. El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, por una alquimia divina, el dolor en amor. Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguimos amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave. Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros – si así podemos decir – la divinización que Jesús hizo del dolor. Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena. La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu. La luz, la alegría, la paz que nacen del dolor amado impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto. Como escribe Olivier Clément “el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección”. Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad

«Es todo Amor»

Todos los años en Semana Santa nos sentimos envueltos en una atmósfera especial. De hecho son días en los que se manifiesta más que nunca su amor por nosotros, porque todo lo que se recuerda es amor. Jueves Santo: Amor el sacerdocio que posee un carácter ministerial, es decir de servicio y por lo tanto de amor concreto. Amor la Eucaristía en la cual Jesús se dona a sí mismo. Amor la unidad, efecto del amor, que ha invocado al Padre: “Que todos sean uno como yo en ti”. Amor ese mandamiento que Jesús conservó en su corazón toda la vida, para revelarlo el día antes de morir: “Como yo los he amado, así ámense también ustedes. De esto todos reconocerán que son mis discípulos, si se amar recíprocamente”. No podemos pasar este día sin un momento de recogimiento en el que digamos a Jesús toda la adhesión de nuestra alma a ese Mandamiento que Él llamó “suyo” y “nuevo”. Un mandamiento que es el eco de la vida misma de la Trinidad. Lo habíamos descubierto ya en Trento, mientras se desencadenaba el segundo conflicto mundial. El Verbo de Dios nos pareció como un divino emigrante que, haciéndose hombre, sin duda se adaptó al modo de vivir de este mundo. Fue un niño y un hijo ejemplar, y hombre trabajador. Pero trajo el modo de vivir de su patria celeste y quiso que hombres y cosas se recompusieran según un nuevo orden, según la ley del cielo: el amor.

«Mujer de intrépida fe, humilde mensajera de esperanza y de paz»

El servicio ‘silencioso e incisivo’ prestado por Chiara Lubich en ‘total sintonía’ con el magisterio de los Pontífices fue subrayado por Benedicto XVI en la carta leída por el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, durante los funerales de la fundadora del Movimiento de los Focolares, celebrado la tarde del martes 18 de marzo, en la Basílica de San Pablo Extramuros Al Señor Cardenal TARCISIO BERTONE Secretario de Estado Tomo parte espiritualmente en la solemne liturgia con la que la comunidad cristiana acompaña a Chiara Lubich en su despedida de esta tierra para entrar en el seno del Padre celeste. Renuevo con afecto los sentimientos de mi viva condolencia a los responsables y a la entera Obra de María –Movimiento de los Focolares, como también a cuantos han colaborado con esta generosa testigo de Cristo, que se entregó sin reservas a la difusión del mensaje evangélico en cada ámbito de la sociedad contemporánea, siempre atenta a los “signos de los tiempos”. Muchos son los motivos para agradecer al Señor del don que le ha hecho a la Iglesia en esta mujer de intrépida fe, humilde mensajera de esperanza y de paz, fundadora de una vasta familia espiritual que abraza múltiples campos de evangelización. Quisiera sobre todo agradecer a Dios por el servicio que Chiara ha rendido a la Iglesia: un servicio silencioso e incisivo, siempre en sintonía con el magisterio de la Iglesia: “Los Papas –decía- siempre nos han comprendido”. Y esto porque Chiara y la Obra de María siempre han tratado de responder con dócil fidelidad a cada uno de sus llamados y deseos. El ininterrumpido vínculo con mis venerados predecesores, del Siervo de Dios Pío XII al Beato Juan XXIII, a los Siervos de Dios Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, es un concreto testimonio de ello. Guía segura por la cual dejarse orientar, era para ella cada pensamiento del Papa. Más bien, mirando las iniciativas que ha suscitado, se podría afirmar que tenía casi una profética capacidad de intuirlo y actuarlo anticipadamente. Su herencia pasa ahora a su familia espiritual: la Virgen María, constante modelo de referencia de Chiara, ayude a cada focolarino y focolarina a proseguir en su mismo camino, contribuyendo a realizar, como escribía el amado Juan Pablo II, después del gran Jubileo del año 2000, que la Iglesia sea siempre más casa y escuela de comunión. El Dios de la esperanza acoja el alma de esta nuestra hermana, conforte y sostenga el empeño de cuantos heredan su testamento espiritual. Aseguro para esto un particular recuerdo en la oración, mientras envío a todos los presentes en este rito sagrado, la Bendición Apostólica. Del Vaticano, 18 de Marzo  de 2008

«Un canto al amor de Dios»

Eminencias reverendísimas, Excelencias reverendísimas, Autoridades ilustres, Queridos miembros del Movimiento de los Focolares Queridos hermanos y hermanas, La primera lectura nos ha vuelto a proponer que meditemos sobre el conocido pasaje del libro de Job. El justo puesto duramente a prueba proclama, casi grita: «Yo sé que mi redentor está vivo… lo veré yo mismo, mis ojos lo contemplarán no como extranjero». Al mismo tiempo que despedimos a Chiara Lubich, las palabras del san-to Job evocan en nosotros el recuerdo del ardiente deseo del encuentro con Cristo que caracterizó toda su existencia y, de un modo más intenso, los últimos meses y días, probados por el agravarse de la enfermedad que la despojó de todas sus ener-gías físicas, en una gradual subida al calvario que culminó con el dulce retorno al seno del Padre. Chiara ha recorrido la etapa final de la peregrinación terrena acompañada por las oraciones y el afecto de los suyos, que han estado estrechamente unidos a ella en un grande e ininterrumpido abrazo. Débil pero decidido fue, en medio de la noche, su último «sí» al místico esposo de su alma, Jesús «abandonado-resucitado».  Ahora todo está completamente cumplido: el sueño de los comienzos se ha hecho realidad, el anhelo apasionado se ha visto saciado. Chiara se encuentra con Aquel que tanto amó sin verlo y, llena de gozo, puede exclamar: «¡Sí, mi redentor está vivo!». La noticia de su muerte ha suscitado un amplio eco de condolencia en todos los ambientes, entre miles de hombres y mujeres de los cinco continentes, creyentes y no creyentes, poderosos y pobres de la tierra. Benedicto XVI, que inmediatamente mandó su confortante bendición, ahora renueva a través de mí su seguridad de su participación en el gran dolor de su familia espiritual. Representantes de otras Iglesias cristianas y de distintas religiones se unieron al coro de admirable estima y de profunda participación. También los medios de comu-nicación han puesto de relieve el trabajo que ella llevó a cabo para difundir el amor evangélico entre personas de distinta cultura, fe y formación. De hecho −lo podemos decir con propiedad– la vida de Chiara Lubich es un canto al amor de Dios, a Dios que es Amor. «Quien está en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él». ¡Cuántas veces meditó Chiara estas palabras y cuántas veces las reprodujo en sus escritos, por ejemplo en las «palabras de vida» a las que han acudido cientos de miles de personas para su formación espiritual! No hay otro camino para conocer a Dios y pa-ra dar sentido y valor a la existencia humana. Sólo el Amor divino nos hace capaces de «generar» amor, de amar incluso a los enemigos. Ésta es la novedad cristiana, aquí está todo el Evangelio. Pero ¿cómo vivir el Amor? Después de la Última Cena, en medio de la conmovida despedida de los apóstoles −lo hemos escuchado hace poco– Jesús pide «para que todos sean uno». Es la oración de Cristo lo que sostiene el camino de sus amigos de todas las épocas. Es su Espíritu el que suscita en la Iglesia testimonios de Evangelio vivo; y sigue siendo Él, el Dios vivo, el que nos guía en las horas de tristeza y duda, de dificultad y de dolor. El que a Él se confía nada teme, ni el esfuerzo de cruzar ma-res tempestuosos ni obstáculos ni adversidades de ningún tipo. Quien construye su casa sobre Cristo, construye sobre la roca del Amor, que todo lo soporta, todo lo es-pera, todo lo vence. El siglo XX está cuajado de astros luminosos de este amor divino. Por ello no sólo habrá que recordarlo por las maravillosas conquistas conseguidas en el campo de la técnica y de la ciencia o por el progreso económico, que −lamentablemente− no ha eliminado, sino que incluso ha acentuado la injusta distribución de los recursos y de los bienes entre los pueblos; no pasará a la historia sólo por los esfuerzos desplega-dos en el construir la paz, que desgraciadamente no han impedido crímenes horren-dos contra la humanidad y conflictos y guerras que no cesan de ensangrentar am-plias regiones de la tierra. El siglo pasado, si bien cargado de no pocas contradiccio-nes, es el siglo en el que Dios suscitó innumerables y heroicos hombres y mujeres que, a la vez que curaban las heridas de los enfermos y los que sufren y compartían la suerte de los pequeños, de los pobres y de los últimos, distribuían el pan de la ca-ridad que sana los corazones, abre las mentes a la verdad, restituye confianza y ánimo a vidas destrozadas por la violencia, por la injusticia y por el pecado. Algunos de estos pioneros de la caridad la Iglesia los considera ya como santos y beatos: Don Guanella, D. Orione, D. Calabria, la Madre Teresa de Calcuta y otros más. También fue el siglo en el que nacieron nuevos movimientos eclesiales, y Chiara Lubich ocupa un lugar en esta constelación con un carisma que es completamente peculiar y que caracteriza su fisonomía y su acción apostólica. La fundadora del Mo-vimiento de los Focolares, con un estilo silencioso y humilde, no crea instituciones de asistencia y promoción humana, sino que se dedica a encender el fuego del amor de Dios en los corazones. Suscita personas que sean amor en sí mismas, que vivan el carisma de la unidad, de la comunión con Dios y con el prójimo; personas que difun-dan «el amor-unidad» haciendo de sí mismas, de sus casas y de su trabajo un «focolar» donde el amor arde, se hace contagioso e incendia todo lo que está a su alre-dedor. Misión ésta posible a todos porque el Evangelio está al alcance de todos: obispos y sacerdotes, chicos, jóvenes, adultos, consagrados y laicos, casados, fami-lias y comunidades, todos llamados a vivir el ideal de la unidad: «¡Que todos sean uno!». En la última entrevista que ella concedió y que apareció precisamente en los días de su agonía, Chiara afirma que «es la maravilla del amor mutuo, la linfa vital del Cuerpo místico de Cristo». Así es como el Movimiento de los Focolares se compromete a vivir al pie de la letra el Evangelio, «la revolución social más potente y eficaz» y de él surgen los movi-mientos Familias Nuevas y Humanidad Nueva, la editorial Ciudad Nueva, la ciudadela de Loppiano y otras ciudadelas de testimonio en los distintos continentes y ramas laicas, como por ejemplo los «Voluntarios de Dios». En el clima de renovación suscitado por el pontificado del beato Juan XXIII y por el Concilio Vaticano II, encontró terreno fértil su valiente apertura ecuménica y la búsqueda del diálogo entre religiones. En los años de la protesta juvenil, el Movimiento Gen llegó a miles y miles de jóvenes, los fascinó con el ideal del amor evangélico y amplió después su radio de acción con los «Jóvenes por un mundo unido». La propuesta del Evangelio sin paliativos también la quiso hacer Chiara a los niños, a los chicos, para los que fundó el movimiento «Chicos y chicas por la unidad». En Brasil, para aliviar las condiciones de los que vivían en la periferia de las metrópolis, lanzó el proyecto de una «economía de comunión en la libertad», formulando una nueva teoría y praxis económica basa-das en la fraternidad, para un desarrollo sostenible en beneficio de todos. ¡Ojalá el Señor quisiera que muchos estudiosos y operadores económicos asumieran la economía de comunión como un recurso serio para programar un nuevo orden mundial compartido! Y también otros muchos encuentros con los representantes de distintas religiones, con personas destacadas de la política y del mundo de la cultura! Mariápolis, ciudad de Maria es como quiso llamar a los encuentros y a las pro-puestas de una sociedad renovada por el amor evangélico. ¿Por qué ciudad de Ma-ría?  Porque para Chiara la Virgen es «la preciosísima llave para entrar en el Evange-lio». Y quizá precisamente por eso, fue capaz de resaltar en la Iglesia, de manera eficaz y constructiva, su «perfil mariano». Decidió confiar su obra a María dándole precisamente su nombre: Obra de María. Así la Obra −afirma Chiara− «permanecerá en la tierra como otra María: toda Evangelio, nada más que Evangelio; y puesto que es Evangelio, no morirá». Y ¿cómo no imaginar que precisamente la Virgen acompa-ñe a Chiara en su llegada a la eternidad? Queridos hermanos y hermanas, continuemos con la celebración eucarística lle-vando al altar nuestro gracias al Señor por el testimonio que nos deja esta hermana en Cristo, por sus intuiciones proféticas, que han precedido y preparado los grandes cambios de la historia y los acontecimientos extraordinarios que ha vivido la Iglesia en el siglo XX. Nuestro gracias se une al de Chiara. Considerando los muchos dones y gracias recibidos, Chiara decía que, cuando se presentase ante Dios y el Señor le preguntase su nombre, respondería sencillamente: «Mi nombre es GRACIAS. Gracias, Señor, por todo y por siempre». A nosotros, especialmente a sus hijos espirituales, les toca la misión de seguir la misión iniciada por ella. Desde el Cielo, donde nos gusta pensar que ha sido acogida por Jesús, su esposo, seguirá caminando con nosotros y ayudándonos. Hoy, al salu-darla con afecto, volvemos a escuchar de su voz esas palabras que ella tantas veces amó repetir: «Quisiera que la Obra de María, al final de los tiempos, cuando tenga que presentarse compacta delante de Jesús abandonado-resucitado, pueda repetirle – haciendo suyas las palabras que siempre me han conmovido del teólogo Jacques Leclercq: “… En tu día, Dios mío, iré hacia ti… iré hacia ti, Dios mío […] y con mi sueño más loco: llevarte el mundo entre mis brazos”». Éste es el sueño de Chiara; que sea también nuestro más ardiente deseo: «Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea». ¡Amén!

El último saludo a Chiara Lubich en San Pablo extramuros en Roma Martes 18 de marzo a las 3.00 p.m.

«He recibido con profunda conmoción la noticia de la muerte de Chiara, llegada al término de una larga y fecunda vida sellada incansablemente por su amor por Jesús Abandonado”. Así inicia el telegrama firmado por el Papa Benedicto XVI llegado esta mañana.  “En esta hora de doloroso desapego”, el Santo Padre asegura su espiritual cercanía “con afecto”, “a los familiares y a toda la Obra de María-Movimiento de los Focolares que ha tenido origen de ella, como también ha cuantos han apreciado su compromiso constante por la comunión en la Iglesia, por el diálogo ecuménico y la fraternidad entre todos los pueblos”.  El Papa agradeció al Señor “por el testimonio de su existencia gastada a la escucha de las necesidades del hombre contemporáneo en plena fidelidad a la Iglesia y al Papa”. Benedicto XVI expresó el auspicio que “cuántos la han conocido y encontrado, admirando las maravillas que Dios ha hecho a través de su ardor misionero, sigan sus huellas manteniendo vivo el Carisma”. El Papa concluyó invocando “la materna intercesión de María” e impartiendo “a todos” su bendición apostólica. El último saludo a Chiara Lubich tendrá lugar el martes 18 de marzo a las 3.00 p.m. en la Basílica Romana de San Pablo extramuros. La ceremonia será presidida por el Cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Será transmitida en directo vía internet y vía satélite. Durante toda la mañana ha habido un continuo flujo de visitas a su residencia. La capilla ardiente se abrirá hoy en la tarde, a partir de las 4.00 hasta el martes en la mañana, en el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa (vía Frascati 306). Será sepultada en la Capilla del Centro Internacional del Movimiento en Rocca di Papa. En Trento el alcalde Alberto Pacher ha proclamado luto en la ciudad.

México: en fiesta y en oración

El homenaje de miles de personas a Chiara Lubich

080315-03En un clima denso de serenidad, conmoción y oración, es continuo el flujo de personas de todas las edades que vienen a rendir homenaje a Chiara Lubich. En la capilla ardiente, preparada en la sala de encuentros del Centro Internacional de los Focolares en Rocca di Papa, Chiara se encuentra acomodada en el centro de la sala, rodeada por muchísimas flores. Detrás de ella un icono de María con el Niño Jesús, regalo del Papa Juan Pablo II.

Entre las personalidades: un testigo de los últimos 30-40 días de su vida en el Policlínico Gemelli, el Dr. Salvatore Valente, titular de la Cátedra de Neumología quien le hizo el tratamiento: “En este tiempo Chiara ha soportado, ha tolerado todos los sufrimientos con una serenidad, con una participación constructiva, verdaderamente conmovedora. Muchas veces el sufrimiento es sólo un peso doloroso. En cambio ella ha mantenido una mirada serena que me ha impresionado muchísimo. Hasta el momento del “pasaje”.

También el Card. Stanislao Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos ha querido subir a Rocca di Papa: “He tenido varios encuentros con Chiara: el último con ocasión de las fiestas de Navidad. Pero cada encuentro con ella ha sido para mi vida un acontecimiento que ha dejado unas huellas muy profundas. Era una persona que, con su entusiasmo por las cosas de Dios, contagiaba a todos sus interlocutores”. El Cardenal ha dejado un mensaje a sus hijos espirituales: “lleven adelante esta llama del Carisma con mucha valentía: es una historia, en la Iglesia, que no se cierra, sino que se abre”. También el Subsecretario del Consejo Pontificio, Guzmán Carriquiry, vino personalmente.

Andrea Riccardi, de la Comunidad de San Egidio expresó, como fundador, una impresión personal: “Chiara me ha enseñado la dignidad del carisma, su valor, que es la cosa más preciosa que tenemos” y agregó “Chiara es de todos: es de la Iglesia, es también de la gente de otras religiones, Chiara es del mundo, porque ha sido de Jesús. Ahora que está en silencio debemos aprender a escucharla mejor y la podremos escuchar sólo si hacemos unidad entre nosotros”.

Salvatore Martínez, coordinador nacional de la Renovación Carismática italiana afirmó: “La herencia de Chiara es una herencia de amor signo de una maternidad espiritual de la cual todos nosotros laicos estamos agradecidos”. Resaltó el testimonio de esta mujer “que no se ha detenido ante los desafíos de la secularización y de los antagonismos culturales, ideológicos y religiosos”.

Permanecieron en oración ante Chiara también Frère Alois, el prior de la Comunidad de Taizé, sucesor de Fr. Roger, junto a dos hermanos. “Nosotros en Taizé –dijo Fr. Alois- damos gracias a Dios por la vida de Chiara. Es una luz para nosotros. Y esta luz permanece entre nosotros”. Y recordó “la gran estima y el gran amor que Fr. Roger sentía por ella”.

Mientras tanto siguen llegando mensajes de todo el mundo de personalidades políticas y religiosas:

El presidente de la República italiana Giorgio Napoletano define a Chiara Lubich como “una de las figuras más representativas del diálogo interreligioso e intercultural, una voz fecunda y límpida en el debate contemporáneo. Ha sabido fundar –se lee- un Movimiento entre los más extensos del mundo, en grado de confrontarse con espíritu abierto, con el mundo laico sobre la base de la supremacía de los ideales humanos de la solidaridad, la justicia y la paz entre los pueblos y naciones”.

El telegrama de la Conferencia Episcopal Italiana firmado por el Presidente Card. Bagnasco y por el Secretario General Mons. Betori, habla de la experiencia de Chiara, como de “una experiencia de comunión que enriquece la vida de la Iglesia en Italia y en el mundo”. Y recuerda “con particular reconocimiento la fuerza de su testimonio que ha propuesto un camino de fe fundado en el principio de la unidad, fuente en la Iglesia y en el mundo de itinerarios de vida bajo el signo de la plenitud de la alegría”.

Muchos los testimonios de fundadores y presidentes de Movimientos y nuevas Comunidades con los que Chiara tenía una relación muy profunda, en especial a partir de 1998 cuando Juan Pablo II los había invitado a la comunión recíproca. Citamos sólo dos:

La comunidad del Padre Benzi en las palabras del sucesor Paolo Ramonda, expresa la gratitud “por su amor por los otros Movimientos, asociaciones y nuevas comunidades para los que Chiara era una conductora incansable hacia la comunión”.

El Padre Julián Carrón, sucesor del Padre Giussani guía de la Fraternidad de Comunión y Liberación, en una carta “recuerda los largos años de amistad con el Padre Giussani. Habla de su Carisma “suscitado para hacer vivo el acontecimiento cristiano como luz que sostiene la esperanza”.

«Que todos sean uno”: el testamento de Jesús

«Que todos sean uno” de «Ciudad Nueva» del 15 de diciembre de 1959 Si tienes la ventura de viajar a Tierra Santa, en primavera, entre las mil cosas que Jerusalén te ofrece para contemplar y meditar, una te impacta de manera particular, debido a lo que te recuerda, en su extrema sencillez. Resistiendo al tiempo y lavada por las intemperies de dos mil años, una larga escalera de piedra -salpicada aquí y allá por amapolas rojas como la sangre de la Pasión- se extiende casi como una cinta encrespada que desciende, límpida y solemne hacia el valle del Cedrón. Ha quedado desnuda, al descampado, enmarcada por un prado, de modo que ningún templo pudiera reemplazar con su bóveda  el cielo que la corona. Desde allí – cuenta la tradición – Jesús descendió aquella última tarde, después de la cena, cuando, “levantando los ojos al cielo» henchido de estrellas, rogó: «Padre, ha llegado la hora…” Impresiona poner los propios pies allí donde han tocado los pies de un Dios y el alma se te escapa por los ojos mirando el firmamento que los ojos de un Dios han mirado. Y la impresión puede ser tal que la meditación te deje clavada en adoración. Fue única su oración antes de morir. Y cuanto más irradia Dios este «Hijo del hombre” que tú adoras, tanto más lo sientes hombre y te enamora. Su discurso fue entendido plenamente sólo por el Padre; sin embargo lo dijo en alta voz, quizás para que a nosotros también nos llegara un eco de tanta melodía. 1943. No se sabe por qué, pero fue así: casi cada tarde, las primeras focolarinas reunidas en busca del amor de Dios, a la luz de una vela – porque la luz muchas veces faltaba – leían aquel fragmento. Era la carta magna del cristiano. Y allí, palabras que les eran desconocidas brillaron como soles en la noche: noche de un tiempo de guerra.  Jesús, durante tres años, había hablado muchas veces a los hombres: dijo palabras de Cielo, sembró en las duras cervices, anunció un programa de paz, pero ofreció Su divino patrimonio casi adaptándose a la mente de los suyos, y las parábolas dan prueba de ello. Pero ahora que no habla a la tierra, y su voz se dirige al Padre, parece no frenar su ímpetu. Es espléndido ese hombre, que es Dios, y derrama – como fuente de la que fluye la Vida Eterna – Agua que sumerge el alma del cristiano, perdida en Él, en los mares infinitos de la Trinidad bienaventurada. Es hermoso como se presenta en ese último discurso: «Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo… Cuida en Tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros». Ser uno, como Jesús es uno con el Padre: ¿pero qué significaba? No se entendía mucho, pero sí que debía ser algo grande. Fue por eso  que un día, unidas en el Nombre de Jesús, alrededor de un altar, le pedimos que nos enseñara él a vivir esta verdad. Él sabía lo que significaba y sólo él nos habría podido abrir el secreto para realizarla. «… Pero ahora voy a ti, para que su gozo sea perfecto». Por esa breve experiencia de unidad que habíamos hecho ¿acaso no habíamos experimentado una «nueva» alegría? ¿Era quizás esa de la cual habló Jesús? Es verdad que la alegría es el vestido del cristiano, y Alguien dentro de nosotros nos hacía entender que, para quien sigue a Cristo, la alegría es un deber, porque Dios ama al que da con alegría. «No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno». Una vida fascinante y nueva, por lo menos para nosotros: vivir en el mundo, que todos saben que está en antítesis con Dios, y vivir por Dios en una aventura celestial… «Conságralos en la verdad. No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno.» ¿Pero qué cristianismo habíamos vivido antes, si habíamos pasado uno al lado del otro con indiferencia –cuando no con desprecio y juzgándonos- mientras que nuestro destino era fundirnos en la  unidad invocada por Cristo? Con estos acentos nos parecía que Jesús arrojaba un lazo al Cielo y nos ligaba  a nosotros, miembros dispersos en unidad – por él  – con el Padre, y en unidad entre nosotros. Y el Cuerpo místico se nos desplegaba en toda su realidad, verdad y belleza. «Como Tú, Padre, estás en mi y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros.» Como Jesús es uno con el Padre, así cada uno de nosotros habría tenido que ser uno con Jesús y, por consiguiente, uno con los otros: era un modo de vivir en el cual antes poco o nada habíamos pensado: un modo de vivir «a la Trinidad»… «Para que el mundo crea que Tú me enviaste». La conversión del mundo que nos rodeaba habría sido la consecuencia de nuestra unidad. Era tal vez por eso que, ya desde los albores del Movimiento, muchas almas volvían a Dios, sin que nosotros nos hubiéramos ocupado de convertirlas, sino sólo de mantener la unidad entre nosotros y de amarlas en Cristo. «… Yo les he dado la gloria que Tú me diste para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado….» Los hombres habrían creído en Cristo si nosotros éramos perfectos en la unidad. Por lo tanto teníamos que perfeccionarnos en esta vida. Habríamos tenido que posponer cualquier cosa a la unidad. 1943 también había sido el año de la Mystici Corporis: Cristo en el Papa Pío XII hacía escuchar la voz de su Testamento. ¿Será que Jesús, que vive en su Cabeza y en su Cuerpo, también nos empujó a nosotras a subrayar la exigencia de la unidad y a hacer así un regalo a muchos? ¡Unidad, unidad, todos uno! Tal vez en  momentos en que la idea fundamental de Cristo se estaba volviendo, deformada y empobrecida de lo divino, la idea-fuerza de la revolución atea, Dios nos la quiso subrayar en el Evangelio. No se sabe. Sólo se sabe  que el Movimiento de los Focolares tuvo ese sello inconfundible y que para nosotros nada tiene más valor que la unidad: porque formó el sujeto del Testamento de Aquel que queremos amar por sobre todas las cosas;  porque la experiencia que tenemos hasta aquí es rica y fecunda de frutos para el Reino de Dios, para Su Iglesia. «Yo les di a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos y yo también esté en ellos.» Jesús, después de haber dicho estas cosas, se dirigió con sus discípulos más allá del torrente Cedrón…

Chiara ha concluido su viaje terreno

En un clima sereno, de oración y de intensa conmoción, Chiara Lubich ha concluido a 88 años su viaje terreno hoy, 14 de marzo de 2008, a las 2, en su residencia de Rocca di Papa (Roma), donde entrada la noche había regresado por su expresa voluntad después del internamiento en el Policlínico Gemelli. Durante toda la jornada, en las horas conclusivas de su existencia, cientos de personas –parientes, estrechos colaboradores y sus hijos espirituales – han pasado para dirigirle el último saludo en la habitación, para luego detenerse en oración en la capilla del lado, permaneciendo largo rato en los alrededores de su casa. Una ininterrumpida y espontánea procesión. Con algunos Chiara intercambió algún gesto de acuerdo, a pesar de su extrema debilidad. Están llegando del mundo entero mensajes de participación y condolencia por parte de líderes religiosos, políticos, académicos y civiles, pero sobre todo de tanta gente de “su” pueblo.

Chiara Lubich regresó a su hogar, en Rocca di Papa

 Desde hace días Chiara Lubich había expresado el deseo de “regresar a casa”. Ayer en la tarde se tomó esta decisión. Desde el Policlínico Gemelli, donde estaba internada por una grave insuficiencia respiratoria, regresó a su casa en Rocca di Papa-

Como declaró el prof. Salvatore Valente, titular de la cátedra de Neumología del Policlínico: “Chiara Lubich fue trasladada a su domicilio según el deseo que ella expresó”. Y aseguró: “Sigue recibiendo todos los soportes farmacológicos y las terapias necesarias. Lamentablemente –agregó- hasta el momento ha habido respuesta alguna al tratamiento aplicado”.