Construir relaciones, tender puentes

 
Cuando las palabras del Evangelio calan hondo en las personas, el otro, el distinto de mí, pasa a ser un tu, más allá de las distancias físicas, ideológicas, sociales, religiosas.

Un pañuelo verde y un rosario

Tengo una compañera de trabajo con quien me llevo muy bien, porque nos gusta trabajar ordenadamente con respeto y cordialidad. La única diferencia que tenemos es ideológica.
Marita está a favor del aborto y milita activamente ayudando a mujeres a reponerse rápidamente después de haberse realizado el legrado. Tiene un grupo de mujeres a quien acompaña después del aborto diciéndoles que han hecho muy bien en tomar esa decisión.
Al principio yo solo veía su pañuelito verde en el puño, la cartera o el auto, y me acerqué a ella para poder entender sus fundamentos y razones. Ella bien sabe que yo soy católica y estoy a favor de la vida, me pregunta siempre por qué uso el rosario o un denario como pulserita. Al principio yo tenía un poco de temor en contarle sobre mi devoción a María, sin embargo -de a poco- fui contándole experiencias profundas que viví a lo largo de estos años y le conté que cada vez que veía a una chica con pañuelo verde rezaba un Ave María. Riéndose a carcajadas me dijo: “Silvina, debés rezar muchos rosarios por día”. Y yo le confesé que sí, que era así y que eso me daba paz y me ayudaba mucho.

 

 

Un día la invité a casa a tomar una cervecita y me preguntó si podía armarse un “faso”; cuando le dije que sí, comenzó a sacar hojas de marihuana y armó un cigarrillo. Como yo no le decía nada, y me senté al lado de ella, me preguntó por qué era tan comprensiva con alguien tan distinto en su manera de pensar. En ese momento me dio pie para hablar de la unidad en la diversidad; le gustó tanto esa frase (porque ella milita en el partido comunista), que empezamos a hablar de las cosas que tenemos en común, y en un momento se dio que yo le conté mi experiencia de no poder tener hijos y cómo lamentaba por cada madre que abortaba. Como ella es muy feminista le hablé de Madre Teresa de Calcuta y cómo ayudaba a tantas mujeres de la calle, diciéndoles que les ayudaría con sus hijos para que no murieran de hambre.
Le conté también mi experiencia profunda de dolor, al ver que muchas chicas abortaban sin fundamentos y sin razón alguna, mientras mis deseos de ser madre cada vez son más fuertes y que daría cualquier cosa por poder realizar los trámites de adopción más rápidamente. Le hablé de que para mí valorar la vida desde su concepción es dignificante para una madre y para un niño, y que ese era mi fundamento, que hace que no comprenda esta decisión de abortar, pero que también entiendo que hay que respetar a cada persona y su decisión. Ella, conmovida, me miró y me dio un abrazo espontáneo.
Seguimos trabajando muy bien juntas y a diario nos tomamos el pelo de manera sana con nuestras ideologías. Nos queremos mucho y somos un testimonio para nuestros compañeros hombres que miran desconcertados cómo podemos trabajar juntas: ella con su pañuelito verde y yo con mi rosario.

Silvina M. (Argentina)

Pandemia, una oportunidad para reencontrarme con viejos vínculos

Habiendo transcurridos muchos días en los cuales no se podía salir, comencé a preguntarme qué podía hacer para contribuir a esto de “salir afuera”, pues si me quedaba enfrascado en mis pensamientos, podía caer en la desesperanza.
Por otro lado pensaba que esto iba a pasar, y que nos encontraremos con nuevas realidades sociales y económicas.
Más allá de todo esto soy optimista y decidí comenzar a llamar por teléfono a viejos amigos, de los cuales no tenía noticias desde hacía mucho tiempo, con algunos de ellos cerca de 30 años.
La alegría que tenían estos amigos era evidente. Muchos me daban las gracias por haberlos tenido en cuenta.
Algunos de estos eran viejos amigos evangélicos de mis tiempos de juventud.
Yo también estaba contento y me sentía muy pleno. Después de largas charlas quedamos en reunirnos a los efectos de revivir aquellos tiempos, que fueron hermosos.
Creo firmemente que retomar viejos vínculos es una oportunidad, aun viviendo esta pandemia.

Roberto Moreira (Córdoba, Argentina)

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