15 Ene 2014 | Sin categorizar
Tú has mantenido contactos con muchos cristianos no católicos. ¿Cómo veías antes a estos hermanos y cómo los consideras ahora?
«Esto: ante una botella que está llena en sus tres cuartas partes se pueden tener las dos reacciones conocidas: ¡Ah! ¡Todavía me falta un cuarto! O bien: ¡Ya está llena tres cuartos!
La primera expresión dice como anteriormente yo veía a mis hermanos no católicos, es decir hace quince años, antes de empezar a trabajar para el ecumenismo, con todo el Movimiento de los Focolares.
La segunda reacción es la que tengo en mi corazón durante estos últimos años.
De verdad no sé como dar gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de relacionarme con cristianos de las más variadas e importantes denominaciones.
Vivir con ellos, tratar con ellos, sobre todo conocerles, desde que se han abierto porque han aceptado el poder establecer con nosotros una relación de caridad recíproca en Cristo, me ha puesto en el corazón un inmenso sentido de asombro y agradecimiento a la Providencia por haber salvaguardado en estas Iglesias o comunidades eclesiales tantas riquezas de fe, a veces de esperanza, en estas otras liturgias, acerca del valor de la Palabra de Dios… (leer más)
13 Ene 2014 | Focolare Worldwide
Daisy: Mi marido y yo nacimos en familias cristianas. Conocimos el Movimiento de los Focolares en una Mariápolis, y desde aquel momento la elección de vivir la espiritualidad de la unidad dio un sentido a nuestra vida.
Samir: En 1989, durante la guerra del Líbano, la situación era dramática: el conflicto provocaba muertes y destrucción en todas partes, por lo tanto: desocupación, cierre de escuelas y oficinas. Nos trasladamos a los Estados Unidos, donde vivía mi hermano. Como docente universitario podía tomarme un año sabático. En los Estados Unidos, encrucijada de culturas, vivimos la experiencia de pueblos distintos que viven juntos.
Daisy: Fue un año intenso y lleno de pruebas que nos permitieron experimentar el amor de Dios, manteniéndonos siempre unidos. A menudo nos preguntábamos cual era la decisión justa, si volver al Líbano o quedarnos en un país que nos ofrecía tantas oportunidades. Cada uno de nosotros había encontrado un trabajo y teníamos la posibilidad de adquirir la nacionalidad estadounidense. Además, el futuro para nuestros hijos estaba asegurado.
Samir: La decisión no era fácil, pero sentíamos también que no podíamos abandonar nuestro país en la difícil situación que atravesaba. Dialogamos con los hijos y con la familia del Movimiento y decidimos volver al Líbano. Estábamos convencidos de que amar a nuestro pueblo era más importante que la seguridad que los Estados Unidos nos ofrecía.
Daisy: Al volver al Líbano nuestra vida cambió. Comprendimos que la felicidad no depende de las circunstancias externas, sino que es fruto de nuestra relación con Dios y con los hermanos. Efectivamente, en nuestro país convivimos con los musulmanes, y con la espiritualidad de la unidad construimos una real fraternidad con muchos de ellos.
Una vez debíamos asistir a un encuentro del Movimiento que se hacía en Siria, un país que había estado en conflicto con nuestro país. Las relaciones eran todavía difíciles y llenas de desconfianza y prejuicios. Sin embargo, experimentamos que ellos son hermanos nuestros y que debemos dar la vida también por ellos.
Samir: Comprendimos aún más nuestro rol
de testigos del amor entre musulmanes y cristianos. Un ejemplo de este amor entre nosotros es el de haber recibido en nuestro Centro Mariápolis a 150 personas que en su mayor parte eran musulmanes. Formamos juntos una familia unida por la fraternidad. Creemos que nuestro rol como cristianos en Medio Oriente no es sólo el hecho de vivir allí, sino mostrar una presencia activa en la vida política y en las instituciones gubernamentales.
Daisy: En el momento actual en que la mayor parte de los libaneses está angustiados por el futuro y muchos tratan de abandonar el país, nosotros sentimos el amor de Dios que nos acompaña y nos radica día tras día en nuestra tierra ayudándonos a transmitir esperanza.
12 Ene 2014 | Focolare Worldwide
Defensor de la paz a toda costa, Igino Giordani llegó a ser oficial en la primera guerra mundial, donde quedó herido y fue condecorado. Profesor, antifascista, bibliotecario, casado y padre de cuatro hijos, era un conocido polemista en el ámbito católico, pionero del compromiso de los cristianos en la política, escritor y periodista. Después de la segunda guerra mundial, vivida como antifascista y obligado al exilio, resultó electo para la Constituyente. Fue diputado, laico brillante, pionero del ecumenismo. Y fue todavía él quien llevó la realidad de los laicos casados y de la familia al focolar, abriéndolo –en cierto sentido- a toda la humanidad. Por estos y otros motivos más, Chiara Lubich consideró a Giordani, familiarmente llamado “Foco”, uno de los co-fundadores del Movimiento de los Focolares. El encuentro con Chiara tuvo lugar en su oficina de la Cámara de diputados, en Montecitorio, en septiembre de 1948. Pasaba por un momento particularmente difícil de su vida, tanto espiritual como política: «Estudiaba temas religiosos con pasión – escribe en su último libro Memorias de un cristiano ingenuo-, pero también para no pensar en mi alma, de cuyo aspecto no me sentía edificado: me pesaba el aburrimiento; y para no reconocer esta parálisis, me encerraba en el estudio y me aturdía con el trabajo. Creía que no había nada que hacer; en cierto sentido dominaba todos los ámbitos de la cultura religiosa: la apologética, la ascética, la mística, la dogmática, la moral; pero los dominaba culturalmente. No los vivía interiormente».
Ese día a su oficina se presentó una compañía heterogénea, a un hombre como Giordani experto en vida eclesial, enseguida le pareció original por su composición: un conventual, un menor, un capuchino, un terciario y una terciaria franciscana, es decir, la misma Chiara. De hecho, escribirá más tarde, «verlos unidos y concordes ya me pareció un milagro de unidad». Chiara tomó la palabra, acogida por el cortés escepticismo del diputado: «Estaba seguro que escucharía a una sentimental propagandista de alguna utopía asistencial». Y en cambio no fue así. «Había un timbre inusitado en esa voz, -comenta Giordani-: el timbre de una convicción profunda y segura que nacía de un sentimiento sobrenatural. Por lo tanto, de repente mi curiosidad se despertó y el fuego interior empezó a expandirse. Cuando, después de media hora, ella terminó de hablar, yo me sentía dentro una atmósfera encantada: atrapado por la luz y la felicidad; habría deseado que esa voz prosiguiera. Era la voz que, sin darme cuenta, estaba esperando. Ella ponía la santidad al alcance de todos». Giordani le pidió a Chiara que escribiera lo que había dicho, cosa que hizo rápidamente. Pero personalmente el diputado quiso profundizar lo que había conocido. Poco a poco reconoció en la experiencia del focolar la realización de profundo deseo de Juan Crisóstomo: que los laicos vivan como monjes, pero sin el celibato. «Había cultivado por mucho tiempo, dentro de mí, ese deseo –sigue contando-: y por lo tanto, amaba las enseñanzas del franciscanismo en medio del pueblo y la dirección virginal de Catalina de Siena a los caterinatos, y había apoyado iniciativas que parecían querer remover los límites impuestos entre el monaquismo y el laicado, entre los consagrados y la gente común: confines tras los cuales la Iglesia sufría como Cristo en el Getsemaní. Sucedió algo en mí. Sucedió que esos pedazos de cultura, sobrepuestos, empezaron a moverse y animarse, engranado hasta formar un cuerpo vivo, surcado por sangre generosa. Había penetrado el amor y había investido las ideas, llevándolas a una órbita de felicidad». Y, para explicitar este “descubrimiento”, solía repetir una frase que pronunció en los últimos años de su vida, transcurridos, una vez fallecida su amadísima esposa Mya, en ese focolar que tanto amaba, en Rocca di Papa: «Me movía de la biblioteca repleta de libros, hacia la Iglesia habitada por cristianos». Fue una auténtica conversión, una nueva conversión, que «despertándome del estancamiento en el que parecía que estaba amurallado, me inducía a un nuevo paisaje, ilimitado, entre cielo y tierra, invitándome nuevamente a caminar». Está actualmente en curso la causa de canonización de Igino Giordani, conocido como Foco.
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11 Ene 2014 | Focolare Worldwide

«No es fácil contarles lo que estamos viviendo en mi región, en Congo, donde un conflicto permanente destruye el país.
Conocí el ideal de la unidad cuando todavía era una gen3 estaba feliz de pertenecer a una comunidad que vive el Evangelio. Después, creciendo, cuando entré en la universidad encontré otro mundo. Vi personas que se mataban debido a diferencias tribales y étnicas. Corrupción, contrabando, mentiras y muchos otros males en el tejido de la vida cotidiana.
Cuando me gradué, encontré trabajo en una organización no gubernamental que trabaja por los derechos de las mujeres congolesas, especialmente por las que han sufrido abusos sexuales. Por eso viajé a muchas regiones. Me encontré ante la miseria de tanta gente, a pesar de que Congo es un país bellísimo y rico de importantes recursos naturales.
Veía crecer un clima de general resignación. Se oía decir: “Este país ya está muerto, no vale la pena ocuparse de él…”.
A principios del 2012, algo nuevo se encendió en mí. Leí un texto de Chiara Lubich en donde nos invitaba a no contentarnos con las pequeñas alegrías, a apuntar a lo alto. Advertí que, para mí, quería decir trabajar por el cambio de mi país.
Fue así que hicimos nacer un Movimiento de movilización juvenil en la ciudad y empezamos a difundir información, nuestros análisis y reflexiones sobre la situación, proyectos para reaccionar juntos. Denunciamos la altísima tasa de desocupación juvenil. Después, mientras se acercaba el aniversario de la independencia de Congo, imprimimos volantes denunciando los problemas del presente: la crisis de la justicia, la gravísima desocupación y la paradoja entre los grandes recursos del país y la pobreza de la mayoría.
La noche de la vigilia, mientras todavía estábamos distribuyendo los volantes, algunos policías me tuvieron detenida una semana. Para no dejarme sola, enseguida otros dos jóvenes que estaban conmigo se hicieron arrestar, y, después de algunos días otros dos. Pasé por decenas de interrogatorios. Sentía que la amenaza de muerte o de condena se acercaba cada vez más. Lo que me sostuvo en esos momentos terribles fue la unidad que me unía a las gen de mi ciudad y a los jóvenes que me sostenían con su solidaridad.
Una gen se acercaba todos los días al lugar donde me tenían prisionera y me gritaba que todos me apoyaban. Y después, pensando que Jesús, incluso en la cruz, no había dejado de ser Amor, seguí amando concretamente, preparando la comida para los otros detenidos y también para los guardias.
Con muchos jóvenes comprometidos en este movimiento comparto la Palabra de vida. Lo más importante que he entendido es que para realizar un verdadero cambio, la fuerza proviene del amor. Actuar con amor, sin violencia, significa actuar del lado de Dios.
¿Qué queremos? Nuestra finalidad no es oponernos a un grupo político, sino luchar para construir un Congo de los ciudadanos, conscientes de sus derechos y de sus deberes, para sostener a nuevos líderes que trabajen por la justicia. ¿Y cuáles son los primeros resultados? Hoy el Movimiento existe, es conocido en nuestra región y en otros puntos del país; hemos emprendido más de 50 iniciativas y obtenido algunas respuestas concretas. Y todavía estamos vivos, a pesar de las amenazas y los tentativos de instrumentalización.
En nuestra ciudad somos el primer grupo de jóvenes que, respetando las leyes del país, osa denunciar, sostener, asumir una posición ante tantos problemas, como el de las sanciones a los militares implicados en crímenes y extorsiones. Estoy convencida de que está creciendo una generación cada vez más numerosa de congoleses que vuelve a tener confianza y se compromete con el país». (M.M. – Congo)
10 Ene 2014 | Sin categorizar
Entrevista concedida por Maria Voce a Roberto Catalano, del centro de los Focolares para el diálogo interreligioso, con motivo de la IX Asamblea General de las Religiones por la Paz, que se celebró a finales de noviembre de 2013 en Viena. (segunda parte) Chiara Lubich había intuido que en el diálogo interreligioso estaba la solución de muchos de los desafíos de nuestro tiempo… «Chiara, como tuve ocasión de decir también en mi intervención aquí en Viena, nos puso delante de una visión muy clara y muy sencilla: todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, todos somos hermanos. Al inicio, no era una perspectiva específica de las grandes religiones, sino, más bien un mirar al hombre. Posteriormente, esta actitud llevó al diálogo y a la relación con los seguidores de otras religiones. Esto, me parece que era profético. De hecho, Chiara, empezó a abrir el Movimiento al diálogo incluso antes del Concilio Vaticano II, después del cual, los diálogos se asumieron como uno de los caminos de la Iglesia, precisamente porque se toma este punto de vista sobre el hombre. Además, Chiara, preparó los medios y los instrumentos para estos diálogos. A medida que se establecían contactos con personas de otras tradiciones religiosas, comprendió que era necesario especializarse en ellos. Por eso fundó centros especiales, […] donde se trata de conocer más en profundidad a los cristianos de otras iglesias, a fieles de otras religiones y a personas de diversas culturas. De hecho, a partir de una comprensión más profunda surge una mayor posibilidad de amor y de abertura. Descubrimos los valores y nos ponemos en una actitud, no de defensa, sino en una actitud de diálogo, tal como debe ser.
[…] Hoy nos encontramos con personas budistas, musulmanas y de otras religiones que son una parte integrante del movimiento y no podemos decir que tenemos un diálogo con ellos. Ellos son parte de nuestro movimiento y, junto con nosotros, dialogan con los demás. Por lo tanto, hemos superado la etapa de diálogo para llegar a una etapa de unidad y plena colaboración también con ellos». ¿Cuáles son las perspectivas de diálogo interreligioso para el Movimiento de los Focolares? «Vemos que cuando hacemos encuentros de diálogo siempre hay personas nuevas de diferentes religiones, que se sienten atraídas por la relación que han visto entre los miembros de diferentes religiones. Este testimonio abre la posibilidad de que el diálogo se alargue. Se trata de hacer posible la tolerancia, la comprensión y la amistad, todos ellos aspectos a menudo comprometidos por muchos juicios. Tenemos que abandonar los prejuicios para descubrir la belleza que hay en cada persona, sobre todo destacando que la parte más valiosa es precisamente la de pertenecer a una religión. Esto permite poner de relieve la relación de cada persona con Dios.
[…] Los diálogos nos permiten crecer en la capacidad no sólo de entender a aquellos con quienes vivimos […], sino también de contener a otros que provienen de diferentes tradiciones e inspiraciones espirituales diferentes de la nuestra. […] Nuestro movimiento tiende, […] al ut omnes [el “Que todos sean uno», como pidió Jesús al Padre] y, por lo tanto, debe contener en la medida de lo posible todas las dimensiones. No puede contentarse con la dimensión católica, en la que nació y que también tiene en sí una perspectiva universal, porque católico significa universal. Para ser verdaderamente universal, tenemos que llegar a descubrir toda la belleza que existe en la humanidad». Lea la entrevista completa en Città Nuova online (en italiano)