2 Sep 2020 | Sin categorizar
El testimonio de José Luis Raygada, un médico peruano en primera línea en la lucha contra el COVID-19. Cómo conjugar el rol profesional y de padre, en coherencia con los valores evangélicos.
Soy médico desde hace 25 años y padre desde hace 17 años, y me doy cuenta de que no termino de aprender a ser ambas cosas en coherencia con los valores en los que creo.
En estos tiempos de pandemia, descubro una escuela intensiva para mejorar en ambos roles, también en aspectos hasta ahora poco considerados por mí, así como por la mayoría.
Desde el inicio de esta epidemia mundial, estoy trabajando en un hospital de campaña para enfermos de Covid 19 en la ciudad de Piura (norte del Perú), el primero en esta ciudad. Estoy ayudando a los enfermos internados y he visto morir a más pacientes en estos últimos 3 meses que lo que he visto en mis 25 años como médico.
He sido formado en una de las mejores escuelas de medicina del país, con prestigio académico y rigor científico. He descubierto, ante esta terrible enfermedad, las limitaciones, la impotencia y la frustración de la “medicina científica” ante esta infección desconocida. He visto a mis pacientes sufrir y morir asfixiados por falta de oxígeno, aún suministrándolo a grandes flujos; con todo lo que la ciencia iba proponiéndonos como terapias, pero con todas las carencias de personal y equipos de un hospital en un país pobre. Y cuando la enfermedad se torna agresiva, me he visto, muchas veces frente al paciente, impávido y frustrado con mi ciencia. Es en medio de este desconcierto, que escucho con frecuencia un grito: ¡Tengo sed! … ¡Agua por favor! … ¡Dénme agua! … ¡Agua!… A veces sólo gimen y, sólo cuando te acercas y les preguntas si quieren beber, asienten con un movimiento de cabeza.
A la par de mi labor “científica”, comencé a dar de beber a todo el que me lo pedía, a acomodarles la almohada, a sostener sus manos entre las mías, a acariciar su frente, a darle un masaje a su espalda cuando me lo pedían o a pasarle el balde para que orinen. O tan sólo acompañarlos y hasta rezar con ellos o por ellos; y, finalmente, a consolarlos en su partida.
Me he dado cuenta de mi doble dimensión como médico: la dimensión de autoridad respaldada en lo científico, que muchas veces cura, y mi dimensión como ser humano, fundada en la misericordia y en el amor que provienen de Dios y expresados en actos cotidianos y sencillos que tantas veces sanan el alma. Ciencia y humanidad plena, conocimiento y misericordia, cuerpo y alma, hombre y Dios, razón y fe, una moneda de dos caras que hace pleno nuestro dar y vivir, un balance delicado de lograr.
Entre el trabajo desgastante en el hospital, la sobrecarga de emociones intensas y mis propias debilidades, llegaba a casa a cenar con ganas de descansar y de desahogarme. Mi hijo mayor, en plena adolescencia, frustrados sus proyectos por el encierro y con la energía juvenil, comenzó a enfrentarse con todos, pero especialmente conmigo. Parecía que yo había pasado a ser como su contrincante o enemigo, convirtiendo la mesa en un campo de batalla. Inicialmente, presa de mis pasiones e impulsividad, terminábamos en una agria y hasta insultante pelea. Nuevamente veía “mi autoridad” mellada y, querer imponerla por la fuerza empeoraba las cosas.
Entonces, también en casa he redescubierto el otro aspecto de mi rol como padre: “misericordia y humildad”; y así comenzar a callar y a ofrecer a Dios ante el improperio; expresarle mi perdón y pedir perdón si me excedí; tratar de leer entre sus agresiones un pedido de ayuda y cariño; hacer más silencio para enfriar una discusión y continuar orando en soledad y en familia aunque pareciera inútil.
Poco a poco nuestra relación se va restableciendo dentro de los cauces normales de la relación de un padre y un hijo. Nuevamente estos dos ejes: autoridad y misericordia, que ¿no son, acaso, expresiones de la vida divina?
Experiencia recogida por Gustavo E. Clariá
1 Sep 2020 | Sin categorizar
El 1 de septiembre se conmemora la “Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación”. El compromiso de los Focolares con la adhesión a la iniciativa “El tiempo de la Creación” y con un meeting en octubre de 2020.
El 1 de septiembre se celebra la “Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación”. Fue instituida por el Papa Francisco en 2015, el año de la Encíclica Laudato si’. En ella el Papa invita a todos a comprometerse en el cuidado de la Creación. Es nuestra casa, el bien más precioso. Y pide que superemos el actual sistema socio-económico. Ya no podemos explotar el planeta tierra como si hubiese recursos naturales ilimitados. Hay que actuar de prisa y encontrar un modelo de desarrollo diferente. ¿Qué podemos hacer para ser más concretos? La Laudato si’ muestra un camino hacia una “conversión ecológica”: cambiar estilos de vida y tratar de poner en práctica los principios de la ecología integral. En este texto, por lo tanto, no se habla sólo de ambiente sino también de política, economía, sociedad. Tenemos que partir de nosotros mismos, de nuestras opciones cotidianas de consumo, de las elecciones para que haya políticos más atentos al cuidado de la naturaleza; incidir más en la sociedad para aumentar las energías renovables y disminuir la utilización de las fuentes fósiles. Este año también el Movimiento de los Focolares adhiere a la iniciativa “El Tiempo de la Creación”, la celebración anual de oración y acción por nuestra casa común que empieza justamente el 1 de septiembre y termina el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, amado por muchas confesiones cristianas. Esta red global alienta a todos a organizar eventos y registrarlos en la página web. Una iniciativa de carácter ecuménico cuyas raíces tienen ya treinta años: en 1989 fue el patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, Dimitrios quien dio el puntapié decisivo a las diferentes Iglesias cristianas para declarar conjuntamente el 1 de septiembre “Jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación”. Para este año el tema sugerido es: “Jubileo para la Tierra: nuevos ritmos, nueva esperanza”. Un evento útil para considerar la relación integral entre el descanso de la Tierra y las formas de vida ecológicas, económicas, sociales y políticas, sobre todo como consecuencia de los efectos de vasto alcance causados por la pandemia global de Covid-19. Del 23 al 25 de octubre en Castel Gandolfo (Italia), además, habrá un meeting organizado por EcoOne –la red ecológica de los Focolares– que comprenderá la participación de expertos, políticos, docentes universitarios, entes y asociaciones, para examinar el impacto de la Laudato sì’ en el mundo contemporáneo y los nuevos caminos explorados hacia una ecología integral. El evento quiere mostrar el rol que individuos y entes sociales pueden desempeñar en el cuidado de nuestra casa común.
Éste, entre otras cosas, es también un año especial, porque el 24 de mayo pasado, con ocasión del quinto aniversario de la encíclica, el Papa Francisco anunció un año especial –hasta el 24 de mayo de 2021– de la Laudato si’. La urgencia de la situación es tal que requiere respuestas concretas e inmediatas que involucren a todos a nivel nacional, regional, nacional e internacional. En particular, es necesario crear “un movimiento popular” desde abajo, y una alianza entre todos los hombres de buena voluntad. Para ello es importante participar en iniciativas como “El Tiempo de la Creación” o el meeting de EcoOne de octubre próximo. Como el Papa Francisco nos recuerda, “todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno con su propia cultura y experiencia, sus propias iniciativas y capacidades.” (LS, 14)
Lorenzo Russo
31 Ago 2020 | Sin categorizar
En muchos países las restricciones debidas a la pandemia del coronavirus han bloqueado también todas las formas de encuentros religiosos, de culto, de oración. Sin embargo, el deseo de los fieles de estar con Dios no ha disminuido. ¿Qué podemos hacer? Chiara Lubich propone un modo original. «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). […] Jesús dirige estas palabras a los discípulos […] (pero) nos tenía presentes también a nosotros, que habríamos tenido que vivir sumergidos en la existencia compleja de cada día. Ya que es Amor encarnado, habrá pensado: quisiera estar siempre con los hombres, quisiera compartir con ellos cualquier preocupación, quisiera aconsejarlos, quisiera caminar con ellos por las calles, entrar en sus casas, reavivar con mi presencia su alegría. Por eso quiso permanecer con nosotros y hacernos sentir su cercanía, su fuerza, su amor. […] Si vivimos lo que Él nos propone, especialmente su mandamiento nuevo, podemos experimentar esa presencia suya también fuera de los templos, en medio de la gente, en los lugares donde uno vive, por todas partes. Lo que se nos pide es ese amor recíproco, de servicio, de comprensión, de participación en los dolores, en las preocupaciones y las alegrías de nuestros hermanos; ese amor que cubre todo, que perdona todo, típico del cristianismo. Vivamos así, para que todos tengan la posibilidad de encontrarse con Él ya en esta tierra.
Chiara Lubich
Extraido de: Palabra de Vida, Mayo de 2002, en: Chiara Lubich, Parole di Vita, pag. 657. Città Nuova Ed., 2017.
29 Ago 2020 | Sin categorizar
El coronavirus sigue llevándose mil «historias» como la de Sher Khan. Pero la suya sigue viviendo en un legado – la fraternidad – y en muchos amigos como Marta y Javed. By Anita Martinez and Dalma Tímár. https://vimeo.com/430019216
27 Ago 2020 | Sin categorizar
La escuela de la ciudadela argentina que desde hace cincuenta años forma a miles de jóvenes de todo el mundo es reconocida ahora como un “programa de extensión universitaria y formación profesional”. Hasta hace poco más de un mes se lo podía definir como una especie de máster en “vida según la cultura de la unidad”, pero ahora la “experiencia”, como con razón se define el curso anual para jóvenes de la Mariápolis Lía, en Argentina, consta con un certificado universitario. El nuevo programa de estudios es el resultado de la elaboración conjunta entre los equipos pedagógicos de la Fundación Centro Latinoamericano para la Evangelización Social (CLAdeES) y la Escuela Juvenil Mariápolis Lía, en acuerdo con la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (Unnoba).
El “programa de extensión universitaria y formación profesional” –es éste el título académico que los estudiantes obtendrán en O’Higgins– articula la dimensión formativa integral según cuatro ejes temáticos: antropolítico-filosófico, histórico-cultural, comunitario y trascendente. Dura 11 meses y el que lo completa tendrá acceso a la extensión de la universidad y a la acreditación de la formación profesional con tres posibles orientaciones: educación, eco-responsabilidad y gestión multicultural; liderazgo de la comunidad y desarrollo de los procesos participativos; o arte, comunicación y producción multimedial. La propuesta formativa se desenvuelve a través de semimarios especializados, pasantías laborales e investigaciones de aplicación en el campo a partir de los valores del pensamiento social cristiano. Además se prevé también una próxima integración con la sección latinoamericana del Instituto Universitario Sophia. Ubicada cerca del pueblo de O’Higgins, en la provincia de Buenos Aires, la Mariápolis Lía ofrece a los jóvenes una experiencia formativa que integra trabajo, estudio, actividades culturales y recreativas, deporte e intereses particulares. Estas actividades se entienden como aspectos distintos de una misma formación integral. De hecho, el concepto de estudiante coincide con el de ciudadano, por lo cual se presume que todos son constructores de la ciudad. Un equipo de expertos y docentes en las distintas disciplinas les hace un seguimiento en al aprendizaje desde el punto de vista espiritual, antropológico, social y doctrinal. Los más de 6000 jóvenes que han transcurrido un período en la Mariápolis son, ellos mismos, la prueba del valor formativo en sus vidas, que ha fructificado en los más variados ambientes (gerentes de empresa, economistas, educadores, profesionales, trabajadores, padres, personas consagradas…). “La experiencia” sigue siendo un punto luminoso a lo largo de todo el recorrido de la vida, contribuyendo a superar momentos humanos y profesionales difíciles.
Stefania Tanesini
26 Ago 2020 | Sin categorizar
¡Cuántas veces Dios se vale de alguien para acercarnos a Él! No deberíamos olvidarlo nunca pues nosotros también podríamos ser un día instrumentos de Dios para alguien. Una nueva esperanza Estando en Estados Unido por mis estudios, había decidido volver a mi país por la insistencia de mi familia, pero me quedé bloqueado por la cuarentena en un instituto cerca de la frontera junto con otras 500 personas. Con la sensación exacta de encontrarme en una cárcel. Por suerte el celular me mantenía conectado con el mundo exterior. Cuando tuve la posibilidad de ver a alguien, leía en ellos mis mismas preguntas sobre lo que estaba sucediendo. En esos días conocí “a la distancia” a un sacerdote salesiano. Aunque estaba aislado como yo, emanaba una paz que ni los demás ni yo teníamos. Era como si él no se sorprendiese por nada. En un primer momento celebraba él solo en su habitación, luego empecé a participar con él en la misa. En pocas palabras, volví a los sacramentos y a la vida de fe de antes, si bien ya no como antes. Mi novia también notó que yo había cambiado. A veces pienso: si se dio en mí esta transformación, ¿no puede ser que se dé en otras personas? Y entonces nace dentro de mí una nueva esperanza, que ese mundo que antes parecía quitármela ahora pueda retomar el camino sobre otros rieles. K. – Eslovaquia Cochecito para recién nacidos Había conocido a una joven gitana que esperaba a un hijo. Necesitaba de todo, desde ropa hasta todo lo que se necesita ante un nacimiento. Había leído en el Evangelio “Todo lo que pidan al Padre… él se lo concederá”. Ese día con fe le pedí a Jesús, durante la misa, un cochecito para recién nacidos. Más tarde, ya en el colegio, me esforcé más por amar a compañeros y profesores. Cuando volví a casa por la noche, supe por mi madre que una vecina de mi casa, al saber que ayudo a los pobres, había dejado algo para mí. ¡Era una cochecito para bebés! Me conmovió esa tan rápida respuesta de la Providencia. C. – España Bendición Siendo enfermero desde hacía un mes, justamente en el período del coronavirus, en el hospital en donde prestaba servicio compartí la soledad de muchos pacientes que pasaron a la otra vida sin el sostén de sus seres queridos. Pero la experiencia más fuerte fue cuando, habiendo sabido por mi madre que, según las palabras del papa, los médicos y los enfermeros también estaban habilitados a dar una bendición a los pacientes difuntos, pude hacer un signo de la cruz en la frente y el pecho de varios de ellos antes incluso de que se hiciesen los trámites para confirmar la muerte y enviar los cuerpos a la morgue. Giuseppe – Italia
Recogido por Stefania Tanesini