1 Dic 2017 | Sin categorizar
Noel era un “artista gráfico”, y tenía su marca inconfundible. Sus predilectos eran Miguel Ángel, Van Gogh, Gaudí. Tenía un talento precoz para el dibujo que le permitió la creación de un estilo moderno, personal, basado en el conocimiento de los grandes maestros del pasado. Emmanuel, que todos llamábamos Noel, trabajaba codo a codo con los jóvenes de su ciudad, prestando la luminosidad, inventiva y creatividad que poseía para la preparación del Genfest 2018 que reunirá en Manila a 10.000 jóvenes de todas partes del mundo. El 2 de septiembre pasado, se durmió y no volvió a despertar por una inesperada complicación de las apneas nocturnas de las que sufría. Los chicos y los jóvenes del Movimiento de los Focolares en Filipinas lo consideraban como un coetáneo más que un adulto. Ahora ellos, recibiendo su legado, cuentan con su ayuda para seguir adelante. Grace, Paul, Lela, Paula, Edith y otros de sus amigos nos escribieron, contándonos quién era Noel, para todos ellos. «Se donaba a si mismo sin medida y sin esperar nada a cambio. Estaba siempre en movimiento desde pequeño: a los dos años, llegando por primera vez a la Mariápolis, corría y se trepaba por las paredes también durante los encuentros. Generoso por carácter, a los seis años regaló unas zapatillas recién compradas para colaborar con una colecta de prendas de vestir, organizada luego de que un terrible incendio asolara la zona. Cuando le preguntaron el porqué de su gesto, contestó: “Vi a Jesús en aquellas personas”. Durante los primeros años de escuela, Noel encontró numerosas dificultades. Cuando un médico descubrió la causa, un problema de visión, confesó cándidamente que nunca se lo había comentado a sus padres para que no se preocuparan. Más tarde su familia se trasladó a otro pueblo. Noel y su hermano pegaron un letrero en la puerta principal, “Se buscan amigos”, y empezaron a tocar a las puertas de los vecinos, pero sin obligar a nadie. Una vez adulto, Noel recibió gran aprecio por parte de sus colegas y empleadores. Espontáneo y sociable, pero también fiable y preciso, cumplido en los tiempos de entrega. Le perdonaban si a veces, a causa del síndrome de la que sufría durante las horas nocturnas, se dormía de golpe, derramando el café en el teclado del pc. En las redes sociales compartía sus obras y una de ellas se encuentra expuesta en el Café Mediterranean de Manila. Estaba siempre disponible para las iniciativas de los jóvenes de los Focolares. Todas las veces que se necesitaba un dibujo o un proyecto, ponía a disposición su talento. Desde chico tocaba como baterista de un conjunto gen. Seguramente no era el mejor baterista del mundo, pero cuando él estaba la banda no se preocupaba demasiado por alcanzar la perfección, sino por tocar con el corazón. Agnes, miembro de la banda, recuerda que para él era importante “el conjunto”, y no tanto sobresalir. Ponía el mismo cuidado en las relaciones con las personas. En 2004 Noel llegó a Loppiano (Italia) para participar en la escuela gen. Era uno de los pocos que tenía permiso de conducir y manejaba para todos, incluso por la noche, después de una jornada de trabajo, si fuese necesario. Regresando a su país, se convirtió en punto de referencia para muchos jóvenes. Conscientemente o no, era para ellos un estímulo para no aflojar, para perseverar, esperar, seguir a Dios sólo. “En el amor es necesario darlo todo, especialmente cuando se te da la posibilidad de hacerlo”, afirmaba a menudo. Noel estaba siempre al lado de su madre, protector hacia sus hermanas, cercano con su hermano incluso cuando se mudó al exterior. No quería que hubiera personas infelices a su alrededor. Un amigo, un maestro, un gigante gentil. Una persona que ha dejado huella. Esto es Noel para nosotros. Tenía casi 38 años, pero no quería envejecer. Ahora será joven para siempre». @Genfest2018: Noel, ¡a tan solo 38 años dejó una huella! “En el amor es necesario darlo todo”, decía el joven filipino #
30 Nov 2017 | Sin categorizar
En la capital austríaca se reunieron, el 9 de noviembre pasado, en el Congreso anual, 130 personas de 44 Movimientos, Comunidades y Asociaciones pertenecientes a la red ecuménica «Juntos por Europa«. Discursos e intenso intercambio de ideas, con momentos de oración, han caracterizado el programa del Congreso. P. Heinrich Walter (Schönstatt), Gérard Testard (Comunidad Efesia, Francia), Gerhard Pross (CVJM/YMCA, Esslingen) han presentado la historia de «Juntos por Europa», de la situación actual y de los próximos desafíos: “Decimos que sí a un Continente al cual Dios, en el curso de la historia, ha confiado una vocación: juntar cielo y tierra, juntar fe y proyecto para el mundo, porqué en el Crucificado el cielo y la tierra se encuentran”. Pál Toth (Movimiento de los Focolares, Hungría), experto en ciencias de la comunicación, evidenció algunas diferencias entre los Países del Este y Oeste europeos, lanzando a conclusión un desafío: “Juntos por Europa puede transformarse siempre más en una plataforma de diálogo y en una escuela de diálogo intraeuropeo”. Entre varias propuestas, la de evidenciar el 9 de mayo, considerado en muchos Países el Día de Europa, para difundir con acciones locales el mensaje de «Juntos por Europa». www.together4europe.org twitter: com/together4europe
29 Nov 2017 | Palabra de vida, Sin categorizar, Spiritualità
En su casa de Palestina, un lugar anónimo en la periferia del potente Imperio Romano, una mujer joven recibe una visita inesperada y estremecedora: un mensajero de Dios le trae una invitación y espera su respuesta. «Alégrate», le dice el ángel al saludarla; y luego le revela el amor gratuito de Dios por ella y le pide que colabore en el cumplimiento de su designio sobre la humanidad. María acoge con estupor y alegría el don de este encuentro personal con el Señor y, por la plena confianza que deposita en el amor de Dios, también ella se entrega totalmente a este proyecto aún desconocido. Con su «¡Heme aquí!» generoso y total, María se pone con decisión al servicio de Él y de la humanidad y, con su ejemplo, indica a todos un modo luminoso de adhesión a la voluntad de Dios. «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra». Meditando esta frase del Evangelio, Chiara Lubich escribió: «Para cumplir sus designios, Dios solo necesita personas que se entreguen a Él con toda la humildad y la disponibilidad de una sierva . Con su actitud, María –verdadera representante de la humanidad, cuyo destino asume– deja todo el espacio a Dios para su actividad creadora. Pero ya que “siervo del Señor”, además de expresar humildad era también un título de nobleza que se atribuía a los grandes servidores de la historia de la salvación, como Abrahán, Moisés, David y los profetas, con estas palabras María afirma toda su grandeza».[1] «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra». También nosotros podemos descubrir la presencia de Dios en nuestra vida y escuchar esa «palabra» que nos dirige a cada uno para invitarnos a hacer realidad en la historia, aquí y ahora, un fragmento de su designio de amor. Pero podríamos sentirnos bloqueados por nuestra fragilidad y por una sensación de ineptitud. En ese caso, hagamos nuestra la palabra del ángel: «Nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37) y confiemos en su poder más que en nuestras fuerzas. Es una experiencia que nos libera de condicionamientos y de la presunción de bastarnos a nosotros mismos, pone de manifiesto nuestras mejores energías y unos recursos que no creíamos tener y nos hace capaces de responder con el amor. Cuenta una pareja de casados: «Desde el comienzo de nuestro matrimonio abrimos nuestra casa a los familiares de niños hospitalizados en la ciudad donde vivimos. Han pasado por casa más de cien familias, y siempre hemos procurado ser una familia para ellos. Muy a menudo la Providencia nos ha ayudado a sostener económicamente esta acogida, pero contando con nuestra disponibilidad previa. Hace poco recibimos una suma de dinero y pensamos dejarla en reserva: seguro que le vendría bien a alguien. De hecho, al poco tiempo nos llegó otra petición. Es todo un juego de amor con Dios, y nosotros solo tenemos que ser dóciles y estar al quite». «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra». A vivir esta frase del Evangelio nos puede ayudar la sugerencia de Chiara de acoger la Palabra de Dios como hizo María: «…con total disponibilidad, sabiendo que no es palabra de hombre. Siendo Palabra de Dios, contiene en sí la presencia de Cristo. Así pues, acoge a Cristo en ti en su Palabra. Y con una prontitud muy activa, ponla en práctica momento a momento. Si lo haces, el mundo volverá a ver pasar a Cristo por las calles de nuestras ciudades modernas; a Cristo en ti, vestido como todos, trabajando en las oficinas, en las escuelas, en los lugares más variados, en medio de todos»[2]. En este tiempo de preparación para la Navidad, busquemos también nosotros, como hizo María, algún rato para estar cara a cara con el Señor, por ejemplo leyendo una página del Evangelio. Procuremos reconocer su voz en nuestra conciencia, iluminada así por la Palabra y sensible ante las necesidades de los hermanos con los que nos cruzamos. Preguntémonos: ¿de qué modo puedo ser una presencia de Jesús hoy y así contribuir, allí donde vivo, a transformar la convivencia humana en una familia? El «Heme aquí» con el que responderemos hará que Dios siembre la paz en torno a nosotros y acreciente la alegría en nuestro corazón. LETIZIA MAGRI ______________________________________ [1] C. Lubich, «No pierdas esta ocasión»: Palabra de vida, diciembre 1981: cf. Ciudad Nueva n. 162 (1981/12), p. 21. [2] Ibid.
29 Nov 2017 | Sin categorizar
28 Nov 2017 | Sin categorizar
La palabra clave es camino. Porque «la verdad se busca caminando». Se entusiasma Emmaús, como la llaman sus compañeros de movimiento, cuando describe la visión del Papa Bergoglio sobre el ecumenismo. Le brillan los ojos delante de una realidad eclesial cuya vocación es la unidad. En los derroteros marcados por su fundadora, Chiara Lubich. Uno de los poquísimos movimientos nacidos en la Iglesia católica que acepta como miembros a fieles de otras iglesias. Una rareza en tiempos de fragmentación. «Pienso que el catolicismo verdadero es el que Dios piensa, un conjunto de comunidades cada una con su identidad. Pienso que se llegará, porque se debe llegar, a que todos sean uno. Lo pidió Jesús. No una sola Iglesia católica; católica en el sentido universal sí, pero no una sola Iglesia romana o una sola Iglesia de Constantinopla». Sus palabras suenan provocadoras. «¡Claro, es provocador!», responde. En su «provocación» parece sentirse confirmada por el Papa argentino. En la última vigilia de Pentecostés, el 3 de junio, el Pontífice convocó a los movimientos carismáticos, católicos y no. Antes del comienzo, el Papa preguntó especialmente por María Voce. Un sacerdote la fue a buscar. Ella se sumó al grupo de líderes sentados en el escenario. Al final de su intervención, el Papa se le acercó y, ante su completa sorpresa, la tomó de la mano exclamando: «Ven, María…». No dijo más. Y juntos dejaron el lugar. «Desde el primer momento, cuando escuché al Papa asomado al balcón saludar a la multitud y presentarse como Obispo y no como Pontífice había ya un signo evidente de esta capacidad suya de relacionarse en pie de igualdad con las otras iglesias». Jorge Mario Bergoglio –recuerda Voce– ya tenía una experiencia vivida de ecumenismo con contactos fluidos con otras Iglesias en Buenos Aires. En aquel pasado, María Voce identifica el germen de lo que vino después, en su pontificado, y que llegó a la máxima expresión con la presencia del Papa en los actos conmemorativos del quinto centenario de la Reforma protestante de Martín Lutero en Lund (Suecia), hace casi un año. «En Lund ocurrió una cosa enorme, porque dos jefes de Iglesia del mismo nivel de autoridad se encontraron, firmaron una declaración». El desafío es replicar la actitud del Papa y sumarse al «espíritu de Lund». «Si Juan Pablo II será siempre recordado por el “espíritu de Asís”, yo creo que el Papa actual debe ser recordado por el “espíritu de Lund”».
Aunque ese optimismo tiene limitaciones. María Voce reconoce que, «por desgracia», aún existen actitudes del pasado entre los católicos. Aquellos que piensan «la Iglesia somos nosotros» y los demás están afuera. Una actitud perpetuada que ha llevado a una cierta fatiga espiritual. «Hemos ralentizado la historia. No hemos caído en un inmovilismo en el sentido concreto, pero quizás hemos ralentizado procesos históricos por miedo. No diría la Iglesia toda, sí muchos de sus miembros». «Somos hermanos ligados por el Bautismo, también ellos viven el mismo Evangelio que vivo yo. ¿Quién soy yo para permitirme decir que él vale menos que yo ante Dios? El Papa está dando un gran impulso en este sentido». ¿Cómo avanzar? Para María Voce, de muchas maneras. Entre ellas revalorizando a los grandes personajes en la historia de las Iglesias, como Lutero; apreciando el martirio de los cristianos que ofrecen sus vidas sin importan cuál sea su Iglesia, y buscando modos para expresar el propio credo en modos «más aceptables para todos». Pero, sobre todo, viviendo concretamente la fe compartida. Porque la nueva etapa de diálogo empujada por Francisco se realiza en el camino, no estando detenidos. La apuesta lleva implícita sus riesgos. Uno de ellos es la falta de formación. Como líder de un movimiento ampliamente extendido y enraizado a nivel mundial, Voce constata un evidente defecto en la catequesis de los católicos. «Es justo estar atentos a la formación, pero se necesita arriesgar, porque si no se arriesga no se va adelante. Ese es el camino de ecumenismo extraordinario que el Papa está llevando adelante. Nosotros sentimos que debemos ayudarlo a convertir esto en una realidad del pueblo, en un ecumenismo vital, concreto». No se trata de caer en la confusión. O de perder la propia identidad. Sino de compartir los momentos, incluso las ceremonias litúrgicas, evitando las mezclas extrañas, alzando la voz de la oración compartida. Por eso subraya: «¿En este camino existe algo más por hacer? Mientras existan en el mundo lugares donde los cristianos combatan entre ellos o busquen prevalecer los unos sobre los otros, o estén divididos, hay mucho por hacer».
25 Nov 2017 | Sin categorizar
El día en que los hombres, pero no como individuos sino como pueblos, el día en que los pueblos sean capaces de posponerse a sí mismos, de posponer la idea que tienen de su patria, de sus reinos, y ofrecerlo todo como incienso al Señor, Rey de un Reino que no es de este mundo, Guía de la historia, y esto lo hagan por ese amor recíproco entre los Estados, que Dios pide, lo mismo que pide el amor recíproco entre los hermanos; ese día será el comienzo de una nueva era, porque ese día, lo mismo que se hace viva la presencia de Jesús entre dos que se aman en Cristo, se hará vivo y presente Jesús entre los pueblos, finalmente puesto en su verdadero lugar de único Rey, no sólo de los corazones, sino también de las naciones. Será Cristo Rey. Los pueblos cristianos, o sus representantes, tendrían que saber inmolar su yo “colectivo”. Éste es el precio. Por otra parte, no se nos pide menos a cada uno de nosotros para la consumación de nuestros espíritus en unidad. Éstos son tiempos en los que cada pueblo tiene que traspasar sus propio confines y mirar más lejos. Ha llegado el momento de amar la patria de los demás como la propia, de que nuestros ojos adquieran una nueva pureza. No basta el desapego de nosotros mismos para ser cristianos. Hoy los tiempos exigen al seguidor de Cristo algo más: una conciencia social del cristianismo, que edifique no sólo la propia tierra según la ley de Cristo, sino que ayude a la edificación de la de los demás con el gesto universal de la Iglesia, con la mirada sobrenatural que nos ha dado Dios Padre, que desde el Cielo ve las cosas de un modo muy diferente al nuestro. Es necesario vivir el Cuerpo místico de Cristo de manera tan excelente que podamos traducirlo en cuerpo místico social. […] El Señor tenga piedad de este mundo dividido y desbandado, de estos pueblos encerrados en su propio cascarón contemplando la propia belleza – única para ellos – limitada y que no satisface, defendiendo con los dientes sus propios tesoros – incluso aquellos bienes que podrían servir para los demás pueblos en los que se muere de hambre – y haga caer las barreras y fluir ininterrumpidamente la caridad entre una tierra y otra, como un torrente de bienes espirituales y materiales. Esperamos que el Señor componga un orden nuevo en el mundo, Él, que es el único capaz de hacer de la Humanidad una familia y de aprovechar bien esas diferencias entre los pueblos, para que en el esplendor de cada uno, puesto al servicio de los demás, resplandezca la única luz de la vida que, embelleciendo la patria terrenal, hace de ella una antecámara de la Patria eterna. Chiara Lubich – de “María transparencia de Dios” – pp. 113,114,115, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2003.