Movimiento de los Focolares
Encuentro con lo Absoluto

Encuentro con lo Absoluto

¡Chiara 4Te he encontrado en muchos lugares, Señor! Te he sentido palpitar en el silencio profundo de una ermita alpina, en la penumbra del sagrario de una catedral vacía, en el palpitar unánime de una muchedumbre que te ama y llena las arcadas de tu iglesia de cantos y de amor. Te he encontrado en la alegría. Te he hablado más allá del firmamento estrellado, mientras, de noche y en silencio, volvía del trabajo a casa. Te busco y a menudo te encuentro. Pero donde siempre te encuentro es en el dolor. Un dolor, cualquier dolor, es como el sonido de la campanilla que llama a la esposa de Dios a la oración. Cuando aparece la sombra de la cruz, el alma se recoge en el sagrario de su intimidad y, olvidando el tintineo de la campana, te «ve» y te habla. Eres Tú, que vienes a visitarme. Soy yo que te respondo: «Heme aquí, Señor. Te quiero. Te he querido». Y en este encuentro mi alma no siente su dolor, sino que está como embriagada por tu amor, invadida por ti, impregnada de ti: yo en ti, Tú en mí, a fin de que seamos uno. Luego, abro de nuevo los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrida, para conducir tu guerra. De Chiara Lubich, “La doctrina espiritual”, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 2002, págs.140-141.

Europa, «Familia de pueblos»

Europa, «Familia de pueblos»

Malta 3«El pasado 25 de marzo se conmemoró el 60° aniversario de los Tratados de Roma, que hicieron nacer concretamente aquella “comunidad de pueblos” que Robert Schuman había entrevisto plenamente. El 7 de mayo de 1950, de hecho, había propuesto a Adenauer una solidaridad de producción” de carbón y acero, que hiciera imposible cualquier forma de guerra entre Francia, Alemania y los demás Países que adhirieran. Un acto extraordinario para reconciliar a pueblos postrados por el más terrible conflicto experimentado hasta el día de hoy. Europa estaba devastada, más de 35 millones de muertos, no sólo escombros, sino también destrucción social, política, moral. Sin leyes, sin orden público, sin servicios… En aquellos estremecedores días ya habría sido mucho salvaguardar la seguridad de los confines y vigilar sobre los acuerdos de paz. ¿Cómo se ha llegado, en cambio, a imaginar la curación profunda de las heridas de tal modo que de tantos pueblos  en contraposición formen un solo pueblo europeo? ¿Quién inspiraba a Schuman, Adenauer, De Gasperi y a otros más? Queremos pensar que ha sido Dios quien suscitó las ideas y la fuerza para Europa. Dios que testimonió su amor por los hombres hasta morir por ellos con una muerte atroz e infame, que se identificó con todos los dolores de la Humanidad, comprendidos los que derivan de las violencias y las guerras. Dios, que también hoy puede pedir a los pueblos que se reconcilien y formen una única familia universal. Los fundadores de Europa hicieron esa experiencia. No se dejaron aplastar por lo absurdo del mal, de las dictaduras deshumanas, del conflicto, de la Shoah… Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares, a propósito de la cultura que nace de una profunda reconciliación, decía: “…Cada persona puede aportar una propia, típica contribución a todos los ámbitos: a la ciencia, al arte, a la política, a las comunicaciones y así sucesivamente. Y su eficacia será mayor si trabaja juntamente con otros, unidos en el nombre de Cristo. Es la Encarnación que continúa, encarnación completa que se refiere a todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo. Así nace y se difunde en el mundo, la que podríamos llamar “cultura de la Resurrección”: cultura del Resucitado, del Hombre nuevo y, en Él, de la Humanidad nueva”. Y si ésta fue en cierto modo la aventura de los fundadores de Europa, podemos – y diría: debemos – aspirar a continuar su obra. Todos estamos llamados a ello. La unidad de los pueblos de Europa es un itinerario educativo, cultural, espiritual, y al mismo tiempo, también político, económico, social, comunicativo. He aquí, por tanto, algún posible paso ulteriorante todo se nos pide a nosotros los cristianos no sólo la reconciliación sino un camino de común testimonio, camino que ha visto recientes encuentros históricos: en Lund, en Suecia; en Lesbo, en Grecia; en Cuba. A todos nosotros nos toca la tarea de contribuir en los pasos hacia la plena y visible comunión, sabiendo que esto será muy determinante para la unidad de Europa y para servir mejor a la Humanidad. Queremos además ensanchar la mirada a toda Europa  – del Atlántico a los Urales – y esto significa el reconocimiento recíproco de los valores y los espacios de colaboración entre el Norte y el Sur, entre el Este y el Oeste. Las guerras, los regímenes totalitarios, las injusticias, han dejado heridas que hay que curar. Para ser verdaderamente constructores de la unidad europea, debemos lograr reconocer que lo que hoy somos es fruto de una historia común y de un destino europeo que tenemos que tomar  íntegramente en nuestras manos. Si como consecuencia se renovaran las relaciones entre la Unión Europea y los Países europeos que no adhieren a ella, éste sería un paso importante para la paz, particularmente para Oriente Medio. También en Europa hay una fuerte necesidad de participación de los ciudadanos en la vida de la ciudad y de todo el continente. En otras palabras, hay que regenerar la democracia que nació en Europa que, sin embargo, hoy tiene necesidad de una nueva dimensión, más efectiva, más densa, más adecuada a este siglo. Malta 4Y prosigue: En un contexto europeo multicultural y multireligioso hay una gran necesidad de una nueva capacidad de diálogo. Diálogo que puede sustentarse en la “Regla de oro“, que dice: “Haz a los demás lo que querrías que te hicieran a ti” (Cf. Lc 6,31); regla común a todas las principales religiones de la Tierra y que acogen con gusto también quienes no tienen un referente religioso. Sería necesario además revisar y aplicar, también a nivel institucional, el lema elegido por la Unión Europea “unidad y diversidad”. Sería un don también para los pueblos que, en otros continentes, están buscando caminos para unirse. En la visión de los fundadores, nunca se pensó en una Europa cerrada en sí misma, sino abierta a la unidad de la familia humana. Es significativo reafirmarlo aquí en Malta, el Estado europeo más al Sur, inmerso por alimentación, lengua y, sobre todo, por vocación, en el Mediterráneo, que de ‘tumba azul’ debería volver a ser “Mare nostrum”: de Europa, de África y de Oriente Medio unidos. Las muchas crisis internacionales actuales nos dan la nítida percepción de que es muy largo el camino para llegar verdaderamente a ello. Decía todavía Chiara Lubich: “Hace falta un estudio paciente, hace falta sabiduría, hace falta sobre todo no olvidar que hay Alguien que sigue nuestra historia y desea – si colaboramos con nuestra buena voluntad – realizar sus designios de amor sobre nuestro continente y sobre todo nuestro planeta”. Podemos concluir que para un fin tan alto vale la pena, sin duda, comprometer toda nuestra existencia. Que también este Forum contribuya a poner en pie aquella “Europa familia de pueblos” que, según el Papa Francisco, es “capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, la capacidad de dialogar y la capacidad de generar”». María Voce Malta, St John’s Cathedral, 7 de mayo de 2017  

El esplendor de la naturaleza

El esplendor de la naturaleza

«Contemplando la inmensidad del universo, la extraordinaria belleza de la naturaleza y su potencia, me remonté espontáneamente al Creador de todo y adquirí una nueva comprensión acerca de la inmensidad de Dios. La impresión que tuve fue tan fuerte y tan nueva que enseguida me habría arrojado a tierra de rodillas para adorar, alabar y glorificar a Dios. Sentí la necesidad de hacerlo como si ésta fuese mi vocación actual. Y casi como si ahora se abrieran mis ojos, comprendí como nunca Quién es el que hemos elegido como ideal; o mejor dicho, Quién es el que nos ha elegido a nosotros. Lo vi tan grande, tan grande, tan grande que me parecía imposible que hubiera pensado en nosotros. Esta impresión de su inmensidad ha permanecido en mi corazón durante algunos días. Ahora, al rezar: “Santificado sea tu nombre” o “Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo” es otra cosa para mí: es una necesidad del corazón. (Rocca di Papa, 22.1.87) «[…]  Contemplar, tal vez, la infinita extensión del mar, una cadena de montañas altísimas, un glaciar imponente, o la bóveda del cielo punteada de estrellas… ¡Qué majestuosidad! ¡Qué inmensidad! Y a través del esplendor deslumbrante de la naturaleza, nos remontásemos a Aquél que es su autor: Dios, el Rey del universo, el Señor de las galaxias, el Infinito. […] Él está presente en todas partes: está en el centelleo de un arroyo, en una flor que se abre, en una aurora clara, en un rojo atardecer, en una cumbre nevada … En nuestras metrópolis de cemento, construidas por la mano del hombre entre el ruido del mundo, la naturaleza pocas veces se ha salvado. Y sin embargo, si queremos, basta con un retazo de cielo azul descubierto entre los tejados de los rascacielos, para acordarnos de Dios; es suficiente un rayo de sol, que no deja de penetrar ni siquiera a través de los barrotes de una cárcel; es suficiente una flor, un prado, el rostro de un niño…  […] Esto nos ayudará a regresar entre los hombres, donde tenemos nuestro sitio, sintiéndonos fortalecidos, igual que se sentía Jesús cuando, después de haber rezado al Padre durante toda la noche en los montes, bajo el cielo estrellado, volvía entre los hombres a hacer el bien». (Mollens, 22.9.88) De Chiara Lubich – “Buscando las cosas de arriba” – Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1993, págs. 18 – 20

Maria Voce: “El ecumenismo sirve para la paz”/2

Maria Voce: “El ecumenismo sirve para la paz”/2

59° SETTIMANA ECUMENICA - “CAMMINADO INSIEME. CRISTIANI SULLA VIA VERSO L'UNITA'Guerras, amenazas nucleares, terrorismo. Son muchos los desafíos. Usted ha dicho que el ecumenismo es importante para la paz. ¿Puede explicarnos por qué y cómo? «El ecumenismo es importante para la paz porque el ecumenismo es unidad. La unidad es la paz. La unidad es ser un corazón solo y un alma sola. Es amarse. Es compartir los propios bienes, los dolores, las alegrías. Y esto conlleva la paz. ¿Qué es la paz? La paz no es ausencia de bombardeos. No es un acuerdo que se firma. La paz no es nada de esto. La paz es la unidad de los corazones. El ecumenismo sirve para construir y ampliar la unidad de los corazones y, por lo tanto, sirve para la paz, sirve muchísimo para la paz. Si después, los cristianos se presentan unidos, seguramente influirán más. Y realizarán juntos también proyectos de paz, sobre todo, allá donde la paz está continuamente amenazada. Ayudarán a poner en práctica la coparticipación en los bienes del mundo, y a quienes huyen de los Países en guerra buscando una vida mejor, les acogerán. Pero ayudarán si están unidos. Y si están unidos ayudarán a dar esos pasos necesarios para que la paz pueda realizarse». ¿Qué contribución está dando el Papa Francisco al Movimiento ecuménico y qué tipo de estilo está comunicando a la Iglesia? «Yo advertí su contribución desde el primer momento en el que se asomó a la ventana, cuando se presentó ante el mundo como obispo de Roma. Y ésa fue la primerísima contribución del Papa al camino ecuménico de las Iglesias. Es una contribución que prosigue, también en esta continua ansia suya de reforma de las Iglesias y de la Iglesia dirigida hacia una mayor colegialidad y participación, tanto de los pastores, como de los fieles, así como de una mayor humildad recíproca y reconocimiento de los errores cometidos. Todo un proceso que va en el sentido del camino ecuménico.» 59° SETTIMANA ECUMENICA - “CAMMINADO INSIEME. CRISTIANI SULLA VIA VERSO L'UNITA'Los participantes en la Semana ecuménica 2017 asistieron a la audiencia general en la que el Papa Francisco habló de María como madre que estuvo junto a su Hijo hasta la Pasión. ¿María es modelo del camino ecuménico? «Diría que sí. Porque María es madre, es madre de Dios y madre de Jesús y, por tanto, madre de todos los hombres. Seguramente una madre quiere ver a sus hijos unidos. Trata de hacer todo lo que puede para que los hijos se reúnan, reconozcan que Dios bajó a la Tierra y se hizo hombre por ellos. Quiere que se amen, que no peleen, que no discutan con odio el uno contra el otro, sino que busquen modos cada vez nuevos para comprenderse. María nos ayuda en esto. Y además, yo creo que María nos ayuda precisamente en su estar bajo la cruz. Con su desolación. Me parece que allí, ella misma pierde su tesoro más grande y nos enseña a saber perder algo, también esa riqueza que cada Iglesia tiene pero que está llamada a recomponerse con las riquezas de las demás. Si María logró perder al Hijo, nosotros podemos perder una idea, un recuerdo, una herida que arrastramos dentro, un prejuicio, para construir y llegar a ser constructores de unidad.» Maria Voce Por M. Chiara Biagioni    Fuente: SIR Lee la primera parte