29 Nov 2014 | Sin categorizar
«Saber perder», un binomio “impactante”. Así, el metropolita Chrisostomos de Kyrinia, definió el título de uno de los primeros libros de Chiara Lubich traducidos al griego, y presentado en una velada en Nicosia, el pasado 31 de octubre. Impactante y paradójico, porque «todos en la vida queremos ganar, pero es verdad que la vida del cristiano está llena de paradojas; está hecha de martirio y de testimonio. Chiara, con palabras sencillas, logra tocar este misterio ayudándonos a vivirlo en nuestra cotidianidad». La Metropolía de Kyrinia patrocinó el evento, en el que participaron unas ochenta personas, entre los cuales estaba el embajador italiano en Chipre, Guido Cerboni. Dieron sus aportes en el evento el arzobispo católico-maronita Youssef Soueif y el padre ortodoxo Dimostenis.
El metropolita y el arzobispo expresaron en varios momentos su gran alegría por tener la ocasión de presentar el Movimiento de los Focolares en Chipre de forma más oficial. Y la misma alegría embargaba a muchos otros que conocen los Focolares desde hace varios años. Recorriendo juntos también las etapas históricas del encuentro entre Pablo VI y Atenágoras, se hizo puso en evidencia para los presentes una historia que avanza hacia la unidad visible entre las Iglesias cristianas.
«El mensaje de Chiara es un llamado al mundo entero que tiende a encerrarse – afirmó el arzobispo Youssef Soueif–. Su mensaje de unidad fortalece la voluntad de abrirse unos a otros… Para nosotros, aquí en Chipre, el llamado a la unidad es una responsabilidad común». Luego, en un diálogo personal, al final de la velada, subrayó: «Vuestro carisma contiene un innato impulso a ir hacia el otro, es diálogo y es precisamente lo que hoy necesita con urgencia nuestro Oriente Medio ». Veía en este encuentro un paso emblemático hacia la comunión entre las dos iglesias: «¡Necesitamos de estos gestos!».
Muy apreciada fue la intervención de Florence Gillet acerca del vínculo entre el pensamiento de Chiara Lubich y la riqueza de los Padres orientales.
Especialmente significativo el testimonio de Lina, chipriote, quien desde hace años anima la pequeña comunidad del movimiento en la isla. A través del carisma de la unidad Lina redescubrió a Dios Amor y Padre, y esto la animó a conocer más profundamente su iglesia griego-ortodoxa y a volver a los sacramentos. Entre otras cosas decía:
“Viviendo el Evangelio, encontré una relación vital con los Padres de la Iglesia y con sus enseñanzas, en las que nunca había ahondado. Me di cuenta de que estaba haciendo la experiencia de lo que dice San Juan Crisóstomo: “Veo a mi hermano, veo a mi Dios”.
28 Nov 2014 | Palabra de vida, Sin categorizar
En este tiempo de Adviento, que nos prepara para la Navidad, se nos vuelve a proponer la figura de Juan el Bautista, mandado por Dios a preparar los caminos para la venida del Mesías. A quienes acudían a él, les pedía un profundo cambio de vida: «Den el fruto que pide la conversión» (Lc 3, 8). Y si le preguntaban: «¿Qué tenemos que hacer?» (Lc 3, 10), respondía:
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
¿Por qué dar al otro de lo mío? Porque el otro, creado por Dios como yo, es mi hermano, mi hermana; o sea, es parte de mí. «No puedo herirte sin hacerme daño»[1], decía Gandhi. Hemos sido creados el uno como un don para el otro, a imagen de Dios, que es Amor. Tenemos inscrita en nuestra sangre la ley divina del amor. Jesús nos lo reveló con claridad al venir en medio de nosotros, cuando nos dio su mandamiento nuevo: «Ámense unos a otros como yo los he amado» (cf. Jn 13, 34). Es la «ley del Cielo», la vida de la Santísima Trinidad traída a la tierra, el núcleo del Evangelio. Así como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en el Cielo en la plenitud de la comunión, hasta ser uno (cf. Jn 17, 11), también en la tierra podemos ser nosotros, en la medida en que vivamos la reciprocidad del amor. Y así como el Hijo le dice al Padre: «Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo, mío» (Jn 17, 10), también entre nosotros el amor se realiza en plenitud allí donde se comparten no solo los bienes espirituales, sino también los materiales.
Las necesidades de un prójimo nuestro son las necesidades de todos. ¿Uno no tiene trabajo? Me falta a mí. ¿Hay quien tiene a su madre enferma? La ayudo como si fuese la mía. ¿Otros pasan hambre? Es como si yo pasase hambre, trato de proporcionarles comida como lo haría para mí mismo.
Esta es la experiencia de los primeros cristianos de Jerusalén: «Tenían un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio a nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común» (Hch 4, 32). Esta comunión de bienes, si bien no era obligatoria, la vivían entre ellos intensamente. No se trataba de someter a estrecheces a unos para aliviar a otros, como explicará el apóstol Pablo: «se trata de igualar» (2 Co 8, 13).
San Basilio de Cesarea dice: «El pan que retienes es del hambriento; el manto que custodias en tus armarios es del que está desnudo […], el dinero que tienes enterrado es del necesitado»[2].
Y san Agustín: «Lo superfluo de los ricos es necesario a los pobres»[3].
«Hasta los pobres tienen con qué ayudarse unos a otros: uno puede prestar sus piernas al cojo, el otro, los ojos al ciego para guiarlo; otro puede visitar a los enfermos»
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
También hoy podemos vivir como los primeros cristianos. El Evangelio no es una utopía. Lo demuestran, por ejemplo, los nuevos movimientos eclesiales que el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia para hacer que reviva con gran fuerza la radicalidad evangélica de los primeros cristianos y para responder a los grandes desafíos de la sociedad de hoy, donde son tan fuertes las injusticias y las pobrezas.
Recuerdo los inicios del Movimiento de los Focolares, cuando el nuevo carisma nos infundía en el corazón un amor muy especial por los pobres. Cuando nos los encontrábamos por la calle, anotábamos su dirección en una libreta para luego ir a verlos y a socorrerlos; eran Jesús: «Conmigo lo hicieron» (Mt 25, 40). Después de haberlos visitado en sus casuchas, los invitábamos a comer en nuestra casa. Para ellos poníamos el mantel más bonito, los mejores cubiertos, la comida más selecta. En el primer focolar, a nuestra mesa se sentaban a comer una focolarina y un pobre, una focolarina y un pobre…
En un momento dado nos pareció que el Señor nos pedía precisamente a nosotros que nos hiciésemos pobres para servir a los pobres y a todos. Entonces, en una habitación del primer focolar, cada una puso allí en el centro lo que pensaba que le sobraba: un chaquetón, un par de guantes, un sombrero, incluso un abrigo de piel… Y hoy, para dar a los pobres, ¡tenemos empresas que dan trabajo y que comparten sus ganancias!
Pero siempre queda mucho que hacer por «los pobres».
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Tenemos muchas riquezas para poner en común, aunque no lo parezca. Tenemos que afinar la sensibilidad y adquirir conocimientos para poder ayudar concretamente y encontrar el modo de vivir la fraternidad. Tenemos afecto en el corazón para dar, cordialidad para demostrar, alegría para comunicar. Tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores que poner en común, de palabra o por escrito; pero a veces también tenemos cosas, bolsos, plumas, libros, dinero, casas, vehículos que podemos ofrecer… Quizá acumulamos muchas cosas pensando que algún día podrán sernos útiles, y mientras tanto tenemos alguien al lado que las necesita con urgencia.
Igual que las plantas sólo absorben del terreno el agua que necesitan, tratemos también nosotros de tener solo lo que sea necesario. Es mejor darnos cuenta de vez en cuando de que nos falta algo; mejor ser un poco pobres que un poco ricos.
«Si cada uno, proveyéndose de lo imprescindible para su necesidad, dejara al necesitado lo que excede, no habría ni rico ni pobre»[5].
Probemos, comencemos a vivir así. Ciertamente, Jesús no dejará de mandarnos el céntuplo, y podremos seguir dando. Al final nos dirá que lo que hemos dado, a quien sea, se lo hemos dado a Él.
CHIARA LUBICH
[1] Cf. W. Mühs, Parole del cuore, Milán 1996, p. 82.
[2] Basilio de Cesarea, «Sobre la frase de Lucas “Destruiré mis graneros y edificaré otros mayores”», 7, en Homilías contra las pasiones, «Biblioteca de Patrística» n. 73, Ciudad Nueva, Madrid 2007, p. 112.
[3] Agustín de Hipona, Sermón 61, 12.
[4] Aforismi e citazioni cristiane, Piemme, 1994, p. 44.
[5] Basilio de Cesarea, o. cit., p. 111.
28 Nov 2014 | Sin categorizar
Se sabe que Chiara Lubich tuvo una relación privilegiada con Atenágoras, entonces Patriarca de Constantinopla. Pocos días antes del histórico viaje del Papa Montini a Estambul, ella había ido a visitar al Patriarca. La Radio Vaticana la entrevistó el 18 de julio de 1967:
¿Cuáles son las primeras impresiones que ha sacado del reciente encuentro con el Patriarca Atenágoras?
Apenas me encontré en presencia de esta gran personalidad de nuestro tiempo. Tuve la impresión de encontrarme frente al corazón de un padre totalmente abierto, amante de las almas que, aún con su venerable edad, presenta un espíritu juvenil y fresco, rico de la mayor esperanza y fe. La primera impresión no ha sido la de encontrarme frente a un hermano separado, sino con un alma con la cual uno se encuentra como si ya fuésemos de la misma casa.
El coloquio siempre y en todo ha mostrado el más alto aprecio por el Santo Padre Pablo VI y he tenido la impresión que siga todos los acontecimientos de la Iglesia Católica y particularmente la acción del Santo Padre con extrema atención y veneración.
Después de este reciente coloquio que ha tenido con Atenágoras, ¿qué piensa del encuentro ya inminente entre Pablo VI y el Patriarca?
Dada la profunda fe de Atenágoras en la caridad hacia Cristo y hacia los hermanos, como esencia del Cristianismo, me parece que la acción del Santo Padre de preceder la visita del Patriarca a Roma, sea el gesto más acertado para demostrar que la Iglesia Católica es la Iglesia de la caridad, donde el Papa, sucesor de Pedro, es el que más ama.
¿Usted también cree, entonces, que son positivas las prospectivas y las expectativas, después de este encuentro?
Pienso que el Patriarca Atenágoras manifestará su convicción de que el camino para llegar a la unidad es la verdad es la caridad; camino que también ha sido indicado por Pablo VI en un reciente discurso dirigido a un grupo de estudiantes ortodoxos. Por esta identidad de prospectiva acerca del camino para alcanzar la unidad, se puede esperar que el Santo Padre y Atenágoras encuentren soluciones muy eficaces para iniciar los coloquios teológicos y pienso que en este clima se puede esperar todo.
Por otra parte, la figura de este gran avizor, que como un profeta se alza con su fe y su amor en Constantinopla, no puede dejar de tener una gran influencia sobre el mundo ortodoxo, que visitará él mismo dentro de poco, antes de llegar a Roma.
¿Puedes decirnos cómo se ha expresado, durante vuestro coloquio, la visión del Patriarca Atenágoras acerca del problema ecuménico?
La visión ecuménica del Patriarca, cuya humildad y santidad traslucen de cada una de sus actitudes y de sus palabras, era clara en la última parte del largo coloquio, cuando nos ha hablado de su reciente mensaje pascual: «Tengo la costumbre de publicar cada Pascua un mensaje – ha explicado. El último dice: Los primeros diez siglos del Cristianismo han sido para los dogmas y para la organización; en los diez siglos siguientes, llegaron las desgracias, los cismas, la división. La tercera época – ésta – es la del amor. Por este camino de la caridad nos encontramos en el mismo cáliz. Desde luego – continuaba -, tenemos necesidad de teólogos, pero las diferencias son demasiado pequeñas y descoloridas por el sol del amor. Las diferencias han perdido su color gracias al sol de la caridad. En los primeros mil años hemos vivido en la comunión; después nos hemos separado». Por lo tanto, aludiendo a la reciente anulación de las recíprocas excomuniones por parte de la Iglesia Católica y de la ortodoxa, él afirmaba: «Ahora el cisma ha desaparecido; ¿por qué no volvemos al mismo cáliz? Creemos que tenemos la misma Madre, la Virgen, Madre de la Iglesia, como ha dicho el Papa; tenemos el mismo bautismo: la puerta a la Iglesia. Dígame: ¿por qué no volvemos al mismo cáliz?».
26 Nov 2014 | Sin categorizar
“Esa alegría que veo en tus ojos la quiero también yo”, dice un chico a Daniela de la Comunidad Nuevos Horizontes, la noche en la que, venciendo sus temores había ido a la Estación de trenes de Termini. Ese joven que había intentado suicidarse tres veces, se convierte para Daniela en el inicio de una nueva vida.
Historias como ésta son las que traen en su corazón los 300 participantes. Representan a 100 Movimientos y Nuevas Comunidades, de 40 países, y se reunieron en Roma del 20 al 22 de noviembre para su tercer Congreso Mundial sobre el tema “La alegría del Evangelio: una alegría misionera”.
Querido por el Consejo Pontificio para los Laicos (PCPL) para responder al llamado a la conversión que el Papa Francisco dirigió a todos los cristianos, la cita quería seguir la línea de los encuentros promovidos por Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en el 2006.
Imprevisto e inesperado ha sido el florecimiento de tantas nuevas realidades eclesiales. El Card. Rylko, presidente del PCPL, en el discurso de apertura, recordó que la Iglesia lo considera como “una respuesta tempestiva del Espíritu Santo al difícil desafío de la evangelización en el mundo contemporáneo”. También el Papa Francisco insiste al decir que los nuevos carismas son “regalos del Espíritu que forman parte del cuerpo eclesial, atraídos hacia el centro que es Cristo, desde donde desencadenan un impulso a la evangelización”.
Apasionantes experiencias se entretejen con reflexiones ricas y variadas, densas de doctrina, con el objetivo de profundizar aspectos cruciales de la encíclica Evangelii Gaudium, que fue la carta magna de todo el Congreso.
¿Los temas tratados? Van desde la renovación personal para la renovación eclesial, a la comunión entre los Movimientos (colaborar para no correr en vano), de la revolución de la ternura al genio femenino en la evangelización.
Una gran atención a leer los “signos de los tiempos” que exigen nuevas respuestas a nuevos interrogantes. Tres días que anularon diferencias y reservas, en un creciente clima de fraternidad entre los representantes de Movimientos de más de 50 años de historia y las nuevas comunidades que desde hace poco han asumido una dimensión internacional. Numerosa la presencia de obispos y sacerdotes, sumergidos junto a los laicos, en un clima de escucha recíproca. Todos estaban sedientos de conocer las experiencias recíprocas para “aprender a discernir la voz del Espíritu hoy, que impulsa a ir lejos y anunciar a todos el amor de Dios por cada hombre”, como dijo uno de los presentes. Por el Movimiento de los Focolares, junto a la Presidente María Voce, al nuevo co-presidente Jesús Morán, al co-presidente saliente Giancarlo Faletti fue una delegación compuesta por Anna Pelli, Severin Schmidt, Gisela Lauber y Marta Chierico.
“Un encuentro de verdadera y profunda comunión donde todos éramos hermanos”, lo define Maria Voce en una entrevista realizada para focolare.org “que se pone aún más de relieve si pensamos de dónde partimos en 1998”. “Cuando fuimos donde el Papa – continúa – se sentía en Él la alegría de haber podido experimentar esta comunión, y en el fondo, era éste el don que queríamos ofrecerle”. ¿Qué pasos nuevos se abren ahora para los Movimientos? Para Maria Voce dos posibles pistas por explorar son: la apertura “hacia los Movimientos que pertenecen a otras Iglesias, no católicas, porque ahí hay experiencias muy fuertes de personas que viven como nosotros el Evangelio”; y la “comunión más profunda aún entre laicos y clero”, “gracias a la cual no exista separación entre la parte eclesiástica y la parte laica en los distintos Movimientos y tampoco en su conjunto”. Salida que subrayaría “una unidad más vital, entre pastor y grey”.
Toda excusa era buena: el intervalo del café, el momento del almuerzo, la cena al final del día. Misiones en las calles, comunidades para drogadictos, evangelización en los lugares más inverosímiles del planeta, adoración y trabajo, atención a los ancianos y a los discapacitados, trabajo con los jóvenes: Filadelfia, Kansas, Ecuador, Corea, México, Roma, Palermo. El diálogo denso e ininterrumpido culminó con el encuentro con el papa Francisco: «Ustedes ya han dado muchos frutos a la Iglesia y al mundo entero, pero pueden dar más y más grandes con la ayuda del Espíritu Santo», afirmó el Papa en su discurso. «Para llegar a la madurez eclesial es necesario mantener la frescura del carisma, respetar la libertad de las personas y buscar la comunión», sintetizando el nuevo programa que entregó a los presentes, y concluyó diciendo: «Vayan adelante: siempre en movimiento… ¡No se detengan nunca! ¡Siempre en movimiento!».
«Para mí, que participaba por vez primera en un encuentro de este tipo, la experiencia ha sido verdaderamente extraordinaria – afirma Jesús Morán -. He saboreado una comunión especial con muchos Movimientos y Comunidades en este kairos o tiempo de Dios formidable que vive la Iglesia con el don del Papa Francisco. A este respecto, he vuelto a sentir con una nueva fuerza su llamada a la conversión misionera, que interpela a todos los carismas y los lleva a alcanzar una madurez a la altura de los tiempos (dejando a un lado toda tentación de autoreferencialidad) y una radicalidad anclada en la frescura del carisma».
«Un plus de eclesialidad y de compromiso social» es la exigencia advertida todavía por Morán. «En este sentido – concluye – debemos tender hacia un modo de pensar verdaderamente “trinitario” que cualifique con mayor profundidad nuestra comunión. No basta ya una colaboración cualquiera y cordial sino un vivir el uno por el otro, un recíproco potenciarse y enriquecerse para poder salir y hacerse cargo juntos de los dolores de la humanidad ».
www.laici.va
26 Nov 2014 | Sin categorizar
« ¿Una impresión espontánea de lo que ha vivido en estos días? Me parece que ha sido un encuentro de verdadera y profunda comunión. Y esto se pone aún más de relieve si pensamos de dónde hemos partido, porque desde el ’98 – cuando el Papa San Juan Pablo II, en el recinto sagrado de San Pedro, casi debió pedir a los Movimientos que se pusieran de acuerdo entre ellos, que se amaran, se conocieran, se estimaran, colaboraran entre sí – hemos llegado al punto que ahora verdaderamente ya no se advertía a qué Movimiento se pertenecía, gracias a la fraternidad que existía entre todos.
Era bellísimo ver a los Movimientos nacidos hace poco que buscaban a los Movimientos más antiguos no para hacerse controlar, sino para pedir su ayuda, su pensamiento, también su parecer sobre sus obras, para ver juntos cómo llevar adelante las cosas. Y los Movimientos más antiguos buscaban a los Movimientos más jóvenes, a los recién nacidos, no tanto para ver si funcionaban, si iban bien, etc., sino para gozar porque había nacido una nueva vida. Por lo tanto, era todo un gozo de los frutos los unos de los otros, experimentar este ser una cosa sola en la Iglesia. Me ha parecido verdaderamente un paso importantísimo, una verdadera comunión, una verdadera fraternidad, donde todos éramos hermanos, más grandes, más pequeños, pero todos hermanos.
Por esto, cuando después fuimos juntos a encontrarnos con el Papa, el captó este aspecto y nos lo expresó también en su discurso, en él se sentía la alegría de haber podido participar, de haber podido experimentar esta comunión que habíamos tenido entre nosotros.
En el fondo era éste el don que queríamos ofrecerle: esta comunión, y él lo subrayó fuertemente en su discurso, invitándonos a llevarla adelante y definiendo precisamente la comunión como el sello del Espíritu Santo. Por lo tanto ha sido una confirmación y un estímulo fuerte para ir adelante en esta dirección. Después el Papa retomó el discurso del salir, del no detenerse en el propio recinto, una idea fundante que está presente en todos sus discursos.
Me he preguntado entonces ¿qué querrá significar esto para nosotros como Movimientos, este paso nuevo que tenemos que descubrir cómo darlo? Ciertamente, cada vez más en esta comunión con la Iglesia; pero, precisamente porque hemos llegado a esta unidad profunda entre los Movimientos, quizás Dios nos pide ahora que nos abramos más saliendo hacia los Movimientos que pertenecen a otras Iglesias, no católicas, porque ahí también hay experiencias muy fuertes de personas que viven como nosotros el Evangelio y que testimonian esta vida. Conocerles también, abrirse más, podría contribuir a una comunión más amplia y, ¿por qué no?, también a acelerar el momento de la unidad de todos los cristianos. Ésta podría ser una pista, tal vez, aún por abrir.
Y otra cosa que querría subrayar es ésta: la salida hacia una unidad más vital entre “pastor” y “grey”, en la medida de lo posible. De hecho, había muchos pastores presentes, obispos, sacerdotes, tanto pertenecientes como no pertenecientes a los Movimientos. Me parece que la salida que Dios nos pide ahora es hacer una comunión aún más profunda entre los laicos y el clero, tanto con el clero que pertenece a los Movimientos, que por lo tanto ya está profundamente unido al propio Movimiento, pero quizás todavía no con esta comunión horizontal del clero con todos los Movimientos; como también para buscar las formas más adecuadas para que no exista separación entre la parte eclesiástica y la parte laica en los distintos Movimientos y tampoco en su conjunto».
25 Nov 2014 | Sin categorizar
Estamos a pocos kilómetros de Postumia, en Eslovenia, una encrucijada entre el Oriente y el Occidente Europeo. Hoy día es meta turística con paisajes que dejan sin aliento, con una historia que tiene a sus espaldas la tragedia vivida en Europa con millones de muertos en las dos guerras mundiales. El horror de la guerra quedaron bien retratados, por ejemplo, en algunas obras del artista esloveno Ivan Rupnik, y en sus mosáicos de los bosques cerca de algunas foibe.
En el marco de esta conciencia histórica, los tres días vividos junto a los “Amigos de Juntos por Europa” asume un nuevo significado el de reconciliación europea, ante las dolorosas heridas todavía abiertas: aquí se pone en evidencia la relación de amor recíproco en acto entre los cristianos de distintas confesiones y proveniencias.
Había 14 países europeos representados, de Portugal a Rusia, de Suecia a Croacia. Una característica común ha sido el compromiso a favor de una Europa reconciliada, en la convicción de que los 500 años de separación entre las Iglesias ‘son suficientes’ y que se debe apuntar a actualizar el sueño de los Padres fundadores de la Unión Europea, construyendo la ‘fraternidad’ entre los pueblos.
El programa del congreso se concentró en la preparación del gran evento previsto para el 201t, en Munich de Baviera, con el deseo de poder ofrecer a la sociedad civil y religiosa un fuerte testimonio de reconciliación realizada, visible, fruto del conocimiento, la estima, la colaboración en múltiples iniciativas sociales comunes, que ha crecido a lo largo de los años, a partir del 2002, cuando empezó la experiencia de Juntos por Europa.
Los 108 participantes, de t1 Movimientos y Comunidades de varias Iglesias expresaron una auténtica ‘pasión’ por la unidad y la plena adhesión al proyecto, ofreciendo la disponibilidad de compartir ideas, responsabilidades y el esfuerzo de la organización.
«Junto a la sorpresa siempre nueva y a la alegría por el camino realizado –escribe uno de los participantes- evidente en la gran capacidad de escucha y acogida recíproca, era general el entusiasmo y la convicción de que, con la ayuda de Dios y ‘juntos’ es posible apuntar a realizar el ‘sueño’ de una Europa sin divisiones, que recupere sus raíces y pueda ser un modelo para los otros continentes».