Ancianidad. Tal vez es aún más hermoso

Foto: Antonio Oddi

Foto: Antonio Oddi
Alegría, emoción, sorpresa y también curiosidad. Muchos y distintos sentimientos y también gran expectativa de los 500 participantes de la Asamblea general de los Focolares en audiencia con el Papa Francisco. El grupo, en efecto, está compuesto por personas procedentes de 137 países. Entre ellos hay católicos, cristianos de otras iglesias; hay también alguno que no tiene referencias religiosas.
Así se ha expresado la Presidente Maria Voce presentando a la Asamblea. Estaban reunidos en la Sala Clementina, en el Vaticano, y dirigiéndose al Papa le dijo: «Las personas aquí presentes, de varias edades, culturas, vocaciones, laicos y consagrados, vírgenes y casados, vivieron una experiencia apasionante de comunión en la cual, por el constante y siempre renovado amor recíproco, recorrieron un camino de discernimiento comunitario, en escucha del Espíritu, en la distinción de las líneas a seguir para poder responder a los dolores y a las esperanzas de la humanidad de hoy con nuestro específico carisma de la unidad» Fue significativa su mención a la Evangelii Gaudium: «Ésta fue casi una escuela-laboratorio para ejercitarnos en compartir, en pensar y trabajar con Jesús entre nosotros, redescubriéndonos el pueblo nacido del Evangelio y llamado por lo tanto, a vivir y testimoniar nuestro carisma y donarlo a todos. Su exhortación apostólica fue, sin duda, uno de los faros que iluminó nuestros trabajos». Otra nota significativa que testimonia el carácter “ecuménico” de la Asamblea de los Focolares: «Nos hemos sentido particularmente solicitados (llamados, interpelados) a buscar con fe nueva los posibles caminos para unirnos y que se produzca una participación cada vez más plena en la vida y en la conducción del Movimiento de los hermanos y hermanas cristianas de las varias Iglesias que lo integran» Y el Papa Francisco, alentando a vivir el carisma de la unidad hasta el fondo, se expresó de esta forma: «Queridos hermanos y hermanas: Os saludo a todos los que formáis la Asamblea General de la Obra de María y queréis vivirla plenamente insertados en el «hoy» de la Iglesia. Saludo de especial manera a Maria Voce, que ha sido ratificada como presidenta durante otro sexenio. Al darle las gracias por las palabras que me ha dirigido también en vuestro nombre, formulo a ella y a sus más estrechos colaboradores mis cordiales deseos de una provechosa labor al servicio del Movimiento, que durante estos años ha ido creciendo y enriqueciéndose con nuevas obras y actividades, incluso en la Curia Romana. Cincuenta años después del Concilio, la Iglesia está llamada a recorrer una etapa de la evangelización testimoniando el amor de Dios por toda persona humana, empezando por los más pobres y por los excluidos, y para fomentar con la esperanza, la fraternidad y la alegría el camino de la humanidad hacia la unidad.
La Obra de María –de todos conocida con el nombre de Movimiento de los Focolares– nació, en el seno de la Iglesia católica, de una pequeña semilla, que con el paso de los años ha dado vida a un árbol que ahora extiende sus ramas por todas las expresiones de la familia cristiana e incluso entre miembros de las diferentes religiones y entre muchos que cultivan la justicia y la solidaridad junto con la búsqueda de la verdad. Esta Obra surgió de un don del Espíritu Santo –¡sin duda!–, el carisma de la unidad que el Padre quiere dar a la Iglesia y al mundo para contribuir a realizar con incisividad y profecía la oración de Jesús: «Para que todos sean uno» (Jn 17, 21). Nuestro pensamiento va con gran afecto y gratitud a Chiara Lubich,, testigo extraordinaria de este don, quien durante su fecunda existencia llevó el perfume de Jesús a tantas situaciones humanas y a tantas partes del mundo. Fiel al carisma del que nació y del que se alimenta, el Movimiento de los Focolares se encuentra hoy ante la misma tarea que aguarda a toda la Iglesia: aportar, con responsabilidad y creatividad, su peculiar contribución a esta nueva época de la evangelización. La creatividad es importante: no se puede seguir adelante sin ella. ¡Es importante! Y, en este contexto, quisiera transmitir tres palabras a los que pertenecéis al Movimiento de los Focolares y a quienes, de diferentes maneras, comparten su espíritu y sus ideales: contemplar, salir y hacer escuela. (leer más el texto íntegro del Papa) (RV).- (Con audio)
Las tres historias que les presentamos nos abren un horizonte de vida completamente distinto a lo que estamos acostumbrados. No sólo la cárcel en sí misma, sino también la soledad, el abandono, la corrupción, la dificultad en acceder a los bienes de primera necesidad. Ante esta realidad, una oleada de vida que llega de parte de comunidades enteras, grupos de niños y de familias. Experiencias iluminadas por el Evangelio, y por una sola palabra: «Estaba encarcelado y me visitaste» (Mt. 25,37). Kikwit. La primera visita a la cárcel, este año, fue la de las comunidades locales, todos juntos, aproximadamente unas 300 personas. «Luego de haber puesto en común nuestros bienes – escriben Jean Kuvula y Nicole – vestidos, zapatos, mandioca, maíz, verduras, pondu (verdura preparada con las hojas de la mandioca), jabón, sal, nos dimos cita en la entrada de la penitenciaría. El conjunto musical “Gen Unité” se había preparado bien para las canciones de la Misa. Apenas nos ubicamos, entraron los detenidos, por grupos. Después de la Misa, solemne y muy bonita, el director nos presentó. ¿El motivo de nuestra visita? “Queremos compartir con ustedes el momento doloroso que están viviendo, y decirles que Dios los ama. Nosotros rezamos por ustedes. Quisiéramos que estén seguros de que Jesús les permitirá salir de aquí y que no volverán a cometer nada malo”. Una vez repartida la ropa a quienes la necesitaba, las demás cosas las entregamos al director. Luego compartimos con ellos experiencias sobre la Palabra de Vida, con la propuesta de hacer llegar cada mes la hojita con la explicación de la Palabra de Dios. Muchos lloraban de la emoción. Agradeciéndonos, el director nos dijo que muchos de los presos están completamente abandonados». También los y las gen 4 (los niños de los Focolares) de Kikwit, cada año, en la víspera del día de Navidad, tienen la costumbre de visitar a los presos de la cárcel central. «Los niños habían llevado ropa, zapatos, alimentos – escribe Jean – y era raro ver que había muchos zapatos para adultos, lo que demostraba que los padres apoyaban esta iniciativa. Un gen 4 tomó la palabra y explicó: “Tenía hambre y tú me diste de comer. Tenía sed y tú me diste de beber. Estaba preso y tú me visitaste. Es éste el motivo por el cual venimos aquí. Ustedes son Jesús a quien venimos a visitar”. Y otro gen 4: “Maman Chiara nos dice que tenemos que amar a todos y celebrar el cumpleaños de Jesús. Jesús mañana nacerá y él quiere consolarlos a ustedes que están sufriendo. Les dice que tienen que perseverar en Su amor y quiere que puedan salir. Jesús desea que se arrepientan y que no vuelvan a hacer cosas malas, para no volver a la cárcel”. Después de estas palabras hubo un gran silencio. Un detenido preguntó de dónde veníamos, y dijo que nunca había visto que tantos niños (alrededor de 200) en representación de todas las parroquias de Kikwit, fueran a visitar a los presos. El director, agradeciendo a todos los gen 4, dijo que Dios los había enviado, porque el día anterior ya no había nada que comer».
En Goma, por otra parte, empieza el proyecto de un comedor en la cárcel central. André Katoto y Julie, responsables del lugar, cuentan: «Durante nuestra última visita a la cárcel central, en abril de 2014, descubrimos la falta de porciones regulares de comida. Los detenidos reciben alimentos de parte de sus familias y están autorizados a venderlos dentro de la penitenciaría, donde quedan esparcidos por el patio y en el suelo. Este método, tolerado por la dirección, justifica a las autoridades provinciales que no proveen la comida. Nació así la idea de crear un comedor en la cárcel, pero ¿cómo realizarla? Tratamos de comunicarnos con el Ministro provincial de Justicia. Lo encontramos por casualidad en el hospital. Ésta fue la ocasión para presentar nuestra idea como una solución duradera al problema de acceso a los bienes de primera necesidad. El ministro nos ha asegurado su apoyo y nos ha enviado donde dos de sus consejeros para estudiar la factibilidad. Ahora estamos esperando la apertura del comedor».
Hablan delante de Mons. Maradiaga, presidente de Caritas internationalis, de Mons. Paglia, del Pontificio Consejo para la Familia, y de los 150 participantes al seminario (Roma 18 de Septiembre de 2014), provenientes de varias partes del mundo. A esta familia de Maddaloni (Caserta-Italia), ciudad definida “en riesgo” – marcada por la dolorosa experiencia de la pérdida de un hijo de 3 años de edad – se le pide dar un testimonio sobre cómo reconstruir la esperanza y la solidaridad en las familias de hoy. De hecho, su tercer hijo, José, muere tras las complicaciones de una banal gripe, con sólo 3 años y tres meses de edad. «Cuando me dieron la noticia pensé que estaba soñando. Luego, un dolor desgarrador y la seguridad de que antes que nada Gino y yo teníamos que vivir esa situación unidos. Viví esos momentos sintiendo una fuerte presencia de Dios que, aún permitiendo ese dolor, me tenía entre sus brazos. Una familia, con la que compartíamos un camino de fe, nos propuso pasar un tiempo juntos en Loppiano, la ciudadela de los Focolares, cerca de Florencia». Para Gino fue distinto: «Con la muerte de José, me sentí defraudado no sólo como padre, sino también como médico. Yo por mi trabajo ayudo a muchos a recuperarse, y… ¡no pude hacer nada por mi hijo! Por lo tanto, sentí oscuridad y dolor. Sin embargo quise dejarme guiar por Elisa y con gusto la acompañé». Sumergidos en la vida de la ciudadela «sentimos crecer en nosotros la fuerza de transformar nuestro dolor en Amor». Nacieron otros 2 niños. «Si no hubiéramos tenido bien firme la certeza de que todo lo que había pasado, también la pérdida José, era por un designio de Dios que nos amaba, nunca hubiéramos tenido la fuerza de dar a luz a otros hijos». Con algunos parientes y amigos, Elisa y Gino decidieron dar vida a una Fundación que llevara el nombre de José, indicando entre las finalidades el desarrollo de la cultura de la adopción temporal «para responder a un llamado de Chiara Lubich, que invitaba a las familias a vaciar los orfanatos y a dar una familia a cada niño». Esto «no nacía para recordar a nuestro hijo, sino de la exigencia de seguir donando ese amor que ya no le podíamos dar a él. Queríamos que el motor de la Fundación fuera la “cultura del dar”». Este tipo de adopción consiste en el acoger temporalmente a un niño en la propia familia, en espera de que se resuelvan las dificultades de la de origen. En la mitad de los años ’90, cuando empezó esta experiencia, en Italia era una propuesta de vanguardia. Se empezó con la formación de las familias adoptantes (a la fecha son un centenar), con el apoyo sicológico y material, hasta realizar una casa-familia para los niños en situación de abandono. Fue una de las primeras estructuras de la Región Campania. Desde entonces trabaja en sinergia con las administraciones locales y las instituciones religiosas, pidiendo espíritu de acogida y servicio a cada miembro de la Fundación. «Aún recordamos nuestra primera adopción temporal – nos confían los cónyuges Ferraro -: una niña de 9 meses, Adjaratu. Todavía resuenan en nosotros las palabras del entonces dirigente de los servicios sociales: “¡Ustedes no saben qué camino peligroso están abriendo!” Para decir la verdad no hemos encontrado peligros. Pero sí dificultades y fatigas, superadas tratando de vivir con radicalidad ese amor evangélico que nos había impulsado a trabajar y que, con sus increíbles ramificaciones, en estos 20 años se ha vuelto cada vez más visible».
«Le auguraría a la nueva presidente que sepa escuchar siempre al Espíritu Santo y por consiguiente, que sepa construir todo “en unidad”»- había declarado María Voce pocos días antes de su reelección, sin saber que estas palabras se habrían convertido en el incipit de su segundo mandato. Aprovechando una de las pausas de la Asamblea de los Focolares todavía funcionando (se concluirá el 28 de septiembre próximo), las diversas ediciones de Cittá Nuova entrevistan a la recién reelegida presidente de los Focolares y a Jesús Moran, copresidente. Las preguntas se refieren a la vida del Movimiento y a los grandes desafiós que los esperan. A continuación transcribimos la entrevista completa. ¿De qué forma escuchar y poner en práctica lo que está diciendo el papa Francisco a la Iglesia y a la sociedad de hoy? María Voce: Debemos responder a partir del carisma de la unidad: también nosotros debemos pensar en los pobres y en los marginados, pero partiendo de nuestra característica específica. Me entusiasmé cuando el papa Francisco dijo desde Redipuglia (Italia) que “la guerra es una locura”. Es una enfermedad, por lo tanto hay que curarla. ¿Qué tipo de cura podemos dar nosotros focolarinos? La única que tenemos es nuestro carisma, que nos pide que construyamos relaciones de paz, de conocimiento recíproco también entre las personas que no se miran cara a cara, que se odian, y contribuir así en el camino hacia la unidad» Jesús Morán: «Nosotros no nos caracterizamos por la frenética búsqueda de espacios de poder, no está en nuestro estilo. Más bien, tratamos de comenzar procesos. El papa Francisco compara la Iglesia no tanto con una esfera sino con un poliedro, afirmando así que las tendencias más importantes emergen a menudo en la periferia. Todo esto me parece que combina perfectamente con una Obra que tiene un principio de unidad muy fuerte. Chiara (Lubich) misma fundó muy a menudo en la periferia, sirve para todos el ejemplo de la Economía de Comunión que nació en Brasil, o el ecumenismo que adquirió nuevas perspectivas en los encuentros de Chiara con Athenagoras ocurridos en Estambul, mientras que en Fontem [Camerún] surgió la inculturación “al estilo focolarino”…. Este principio podemos vivirlo también nosotros, es decir ir a la periferia y captar ese “algo” que aparece y que luego se convierte en universal». ¿Cómo responder a los grandes desafíos de la situación de Oriente Medio, en la cual los focolarinos se encuentran en primera línea? Maria Voce: «Tengo la impresión de que el Movimiento está haciendo mucho más de lo que parece. Recibí en estos días una carta de las focolarinas de Damasco que me pedían el parecer sobre ir a encontrarse con la comunidad de Aleppo, donde ya están los focolarinos. Les respondí afirmativamente, aunque los riesgos son innegables: el carisma de la unidad puede y debe estar presente en estos lugares para construir relaciones, para llevar un poco de paz. Obviamente las soluciones políticas a nivel internacional son necesarias, así el Movimiento por su lado contribuye a erradicar el odio del corazón de los hombres. Es una actitud sin la cual no podrán nunca encontrarse soluciones políticas verdaderas y duraderas». «Si hay algo que el carisma puede hacer es difundir la cultura del encuentro, de la confianza recíproca, del amor, ayudando al que se encuentra en necesidad independientemente de la religión a la que pertenece o al estatus social, o al límite que lo separa. Hay que preguntarse también que puede decir el carisma de la unidad frente a estos conflictos, cual es la incidencia posible. …. Recuerdo que Chiara, citando un episodio verdadero ocurrido en Colombia, dijo que se puede detener la mano de un terrorista simplemente haciendo un acto de amor. Todo esto debemos hacerlo comprometíéndonos más y mejor, todos juntos» Jesús Morán: «En sustancia se trata de desarrollar los diálogos típicos nuestros. Estos días en la Asamblea, en mi grupo de reflexión había un musulmán: tener un hermano de otra religión con quien compartir todo, no es poco, un hermano que se siente representante del Movimiento de los Focolares musulmán. ¡Es un milagro! Esta presencia de los Focolares en tierras islámicas se va desarrollando, así como se va promoviendo nuestro diálogo interreligioso. ¿Es poca cosa? Tal vez, pero me parece que es algo fundamental. Una chance que tenemos es la de tener contactos directos con personas del Movimiento en estos lugares de sufrimiento: es importante hacer hablar a la verdadera realidad, a lo que se está viviendo a través de las palabras de los protagonistas. Lo cual a menudo quiere decir transmitir una visión distinta de los hechos y de los problemas que difunden generalmente los medios de comunicación» La Iglesia y la sociedad se enfrentan con el tema familia. En este campo los Focolares tienen una larga experiencia para ofrecer…. Maria Voce: «No se puede reducir la problemática familiar en la Iglesia a una problemática exclusivamente sacramental. Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, pero quedan como signos y pueden existir también otros. Una persona me escribió después de haber escuchado la introducción a un tema mio sobre la Eucaristía. Es una mujer que está separada que convive con un divorciado con hijos y que siente fuertemente que es cristiana y católica, y advierte el malestar de esta posición suya, que, en cierto sentido, la coloca fuera de la Iglesia Católica. Pero ella me escribe: “No me sentí nunca fuera de la Iglesia y continúo asistiendo a la iglesia. Cuando voy a pedir la bendición al sacerdote que distribuye el sacramento, en ese momento Jesús entra también dentro mío. Yo trato de vivir, de hacer lo que puedo. Estoy recorriendo un camino”» «Dios nos pide en efecto que ayudemos a todos a recorrer el propio camino de santidad, es decir acercarse a Dios con los medios que hay a disposición (…). Chiara nos explicó en un momento las “fuentes de Dios”: no había puesto el acento sólo sobre su presencia en la Eucaristía, sino también sobre otras presencias de Dios en el mundo, también en la Palabra y en el hermano. Pienso que el Movimiento puede ser el abrazo hacia estas familias; pero como ésto es parte de la Iglesia, abrazando a estas personas las hacemos sentir menos extrañas porque están siendo abrazadas por una porción de Iglesia. Más tarde se podrán proponer otras experiencias, otros caminos; veamos lo que dirá el Sinodo. Me parece sin embargo una ilusión pensar que surjan soluciones extraordinarias; se propondrán más bien experiencias plausibles y eficaces, no tanto soluciones universales» Jesús Morán: «El problema de la familia antes que ser un problema sacramental es antropológico. Está en juego el mismo designio de Dios sobre el hombre, sobre la relación entre hombre y mujer, sobre la relacionalidad como tal, por lo tanto sobre la dinámica del don de sí mismo, de las relaciones (que podríamos definir “trinitarias”). Sin duda nos estamos jugando mucho y el Papa lo ha también dicho: no hacemos el Sínodo para resolverle el problema a los divorciados, no es ésto lo que nos preocupa porque al final se podrán encontrar soluciones ya probadas en los siglos pasados. El problema es mucho más serio: ¿qué le sucede al hombre de hoy, cómo crece, qué tipo de relacionalidad aprende y dónde la aprende? Este es el verdadero problema de la familia. Nos consuela saber que también hay muchas voces laicas, no necesariamente católicas, que ponen el acento en este problema de la relacionalidad y sobre el futuro de la familia y de la humanidad»
Sierra Leona, Guinea, Liberia. Naciones que raramente aparecen como noticia en los medios de comunicación occidentales. Están siendo conocidos en los últimos meses por el “ébola”. Son, en efecto, los más afectados por la grave epidemia registrada hasta hoy a causa del virus detectado en 1976. «Después del largo sufrimiento de la guerra ahora seguimos padeciendo la prueba debido a esta epidemia. El miedo aumenta, pero también la conciencia de que asumiendo las medidas necesarias – que a veces van contra la naturaleza y la cultura de la gente, como el tener que estar aislados- podremos combatir este virus. La Iglesia está por todos lados, queriendo ofrecer su auxilio, como amor concreto hacia todos», nos escriben desde Sierra Leona. En estos días el sufrimiento está agudizado por la cuarentena pedida a la población que vive confinada dentro de las paredes domésticas para alejar el riesgo del contagio. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (reportados el 18 de septiembre) sobre 5000 casos, son más de 2.600 las víctimas del virus que causa la fiebre hemorrágica. «Nos dicen que tengamos prudencia – escribía un religioso próximo a los Focolares, ya en el mes de junio –En la Misa, para evitar los contactos, no se da el signo de la paz, pero saber con exactitud donde está el peligro es difícil. También nosotros en el hospital católico hemos tenido un caso de un enfermo que escapó del hospital especializado en Ebola en Kenema, que vino a curarse aquí sin que los médicos supieran nada. Por lo tanto, es de imaginar la aprensión que nos ha tocado vivir desde cerca» También se han suspendido los encuentros de la comunidad de los Focolares, así como las actividades previstas con los jóvenes. Se reaviva una cadena para sostenerse recíprocamente a través de llamadas telefónicas, mensajes. ¿Para decirse qué cosa? «La firme voluntad de continuar amando, ahora que estamos una vez más bajo el peso de la prueba» En una carta a los miembros del Movimiento de los Focolares, la presidente María Voce escribió exhortando a «ir adelante con coraje, testimoniando el Ideal [de la unidad] en todos los modos posibles»y agradecía por el testimonio que «multiplica en el país muchos fragmentos de fraternidad». Aseguraba además, la cercanía y la oración de todo el Movimiento en el mundo. «Personalmente siempre trato de permanecer fiel al compromiso y promesa de continuar viviendo el Ideal de la unidad también aquí en Sierra Leona», confiesa J.K., manifestando también su dolor por tener que suspender los contactos. Pero sostenerlo este compromiso es vivir la Palabra de Vida, el compromiso común de vivir el Evangelio que da luz también en las situaciones más desesperadas, como ésta. Y Alfred escribe a Emmaus: «Como sabes, la situación aquí en Sierra Leona no es linda. Es difícil para nosotros movernos de un lado al otro. Pero ésto no me detiene, al contrario me lanza a vivir más el Evangelio. Trato de vivir cada momento por Jesús y ofrecerle todo a El durante el día. Ser fiel al Evangelio es mi deseo más profundo. Te agrazezco por todo el amor que tienes por nosotros los gen de Sierra Leona. Te sentimos aquí con nosotros» Y finalmente, el Padre Carlo, agradece por tener en el corazón también “este ángulo del mundo”, cuando parece que nos vence «el miedo, el ansia, la inactividad, a veces la desilusión porque las autoridades son lentas en mejorar a la gente. Pero poco a poco descubrimos que todos estos aspectos son el rostro de Jesús crucificado y abandonado y entonces nos ponemos con renovada energía a amar. Y ese amor tiene una densidad nueva y es más profundo»