Movimiento de los Focolares
Gen Verde: Music made to be played

Gen Verde: Music made to be played

 “Music Made To Be Played” («Música compuesta para ser vivida«) – cuenta Nancy de USA – comenzó a tomar forma durante las veladas transcurridas con las millares de personas, sobre todo jóvenes, que en estos dos últimos años pasaron por nuestra sala de ensayos en el centro internacional de Loppiano (Italia) , donde vivimos”

“Cada pieza – agrega Alessandra, italiana- habla de nosotros, del deseo de elevarnos y elevar el mundo, de los interrogantes y de la fuerza del amor que hay en nosotros, que es capaz de cambiar el hoy de nuestra vida así como la vida de los pueblos y su historia”.

“El nuevo álbum – explica Colomba, de Corea – recoge la experiencia del concierto que estamos llevando en las giras, junto con la riqueza de los encuentros y de los rostros, que son la materia prima de las nuevas piezas que presentamos, como también otros éxitos, conocidos, pero con arreglos totalmente nuevos”

“La protagonista es la contemporaneidad y sus grandes desafíos,- comenta Adriana, brasileña– descrita y ofrecida a través de una mirada lúcida y positiva. En el centro: las relaciones humanas, la integración, el dolor y el miedo a lo que es diferente, esperanza en un futuro donde se viva con dignidad y paz. En pocas palabras: nuestra cotidianidad”.

El conjunto Gen Verde: 21 artistas y profesionales que proceden de 13 países del mundo, cada miembro es portador de una diversidad cultural que está en la base del conjunto y le da contenido y hace único el mensaje del conjunto. En 47  años de actividad tienen en su haber más de 1400 espectáculos entre conciertos, eventos, talleres didácticos realizados en centenares de giras por Europa, Asia, América del Sur y del Norte.

¿Cuál es su objetivo? Raiveth, del Panamá, lo sintetiza en una frase: “Contribuir a la difusión de una cultura global de paz, de diálogo y unidad, a través del arte”

Gen Verde: Music made to be played

La aventura de la unidad/Construyendo la Obra de María

El 7 de diciembre de 1943 se considera la fecha de nacimiento del Movimiento de los Focolares, porque ese día, con un voto perpetuo de castidad, Chiara Lubich se “casó con Dios”.

Pero la Fundadora de los Focolares también ha afirmado que una fecha de inicio podría ser su viaje, ocurrido en octubre de 1939, a Loreto, donde se custodia, según la tradición, la casa de Nazaret. La atmósfera de la familia que vivía en esa casita fue, para Chiara, un “llamado”: repetir en el silencio, como en la familia de Nazaret, el más grande misterio de la historia, la vida de Dios entre los hombres.

A partir de ese momento todo fue siempre un estupendo descubrimiento. Pero ella no fue la única en sorprenderse: con ella Natalia Dallapiccola, Giosi Guella, Marilen Holzhauser, Graziella De Luca, Vale y Angelella Ronchetti, Dori Zamboni, Gis y Ginetta Calliari, Silvana Veronesi, Lia Brunet, Palmira Frizzera, Bruna Tomasi… y, algunos años después:  Marco Tecilla, Aldo Stedile, Antonio Petrilli, Enzo M. Fondi, Pasquale Foresi, Giulio Marchesi, Piero Pasolini, Oreste Basso, Vittorio Sabbione… los primeros entre muchos que compondrán el escuadrón que Chiara previó en Loretoproféticamente, cuando intuyó que otros la seguirían. Los caminos que condujeron a las primeras y los primeros a emprender el camino abierto por Chiara, – ahora que en el Movimiento se han definido sus estructuras – , evidencian que cada uno de ellos era necesario para el proyecto de Dios, para el carisma que estaba “encarnándose”. No podía ser de otra forma en un carisma cuya característica es la unidad, expresión de la vida trinitaria. Personas de las más variadas profesiones guiadas poruna misma voz que, en el amor recíproco, ponían al servicio de los demás sus talentos que florecían  por el amor que circulaba entre ellos.

Después de setenta años, el desarrollo del Movimiento de los Focolares parece explicar la afirmación de Gregorio Magno, cuando dice que la Sagrada Escritura “crece con quien la lee” y “al igual que el mundo, la Escritura no fue creada de una vez para siempre: el Espíritu la ‘crea’ todavía hoy, se puede decir, cada día, cada vez que la ‘abre’. Por una relación maravillosa Él la ‘dilata’ en la medida que se dilata la inteligencia de quien la acoge” (*). Y en el caso del Movimiento ha sido la comunicación sobre la forma en que cada uno vivía el Evangelio lo  que nutría la comprensión de las mismas palabras de Jesús. Palabra vivida y comunicada, una práctica que trazará una línea ascética y colectiva.

La vida vivida por Chiara y por muchos que con ella acogieron y acogen la Palabra, en esta época de fundamentales transformaciones culturales, demuestra cuál es su tarea: “… participar de los designios de Dios sobre la humanidad, trazar sobre la multitud un bordado de luz y, al mismo tiempo, compartir con el prójimo la deshonra, el hambre, los golpes, las breves alegrías. Porque hoy, más que nunca, el atractivo es vivir la más alta contemplación y permanecer mezclados entre todos, hombre junto al hombre”.

Los primeros compañeros de Chiara experimentaron lo que el Concilio Vaticano II expresará posteriormente con respecto a la Iglesia: “[El Espíritu Santo] con la fuerza del Evangelio la rejuvenece, la renueva continuamente y la conduce a la perfecta unión con su Esposo” (LG,4).

* Guido I. Gargano, Il libro, la parola e la vita,  La exegesis bíblica de Gregorio Magno, Ediciones San Paolo, 2013

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Canadá: laboratorio de unidad

Vancouver, Iglesia Anglicana

En Vancouver, en un contexto rico de comunidades cristianas de distintas Iglesias, la semana de oración por la unidad de los cristianos se construye en forma conjunta.

Marjeta Bobnar está encargada desde el 2012, de coordinar las relaciones ecuménicas e interreligiosas de la Arquidiócesis de Vancouver, Canadá. El territorio que tiene confiado está sembrado de numerosas comunidades cristianas: anglicanos, pentecostales, luteranos, menonitas y no sólo.  Su experiencia nace de la exigencia de  encaminar relaciones de conocimiento recíproco y colaborar en iniciativas concretas, viendo en cada miembro de otra Iglesia a un hermano o hermana para amar.

Los primeros pasos –cuenta Marjeta – iban dirigidos a entretejer relaciones nuevas con las distintas comunidades, y a la sensibilización ecuménica de los católicos”. En este camino determinante y constante es el apoyo del Arzobispo J. Michael Miller y de la comunidad de los Focolares a la que pertenece  Marjeta.

Ya durante la preparación de la Semana Ecuménica del año pasado, recogimos algunos frutos de este impulso renovado: “La mayoría de las parroquias católicas –prosigue- no tenía contacto con las otras iglesias pero expresaron el deseo de llegar y de invitar a los miembros de las otras comunidades cristianas presentes en su urbanización. Fue así, por ejemplo, que se estableció el contacto con un pastor luterano muy abierto al diálogo ecuménico”.

Vancouver, Iglesia Católica

Durante los momentos de oraciónpropuestos muchos dieron testimonio de la alegría de estar juntos, y el deseo de dialogar para conocerse más. Muchos han querido mantenerse en contacto para profundizar la relación e involucrar a más personas en encuentros sucesivos.

Para la Semana de oración por la unidad, que ya está a las puertas, –prosigue Marjeta-, junto a la diócesis anglicana programamos algunos encuentros que darán la posibilidad de reunir a anglicanos y católicos para compartir experiencias pero también para plantearse interrogantes. Desde el inicio del 2013 se conformó un grupo mixto compuesto por 3 anglicanos y 3 católicos: ha sido una bellísima experiencia construir relaciones  en el grupo, escuchándonos profundamente.

Además, estamos en contacto con los responsables de las Iglesias y comunidades eclesiales luterana, la  United Church of Canada, la menonita, pentecostal y la Iglesia apostólica armenia.

Al colaborar y construir diversos momentos de oración o de reflexión, recibimos respuestas llenas de entusiasmo y también de gratitud por la unidad experimentada”.

Gen Verde: Music made to be played

Brasil: en el Nordeste los jóvenes lanzan un desafío

«Vivir juntos por algo que pueda reforzar el bien en el mundo nos une y nos da la fuerza, y nos empuja a avanzar hacia el mundo unido». Son las palabras de Igor, de los Jóvenes por un mundo unido del Nordeste de Brasil.

¿Qué es “Desafío”?

Escuela Santa Maria

«“Desafío” son tres días –explica Igor- de encuentro y fiesta para compartir muchas iniciativas que nosotros los Jóvenes por un Mundo Unido de esta región (que comprende siete Estados brasileños) llevamos adelante en nuestras ciudades. Cada año, somos más o menos 350 jóvenes que nos damos cita en la ciudadela “Santa María”, en Igarassu (Estado de Pernambuco). El programa se desarrolla con temas de interés y de reflexión, intercambio de noticias sobre las actividades desarrolladas en las varias ciudades, varios talleres y foros específicos. Muy constructivos son los momentos dedicados a conocer algunas de las obras sociales que llevan adelante los Focolares y la ayuda que podemos ofrecer en esos días, como un signo de nuestro amor concreto hacia las personas del lugar».

Un programa intenso…

«Cierto – continua Igor –, aunque no faltan las veladas recreativas y los juegos jente todos. Una noche está dedicada a la oración ecuménica por la paz. Es siempre uno de los momentos más profundos y de gran aceptación por parte de los presentes. Sentimos que hay una conexión entre todos y que basta detenerse y dar espacio a esta dimensión, para que se cree una especie de puente espiritual que nos une a Dios y entre nosotros».

Este año tuvieron la cuarta edición con el lema “Vayan hacia el otro” ¿Cuáles son las conclusiones?

«Se puso en evidencia la importancia de las relaciones: en la familia, en la sociedad, en el mundo virtual, en las varias actividades que emprendemos y en los proyectos sociales. La novedad, sentida fuertemente por todos, ha sido un proyecto, lanzado hace algún tiempo, que llamamos “Primero los últimos”. Se trata de descubrir, por parte de cada grupo de jóvenes en su propia ciudad, quiénes son estos últimos, para poder vivir por ellos. ¡Así nacieron, en muchos puntos del Nordeste brasileño, numerosas iniciativas concretas a favor de los más necesitados, que compartimos con todos!  “Desafío” –concluye Igor-, es un momento en el que involucramos al mayor número posible de jóvenes a construir juntos un mundo más unido y fraterno».

Gen Verde: Music made to be played

La alegría de descubrirnos hermanos

Tú has mantenido contactos con muchos cristianos no católicos. ¿Cómo veías antes a estos hermanos y cómo los consideras ahora?

«Esto: ante una botella que está llena en sus tres cuartas partes se pueden tener las dos reacciones conocidas: ¡Ah! ¡Todavía me falta un cuarto! O bien: ¡Ya está llena tres cuartos!

La primera expresión dice como anteriormente yo veía a mis hermanos no católicos, es decir hace quince años, antes de empezar a trabajar para el ecumenismo, con todo el Movimiento de los Focolares.

La segunda reacción es la que tengo en mi corazón durante estos últimos años.

De verdad no sé como dar gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de relacionarme con cristianos de las más variadas e importantes denominaciones.

Vivir con ellos, tratar con ellos, sobre todo conocerles, desde que se han abierto porque han aceptado el poder establecer con nosotros una relación de caridad recíproca en Cristo, me ha puesto en el corazón un inmenso sentido de asombro y agradecimiento a la Providencia por haber salvaguardado en estas Iglesias o comunidades eclesiales tantas riquezas de fe, a veces de esperanza, en estas otras liturgias, acerca del valor de la Palabra de Dios… (leer más)

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Cuando el diálogo se vuelve acogida

<pHace tres años emprendí un camino como voluntario en una Comunidad de Roma que se ocupa de las adicciones. El Centro, nacido en 1978 para ayudar a personas drogadictas, hoy en día se ocupa de una problemática más amplia, y no se limita sólo a la drogadicción.

El itinerario que siguen los usuarios de la comunidad compete a quienes tienen un problema de dependencia, y a sus familiares o parientes que a veces se ven involucrados en situaciones que están al límite de la tolerancia humana. Precisamente es con estos últimos que desarrollo mi trabajo de voluntariado, porque me ocupo de los nuevos admitidos y de los grupos de autoayuda.

He podido experimentar concretamente que en ambos momentos: la admisión y la autoayuda tiene gran importancia y validez el diálogo, hecho de comunicación y escucha, tal como el que llevo adelante en el Movimiento de los Focolares entre personas creyentes y de convicciones diferentes como yo.

La admisión es el momento más difícil para quien llega perdido, confuso y trata  con esfuerzo de abrirse y contar su experiencia a una persona que para él es desconocida. Es ésta la fase más complicada de todo el itinerario; si la persona que con tanto esfuerzo intenta vencer el temor y la vergüenza, no percibe que es escuchada todo el trabajo posterior puede ser inútil.

Aun en medio de la diversidad de situaciones, es siempre el diálogo el que permite –gracias a la reciprocidad que deriva-, una unión y un intercambio interior verdaderamente profundo. Lo positivo de uno y el sufrimiento del otro se confrontan en una enriquecedora comunión. El peso de la persona, al inicio del encuentro, que puede parecer insoportable, se vuelve más ligero y el sufrimiento menos pesado.

A lo largo del camino habrá muchos momentos difíciles, pero saber que no se está solo ayuda; en la caída, hay un hombro cerca para apoyarse.

Una mañana llega una señora y dice que quiere hablar con un funcionario. Estoy solo, me ofrezco a escucharla. Ya antes de sentarnos, impone condiciones a nuestra conversación: nuestro encuentro debe quedar en secreto (porque si el hijo se da cuenta podría matarla a golpes); ella no me dirá su nombre y mucho menos el de su hijo; yo no tendré que informar a la policía ni hacer ninguna denuncia.

Mi primera reacción es de sorpresa, después de rabia, muchos elementos me molestan. Pero cuando logro desapegarme de mi papel, veo a dos personas que ciertamente no están dialogando: una llena de dolor, sufrimiento y miedo; la otra fuerte, pero encerrada en su tarea de salvador.

Percibo la imposibilidad de hacer algo y la incapacidad de poner en práctica la teoría aprendida en los tres años de servicio en la comunidad. Los instrumentos técnicos en esta situación no sirven, el método que utilizo es infructuoso, hace falta cambiar de estrategia.

¡Llegó el momento de aplicar el diálogo así como lo vivo con mis amigos del focolar! Sólo yo puedo cambiar la situación. Mi tono de voz, mi actitud cambia; invito a la señora a sentarse y pongo a su disposición mi conocimiento técnico, pero sobre todo humano, olvidando el protocolo burocrático.

Se da un estallido de llanto y de alegría el mismo tiempo; se sienta y, disculpándose por las lágrimas, empieza a contarme su historia. La necesidad de compartir el drama que está viviendo finalmente ha encontrado un espacio donde poder liberase sin vergüenza y sin temor a ser juzgada.

Mi apertura finalmente se convierte en escucha capaz de acoger su sufrimiento, elaborarlo, hacerlo mío y restituirle mi aporte en un enriquecimiento recíproco.

(Piero Nuzzo)