Sin duda este momento que vive la humanidad es muy difícil: guerras que se prolongan, polarizaciones de todo tipo, millones de personas que abandonan su tierra en busca de un futuro mejor que se les niega, cambio climático, catástrofes naturales…
Chiara Lubich, a finales de 2001, escribió esta oración a la Virgen María, Nuestra Señora Desatadora de nudos a petición de una persona que le había enviado una postal con la imagen de un cuadro del siglo XVIII conservado en la iglesia de San Pedro de Augsburgo. Parece escrita para los momentos que el mundo está atravesando actualmente.
[…] La unidad. Pero ¿qué es la unidad? ¿Se puede realizar la unidad?
La unidad es lo que Dios quiere de nosotros.
La unidad es realizar la oración de Jesús: “Padre, que sean uno como tú y yo. Yo en ellos y tú en mí, para que sean uno” (Cf. Jn 17, 21).
Pero la unidad no se puede realizar únicamente con nuestras fuerzas. Solo la puede realizar una gracia especial, que viene del Padre, si encuentra una disposición particular en nosotros, un requisito preciso y necesario:
el amor recíproco, del mandamiento de Jesús, puesto en práctica.
Su amor recíproco, el que Él quiere y que no es –como sabemos – simple amistad espiritual o un acuerdo, o un buen entendimiento.
Se trata de amarnos unos a otros, como Él nos amó. Es decir, hasta el abandono: hasta el desapego completo, material y espiritual, de las cosas y de las criaturas para poder “hacernos uno” recíprocamente y a la perfección.
De esta manera hacemos nuestra parte y reunimos las condiciones para recibir la gracia de la unidad, que no faltará, que no puede faltar.
¡Cuánta gratitud debe nacer en nosotros, llamados a esto, ante este pensamiento! ¡Qué impulso para vivir de tal modo, que obtengamos este don que, donde no se vive así, no existe!
Debemos recordar que en nuestra espiritualidad comunitaria hay una gracia más. Que el Cielo puede abrirse en cada instante para nosotros; y nosotros, si hacemos lo que Él nos pide, invadidos por esta gracia, podemos hacer mucho, mucho por el Reino de Dios.
Sin duda, es esta gracia la que explica la gran expansión de nuestro Movimiento y de tantas estupendas conquistas vinculadas a él.
Conscientes de este privilegio extraordinario, en los primeros tiempos nos expresábamos así:
“Grábense en sus mentes una sola idea. Siempre fue una sola idea la que formó a los grandes santos. Y nuestra idea es esta: ‘la unidad’.
«Mantengan siempre este fuego encendido entre ustedes. Y no tengan miedo de morir. Ya han experimentado que la unidad exige la muerte de todos para dar vida al Uno. Hagan esto como sacrosanto deber, pero ¡les dará inmensa alegría! ¡Jesús prometió la plenitud de la alegría a quien vive la unidad!”.
Durante el próximo mes ¡esforcémonos siempre por obtener este don!
Y no lo esperemos solo para nuestra felicidad, sino para ser capaces de realizar nuestra típica evangelización. La conocen: “Que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).
¡El mundo tiene una gran necesidad de fe, de creer! Y todos estamos llamados a evangelizar. Un día Francisco dijo a uno de sus discípulos: “Vamos a predicar”. Y con las manos cruzadas dentro de sus mangas y con la mirada baja, caminaron por la ciudad predicando con su actitud la mortificación y la pobreza total.
Lancemos también nosotros, en el mundo, nuestra predicación. Que cualquiera que observe a dos o más de nosotros unidos –en el focolar, en los núcleos, en las unidades, en nuestras reuniones o casualmente juntos– quede impactado por un rayo de nuestra fe y crea; crea en el amor porque lo ha visto.
¡Manos a la obra! Esto es lo que el Señor quiere de nosotros. Lo quiere a través de nuestro carisma grabado en nuestros Estatutos: La unidad es la premisa de cualquier otra voluntad de Dios. Después podemos también hablar para difundir el Evangelio. Pero después.
Chiara Lubich (Convesazioni, Città Nuova, Roma 2019, pp 522/4
Alba Sgariglia es licenciada en Filosofía y Teología. Desde 1975, año anterior a su ingreso en el Movimiento de los Focolares, trabajó en el Centro de Estudios de los Focolares, junto a la fundadora, Chiara Lubich.
¿En qué consistía tu trabajo en el Centro de Estudios?
Iba a la biblioteca de Florencia para hacer fotocopias de fragmentos de escritos de los Padres griegos, que luego traducíamos en casa para buscar, entre muchas páginas y páginas, esas pequeñas frases que podían servir a Chiara Lubich como confirmación de sus inspiraciones. Por aquel entonces trabajaba con Marisa Cerini, que me decía: Para nosotros, construir el «Que todos sean uno» significa adentrarnos en el pensamiento de los Padres griegos e intentar comprender, a partir de ahí, cuál ha sido la luz del carisma que Chiara recibió. En los años siguientes también impartí clases de religión en institutos de Roma. Después entré en el gobierno de la Obra para ocuparme del aspecto de la cultura y, posteriormente, en la Escuela Abba, que Chiara fundó en 1991 para estudiar los apuntes del llamado periodo del Paraíso ‘49. Por último, en 2014, María Voce Emmaus, entonces presidenta del Movimiento de los Focolares, me confió el Centro Chiara Lubich, creado para custodiar, estudiar y promover la figura de Chiara.
¿Qué representa este texto recientemente publicado?
El Paraíso ‘49 es un texto que se publica póstumamente, porque fue escrito, tratado y redactado por Chiara Lubich mientras vivió. Ella quiso describir la experiencia mística que había vivido entre los años 1949 y 1951, acompañándola de notas para facilitar su comprensión, con el fin de entregar al grupo de estudiosos de la Escuela Abba un texto accesible, que pudiera servir para la investigación. El texto contiene una experiencia mística que Chiara siempre dijo que no podía tenerla para sí misma. Luego, animada por muchos, comprendió que podía ser un texto comprendido y utilizado también por otras personas del Movimiento.
Ella misma, por ejemplo, a principios de la década de 2000 explicó a los jóvenes del Movimiento la esencia de esta experiencia suya. Finalmente, se dio cuenta, poco a poco, de que la experiencia recogida en el texto podía compartirse también con personas de otras religiones: a lo largo de los años se han realizado simposios con hindúes, budistas y musulmanes, a quienes ella ofreció algunos pasajes del Paraíso’49. Incluso se ha hecho la experiencia de diálogo sobre el texto con personas sin referencia religiosa, quienes han ofrecido reflexiones mucho más profundas de lo que nosotros mismos podríamos haber imaginado, subrayando que es un texto de gran valor. Muchos fundadores de carismas han recibido esta posibilidad de comprender la obra que estaban llevando a cabo, a través de las llamadas «visiones intelectuales» en las que se percibe con el intelecto lo que Dios te está haciendo entrever.
Pero al ser un lenguaje místico, ¿no resulta difícil de entender para la gente común?
El lenguaje místico es un género literario particular, no es poesía, ni teatro, ni literatura, ni teología. Por ejemplo, a veces pueden surgir dificultades a nivel teológico, porque el místico busca palabras que no encuentra, intenta expresar lo inexpresable: un ejercicio difícil, tanto que Chiara misma, a menudo, mientras releíamos estos pasajes, nos preguntaba: «Pero ¿cómo pude escribir estas frases? ¿Qué significan? ¿Por qué escribí esto?».
Eso confirma que, en estas situaciones, los fundadores intentan expresar lo que «ven» utilizando las categorías culturales y los conceptos que tienen, a veces inadecuados. Por ejemplo, en el Paraíso ’49 hay referencias a la Divina Comedia porque Chiara la conocía, o a los filósofos, por ejemplo, Kant, a quien ella había estudiado. También el marco externo puede influir: Chiara y sus primeras compañeras iniciaron esta experiencia en las montañas del Trentino, en Tonadico, donde la naturaleza habla por sí misma con su belleza. Esto también la ayudaba a expresar cosas que percibía por primera vez en su vida.
Durante estos 18 años desde la muerte de Chiara se han publicado libros que pueden aclarar el contexto de la aventura del Paraíso ’49…
Se siguió profundizando en el texto a través de diferentes ámbitos disciplinarios, con el método que Chiara nos había dejado, es decir, examinar las cosas con «Jesús en Medio». Creo que en este volumen se puedan identificar tres valores característicos: el primero es un valor didáctico, porque enseña cómo vivir el carisma de la Unidad, ofrece una clave de lectura vital; el segundo valor se puede definir artístico-literario, porque el texto presenta muchos géneros literarios: diarios, cartas, escritos, apuntes; por último, el tercero, el aspecto doctrinal, porque el texto tiene, sin duda, una orientación teológica. De hecho, es una experiencia mística que ayuda a comprender, por un lado, las realidades del Cielo: Dios, la Trinidad, el Verbo, María, la Creación, el infierno, el paraíso; y por otro, la encarnación del carisma en una Obra que se fundaría en los años siguientes, es decir, después de los años 1949-1951. Cada vez que se leen estos textos de mística, se comprenden cosas nuevas. Es lo que me pasa también a mí: cada vez que leo estas páginas comprendo cosas nuevas, tanto a nivel intelectual como espiritual.
Al leer el texto, ¿en algunos pasajes Chiara parece un poco presuntuosa?
Hay que entender por qué Chiara dice esas cosas de esa manera. Digamos que es como si Dios, para expresar categorías inexpresables a través de una criatura humana, se identificara con esa criatura, mirando las cosas a través de sus ojos. Por eso Chiara se encuentra escribiendo: ‘hoy yo soy la paternidad universal’. Pero ella misma se pregunta: ¿qué significa esto? En ese momento ella se identifica con esa realidad, para poder expresarla. En las notas a pie de página, ella misma comenta y explicita su asombro, y la alegría de ver que otros fundadores habían vivido más o menos lo mismo.
¿Qué recomendación de lectura darías?
Yo diría: toma este libro y léelo cuando y como quieras, en cualquier momento. Algún pasaje que no te quede claro o que sea más complejo, puedes consultarlo con otros, o con un experto. Pero te sugiero que no te dejes condicionar, porque este texto le habla directamente a la persona. Abrámoslo al azar y leamos la página que nos salga. Comprenderemos lo que necesitamos en ese momento porque, a pesar de alguna dificultad, el texto penetra en nosotros profundamente. Es una experiencia mística, «participable», en cierto modo. Esta es la novedad, como Chiara misma nos explicó. Ella siempre hizo lo posible para que todos participaran de su experiencia y este volumen nos ofrece esa oportunidad.
Una sala llena, atenta y de alguna manera sorprendida. Así se veía el viernes 22 de mayo el Aula Paulo VI de la Pontificia Universidad Lateranense (Roma), en donde se presentó por primera vez al público el volumen Paradiso ’49 (Paraíso ’49) de Chiara Lubich.
No era una simple presentación editorial. La impresión general –recogida también en los pasillos y en los comentarios del público– era la de encontrarse frente a un momento histórico, pues por primera vez se entregaba a todos un texto hasta ahora poco accesible; se lo ofrecía abiertamente para el debate eclesial y cultural. Y era en una sala repleta hasta en cada rincón.
En nombre del Centro Chiara Lubich, Anna Maria Rossi –promotora de la colección de las Obras de Chiara Lubich– acogía a los presentes. Ella aclaró enseguida el sentido del evento, recordando el largo trabajo editorial que ha llevado a la publicación del volumen. «No es un texto aislado –explicó– sino que es parte de un proceso más amplio, que cuenta el surgimiento de un carisma en la Iglesia».
Hubo oradores de distintas proveniencias eclesiales y académicas que introdujeron los contenidos. Alessandro Clemenzia, decano de la Facultad Teológica de Italia Central y estudioso de la espiritualidad de Chiara Lubich, brindó una clave de lectura incisiva: «No se trata de entender lo que Chiara ha escrito, sino lo que Dios quiere decir de sí mismo a través de esta experiencia». Una perspectiva que ha ayudado a captar la profundidad del texto sin reducirlo a un simple documento.
Stefan Tobler, suizo, teólogo evangélico y él también involucrado en la reflexión sobre el Carisma de la Unidad, hizo hincapié en la figura de la autora. Se trata de una mujer que a través de estas páginas «ofrece lo más íntimo de su relación con Dios», exponiéndose con autenticidad.
Muy esperadas las palabras de Ángela Ales Bello, filósofa y estudiosa de fenomenología, única oradora externa al Movimiento de los Focolares. Con claridad puso de relieve que la mística no es algo “extraño” o esotérico, sino que es «una iluminación de la realidad vivida en la fe». Y destacó una nota original del Paraíso ’49: es una experiencia que involucra no solo a la persona, sino también a la comunidad, pues es como un “nosotros” que se vuelve sujeto.
De manera virtual dio su aporte Brendan Leahy, obispo de Limerick (Irlanda) y –así como Clemenzia y Tobler– él también miembro del centro de estudios interdisciplinarios del Movimiento de los Focolares, la Escuela Abbá. Destacó el alcance eclesial del texto. El Paraíso ’49, afirmó, no es un tratado sistemático, pero puede «inspirar nuevas perspectivas» y ayudar a comprender la Iglesia como comunión viva y relacional.
Durante todo el encuentro se percibió –junto con el entusiasmo– también una cierta cautela. O sea: ¿cómo recibir un texto tan intenso sin simplificarlo o tergiversarlo? La respuesta emergió en reiteradas ocasiones, como si fuera un hilo conductor: el Paraíso ’49 no se puede entender solo leyéndolo, sino que también hay que dejarse interpelar por él.
Quizás ese fue justamente el sentido más profundo de la jornada. Con esta publicación, el Movimiento de los Focolares realiza un paso de apertura. Lo que nació como una experiencia vivida, ahora se la ofrece a todos. No como un objeto para ser analizado, sino como una propuesta de vida.