Movimiento de los Focolares
40 años de trabajo en el Consejo Mundial de Iglesias (CMI)

40 años de trabajo en el Consejo Mundial de Iglesias (CMI)

¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar en el CMI?

Wehrle: El Dr. Lukas Vischer, el conocido teólogo suizo que fue director de la Comisión de Fe y Constitución del CMI durante muchos años, conoció a Chiara Lubich en 1962, en Roma. A su regreso a Ginebra, relató su encuentro con una mujer católica romana que, según dijo, sentía un profundo anhelo de dedicar su vida a un movimiento por la unidad. Habló con sus colegas del CMI y decidieron, en 1967, invitarla a Ginebra para que compartiera con ellos esa espiritualidad de la unidad. En esa reunión, con el fin de facilitar, mantener y profundizar la relación con Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares, preguntaron si alguien del movimiento podría incorporarse al CMI. Así fue como empecé a trabajar allí en 1969.

Yo estaba muy entusiasmada con la idea de poder dar mi aporte a la misión del CMI. Tenía 23 años. Yo pensaba que viviendo esta espiritualidad de la unidad y compartiéndola, el sueño de ser uno, la oración de Jesús “para que todos sean uno”, iba a volverse una realidad. Le escribí eso a Chiara Lubich. Ella me respondió enseguida: “Poco a poco, Luzia, solo tienes que amar –no tienes otras responsabilidades–. María no estaba preocupada por mantenerse activa, sino por dejar sitio y hacer visible a Jesús, a través del amor”. Esa frase me liberó de toda presión y me acompañó durante los años en los que trabajé en el CMI. No lo era, y no lo soy todavía, una teóloga ni una ecumenista. Chiara no se fijó en ello cuando me pidió que fuera a Ginebra. Para ella fue suficiente decirme “solo tienes que amar”, lo que único que se necesita es amar y amar a Jesús en cada prójimo.

De hecho, estos 40 años han sido un regalo inmenso y han dejado en mi corazón una marca indeleble. Y ello no solo por la experiencia ecuménica que fui adquiriendo a través de las numerosas conferencias en todo el mundo, sino sobre todo por la hermosa posibilidad de vivir por la unidad de las Iglesias. Ha sido un verdadero privilegio y, en un cierto sentido, un continuo agradecimiento a Dios, porque me parece que me permitió experimentar su amor personal a través de este período. Por cierto, ha sido un período precioso de mi vida en el CMI de Ginebra. Lo que me ha impactado profundamente ha sido ver en mis compañeros de trabajo la generosidad de haber dedicado años de su vida al movimiento ecuménico. Es más, muchos de ellos dejaron sus países de origen junto con sus familias, la propia vida cultural, sus comodidades e incluso sus carreras profesionales. ¡Qué riqueza haber vivido junto a tantas culturas distintas!

¿Cuándo fue la siguiente visita de Chiara Lubich?

Wehrle: Chiara Lubich volvió a visitar el CMI en 1982, invitada por el que era en ese entonces el secretario general, Philip Potter, para hablar de su espiritualidad a los miembros del equipo del CMI. Philip Potter acuñó la frase: “Usted tiene un estilo de vida ecuménico”, que desde ese momento se ha utilizado a menudo para describir la labor de los Focolares.

Durante la reunión plenaria, cuando un miembro del equipo dirigente le preguntó a Chiara cómo poner en práctica esta espiritualidad en la vida cotidiana, ella propuso “La Palabra de Vida”, un opúsculo mensual –quizás ustedes lo conozcan– que contiene una frase del Evangelio con un comentario (en ese momento lo hacía Chiara Lubich) sobre cómo vivirla. Alrededor de 120 miembros del equipo pidieron recibirlo todos los meses.

A veces, algunas personas externas al Consejo me preguntaban si no me veía influenciada por las diferentes mentalidades protestantes y ortodoxas. Yo respondía que sí. De hecho, me han influenciado mucho y me han ayudado a ser una mejor católica, un miembro más fiel de mi Iglesia. Han reforzado mi fe a través de sus testimonios. Me conmovió también el gran respeto que mostraban por la práctica de mi fe católica romana. Los miembros de la comunidad católica de los Focolares participamos todos los días de la Misa. Por lo tanto, el CMI me permitía empezar a trabajar un poco más tarde al comenzar el día, para que yo pudiera asistir a la Misa de las 8 de la mañana. Me hacían el mismo favor todas las veces que viajábamos para asistir a conferencias.

Recuerdo en particular una conferencia en Tailandia. Al llegar, una de las primeras preguntas que mi director me hizo fue dónde y cuándo iba a poder ir a Misa. Entonces, el horario del encuentro con la comisión directiva se fijaba teniendo en cuenta ese compromiso mío. Cuando volvía de la iglesia, mi director solía preguntarme cómo había sido la celebración y qué lecturas de las Escrituras habíamos leído. Una vez le tuve que decir, con franqueza, que no lograba recordar los textos leídos. ¡Les puedo asegurar que desde aquel día escuché la Palabra de Dios con mucha mayor atención!

¿Qué otros momentos te impactaron en especial?

Wehrle: Otro pequeño episodio: mi director tenía una cita importante con el secretario general. Unos pocos minutos antes, ese director vino a mi oficina y me pidió si podía decirle a la señora que hacía la limpieza que fuera a su oficina porque la había sorprendido llorando. Como él no hablaba francés, me pidió que la acompañara a su oficina. Quería saber si podía ayudarla. Le recordé su cita, pero me preguntó si podía llamar al asistente del secretario para postergarla. Le respondí que yo creía que sería difícil y que podría verse con la señora de la limpieza después del encuentro con el secretario general. Pero él insistió y habló con ella durante una hora, ayudándola a resolver su problema. Muy a menudo esa experiencia me sirvió en varias situaciones de mi vida.

Seguramente las numerosas asambleas del CMI han sido una experiencia única, especialmente durante las oraciones. La alegría de celebrar la presencia de Dios que nos une a todos ha sido y sigue siendo un evento tangible e inolvidable que refuerza mi fe.

Si bien a veces durante una conferencia había opiniones diferentes que podrían haber provocado tensiones, el hecho de rezar juntos nos ayudaba a mantener la presencia de Jesús entre nosotros y sanaba esas heridas, y así se encontraban las soluciones. Quizás un momento particularmente triste fue cuando uno de nuestros compañeros del equipo falleció en circunstancias trágicas; pero, incluso esa vez, el haber podido vivir la experiencia de la familia ecuménica nos reconfortó y nos permitió curar el dolor que todos teníamos dentro de nuestro corazón.

¿Cuándo tuvo lugar la tercera visita de Chiara Lubich?

Wehrle: Me impresionó profundamente cómo fueron los preparativos de la tercera visita de Chiara Lubich al Centro ecuménico en 2002. La visita fue preparada con gran esmero y eficiencia. Durante un año, los miembros de alto nivel del equipo del CMI organizaron encuentros mensuales con los miembros de la Iglesia protestante local y con los miembros del Movimiento de los Focolares en Suiza. Siempre con la mira en ese evento, en calidad de intérprete, acompañé al Doctor Raiser, en ese momento secretario general, cuando fue a ver a Chiara. Ella se encontraba de vacaciones en Suiza, en el cantón del Valais. La idea era decidir con Chiara el programa. Me quedé muy impactada viendo con qué atención Chiara escuchaba a Konrad Raiser; percibía yo su interés por el CMI y me di cuenta de la estima que tenía por el trabajo de esta organización. Le habló también de Jesús crucificado y abandonado como la clave para alcanzar la unidad. Le preguntó luego a Konrad Raiser cuál de los dos temas él quería que afrontara: “Una espiritualidad de la unidad” o “La unidad y Jesús crucificado y abandonado, fundamento de una espiritualidad de comunión”. Recuerdo que Raiser no dudó un instante y escogió el segundo tema.

Al terminar la visita, Konrad Raiser y Chiara Lubich redactaron y firmaron una reflexión conjunta, cuyo título era “Espiritualidad de la unidad”, que hacía hincapié en la renovada esperanza para nuestro común camino ecuménico.

Los numerosos encuentros y contactos entre el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Movimiento de los Focolares han dado como fruto un creciente deseo de mayor colaboración. Se concretó en una participación recíproca en eventos (en Roma, en Ginebra y en otras ciudades) y en distintos ámbitos como la espiritualidad, la teología, la economía, las relaciones internacionales, la instrucción, la justicia, la paz y los jóvenes. Además, El CMI se vio involucrado en un proyecto, “Juntos por Europa”. El grupo musical de los Focolares “Gen Rosso” fue invitado a dar un concierto en el ámbito de la “Década para superar la violencia”, que se llevó a cabo en el Caribe en 2009.

Uno de los momentos más destacados de estos 40 años lo viví a finales de enero de 2008 –pocas semanas antes de la muerte de Chiara Lubich–. Una vez más, como intérprete, acompañé al Doctor Sam Kobia, quien en ese momento era el secretario general del CMI. Este, junto con Yorgo Lemopoulos[1] y Martin Robra[2], fueron a visitar a Chiara a su casa de Roma. Querían agradecerle por todo lo que había hecho para promover la unidad, no solo de las Iglesias, sino de la toda la humanidad, fundada sobre todo en Jesús Crucificado. Además, querían alentar a Chiara para que prosiguiera por su camino. Esa visita fue un momento único de alegría y de honda comunión.


[1] Vice-Segretario Generale del Consiglio Ecumenico delle Chiese

2 Direttore esecutivo del Consiglio ecumenico delle Chiese

Cuando Chiara falleció, Samuel Kobia le rindió homenaje diciendo: “Nuestro amor por Chiara y la inmensa gratitud por el regalo de Dios que ella ha sido para el movimiento ecuménico seguirán motivándonos e inspirándonos en nuestro trabajo en pos de la unidad visible de la Iglesia”.

¿Qué es lo que sigues esperando para el movimiento ecuménico?

Wehrle: Soy muy optimista en lo que se refiere al movimiento ecuménico, en gran medida porque durante mis 40 años de trabajo en el MCI –participando en numerosas conferencias en todo el mundo– comprendí lo que significa la unidad de los cristianos: construir relaciones personales que no nos separen, sino que promuevan el interés por la diversidad de las numerosas denominaciones cristianas y que nos enriquezcan recíprocamente. Por otra parte, cuando había tensiones, a veces graves incluso, hablábamos entre nosotros, nos escuchábamos los unos a los otros, reforzando la fe en una unidad visible y muy a menudo abriendo nuevas puertas a través de las cuales ¡la luz de Dios era tangible!

¿Quisieras compartir algún otro recuerdo?

Wehrle: Ricordo la mia festa di addio. Quando ho guardato le persone presenti, ho sentito profondamente – e l’ho anche detto ad alta voce – che nulla potrà mai separarci dall’amore di Dio, perché se cerco di rimanere nel Suo amore, di viverlo, il nostro rapporto non può che crescere e non sarà mai dimenticato. Per me era ed è tuttora quella famiglia con la presenza di Dio in mezzo a noi. “Perché dove sono due o tre riuniti nel mio nome, lì sono io in mezzo a loro” (Matteo 18,20). Questa realtà di Gesù in mezzo a noi mi ha aiutato in molte situazioni.

Entrevista original publicada en el sitio del World Council of Churches: https://www.oikoumene.org
Photo: Albin Hillert e Valter Muniz/CEC


[1] Vice-Segretario Generale del Consiglio Ecumenico delle Chiese
[2] Direttore esecutivo del Consiglio ecumenico delle Chiese

Con las raíces entre dos orillas: en diálogo entre fe e identidad

Con las raíces entre dos orillas: en diálogo entre fe e identidad

Me llamo Sarra Marta Lupășteanu, tengo diecinueve años y nací en Trento (Italia). Cada vez que digo esta frase me doy cuenta de que mi historia entrelaza lugares, culturas y creencias que por lo general no se encuentran fácilmente. Soy una chica ítalo-rumana, y sobre todo soy ortodoxa, hija del Padre Ioan, sacerdote de la iglesia rumana aquí en la ciudad, y de la presbítera Delia Rodica. Nuestra iglesia se encuentra en la calle San Marco, en el corazón del centro histórico; es un pequeño mundo rumano incrustado en las cercanías del Castillo del Buonconsiglio, entre calles y casas que cuentan siglos de catolicismo tridentino.

Crecer aquí ha significado, ya desde niña, vivir con naturalidad la conciencia de ser una minoría. No una minoría cerrada o aislada, sino una presencia distinta, que muchas veces hay que explicar. Cuando mis compañeros me preguntaban por qué en Pascua seguíamos un calendario diferente o por qué en nuestra iglesia había tantos íconos, entendía que mi cotidianeidad y la de ellos no coincidían. Sin embargo, nunca me he sentido dividida, pues católicos y ortodoxos creemos en el mismo Dios, sólo con tradiciones, ritos y sensibilidades distintas. Justamente en este punto es donde nace una reflexión que llevo siempre conmigo: es necesario un diálogo entre las comunidades pero también buena voluntad, porque la comprensión no nace sola, hay que desearla.

Ahora estoy estudiando Filosofía en la Universidad de Trento, y esta elección que he hecho ha amplificado mi capacidad de observar y comprender lo que vivo. Entrar en un ambiente universitario, en donde las identidades se mezclan y se chocan, me ha hecho reflexionar aún más acerca de lo que significa pertenecer a una iglesia cristiana que se percibe como “otra” respecto a la de la mayoría.

A veces me siento como si caminase por un puente; por un lado está mi comunidad ortodoxa, con sus raíces, sus cantos y las tradiciones que he ido absorbiendo desde pequeña y por el otro la sociedad tridentina en la que he nacido, he estudiado y crecido y que, desde hace ya dos años, es también mi patria oficial tras haber obtenido la ciudadanía italiana. Hablo rumano, conozco las tradiciones de mi país de origen y mi familia me ha enseñado a custodiarlas, pero también soy una chica profundamente vinculada a Trento, a sus ritmos y sus costumbres. Cuando entro a mi iglesia de la calle San Marco me siento envuelta por una familiaridad que ningún otro sitio me da. Me refiero a los íconos dorados, a las voces del coro durante la Liturgia; o la comunidad que saluda a mi padre llamándolo “Părinte” (en un contexto religioso es como decir: Reverendo o Padre). Sin embargo, esta diferencia nunca me ha hecho sentir ajena a Trento. Por el contrario, me ha enseñado a mirar el mundo desde más de un solo punto de vista. En una ciudad de fuerte tradición católica, la presencia de otras tradiciones eclesiales cristianas demuestra que la fe puede ser pluralidad sin que se pierda nada en lo concierne a la verdad.

Hoy, como joven que construye su propio futuro, sé que mi identidad nace del encuentro de dos dimensiones; es una lente a través de la cual me descubro a mí misma y descubro el mundo. Es la conciencia de que las raíces no impiden que crezcamos en otro sitio. Soy un “puente”, y ya he dejado de tener miedo a quedarme suspendida en el aire, pues es justamente allí, entre dos orillas, en donde he aprendido a vivir. En ese espacio he encontrado mi más auténtica libertad, que es la de tener dentro de mí ambos mundos sin tener que optar por uno de ellos. Debo dejar que esos mundos dialoguen, que se complementen y hagan de mí una persona entera, arraigada, y en camino, con el corazón abierto al futuro.

de Sarra Marta Lupășteanu
Artículo publicado en el periódico de las Parroquias de los santos Pedro y Pablo y de San Martín en Trento, diciembre de 2025
Foto: Chiesa romena di Trento – e Magda Ehlers by Pexels

El Evangelio que pone “al otro” en el centro

El Evangelio que pone “al otro” en el centro

Soy un sacerdote anglicano de Uganda y descubrí la espiritualidad del Movimiento de los Focolares hace quince años, cuando cursaba mi formación ministerial en el seminario. Esta espiritualidad ha influido profundamente en mí, en mi familia y en mi Iglesia, ya que expresa idealmente dos aspectos fundamentales: el amor y la unidad. En ninguna parte de la Biblia encontramos pasajes que enfaticen la división, la separación, el odio, la malicia, el tribalismo, las divisiones denominacionales o la segregación racial. Al contrario, la Biblia invita a la unidad y al amor entre las personas, incluso cuando existen diferencias.
Estamos llamados a amar al prójimo sobre todas las cosas, porque por medio de él amamos a Dios. Así he aprendido a ver a Jesús en cada persona cercana a mí (cf. Mt 25) y siento una gran paz cada vez que comparto lo poco que tengo con quienes lo necesitan.

Jesús en una de sus últimas oraciones antes de su ascensión, en Juan 17:21, dice: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti”. Esto implica que la unidad debería ser nuestro objetivo en la vida. Gracias a esta consciencia, he tenido la oportunidad de conocer y dialogar con muchas personas de diferentes denominaciones, como católicos, ortodoxos, luteranos, y también con personas de otras religiones, budistas y seguidores de religiones tradicionales, de todos los niveles y edades. Esto me ha dado una visión más amplia de cómo vivir y gestionar la vida de forma integral. He experimentado la alegría de ver en ellos a hermanos y hermanas.

También he visto a obispos de la Iglesia anglicana de Uganda abrazar esta espiritualidad a través de nuestra experiencia, la expresión de sus vidas y su testimonio. Actualmente, cinco obispos son amigos del Movimiento, incluyendo al arzobispo de la Iglesia anglicana de Uganda. Algunos de ellos también han participado en las en las conferencias ecuménicas internacionales de obispos organizadas por el Movimiento de los Focolares.

Actualmente hemos creado un grupo de comunión en la Universidad Cristiana de Uganda, con el objetivo de poner en práctica el amor y la unidad entre los jóvenes universitarios. Al mismo tiempo, también compartimos el valor de “Ubuntu” [1] dentro de la iniciativa Together for a New Africa, en la que participo como tutor en esta segunda edición. Después de todo esto, la gente suele hacerme preguntas que me cuesta responder: “¿Por qué siempre estás feliz? ¿Nunca te enojas? ¿Por qué siempre estás disponible? ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Por qué eres tan generoso?”. Mi respuesta siempre ha sido: “Haz el bien, la recompensa está en el Cielo”.

Después de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, el quinto Evangelio que todos deberíamos leer es el del “tú” en el otro. Debemos considerarnos un testimonio vivo, para que nuestras obras y acciones reflejen la imagen de Dios, haciendo a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Poner en práctica lo que enseña la Biblia: amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con toda el alma, y al amar al prójimo como a nosotros mismos.

Reverendo Canónigo Bwanika Michael Eric


[1] Ubuntu es una palabra de origen bantú del África subsahariana que expresa una filosofía de vida centrada en la compasión, el respeto y la interdependencia humana, que se puede resumir en la máxima “Yo soy porque nosotros somos”, subrayando

Cristianos protagonistas del diálogo

Cristianos protagonistas del diálogo

El 29 de junio el papa Pablo VI había invitado al Patriarca Athenágoras a enviar a Roma algunos representantes. Desde entonces los responsables de las dos Iglesias se intercambian visitas: el 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, viaja a Roma una delegación del Patriarcado de Constantinopla, y en alguna ocasión ha venido el Patriarca mismo, mientras que el 30 de noviembre, día de San Andrés, va al Patriarcado una delegación del Vaticano en nombre del Papa. San Pedro, obispo de Roma, y San Andrés, según la Tradición, fundador de la sede episcopal de Constantinopla, eran hermanos. Estas visitas son un llamado a estas dos Iglesias que se consideran hermanas a comprometerse en la reconciliación y reforzar los vínculos de solidaridad.

En esta fiesta, que también tiene un valor en el camino de unidad entre las Iglesias, publicamos un video con algunas impresiones recogidas durante la conclusión del Congreso que llevaba como título “Called to hope – Key players of dialogue” (Llamados a la esperanza – Protagonistas del diálogo). Fue promovido por el Centro Uno, que es la secretaría internacional para la unidad de los cristianos del Movimiento de los Focolares, y de él han participado 250 personas de 40 países y 20 Iglesias cristianas, con más de 4000 en el mundo que han seguido el evento a través de streaming.

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Un signo de unidad

Un signo de unidad

Este año 2025 la fiesta de Pascua
se celebra el mismo día en todas las Iglesias cristianas.
La felicitación de la presidenta de los Focolares,
Margaret Karram, para esta fiesta
con algunos representantes de varias Iglesias.

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Foto @ Pixabay