Del 16 al 18 de abril de 2026, la Comisión de Orientación de la red «Juntos por Europa» (JpE) se ha reunido para su retiro anual, esta vez en el Centro Schoenstatt de Viena, Austria, en la colina de Kahlenberg. Han sido 26 los participantes, en representación de ocho de los Movimientos que componen la red. Han trazado un balance del año transcurrido y han definido los objetivos para los proyectos futuros.
Un aspecto central del encuentro de este año fue la alternancia de algunas personas de la Comisión de Orientación. Este traspaso ha sido preparado en los últimos dos años en un clima de escucha del Espíritu, para garantizar al mismo tiempo continuidad y nuevos impulsos.
Margaret Karram, Presidente del Movimiento de los Focolares, expresó en una carta su profundo agradecimiento a los miembros salientes, por el gran compromiso que brindaron en las últimas décadas al plasmar JpE. Saludaron al grupo: Gerhard Pross (CVJM Esslingen), cofundador de JpE y su moderador durante muchos años, junto a Thomas Römer y Walter Kriechbaum (ambos del CVJM Monaco, comprometidos con JpE ya desde sus comienzos).
Diego Goller (de Italia) e Ilona Toth (de Hungría), representantes de la Presidente del Movimiento de los Focolares en la Comisión de Orientación, dieron la bienvenida a sus sucesores: Liz Taite (de Gran Bretaña), con una larga experiencia en el ecumenismo, y Alberto Lo Presti (de Italia). Las tareas de Secretaría General las asumirá Maria Wienken (de Alemania), asistida por Elisabeth Danner (de Austria), ambas del Movimiento de los Focolares. El traspaso de funciones se celebró solemnemente durante un momento de oración vespertina y fue “sellado” por el “Pacto del amor recíproco”. Gerhard Pross destacó la grandeza de la misión de JpE y sus ricos frutos, que han marcado etapas importantes en la historia de la Iglesia, así como está descrito en el libro “Sternstunden der Einheit” (Momentos destacados de unidad).
El rol de moderador de JpE será desempeñado por un grupo compuesto por tres miembros de la actual Comisión: Sor Nicole Grochowina (Communität Christusbruderschaft Selbitz), el Padre Raffael Rieger (Movimiento de Schönstatt) y Matthias Bühlmann (Vineyard). «Este cambio no marca solamente el final de una era, sino también el comienzo de una nueva fase de colaboración a nivel europeo», comentó uno de los participantes.
Otro miembro añadió: «Estos días en la colina de Kahlenberg han demostrado que nuestra diversidad es nuestra fuerza. Con el nuevo equipo damos una señal clara de continuidad y de nuevos horizontes«. Otro participante afirmó: «JpE escribe una historia de esperanza en estos tiempos nuestros aparentemente sin esperanza. Por ello, hoy más que nunca, es importante caminar juntos«.
Agenda y perspectivas
Otro punto focal de las conversaciones fue el trabajo de las Comisiones Nacionales, que están asumiendo una responsabilidad creciente en la implementación de JpE en los respectivos países.
Además, se han discutido los próximos encuentros de relieve:
9-13 de mayo de 2026: Con ocasión de la Fiesta de Europa, 120 jóvenes europeos visitarán el Parlamento Europeo. Impactados por la unidad cristiana vivida en JpE, los jóvenes han elaborado un «Pacto entre las generaciones» que presentarán a los parlamentarios.
29-31 de octubre de 2026: Próximo «Encuentro de los Amigos” en el Centro Vineyard de Würzburg, Alemania.
4-6 de mayo de 2028 (fecha prevista): Gran evento en Castel Gandolfo y Roma, Italia.
El encuentro de 2026 de la Comisión de Orientación ha marcado así un hito importante para la orientación futura de la red, que sigue comprometiéndose por la unidad y la fraternidad en todo el continente.
Beatriz Lauenroth Foto: cortesía de «Juntos por Europa»
El Papa Prevost es el primer Pontífice de la historia moderna que tiene un conocimiento directo de África, ya desde los tiempos en que era superior de la Orden de los Agustinos. Había visitado personalmente todas las regiones de África: central, meridional, occidental y austral.
A bordo del avión papal de Roma a Argel el Papa León XIV declaró a los periodistas: “Ya en mayo pasado yo había dicho que en mi primer viaje querría visitar África. Muchos me sugirieron Argelia, por San Agustín”.
11 días, 18 vuelos, más de 18.000 km. Argelia, Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial, 25 discursos y homilías, ocho misas públicas celebradas, encuentros con presidentes, obispos, imanes. El Pontífice, en sus intervenciones, puso de manifiesto las obras de misericordia de la Iglesia a través de encuentros al margen con: detenidos, huérfanos y ancianos, y se encontró con centenares de miles de fieles. El talento polígloto del Papa ha sido puesto en plena luz, “nos ha hablado en francés, portugués, español e inglés para entrar en contacto personal con las diferentes poblaciones locales”.
Bienaventurados los constructores de paz
En un discurso histórico a las autoridades en Camerún el 15 de abril, día de su llegada, León afrontó de una manera directa el tema de la crisis humanitaria, política y social que desde hace una década aflige al país. Describió el costo humano en términos claros –vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la instrucción y una generación de jóvenes desprovistos de esperanza– elogiando al mismo tiempo la diversidad cultural y lingüística del país como un “tesoro” más que una carga.
Una etapa fundamental del viaje a Camerún se llevó a cabo en Bamenda, corazón de una región desgarrada por la violencia separatista desde hace 10 años. El Papa León XIV presidió un encuentro sobre la paz en la Catedral de San José. Alrededor de la mesa, un jefe tradicional, un moderador presbiteriano, un imán y una monja católica. “Una imagen sugestiva que seguirá nutriendo nuestro imaginario por mucho tiempo”, dijo Elisabeth, una ciudadana de Bamenda: “un Papa circundado por representantes de diferentes credos y comunidades en una ciudad en el corazón de un conflicto en curso, que invoca el diálogo en lugar de la violencia y la reconciliación en lugar de la venganza”.
El Papa se dirigió a toda la comunidad compuesta por personas llegadas del Noreste y del Sudeste, que habían recorrido muchos kilómetros superando miedos y obstáculos para estar presentes en esa jornada. Agradeció a todos aquellos que optan por construir puentes todos los días y que curan heridas. Pero también lanzó una advertencia, “a aquellos que distorsionan las religiones y el nombre de Dios para ir detrás de sus propios objetivos militares, económicos y políticos”. Una denuncia para todos los que –dijo el Papa– “despojan la tierra de ustedes de sus recursos, invierten generalmente gran parte del beneficio en las armas, en una espiral de desestabilización y de muerte sin fin”.
“¡Queridos jóvenes, ustedes son los hijos predilectos de la tierra africana!”
La segunda jornada del Papa en Camerún fue dedicada por entero a los jóvenes. Justamente a esa juventud, viva y en movimiento, es a la que León XIV quiso dirigirse directamente en su homilía, delante de 120.000 fieles en el estadio de Japoma, en Douala, y luego delante de los estudiantes de la Universidad Católica de África Central. León XIV multiplicó los llamados a resistir a la emigración, a la corrupción y a las ilusiones del mundo digital. Dando un mensaje sutil, repetido dos veces el mismo día: el futuro se construirá aquí, no en otro sitio.
El Papa no eludió la realidad del país en el estadio de Japoma hablando de la pobreza, tanto material como espiritual y lanzando una invitación a los jóvenes: “para hacer del espíritu orgulloso que ustedes tienen una profecía del mundo nuevo, tomen como ejemplo lo que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos dan un testimonio valiente del Señor Jesús frente a las dificultades y las amenazas”, y pensando en cómo ellos perseveraron incluso en medio de las hostilidades, invitó a “rechazar toda forma de abuso y de violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles y endurecen el corazón”. Les recordó la verdadera riqueza del pueblo: “la fe, la familia, la hospitalidad y el trabajo”. Para ilustrar su discurso, León XIV citó al Beato Floribert Bwana Chui, un mártir congolés ejecutado en 2007 por haberse negado, en su calidad de aduanero, a hacer pasar una expedición de medicamentos falsificados. Es presentado como un santo de la resistencia a la corrupción, un modelo para la juventud africana: El Pontífice además siguió su discurso diciendo: “Sean la Buena Nueva en su país”-
Formar “mentes capaces de discernimiento”
En la tarde, en Yaoundé, el Papa era esperado en el Universidad Católica de África Central, una joya de la instrucción superior de la región, que atrae cada año a más de 5.000 estudiantes provenientes en particular de Gabón, de Chad, de Guinea Ecuatorial y de otros países. Son 8.000 los que recibieron al Pontífice con un gran entusiasmo, típico del mundo universitario.
Frente a ese público de jóvenes africanos, el papa León eligió hablar de temas sensibles, actuales: la corrupción, la inteligencia artificial y sus implicancias, las migraciones, etc.
Es justamente esa tensión entre la tentación del exilio y el deber para con el propio país lo que León XIV puso en el centro de su discurso. “Frente a esa tendencia de querer emigrar, que puede hacer creer que en otro sitio se encontrará fácilmente un futuro mejor, les invito ante todo a responder con un ardiente deseo de servir a su país”, dijo a los estudiantes, recordándoles que la universidad fue fundada hace 35 años justamente para formar “testigos de sabiduría y equidad, que el continente africano necesita”.
Hablando de la inteligencia artificial, el Papa declaró, con insólita gravedad: “Cuando la simulación se vuelve la norma, vivimos como en burbujas impermeables las unas a las otras, nos sentimos amenazados por cualquier persona que sea diferente”. Su conclusión es directa, sin vueltas: “Así es como se difunden la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia. No está en juego un simple riesgo de error, sino una transformación de la relación misma con la verdad”.
África paga el costo ambiental y humano de la extracción del cobalto, mineral indispensable para las baterías que alimentan los data centers y los dispositivos conectados a internet. El Papa no anduvo con rodeos en ese punto: “El lado escondido de las devastaciones ambientales y sociales causadas por la carrera desenfrenada a las materias primas y a las tierras raras debe ser denunciado”, proclamó con fuerza.
Liliane Mugombozi (Camerún)
Foto: cortesía de la Nunciatura Apostólica en Camerún
El país africano más extenso, en el que, de los 48 millones de habitantes, los cristianos son menos del 1 %. Argelia es el país que el papa León XIV ha elegido como primera etapa de su viaje por el continente africano, que le llevará posteriormente a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Llegó allí el 13 de abril de 2026 y sus primeros encuentros con la comunidad argelina pusieron de relieve también la vida y las actividades de organizaciones e iniciativas interreligiosas, a veces poco conocidas, que operan en el país desde hace muchos años.
Una de ellas es el Movimiento de los Focolares, una red de unidades espirituales que llegó a Argelia, de mayoría musulmana, en 1966. Sus actividades en Argelia están animadas por miembros musulmanes, en su mayoría mujeres, que participan en ellas, trabajando en pequeños grupos por todo el país, ya sea prestando ayuda en centros locales para personas mayores, dando clases particulares a los estudiantes o estudiando junto a ellos.
La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla sino que abre, une pero no confunde, acerca sin uniformar y hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia, cristianos y musulmanes trabajan «codo con codo», relató la mujer, «con las mismas preocupaciones» de «acoger, servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más «vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso, subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia, perdón, compasión y benevolencia.
Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad, cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día», reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».
En la vorágine de las noticias rápidas sobre la guerra en el Líbano, las historias individuales se pierden y los rostros humanos se desdibujan detrás de los números de los desplazados y las noticias sobre los bombardeos. Pero a pesar de ello la realidad, así como lo manifiestan los testimonios en el lugar, es mucho más profunda y dolorosa de lo que muestran los titulares. En este “tiempo de guerra”, cientos de miles de libaneses viven una condición de desplazamientos repetidos, como si fuera un destino que se renueva con cada oleada de violencia. Pero en el medio de esta oscuridad surgen también rostros humanos que tratan de devolverle a la vida su significado.
Desde el comienzo de la escalada y con la expansión de los raids aéreos y de las órdenes de evacuación, el desplazamiento ya no es un evento excepcional, sino que se ha vuelto un estilo de vida. No son áreas puntuales evacuadas, sino regiones enteras desplazadas, desde el sur hasta el Valle de la Becá, e incluso en el corazón de la capital Beirut. En ese escenario el número de los evacuados ha superado el millón, en una de las mayores oleadas de desplazamiento interno en la historia reciente del país. Son muchas las víctimas civiles.
Pero detrás de ese número se esconden historias humanas que resumen la tragedia. Zeina Chahine llevó a cabo algunas entrevistas para contar el dolor de la gente, y al mismo tiempo la grandeza de la acción humanitaria que se vuelve encuentro, consuelo y fuerza colectiva contra la injusticia.
Marwan, uno de los desplazados del sur, resume la experiencia con una frase dolorosa: “Nos estamos marchitando lentamente”. No es solo una metáfora, sino la descripción de una vida que se va consumiendo gradualmente, en donde el ser humano pierde su casa, su trabajo y su estabilidad, pero sin perder del todo la esperanza… que, sin embargo, se desgasta. Marwan agrega que incluso la idea de regresar ha cambiado: ya no sueña con su propia casa, sino simplemente con el retorno, de cualquier manera que sea posible.
Por su parte, Nawal cuenta el momento de la huida forzosa: una llamada telefónica en el medio de la noche, pocos minutos para recoger lo que cada uno puede llevarse consigo, luego la huida bajo los bombardeos. “¿Qué tenemos que llevarnos?” es una pregunta que manifiesta la impotencia frente a la rapidez del derrumbe. Una pequeña maleta en cambio de una vida entera que se deja detrás. Ella también, como muchos otros, no ha vivido una evacuación una sola vez, sino varias y repetidas veces, hasta cuando el regreso a la “tabula rasa” se ha vuelto parte de la experiencia misma.
Los niños y los jóvenes también pagan el precio. Suleiman, de dieciséis años, se encuentra fuera del colegio, en un refugio temporáneo, y resume la guerra diciendo: “Es mi cruz en esta vida”. Son palabras que muestran que la guerra no roba solo el presente, sino también la inocencia de la edad.
Pero junto a este dolor vive también otra imagen, no menos presente: la de la solidaridad humana. De escuelas transformadas en centros de acogida y sitios hacinados en las ciudades, surgen voluntarios e iniciativas individuales que tratan de colmar el vacío de la ausencia. Personas que duermen en el suelo, con una grave falta de los bienes más esenciales, e intentos graduales de proveer de colchones y mantas. La necesidad no tiene que ver solo con la comida y el agua, sino también con todo lo que preserva la dignidad humana, como productos para la higiene personal… porque también en una situación de desplazamiento el ser humano necesita sentir su dignidad.
Abir, madre y voluntaria, ve la ayuda como un deber humano ante todo. Dice que lo que más le impacta es “el miedo en la mirada de la gente”, esa ansiedad constante por un futuro incierto. Pero al mismo tiempo observa también el fuerte impulso a la solidaridad: “La gente corre a ayudar, sin pedir nada a cambio”. En un contexto en el que las instituciones a veces se ven limitadas, las iniciativas individuales se vuelven la primera línea de defensa de la humanidad.
Este encuentro entre el dolor y la solidaridad revela una fuerte contradicción: la guerra divide a las personas, pero al mismo tiempo crea espacios inesperados de solidaridad. Es como si la sociedad, en los momentos de colapso, se redescubriera a sí misma a través de sus individuos.
Pues bien, a pesar de las diferencias en las opiniones y en la pertenencia a una posición, el punto común sigue siendo el sentimiento de desarraigo y el rechazo de la guerra y de sus tragedias. Con el pasar del tiempo, incluso la forma de la esperanza cambia: de “si Dios quiere volveremos a encontrar nuestra casa” a simplemente “si Dios quiere volveremos”. Una esperanza que se reduce, pero no se apaga.
Queda suspendida en los labios de todos una pregunta: “Mañana, ¿adónde iremos?”. No es una pregunta acerca de un destino preciso, sino simplemente acerca del destino mismo.
Sin embargo, no obstante todo el dolor, estos testimonios manifiestan una doble verdad: la guerra hiere profundamente al ser humano, sí, pero no logra cancelar su humanidad. Entre una carpa y un refugio, entre pérdida y nostalgia, nace otra forma de resistencia, que es la resistencia de la solidaridad.
Entonces, mientras algunos se marchitan lentamente, otros los riegan con esa cantidad de solidaridad de la que son capaces, permitiendo que la vida continúe. Porque la fe en la fraternidad humana es una realidad que hemos interiorizado viviéndola y practicándola, transmitida por nuestros padres y nuestros abuelos, hasta volverse sangre en nuestras venas y parte de nuestra civilización.
Elaborado por Rima Saikali Al Madina Al Jadida
Está activa la emergencia Oriente Próximo. Todo aporte permite llevar alivio a las muchas familias afectadas por el flagelo de la guerra. Muchas han perdido la casa, otras buscan refugio en estructuras que abren sus puertas a pesar de los recursos cada vez más limitados.