Movimiento de los Focolares
Animados por el espíritu de la unidad

Animados por el espíritu de la unidad

El 25 de mayo de 2026, Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares, se reunieron con la comunidad de Trento (Italia), y subrayaron la importancia de vivir la unidad de una manera nueva y juntos, haciendo una verdadera conversión. Una oportunidad para permanecer anclados en el presente y mirar hacia al futuro.

Foto: © Pixabay

Dejarse sorprender

Dejarse sorprender

Decía el gran científico Louis Pasteur: «Maravillarse de todo es el primer paso de la razón hacia el descubrimiento».

También nos lo recuerda Luigi Ballerini, escritor para jóvenes y médico psicoterapeuta, en el artículo que nos ha inspirado para esta idea [1]: «En el fondo, maravillarse no es más que una forma de confianza […] Es la idea de que todavía existe un mundo por descubrir, comprender y encontrar. Esto explica por qué la pérdida de esta capacidad (maravillarse) es tan grave: sin ella, la vida se hace monótona en la repetición de una mirada cansada que ya no ve nada. […] Si perdemos la capacidad de maravillarnos, no nos volvemos más realistas ni más eficientes; solo perdemos la posibilidad de dejarnos interpelar por la realidad, de reconocer que nosotros mismos podemos seguir cambiando y mejorando a través de aquello que encontramos».

La maravilla nos recuerda que no todo depende de nosotros. Es una invitación a acogerla con el corazón abierto, a reconocer lo que la vida quiere decirnos y a estar agradecidos por ello. La maravilla evoca el asombro, esa extraordinaria capacidad de los niños para abrirse a la vida y a las relaciones; dimensiones, estas, constitutivas del ser humano, que desde hace milenios son una clave de la aventura del pensamiento humano, enseñándonos a descentrarnos para ir al encuentro de las personas que quizá nos esperan, que viven las mismas dificultades cotidianas y las mismas esperanzas que nosotros.

Hoy los desafíos que provienen de las redes sociales y de la Inteligencia Artificial parecen apagar esta capacidad: ¿ya lo hemos visto todo? Y, sobre todo: ¿nos estamos acostumbrando a todo? A menudo son los pequeños gestos los que tienen la capacidad de volver a encender el asombro.

Asombrarse significa mantener viva la capacidad de maravillarse, de aprender de lo nuevo y de reconocer el valor de las personas y de las situaciones que encontramos, sin resignarnos a la indiferencia ante el dolor y el sufrimiento. Tengamos el valor de mirar la realidad con atención y apertura poniéndonos en el lugar de los demás, ofreciendo escucha y apoyo sin juzgar y cuidando de quienes atraviesan momentos importantes o complejos.

Son muchas las historias cotidianas de esfuerzo, de enfermedad, de vidas que parecen perdidas o sin sentido; y, sin embargo, siempre puede surgir un horizonte nuevo e inesperado. En las familias, en los centros sanitarios y asistenciales y en tantas situaciones de fragilidad, es posible contemplar con asombro los signos de la revolución más poderosa: la de un amor capaz de ir más allá de lo que cabría esperar. Dejémonos sorprender con vulnerabilidad y humildad por todo aquello que sale a nuestro encuentro y hagamos que no quede confinado en la intimidad del corazón, sino que se manifieste en las relaciones, en la vida compartida, en el tejido de las futuras generaciones.

LA IDEA DEL MES, es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www. dialogue4unity.focolare.org


[1] https://www.avvenire.it/idee–e–commenti/lasciarsi–stupire–dalla–meraviglia–quello–che–i–ragazzi–ci–ricordano_109483)

Foto © Srinivas-Bandari-Unsplash

«Engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46).

«Engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46).

En el primer capítulo de su Evangelio, Lucas nos ofrece la única página del Nuevo Testamento en que las protagonistas son dos mujeres, María e Isabel.

Isabel vivía en una ciudad cerca de Jerusalén, a unos 150 km de distancia de Nazaret. María emprende este largo viaje nada más recibir el anuncio del ángel de que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1, 26-38). No conocemos los detalles de la travesía, solo sabemos que se dirigió con prontitud a la región montañosa. Pero ¿por qué se dirige allá?

María va para comunicar esta alegría a quien, como ella, había recibido de Dios la gracia de esperar un hijo, y para estar a su lado y ayudarla durante los últimos meses de embarazo. Es la historia de dos mujeres, de dos maternidades imposibles. ¿Quién mejor que ella podía entenderla y compartir esta experiencia? De este encuentro brota el canto del Magníficat.

«Engrandece mi alma al Señor».

«Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante […]. Por eso no dice “yo ensalzo a Dios”, sino “mi alma”…, como si quisiera expresar: “mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos […]”»[1],escribe Martín Lutero en su comentario al Magníficat.

El verbo engrandecer, hacer grande, revela la alegría que suscita descubrir que Dios es más grande de lo que nos esperábamos. Esta alegría provoca una profunda humildad y un hondo sentido de gratitud y reconocimiento.

Como subraya Ermes Ronchi, «el Magníficat es el evangelio de María, su buena noticia, que alcanza a todas las generaciones». Por diez veces, la joven de Nazaret repite lo que ha hecho Dios [2], como una especie de nuevo decálogo, de diez nuevos mandamientos que trastocan la lógica del mundo.

Resulta espontáneo preguntarse si hemos conservado el sentido de estupor y de asombro en nuestra vida diaria y de oración ante todo lo que Dios ha obrado y sigue obrando. Sin abrirnos a la novedad y a sus sorpresas, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre social [3].

«Engrandece mi alma al Señor».

El canto de María no es simplemente una oración de alabanza intimista, sino una alabanza profética, caracterizada por recurrir constantemente a los pasajes de la Escritura [4], lo que indica la dirección de la historia según el corazón de Dios. Alabarlo significa alinearse con los pequeños, creer que el mundo puede y debe cambiar.

Las palabras de este himno nos invitan a comprender la intervención salvífica de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, tanto nuestra propia vivencia personal como la universal, tanto el momento presente como los cielos nuevos y la tierra nueva que la revolución social del Evangelio inaugura.

«Engrandece mi alma al Señor».

Estas palabras nos invitan también a nosotros a hacer de nuestra vida una alabanza viviente, a reconocer cada día las maravillas, a unir nuestra voz a la de María para proclamar que Dios es fiel, que su misericordia se extiende de generación en generación y que su reino de justicia y amor ya se está realizando entre nosotros.

Chiara Lubich había captado esta dimensión revolucionaria del canto de María cuando escribió a los jóvenes: «Lee el Magníficat y encontrarás la primera y más potente página de la doctrina social cristiana. ¿Quién y cuándo la realizará completamente?» [5].

La pregunta sigue estando abierta y nos interpela. La intervención de Dios no debería quedarse reducida a la intimidad del corazón; hace falta que se manifieste en las relaciones, en la vida común, en la trama de las generaciones futuras.

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de vida


[1]MARTÍN LUTERO, Comentario al Magníficat, 1520, https://www.associazionealec.it

[2]Ermes Ronchi, Magnificat, una finestra aperta sul futuro, Avvenire, 12 agosto 2021.

[3]Cfr. Papa Francesco, Angelus, Piazza San Pietro, Roma, 4 luglio 2021.

[4] Cfr. Gérard Rossé, Il Vangelo di Luca, Città Nuova, 1992, p.69.

[5] Detti Gen, Città Nuova, Roma 1969, p.57 (4a ed. 1974).

Foto © CDC – Unsplash

Un premio otorgado a un “ingeniero de relaciones”.

Un premio otorgado a un “ingeniero de relaciones”.

Tonadico, un pequeño pueblo en las Dolomitas, al norte de Italia, se convirtió en un lugar de inmensa importancia para el Movimiento de los Focolares en 1949. La experiencia mística vivida en esas montañas por la fundadora del Movimiento, Chiara Lubich, junto con sus primeros compañeros y el renombrado parlamentario y periodista italiano Igino Giordani, continúa marcando la espiritualidad del Movimiento en todo el mundo. Ahora, 77 años después, el municipio de Primiero en Italia y el Movimiento de los Focolares han otorgado el primer premio internacional “Tonadico – Ciudad del Pacto”. El premio fue entregado a Gerhard Pross, de la YMCA de Esslingen, Alemania. Evangélico luterano, es cofundador y antiguo moderador del movimiento ecuménico «Insieme per l’Europa».

Un pacto que sigue vigente.

El 16 de julio de 1949, Chiara Lubich e Igino Giordani establecieron un pacto de unidad durante una celebración eucarística en la iglesia, lo que dio origen a una experiencia mística recordada como Paraíso 49 . Los compañeros de Chiara Lubich se unieron posteriormente a este pacto. Este “momento histórico” es mucho más que un simple recuerdo, subrayó el alcalde de Primiero, Daniele Depaoli, durante la ceremonia de entrega de premios. Gracias a una espiritualidad que “penetra en el mundo secular, en la vida civil y política”, este pacto sigue vigente, afirmó Depaoli, según recoge Vatican News.

La decisión de otorgar el premio, de reciente creación, en primera instancia al alemán Gerhard Pross fue explicada por el sociólogo Bruno Turra durante el evento: Pross es un “ingeniero de relaciones”, un “maestro tejedor de comunidades”.

Un ecumenismo de corazones

Durante la ceremonia, Pross rememoró los inicios del movimiento ecuménico “Juntos por Europa”, describiendo una reunión en el centro ecuménico del Movimiento de los Focolares en Ottmaring, Alemania, inmediatamente después de la firma de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación por representantes de la Iglesia Católica Romana y la Federación Luterana Mundial en Augsburgo. Allí, cerca de 50 líderes de diversas iglesias y movimientos cristianos, en presencia de Chiara Lubich, oraron juntos y se pidieron perdón por los sufrimientos del pasado. “Después, fue como si los cielos se hubieran abierto y un mar de gracia se hubiese derramado sobre nosotros”, recordó Pross en Tonadico. Nunca había vivido un momento tan profundo. Allí nació un “verdadero ecumenismo de corazón”.

No existen fronteras entre el cielo y la tierra.

Para él, fue un momento tan místico como el pacto entre Chiara Lubich e Igino Giordani: “Aquí en Tonadico, el cielo y la tierra se han unido, porque la experiencia mística de Chiara Lubich ha abolido las fronteras entre el cielo y la tierra”.

Tina Rudert de una página del sitio Startseite | Movimento dei Focolari – Svizzera

La grabación del evento de Tonadico está disponible en italiano en el canal de YouTube focolaritalia.

Foto © L. Taite – D. Goller – R. Di Pietro

A un paso de la rendición

A un paso de la rendición

Sucedió algo que me recordó por qué, hace años, decidimos ser “hombres nuevos” por un Mundo Unido.

Estoy en un hospital. Veo a un joven llorando solo, lejos de su grupo. Está estudiando para ser enfermero instrumentista. Está en su último año. Le faltan tres meses para graduarse.

Me acerco. Me cuenta que su padre perdió el trabajo. Solía ​​ir a la universidad en la vieja bicicleta de su hermano, que al final se rompió. Tenía que tomar cuatro ómnibus al día y ya no tenía dinero para los boletos.. “Voy a renunciar. No aguanto más ”, me dice.

Quería darle dinero para que recargara su abono de ómnibus y se fuera a casa. No quiso aceptarlo. Lo hizo con una condición: que le diera mi número para que me lo devolviera. Y cumplió su promesa. Tres días después, me devolvió el dinero, pero al mismo tiempo, me confirmó lo peor: interrumpiría sus estudios hasta que se dieran las condiciones para retomarlos.

Esa noche no pude dormir. Su rostro estaba en mi cabeza. Pensé en cuántos jóvenes como él estaban a punto de rendirse, listos para hacerlo.

Dos días después, recibí un trabajo extra inesperado. El sueldo era justo. Y entonces me vino a la mente una idea clara, una que no cabe duda: “¿Y si Dios me lo hubiera enviado específicamente para él?”.

No lo dudé. Le pagué lo que necesitaba para los boletos de tres meses y para que terminara sus estudios. Ese día no supe nada de él.

Me llamó 48 horas después. No podía hablar. Estaba llorando. Lloraba como se llora cuando se recupera la esperanza.

Pasaron dos años sin tener noticias suyas. Hasta que un día recibí un mensaje de texto de un número desconocido. Era una foto: su título de enfermero instrumentista.

Junto con la frase: “Le debo este diploma en parte a un desconocido que me ayudó sin siquiera conocerme”.

Me emocioné. Lloré de alegría. Lloré porque comprendí algo:

Un mundo unido no se construye con discursos. Se construye con un boleto de autobús. Con una bicicleta reparada. Con una mano tendida sin preguntar el apellido.

De hecho, ese joven, el mío, nunca lo supo.

Lo importante es que, durante 90 días, pudo continuar sus estudios. Y que hoy hay un enfermero instrumentista más en los hospitales, salvando vidas, porque alguien creyó en él cuando él mismo ya no podía hacerlo.

A veces pensamos que, para cambiar el mundo, tenemos que hacer quién sabe qué.

Mientras el mundo cambia porque alguien puede tomar cuatro autobuses.

Comparto esto no por mí, sino porque necesitamos recordar que lo que hacemos, tal vez no lo vemos, y tal vez florece solo dos años después en forma de un título, una vida, una esperanza.

Seguimos siendo esos “desconocidos” que echan una mano.

Tito Ruiz Diaz (Paraguay)

Foto © Alialcantara-Pexels