Trabajar por el bien común
Trabajar por el bien común
Trabajar por el bien común
Juntos somos más fuertes
Dar forma a la esperanza

En los momentos de la vida en los que nos sentimos desanimados ante el futuro o decepcionados por las personas más cercanas, puede ocurrir algo repentino e inesperado, capaz de dar sentido a todo y transformar ese desencanto en alegría e incluso en una nueva paz dentro y fuera de nosotros.
A veces se trata de una experiencia tan personal y profunda que nos da el valor de salir de nosotros mismos y compartir con los demás el motivo de nuestra alegría, casi como para animar a todos a revivirla, no solo individualmente sino también como grupo. Quién sabe si esto no puede convertirse en nuestra misión: llevar la alegría que es fruto de una transformación interior y que, a su vez, transforma nuestro entorno, renovándolo.
Sin embargo, frente al impulso inicial, a esa sensación de poder «conquistar el mundo», la realidad es difícil de afrontar y los compromisos se vuelven difíciles de mantener. ¿Dónde encontrar la fuerza para no rendirse y ser siempre portadores de alegría y paz? ¿Cómo no dejarse vencer cuando a nuestro alrededor parece que la humanidad ha fracasado como tal?
Puede ayudar tener una mirada diferente sobre las situaciones, lo que significa buscar todo lo positivo que hay en las circunstancias, sin ingenuidad, pero yendo más allá de las apariencias y encontrando la fuerza para no desanimarnos. Descubriremos que si cambiamos la forma en que miramos las cosas, las cosas que miramos, cambian. Se trata de comprometerse en una lucha diaria por el ideal de un mundo renovado.
Podemos encontrar la fuerza uniéndonos a aquellas personas que, como nosotros, no se resignan al statu quo, sino que se unen para ser instrumentos de cambio.
Especialmente en este momento histórico, es fundamental mirar ante todo dentro de nosotros mismos, escuchar nuestra conciencia, que en todo momento nos sugerirá cómo actuar o qué palabras compartir, para que el acercarnos a los demás, compartiendo sus aspiraciones, abra nuevos caminos de renovación de la sociedad.
Foto: ©Mircea Iancu – Pixabay
Encuentra el “nosotros” entre “tú” y “yo”

Después de haberse aparecido a María de Magdala en la mañana de Pascua, al atardecer de aquel mismo día el Resucitado se presenta por primera vez entre sus discípulos. La reacción inmediata de ellos es de alegría, acrecentada por la paz, esa paz verdadera que solo Él puede dar [1]: «La paz con vosotros» (v. 21). Alegría y paz son frutos del Espíritu [2]. De hecho Jesús les dice inmediatamente: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22).
«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».
Padre dio a Jesús, sino que los recrea como humanidad nueva. El gesto del Resucitado que sopló sobre ellos es el mismo que el Creador hizo en las narices del hombre, que formó con polvo del suelo [3] (cf. Gn 2, 7). Así como la creación es obra continua del amor del Padre, que sostiene el universo entero, la nueva creación obrada por el Resucitado en el Espíritu Santo sostiene continuamente a la humanidad que está en camino hacia el Reino.
La Palabra de Vida de este mes nos recuerda que en nuestra existencia tenemos una gran posibilidad: convertirnos en otros Jesús. Y esto es verdad para cada uno de nosotros personalmente, pero aún más comunitariamente. Jesús habla en plural a sus discípulos, pues solo juntos, cada miembro con su peculiaridad, pueden repetir el cuerpo místico de Jesús.
«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».
Así pues, como hijos en el Hijo, tenemos la misma vocación que Jesús: salidos del seno del Padre, estamos llamados a volver a Él y a repetir en el mundo sus gestos y sus palabras, acompañados por la gracia del Espíritu Santo. Si nos abrimos a este don, también nosotros podemos afirmar con Pablo: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). [4].
Entonces, esta palabra nos invita a profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo, tanto en la oración como en la vida de cada día, «escuchando aquella voz» y recordando que «sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización y la misión es propaganda.
Pero con el Espíritu Santo, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado está con nosotros, el Evangelio es poder de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria y la misión es un nuevo Pentecostés »[5].
«“Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”».
Andrés es un adolescente en plena crisis existencial: sus dudas sobre el sentido de la vida, el miedo al futuro y su sensación de fragilidad le parecen montañas insuperables, y a menudo se siente desanimado e infeliz. Alguien le sugiere hablar con Chiara Lubich. Justo antes de hablar con ella, Andrés la oye pronunciar en voz baja «Espíritu Santo», y comprende que Chiara está rezando.
Durante el coloquio con ella se siente profundamente comprendido, escuchado tal como es. Y recobra la paz, no porque sus problemas hayan desaparecido de repente, sino porque ahora hay alguien con quien compartirlos.
«De Chiara no solo recibí una ayuda concreta –confiesa años más tarde–, sino que también aprendí un estilo: estar cerca de quien sufre con delicadeza y comprensión, sin juzgar, tal como haría Jesús».
Esto solo puede realizarlo el Espíritu Santo si lo acogemos y dejamos que actúe en nosotros.
Claudio Cianfaglioni y el equipo de la Palabra de Vida
Foto: © CSC – Audiovisivi
[1] Cf. Gv 14,27.
[2] «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…» (Ga 5, 22).
[3] Cf. Gen 2,7.
[4] Gal 2,20.
[5] IGNACIO IV HAZIN, patriarca de la Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía, Consejo Ecuménico de las Iglesias, Uppsala 1968.




«Hay que tener el valor de acercarse unos a otros, tener el valor de encontrarse.
Esto no es simplemente un lema para la Semana Mundo Unido, sino una elección que todos hacemos cada día. Y si lo hacemos así, esto se convierte en un camino hacia la paz».
Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares, a través de una breve conversación, nos invitan a mirar al diálogo con tenacidad y a elegirlo concretamente en la vida cotidiana.
Activa los subtítulos y elige el idioma que quieras.
Rezar por la paz
Ser sencillos

Acciones, iniciativas, actividades y eventos mundiales para crear una red capaz de vivir y dar testimonio de que la fraternidad universal es realmente posible. Este es el impulso que anima la Semana Mundo Unido (SMU). Apoyada por el United World Project junto al Movimiento de los Focolares y a Youth for a United World (Y4UW), esta iniciativa global, que se celebra anualmente del 1 al 7 de mayo, abarca continentes y océanos, convirtiéndose en una oportunidad concreta para transformar valores como la unidad y la paz en experiencias compartidas.
Personas de diversas culturas, edades y orígenes, cada una en su propia ciudad y comunidad, acogen esta invitación con el objetivo de crear espacios para encuentros auténticos, intercambio de energías, ideas y testimonios capaces de generar un cambio real.
La edición de este año propone un tema poderoso y oportuno: #ChooseToDialogue. En un mundo marcado por conflictos y crecientes divisiones, se vuelve aún más urgente y significativo redescubrir el valor del encuentro, la escucha y la comprensión recíproca. Elegir valientemente el “diálogo” hoy significa oponerse a la lógica del conflicto y abrir caminos hacia la paz; superar las distancias y transformar las diferencias en oportunidades para la unidad. ¿La propuesta para esta Semana Mundo Unido? Un camino diario que nos invita a vivir esta elección en diversos ámbitos:
• 1 de mayo: Interculturalidad y diálogo
• 2 de mayo: Arte y compromiso social
• 3 de mayo: Salud, deporte y ecología
• 4 de mayo: Economía y trabajo + Educación e investigación
• 5 de mayo: Comunicación y medios de comunicación
• 6 de mayo: Ciudadanía activa y política
• 7 de mayo: Paz y derechos humanos
Existen diversas herramientas y propuestas disponibles para lograrlo, desde el Time-out, una invitación a un momento de silencio y oración compartida que une a todos para pedir el don de la paz, hasta la Inspiration Box, un documento repleto de ideas y sugerencias para poner en práctica a lo largo de la semana.
Entre los eventos imperdibles:
¿Cómo puedes organizar eventos, compartir historias y participar en la Semana Mundo Unido 2026?
¡Es muy sencillo! Visita www.unitedworldproject.org, consulta la sección oficial de la Settimana Mondo Unito 2026 y sigue a United World Project, focolare.org y Youth for a United World, o contacta con week@unitedworldproject.org.
Maria Grazia Berretta
Vivir la mansedumbre
El amor hace superar la cerrazón del corazón
Contemplando la naturaleza alabo la creación

Del 16 al 18 de abril de 2026, la Comisión de Orientación de la red «Juntos por Europa» (JpE) se ha reunido para su retiro anual, esta vez en el Centro Schoenstatt de Viena, Austria, en la colina de Kahlenberg. Han sido 26 los participantes, en representación de ocho de los Movimientos que componen la red. Han trazado un balance del año transcurrido y han definido los objetivos para los proyectos futuros.
Un aspecto central del encuentro de este año fue la alternancia de algunas personas de la Comisión de Orientación. Este traspaso ha sido preparado en los últimos dos años en un clima de escucha del Espíritu, para garantizar al mismo tiempo continuidad y nuevos impulsos.
Margaret Karram, Presidente del Movimiento de los Focolares, expresó en una carta su profundo agradecimiento a los miembros salientes, por el gran compromiso que brindaron en las últimas décadas al plasmar JpE. Saludaron al grupo: Gerhard Pross (CVJM Esslingen), cofundador de JpE y su moderador durante muchos años, junto a Thomas Römer y Walter Kriechbaum (ambos del CVJM Monaco, comprometidos con JpE ya desde sus comienzos).
Diego Goller (de Italia) e Ilona Toth (de Hungría), representantes de la Presidente del Movimiento de los Focolares en la Comisión de Orientación, dieron la bienvenida a sus sucesores: Liz Taite (de Gran Bretaña), con una larga experiencia en el ecumenismo, y Alberto Lo Presti (de Italia). Las tareas de Secretaría General las asumirá Maria Wienken (de Alemania), asistida por Elisabeth Danner (de Austria), ambas del Movimiento de los Focolares. El traspaso de funciones se celebró solemnemente durante un momento de oración vespertina y fue “sellado” por el “Pacto del amor recíproco”. Gerhard Pross destacó la grandeza de la misión de JpE y sus ricos frutos, que han marcado etapas importantes en la historia de la Iglesia, así como está descrito en el libro “Sternstunden der Einheit” (Momentos destacados de unidad).
El rol de moderador de JpE será desempeñado por un grupo compuesto por tres miembros de la actual Comisión: Sor Nicole Grochowina (Communität Christusbruderschaft Selbitz), el Padre Raffael Rieger (Movimiento de Schönstatt) y Matthias Bühlmann (Vineyard). «Este cambio no marca solamente el final de una era, sino también el comienzo de una nueva fase de colaboración a nivel europeo», comentó uno de los participantes.
Otro miembro añadió: «Estos días en la colina de Kahlenberg han demostrado que nuestra diversidad es nuestra fuerza. Con el nuevo equipo damos una señal clara de continuidad y de nuevos horizontes«. Otro participante afirmó: «JpE escribe una historia de esperanza en estos tiempos nuestros aparentemente sin esperanza. Por ello, hoy más que nunca, es importante caminar juntos«.
Agenda y perspectivas
Otro punto focal de las conversaciones fue el trabajo de las Comisiones Nacionales, que están asumiendo una responsabilidad creciente en la implementación de JpE en los respectivos países.
Además, se han discutido los próximos encuentros de relieve:
El encuentro de 2026 de la Comisión de Orientación ha marcado así un hito importante para la orientación futura de la red, que sigue comprometiéndose por la unidad y la fraternidad en todo el continente.
Beatriz Lauenroth
Foto: cortesía de «Juntos por Europa»
Arrojar en el Padre cada preocupación
Hoy mejor que ayer
Llevar la unidad

El Papa Prevost es el primer Pontífice de la historia moderna que tiene un conocimiento directo de África, ya desde los tiempos en que era superior de la Orden de los Agustinos. Había visitado personalmente todas las regiones de África: central, meridional, occidental y austral.
A bordo del avión papal de Roma a Argel el Papa León XIV declaró a los periodistas: “Ya en mayo pasado yo había dicho que en mi primer viaje querría visitar África. Muchos me sugirieron Argelia, por San Agustín”.
11 días, 18 vuelos, más de 18.000 km. Argelia, Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial, 25 discursos y homilías, ocho misas públicas celebradas, encuentros con presidentes, obispos, imanes. El Pontífice, en sus intervenciones, puso de manifiesto las obras de misericordia de la Iglesia a través de encuentros al margen con: detenidos, huérfanos y ancianos, y se encontró con centenares de miles de fieles. El talento polígloto del Papa ha sido puesto en plena luz, “nos ha hablado en francés, portugués, español e inglés para entrar en contacto personal con las diferentes poblaciones locales”.
Bienaventurados los constructores de paz
En un discurso histórico a las autoridades en Camerún el 15 de abril, día de su llegada, León afrontó de una manera directa el tema de la crisis humanitaria, política y social que desde hace una década aflige al país. Describió el costo humano en términos claros –vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la instrucción y una generación de jóvenes desprovistos de esperanza– elogiando al mismo tiempo la diversidad cultural y lingüística del país como un “tesoro” más que una carga.
Una etapa fundamental del viaje a Camerún se llevó a cabo en Bamenda, corazón de una región desgarrada por la violencia separatista desde hace 10 años. El Papa León XIV presidió un encuentro sobre la paz en la Catedral de San José. Alrededor de la mesa, un jefe tradicional, un moderador presbiteriano, un imán y una monja católica. “Una imagen sugestiva que seguirá nutriendo nuestro imaginario por mucho tiempo”, dijo Elisabeth, una ciudadana de Bamenda: “un Papa circundado por representantes de diferentes credos y comunidades en una ciudad en el corazón de un conflicto en curso, que invoca el diálogo en lugar de la violencia y la reconciliación en lugar de la venganza”.
El Papa se dirigió a toda la comunidad compuesta por personas llegadas del Noreste y del Sudeste, que habían recorrido muchos kilómetros superando miedos y obstáculos para estar presentes en esa jornada. Agradeció a todos aquellos que optan por construir puentes todos los días y que curan heridas. Pero también lanzó una advertencia, “a aquellos que distorsionan las religiones y el nombre de Dios para ir detrás de sus propios objetivos militares, económicos y políticos”. Una denuncia para todos los que –dijo el Papa– “despojan la tierra de ustedes de sus recursos, invierten generalmente gran parte del beneficio en las armas, en una espiral de desestabilización y de muerte sin fin”.



“¡Queridos jóvenes, ustedes son los hijos predilectos de la tierra africana!”
La segunda jornada del Papa en Camerún fue dedicada por entero a los jóvenes. Justamente a esa juventud, viva y en movimiento, es a la que León XIV quiso dirigirse directamente en su homilía, delante de 120.000 fieles en el estadio de Japoma, en Douala, y luego delante de los estudiantes de la Universidad Católica de África Central. León XIV multiplicó los llamados a resistir a la emigración, a la corrupción y a las ilusiones del mundo digital. Dando un mensaje sutil, repetido dos veces el mismo día: el futuro se construirá aquí, no en otro sitio.
El Papa no eludió la realidad del país en el estadio de Japoma hablando de la pobreza, tanto material como espiritual y lanzando una invitación a los jóvenes: “para hacer del espíritu orgulloso que ustedes tienen una profecía del mundo nuevo, tomen como ejemplo lo que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos dan un testimonio valiente del Señor Jesús frente a las dificultades y las amenazas”, y pensando en cómo ellos perseveraron incluso en medio de las hostilidades, invitó a “rechazar toda forma de abuso y de violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles y endurecen el corazón”. Les recordó la verdadera riqueza del pueblo: “la fe, la familia, la hospitalidad y el trabajo”. Para ilustrar su discurso, León XIV citó al Beato Floribert Bwana Chui, un mártir congolés ejecutado en 2007 por haberse negado, en su calidad de aduanero, a hacer pasar una expedición de medicamentos falsificados. Es presentado como un santo de la resistencia a la corrupción, un modelo para la juventud africana: El Pontífice además siguió su discurso diciendo: “Sean la Buena Nueva en su país”-
Formar “mentes capaces de discernimiento”
En la tarde, en Yaoundé, el Papa era esperado en el Universidad Católica de África Central, una joya de la instrucción superior de la región, que atrae cada año a más de 5.000 estudiantes provenientes en particular de Gabón, de Chad, de Guinea Ecuatorial y de otros países. Son 8.000 los que recibieron al Pontífice con un gran entusiasmo, típico del mundo universitario.



Frente a ese público de jóvenes africanos, el papa León eligió hablar de temas sensibles, actuales: la corrupción, la inteligencia artificial y sus implicancias, las migraciones, etc.
Es justamente esa tensión entre la tentación del exilio y el deber para con el propio país lo que León XIV puso en el centro de su discurso. “Frente a esa tendencia de querer emigrar, que puede hacer creer que en otro sitio se encontrará fácilmente un futuro mejor, les invito ante todo a responder con un ardiente deseo de servir a su país”, dijo a los estudiantes, recordándoles que la universidad fue fundada hace 35 años justamente para formar “testigos de sabiduría y equidad, que el continente africano necesita”.
Hablando de la inteligencia artificial, el Papa declaró, con insólita gravedad: “Cuando la simulación se vuelve la norma, vivimos como en burbujas impermeables las unas a las otras, nos sentimos amenazados por cualquier persona que sea diferente”. Su conclusión es directa, sin vueltas: “Así es como se difunden la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia. No está en juego un simple riesgo de error, sino una transformación de la relación misma con la verdad”.
África paga el costo ambiental y humano de la extracción del cobalto, mineral indispensable para las baterías que alimentan los data centers y los dispositivos conectados a internet. El Papa no anduvo con rodeos en ese punto: “El lado escondido de las devastaciones ambientales y sociales causadas por la carrera desenfrenada a las materias primas y a las tierras raras debe ser denunciado”, proclamó con fuerza.
Liliane Mugombozi (Camerún)
Foto: cortesía de la Nunciatura Apostólica en Camerún
Construir relaciones de confianza
Foto de tapa: © C.Mendes – CSC Audiovisivi
Escuchar la voz de la conciencia
¿Lo quieres tú? ¡Lo quiero también yo!
Caridad activa
Aceptar a los demás
Respetar a los demás
Colaborar con quien encuentre
Llenar la jornada de acciones de solidaridad

El país africano más extenso, en el que, de los 48 millones de habitantes, los cristianos son menos del 1 %. Argelia es el país que el papa León XIV ha elegido como primera etapa de su viaje por el continente africano, que le llevará posteriormente a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Llegó allí el 13 de abril de 2026 y sus primeros encuentros con la comunidad argelina pusieron de relieve también la vida y las actividades de organizaciones e iniciativas interreligiosas, a veces poco conocidas, que operan en el país desde hace muchos años.
Una de ellas es el Movimiento de los Focolares, una red de unidades espirituales que llegó a Argelia, de mayoría musulmana, en 1966. Sus actividades en Argelia están animadas por miembros musulmanes, en su mayoría mujeres, que participan en ellas, trabajando en pequeños grupos por todo el país, ya sea prestando ayuda en centros locales para personas mayores, dando clases particulares a los estudiantes o estudiando junto a ellos.
La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla sino que abre, une pero no confunde, acerca sin uniformar y hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia, cristianos y musulmanes trabajan «codo con codo», relató la mujer, «con las mismas preocupaciones» de «acoger, servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más «vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso, subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia, perdón, compasión y benevolencia.
Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad, cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día», reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».
Por la redacción
Foto: © Joaquín Masera – CSC Audiovisivi

En la vorágine de las noticias rápidas sobre la guerra en el Líbano, las historias individuales se pierden y los rostros humanos se desdibujan detrás de los números de los desplazados y las noticias sobre los bombardeos. Pero a pesar de ello la realidad, así como lo manifiestan los testimonios en el lugar, es mucho más profunda y dolorosa de lo que muestran los titulares. En este “tiempo de guerra”, cientos de miles de libaneses viven una condición de desplazamientos repetidos, como si fuera un destino que se renueva con cada oleada de violencia. Pero en el medio de esta oscuridad surgen también rostros humanos que tratan de devolverle a la vida su significado.
Desde el comienzo de la escalada y con la expansión de los raids aéreos y de las órdenes de evacuación, el desplazamiento ya no es un evento excepcional, sino que se ha vuelto un estilo de vida. No son áreas puntuales evacuadas, sino regiones enteras desplazadas, desde el sur hasta el Valle de la Becá, e incluso en el corazón de la capital Beirut. En ese escenario el número de los evacuados ha superado el millón, en una de las mayores oleadas de desplazamiento interno en la historia reciente del país. Son muchas las víctimas civiles.
Pero detrás de ese número se esconden historias humanas que resumen la tragedia. Zeina Chahine llevó a cabo algunas entrevistas para contar el dolor de la gente, y al mismo tiempo la grandeza de la acción humanitaria que se vuelve encuentro, consuelo y fuerza colectiva contra la injusticia.
Marwan, uno de los desplazados del sur, resume la experiencia con una frase dolorosa: “Nos estamos marchitando lentamente”. No es solo una metáfora, sino la descripción de una vida que se va consumiendo gradualmente, en donde el ser humano pierde su casa, su trabajo y su estabilidad, pero sin perder del todo la esperanza… que, sin embargo, se desgasta. Marwan agrega que incluso la idea de regresar ha cambiado: ya no sueña con su propia casa, sino simplemente con el retorno, de cualquier manera que sea posible.
Por su parte, Nawal cuenta el momento de la huida forzosa: una llamada telefónica en el medio de la noche, pocos minutos para recoger lo que cada uno puede llevarse consigo, luego la huida bajo los bombardeos. “¿Qué tenemos que llevarnos?” es una pregunta que manifiesta la impotencia frente a la rapidez del derrumbe. Una pequeña maleta en cambio de una vida entera que se deja detrás. Ella también, como muchos otros, no ha vivido una evacuación una sola vez, sino varias y repetidas veces, hasta cuando el regreso a la “tabula rasa” se ha vuelto parte de la experiencia misma.
Los niños y los jóvenes también pagan el precio. Suleiman, de dieciséis años, se encuentra fuera del colegio, en un refugio temporáneo, y resume la guerra diciendo: “Es mi cruz en esta vida”. Son palabras que muestran que la guerra no roba solo el presente, sino también la inocencia de la edad.
Pero junto a este dolor vive también otra imagen, no menos presente: la de la solidaridad humana. De escuelas transformadas en centros de acogida y sitios hacinados en las ciudades, surgen voluntarios e iniciativas individuales que tratan de colmar el vacío de la ausencia. Personas que duermen en el suelo, con una grave falta de los bienes más esenciales, e intentos graduales de proveer de colchones y mantas. La necesidad no tiene que ver solo con la comida y el agua, sino también con todo lo que preserva la dignidad humana, como productos para la higiene personal… porque también en una situación de desplazamiento el ser humano necesita sentir su dignidad.
Abir, madre y voluntaria, ve la ayuda como un deber humano ante todo. Dice que lo que más le impacta es “el miedo en la mirada de la gente”, esa ansiedad constante por un futuro incierto. Pero al mismo tiempo observa también el fuerte impulso a la solidaridad: “La gente corre a ayudar, sin pedir nada a cambio”. En un contexto en el que las instituciones a veces se ven limitadas, las iniciativas individuales se vuelven la primera línea de defensa de la humanidad.
Este encuentro entre el dolor y la solidaridad revela una fuerte contradicción: la guerra divide a las personas, pero al mismo tiempo crea espacios inesperados de solidaridad. Es como si la sociedad, en los momentos de colapso, se redescubriera a sí misma a través de sus individuos.
Pues bien, a pesar de las diferencias en las opiniones y en la pertenencia a una posición, el punto común sigue siendo el sentimiento de desarraigo y el rechazo de la guerra y de sus tragedias. Con el pasar del tiempo, incluso la forma de la esperanza cambia: de “si Dios quiere volveremos a encontrar nuestra casa” a simplemente “si Dios quiere volveremos”. Una esperanza que se reduce, pero no se apaga.
Queda suspendida en los labios de todos una pregunta: “Mañana, ¿adónde iremos?”. No es una pregunta acerca de un destino preciso, sino simplemente acerca del destino mismo.
Sin embargo, no obstante todo el dolor, estos testimonios manifiestan una doble verdad: la guerra hiere profundamente al ser humano, sí, pero no logra cancelar su humanidad. Entre una carpa y un refugio, entre pérdida y nostalgia, nace otra forma de resistencia, que es la resistencia de la solidaridad.
Entonces, mientras algunos se marchitan lentamente, otros los riegan con esa cantidad de solidaridad de la que son capaces, permitiendo que la vida continúe. Porque la fe en la fraternidad humana es una realidad que hemos interiorizado viviéndola y practicándola, transmitida por nuestros padres y nuestros abuelos, hasta volverse sangre en nuestras venas y parte de nuestra civilización.
Elaborado por Rima Saikali
Al Madina Al Jadida
Está activa la emergencia Oriente Próximo. Todo aporte permite llevar alivio a las muchas familias afectadas por el flagelo de la guerra. Muchas han perdido la casa, otras buscan refugio en estructuras que abren sus puertas a pesar de los recursos cada vez más limitados.
Para enviar el propio aporte hacer click aquí
Fotos: ©Pexels-Mohamad-Mekawi
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El Instituto Universitario Sophia lanza una nueva oferta formativa para el año académico 2026/2027, lo que representa un paso decisivo en el crecimiento de la institución y la expansión de su programa académico internacional. El nuevo programa ofrece un plan de estudios universitario integral (3+2), que integra dos ciclos de estudio completamente estructurados: la Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (cursos L-5/L-24) y la Licenciatura en Filosofía, Economía de Comunión y Medio Ambiente (Máster, curso LM-78).
El nuevo programa académico del Instituto Universitario Sophia parte de una convicción simple pero radical: el conocimiento no es una colección de información, sino una herramienta concreta para cambiar el mundo.
“En este cambio de época, marcado por la incertidumbre y la fragmentación”, afirma el rector Declan J. O’Byrne, “con este nuevo plan de estudios, Sophia reafirma su misión, asumiendo un papel estratégico en la formación de personas capaces de combinar el pensamiento crítico, las habilidades interdisciplinarias y de planificación, y la responsabilidad por el bien común. Esto sentará las bases para un futuro diferente, trabajando en los ámbitos de la sostenibilidad integral, la economía, la planificación social y territorial, y la innovación”.
Gracias a la colaboración institucional con la Universidad de Perugia (Italia), ambos programas conducen a una doble titulación académica, tanto eclesiástica como estatal, con plena validez en el sistema universitario italiano y reconocimiento internacional.
La Licenciatura y el Grado
La Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (L-5/L-24) es un programa de estudios que ofrece una formación interdisciplinaria centrada en la comprensión de la persona en todas sus dimensiones cognitivas, emocionales, relacionales y sociales. Prepara a los estudiantes para continuar sus estudios, acceder a la docencia y desempeñar roles educativos, sociales, de planificación y culturales.
El Máster en Filosofía, Economía de la Comunión y Medio Ambiente (LM-78) desarrolla la metodología interdisciplinaria de Sophia en los ámbitos de la economía, la sostenibilidad integral y la gobernanza, formando profesionales capaces de comprender y apoyar los procesos económicos, sociales y organizacionales. El programa promueve la reflexión crítica sobre los modelos económicos contemporáneos y orienta la búsqueda de soluciones éticas y sostenibles, especialmente en los campos de la ecología, el desarrollo urbano, organizacional y comunitario.
El enfoque en la Economía de la Comunión y la Economía Civil hace que este programa sea único en el panorama académico italiano e internacional, ofreciendo a los estudiantes herramientas para comprender y transformar los sistemas económicos contemporáneos, contribuyendo así concretamente a la construcción de economías sostenibles, inclusivas y generativas. La formación propuesta prepara a profesionales capaces de liderar procesos de responsabilidad social de empresa, desarrollar proyectos de innovación sostenible, trabajar en la regeneración regional, asumir roles en empresas, entidades públicas y el tercer sector centrados en el desarrollo humano y la sostenibilidad integral, y contribuir a la construcción de modelos económicos resilientes adaptados a escenarios complejos.
También se ofrecen programas de doctorado en Ciencias Humanas y Cultura de la Unidad, completando así la oferta académica del Instituto.



Dos sedes en el corazón de la Toscana (Italia)
Con el próximo año académico, Sophia inaugurará un nuevo campus en Florencia (en el Instituto afiliado a la Facultad de Teología de Italia Central), que albergará el programa de licenciatura. Elegir Florencia brinda acceso a las oportunidades académicas, profesionales y culturales de una de las ciudades universitarias más prestigiosas de Europa.
El Máster sigue estando arraigado en el campus internacional de Loppiano, que ofrece un ambiente internacional e intercultural donde estudiantes de muchos países tienen la oportunidad de compartir sus estudios, su vida cotidiana y sus experiencias educativas.
La fuerza de las relaciones académicas: un docente por cada cinco estudiantes
Uno de los elementos distintivos de la vida académica en Sophia es la proporción de estudiantes por profesor, aproximadamente 1:5. Esto permite una atención personalizada, un diálogo constante y un ambiente de estudio que valora las relaciones como parte integral del proceso de aprendizaje. El modelo Sophia trasciende las clases magistrales multitudinarias y promueve una enseñanza interactiva y centrada en el alumno, con énfasis en la calidad del contenido y el desarrollo de habilidades críticas, interpersonales y de planificación.
Una red de valiosos socios
La calidad de la vida académica en Sophia también está garantizada por la oportunidad de acceder a una experiencia de estudio personalizada y accesible internacionalmente, gracias a una selecta red de socios que apoyan las actividades educativas y ofrecen oportunidades concretas de prácticas e inserción profesional en contextos internacionales, entre los que se incluyen: ASCES-UNITA, Sophia ALC (Latinoamérica), Together for a New Africa, Economía de Comunión Corea, Ethos Capital y Consulus.
Más información en el sitio web Sophiauniversity.org
Preparado por la Redacción
Foto: © Istituto Universitario Sophia
Aprender de todos
Ser misericordiosos
Anunciar el amor de Dios

Agradecemos a Vatican Media por cedernos amablemente las imágenes y las fotos de la audiencia
Llevar la paz a nuestros ambientes
Creer en el Amor

Tan necesaria como la comida

Mongomo es un pequeño pueblo de Guinea Ecuatorial, en la frontera con Gabón. La hermana María escribe: “Es un gran regalo para nuestra comunidad pasar tiempo con la gente de aquí, tan abierta a la Palabra de Dios. Cada mes la esperan con ilusión en los pueblos cercanos. Los domingos, como casi nunca hay un sacerdote para celebrar la Santa Misa, se reúnen con algunos de nosotros para escuchar la explicación de la Palabra. Se congregan más de quinientas personas. Sin embargo, a las reuniones parroquiales de Mongomo, solo asisten unas cincuenta. Hay que tener en cuenta que no tienen relojes ni saben la fecha, así que es muy difícil concertar citas, por lo que su presencia no es constante. A veces tienen que caminar (obviamente) diez o veinte kilómetros para llegar. Es conmovedor ver que nunca se cansan de oír hablar de Dios. Me gustaría que escucharan cómo ponen en práctica el Evangelio: son experiencias sencillas y concretas… escucharlas basta para convertirte. A menudo he oído a algunos de ellos repetir que la Palabra de Dios es tan necesaria para ellos como la comida”.
(Hermana María – Guinea Ecuatorial)
Riconciliazione
Me impactó especialmente la frase del Evangelio: “Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano…”. De hecho, no me llevaba bien con cierta señora. Armándome de valor, fui a hablar con ella. Por desgracia, no solo no me escuchó, sino que me gritó. Desmoralizada, no sabía qué hacer. Mientras tanto, mi hijo había recibido una carta de una conocida que quería disculparse por un pequeño malentendido que había ocurrido entre ellos unos días antes. Me sorprendió: primero, porque mi hijo es tan pequeño que aún no sabe leer, así que tuve que leerle la carta; segundo, porque un adulto se disculpaba con tanta sinceridad. Todo esto me inspiró a escribirle a esa señora, pidiéndole perdón. Unos días después, recibí una llamada suya: “¡Perdóname!”. Volví a hablar con ella y aclarar cada malentendido, nos reconciliamos con alegría.
(H.B. – Alemania)
Maria Grazia Berretta
Foto de apertura: © Saulo Leite by Pexels
Agradecer los dones recibidos
Recomenzar

La esperanza cristiana no es huir de la realidad. Nace en un lugar sin luz, en ese punto estrecho que es una tumba amurallada, en donde Dios ha volcado el juicio de este mundo. Justamente por ello se atreve a hablar en un tiempo de guerras (Gaza, Kiev, Darfur, Teherán) y de cientos de millones de personas que no saben cómo llegar al día de mañana.
Nuestros días se encuentran entretejidos con justas esperanzas: salud, un trabajo que no sea precario, un poco de paz o una justicia que no sea solamente una palabra. Pero cuando ellas se vuelven nuestro único horizonte o las sacralizamos como ídolos o, frente a la primera fractura seria, nos refugiamos en el cinismo y en la resignación.
La Pascua no borra esas esperanzas, las quita de su centralidad. Las coloca en un “Otro” y, justamente por eso, las preserva. El amor más fuerte que la muerte no nos quita el peso de tener que actuar; más bien rompe la ansiedad de tener que salvar el mundo únicamente con nuestras manos.
La última palabra sobre la historia no es la nuestra, ni la de los vencedores de turno. Es la palabra pronunciada sobre el cuerpo de Jesús. Y la palabra de la Pascua desmiente con anticipación toda pretensión de la muerte de ser definitiva. Para Pablo, la resurrección de Cristo no es un episodio aislado en la biografía de Jesús. Es la apertura de una escena nueva a la que la humanidad entera se ve arrastrada: «Como en Adán todos mueren, así en Cristo todos recibirán la vida» (1 Cor 15,22). Los Padres siguieron ese rastro sin atenuarlo: la resurrección es la plenitud de la naturaleza humana en su totalidad, no el privilegio de pocos afortunados. En Cristo, Dios contempla ya la plenitud de la familia humana: los rostros de los refugiados en el Mediterráneo, de los que atraviesan el Sahara, de los civiles escondidos en los sótanos de Darfur. Por eso toda herida a la dignidad, todo cuerpo descartado, no es solamente injusticia social; es profanación de una humanidad que fue pensada y amada dentro de la luz del mismo Resucitado.

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Pablo amplía aún más la mirada: «toda la creación gime y está con dolores de parto» (Romanos 8,22). No gime solo la conciencia humana, sino también el suelo, el aire y los mares. En 2026 el lenguaje de los “dolores de parto” ya no suena como un piadoso simbolismo: lo leemos en las inundaciones, en la cosecha incierta, en las poblaciones que tienen que trasladarse porque el agua se ha acabado. Este gemido tiene la forma de una protesta; la creación rechaza el hecho de ser tratada como material descartable, y la Pascua le da voz. En Cristo resucitado, toda explotación de la tierra se nos presenta ya como lo que es: una opción en contra del futuro de todos.
Entonces, ¿cómo vivimos entre una realización ya inaugurada y una historia aún atravesada por demasiados fracasos? No con la parálisis ni con un optimismo de fachada. Vivimos sabiendo que nada de lo que es auténticamente bueno debe perderse: un gesto de acogida, la opción por una renuncia o un trabajo honesto encarado en condiciones complicadas. Benedicto XVI recuerda que «toda acción seria y recta del hombre es una esperanza real» e incluye entre esos compromisos también trabajar por un mundo más humano, sostenido por la gran esperanza que se apoya en las promesas de Dios (Spe Salvi, 35). Podemos decir más aún: no es algo que se le añade al Reino desde afuera, sino que es ya un fragmento visible de él. La realización le pertenece a Dios, y sin embargo Dios se empecina también en pasar a través de nosotros. Cuando nos esforzamos en trabajar por los refugiados, por el desarme, por condiciones de trabajo menos deshumanas o por una paz concreta y no retórica, no estamos simplemente “preparando” algo que llegará después. Estamos dejando que la vida del Resucitado tome forma, humilde y frágil, dentro de nuestro tiempo.
La esperanza pascual no queda como una idea o un pensamiento; sino que adquiere corporeidad. La resurrección dice que las lógicas de muerte no tienen la facultad de decidir el resultado final, y por ello toda guerra, todo sistema de explotación, toda indiferencia lúcida ya ha quedado desenmascarada y desprovista de sentido último por la tumba vacía. En el sepulcro de este mundo, algo ya ha cambiado para siempre: la vida ha comenzado a remontar las grietas de la historia. No cómo consuelo vago ni como “recompensa” en otro lugar indefinido, sino como una realidad que, en Cristo, ya ha sido entregada a la humanidad y a la creación entera. En el juicio de Dios revelado en Pascua –un juicio que libera, que no aplasta– se ha decidido una vez para siempre que la muerte no podrá jactarse de tener la última palabra sobre nadie y sobre nada.
Esta es la gran esperanza.
¡Felices Pascuas!: es una esperanza que no queda encerrada dentro de una iglesia, sino que pone sus manos en la historia.
Declan J. O’Byrne
Instituto Universitario Sophia
Publicado originalmente en Loppiano.it
Foto de portada: Detalle de la vidriera del Santuario de María Theotokos, Loppiano
¡Alegría!

A todos les deseo ojos de Pascua,
capaces de mirar
en la muerte, la vida,
en la culpa, el perdón,
en la separación, la unidad,
en las heridas, la gloria,
en el hombre, a Dios,
en Dios, al hombre,
en el Yo, el Tú.
¡Y junto a esto, toda la fuerza de la Pascua!.
(Pascua 1993)
Klaus Hemmerle
(La luce dentro le cose, Città Nuova, Roma 1998, pág. 110).
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Encender la esperanza
No desanimarse

Que la soledad, en el silencio, no te asuste: ella está hecha para proteger, no para atemorizar. De todas formas, hemos de sacar provecho también de este sufrimiento. La máxima grandeza de Cristo es la cruz. Nunca estuvo tan cerca del Padre y tan cerca de los hermanos como cuando desnudo, herido, gritó desde el patíbulo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Con ese sufrimiento nos redimió: en esa fractura reunió a los hombres con Dios.
[…] Ponte a escucharla. Ponte a contemplar, dentro del silencio en el que Dios habla. Es ésta, en la jornada de la vida, la hora tardía de la contemplación, cuando las criaturas se retiran para hacer un balance del trabajo realizado y preparan el quehacer del mañana, un mañana que hunde sus raíces en la eternidad. […] Desapego del mundo, por lo tanto, y apego a Dios. No separación de los hombres, en cuanto son hermanos, miembros de la misma familia humana y divina.
Igino Giordani, Fragmentos tomados de “Città Nuova” XXIII/13 10 de julio de 1979, pp.32-33
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¡Aquí estoy!

Este año vivo la Semana Santa de una manera especial.
Ayer, Miércoles Santo, la lectura de la Pasión de Jesús me conmovió especialmente. Volví a descubrir (y qué importante es esto) el valor tan nuevo del dolor en nuestra vida cristiana. Recibí de nuevo la llamada —me gustaría decir— a esta que, entre las vocaciones de cada día, de cada hora de nuestra vida, es la más sublime. Jesús, el hombre del dolor: ahí está el culmen de su vocación.
(…) Hoy me invade una ola de ternura. Es el día del Mandamiento nuevo, de la Eucaristía, del sacerdocio, del servicio fraterno.
¡Cuántas riquezas infinitas ha reservado Jesús para el último día de su vida aquí abajo!
¡Qué deseo de hacer de cada día un Jueves Santo!
Tú, Jesús, que nos has elegido para este camino tan cercano a tu corazón, ayúdanos a recorrerlo bien, cada día, hasta el final.
Chiara Lubich
(Chiara Lubich, Diario 1964-1980, a cura di Fabio Ciardi, 2023, Città Nuova, Roma, p. 324)
Foto © Vesal by Pixabay
Amor mutuo