Movimiento de los Focolares
“Sean la buena nueva para su país”

“Sean la buena nueva para su país”

El Papa Prevost es el primer Pontífice de la historia moderna que tiene un conocimiento directo de África, ya desde los tiempos en que era superior de la Orden de los Agustinos. Había visitado personalmente todas las regiones de África: central, meridional, occidental y austral.

A bordo del avión papal de Roma a Argel el Papa León XIV declaró a los periodistas: “Ya en mayo pasado yo había dicho que en mi primer viaje querría visitar África. Muchos me sugirieron Argelia, por San Agustín”.

11 días, 18 vuelos, más de 18.000 km. Argelia, Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial, 25 discursos y homilías, ocho misas públicas celebradas, encuentros con presidentes, obispos, imanes. El Pontífice, en sus intervenciones, puso de manifiesto las obras de misericordia de la Iglesia a través de encuentros al margen con: detenidos, huérfanos y ancianos, y se encontró con centenares de miles de fieles. El talento polígloto del Papa ha sido puesto en plena luz, “nos ha hablado en francés, portugués, español e inglés para entrar en contacto personal con las diferentes poblaciones locales”.

En un discurso histórico a las autoridades en Camerún el 15 de abril, día de su llegada, León afrontó de una manera directa el tema de la crisis humanitaria, política y social que desde hace una década aflige al país. Describió el costo humano en términos claros –vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la instrucción y una generación de jóvenes desprovistos de esperanza– elogiando al mismo tiempo la diversidad cultural y lingüística del país como un “tesoro” más que una carga.

Una etapa fundamental del viaje a Camerún se llevó a cabo en Bamenda, corazón de una región desgarrada por la violencia separatista desde hace 10 años. El Papa León XIV presidió un encuentro sobre la paz en la Catedral de San José. Alrededor de la mesa, un jefe tradicional, un moderador presbiteriano, un imán y una monja católica. “Una imagen sugestiva que seguirá nutriendo nuestro imaginario por mucho tiempo”, dijo Elisabeth, una ciudadana de Bamenda: “un Papa circundado por representantes de diferentes credos y comunidades en una ciudad en el corazón de un conflicto en curso, que invoca el diálogo en lugar de la violencia y la reconciliación en lugar de la venganza”.

El Papa se dirigió a toda la comunidad compuesta por personas llegadas del Noreste y del Sudeste, que habían recorrido muchos kilómetros superando miedos y obstáculos para estar presentes en esa jornada. Agradeció a todos aquellos que optan por construir puentes todos los días y que curan heridas. Pero también lanzó una advertencia, “a aquellos que distorsionan las religiones y el nombre de Dios para ir detrás de sus propios objetivos militares, económicos y políticos”. Una denuncia para todos los que –dijo el Papa– “despojan la tierra de ustedes de sus recursos, invierten generalmente gran parte del beneficio en las armas, en una espiral de desestabilización y de muerte sin fin”.

La segunda jornada del Papa en Camerún fue dedicada por entero a los jóvenes. Justamente a esa juventud, viva y en movimiento, es a la que León XIV quiso dirigirse directamente en su homilía, delante de 120.000 fieles en el estadio de Japoma, en Douala, y luego delante de los estudiantes de la Universidad Católica de África Central. León XIV multiplicó los llamados a resistir a la emigración, a la corrupción y a las ilusiones del mundo digital. Dando un mensaje sutil, repetido dos veces el mismo día: el futuro se construirá aquí, no en otro sitio.

El Papa no eludió la realidad del país en el estadio de Japoma hablando de la pobreza, tanto material como espiritual y lanzando una invitación a los jóvenes: “para hacer del espíritu orgulloso que ustedes tienen una profecía del mundo nuevo, tomen como ejemplo lo que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos dan un testimonio valiente del Señor Jesús frente a las dificultades y las amenazas”, y pensando en cómo ellos perseveraron incluso en medio de las hostilidades, invitó a “rechazar toda forma de abuso y de violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles y endurecen el corazón”. Les recordó la verdadera riqueza del pueblo: “la fe, la familia, la hospitalidad y el trabajo”. Para ilustrar su discurso, León XIV citó al Beato Floribert Bwana Chui, un mártir congolés ejecutado en 2007 por haberse negado, en su calidad de aduanero, a hacer pasar una expedición de medicamentos falsificados. Es presentado como un santo de la resistencia a la corrupción, un modelo para la juventud africana: El Pontífice además siguió su discurso diciendo: “Sean la Buena Nueva en su país”-

En la tarde, en Yaoundé, el Papa era esperado en el Universidad Católica de África Central, una joya de la instrucción superior de la región, que atrae cada año a más de 5.000 estudiantes provenientes en particular de Gabón, de Chad, de Guinea Ecuatorial y de otros países. Son 8.000 los que recibieron al Pontífice con un gran entusiasmo, típico del mundo universitario.

Frente a ese público de jóvenes africanos, el papa León eligió hablar de temas sensibles, actuales: la corrupción, la inteligencia artificial y sus implicancias, las migraciones, etc.

Es justamente esa tensión entre la tentación del exilio y el deber para con el propio país lo que León XIV puso en el centro de su discurso. “Frente a esa tendencia de querer emigrar, que puede hacer creer que en otro sitio se encontrará fácilmente un futuro mejor, les invito ante todo a responder con un ardiente deseo de servir a su país”, dijo a los estudiantes, recordándoles que la universidad fue fundada hace 35 años justamente para formar “testigos de sabiduría y equidad, que el continente africano necesita”.

Hablando de la inteligencia artificial, el Papa declaró, con insólita gravedad: “Cuando la simulación se vuelve la norma, vivimos como en burbujas impermeables las unas a las otras, nos sentimos amenazados por cualquier persona que sea diferente”. Su conclusión es directa, sin vueltas: “Así es como se difunden la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia. No está en juego un simple riesgo de error, sino una transformación de la relación misma con la verdad”.

África paga el costo ambiental y humano de la extracción del cobalto, mineral indispensable para las baterías que alimentan los data centers y los dispositivos conectados a internet. El Papa no anduvo con rodeos en ese punto: “El lado escondido de las devastaciones ambientales y sociales causadas por la carrera desenfrenada a las materias primas y a las tierras raras debe ser denunciado”, proclamó con fuerza.

Liliane Mugombozi (Camerún)


Foto: cortesía de la Nunciatura Apostólica en Camerún

Con el papa León por el diálogo y la paz

Con el papa León por el diálogo y la paz

El país africano más extenso, en el que, de los 48 millones de habitantes, los cristianos son menos del 1 %. Argelia es el país que el papa León XIV ha elegido como primera etapa de su viaje por el continente africano, que le llevará posteriormente a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Llegó allí el 13 de abril de 2026 y sus primeros encuentros con la comunidad argelina pusieron de relieve también la vida y las actividades de organizaciones e iniciativas interreligiosas, a veces poco conocidas, que operan en el país desde hace muchos años.

Una de ellas es el Movimiento de los Focolares, una red de unidades espirituales que llegó a Argelia, de mayoría musulmana, en 1966. Sus actividades en Argelia están animadas por miembros musulmanes, en su mayoría mujeres, que participan en ellas, trabajando en pequeños grupos por todo el país, ya sea prestando ayuda en centros locales para personas mayores, dando clases particulares a los estudiantes o estudiando junto a ellos.

La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla sino que abre, une pero no confunde, acerca sin uniformar y hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia, cristianos y musulmanes trabajan «codo con codo», relató la mujer, «con las mismas preocupaciones» de «acoger, servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más «vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso, subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia, perdón, compasión y benevolencia.

Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad, cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día», reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».

Por la redacción

Foto: © Joaquín Masera – CSC Audiovisivi

Líbano: la resistencia de la solidaridad

Líbano: la resistencia de la solidaridad

En la vorágine de las noticias rápidas sobre la guerra en el Líbano, las historias individuales se pierden y los rostros humanos se desdibujan detrás de los números de los desplazados y las noticias sobre los bombardeos. Pero a pesar de ello la realidad, así como lo manifiestan los testimonios en el lugar, es mucho más profunda y dolorosa de lo que muestran los titulares. En este “tiempo de guerra”, cientos de miles de libaneses viven una condición de desplazamientos repetidos, como si fuera un destino que se renueva con cada oleada de violencia. Pero en el medio de esta oscuridad surgen también rostros humanos que tratan de devolverle a la vida su significado.

Desde el comienzo de la escalada y con la expansión de los raids aéreos y de las órdenes de evacuación, el desplazamiento ya no es un evento excepcional, sino que se ha vuelto un estilo de vida. No son áreas puntuales evacuadas, sino regiones enteras desplazadas, desde el sur hasta el Valle de la Becá, e incluso en el corazón de la capital Beirut. En ese escenario el número de los evacuados ha superado el millón, en una de las mayores oleadas de desplazamiento interno en la historia reciente del país. Son muchas las víctimas civiles.

Pero detrás de ese número se esconden historias humanas que resumen la tragedia. Zeina Chahine llevó a cabo algunas entrevistas para contar el dolor de la gente, y al mismo tiempo la grandeza de la acción humanitaria que se vuelve encuentro, consuelo y fuerza colectiva contra la injusticia.

Marwan, uno de los desplazados del sur, resume la experiencia con una frase dolorosa: “Nos estamos marchitando lentamente”. No es solo una metáfora, sino la descripción de una vida que se va consumiendo gradualmente, en donde el ser humano pierde su casa, su trabajo y su estabilidad, pero sin perder del todo la esperanza… que, sin embargo, se desgasta. Marwan agrega que incluso la idea de regresar ha cambiado: ya no sueña con su propia casa, sino simplemente con el retorno, de cualquier manera que sea posible.

Por su parte, Nawal cuenta el momento de la huida forzosa: una llamada telefónica en el medio de la noche, pocos minutos para recoger lo que cada uno puede llevarse consigo, luego la huida bajo los bombardeos. “¿Qué tenemos que llevarnos?” es una pregunta que manifiesta la impotencia frente a la rapidez del derrumbe. Una pequeña maleta en cambio de una vida entera que se deja detrás. Ella también, como muchos otros, no ha vivido una evacuación una sola vez, sino varias y repetidas veces, hasta cuando el regreso a la “tabula rasa” se ha vuelto parte de la experiencia misma.

Los niños y los jóvenes también pagan el precio. Suleiman, de dieciséis años, se encuentra fuera del colegio, en un refugio temporáneo, y resume la guerra diciendo: “Es mi cruz en esta vida”. Son palabras que muestran que la guerra no roba solo el presente, sino también la inocencia de la edad.

Pero junto a este dolor vive también otra imagen, no menos presente: la de la solidaridad humana. De escuelas transformadas en centros de acogida y sitios hacinados en las ciudades, surgen voluntarios e iniciativas individuales que tratan de colmar el vacío de la ausencia. Personas que duermen en el suelo, con una grave falta de los bienes más esenciales, e intentos graduales de proveer de colchones y mantas. La necesidad no tiene que ver solo con la comida y el agua, sino también con todo lo que preserva la dignidad humana, como productos para la higiene personal… porque también en una situación de desplazamiento el ser humano necesita sentir su dignidad.

Abir, madre y voluntaria, ve la ayuda como un deber humano ante todo. Dice que lo que más le impacta es “el miedo en la mirada de la gente”, esa ansiedad constante por un futuro incierto. Pero al mismo tiempo observa también el fuerte impulso a la solidaridad: “La gente corre a ayudar, sin pedir nada a cambio”. En un contexto en el que las instituciones a veces se ven limitadas, las iniciativas individuales se vuelven la primera línea de defensa de la humanidad.

Este encuentro entre el dolor y la solidaridad revela una fuerte contradicción: la guerra divide a las personas, pero al mismo tiempo crea espacios inesperados de solidaridad. Es como si la sociedad, en los momentos de colapso, se redescubriera a sí misma a través de sus individuos.

Pues bien, a pesar de las diferencias en las opiniones y en la pertenencia a una posición, el punto común sigue siendo el sentimiento de desarraigo y el rechazo de la guerra y de sus tragedias. Con el pasar del tiempo, incluso la forma de la esperanza cambia: de “si Dios quiere volveremos a encontrar nuestra casa” a simplemente “si Dios quiere volveremos”. Una esperanza que se reduce, pero no se apaga.

Queda suspendida en los labios de todos una pregunta: “Mañana, ¿adónde iremos?”. No es una pregunta acerca de un destino preciso, sino simplemente acerca del destino mismo.

Sin embargo, no obstante todo el dolor, estos testimonios manifiestan una doble verdad: la guerra hiere profundamente al ser humano, sí, pero no logra cancelar su humanidad. Entre una carpa y un refugio, entre pérdida y nostalgia, nace otra forma de resistencia, que es la resistencia de la solidaridad.

Entonces, mientras algunos se marchitan lentamente, otros los riegan con esa cantidad de solidaridad de la que son capaces, permitiendo que la vida continúe. Porque la fe en la fraternidad humana es una realidad que hemos interiorizado viviéndola y practicándola, transmitida por nuestros padres y nuestros abuelos, hasta volverse sangre en nuestras venas y parte de nuestra civilización.

Elaborado por Rima Saikali
Al Madina Al Jadida

Está activa la emergencia Oriente Próximo. Todo aporte permite llevar alivio a las muchas familias afectadas por el flagelo de la guerra. Muchas han perdido la casa, otras buscan refugio en estructuras que abren sus puertas a pesar de los recursos cada vez más limitados.

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Fotos: ©Pexels-Mohamad-Mekawi

Instituto Universitario Sophia: nueva oferta formativa

Instituto Universitario Sophia: nueva oferta formativa

El Instituto Universitario Sophia lanza una nueva oferta formativa para el año académico 2026/2027, lo que representa un paso decisivo en el crecimiento de la institución y la expansión de su programa académico internacional. El nuevo programa ofrece un plan de estudios universitario integral (3+2), que integra dos ciclos de estudio completamente estructurados: la Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (cursos L-5/L-24) y la Licenciatura en Filosofía, Economía de Comunión y Medio Ambiente (Máster, curso LM-78).

El nuevo programa académico del Instituto Universitario Sophia parte de una convicción simple pero radical: el conocimiento no es una colección de información, sino una herramienta concreta para cambiar el mundo.

“En este cambio de época, marcado por la incertidumbre y la fragmentación”, afirma el rector Declan J. O’Byrne, “con este nuevo plan de estudios, Sophia reafirma su misión, asumiendo un papel estratégico en la formación de personas capaces de combinar el pensamiento crítico, las habilidades interdisciplinarias y de planificación, y la responsabilidad por el bien común. Esto sentará las bases para un futuro diferente, trabajando en los ámbitos de la sostenibilidad integral, la economía, la planificación social y territorial, y la innovación”.

Gracias a la colaboración institucional con la Universidad de Perugia (Italia), ambos programas conducen a una doble titulación académica, tanto eclesiástica como estatal, con plena validez en el sistema universitario italiano y reconocimiento internacional.

La Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (L-5/L-24) es un programa de estudios que ofrece una formación interdisciplinaria centrada en la comprensión de la persona en todas sus dimensiones cognitivas, emocionales, relacionales y sociales. Prepara a los estudiantes para continuar sus estudios, acceder a la docencia y desempeñar roles educativos, sociales, de planificación y culturales.

El Máster en Filosofía, Economía de la Comunión y Medio Ambiente (LM-78) desarrolla la metodología interdisciplinaria de Sophia en los ámbitos de la economía, la sostenibilidad integral y la gobernanza, formando profesionales capaces de comprender y apoyar los procesos económicos, sociales y organizacionales. El programa promueve la reflexión crítica sobre los modelos económicos contemporáneos y orienta la búsqueda de soluciones éticas y sostenibles, especialmente en los campos de la ecología, el desarrollo urbano, organizacional y comunitario.

El enfoque en la Economía de la Comunión y la Economía Civil hace que este programa sea único en el panorama académico italiano e internacional, ofreciendo a los estudiantes herramientas para comprender y transformar los sistemas económicos contemporáneos, contribuyendo así concretamente a la construcción de economías sostenibles, inclusivas y generativas. La formación propuesta prepara a profesionales capaces de liderar procesos de responsabilidad social de empresa, desarrollar proyectos de innovación sostenible, trabajar en la regeneración regional, asumir roles en empresas, entidades públicas y el tercer sector centrados en el desarrollo humano y la sostenibilidad integral, y contribuir a la construcción de modelos económicos resilientes adaptados a escenarios complejos.

También se ofrecen programas de doctorado en Ciencias Humanas y Cultura de la Unidad, completando así la oferta académica del Instituto.

Con el próximo año académico, Sophia inaugurará un nuevo campus en Florencia (en el Instituto afiliado a la Facultad de Teología de Italia Central), que albergará el programa de licenciatura. Elegir Florencia brinda acceso a las oportunidades académicas, profesionales y culturales de una de las ciudades universitarias más prestigiosas de Europa.

El Máster sigue estando arraigado en el campus internacional de Loppiano, que ofrece un ambiente internacional e intercultural donde estudiantes de muchos países tienen la oportunidad de compartir sus estudios, su vida cotidiana y sus experiencias educativas.

Uno de los elementos distintivos de la vida académica en Sophia es la proporción de estudiantes por profesor, aproximadamente 1:5. Esto permite una atención personalizada, un diálogo constante y un ambiente de estudio que valora las relaciones como parte integral del proceso de aprendizaje. El modelo Sophia trasciende las clases magistrales multitudinarias y promueve una enseñanza interactiva y centrada en el alumno, con énfasis en la calidad del contenido y el desarrollo de habilidades críticas, interpersonales y de planificación.

La calidad de la vida académica en Sophia también está garantizada por la oportunidad de acceder a una experiencia de estudio personalizada y accesible internacionalmente, gracias a una selecta red de socios que apoyan las actividades educativas y ofrecen oportunidades concretas de prácticas e inserción profesional en contextos internacionales, entre los que se incluyen: ASCES-UNITA, Sophia ALC (Latinoamérica), Together for a New Africa, Economía de Comunión Corea, Ethos Capital y Consulus.

Más información en el sitio web Sophiauniversity.org

Preparado por la Redacción
Foto: © Istituto Universitario Sophia