Un auténtico impulso pastoral, fruto de una profunda lectura del tiempo que estamos viviendo: así fueron, para nosotros, las palabras de León XIV en el encuentro del pasado 21 de marzo, un momento de gracia especial y profunda alegría que dejó una huella imborrable en los corazones de los 300 participantes en la audiencia en el Vaticano. Apenas habíamos concluido la Asamblea general, que se convoca cada cinco años para elegir a la presidenta, al copresidente y el gobierno del Movimiento Obra de María-Movimiento de los Focolares, y acogimos todo lo que el Papa nos decía como una sabia orientación para el futuro y para el servicio que estamos llamados a prestar hoy a la Iglesia y al mundo.
El Pontífice reconoció, en primer lugar, el don que el carisma de Chiara Lubich representa para la Iglesia: un don que ha plasmado la vida de muchas personas, familias, consagrados y consagradas, sacerdotes…, y que sigue generando frutos de comunión, de diálogo y de paz en los contextos más diversos. Al mismo tiempo, situó este don dentro del dinamismo vivo de la historia, recordándonos que todo carisma se confía a la responsabilidad de quienes lo reciben y están llamados a encarnarlo de forma siempre nueva.
León XIV nos reafirmó en la esencia de nuestro carisma: la unidad. Una unidad que no surge de equilibrios organizativos ni estrategias humanas, sino que es «fruto y reflejo de la unidad de Cristo con el Padre». Por esta razón —nos recordó— no debe confundirse con la uniformidad de pensamiento, sensibilidad o estilo de vida. Al contrario, la unidad auténticamente evangélica valora las diferencias, respeta la libertad y la conciencia de cada persona, y se construye mediante la escucha mutua y en la búsqueda compartida de la voluntad de Dios.
En una época marcada por profundas polarizaciones, tensiones sociales y conflictos armados, el Papa señaló la unidad como una verdadera fuerza profética. Una semilla sencilla pero poderosa, capaz de contrarrestar «el veneno de la división» ─que contamina los corazones y las relaciones─ a través del testimonio evangélico del diálogo, el perdón y la paz. Este es un llamado que sentimos profundamente nuestro y que interroga a cada miembro de nuestro movimiento para que sea fermento de reconciliación en los contextos cotidianos.
Con particular claridad, el Santo Padre indicó después una responsabilidad específica de esta fase posterior a la fundación, o sea, tras el fallecimiento de nuestra fundadora, Chiara Lubich. No se trata de un periodo ya concluido, sino de un tiempo que continúa y que requiere un discernimiento constante, maduro y, sobre todo, compartido. Nos exhortó a distinguir lo esencial de nuestro carisma de aquello que, si bien ha formado parte de nuestra historia, ya no lo es, o ha mostrado a lo largo del tiempo limitaciones, ambigüedades y situaciones críticas. Este discernimiento ‒enfatizó‒ no puede confiarse a unos pocos, sino que involucra a todo el cuerpo del movimiento. En efecto, el carisma es un don del Espíritu Santo, y todos tienen el derecho y el deber de sentirse corresponsables de la Obra a la que se han unido con dedicación.
Me gustaría citar también las palabras que el nuevo copresidente, don Roberto Almada, pronunció al comentar esta parte del discurso del Santo Padre, captando su gran alcance. Reconoció que el Papa nos habló «como un padre». Añadió que nos animó en el camino que hemos emprendido en estos años, escuchando a quienes han sufrido y revisando nuestras prácticas, pero al mismo tiempo nos llamó a una conversión más profunda.
La conversión a la que el Papa nos llama comienza con un cambio personal de mentalidad y, por consiguiente, no se trata simplemente de reformar estructuras o instituciones. En el centro de todo está la forma de vivir las relaciones, el respeto a la dignidad de la persona y el correcto ejercicio de los roles de responsabilidad, vividos como servicio. En este sentido, el Papa nos recordó que solo un estilo evangélico puede hacer «brillar la belleza» del Evangelio en las relaciones y en las estructuras.
Me impactó especialmente la insistencia de León XIV en la caridad, como alimento indispensable de la unidad. Recordando la Primera Carta a los Corintios, nos recordó que la caridad es paciente, bondadosa, respetuosa, y que, sin ella, la unidad corre el riesgo de vaciarse. En estas palabras, redescubrí la esencia de la intuición de Chiara Lubich, quien veía la unidad no solo como un ideal espiritual, sino la «roca» sobre la que se asienta toda la vida del movimiento.
Ahora comienza para el Movimiento de los Focolares un nuevo mandato; cinco años en los que sentimos que mirar hacia el futuro significa acoger y propiciar un verdadero viraje. Un cambio que exige la conversión personal y comunitaria, una renovada escucha del grito de la humanidad de hoy y el compromiso de dar testimonio de la unidad, no tanto con palabras cuanto con nuestras vidas. Nuestra Asamblea general, compuesta por personas que representaban todas las vocaciones, numerosas culturas, lenguas y pueblos, nos permitió experimentar la riqueza de una corresponsabilidad generalizada y un nuevo entusiasmo: señales de que el Espíritu sigue acompañándonos también en esta delicada transición.
Con profunda gratitud, acogemos el estímulo del Santo Padre y su invitación a proseguir por este camino. Lo hacemos con humildad y confianza, seguros de que, si vivimos la unidad como un don gratuito y una tarea diaria, podrá contribuir a la misión de la Iglesia y ser cada vez más un fermento de paz para el mundo.
Margaret Karram Presidenta del Movimiento de los Focolares
(…) ¿Cuál es la Palabra que el Espíritu ha grabado como un sello en esta casa, en nuestro Movimiento, cuando el Cielo pensó en él, al dar comienzo aquí en la Tierra a su realización?
Nosotros lo sabemos. La palabra es “unidad”. Unidad es la palabra que resume toda nuestra espiritualidad. Unidad con Dios, unidad con los hermanos. Es más, unidad con los hermanos para alcanzar la unión con Dios.
En realidad, el Espíritu nos ha revelado un camino completamente nuestro, plenamente evangélico para unirnos con Dios,
para encontrarlo a Él. (…) Nosotros lo buscamos y lo encontramos pasando por el hermano, amando al hermano. Lo encontramos si nos esforzamos en realizar la unidad con el hermano, con cada hermano; si establecemos la presencia de Jesús entre nosotros como hermanos. Solo de este modo tenemos garantizada también la unidad con Él, lo encontramos vivo y palpitante en nuestro corazón. Y esta unidad con Dios es la que nos empuja, a su vez, hacia los hermanos, la que nos ayuda a actuar de tal manera que nuestro amor por ellos no sea ficticio, insuficiente, superficial, sino radical, pleno, completo, un amor substanciado de sacrificio, dispuesto siempre a dar la vida, capaz de realizar la unidad.
Nuestros Estatutos ponen la unidad como base de todo, como norma de las normas, como la regla que
hay que poner en práctica antes de cualquier otra regla. La palabra unidad es para nosotros la roca.
Nosotros no tenemos significado en la vida sino en esta palabra, con la que todo adquiere sentido: cada acto, cada oración, cada aliento. Y si nos concentramos en esta palabra, si la vivimos lo mejor que podamos, todo se salvará para nosotros. Nos salvaremos nosotros y se salvará la porción de Obra que se nos ha confiado.
En el futuro tal vez lleguen para la Obra, en su conjunto o en alguna zona,
momentos diferentes de los que vivimos en el presente, que está marcado por tantas consolaciones, frutos, luz, fuego.
Podrán llegar momentos de oscuridad, de desaliento; podrán llegar persecuciones,
tentaciones (…) Podrán suceder desgracias, catástrofes… Pero si nos mantenemos firmes sobre la roca
de la unidad, nada podrá afectarnos, todo seguirá adelante como antes.
Chiara Lubich in “Conversazioni in collegamento telefonico”, 2019, Città Nuova Editrice, p. 373
Un regreso a Loppiano después de muchos años, con emociones y sueños renovados y la idea de emprender nuevos proyectos. Así lo describe Roberto Brundisini en el lanzamiento de la página web de los conciudadanos de Loppiano.
“Un día volví a visitar Loppiano, donde viví hace años. Me di cuenta de que estoy a gusto, como en casa. Me sorprende haber estado fuera tanto tiempo, y pienso en los muchos que, como yo, han perdido el contacto con esta realidad. Entiendo y comunico que este es el hogar no solo de quienes viven aquí, sino también de quienes lo aman. Y sé que son muchos.
Se corre la voz, se reactivan circuitos muertos y, como de un largo letargo, rostros antiguos y nuevos despiertan. ¡Loppiano está aquí, está allí, sigue aquí! Sueños latentes reviven con la determinación de la humildad. Porque los sueños que permanecen en el cajón se enmohecen.
Entonces, ¿qué debemos hacer? Nos preguntamos. ¿Por dónde empezamos?
Ah, mira, nos decimos, quizá podríamos crear una comunidad energética. ¡Claro! — responde uno —. Quizá podríamos establecer una agricultura alternativa. ¡Genial! Contribuir a la reurbanización urbana y ambiental de la ciudadela según los criterios de Laudato Si’.
¡Qué sueño! Nos dijimos: ¿Por qué no organizamos un centro de acogida donde podamos pasar unos días de relax y reeducarnos sobre la naturaleza y las relaciones humanas? Fantástico, continúa alguien. Me gustaría encontrar un centro, un lugar de encuentro para el intercambio cultural entre jóvenes y quizás incluso artistas. ¡Muy interesante! ¿Y si creáramos una radio web con alcance universal, dada la variedad de habilidades, experiencias y conocimientos que muchos de nosotros, dispersos por el mundo, hemos adquirido a lo largo de los años? ¡Otro sueño! (…)”.
Durante nuestra visita al Centro Internacional, entrevistamos al presidente de la Asociación, Alessandro Agostini, y a uno de sus miembros de la junta directiva, Nicola di Settimo.
Activa los subtítulos y elige tu idioma preferido.
Nicola
Me llamo Nicola y soy miembro de la Asociación de conciudadanos. Significa ciudadanos constructores de Loppiano, porque vivimos allí de jóvenes un par de años y luego la vida nos llevó por todo el mundo. Casi todos hemos tenido experiencia profesional desde entonces.
Alessandro
Me llamo Alessandro, soy de Umbría y soy el presidente de esta nueva asociación llamada Co-cittadini di Loppiano. Se fundó hace unos tres años. Actualmente, nuestros miembros están en 11 países, y somos unos cincuenta hombres y mujeres de diversos orígenes y profesiones.
Nicola
Para nosotros, es un regreso, por un lado, a la juventud, pero también a la elección fundamental de nuestras vidas que nunca hemos abandonado: seguir el ideal de Chiara Lubich de “que todos sean uno”, del amor recíproco. Ahora queremos contribuir con acciones concretas por Loppiano.
Alessandro
Es cada vez más necesario unirnos como comunidad, como un todo. En tiempos tan difíciles como los que atraviesa el mundo, necesitamos que las personas se unan para luchar por una humanidad justa y correcta. Por eso, estamos aquí para aportar nuestro granito de arena. Muchos, como nosotros, han vivido Loppiano, y la ciudadela nos une porque la construimos durante los dos años que todos hemos pasado aquí. Esta es una oportunidad para reencontrarnos, y por eso, incluso a quienes ya no formen parte de la Obra, o que aún aprecian mucho esta ciudadela y la construcción de un mundo unido, nos complace darles la bienvenida e incluirlos en nuestra asociación.
Nicola
Sí, en cualquier caso, la idea es crear una comunidad abierta a todos, es decir, a quienes aman Loppiano y quieren que siga adelante. Así que nos gustaría canalizar estas fuerzas para, repito, contribuir a la construcción, para seguir ayudando a Loppiano a crecer.
“Si quieres permanecer firme en la fe, escoge el camino de la esperanza, destinado a tu alma de discípulo de Cristo”. Este es uno de los 1001 pensamientos dirigidos por el entonces Arzobispo François-Xavier Nguyễn Văn Thuận a sus fieles, durante los largos años de su detención en la cárcel a causa de su fe: una colección de reflexiones, recomendaciones e incentivos, recogidos posteriormente en el volumen “El camino de la esperanza”, considerado como el “testamento espiritual” del cardenal vietnamita, declarado Venerable por el Papa Francisco.
Con ocasión del 50° Aniversario de la redacción del libro, la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral –que es Actor de la Causa– conjuntamente con el Dicasterio para el Clero, con la Editorial Città Nuova (Ciudad Nueva) y con la Diócesis de Roma, desean honrar la memoria del Cardenal vietnamita celebrando una conferencia cuyo título es: “François-Xavier Nguyễn Văn Thuận. Testigo de esperanza ”..
El evento tendrá lugar el próximo 25 de marzo en Roma, en la Sala de los Tratados Lateranenses, en el Palacio Apostólico Lateranense, de 16.00 a 17.30 horas (UTC +1).
Estará presente la Señora Élisabeth Nguyễn Thị Thu Hồng, hermana del Cardenal Văn Thuận.
A través del testimonio de quienes lo conocieron, y con música y textos extraídos de sus escritos, la conferencia quiere hacer hincapié en la actualidad de la figura del Cardenal Văn Thuận: un pastor fiel que supo transformar la experiencia de la prisión en un espacio de oración, perdón y entrega, mostrando que la luz del Evangelio puede vencer toda oscuridad. De sus palabras nos llega un mensaje de esperanza, que es un patrimonio espiritual universal.
Abrirá los trabajos Su Eminencia el Cardenal Baldassare Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma. Intervendrán Su Eminencia el Cardenal Michael Czerny, S.J., Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; el Dr. Waldery Hilgeman, Postulador de la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận; Su Eminencia el Cardenal Lazzaro You Heung-sik, Prefecto del Dicasterio para el Clero; Su Eminencia el Cardenal Luis Antonio Tagle, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización.
Tendrá su espacio en la ejecución del piano el Sacerdote Carlo Seno, presbítero de la Diócesis de Milán, responsable del Centro de Espiritualidad “Vinea mea”.
Moderará el encuentro el periodista Alessandro De Carolis, de Radio Vaticana – Vatican News.
En el contexto de la Conferencia se presentará la edición en italiano de la nueva biografía del Cardenal Văn Thuận, escrita por la hermana Élisabeth, publicada por la Editorial Città Nuova, con prólogo del Cardenal Michael Czerny.
El evento está abierto a la prensa, previa solicitud de acreditación ante la sala de Prensa de la Santa Sede, y se podrá seguir por streaming en italiano, con traducción simultánea en inglés, francés, español, portugués, alemán y vietnamita.
A cargo de la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận
La vida, las obras y la espiritualidad del Cardenal Văn Thuận también se ilustran en el portal a él dedicado y presentado en varios idiomas, accesible a través de la página: https://www.cardinalvanthuan.va/it.html
La entrada del papa León XIV fue recibida con un caluroso aplauso por parte de los 320 participantes en la Asamblea General de los Focolares, recibidos en audiencia en el Vaticano. «Con ese aplauso —relató el copresidente recién elegido, Roberto Almada— quisimos expresar nuestra alegría. Me impactó su mirada agradecida y alentadora hacia todos los componentes del Movimiento: sacerdotes, familias, jóvenes, focolarinos».
Desde los primeros momentos, el papa León XIV centró la atención en la raíz del carisma: «Cada uno de ustedes se sintió atraído por el carisma de la Sierva de Dios Chiara Lubich». La unidad —subrayó— sigue siendo el punto central del don que el Espíritu Santo ofrece hoy a la Iglesia y al mundo.
Un pueblo de paz llamado a ser un baluarte contra las barbaries
El tema de la paz atravesó con fuerza el discurso del Santo Padre. Percibió que «también a través de ustedes, Dios se preparó, en las últimas décadas, un gran pueblo de la paz», llamado hoy «a servir de contrapeso y de barrera frente a los muchos sembradores de odio que hacen retroceder a la humanidad hacia formas de barbarie y de violencia». Palabras que han confirmado el trabajo de la Asamblea, que ha reflexionado sobre cómo contribuir más eficazmente a restablecer vínculos sociales, superar polarizaciones, promover el diálogo y la fraternidad en los territorios donde el Movimiento está presente.
Margaret Karram — reelegida presidenta del Movimiento— comentó: «El Papa subrayó todavía que hoy, como nunca antes, es necesaria la unidad en un mundo dividido y en guerra. Ha vuelto a poner, aún más, en el centro la necesidad de vivir más y mejor nuestra vocación a la fraternidad. Me ha impactado además el agradecimiento del Papa por la labor del Movimiento en el ámbito ecuménico, interreligioso y en otros ámbitos».
La responsabilidad de la fase posfundacional
Un momento especialmente significativo, cuando se refirió al momento histórico que está atravesando el Movimiento. El Papa León XIV recordó: «a ustedes se les ha confiado la responsabilidad de mantener vivo el carisma de su Movimiento en la fase posfundacional», una fase que no termina con la generación inmediatamente posterior a la fundadora, sino que «se prolonga más allá». Invitó al Movimiento a distinguir con lucidez y honestidad lo que pertenece al núcleo esencial del carisma de lo que, con el tiempo, puede cambiar. Dijo con claridad que es necesario discernir «qué aspectos de su vida común y de su apostolado son esenciales, y por lo tanto deben mantenerse» y «qué instrumentos y prácticas, aunque usadas desde hace tiempo, no son esenciales para el carisma… o han presentado aspectos problemáticos y, por lo tanto, tienen que abandonarse».
Las palabras del Santo Padre sobre la transparencia —«condición de credibilidad» y derecho de todos, ya que el carisma es un don compartido— han reafirmado y reforzado una orientación madurada ya en la Asamblea. Un Movimiento más corresponsable es el paso necesario para vivir hoy la unidad.
Un proceso de renovación compartida: las líneas de actuación para los próximos cinco años (2026–2031).
La reflexión sobre los retos y las cuestiones críticas iniciada por la Asamblea General ha puesto de manifiesto que, en el fondo de muchos de los problemas que afronta hoy el Movimiento, se encuentra una comprensión inmadura de la unidad, núcleo esencial del carisma de Chiara Lubich; por ello, se ha puesto en marcha un proceso de replanteamiento y profundización a todos los niveles.
En este horizonte, se pretende: trabajar para superar las divisiones y polarizaciones a través de la acción de las comunidades de los Focolares que viven en los territorios y en las «periferias» del mundo, en sinergia con cuantos comparten el principio evangélico de la unidad mediante el diálogo y la colaboración; apoyar a las redes comprometidas con la promoción de la paz y la educación a la no violencia; desarrollar una visión integral del cuidado del planeta y de las personas; fortalecer a las familias y las comunidades como lugares de proximidad y apoyo recíproco. Junto a esto, resulta esencial promover un uso ético y responsable de las tecnologías y de la Inteligencia Artificial, involucrando a todas las generaciones, y valorar la contribución de los jóvenes y la riqueza que nace del encuentro entre diferentes experiencias y sensibilidades.
Con un enfoque basado en la calidad de las relaciones, la transparencia, la participación y la responsabilidad compartida, el Movimiento renueva su compromiso de trabajar para que cada lugar se transforme en un espacio de encuentro y colaboración, al servicio del bien común y de la paz.