Movimiento de los Focolares
«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto» (Mt 13, 23).

«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto» (Mt 13, 23).

Después de haber hablado en parábolas a una gran muchedumbre a la orilla del lago Tiberíades, Jesús se dirige a sus discípulos y les explica a ellos el sentido profundo de sus palabras.

El protagonista de nuestro relato es la Palabra de Dios, comparada con una semilla pequeña y frágil. La piedras, las zarzas y las aves pueden impedirles germinar, echar raíces y producir espigas maduras, pero el sabio sembrador conoce su sorprendente vitalidad.

A través de estas imágenes, Jesús revela la relación entre el hombre y la Palabra que Dios ofrece abundantemente, pero hay quien la acoge y quien, por diversos motivos, la deja caer sin que dé fruto. Efectivamente, en el corazón humano, la superficialidad y las excesivas preocupaciones materiales amenazan el milagro de la vida sobrenatural que Dios mismo desea encender en sus criaturas.

También a nosotros, como a los discípulos, Jesús nos invita a entrar en el humilde misterio del amor de Dios, y al mismo tiempo nos interpela personalmente sobre una decisión: ¿qué terreno queremos ser?

«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».

Escuchar y comprender: este parece ser el secreto que nos convierte en un terreno acogedor, donde la semilla de la Palabra puede expresar su fuerza y dar buenos frutos.

¡Qué valioso es estar disponibles a la escucha! Es el espacio espiritual para dejar entrar la vida de Dios, que siempre nos precede con su misericordia, con la paciencia del trabajador que conoce y respeta los tiempos de maduración.

Las palabras de Dios, como escribe Chiara Lubich, «iluminan interiormente no solo la mente, sino todo el ser, porque son luz, amor y vida. Dan paz –la que Jesús llama suya: “mi paz”– incluso en los momentos de turbación y de angustia. Dan alegría plena aun en medio del dolor que a veces atenaza el alma. Dan fuerza, sobre todo cuando sobrevienen el abatimiento o el desánimo. Nos hacen libres porque abren el camino de la Verdad. […] También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la Palabra de Dios: acojámosla atentamente cuando se nos proclame en las iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla… Pero sobre todo estamos llamados a vivirla. […] Al vivir una Palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada Palabra suya Él se entrega por completo, viene Él mismo a vivir en nosotros […] y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las circunstancias de la vida» [1].

«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».

Wambil de México nos cuenta: «Hubo un tiempo en que me sentía atrapado en un profundo agujero. Estaba inmerso en una relación violenta, trataba de huir y arreglarlo todo con mis fuerzas. Influido por las redes sociales y el ruido exterior, a menudo perseguía cosas que no estaban en el plan de Dios. A pesar de todos mis esfuerzos, seguía sintiéndome vacío y sin una meta. Sabía que el amor es un lenguaje universal, así que me puse a hacer voluntariado, y encontré un modo de actuar que solo podía venir de Dios. Con el tiempo descubrí un lugar donde escuchar su Palabra y crecer en la relación con Él. Estoy profundamente agradecido».

Incluso cuando nos sentimos tierra árida y pedregosa, la misma Palabra es eficaz, como revela el profeta Isaías: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, […] así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55, 10-11).

Sostenidos por esta esperanza, en un tiempo dominado por miedos y tensiones, cultivemos también la confianza en las mujeres y en los hombres con quienes compartimos la vida. Confiemos en su capacidad de dar buenos frutos y de crear ocasiones de escucha y diálogo, para caminar juntos hacia el horizonte de la fraternidad.

Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida


[1] C. LUBICH, Palabra de vida de marzo de 2003: Ciudad Nueva n. 396 (2003/3), pp. 24-25.

Foto © Horacio30 – Pixabay

Un premio para Run4Unity

Un premio para Run4Unity

Cada año, el primer domingo de mayo, a las 12:00 del mediodía, Run4Unity, la maratón mundial de los Chicos por un mundo unido, da comienzo en todos los países del mundo. Así, mientras decenas de chicos corren con las pirámides egipcias de fondo, en India se entregan los premios de la carrera de relevos recién concluida, y en Asunción, Paraguay, se preparan varias carreras de atletismo que comenzarán poco después en un gran parque de la ciudad. Estas carreras y torneos, en un espíritu de paz y solidaridad, comienzan en Oceanía y concluyen en América. Durante 24 horas, miles de chicos participan, listos para “comenzar” cuando su zona horaria marque el mediodía. En ese momento, reciben el relevo de los países de la zona horaria anterior y, una hora después, lo pasan a los países de la siguiente zona horaria.

Una idea brillante y sencilla que nació en el equipo del Centro Internacional de los Chicos por un mundo unido en 2005 junto con algunos gen 3, después de que Chiara Lubich, recién llegada de un viaje a la India, les contara la maravillosa experiencia que tuvo cuando fue invitada a participar en una gran manifestación de jóvenes del Movimiento Hindú Swandhyaya, muy vinculados con el deporte: “Quizás el deporte podría ser un camino para los chicos”, había dicho Chiara.

El formato Run4unity se extendió rápidamente, adaptándose localmente a las distintas naciones y a las características específicas de cada cultura: el deporte se combina con acciones de diálogo interreligioso, desarrollo para los más necesitados, defensa y cuidado de la naturaleza, y compromiso con la paz y la fraternidad entre los pueblos.

En 2025, la DG EAC (Dirección General de Educación, Juventud, Deporte y Cultura), un organismo de la Comisión Europea, y la EACEA (Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura), que gestiona la financiación para la educación, la cultura, lo audiovisual, el deporte, la ciudadanía y el voluntariado, lanzaron los premios deportivos europeos #BeActive EU Sport Awards.

New Humanity del Movimiento de los Focolares presentó su proyecto internacional plurianual Run4Unity, que fue seleccionado como finalista en la categoría de Paz. “Hace unas semanas, supimos que habíamos sido seleccionados entre 279 actividades deportivas presentadas y, por lo tanto, estábamos entre los 15 finalistas, tres por cada categoría”, comentaron. “La comunicación incluía una invitación para que dos representantes de cada proyecto viajaran a Bruselas el 23 de junio de 2026 para la ceremonia de entrega de premios. Agostino Spolti (ex codirector de Chicos por un mundo unido) y Elisabetta De Bernardi (una joven que ha participado como joven y adolescente en varias ediciones de Run4Unity centradas específicamente en la paz) nos representaron, ¡y ganamos!”. Un reconocimiento de alto nivel a esta propuesta en 2026 que, 21 años después de la primera Run4Unity, ha visto celebrarse carreras de relevos en todo el mundo, en más de 100 países, con miles de niños, acompañados por jóvenes y adultos en una fructífera relación intergeneracional.

El deporte es una forma de experimentar la inclusión, el cuidado de los demás, el respeto y el crecimiento conjunto, y —como se indicaba en el anuncio de la competición— es, sin duda, una manera de forjar y difundir una cultura de paz. “Ganamos”, afirma Agostino Spolti, “porque Run4Unity encarna precisamente estos elementos: el deporte, el relevo entre distintos países, el sentimiento de pertenecer a una misma familia humana, la reflexión y la oración por la paz con el Time Out, y todo ello con un gran valor educativo”.

Carlos Mana

Fotos © Agostino Spolti

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

El miércoles 24 de junio de 2026, a las 6:04 de la tarde, Venezuela cambió su rostro en menos de un minuto. Dos terremotos, de magnitud 7.1 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro-norte del país. El epicentro fue localizado cerca de Morón, en el estado de Carabobo, pero el impacto ha sido devastador, sobre todo en La Guaira, en Caracas y en las zonas limítrofes, en donde numerosos entre casas y edificios se derrumbaron. El balance de las víctimas, de los dispersos y de los heridos sigue subiendo mientras prosiguen las tareas de rescate. Equipos especializados provenientes de varios países están llegando para unirse a la búsqueda de los sobrevivientes, junto a las ayudas humanitarias y bienes de primera necesidad, en una respuesta internacional que crece hora tras hora.

Las réplicas no dan tregua; ya son más de 100. Algunas apenas se advierten, otras nos obligan a escapar de las casas continuamente. Vivimos en un estado de alerta constante. Dormimos poco. El cansancio pesa, pero también el miedo. A todo ello se suman las dificultades de una ciudad que trata de seguir funcionando. Las líneas telefónicas y la señal de internet funcionan en forma intermitente, la electricidad sufre continuas fluctuaciones y, en muchos edificios, la provisión de gas ha sido suspendida por precaución. Incluso las decisiones más simples requieren un gran esfuerzo: organizarse, concretar acciones, coordinar equipos o simplemente comunicarse con las personas queridas para saber si están bien. Todo se vuelve complicado cuando la tierra sigue recordándonos que aún no ha terminado de temblar.

Venezuela afronta este terremoto partiendo de una condición de vulnerabilidad. Muchos edificios se han construido sin criterios antisísmicos, que hoy son la norma en otras regiones, y algunos arrastran consigo años de desgaste y mantenimiento insuficiente. Esta emergencia se suma a una realidad socio-económica ya comprometida. Todo ello vuelve aún más complejo el proceso de respuesta.

Sin embargo, en medio de esta realidad tan frágil, estamos descubriendo también una fuerza inmensa que nace de la comunión.

Como Movimiento de los Focolares hemos abierto nuestras casas –los focolares, que afortunadamente no han sufrido daños estructurales– para acoger a los que han tenido que abandonar su vivienda. Algunas familias ya no pueden volver a sus casas, porque los edificios corren el riesgo de derrumbarse. Otras lo han perdido todo. Hemos ofrecido alojamiento, alimentos, ropa y todo lo que pueda aliviar las necesidades más urgentes e inmediatas.

Lamentablemente, el dolor ha tocado también a nuestra familia muy de cerca. Una voluntaria del Movimiento ha perdido a algunos familiares por el derrumbe de los edificios en donde vivían. Solo una sobrina se ha salvado y ya se ha recuperado tras su paso por el hospital. Como ellos, muchas familias esperan noticias entre los escombros; otras lloran a sus seres queridos y muchas siguen aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a los que están dispersos.

La solidaridad forma parte de nuestra identidad y en estos días se hace tangible. Desde las primeras horas después del sismo se han multiplicado los viajes entre Caracas y La Guaira: se trata de autos privados, voluntarios, parroquias, organizaciones y vecinos que llevan agua, comida, medicamentos, ropa y artículos de primera necesidad. Enteras comunidades de otras regiones del país que nada más han advertido el terremoto se han organizado espontáneamente para equipar centros de recolección, distribución de las donaciones y preparar las ayudas que siguen llegando a las zonas más afectadas; a través de la Iglesia. Toda pequeña iniciativa, toda llamada telefónica, cada uno de los paquetes es preparado con cuidado, cada persona que ofrece su propio tiempo, teje una red de fraternidad que sostiene a quien más lo necesita.

Nos conmueve profundamente también la cantidad de personas, dentro y fuera de Venezuela, que desean ayudar. No hemos logrado aún responder a todos los mensajes que nos han llegado. Familiares, amigos, miembros del Movimiento y personas que quieren simplemente saber cómo estamos o preguntar cómo pueden colaborar. Estamos activando todas las sinergias posibles para que esta enorme generosidad encuentre canales concretos y llegue allí donde hay una necesidad mayor.

A todos ellos les queremos expresar un agradecimiento sincero. Gracias por las oraciones, por los mensajes de cercanía y por los gestos concretos de solidaridad que ya están actuando. En momentos como este experimentamos de una manera muy viva lo que Chiara Lubich nos ha dejado como horizonte: “Sean una familia”.

Tal vez el desafío más grande es vivir el momento presente. No anticipar el miedo al próximo temblor ni quedarse paralizados por la enormidad del dolor. Permanecer en el presente es, hoy más que nunca, el camino para descubrir lo que el Amor nos pide en cada momento.

Vivir el carisma de la unidad nos lleva, en este contexto, a dar una respuesta concreta: ser puentes en donde hay aislamiento, ofrecer fraternidad en donde el miedo divide y sembrar esperanza allí donde la incertidumbre parece imponerse.

Hay mucho camino por recorrer aún. La emergencia no ha terminado y la reconstrucción requerirá tiempo. Pero en el medio de tantas pérdidas somos también testigos de una humanidad que no se resigna, que se organiza, que comparte lo poco o lo mucho que tiene y que vuelve a recordarnos que cuando la tierra tiembla, el amor puede seguir siendo el terreno más sólido sobre el que reconstruir la esperanza.

La comunidad de los Focolares de Caracas
Fotos: © fotospublicas.com

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

[…] La unidad. Pero ¿qué es la unidad? ¿Se puede realizar la unidad?

La unidad es lo que Dios quiere de nosotros.

La unidad es realizar la oración de Jesús: “Padre, que sean uno como tú y yo. Yo en ellos y tú en mí, para que sean uno” (Cf. Jn 17, 21).

Pero la unidad no se puede realizar únicamente con nuestras fuerzas. Solo la puede realizar una gracia especial, que viene del Padre, si encuentra una disposición particular en nosotros, un requisito preciso y necesario:

el amor recíproco, del mandamiento de Jesús, puesto en práctica.

Su amor recíproco, el que Él quiere y que no es –como sabemos – simple amistad espiritual o un acuerdo, o un buen entendimiento.

Se trata de amarnos unos a otros, como Él nos amó. Es decir, hasta el abandono: hasta el desapego completo, material y espiritual, de las cosas y de las criaturas para poder “hacernos uno” recíprocamente y a la perfección.

De esta manera hacemos nuestra parte y reunimos las condiciones para recibir la gracia de la unidad, que no faltará, que no puede faltar.

¡Cuánta gratitud debe nacer en nosotros, llamados a esto, ante este pensamiento! ¡Qué impulso para vivir de tal modo, que obtengamos este don que, donde no se vive así, no existe!

Debemos recordar que en nuestra espiritualidad comunitaria hay una gracia más. Que el Cielo puede abrirse en cada instante para nosotros; y nosotros, si hacemos lo que Él nos pide, invadidos por esta gracia, podemos hacer mucho, mucho por el Reino de Dios.

Sin duda, es esta gracia la que explica la gran expansión de nuestro Movimiento y de tantas estupendas conquistas vinculadas a él.

Conscientes de este privilegio extraordinario, en los primeros tiempos nos expresábamos así:

“Grábense en sus mentes una sola idea. Siempre fue una sola idea la que formó a los grandes santos. Y nuestra idea es esta: ‘la unidad’.

«Mantengan siempre este fuego encendido entre ustedes. Y no tengan miedo de morir. Ya han experimentado que la unidad exige la muerte de todos para dar vida al Uno. Hagan esto como sacrosanto deber, pero ¡les dará inmensa alegría! ¡Jesús prometió la plenitud de la alegría a quien vive la unidad!”.

Durante el próximo mes ¡esforcémonos siempre por obtener este don!

Y no lo esperemos solo para nuestra felicidad, sino para ser capaces de realizar nuestra típica evangelización. La conocen: “Que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

¡El mundo tiene una gran necesidad de fe, de creer! Y todos estamos llamados a evangelizar. Un día Francisco dijo a uno de sus discípulos: “Vamos a predicar”. Y con las manos cruzadas dentro de sus mangas y con la mirada baja, caminaron por la ciudad predicando con su actitud la mortificación y la pobreza total.

Lancemos también nosotros, en el mundo, nuestra predicación. Que cualquiera que observe a dos o más de nosotros unidos –en el focolar, en los núcleos, en las unidades, en nuestras reuniones o casualmente juntos– quede impactado por un rayo de nuestra fe y crea; crea en el amor porque lo ha visto.

¡Manos a la obra! Esto es lo que el Señor quiere de nosotros. Lo quiere a través de nuestro carisma grabado en nuestros Estatutos: La unidad es la premisa de cualquier otra voluntad de Dios.
Después podemos también hablar para difundir el Evangelio. Pero después.

Chiara Lubich
(Convesazioni, Città Nuova, Roma 2019, pp 522/4

Foto: © JGH – CSC Audiovisivi

Emergencia por el terremoto en Venezuela

Emergencia por el terremoto en Venezuela

La Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares ha puesto en marcha una recaudación extraordinaria de fondos en apoyo de la población de Venezuela, a través de Acción por un Mundo Unido (AMU) y Acción por Familias Nuevas (AFN). Las aportaciones recibidas serán gestionadas conjuntamente por AMU y AFN para hacer llegar a las poblaciones afectadas por el terremoto del 24 de junio de 2026 ayuda de primera necesidad para la alimentación, la atención médica, la vivienda y el acogimiento en diversas ciudades del país, también en colaboración con las Iglesias locales.

Cada contribución permitirá llevar alivio inmediato e imaginar, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.

Se puede donar online:

Azione per un Mondo Unito ETS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 presso Banca Popolare Etica Codice SWIFT/BIC: ETICIT22XXX

Azione per Famiglie Nuove ETS | Banca Etica – filiale 1 di Roma – Agenzia n. 0 | Codice IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 | BIC/SWIFT: ETICIT22XXX

Motivo: Emergencia Venezuela

En muchos países de la UE y en otros países del mundo existen ventajas fiscales para este tipo de donaciones, según las distintas normativas locales. Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y desgravaciones fiscales, según la normativa para los Entes del Tercer Sector (ETS).

Foto: © fotospublicas.com