Las noticias que nos llegan constantemente desde Oriente Medio provocan una creciente consternación entre las muchas personas que desean sinceramente la paz y la seguridad para todos, y no solo para algunos. Lamentablemente, los llamamientos autorizados para que el conflicto armado dé paso nuevamente a la diplomacia, y las peticiones de oración por la paz parecen vanos e ingenuos.
Pero precisamente por la gravedad de los acontecimientos actuales, que lamentablemente se suman y se amplifican con otras crisis bélicas y humanitarias, se requiere una respuesta valiente y profética por parte de cada persona, de cada ciudadano que tenga en el corazón el bien común y la paz como lo primero entre esos bienes.
También el Movimiento de los Focolares, que tiene comunidades que viven en muchas de las zonas objeto de conflictos, renueva su compromiso a varios niveles: desde las ayudas de emergencia para las poblaciones más frágiles, obligadas a vivir en la incertidumbre y el miedo y privadas de cualquier forma de sustento, hasta las acciones de ciudadanía activa ante sus instituciones y en la sociedad civil.
Por eso, la Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares renueva su llamamiento a la solidaridad para ayudar a los miles de familias desplazadas: muchas han perdido su casa, otras buscan refugio en estructuras que reabren sus puertas a pesar de los recursos cada vez más limitados. En este escenario en constante cambio, queremos permanecer al lado de quienes sufren, dispuestos a apoyar iniciativas locales de acogida y ayuda concreta.
Cada contribución permitirá llevar alivio inmediato e imaginar, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.
Invitamos a todos a unirse a este compromiso: la paz también se construye así, eligiendo no volver la espalda para no ver.
O también a través de transferencia bancaria a las siguientes cuentas corrientes:
Azione per un Mondo Unito ETS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 presso Banca Popolare Etica Codice SWIFT/BIC: ETICIT22XXX
Azione per Famiglie Nuove ETS | Banca Etica – filiale 1 di Roma – Agenzia n. 0 | Codice IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 | BIC/SWIFT: ETICIT22XXX
Motivo: Emergencia Oriente Medio
En muchos países de la UE y en otros países del mundo existen ventajas fiscales para este tipo de donaciones, según las distintas normativas locales.Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y desgravaciones fiscales, según la normativa para los Entes del Tercer Sector (ETS).
Foto gentileza del Patriarcado Latino de Jerusalén
Después de tres años de su llegada a nuestra ciudad, los estudios clínicos le habían detectado a Elio un tumor con metástasis múltiples. Era inútil operar. En mí surgió espontáneamente una pregunta: ¿por qué le ha tocado esto justamente a él, que es una persona en la plenitud de la madurez humana y espiritual? Todavía podía dar mucho a nuestra comunidad, en donde ya su presencia sabia y sosegada había resuelto una situación muy desagradable. El mío era un grito doloroso, casi de rebeldía. Luego, razonando con algunos de mis amigos, pasamos en reseña algunos ejemplos de la Biblia… Abrahan, Job, entre otros. No obtuvimos una respuesta en forma inmediata. Algunos acontecimientos no se pueden explicar sin la fe. En esos días cayó en mis manos un escrito iluminador de San León Magno: “La Iglesia es el campo del Señor que se reviste con una mies cada vez más rica, porque los granos que caen uno por uno renacen multiplicados”. ¡Allí encontré una respuesta! Solamente en esa óptica podía aceptar que Elio, un amigo queridísimo, hubiese partido al cielo. Caía como un grano de trigo grande y maduro. Tenía que creer que de allí nacería una espiga en plenitud.
(G. – Bélgica)
Pequeños grandes milagros
Nací en Brasil, pero más adelante fui a vivir y me quedé nueve años en otro país de Latinoamérica, con una inflación altísima y una pobreza extendida; todo ello es un incentivo a la criminalidad. Un día, una amiga vino a verme llorando, porque acababa de ser asaltada y le habían robado el único sueldo con el que sostenía a su familia, ya que el marido estaba desocupado y tenían cuatro hijos. ¿Yo qué podía hacer? Traté por lo menos de consolarla, aconsejándola de que lo perdonara y rezara para que ladrón se arrepintiera. Pero ella reaccionó diciéndome que jamás haría eso. “Entonces –le respondí– yo rezaré por él”. Después de algunos días, esa misma amiga volvió a visitarme, pero esta vez con otra expresión en el rostro, con otro ánimo. Estaba feliz, me dijo que el ladrón tendría que haberse convertido realmente porque en un negocio en donde ella era muy conocida había dejado la cartera que había sustraído. Y lo más sorprendente era que el sueldo estaba todavía dentro, no faltaba nada.
(T.G.S.C. – Brasil)
En la silla de ruedas
Desde hace mucho tiempo, a raíz de una artritis reumática, vivo en una silla de ruedas. Entre ingresos al hospital y operaciones, habré pasado allí tres años de mi vida. Muy a menudo, por los dolores tan agudos, quedo completamente inmóvil, incapaz incluso de peinarme o de agarrar un vaso. Muchas cosas, que para mí eran muy importantes, las tuve que dejar de hacer. Sin embargo, tengo un espíritu bromista y muchas veces a la enfermedad reacciono con alguna nota humorística. Poco a poco, entender la “sabiduría de la cruz” me ayudó a acoger el dolor como la forma más sublime del amor y a ofrecer mi gota en particular por las personas que más sufren, por la Iglesia, por la unidad de la Iglesia, por la unidad que Jesús pidió. Ahora ya no le pregunto a Dios “¿Por qué?”, sino que solamente le digo: “Ayúdame, Señor”. Trato de no hacer pesar mis problemas físicos sobre los demás y me parece que consigo hacerlo, porque de hecho me encuentran siempre contenta. Todo coopera al bien si estamos abiertos al amor de Dios. De hecho, en nuestra familia cada uno ha sentido el deber de dar un salto hacia adelante. Los mismos hijos han madurado rápidamente, volviéndose más responsables.
(Branka – Croacia)
A cargo de Maria Grazia Berretta
(extraído de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año XII– número 1, marzo-abril de 2026)
Soy un voluntario del Movimiento de los Focolares, y el verano pasado, durante una excursión a la montaña con Anna y Toni, amigos de nuestro grupo Nuevas Familias, salió que había trabajado como auxiliar de vuelo para la aerolínea nacional italiana durante muchos años. Enseguida me preguntaron si conocía a un vecino suyo que había trabajado en la misma empresa. Al oír su nombre, lo recordé al instante, aunque habían pasado 30 años. Me contaron que su situación era muy triste. Abandonado por su familia, aquejado de graves enfermedades, vivía solo en una casa grande y deteriorada que necesitaba reparaciones urgentes. Después de nuestra reunión, me di cuenta de que necesitaba echar una mano.
Así que, junto con Toni y Anna, mi esposa Rita y otros, creamos un plan de acción. Empezamos arreglando una puerta ventana con cristales rotos, gracias a la ayuda de un amigo carpintero. Después, instalamos una puerta nueva que daba al sótano y arreglamos la puerta del baño, que el perro había mordido. Después, arreglamos una puerta corredera que dejaba entrar la lluvia y la terraza, que tenía goteras. Contratamos a una persona de limpieza, arreglamos el sistema eléctrico con la ayuda de uno de un voluntario electricista, quien también arregló la calefacción con la ayuda de Toni. Mi esposa le dio un toque delicado decorando el patio con violetas de los Alpes en macetas. En resumen, Cesare, ese es su nombre, ahora vive en condiciones más humanas y se siente feliz porque está rodeado de personas que lo quieren. Estuvo hospitalizado durante las fiestas navideñas y lo visitamos con frecuencia.
Es una alegría saber que esos gestos le han devuelto la fe en la humanidad.
«Solo quien cae puede levantarse», dice un proverbio. Un ejemplo que transmite al mismo tiempo ternura y valentía es el de los niños en las primeras etapas de su desarrollo. ¡Cuánta fuerza de voluntad en esos primeros pasos inseguros, al levantarse cada vez con determinación, hasta ganar confianza y comenzar con movimientos cada vez más seguros… ¡el camino de la vida!
A medida que uno crece, entre retos y dificultades, levantarse cada vez se vuelve más difícil. Las pruebas de la vida nos pesan, el miedo a perder nuestras seguridades (en el encuentro con quien es diferente o no piensa como nosotros) nos frena. No siempre basta la fuerza de voluntad ni siquiera el deseo sincero de ser coherentes con los valores y las elecciones. En estos momentos difíciles, poder contar con una mano amiga puede darnos el impulso para recomenzar sin miedo y hacer, en lo más profundo de la conciencia, un silencio auténtico capaz de “reconstruirnos” interiormente.
Dice Chiara Lubich: «¿Quién no pasa por la prueba? Esta asume el cariz del fracaso, de la pobreza, de la depresión, de la duda, de la tentación […]. Da miedo también la sociedad materialista e individualista que nos rodea, con las guerras, las violencias, las injusticias…». Chiara lo mostró con su propia vida: es precisamente en esos momentos de oscuridad y de fatiga cuando es más importante encontrar la fuerza para “recomenzar”, ante todo dentro de nosotros mismos, con la confianza de que “aún puedes esperarlo todo”[1].
Es lo que le sucedió a Emilia de Tierra Santa. Trabaja como directora de un sector del Gobierno junto con judíos, cristianos, musulmanes y drusos. Después del 7 de octubre de 2023 comprende que el amor es la única respuesta posible a ese gran dolor y se compromete a amar a todos los que la rodean, sobre todo a través de la escucha, para poder acoger al otro en su corazón. Escuchar con amor y humildad, y comprender lo que el otro tiene que decir, sea árabe o judío. Así, con una gran parte de sus compañeros, han llegado a estar tan abiertos recíprocamente que pueden hablar libremente de la situación, y esto ha dado valor a otros colegas para expresar sus miedos y dolores, manteniendo el grupo unido y permaneciendo en la paz[2].
Son muchas las historias de comunidades heridas que no se rinden, que encuentran día tras día, viviendo la reciprocidad de compartirlo todo, la fuerza para creer que el odio no puede tener la última palabra.
Aunque no seamos nosotros quienes veamos los frutos de nuestro compromiso, cada vez que nos levantemos contribuiremos a formar “hombres nuevos”, porque —como decía Bonhoeffer desde la cárcel poco antes de morir—: «Para quien es responsable, la pregunta última no es cómo salgo adelante heroicamente en este asunto, sino: ¿cuál podrá ser la vida de la generación que viene?».
Pedro, Santiago y Juan suben a un monte alto con Jesús y allí ven la gloria del Maestro y oyen la voz del Padre que lo reconoce como Hijo.
Una experiencia extraordinaria, cara a cara con Dios, que permite a su criatura conocerlo en su esplendor. El temor los ha hecho caer en tierra, pero Jesús los toca y les dice:
«Levantaos, no tengáis miedo».
El verbo levantarse es el mismo con el que el Evangelio suele expresar la resurrección, así como «no temáis» son las primeras palabras que el Resucitado dirige a las mujeres junto al sepulcro vacío después de saludarlas [1]. Así pues, las palabras de Jesús, fuertes y claras, son una decidida invitación a una vida nueva, que es posible para los discípulos con el toque de su mano.
También nosotros nos vemos a veces frenados por nuestros miedos, apesadumbrados por las pruebas de la vida, por situaciones sin salida. No podemos contar solo con nuestras fuerzas para recuperar el impulso del testimonio, sino más bien con la gracia de Dios, que siempre nos precede.
«¿Quién no pasa por pruebas? Estas adquieren el cariz del fracaso, de la pobreza, de la depresión, de la duda, de la tentación… […] También da miedo la sociedad materialista e individualista que nos rodea, con guerras, violencia, injusticias… Ante estas situaciones puede insinuarse también la duda: ¿dónde ha ido a parar el amor de Dios? […] Jesús ha entrado de verdad en cada dolor, ha cargado con todas nuestras pruebas […] Él es Amor, y es propio del amor expulsar todo temor. Cada vez que nos asalte un miedo, que estemos agobiados por un dolor, podemos reconocer la verdadera realidad que se esconde ahí: es Jesús, que se hace presente […] dejemos que entre en nuestra vida. Y luego, sigamos viviendo lo que Dios quiere de nosotros, lanzándonos a amar al prójimo. Descubriremos que Jesús es siempre Amor. Así podremos decirle, como los discípulos: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”» (Mt 14,33)[2].
«Levantaos, no tengáis miedo».
Quien ha hecho la experiencia de encontrarse con Dios en su vida queda fascinado por su presencia, tocado y curado por su Palabra. Con frecuencia, el testimonio de una comunidad cristiana acompaña en esta aventura divina y da ánimos para levantarse, para salir de uno mismo y reanudar el camino con Jesús y con los hermanos.
Recogemos el testimonio de una joven siria: «Al final del año pasado mi país vivió una situación muy difícil, y mi ciudad sufrió una ola de caos y de miedo. Estaba profundamente preocupada por mi familia, por mis amigos y por mí misma. En medio de tanta incertidumbre, intentaba mantener firme la esperanza en Dios, procurando ser fuerte a pesar de todo. Antes de estos sucesos, junto con los jóvenes con los que me comprometo a vivir el Evangelio, habíamos planificado varios proyectos de apoyo a familias necesitadas mediante paquetes de alimentos y otras iniciativas.
Pero esta situación nos obligó a suspender temporalmente toda actividad. Al cabo de unos días conseguimos reunirnos: en ese encuentro encontramos la fuerza y el valor los unos en los otros. Decidimos no dejarnos vencer por el miedo, sino poner nuestra confianza en Jesús y reanudar el camino que habíamos emprendido. Con fe compartida, conseguimos ayudar a más de 40 familias que realmente necesitaban ayuda. En medio de esas dificultades sentimos que gracias al amor de Dios y a nuestra unidad podíamos marcar la diferencia.
«Levantaos, no tengáis miedo».
Después de haber subido al monte con Jesús para encontrar a Dios y escuchar su voz, podemos descender con Él para «[…] volver a la llanura, donde encontramos a muchos hermanos que soportan penalidades, enfermedades, injusticia, ignorancia, pobreza material y espiritual» [3].
Como comunidad cristiana, también podemos sufrir y quedarnos confundidos, pero esta Palabra nos empuja a ponernos en movimiento juntos para llevar a todos «los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios y compartir la gracia recibida»[4].