[:it]A Verona, guardando avanti con speranza
Paraguay tiene una historia rica, con grandes potencialidades. Es un mosaico compuesto por las diferencias entre desarrollo y miseria, campo y ciudad. Mi historia personal atravesó diversos momentos: al comienzo la pasión por la humanidad. Mi primer trabajo a los 14 años, después los corredores de la Universidad y el encuentro con los gen, luego las marchas contra la dictadura y los primeros pasos en la política de partido. A continuación la segunda etapa, la de la “desilusión”: las traiciones, las incoherencias, mi propia incapacidad en la actividad política. La sensación de no poder hacer nada para cambiar verdaderamente las cosas. La tercera etapa, fundamental, ha sido la de la “elección”, la elección de amar siempre que me impulsaba hacia una política activa, entendida como medio de transformación de la sociedad. En el 2000, después de un trabajoso proceso, con un grupo de amigos que ya estaban comprometidos en el ámbito del desarrollo sostenible, he constituido una organización. Nació de esta manera la “Fundación Yvy Porậ” (tierra hermosa) que, en seis años de vida, promovió el desarrollo de decenas de proyectos en Paraguay, sosteniendo a comunidades de pequeños empresarios, campesinos, artesanos e indígenas, en centros urbanos y rurales. Sin embargo yo no me sentía satisfecho. Deseaba hacer algo más. De esta forma, junto a otros políticos, me comprometí en la preparación del Encuentro latinoamericano de intendentes que tuvo lugar en Rosario, Argentina, promovido por el Movimiento Político por la unidad. Nos parecía la ocasión justa para presentar a la sociedad paraguaya la fraternidad como doctrina política. Recurrimos al elenco de los intendentes para invitarlos a esta manifestación. Por las respuestas y la adhesión obtenida nos dijimos: ¡“Es un Paraguay nuevo, un país resucitado, que trabaja en silencio y nosotros queremos ponerlo en luz”! Y justamente esta realidad fue subrayada por un diario de gran difusión nacional, que así tituló una página dedicada a este encuentro: “El otro Paraguay”. En este encuentro participaron más de 1000 políticos, – de diversos Países de Latino América – de los cuales 119 son intendentes, 168 asesores y miembros de consejos comunales, parlamentarios, funcionarios locales y nacionales. Contagiados por el espíritu de este encuentro, los 16 intendentes de Paraguay que participaron, propusieron a otros intendentes un proyecto de colaboración entre varios Municipios. En ocasión de la “Jornada de la amistad en Paraguay”, el 30 de julio de 2005, establecieron un Protocolo de entendimiento y de colaboración fraterna para sostener y promover un intercambio de políticas de desarrollo local. Este acuerdo, sin precedentes en Paraguay, fue firmado por 22 Municipios. Después de estos encuentros hemos dado vida a reuniones periódicas de profundización de la doctrina de la fraternidad entre políticos y estamos construyendo una escuela paraguaya de formación cívica y política para jóvenes.
Ante una solicitud de ayuda imprevista para un proyecto del Banco Internacional de Desarrollo para Sudamérica: nace como respuesta el «Plan Esperanza», un proyecto social que asumirá grandes dimensiones. Hace diez años empecé a trabajar en el Banco Internacional de Desarrollo, que tiene como radio de acción toda Sudamérica, incluido Brasil. Al inicio el Banco estaba especializado en crédito para Infraestructuras: construcción de calles, de centrales hidroeléctricas y de otros grandes proyectos. Con los fondos provenientes de las utilidades se concedían créditos no reembolsables para estudios macroeconómicos y para la evaluación del impacto ambiental. Después de un año de trabajo, recibí la visita de algunas personas muy humildes, agotadas, después del largo viaje. Leí su proyecto y su solicitud de financiamiento, pero enseguida me di cuenta de que no correspondía con el tipo de proyectos previstos por el banco. Simplemente tenían necesidad de ayuda para sobrevivir. Venían de una zona cerca de la frontera con Perú. Debido a la guerra nadie les prestaba atención. Mirándome con ojos llenos de esperanza, me dijeron: «Sabemos que usted puede ayudarnos». Dentro nació dentro de mí una plegaria: «Dios ayúdame a ayudarte en estos hermanos». No sabía por dónde empezar. La única persona que habría podido hacer algo era el Presidente Ejecutivo. A menudo venía a Ecuador. A su primera visita le mostré, como siempre, los grandes proyectos realizados y al final le dije: «Tengo algo muy especial que proponerte». Le mostré las dos páginas y le hablé del proyecto. Ante sus objeciones le hice una propuesta: «Hagamos una excepción. Déjame trabajar en este proyecto. Es un proyecto social muy pequeño». «Pero esto quiere decir que tengo que asumir personal que lo siga y no lo puedo hacer», replicó. «Me encargo yo» -estaba decidida-. «Dame sólo el permiso para la excepción y el resto lo arreglo yo». «Está bien -concluyó- que sea una excepción». Muy contenta, salí para la frontera y empezamos a trabajar en el proyecto. Después fui a hablar con el Presidente de la Conferencia Episcopal y con todos los Obispos. Aceptaron inmediatamente. Les propuse: «A este punto debemos hablar con el Presidente de la República». Nos pusimos de acuerdo, pedimos la cita y fuimos a presentarle la propuesta del proyecto social. Quedó muy sorprendido pero lo aprobó. Gracias a los fondos recibidos, hemos podido realizar hospitales psiquiátricos, otro hospital para personas con enfermedades incurables, hemos trabajado mucho con los indígenas para procurarles agua, estamos interviniendo en las escuelas en todo el territorio nacional. Nació así el «Plan Esperanza». Seguido, poco después por el «Plan Esperanza 2». Últimamente la experiencia vivida ha ido más allá, y un gobierno europeo le ha confiado a nuestra institución el fondo para la conversión de la deuda externa para desarrollar proyectos en el área educativa y social. En el 2000 las Naciones Unidas se propusieron como objetivo a realizar a favor de la infancia, para la próxima década, la alfabetización y la educación de los niños entre los 0 y los 15 años en todos los países en vías de desarrollo. Seguimos trabajando para que esta meta se alcance verdaderamente. (C. C. – Ecuador)
Durante casi 11 años fui fiscal, especializada en antinarcóticos, en Colombia. Tuve que seguir numerosos casos contra el crimen organizado, con el 98%, de resultados positivos. Siempre fui consciente que, cada delito toca la vida de un hombre, de una familia, y que por lo tanto exigen respeto, amor, consideración; a pesar de la gravedad, penalmente relevante, de los actos cometidos. Me sentía feliz en una tarea que me daba la posibilidad de hacer una experiencia continua con Dios, y realizada, personal y profesionalmente, además de tener una cierta seguridad económica. Contaba, también con un excelente equipo de trabajo: expertos investigadores con grandes valores humanos y profesionales. Pero la corrupción trataba de infiltrarse, más que nunca, en todos los ambientes públicos de la justicia. Mi actuar radical y recto arrastraba a todo el grupo de trabajo; por esto las investigaciones se realizaban con pleno respeto de la ley. Un día “tocamos” a alguien que se consideraba intocable. El ofrecimiento no se hizo esperar: varios millones, que podrían dar serenidad a nivel económico. No podía, ni quería ceder, pero tampoco podía seguir como si nada hubiera pasado. Desde ese momento muchas cosas cambiaron para mí; en el trabajo, en la familia y en la vida cotidiana. Frente al rechazo de la oferta, llegaron numerosas amenazas, presiones por parte de los superiores y finalmente la carta de despido, junto con uno de mis mejores investigadores que, como yo, no había cedido a la corrupción. Probé mucha amargura en el corazón, desconfianza y desilusión. Vivía sola con mis dos hijos porque mi esposo me había abandonado. Mirando a mis hijos, indefensos, pensé que todo lo que Dios permite es para nuestra santificación. Sentía que estaba pagando el precio por permanecer en el camino justo. De acuerdo con ellos nos propusimos reducir todos los gastos. Estábamos serenos porque teníamos la certeza del amor inmenso de Dios. Pedí a Dios la fuerza necesaria para perdonar a quienes me obligaban a cambiar el tenor de vida que había tenido hasta ese momento. Esforzándome en vivir “una amnistía completa en el corazón”, encontré la verdadera felicidad y la fuerza para recomenzar. Con el dinero que quedaba de la liquidación y algunos ahorros, compré una buseta escolar. Mi primer turno, como conductor, iniciaba a las 4:45 de la mañana para transportar niños a diferentes colegios. Me costaba pasar por los lugares donde sabía que podía encontrarme con mis antiguos colegas o superiores. Rápidamente circuló la noticia que la “fiscal”, llamada la “dama de hierro”, trabajaba como conductor” algunas burlas y comentarios desagradables llegaron a mis oídos. Después de casi un año, un profesional que conocía, me pidió que le colaborara en la preparación de un trabajo para la Oficina de la ONU contra las drogas. Esto me permitió entrar nuevamente en el campo de mi especialización, aún con una mínima retribución, colaborando con personas de toda América Latina y del Caribe. El Organismo internacional apreció mi profesionalidad y seriedad y me asumió con un sueldo digno. Ahora estoy también capacitando a mis colegas de la Fiscalía. Al comienzo, conociendo el modo poco correcto de actuar de algunos y las apreciaciones hacia mí, tenía temor de enfrentarlos. Le pedí a la Virgen que me diera la humildad necesaria para olvidar el pasado y no juzgar. No ha sido fácil pero siento muy fuerte el amor de Dios por mí y por mi familia. (D. L. – Colombia)
Ante un mundo lacerado por múltiples conflictos políticos, étnicos y religiosos en curso, 45 Obispos de varias Iglesias, amigos del Movimiento de los Focolares, provenientes de 20 países, de Etiopía a Finlandia, de Australia a India, del Sur al Norte de América , están ofreciendo, con su encuentro, un testimonio de que es posible la comunión, en el respeto de la diversidad de las tradiciones, es más, para los cristianos hoy ésta es un deber. Este 25° Congreso ecuménico de los Obispos, entre quienes se encuentra un obispo de Líbano, quien acaba de salir de la guerra, se desarrolla del 20 al 27 de septiembre en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo con el objetivo de profundizar -como lo propone el tema- el amor por Cristo crucificado y abandonado como vía indispensable para avanzar hacia la plena comunión visible entre los cristianos, y para promover en el mundo la fraternidad universal. Los obispos este año han querido encontrarse cerca de Roma, para poder estar en contacto directo con S.S. el Papa Benedicto XVI. En años anteriores se han reunido en lugares altamente significativos, como en Estambul, donde los obispos pudieron encontrar al Patriarca ecuménico Bartolomé I, y en Bucarest en el Patriarcado rumano ortodoxo donde fueron acogidos por el Patriarca Teoctist. El actual grupo de Obispos, pertenece a 22 Iglesias y Comunidades Eclesiales de Oriente y de Occidente, el Papa los recibió el domingo a mediodía para la oración del Ángelus y un saludo personal. El Card. Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los Cristianos, recién llegado de la primera sesión plenaria de la Comisión internacional con la que en estos días se reinició, en Belgrado, el diálogo internacional entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, este martes se dirigió a los Obispos para hablarles sobre «Los cambios en la escena ecuménica con especial referencia a la ortodoxia». Un aporte muy esperado proviene de una reflexión de Chiara Lubich, fundadora y presidente del Movimiento de los Focolares, quien afrontó el pasaje de la «noche colectiva y cultural», en la que se encuentran hoy vastas áreas de la sociedad, y una renovada presencia de Cristo en medio de hombres y mujeres, capaz de suscitar entre individuos y pueblos una ola de amor, de cooperación y de participación. La visita a las Catacumbas, símbolo de las raíces comunes de la Cristiandad unida, y el encuentro con las varias comunidades presentes en Roma -católica, ortodoxa, anglicana, evangélico-luterana- fueron ulteriores estímulos para proseguir en el camino hacia una más profunda comunión y un testimonio coherente y convincente ante el mundo. El Congreso ha sido alimentado por la «espiritualidad de la unidad», típica del Movimiento de los Focolares, acogida por fieles de diversas Iglesias como una espiritualidad ecuménica, que contribuye a instaurar un «Diálogo de la vida» entre individuos, comunidades, grupos y Movimientos. Estos Congresos, sostenidos desde un inicio por la bendición de los respectivos jefes de las Iglesias -sobre la base del compromiso de poner en práctica el Evangelio y, primero entre todos, el Mandamiento nuevo de Jesús (cf Gv 13, 34) – promueven entre los Responsables de las varias Iglesias un espíritu de comunión que, especialmente en los últimos años, repercute cada vez más en el Cristiandad.
Con una consigna comprometedora, proyectada hacia el futuro, al 2009, se concluyó la gran manifestación de Budapest. «Ahora el reto pasa a cada uno de nosotros: ¡nuestros países, nuestras ciudades nos esperan!». Valeria Ronchetti y Giuseppe Di Giacomo, entre los más estrechos colaboradores de Chiara Lubich anuncian: «Chiara Lubich ha tenido una idea -prosiguen-: ¿por qué no conectar, un día preciso en el 2009, todas nuestras ciudades en una red que muestre tantos fragmentos de fraternidad realizada?». La manifestación ya tiene un título: «Muchas ciudades hacia un mundo unido». Una propuesta acogida con gran entusiasmo. Se abre por lo tanto un nuevo escenario, después de haber mostrado en el curso de la manifestación de Budapest, cuál puede ser el impacto innovador de la fraternidad en el mundo económico (presentado en la mañana) y los intentos de respuesta a los desafíos presentados por la comunicación, a la difundida llaga de la ilegalidad y la corrupción, a la crisis de la política (en la segunda parte de la jornada). La fraternidad, como antídoto a la difundida praxis de la ilegalidad y la corrupción ha sido el argumento central de la mesa redonda dedicada al Derecho. Simone Borg, docente de Derecho Internacional en la Universidad de Lovanio, en Bélgica, habló de la justicia no sólo represión. El sentido de la fraternidad -dijo- exige hacerse cargo de las situaciones de sufrimiento social, moverse para eliminar las causas, no callar ante las injusticias. Caminos no fáciles, pero transitables. Como lo demostró Marisa Gentiletti, argentina, graduada, madre de dos hijos, quien vio desaparecer a su sobrinito de 8 años. En un país donde existe un vacío legal que no garantiza la intervención inmediata de la policía, Marisa puso en movimiento una vasta campaña de concientización e iniciativas concretas en defensa de los menores que ha impactado a la opinión pública, las instituciones y la policía. Comunicación. Fraternidad, en este campo crucial, significa un modelo de comunicación que tiene como objetivo el mundo unido. La premisa es el valor de la dignidad humana, el método el diálogo, la norma el amor, que puede transformar radicalmente la comunicación. Estos son sólo algunas de las líneas trazadas por Manuel Bru, docente en la Universidad San Pablo – CEU de Madrid, España. Entre las aplicaciones en el campo: Geert Vanoverschelde, belga, entre los responsables de una importante empresa de producción televisiva, demostró como es posible conjugar calidad, programas positivos y éxito con la audiencia. La fraternidad abre un nuevo horizonte también al mundo de la política. Es ésta la experiencia del Movimiento Político por la Unidad (Mppu), presente hoy en 15 países, definido como «un laboratorio internacional de trabajo político común, entre ciudadanos, funcionarios públicos, estudiosos, políticos comprometidos en varios niveles, de inspiraciones y partidos diversos, que ponen la fraternidad como base de sus vidas». Lucía Fronza Crepaz, ex – diputada en el Parlamento italiano y Presidente del MPPU ilustró sus finalidades y concreciones. Entre los varios testimonios, tuvo particular relieve el de Cesar Romero, asesor de programas de desarrollo para los campesinos de Paraguay, comprometido en sanar los fuertes desequilibrios sociales. Mediante el Movimiento Político por la Unidad ha logrado poner en acto un protocolo de acuerdos y colaboración para sostener y promover un intercambio de políticas de desarrollo local, al que han adherido 22 ciudades. Significativa la coreografía final, cuyo título era «El alba sobre la ciudad». Desde esta ciudad de Budapest, que en el ’56 vivió horas dramáticas marcadas por la violencia, a distancia de 50 años, parte un nuevo impulso de renovación, de fraternidad, de esperanza que se irradiará en las muchísimas ciudades de los 92 países de los 5 continentes aquí representados.
«En el mundo de hoy marcado por dramáticas tensiones, el Movimiento de los Focolares propone, también por medio de esta iniciativa, la fraternidad como posible camino a recorrer para llegar a la paz». Es con este mensaje del Papa Benedicto XVI, leído por el Card. Petér Erdõ, arzobispo de Budapest y Primado de Hungría que, en el SportArena de Budapest, repleto con más de 11.000 personas prevenientes de 92 países, se abrió la gran manifestación que con ideas, experiencias e iniciativas concretas, propone la fraternidad como respuesta a los muchos desafíos de hoy. El Papa animó a los voluntarios «a proseguir con la obra desarrollada hasta ahora con tantos frutos, encarnando en la realidad de cada día el Evangelio del amor». En el modernísimo gimnasio húngaro estaban presentes, entre los seguidores de otras religiones, un numeroso grupo de musulmanes provenientes de Argelia, cristianos de diversas denominaciones, y miembros de 13 Movimientos y nuevas comunidades católicas, personalidades civiles y religiosas, como el vicepresidente del Parlamento húngaro, Péter Harrach. Este evento fue precedido por una doble jornada en la que se reunieron en la capital húngara más de 9000 «voluntarios de Dios», ramificación de los Focolares, comprometidos en la renovación de la sociedad, con ocasión del 50° de su nacimiento, como respuesta a los trágicos «hechos de Budapest». A 50 años de distancia de dichos eventos, la fundadora de los Focolares hace una lectura actual de la situación mundial: percibe los signos de una humanidad envuelta por una «noche oscura cultural y colectiva». En su mensaje, leído por una de sus primeras compañeras, Valeria Ronchetti, Chiara Lubich habla de «una noche que ha descendido cada vez más sobre la humanidad, especialmente en Occidente», donde predomina el relativismo y la ética ya no tiene la capacidad de gobernar el ritmo vertiginoso de los descubrimientos científicos y tecnológicos. Un Occidente en búsqueda de «ideas fuertes, de un ideal que abra un camino a los numerosos y angustiosos interrogantes, que muestre un luz para poder seguir». Haciendo eco a Juan Pablo II, Chiara indica el camino en el «drama de un Dios que grita: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?'». «Es su pasión interior, es su noche más negra, el ápice se sus dolores». Un drama que abre perspectivas de luz: «Si logramos encontrarLo en cada dolor, si Lo amamos dirigiéndonos al Padre como Jesús en la cruz: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46), entonces con Él la noche será parte del pasado, la luz nos iluminará». «El Movimiento -agregó- posee una riquísima experiencia», que en estos últimos años ha tenido un nuevo desarrollo.
Chiara habla de «inundaciones de luz – para usar un término de Juan Crisóstomo, gran Padre de la Iglesia- que iluminan la cultura de hoy en sus varios aspectos», fruto del diálogo que el Movimiento de los Focolares ha entablado, desde hace algún tiempo, entre la sabiduría que ofrece el Carisma de la Unidad y los distintos ámbitos del saber y de la vida humana»: de la política a la ecología, de la comunicación a la salud, al derecho y la economía. Desarrollo suscitado por la acción del Espíritu que «precisamente en este tiempo, ha sido generoso, irrumpiendo en la familia humana con varios carismas a partir de los cuales han nacido Movimientos, corrientes espirituales, nuevas comunidades, nuevas obras». No es una novedad que «experiencias civiles y económicas tengan su origen en corrientes espirituales nacidas de carismas. La historia de la humanidad está constelada de las mismas». Dijo Luigino Bruni, docente de economía política en la Universidad Bicoca de Milán (Italia), quien introdujo la primera de las 4 mesas redondas, que afrontaron los retos presentados por la economía, la justicia, la comunicación y la política. Es «delante del escándalo de un mundo edificado con lujosos rascacielos y barracas deshumanas», que durante un viaje de Chiara Lubich a Brasil, en el ’91, «se enciende la chispa inspiradora de aquella que seguidamente será llamada Economía de Comunión». Sus protagonistas son cientos de «empresas modernas, eficientes, que trabajan dentro de la economía de mercado», dando vida también a polígonos empresariales. La novedad: destinan las utilidades al crecimiento de la empresa y por lo tanto a la creación de empleos; a la formación de hombres nuevos aptos para esta nueva cultura; para sostener a quien se encuentra en una situación de necesidad inmediata. No sólo. Toda la «praxis económica y administrativa de la empresa está inspirada en la comunión». La finalidad: llegar a que no haya ningún indigente. «Una novedad de vida, pero también de pensamiento, una novedad doctrinal». De ello habla Kelen Leite de Brasil, joven investigadora, una de los casi 200 jóvenes que han publicado tesis de doctorado sobre la Economía de Comunión. «Y ahora -afirma- algunas universidades enseñan esta materia junto con los nuevos modelos de economía social y civil». La prueba de los hechos: también durante la grave crisis económica que en el ’97 sacudió toda Asia, un banco rural de Filipinas, nacido para sostener a los campesinos, y administrado según los criterios de la EdC, no sólo sobrevivió, sino que tuvo la intrepidez de realizar un proyecto de micro-financiación o préstamo a los pobres sin garantía. A partir de allí ha nacido una nueva Agencia de Crédito todavía hoy floreciente. Es el testimonio de Tess y Francis Garzón, del Consejo Administrativo del Bangko Kabayan. El proyecto «Fraternidad con África» – Una posibilidad abierta a todos para contribuir a una nueva economía. El proyecto, presentado al final de la mañana, tiene como fin hacer crecer los recursos humanos y profesionales en África, de modo que los africanos mismos puedan contribuir a su propio desarrollo social y cultural. Serán asignadas a jóvenes y adultos africanos, que no tienen los recursos, becas a nivel universitario o para cursos de especialización profesional: quienes se beneficiarán con tales aportes que comprometerán, terminando los estudios, a trabajar, al menos por un período en su país. En la tarde se afrontaron otros tres retos propuestos por los mundos de la justicia, de la comunicación y la política.
En Budapest, el sábado 16 de septiembre, se mostrará la novedad y el pensamiento que está emergiendo en el mund
o de la economía, del derecho, de la comunicación y de la política. Una novedad que tiene su raíz en la primacía de Dios, en la radicalidad del Evangelio, vivido en la vida cotidiana de miles de personas de diversos contextos culturales, suscitada por el carisma de la unidad de los Focolares. En primera fila «los voluntarios de Dios», (ramificación de los Focolares) comprometidos en la renovación de la sociedad. En un clima de fiesta empezó la doble jornada (14-15 de septiembre), titulada «50 años al servicio de la humanidad», que ha reunido a 9.000 voluntarios de todo el mundo en el modernísimo gimnasio «SportArena», de la capital húngara, para volver a las raíces de su historia y relanzar su compromiso en la renovación de la sociedad. Budapest 1956 – Sus raíces se ahondan en un momento histórico dramático revivido con emoción durante la apertura del encuentro: la invasión de las tropas rusas que en noviembre de 1956 sofocaron el anhelo de libertad del pueblo húngaro. En el SportArena resonó la voz de Pío XII quien en un mensaje radial lanzó un llamamiento: devolver «a los Parlamentos, a las casas, a las oficinas, a Dios, fuente de todo derecho, justicia y libertad». Fueron recordadas las palabras de Chiara Lubich, al dar inicio a la aventura de los voluntarios y de las voluntarias: «Si ha habido una
sociedad capaz de quitar el nombre de Dios (…) del corazón de los hombres. Debe haber una sociedad capaz de volverlo a poner en su lugar. Son necesarios auténticos discípulos de Jesús, un ejército de voluntarios, porque el amor es libre». Budapest 2006 – Chiara Lubich, en un mensaje, recordando estas raíces, trazó el perfil del voluntario hoy, mostrando una singular sintonía con el Papa Benedicto XVI, y con su llamado de estos días, en Munich, de responder a los desafíos del momento histórico actual que más que nunca tiene necesidad de Dios, y hacer de Él «la fuerza determinante para nuestra vida y nuestro actuar», «para que la justicia y el amor lleguen a ser fuerzas decisivas en el ordenamiento mundial». Chiara recordó la meta que ella propuso hace 50 años: «formar un bloque de hombres de todas las edades, razas, condiciones, unidos por el vínculo más fuerte que existe: el amor recíproco, el amor que funde a los Cristianos en una divina unidad». Una meta que considera actual «en sociedades trastornadas como las nuestras, y sin embargo repletas de anhelos y de potencialidades». Chiara subrayó la vocación de los voluntarios, quienes -en cuanto laicos- viven «en las condiciones ordinarias de la vida familiar, laboral y social», que es «tan totalitaria, tan libre, tan esencial» y los llamó, hoy, «en el siglo XXI, a emular a los primeros cristianos», a «edificar, como fermento en la masa, ‘cielos nuevos y tierras nuevas’ renovadas por la luz del Evangelio». Fueron recorridas las etapas más significativas de la historia de los voluntarios, en el camino que ha precisado su vocación específica. Se recordaron las primicias que se remontan a los años ’40, a los inicios de los Focolares, cuando Chiara Lubich empezó su aventura espiritual junto con sus primeras compañeras precisamente entre los más pobres, con el objetivo de resolver el problema social de Trento, y con la certeza de que «la revolución evangélica es la más potente revolución social». Seguidamente se presentaron las figuras de los pioneros de los «voluntarios de Dios», testimonios de un gran amor por la humanidad y de la capacidad de construir en el ambiente donde cada uno está, auténticos fragmentos de «fraternidad social». En estos días seguirán los testimonios y de las gritas de esta vida emergerá el impacto social del Evangelio vivido en lo cotidiano, en los más diversos contextos culturales. Los responsables de la manifestación comunicaron los datos actualizados relativos a la manifestación del 16 de septiembre: 11.700 participantes, de 92 países, de los 5 continentes. Además de 3.800 de Italia, alrededor de 600 de Asia, 170 de Medio Oriente, más de 1300 de las Américas, 130 de África, 40 de Australia. La previsión de una representación de: 13 movimientos eclesiales y nuevas comunidades, – cristianos de diversas Iglesias – seguidores del Islam y de otras religiones Entre las personalidades civiles y religiosas se espera: – El Primado de Hungría, Arzobispo de Esztergom-Budapest, y Presidente de la Conferencia Episcopal, Card. Péter Erdõ – El Vicepresidente del Parlamento Húngaro, Péter Harrach – El embajador de Italia en Hungría, Paolo Guido Spinelli – El Secretario General de la Iglesia Reformada de Hungría, Zoltán Tarr – El Presidente de la Iglesia Evangélica de Hungría, obispo János Ittzés
Soy portadora de una discapacidad auditiva y visual, resultado de una enfermedad que mi madre contrajo durante el embarazo. Conforme crecía, me daba cuenta de que era diferente de los demás. Me sentía marginada y sufría mucho. quería participar, ayudar, pero a menudo las personas a mi alrededor me dejaban de lado, decían que yo no era capaz, que nunca lo lograría. Empecé a esforzarme mucho en los estudios, pensando que así sería aceptada. Pero todavía me faltaba algo y a veces, llorando, me preguntaba: «¿Por qué tuvo que suceder esto? ¿Por qué Dios quiso esto para mí?». A los 25 años fui invitada a participar en un encuentro, realizado por un sacerdote, para personas con dificultades auditivas como yo. Él tenía en su mano el Evangelio que trataba de explicar con muchas dificultad porque no conocía el leguaje de signos. Me ofrecí a ayudarlo e ilustré las palabras de Jesús: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado». Cuando concluyó el encuentro, reflexioné sobre esas palabras: tenía que empezar a amar como Jesús, a perdonar como Jesús. Conocí a algunas personas del Movimiento de los Focolares y empecé a participar en los encuentros, junto con los jóvenes, tratando de poner en práctica el Evangelio. La pregunta que me había planteado muchas veces -¿Por qué, Dios mío?- finalmente había encontrado una respuesta. «Para amar mejor a Dios, yo tenía que ser un instrumento de Su amor en el mundo». Entendí cuan importante era ver y escuchar con el corazón. En la escuela Ahora soy profesora y, desde que empecé en este trabajo, he sentido la exigencia de desarrollar mi actividad de un modo nuevo. Trabajé en una escuela para personas con déficit auditivo, allí colaboraba para introducir un método centrado en la cultura de la persona sorda, utilizando el lenguaje de signos como apoyo del idioma portugués. Paralelamente, fui adoptando otro método, basado en el «arte de amar», que me hacía amar a todos, ser la primera en amar, «hacerme uno» con cada uno, de modo que cada alumno se sintiera una persona especial. Un día la directora convocó a todos los profesores, y me pidió que ilustrara mi método. Hablé de cómo trataba de comprender la vida de los estudiantes, hasta legar a ser una cosa con cada uno. Los colegas estaban muy impresionados y muchos de ellos, después de esto, quisieron cambiar de método. En el catecismo Hace algunos años participé en una Misa donde diversos muchachos sordos recibieron el Sacramento de la Eucaristía. Me di cuenta de que no entendían bien lo que estaban haciendo porque no habían sido preparados adecuadamente. Después de un período de práctica en Italia, en un Instituto para personas sordas, decidí ocuparme de la catequesis para las personas que no oyen en mi parroquia. Los resultados han sido inmediatos, he usado el lenguaje brasileño de signos, basando las lecciones en el texto de la Misa dominical. Enseguida después fui invitada a coordinar todos las actividades de este tipo en la provincia de Paraná (Brasil), que comprende 16 diócesis y he empezado a reunirme periódicamente con los catequistas. Me siento realizada, feliz, porque me doy cuenta de que la Espiritualidad de la Unidad me ha abierto el camino para contribuir a la construcción de una humanidad renovada con el amor. R. A. (Brasil)
«Estuvimos en Viena. Visitamos a grupos de prófugos: El mundo verdaderamente sintió la tragedia de ese pueblo y corrió en su ayuda. Los prófugos, de hecho, pudieron tener muchas cosas: alimentos, dulces, ropas, refugio, cortesía, y sobre todo un respiro de libertad. Uno de nosotros se acercó a un muchacho de diez y seis años. Aún tenía su pistola. Había sido herido en un combate y se mostraba orgulloso de haber matado a diez y seis. Pero cuando nos interesamos por él más profundamente, comenzó a llorar y expresó su deseo de volver a ver a su mamá. Se le preguntó si conocía a Dios. Respondió decididamente que no. Después continuó diciendo que había escuchado blasfemar tanto a su madre como a su padre y, como había sido educado de esta manera, se habría sorprendido que la madre lo hubiese invocado al comienzo de los desórdenes en Hungría. De todas maneras para él Dios no significaba nada. Tanto para él como para muchos, muchos otros jóvenes que hemos encontrado. Fue frente a esta anulación del nombre de Dios, en aquellas almas, que comprendimos de manera nueva y más profunda por qué el Santo Padre había gritado: “¡Dios Dios, Dios!” “Dios los ayudará, Dios será vuestra fuerza. ¡Dios! ¡Dios! Resuene este inefable nombre, frente a cada derecho, justicia y libertad, en los Parlamentos, en las plazas, en las casas y en las oficinas…” (Radiomensaje de Su Santidad Pio XII del 10.11.1956). Ha habido entonces una sociedad capaz de borrar el nombre de Dios, la realidad de Dios, la providencia de Dios, el amor de Dios del corazón de los hombres. Debe existir una sociedad capaz de volverle a dar su puesto. Dios está, Dios está, Dios está. No sólo porque lo creemos, sino porque, quisiera decir, Lo vemos: pero.. ¿quién ha hecho esta bellísima tierra, quién ha fijado las estrellas en el cielo, quién nos ha dado un alma que siente y distingue el bien del mal, quién nos ha creado? ¡Dios quiere que se salva a El en la humanidad y a la humanidad por El! Es necesaria gente que siga a Jesús como quiere ser seguido: renunciando a sí mismos y tomando su cruz. Que cree en este arma: la cruz, más potente que las más potentes bombas atómicas porque la cruz es una abertura en las almas, mediante la cual Dios entra en los corazones de Sus hijos y los hace atletas. Es necesario hacer un bloque de hombres de todas las edades, razas, condiciones, ligados por el vínculo más fuerte que existe: el amor recíproco que nos dejó el Dios humanizado moribundo, como testamento, ideal supremo e insuperable fuerza. Amor recíproco que funde a los Cristianos en una unidad divina indestructible a los ataques de lo humano y del mal, la única que puede oponerse a la unidad provocada por el interés, por motivos de esta tierra, por el odio. Amor recíproco que significa: hechos concretos, proyección de todo nuestro amor hacia los hermanos por amor de Dios. Es decir, son necesarios discípulos de Jesús, auténticos en el mundo, no sólo en los conventos. Discípulos que voluntariamente Lo sigan, impulsados solo por un iluminado amor hacia El. Gente que esté dispuesta a todo. Un ejército de voluntarios, porque el amor es libre. Es necesario edificar una sociedad nueva, renovada por la Buena Nueva siempre antigua y siempre nueva, donde resplandezcan con el amor la justicia y la verdad. ¡Una sociedad que supere en belleza y en concreción a toda otra sociedad, que sea el sueño hecho realidad por los hombres para los hombres, que sea donada por Dios a Sus hijos que Lo reconocen y Lo adoran como Padre! Una sociedad que testimonie sólo un nombre: Dios. Porque como a aquel prófugo húngaro no le bastaba la libertad, no le bastaba el pan, sino que le era necesaria su madre (pues se trata de regresar a lo puro que da la naturaleza, primer escalón hacia el Creador), de igual manera para cuantos están diseminados en el mundo y creen en el triunfo de ideas aparentemente bellas, pero amenazadas en su base por el ateismo, es necesario el don de Dios. Dios sólo puede colmar el vacío cavado durante tanto años».
Chiara Lubich
(Publicado en Città Nuova del 15/1/1957)
Hiroshima, 21-25 de agosto de 2006 Queridísimos y queridísimas participantes en la Asamblea de los jóvenes de las Religiones por la Paz: Sé que se han reunido en Hiroshima de todos los continentes del mundo para manifestar y trabajar a favor de la paz. A todos mi más caluroso saludo y el augurio de que esta asamblea sea rica de propósitos y de frutos concretos. No es necesario que me alargue sobre la importancia de cuanto están haciendo en estos días. La trágica situación de un mundo que añora la paz, pero que no la sabe encontrar, está ante los ojos de todos. Por lo tanto, cada gesto en esta dirección es significativo; todo esfuerzo, todo compromiso, es un aporte. Pero ustedes que son jóvenes creyentes, jóvenes religiosos, tienen -yo diría- una tarea y un papel del todo especial en esta inmensa cantera que es nuestro planeta. Si, porque ustedes, sin importar de cuál religión provienen, están convencidos de que el prójimo, cada prójimo, debe ser amado y respetado. De hecho la «Regla de oro» -así como es llamado este precepto- está presente en los Libros Sagrados de todas las grandes religiones. La misma dice en práctica: haz a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti; desea a los demás lo que deseas para ti; no hagas o no desees a los otros lo que no desearías para ti; no hagas o no desees a los demás lo que te causaría dolor si te lo hicieran a ti. El amor hacia el prójimo, así entendido, es el aporte más esperado y eficaz; es la llave principal para la solución de todo problema, la respuesta fundamental para todo mal. Pero es necesario especificar cuál tipo de amor estamos llamados a llevar al mundo – nosotros que hemos recibido el don de la fe religiosa- es un amor especial, fuerte como la muerte. No es suficiente la tolerancia o la no-violencia, no basta la amistad o la benevolencia hacia los demás. Es un amor que va hacia todos indistintamente: pequeños y grandes, pobres y ricos, de la propia patria o de otra, amigos o enemigos. Exige misericordia y perdón. Después, debemos ser los primeros en amar, tomando la iniciativa, sin esperar ser amados. Y amar no sólo con las palabras, sino concretamente, con hechos, olvidándonos de nosotros mismos para ponernos al servicio de los demás. Y esto comporta sacrificio y esfuerzo. La verdadera paz y la unidad llegarán cuando este modo de vivir sea practicado no sólo por personas en forma aislada, sino juntas, en reciprocidad. En estos días podrán experimentar cuán verdadero es esto, amándose entre ustedes. En la liturgia cristiana se canta que: «donde hay caridad y amor allí está Dios». Dios entre ustedes, que se hace presente por su amor recíproco, les iluminará sobre lo que hay que hacer, los guiará, será su fuerza, su ardor, su alegría. Les unirá como en una red invisible pero potente, también cuando estén lejos los unos de los otros. Por lo tanto amor entre ustedes y amor sembrado en muchos rincones de la tierra entre los individuos, entre los grupos, entre las naciones, con todos los medios, para que el mundo se vea invadido por el amor, también gracias al aporte de ustedes. ¡Ánimo, queridísimos jóvenes! Vayan adelante sin titubear. La juventud, que poseen, no hace cálculos, es generosa. ¡Si todos hacemos así, la humanidad será cada vez más una familia, y podrá resplandecer en el mundo el arco iris de la paz! Estoy con ustedes, Chiara Lubich
“En un tiempo en el que la religión es manipulada por los extremistas, los líderes religiosos reunidos en Kyoto demuestran a todo el mundo la capacidad de las comunidades religiosas de iluminar el sendero de la paz cuando trabajan juntos”, afirmó el Dr. Vendley, Secretario General de la Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz (WCRP), en la conclusión de su VIII Asamblea mundial, en la que participaron más de dos mil personas.
Los 800 delegados, provenientes de más de 100 países, eran exponentes Budistas, Cristianos, Hindúes, Musulmanes, Hebreos, Jainistas, Sikhs, Sintoístas, Zoroastrianos e Indígenas. Entre los musulmanes figuraban personalidades de relieve como el ex presidente iraní Khatami y el príncipe de Jordania, Hassan Talal. Como jede de la delegación hebrea participó el rabino David Rosen, presidente de la Comisión internacional hebrea. Guiaban la representación católica, los cardenales Stephen Fumio Hamao, japonés, y el boliviano Julio Terrazas Sandoval.
Los líderes religiosos de Irak, Corea del Sur, Sri Lanka y Sudán han demostrado la singular capacidad de la Asamblea de reunir a delegados provenientes de zonas en conflicto. Los líderes religiosos chiítas, sunitas y curdos, de Irak, en conflicto en su país, en una declaración conjunta afirmaron: “Hemos hablado con audacia, valentía y con confianza. Ahora caminamos por este sendero de diálogo. Si Dios quiere, alcanzaremos una línea verde de paz para todo Irak”. Los representantes hindúes y budistas, provenientes de Sri-Lanka, se estrecharon públicamente la mano, y han solicitado el cese-al-fuego y el reinicio de las conversaciones de paz.
Como conclusión de la Asamblea, los delegados han adoptado las veinte recomendaciones de una Declaración que “pone a las comunidades religiosas en el centro de los esfuerzos para afrontar localmente la violencia en todas sus formas”. El documento va dirigido no sólo a los líderes religiosos, sino también a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, para llevar adelante la seguridad compartida mediante el apoyo recíproco, la educación, la colaboración con y entre las comunidades religiosas.
Las raíces espirituales del diálogo entre las religiones y su compromiso a favor de la paz han sido el centro del mensaje de Chiara Lubich, una de las presidentes honorarias de la WCRP, representada por una delegación internacional del Movimiento de los Focolares. La presidente de los Focolares puso el acento en el “amor que une”, “aquél que cada uno de nosotros, empezando por sí mismo, puede injertar en todas sus relaciones”. Hasta “hacer resplandecer, juntos, por el amor recíproco, la presencia de Aquél que nos trasciende y que es infinitamente más grande que nosotros”. “Una presencia nueva de Dios que comporta tolerancia, comprensión, perdón, paz, alegría, y que enciende esa llama de amor que fusiona a los hombres en comunión, ilumina el camino de la existencia y no puede no abrir brecha en el corazón de todos”.
Dos sesiones de la Asamblea mundial han dado voz a las mujeres y a los jóvenes de diversos credos. Más de 400 participantes, de 65 países, han concluido la Asamblea de las mujeres de las Religiones por la Paz, el 25 de agosto, con una Declaración en la que se afirma que “las mujeres de fe tienen fuerza y esperanza cuanto todo parece sin esperanza”. La Asamblea de los jóvenes, reunidos en Hiroshima, del 21 al 25 de Agosto, en una Declaración propia, proclamó que elige “la esperanza porque es el único camino para progresar”.
La WCRP, Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz, es el más grande organismo mundial que reúne a líderes y organizaciones de las diversas religiones. Instituida en 1970, se funda en el principio del profundo respeto de las diversidades religiosas. Promueve la cooperación para sanar los conflictos, construir la paz y el desarrollo. Estos grandes encuentros periódicos favorecen sobre todo el conocimiento recíproco y el diálogo.
«El amor que Cristo ha requerido de Pedro, no se circunscribe a un grupo, ni siquiera a la Iglesia Católica: todos son ovejas suyas. Y por ello, el amor va dirigido a todos los cristianos, y este amor exige ante todo la unidad, porque hay mucho sufrimiento cuando una familia está dividida. En este espíritu he concebido mi nueva tarea y la he desarrollado con todo el corazón y con todas las fuerzas -espirituales y materiales- que Dios me ha dado; el Señor me ha bendecido y yo Le agradezco profundamente por haberse servido por tanto tiempo de mi trabajo a favor de Su Iglesia». Este es el testimonio directo del card. Johannes Willebrands, en una entrevista concedida a la Radio Vaticana en 1989, a la edad de 80 años, en el momento en el que dejaba, por motivos de edad, después de 20 años, su cargo como Presidente del Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos. Benedicto XVI: «Un pastor incansable al servicio del Pueblo de Dios y de la unidad de la Iglesia» que ha dado «un nuevo impulso al diálogo ecuménico». Dijo el Papa, ante su fallecimiento, el 2 de agosto pasados, en el telegrama de condolencia, donde agradeció al Señor por la vida del Card. Willebrands. Tenía 97 años. Su labor al servicio de la causa del ecumenismo empezó ya en 1951, 10 años antes del Concilio Vaticano II. Es viva la gratitud del Movimiento de los Focolares: el Card. Willebrands ha acompañado y animado, con su sabia visión, el desarrollo ecuménico del Movimiento desde los años Sesenta. Alguna nota biográfica El cardenal Johannes Willebrands nació en 1909 en Bovenkarspel, en los Países Bajos. Docente de Filosofía y después rector del Seminario Mayor de Warmond, en Holanda, muestra enseguida un vivo interés por la causa de la unidad de los cristianos, organizando en 1951 la Conferencia Católica para los asuntos ecuménicos. En 1958 el episcopado holandés lo designa como delegado para las actividades ecuménicas y dos años más tarde Juan XXIII lo nombra secretario del apenas constituido Secretariado para la Unión de los Cristianos, que durante los trabajos del Concilio Vaticano II se ocupó -bajo la guía del Cardenal Bea- de la preparación de los documentos relativos al ecumenismo, a la libertad religiosa y a las relaciones con las religiones no cristianas. Consagrado obispo en 1964, promueve un gran número de iniciativas para hacer más intenso el diálogo entre la Iglesia católica y las otras Iglesias cristianas, contactando especialmente a ortodoxos, anglicanos y luteranos. En 1969, sustituye al Card. Bea: Pablo VI lo nombra Presidente del Secretariado para la Unión de los Cristianos (que será después el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos), haciéndolo poco después cardenal. El testimonio de los hermanos de varias Iglesias Entre los numerosos testimonios de nuestros hermanos y hermanas de varias Iglesias, recordamos un episodio significativo del que es testigo el pastor evangélico Dieter Fürst. En 1986, recordamos un encuentro del Card. Willebrands con un grupo de evangélicos en el Centro Uno, Centro ecuménico de los Focolares, en Roma, el pastor Fürst refiere que, antes de encontrarse con el Cardenal, tenían el «temor de que la grande, potente Iglesia católica quisiera aplastar la pequeña, débil Iglesia evangélica». El pastor agregó que entre los participantes en este encuentro había también representantes de las Iglesias libres, quienes nutren ese temor en forma especial. Pero la palabra del card. Willebrands fue tan paterna, tan llena de Espíritu Santo, que suscitó entusiasmo en estos hermanos: «el Cardenal presentó la Iglesia y la cristiandad en una dimensión mucho más amplia de cuanto la tuviésemos antes».
Biacout, como todas las aldeas libanesas que todavía no han sido sometidas a bombardeos está repleta de familias refugiadas de las regiones meridionales de Beirut, cristianas y musulmanas, sin distinción. Se trata de una pequeña urbanización piloto, nacida durante la guerra de los años ’80 por obra de personas voluntarias de los Focolares, con el fin de ser un oasis de paz y de convivencia. Hoy vive un nuevo rostro de su «vocación».
En el Centro Médico Social, encontramos a Acia a quien conocimos hace 20 años cuando, con su familia y otro centenar de personas, escapó de su aldea en el sur de Líbano. La encontramos en una playa, sin casa, sin víveres, completamente desprovista. Estuvimos cerca de ella y a partir de entonces la relación se profundizó.
Hoy la historia vuelve a empezar de cero. Acia ha acogido en su casa a tres familias provenientes de su aldea, además de dos viejitos. Su situación precaria no le impide compartir todo con los demás. «Nos las arreglamos como es posible», nos dice. «Menos mal que es verano. Los hombres duermen en la terraza. Pero tenemos necesidad de colchones y sobre todo de medicinas para los niños, para mi mamá y para mi suegra, y también para mi marido». De hecho, hace un año más o menos a su marido se le diagnosticó una esclesosis muscular y está siempre en tratamiento. Después continua: «Hoy otras familias fueron acogidas por mi vecina. Están en condiciones pésimas. Tienen necesidad de todo».
Compartimos lo que tenemos y seguimos nuestra visita. Llegamos a la Casa Notre Dame, que fue construida en plena guerra para ser un lugar de paz, de escucha, de intercambio. Sawsan, la maestra del preescolar, ha acogida a 8 familias musulmanas. Agradecen a «Allah» por estar aquí y esperan poder volver a encontrar sanos y salvos los familiares que viven cerca de la frontera.
«Esperamos que ‘Allah’ queme a todos aquellos que nos asesinan», dice con rabia una de ellas. Pero enseguida: «Es más fuerte que yo, me caliento, me altera lo que esta sucediendo, pero sé que también los otros del otro lado sufren como nosotros por la furia de la guerra». Fatmé recalca: «Todos somos hijos de Dios. Que Allah, el Omnipotente, calme los corazones y los espíritus y nos haga volver a encontrar la paz».
En tanto llega Wardé, una joven cristiana escapada del sur durante la última guerra con el marido y los hijos, para refugiarse en Biacout. Últimamente había regresado al sur. «Henos aquí de regreso a Biacout. ¡Agradezcamos a Dios! Ninguno salió herido ni golpeado. Vivimos juntos, 3 familias. No tenemos nada y tenemos miedo de lo que está sucediendo y de lo que nos espera todavía».
Mientras conversamos, veo entre las manos de algunas mujeres chiítas largos rosarios. Invocan a ‘Allah’ el Grande, alabándolo, dándole gracias. Y es con esta bellísima nota espiritual que nos despedimos.
Wardé nos acompaña, nosotros tratamos de compartir su angustia. Regresamos al auto: en el corazón permanece la dulzura de estos momentos transcurridos juntos en la Casa Notre Dame y el amargo grito de dolor que resuena por doquier.
Desde Líbano nos escriben los responsables del Movimiento: «Por enésima vez aquí, en Líbano, se experimenta que sólo Dios permanece. Acabábamos de terminar de reconstruir tantas estructuras después de la última guerra, bien, han desaparecido en pocas horas. Son ya 500.000 personas del Sur de Líbano y del Este (sobre alrededor de 4 millones de habitantes) que han escapado en menos de una semana. Bombardeos, muertos, heridos, cuanto se ve en la TV es todo verdad. Pero más verdadera todavía es la extraordinaria experiencia que estamos haciendo: sí, todo cae, pero el Amor vence. Después de los primeros momentos de perplejidad, miedo, de tantos ¿por qué?, el amor se ha puesto en circulación, más fuerte que el odio». Cristianos y musulmanes – «También nosotros hemos abierto las puertas de nuestros Centros a tantos de nuestros amigos musulmanes con sus familias, que hemos conocido en los últimos 3 años y con quienes hemos empezado una relación de verdadera fraternidad. Junto a nosotros se han convertido en actores de este amor concreto: ayuda recíproca en la cocina, en la limpieza, haciendo jugar a los niños, yendo a ayudar a otros refugiados». Un designio de Dios – «Líbano, por más que las grandes potencias puedan hacer creer lo contrario, se encuentra en su verdadero designio de Dios: cristianos y musulmanes, verdaderos hermanos. Realmente hay que agradecer a Dios porque del Mal está surgiendo un Bien inmenso. También estos amigos nuestros sienten que aún si el mundo entero nos abandonara, Dios nunca lo hará». La solidaridad no se detiene – «Productos alimenticios de todo tipo, dinero, personas que viven cerca y que aseguran su presencia para cualquier necesidad: en medio del dolor, encontramos la alegría de sentirnos verdaderos hermanos, la experiencia extraordinaria de ser una ‘familia’ nos hace experimentar que el amor reconstruye las relaciones, sana las heridas, disminuye el temor, devuelve la esperanza, trae la paz». Nos ha llegado también la experiencia directa de los jóvenes, comprometidos en primera fila en las acciones de solidaridad que está promoviendo el Movimiento. Escribe J: El reto más difícil – «Quisiera contarles la experiencia de esta guerra desde otro punto de vista: es verdad que es una situación ‘alarmante’, que está yendo para atrás y que tendrá consecuencias terribles para Líbano; es también verdad que no sabemos lo que sucederá en el futuro, y que si sigue así este conflicto podría transformarse en una guerra en Medio Oriente… y nuestra mente podría seguir yendo adelante sin detenerse, PERO, en el momento presente, el reto más difícil es superar la tentación de la impotencia que nos quema lentamente». Salir de sí para ir hacia el otro – «La experiencia que hemos hecho con la comunidad del Movimiento de los Focolares en el encuentro del sábado pasado, y con los jóvenes en nuestro congreso el sábado y el domingo ha sido la de salir de nosotros mismos, pasando de la observación a la acción, e ir hacia los demás, ayudando, amando… quizás solamente en las pequeñas cosas, escuchando a los demás, jugando con los niños. Con algunos jóvenes fuimos a Beirut donde estaban unos 600 refugiados en dos escuelas; les hemos llevado colchones y algunas cosas de las que tenían necesidad». «Es verdad que todo cae, pero todavía es más verdadero que debajo del caos, está Dios que trabaja, sólo es necesario estar atentos. Seguimos rezando pero sobre todo la vida «en todo sentido» en el momento presente» J.
Hemos recibido de la comunidad del Movimiento en Líbano un nuevo testimonio: un retazo del drama que vive la población cristiana y musulmana de ese pequeño país, y del compromiso de paz y solidaridad que vence el temor, el odio y la violencia.
Quien desee contribuir con ayudas en efectivo, puede enviarlas enseguida a la AMU (ver página al final)
El testimonio
Me encuentro en el automóvil. La circulación es muy lenta. Por doquier hay concentraciones alrededor de los supermercados, de los grandes negocios. La gente tiene una mirada apagada o de rebelión. Sola en el auto, vuelvo a ver aquello que creía haber olvidado.
Pegada a la radio que advierte del peligro que puede surgir de un segundo al otro, escucho nuevamente la música de Flash Information Radio Liban, aquella que escuchábamos en los momentos más difíciles y más graves de la larga guerra, aquella que se ha grabado para siempre nuestros oídos, aquella que siegue haciéndonos erizar la piel. «Aquí la redacción: las aldeas de Sur Kleya, Debl, Marjehyoun y tantas otras localidades están en una situación muy crítica. La gente se agolpa en las iglesias, en los salones de los municipios en una situación de extrema precariedad. Hacen un llamamiento para ser ayudados a evacuar enfermos, discapacitados, ancianos, heridos… No tienen víveres ni medicinas, están sin agua y sin electricidad. Es una emergencia humanitaria, la situación no se puede prolongar…».
Después de algunos segundos, otra vez, la misma música, la misma voz grave: «La periferia de Zahlé ha sufrido un intenso bombardeo, la central eléctrica fue dañada…. hacemos un llamado a todas las personas: no circulen si no en caso de extrema necesidad».
Suena el celular (móvil): es una amiga que vive en Achrafieh, Beirut. Me pide que la ayude a encontrar un rincón seguro para su madre…
Sí, la guerra esta vez presenta un nuevo peligro: aniquilar un país, un pueblo… La batalla se combate destruyendo los puentes, las calles, todas las infraestructuras públicas y privadas. Todas las regiones están en el objetivo. Ninguna se salva: el sur, la Békaa, el norte, la costa, Beirut. El peligro está en todas partes. La gente está extenuada. Nos han hecho entender que el final no será mañana.
Pero…
… en este infierno y en este estado de desolación general, hay siempre un rayo le luz, de nuevas energías, para dar esperanza, para motivar y animar…
Como sucede en la IRAP (Escuela de Rehabilitación para sordomudos): la gente llena completamente el salón, los pasillos, las aulas se transforman en campamentos.
Tratamos de establecer contactos para coordinar las ayudas con las instituciones sociales. Rollos de papel higiénico, cobijas (mantas), stock de víveres, medicinas para los pequeños víctimas de violentas diarreas están en camino hacia un centro de acogida en Bourg Hammoud. Colchones, vestidos llegan desde los mismos libaneses para sostener a las familias con niños pequeños.
Intentamos ponernos en contacto con nuestros amigos del sur, aislados sin ninguna ayuda. Pero muchas veces las líneas telefónicas han sido destruidas.
La voluntad de vivir y de hacer vivir no se apaga. También si las posibilidades son limitadas.
Cristianos, Musulmanes, Chiítas y Sunitas, todos corren la misma suerte, y están unidos debido a la violencia que indistintamente se desencadena sobre ellos, están unidos porque son libaneses, porque aman su tierra, porque son fieles a sus raíces.
Es este espíritu de solidaridad que mantenemos vivo. La paz, por la que nos hemos movilizado, sostenidos por la oración, debemos construirla en nosotros a cada momento y recomenzar, recomenzar. Para vencer los sentimientos de temor, odio y violencia que quisieran abatirnos.
Un grupo de jóvenes ha dejado nuestro Centro para ayudar otros. Una de ellas decía: «Aquí hemos vivido ‘momentos de cielo'». Le respondí: «Que cada uno de ustedes lleve el cielo allí donde va».
Es éste el bien más grande que tratamos de donar a quien está a nuestro alrededor. Tenemos necesidad de todo. Muchos han perdido lo que tenían. Pero sobre todo tenemos necesidad de amistad, de solidaridad, de oración.
El ‘País de los cedros’ renacerá una vez más, ¡vivirá! La esperanza de Claudel y la fe de los grandes santos está viva en nosotros. Nuestra señora de Harissa vela sobre este pequeño país, jardín de Dios «pedazo de cielo en la tierra», que cada uno quisiera poseer, como repite el cantor de Líbano.
Nosotros lanzamos un llamamiento a todos nuestros amigos, a los organismos que ya han colaborado con nosotros: pongan en movimiento una cadena de oración, una cadena de ayuda. Movilicen la opinión pública a favor de la soberanía de Líbano. ¡Cada gesto de solidaridad será bienvenido!
Del equipo de la IRAP: Janine y Mona
Como ayudar:
Asociación «Acción por un Mundo Unido»
Ong – Via Frascati, 342 – 00040 Rocca di Papa (Roma) – Italia
c/c bancaria n. 640053 en Sanpaolo IMI, Agencia de Grottaferrata (Roma) ABI 01025 CAB 39140 CIN M
Coord. Bancarias internacionales para depósitos desde el extranjero:
IBAN IT16 M010 2539 1401 0000 0640 053 BIC IBSPITTM – Causa: » Emergencia Líbano «
En Italia se puede usar también la cuenta corriente postal 81065005, siempre a nombre de AMU, indicando la dirección de la ONG y la causa.
La Asociación «Acción por un Mundo Unido» (AMU) es una organización no gubernamental (ONG) que se inspira en la espiritualidad de la unidad del Movimiento de los Focolares y se propone favorecer la fraternidad entre los pueblos, promoviendo proyectos de cooperación para el desarrollo, en el respeto de las realidades sociales, culturales y económicas de las poblaciones.
El amor de Dios incluye a todos, es universal. Abarca al universo entero y presta atención a la más pequeña de sus criaturas. Todo el poema (el Salmo), del cual se tomó esta Palabra de Vida es un himno a él, “grande en el amor”, inclinado sobre cada ser viviente, atraído por sus necesidades.
Cada criatura es retratada en un gesto de invocación: tiene necesidad de alimento y con ello de lo indispensable para su existencia, y Dios abre su mano con generosidad. Se ocupa de cada uno, sostiene al que es débil y corre peligro de caer1, conduce al extraviado otra vez al camino recto.
«El Señor está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad»
No es un Dios ausente, distante, indiferente ante el destino de la humanidad, como tampoco ante el destino de cada uno de nosotros. Lo comprobamos muchas veces. Pero también es cierto que en otros momentos probamos la lejanía y nos sentimos solos, inseguros, confundidos ante situaciones que parecen desbordarnos.
Aparecen entonces la rebelión o el sentimiento de antipatía hacia algún hermano o hermana. Puede que también nos pesen situaciones que se arrastran por años en la familia, en la comunidad de trabajo: pequeñas o grandes diferencias, celos, envidias, tiranías. O que nos sintamos sofocados por un mundo que puede parecernos endurecido por las pasiones, la competencia desmedida, un mundo carente de ideales, de justicia y de esperanza.
“¿Señor, dónde estás?”, parece gritar nuestro corazón. “¿Me amas de verdad? ¿Nos amas de verdad? Si es así, ¿por qué todo esto?”
Es entonces que la Palabra de Vida hace renacer una certeza: no estamos solos en nuestra aventura humana.
«El Señor está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad»
Es una invitación a reavivar la fe. Dios está y nos ama. Puedo y tengo que reafirmarlo en cada acción, frente a cada acontecimiento: Dios me ama. ¿Estoy con alguien?: tengo que creer que a través de esa persona Dios me quiere decir algo. ¿Me ocupo de una tarea?: en ese momento sigo teniendo fe en su amor. ¿Sobreviene el dolor?: creo que Dios me ama. ¿Llega una alegría?: Dios me ama.
El está aquí conmigo, siempre, sabe todo de mí y comparte cada uno de mis pensamientos, cada alegría, cada deseo, sobrelleva conmigo cada preocupación, cada prueba de mi vida.
¿Cómo reavivar esta certeza? He aquí algunas sugerencias.
Lo dice él mismo: invocándolo. El Señor ya estaba en la barca de Pedro cuando estalló la tempestad, y sin embargo los discípulos se sentían solos e indefensos porque él dormía. Entonces lo llamaron: “¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!”2, y él calmó el viento y las aguas.
Jesús mismo, en la cruz, dejó de sentir la cercanía del Padre. Lo invocó con su más angustiosa oración: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”3. Creyó así en su amor, se volvió a abandonar en El, y El lo resucitó de la muerte.
¿Cómo reavivar además la fe en su presencia?
Buscándolo en medio de nosotros. El ha prometido estar allí donde dos o más están unidos en su nombre4. Encontrémonos entonces en el amor recíproco del Evangelio con aquellos que viven la Palabra de Vida, compartamos las experiencias y probemos los frutos de esa presencia suya: alegría, paz, luz, coraje.
El permanecerá con cada uno de nosotros y seguiremos sintiendo que está cerca, y que obra en nuestra vida de cada día.
Chiara Lubich
1) Cf Sal 144, 14;
2) Mt 8, 25;
3) Mt 27, 46;
4) Cf Mt 18, 20.
“Han sido llamados para vivir en libertad” (Gal 5,13). Ese es el anuncio que Pablo de Tarso dirige a los cristianos de las distintas comunidades de Galacia. Un anuncio que reitera las palabras de Jesús cuando decía que nos habría hecho “realmente libres” (Jn 8,36; 3). ¿Libres de qué? Los cristianos de Galacia habían sido liberados de las prescripciones legales de la Ley mosaica, libertad extendida luego a todos los cristianos. Pero, más que eso, hemos sido liberados del pecado y de sus consecuencias: de nuestros temores, de la búsqueda desenfrenada de intereses, los condicionamientos culturales, las convenciones sociales… Somos libres, entonces, cuando observamos las normas de conducta social y religiosa del cristianismo, porque no las sentimos como obligaciones impuestas desde afuera. Para nosotros hay una ley nueva, la “ley de Cristo” (Gal 6 2;4), como la llama Pablo, que está inscripta en nuestro corazón y aflora desde lo íntimo de la persona renovada por el amor de Cristo: una “ley que nos hace libres” (Sant 2,12;5). Una ley que nos da, al mismo tiempo, la fuerza para ponerla en práctica. Somos libres porque nos guía el Espíritu Santo que vive en nosotros. Por eso, esta invitación.
«Los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu (…). Si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley»
En este período de Pentecostés revivimos el acontecimiento del descenso del Espíritu sobre María y los discípulos reunidos en el Cenáculo. Con sus lenguas de fuego derrama en los corazones el amor de Dios (Rm 5,5,6). Esta es la ley nueva: el amor. El Espíritu Santo es el Amor de Dios que, al venir a nosotros, transforma nuestro corazón, infunde en él su mismo amor y enseña a actuar en el amor y por amor. El amor es el que nos mueve, el que nos sugiere cómo responder a las situaciones y a las opciones que debemos tomar. Es el amor el que nos enseña a distinguir: esto está bien, lo hago; esto está mal, no lo hago. Es el amor el que nos impulsa a actuar en función del bien del otro. No somos guiados desde afuera, sino por ese principio de vida nueva que el Espíritu ha puesto dentro de nosotros. Fuerzas, corazón, mente, todas nuestras capacidades pueden “caminar según el Espíritu” porque las unifica el amor y las pone completamente a disposición del proyecto de Dios sobre nosotros y sobre la sociedad. Tenemos la libertad de amar»
«Los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu (…). Si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley»
“Si están animados por…”. Siempre existe el peligro de que algo le impida al Espíritu Santo tomar plena posesión de nuestra mente, de nuestro corazón. Se puede ofrecer resistencia a su voz y a su guía al punto de “entristecerlo” (Ef 4,30;7), e incluso “extinguir” su presencia en nosotros (1TS 5,19;8). Muchas veces preferimos seguir nuestros deseos más que los suyos, nuestra voluntad más que la suya. ¿Cómo dejarnos guiar, entonces, por esa voz que habla en nuestro interior? ¿A dónde nos lleva? El mismo Pablo nos lo recuerda pocos versículos antes: toda la ley nueva de libertad se sintetiza en un solo precepto: el amor al prójimo. Pablo sugiere que ser libres significa hacerse esclavos del otro, ponerse al servicio los unos de los otros (Gal 5, 13-14). Esa voz dentro (el amor) nos impulsa a prestar atención a quien está a nuestro lado, a escuchar, a dar. Puede parecer extraño, pero al final cada Palabra de Vida nos lleva a amar. No es algo forzado, es la lógica evangélica. Sólo si estamos en el amor somos cristianos auténticos.
«Los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu (…). Si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley»
Dejémosle al Espíritu la libertad de conducirnos por el camino del amor. Podemos pedírselo de esta manera: tú eres la luz, la dicha, la belleza. Tú arrebatas las almas, inflamas lo corazones y haces concebir pensamientos profundos y decisiones de santidad con compromisos individuales inesperados. Tú santificas. Pero sobre todo, Espíritu Santo, tú que eres tan discreto, aunque impetuoso y desbordante, y soplas como brisa leve que pocos saben escuchar y sentir, mira lo rudo de nuestra tosquedad y haznos más devotos. Que no pasemos ningún día sin invocarte, sin agradecerte, sin adorarte, sin amarte, sin vivir como discípulos asiduos tuyos. Esta es la gracia que te pedimos.
Chiara Lubich
Trabajo para las Naciones Unidas en una agencia que tiene su sede general en Roma y oficinas en más de 80 países. Somos la más grande agencia de ayuda alimenticia del mundo. Trabajamos ya sea para países en vías de desarrollo que para aquellos lugares donde hay o ha habido calamidades naturales o crisis generadas por el hombre, como las guerras. El lugar donde transcurro mi jornada de trabajo es un ambiente multiétnico, multiracial, multilingüístico, multireligioso. Cotidianamente trato de mantener una actitud de acogida hacia los demás, recordando a mí mismo que para Dios nadie es extranjero, y esto me hace estar atento a las necesidades de quien se encuentra en nuestro país como huésped, o de quien, más en general, se encuentra en necesidad. Al inicio del invierno circulaba en el correo electrónico una solicitud de una estufa de kerosén para una familia no lejana de donde yo vivo, que tenía dificultades económicas y vivía en una casa pequeña y sin calefacción. No permanezco indiferente ante cierto tipo de solicitudes: tengo la impresión de que me miran directamente, sobre todo cuando me doy cuenta de que realmente puedo hacer algo. Por lo tanto leí el anuncio y lo memoricé. La sorpresa llega al día siguiente: abro la computadora y encuentro, en una página de anuncios de compraventa privados del personal de la organización donde trabajo, un anuncio en el cual un colega francés ponía en venta una estufa de kerosén por 130 euros. ¡Un objeto que es bastante inusual encontrar en esa página! Me parece una respuesta a la solicitud del día anterior… Enseguida pienso que ese anuncio, dirigido a todo el personal (somos más de mil), en realidad es para mí. Espontáneamente propongo a los colegas de dar un pequeño aporte, explicando la finalidad… muy pronto se sienten involucrados en esta acción, que se vuelve de todos. En media jornada recogimos 85 euros. Pero como Dios no deja de sorprendernos, al día siguiente cuando llamo al colega y le expongo la cosa, me dice que en este caso me cede la estufa no por 130 sino sólo por 50 euros. Teniendo en el corazón el cuidado de dar un servicio completo a quien estaba esperando, cuando se trata de comprar una lata de combustible, me dicen que ¡cuesta precisamente 35 euros! Una experiencia diferente pero significativa la hice con K., un colega de Nigeria, de religión musulmana. Llegó a mi oficina hace algunos años. Enseguida se instauró una buena relación entre nosotros y en los momentos de pausa no pocas veces nos encontramos hablando de nuestra experiencia espiritual, que tiene como base el profundo respeto de la cultura del otro. Así éste se siente “entendido y acogido en su diversidad y libre de expresar toda la riqueza que lleva en sí”. Hace dos años K. fue transferido a Sudán, un país 97% musulmán, y desde allí sigue nuestra relación por e-mail. El año pasado, a las 6 de la mañana del día de Pascua, sonó el teléfono: «Hello my dear friend! Happy Easter to you and your family!». Eran sus augurios de Pascua para mí y para mi familia. Mutuos y recíprocos augurios han sido los míos, deseándole un buen inicio y una buena conclusión de sus Ramadán. Recientemente K. fue transferido a Uganda. Yo puntualmente le escribí felicitándolo por esta nueva experiencia laboral. El mes pasado tuve la oportunidad de hablarle por teléfono y después de varias comunicaciones técnicas de trabajo, concluí preguntándole cómo se sentía en el nuevo contexto y si había encontrado en los alrededores una mezquita donde rezar. Me agradeció por mi atención puntual y me confió el momento que estaba viviendo de ambientación en este nuevo país en su mayoría cristiano. A distancia nos une el deseo común de vivir la “regla de oro” del “haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti” que nos hace capaces de seguir yendo al encuentro del otro, sin importar su pueblo de pertenencia. (T.T. – Italia)
El encuentro con el Papa – Viva expectativa por el encuentro de los Movimientos Eclesiales y las nuevas Comunidades del mundo con el Papa Benedicto XVI en la Plaza San Pedro, en la vigilia de Pentecostés de 2006. Sigue a la inolvidable experiencia de mayo de 1998, cuando cientos de miles de adherentes a estas nuevas realidades eclesiales se encontraron por primera vez con Juan Pablo II.
El magisterio de Benedicto XVI se desarrolla de este modo en continuidad con el de su predecesor. Desde un inicio del gran florecimiento de Movimientos y Comunidades unida al acontecimiento conciliar, el entonces cardenal Joseph Ratzinger reconoció la acción del Espíritu, que, a través de estas nuevas formas de asociación laical, ha permitido a los fieles revivir la alegría de la juventud de la Iglesia.
Un Congreso mundial – Este evento será precedido, como ya sucedió en el ’98, por un Congreso Mundial de Movimientos eclesiales y de nuevas Comunidades, promovido por el Consejo Pontificio para los Laicos, con el mismo título del encuentro con el Papa: “La belleza de ser cristianos y la alegría de comunicarlo”. Tendrá lugar en Rocca di Papa (Roma) del 31 de mayo al 2 de junio. Reunirá a más de 300 invitados.
Vigilias de oración – Se desarrollarán el 2 de junio en preparación al encuentro con el Papa Benedicto XVI. La iniciativa tiene como fin hacer de algún modo “visible” la belleza de la fe. Permitirá a los diversos carismas expresar su propia originalidad en espíritu de comunión fraterna. Las vigilias estarán abiertas no sólo a los adherentes de los Movimientos y de las Comunidades que las han organizado, sino también a todos los fieles de la ciudad y a los peregrinos que quieran participar. Entre éstas, también la del Movimiento de los Focolares, que tendrá lugar en la Iglesia del Sagrado Corazón Inmaculado de María, en Parioli, a las 20.30.
Un camino de comunión – Los años transcurridos desde aquella Vigilia de Pentecostés ’98 se han caracterizado por un significativo incremento de relaciones en espíritu de comunión, llevando a un conocimiento más profundo del papel que estas distintas realidades de la Iglesia tienen en la obra de la nueva evangelización.
La preparación de Pentecostés 2006 – A partir de la convocación del Papa, ha tenido inicio una intensa colaboración entre los responsables de alrededor de 100 Movimientos y Comunidades y el Consejo Pontificio para los Laicos para la realización de este importante evento eclesial.
Ya se anuncian grandes peregrinaciones – Con decenas de miles de participantes provenientes de Italia y del extranjero –de las comunidades Neocatecumenales, de Comunión y Liberación, del Movimiento de los Focolares, de las varias realidades de la Renovación Carismática Católica. Han adherido con prontitud, y estarán presentes también con sus respectivas peregrinaciones: Regnum Christi, los Cursillos de Cristiandad, la Comunidad de San Egidio, el Movimiento de Schönstatt, el de Vida Cristiana, la Comunidad de El Emmanuel, la Comunidad Papa Juan XXIII, el SERMIG, el Arca, Fe y Luz, la Comunidad Misionera de Villaregia, las Comunidades Laicas Marianistas, los Équipes Notre Dame, el FASTA, el Movimiento Vivir In, La Obra de Nazareth, los Talleres de Oración y Vida, la Comunidad ADSIS y muchos otros todavía.
¡Te he encontrado en muchos lugares, Señor! Te he sentido palpitar en el silencio profundo de una ermita alpina, en la penumbra del sagrario de una catedral vacía, en el palpitar unánime de una muchedumbre que te ama y llena las arcadas de tu iglesia de cantos y de amor. Te he encontrado en la alegría. Te he hablado más allá del firmamento estrellado, mientras, de noche y en silencio, volvía del trabajo a casa. Te busco y a menudo te encuentro. Pero donde siempre te encuentro es en el dolor. Un dolor, cualquier dolor, es como el sonido de la campanilla que llama a la esposa de Dios a la oración. Cuando a parece la sombra de la cruz, el alma se recoge en el tabernáculo de su intimidad y, olvidando el tintineo de la campana te “ve” y te habla. Eres Tú quien vienes a visitarme. Soy yo que te respondo. “Heme aquí, Señor, te quiero, Te he querido”. Y en este encuentro, al alma no siente su dolor, sino que está como embriagada de tu amor, invadida por Ti, embriagada por ti; yo en Ti, Tú en mí, a fin de que seamos uno. Luego abro de nuevo los ojos a la vida, a la vida menos verdadera, divinamente aguerrida para conducir tu guerra. (de Meditaciones, Editorial Ciudad Nueva, Buenos Aires 2002)
Por su compromiso a favor del diálogo entre los pueblos, las culturas y las religiones y por la difusión del espíritu de solidaridad y fraternidad entre los hombres”, el sábado 13 de mayo Chiara Lubich ha sido distinguida con la ciudadanía honoraria de La Spezia, con una ceremonia desarrollada en el marco del Teatro Cívico, repleto por alrededor de 1000 “spezzinos” y personas llegadas de otros centros de Liguria y de las regiones limítrofes.
“La fraternidad en el horizonte de la ciudad” ha sido la propuesta de Chiara Lubich, representada por María Rita Cerimele, co-responsable del Movimiento de Piemonte y Liguria. Un tema solicitado sobre todo por varios políticos que en estos meses de preparación han querido profundizar cada vez más en el pensamiento de Chiara y en el Movimiento Político por la Unidad, por ella fundado. La ciudad, representada a través de sus máximas instituciones parecía vibrar unánime ante la propuesta de hacer que se convierta en praxis cotidiana, a todo nivel, la fraternidad, un camino que por otra parte es ya compartido por muchos, como dio testimonio la reciente entrega a la ciudad, por parte del Presidente Ciampi, de la medalla al valor cívico por el apoyo concreto a la comunidad hebrea en fuga de los lagher nazistas.
Las intervenciones de las autoridades, el presidente del Concejo Comunal, Franco Bravo, el alcalde, Giorgio Pagano, el Presidente de la Provincia, Ricciardi, el asesor regional, Merlo, junto con el obispo de la ciudad, S. E. Mons. Bassano Staffieri, delinearon diversos aspectos de la personalidad y de la obra de Chiara.
Desde la Galería, los jóvenes y los adolescentes, entusiasmados por la proyección de un encuentro mundial de jóvenes con Chiara, siguieron con gran atención los episodios de su vida contados por Ulrike Buechl, del Movimiento de los Focolares, y el descubrimiento, hecho por Chiara y por sus primeras compañeras, de su misma edad, de Dios como Amor, aun en medio del odio y la destrucción de la guerra.
La jornada de fiesta para La Spezia se concluyó en la noche con un espectáculo, ofrecido por artistas spezzinos. Cabe señalar la presencia de dos detenidos quienes, a nombre de sus compañeros, quisieron expresar su gratitud a Chiara con una canción, presentada por ellos mismos: “…cuando nos hicieron conocer a esta valiente señora, ya no nos sentimos más solos en nuestra condición, sentimos que ella nos entiende, que está del lado de los débiles y de los distintos como nosotros”.
Queridos todos que hoy están reunidos en Loppiano: ¡Les mando un saludo de todo corazón en este 1º de mayo del 2006, fiesta de los jóvenes y nueva etapa de nuestro camino hacia un mundo unido! El programa que se han propuesto es actual y exigente, es casi un desafío: “Una ciudad no basta”. Me han pedido una palabra. Queridos jóvenes, ustedes saben que cuando tenía vuestra edad Dios me hizo el regalo de llamarme a darle mi vida para hacer crecer en esta tierra un pueblo nuevo, nacido del Evangelio. Y hemos comenzado por Trento, nuestra ciudad. ¿Y ustedes, hoy? Si quieren transformar una ciudad empiecen a unirse con los que tienen vuestro mismo ideal. Pongan a Dios por encima de todo lo demás Prométanse amor recíproco, dispuestos a dar la vida el uno por el otro, y custodien este pacto cueste lo que cueste: Él, presente entre ustedes, les sugerirá los pasos a dar, los sostendrá en las inevitables dificultades. Después tomen las medidas de la ciudad. Juntos vayan en busca de los más pobres, de los abandonados, de los huérfanos, de los encarcelados, de los marginados, y den, den siempre: una palabra, una sonrisa, vuestro tiempo, vuestros bienes… Vuestro dar atraerá el céntuplo prometido por Jesús. No dejen a nadie solo. Compartan todo con vuestros amigos: los momentos de alegría y de triunfo, de dolor y fracaso, para que la luz no se apague. Recen y perdonen, porque, si bien ir contra corriente cuesta, allí está la raíz más profunda del éxito. Pero “una ciudad no basta”: Sí, porque con Dios, una ciudad es demasiado poco. Él es quien hizo las estrellas, quien guía los destinos de los siglos, y con Él se puede mirar más lejos, a la patria de todos, al mundo. Que cada suspiro nuestro sirva para esto; para esto cada gesto; para esto reposar y caminar. Hagamos de modo tal que al final de la vida no tengamos que arrepentirnos de haber amado demasiado poco. ¡Coraje! Ustedes saben cuánta confianza tengo en ustedes! El mundo está en vuestras manos, y mañana será tal y como hoy lo construyan. Chiara
El gran encuentro de los jóvenes de Loppiano este año apuntaba a la ciudad como lugar de fraternidad, para construirla y experimentarla más allá de toda división. También, la cita en la ciudadela Arco Iris de Portugal apuntaba a la construcción de un mundo unido, en este tiempo caracterizado por el miedo al otro y a los conflictos.
Loppiano (Italia) – La ciudad como lugar y laboratorio de fraternidad a 360°. Ha sido éste el punto focal del 1° de mayo 2006 en Loppiano, cita anual para miles de jóvenes italianos y europeos, que llegó a su 36ta. edición.
En programa – El momento central del programa ha sido el mensaje de Chiara Lubich con el título “Una ciudad no basta”. Numerosos los testimonios de las zonas conflictivas del planeta o teatro de las así llamadas “guerras olvidadas”: jóvenes provenientes de Colombia, Irak, Burundi, Bielorrusia y Corea, llamados para contar sus historias y ofrecer un testimonio de paz, solidaridad y recomposición social. Un espacio especial fue dedicado a la Economía de Comunión y en especial al diálogo con los empresarios italianos que transferirán parte de sus actividades al nuevo polígono empresarial, que será inaugurado en octubre próximo y recogerá unas treinta empresas que adhieren al proyecto.
El encuentro se “duplicó” – Este año el encuentro de Loppiano se articuló en dos jornadas. Ya a partir de las 3.00 de la tarde del 30 de abril estaban funcionando 7 talleres de profundización: de la Economía de Comunión al diálogo interreligioso y cultural, a la Ecología, al Deporte, a la Música, a la Arquitectura, a la Comunicación; siendo éstas las áreas de interés propuestas para la reflexión y también para la acción que los jóvenes participantes. Con la presencia de expertos, espacios de diálogo y aportes a través del vídeo.
Arco Iris (Portugal): ‘Link para la unidad’ fue el título elegido por los jóvenes portugueses. Se trataba de un link capaz de construir una comunicación nueva mediante las nuevas tecnologías, que los Jóvenes por un Mundo Unido de Portugal propusieron a sus coetáneos de toda la Península Ibérica. Una comunicación caracterizada por el diálogo para construir un mundo de paz. Participaron alrededor de 1500 jóvenes, un número en constante aumento con respecto a la primera edición del 2002.
La ciudadela de Loppiano – Es la primera de las 33 ciudadelas de los Focolares que surgen en los 5 continentes. Situada en las colinas toscanas en las cercanías de Florencia, en el Municipio de Incisa Val d’Arno, con escuelas, empresas, centros artísticos, hoy día cuenta con 900 habitantes de 70 naciones. Son estudiantes y docentes, profesionales, artesanos, agricultores, artistas, familias, religiosos y sacerdotes. Están presentes también cristianos de diversas Iglesias y seguidores de otras religiones. Por su característica internacionalidad es un lugar privilegiado para el diálogo entre pueblos y culturas.
La ciudadela Arco-Iris – Situada en Abrigada, a 45 Km. de Lisboa, nació en 1997. Su construcción se está realizando progresivamente gracias al aporte generoso de muchos. Desde un inicio ha podido contar con el apoyo e incentivo por parte de las autoridades civiles y religiosas, siendo considerada por la Cámara Municipal de Alenquer, un proyecto de “interés público”. Además de ser un espacio privilegiado para el diálogo con personas de otras convicciones y culturas, es también un punto de encuentro para los jóvenes. Es común el compromiso de poner en práctica la única ley de la ciudadela, el amor evangélico para demostrar que una convivencia pacífica y fraterna entre personas de las más variadas edades y condiciones sociales es posible. (info: www.focolares.org.pt)
Qué amplio es el corazón de Dios. Para él no existen las divisiones entre pueblos, naciones, lenguas o etnias: todos somos hijos suyos, con la misma dignidad. Para los primeros cristianos de Jerusalén era difícil comprender esa mentalidad abierta y universal; como todos provenían de un mismo pueblo consciente de ser el elegido, les costaba entablar una relación de fraternidad auténtica con miembros de otros pueblos. Por eso quedaron escandalizados al saber que Pedro, en Cesarea Marítima, había entrado en la casa de Cornelio, un oficial romano, un extranjero. ¡Nada de tener intereses comunes con extranjeros! Pero para Dios nadie es extranjero. “Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Dios ama a todos, sin distinción. Es lo que Pedro afirmó ante el soldado romano, y superó así los prejuicios que lo mantenían separado de integrantes de otros pueblos:
«Dios no hace acepción de personas y, en cualquier nación, todo el que le teme y practica la justicia es agradable a él.»
Si Dios se comporta de esta manera, también nosotros, sus hijos, tenemos que comportarnos como él, romper todas las barreras, liberarnos de toda esclavitud. En efecto, muchas veces somos esclavos de las divisiones entre pobres y ricos, entre generaciones, entre blancos y negros, entre culturas o nacionalidades. Cuántos preconceptos respecto de los inmigrantes, de los extranjeros. Cuántos lugares comunes sobre los que son diferentes de nosotros. De allí nacen las inseguridades, el miedo de perder la propia identidad, las intolerancias… Puede haber barreras aún más sutiles, que se levantan entre nuestra familia y las familias vecinas, entre personas de nuestro grupo religioso y las de otra orientación, entre barrios de una misma ciudad, entre partidos, clubes… Surgen entonces suspicacias, rencores sordos y profundos, enemistades corrosivas. Con un Dios que no hace acepción de personas, ¿cómo no alimentar en el corazón la fraternidad universal? Hijos del mismo Padre, podemos reconocernos hermanos y hermanas de cada hombre y mujer que encontramos.
«Dios no hace acepción de personas y, en cualquier nación, todo el que le teme y practica la justicia es agradable a él».
Por lo tanto, si somos hermanos y hermanas, tenemos que amar a todos, comenzando por quien tenemos al lado, sin detenernos. Entonces nuestro amor no será platónico, abstracto, sino concreto, de servicio. Un amor capaz de ir al encuentro del otro, de iniciar un diálogo, de identificarse con sus situaciones desagradables, de asumir cargas, preocupaciones, hasta lograr que el otro se sienta comprendido y aceptado en su diversidad y pueda expresar libremente todas las riquezas que lleva en sí. Un amor que establece relaciones vivas con personas de las más diversas convicciones, basadas en la “regla de oro” –“haz a los demás lo que querrías que te hicieran a ti”–, presente en todos los libros sagrados y grabada en la conciencia de cada uno. Un amor que mueve los corazones hasta la comunión de los bienes, que ama a la patria del otro como propia, que construye estructuras nuevas con la esperanza de hacer que se detengan guerras, terrorismos, luchas, retrocedan el hambre y miles de otros males en el mundo.
«Dios no hace acepción de personas y, en cualquier nación, todo el que le teme y practica la justicia es agradable a él».
Esa es la experiencia que hizo una de mis primeras compañeras de Roma, Fiore, con Moira, una joven de Guatemala, la mayor de once hermanos, indígena católica descendiente de los maya kacjchichel. En ese país los indígenas son muy discriminados, lo que crea un fuerte complejo de inferioridad respecto de los mestizos y, sobre todo, de los blancos. Moira cuenta que, cuando conoció a Fiore, ésta “no hacía diferencias”, hablaba al corazón de la gente, y hacía caer cualquier barrera que pudiera haber: “nunca voy a olvidar lo contenta que se ponía cuando nos encontrábamos. Su amor por mí era un reflejo del amor de Dios. Mi cultura nativa y la educación familiar me habían inculcado comportamientos más bien cerrados y duros, que ponían distancia con quienes estaban a mi lado. Fiore fue como mi maestra, mi guía, mi modelo…, y me ayudó a salir de mí misma para ir confiadamente al encuentro de los demás. También me propuso reanudar mis estudios y me sostuvo y alentó cuando, por las dificultades de cultura y de método, sentía la tentación de abandonarlos. Así llegué a obtener el diploma de secretaria ejecutiva. Pero, sobre todo, me ayudó a tomar conciencia de mi dignidad humana, a superar esa sensación de inferioridad que, por ser indígena, llevaba en mí como una marca. Desde chica soñaba con luchar para rescatar a mi gente, pero con Fiore comprendí que tenía que comenzar por mí misma. Ser ‘nueva’ yo, si quería que naciera un ‘pueblo nuevo’.” Si se ama el Ideal de la unidad, con un Dios que no hace acepción de personas, es posible –como Moira – soñar cosas nuevas: “Con mi sí a Dios podría abrir una brecha para llevar este Ideal a toda mi gente, y puedo decir que, en parte, ya lo veo realizado en mi familia”.
Chiara Lubich