Movimiento de los Focolares
Atravesar los confines de la propia Iglesia

Atravesar los confines de la propia Iglesia

  Después del Concilio Vaticano II se multiplicaron también en las parroquias las relaciones ecuménicas entre comunidades de varias Iglesias.  Reseñamos la experiencia de la parroquia Santa Isabel de Hungría, en Plátanos, una localidad de 10.000 habitantes en el sur de la ciudad de Buenos Aires (Argentina).

Una comunidad viva –  Durante los años ’70 la población de Plátanos crece rápidamente por el gran flujo migratorio de las provincias del interior de Argentina.  La parroquia de Santa Isabel es un mosaico de personas de diferentes orígenes: italianas, españolas, holandesas, yugoslavas y húngaras, y allí se conforma una comunidad viva, abierta al intercambio de ideas, al compartir, a la comunión con todos.   Alrededor del párroco, un sacerdote italiano unido al Movimiento de los Focolares, nace muy pronto un grupo de personas, animadas por la espiritualidad de la unidad, que se comprometen a vivir el Evangelio.  Se encuentran periódicamente para comunicarse la «Palabra de vida» y se cuentan las experiencias vividas, para ayudarse en el camino espiritual.  Se crea así la familia con un nuevo estilo de vida que, poco a poco, se difunde en toda la parroquia y en los distintos vecindarios.  Involucra las realidades eclesiales presentes como el Camino Neocatecumenal, el Colegio de Hermanas Húngaras, y abre el diálogo con cristianos de varias Iglesias.

Santa Isabel de Hungría. PlátanosRelaciones ecuménicas cada vez más profundas – Lo que ha favorecido el nacimiento de relaciones fraternas entre miembros de varias Iglesias ha sido el contacto con personas de la Iglesia Reformada.  El párroco siente la necesidad de ponerse en contacto con el pastor reformado e inicia entre las dos comunidades una relación se que vuelve cada vez más profunda.

Con el tiempo han nacido varias actividades ecuménicas desarrolladas de acuerdo con los responsables de las respectivas Iglesias: cursos bíblicos en los que participan miembros de varias denominaciones, un coro ecuménico de 50 personas para ocasiones especiales, momentos vividos juntos durante los aniversarios y las fiestas más importantes.

Cada año, por ejemplo, algunos días antes de Navidad, para hacer sentir a tantos que no frecuentan la Iglesia la atmósfera del nacimiento de Jesús, se pensó en organizar juntos, católicos y miembros de la Iglesia reformada, una procesión a lo largo de las calles de la urbanización, con cantos y música hechos sobre todo por jóvenes y niños, saliendo de la parroquia católica para encontrarse para la conclusión en el templo de la Iglesia reformada.

El Vía Crucis del Viernes Santo se desarrolla a lo largo de las calles de la pequeña ciudad y algunas familias preparan las estaciones en sus casas.  Un año se propuso que la procesión se detuviera, para una estación, en la casa de una familia de la Iglesia Pentecostal quien acogió con alegre sorpresa este privilegio.  El día de Pascua una joven señora acercándose al párroco le agradeció de corazón.  Su madre había roto relaciones con ella y su marido desde cuando se había convertido a la Iglesia Pentecostal.  Después del Vía Crucis del Viernes Santo, los invitó a almorzar, y les pidió disculpas diciendo que se había dado cuenta de que los católicos no son como ella creía.

Informado de las cordiales relaciones que habían nacido en esa parroquia, el Obispo Católico de la diócesis fue a visitar la comunidad reformada.  Fue un encuentro verdaderamente importante:  «Es la primera vez -reveló feliz una señora- que un obispo católico entra en un templo reformado».  Y cuál no fue la sorpresa de los médicos del lugar al encontrarse ante un pastor protestante necesitado de atención, acompañado por un sacerdote católico, y después al constatar cómo el pastor había sido objeto de tantas atenciones por parte de los católicos.

Como respuesta a las urgencias sociales de la zona, la comunidad parroquial se sintió interpelada también por la difícil situación social del territorio.  Para responder a las necesidades más urgentes fundaron, desde hace algunos años, la «Casa del Niño de Lourdes».  Todos los días unos ochenta niños, de los tres a los quince años, la mitad de los cuales provenientes de familias de diversas Iglesias, reciben alimentación, desarrollan actividades educativas, deportivas, recreativas.  Se puede palpar el amor de Dios que interviene con tanta providencia.  Los niños junto con los educadores de la Casa viven una palabra del Evangelio y rezan juntos.  La unidad que se crea va más allá de las diversidades eclesiales, culturales e históricas.

 

Jornada de la Interdependencia. «Las personas, los pueblos, los Estados por un mundo unido”

Jornada de la Interdependencia. «Las personas, los pueblos, los Estados por un mundo unido”

 

Ante el riesgo de un conflicto entre las civilizaciones, se abre camino la idea de la interdependencia positiva como clave para afrontar el gran reto del “saber vivir juntos” que presenta la sociedad postglobal. Con el fin de superar la visión de una interdependencia sólo económica, de los mercados y las finanzas, se presenta la interdependencia positiva entre las personas, los pueblos y los Estados, en vista de un futuro de paz, de diálogo, de justicia social y de fraternidad universal. La iniciativa El 11 y 12 de septiembre, se celebra en Roma la Segunda Jornada de la Interdependencia. La primera tuvo lugar el 12 de septiembre de 2003 en Filadelfia, por iniciativa de Benjamín Barber, profesor de la Universidad de Maryland (USA) y fundador de la Asociación Civ-World. La elección de la fecha no es casual, tratándose del día después del 11 de septiembre en el que se recuerdan los ataques terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono. En el proyecto del Civ-World dicha fecha pareció la más apropiada por hacer referencia a la nueva realidad interdependiente que estos ataques expresaron tan duramente. El significado de la iniciativa es el de subrayar la interdependencia positiva, como clave para afrontar el gran reto del “saber vivir juntos”, como un valor necesario para la convivencia pacífica entre los hombres, que se ha de aplicar en la política y a favor del cual hemos de comprometernos culturalmente. La interdependencia es la condición global en la cual hoy cada uno de nosotros, individualmente o como grupo, vive, trabaja, respira, piensa y tomar conciencia de ello acelera el camino positivo de la humanidad. Ante una interdependencia negativa organizada por el crimen o por el terrorismo; o una interdependencia sólo económica, de los mercados y de las finanzas, que no es capaz de evitar el riesgo del conflicto entre civilizaciones, la búsqueda de una interdependencia positiva entre los pueblos y las naciones contribuirá a la maduración de una cultura de la paz, del diálogo, de la solidaridad, y de la fraternidad universal. El objetivo del evento es promover también en Italia y en Europa la idea de la interdependencia positiva entre las personas, los pueblos y los Estados, colaborando para identificar acciones comunes locales, nacionales, europeas y transnacionales. Los promotores, junto con la Alcaldía de Roma y al Movimiento Civ-World del prof. Barber, son: la “Asociación Católica de Trabajadores Italianos (ACLI), Legambiente, el Movimiento Político de la Unidad – Movimiento de los Focolares y la Comunidad de San Egidio. Realidades muy diversas que se han unido para responder juntas y adecuadamente, cada una según sus características específicas, a la necesidad de formar un “ciudadano global”, que con sus virtudes cívicas tenga la capacidad de construir una “sociedad civil global”, capaz de establecer una verdadera y mutua reciprocidad y un verdadero diálogo entre culturas y pueblos diferentes. El programa se subdivide esencialmente en dos partes: � una noche de conmemoración de las víctimas del terrorismo y de toda guerra, en la que se dará espacio en especial al diálogo entre las grandes religiones monoteístas (Plaza del Campidoglio); � una mañana de profundización en el concepto de interdependencia, confiado a testigos de relieve internacional y de distintas extracciones culturales (“Auditorium de Roma”).

La fraternidad en política: ¿utopía o necesidad?

En 1998, con ocasión del 150� aniversario de la Constitución suiza, fui invitada por la Comisión “Una visión para Suiza”, para exponer justamente aquí, en Berna, durante la jornada federal de reflexión. Para mí, siendo italiana y por lo tanto extranjera en este país, fue un honor poder dirigirme a una asamblea tan calificada y representativa de toda Suiza. Lo hice con una alegría especial, porque desde hace decenios aprecio y considero esta tierra como mi segunda patria. Y hoy también siento una alegría particular al dirigirme a ustedes que están comprometidos en política a distintos niveles. Agradezco de modo especial al grupo de políticos de la región del Vallese, que después de haber promovido el año pasado una jornada muy exitosa en Martigny, a la que siguieron varios encuentros a nivel local, ahora han querido aprovechar esta sesión de las Cámaras federales para organizar este encuentro. El título que me propusieron para el tema es: “La fraternidad en política: �utopía o necesidad?” Abrigo la esperanza de que con la presente intervención pueda demostrar la necesidad de la fraternidad y la posibilidad de realizarla. El tríptico: libertad, igualdad, fraternidad, que es casi una síntesis del programa político de la modernidad, expresa una intuición profunda y nos exige una aguda reflexión: �a qué punto estamos en la realización de este gran anhelo? La Revolución francesa anunció los tres principios, pero ciertamente no los ha inventado: ellos ya habían comenzado su fatigoso camino a través de los siglos, sobre todo a partir del anuncio cristiano, que ha iluminado lo mejor de las tradiciones antiguas de los diversos pueblos y el patrimonio de la revelación judía, produciendo una auténtica revolución: el nuevo humanismo, abierto por Cristo, que permitió al hombre vivir plenamente estos principios. Desde aquel anuncio, a lo largo del tiempo, se fueron manifestando sus riquezas en las obras de los hombres. Libertad e igualdad han marcado profundamente la historia política de los pueblos, llegando a expresar frutos de civilización y creando las condiciones para la progresiva expresión de la dignidad de la persona humana. La libertad y la igualdad se convirtieron en principios jurídicos y son aplicados cotidianamente como verdaderas y propias categorías políticas. Pero la afirmación exclusiva de la libertad, como bien sabemos, puede transformarse en el privilegio del más fuerte, mientras que la igualdad, y la historia lo confirma, puede traducirse en un colectivismo que masifica. Por otra parte, muchos pueblos en realidad todavía no se benefician con los contenidos de la libertad y la igualdad… �Cómo hacer, entonces, para que su puesta en práctica produzca frutos maduros? �Cómo volver a encauzar la historia de nuestros países y de toda la humanidad hacia ese destino que le pertenece? Nosotros creemos que la clave se encuentra en la fraternidad universal, en darle el justo lugar entre las categorías políticas fundamentales. Solamente si se viven uno a la par del otro, los tres principios podrán dar origen a una política adecuada a las exigencias de hoy. Pocas veces como en este tiempo nuestro planeta ha sido y es atravesado por la desconfianza, por el temor, incluso por el terror: basta recordar el 11 de setiembre del 2001 e, incluso más cerca, el 11 de marzo del 2004, sin olvidar los cientos de atentados que en estos últimos años han nutrido la crónica cotidiana. El terrorismo: una calamidad tan grave como -por lo menos- las decenas de guerras que siguen ensangrentando nuestro planeta. �Y cuáles son sus causas? Muchas. Pero no se puede dejar de reconocer que una de las más profundas es el desequilibrio económico y social que existe en el mundo entre los países ricos y los países pobres. Desequilibrio que genera resentimiento, hostilidad, venganza, favoreciendo de este modo el fundamentalismo que germina más fácilmente en un terreno semejante. Ahora bien: si las cosas están así, para que el terrorismo se apague y desaparezca, la guerra ciertamente no es una respuesta, es necesario buscar los caminos del diálogo, caminos políticos y diplomáticos. Pero tampoco es suficiente; hace falta generar más solidaridad en el mundo, y una comunión de bienes más equilibrada. Sin dejar de lado que son aún más numerosos los temas candentes que interpelan la política, tanto en la dimensión nacional como en la internacional. Incluso en el mundo occidental el modelo mismo de desarrollo económico está indudablemente en crisis, una crisis que exige no solamente algunos ajustes, sino un replanteo global para superar la recesión en curso. El avance irrefrenable de la investigación científica no puede continuar sin que se garanticen la integridad y la salud de la especie humana y de todo el ecosistema. El reconocimiento de la función esencial de los medios de comunicación en el mundo moderno debe encontrar reglas eficaces frente a las exigencias específicas de promoción de los valores y la defensa de las personas, de los grupos y de los pueblos. Otra cuestión fundamental surge de la necesidad de defender y valorizar la riqueza que se origina por las distintas proveniencias étnicas, religiosas, culturales, incluso en el horizonte de los irreversibles procesos de la globalización en acto. Estos desafíos, que se nos presentan como algunos de los más grandes de la actualidad, reclaman con insistencia la idea y la práctica de la fraternidad, y teniendo en cuenta la vastedad del problema, de una fraternidad universal. La fraternidad universal está presente en los espíritus grandes. El Mahatma Gandhi decía: “La regla de oro es ser amigos del mundo y considerar ‘una’ a toda la familia humana» . Y a propósito de cuanto sucedió el 11 de setiembre del 2001, el Dalai Lama escribía a los suyos: “Para nosotros las razones ( de esos sucesos) son evidentes (…) No tenemos presente las verdades humanas más básicas (…) Todos somos uno. Este es un mensaje que la raza humana no tuvo en cuenta. El olvido de esta verdad es la única causa del odio y de la guerra”. Sin olvidar al santo suizo Nicolás de Flue, profeta y constructor de paz, quien para realizarla afirmaba que los conflictos se pueden resolver con éxito solamente en el pleno y total respeto recíproco. Es decir, con la fraternidad vivida hasta la obediencia recíproca. Pero quien ha traído la fraternidad como un don esencial para la humanidad fue Jesús, que antes de morir oró así: “Padre, que todos sean uno” (cf. Jn 17,21). Al revelar que Dios es Padre y que por eso los hombres somos todos hermanos, derribó los muros que separan a los “iguales” de los “diferentes”, a los amigos de los enemigos. La fraternidad, por lo tanto, es un ideal que hay que afirmar, es un ideal de hoy. �Pero existen signos de fraternidad en las actuales vicisitudes de los pueblos? A lo largo de los años, habiendo experimentado muchas veces, en mi vida y en la de los demás, la acción providencial de Dios, y habiendo podido conocer directamente muchos pueblos, he aprendido a descubrir los pasos hacia adelante que señalan el progreso de la humanidad, hasta poder afirmar que su historia es un lento pero irrefrenable camino hacia la fraternidad universal. Los hechos están delante de nosotros, debemos saber interpretarlos. La tensión del mundo hacia la unidad nunca ha sido tan viva y reconocible como hoy. Son signos las Uniones de Estados y los procesos de integración económica y política que con creciente intensidad se van realizando a nivel continental o por áreas geo-políticas; la función de los organismos internacionales, en especial de las Naciones Unidas, que vuelve a ser determinante para conocer, afrontar y gestionar las principales cuestiones que atañen a la vida de los pueblos y de los países; el desarrollo de un diálogo a 360�, cada vez más difundido y más fecundo, entre todo tipo de personas; el crecimiento de movimientos sociales, culturales y religiosos, que se presentan como los nuevos protagonistas de las relaciones internacionales y tienden a objetivos de dimensión mundial. Para darle al mundo la fraternidad que genera una unidad espiritual, garantía de la unidad política, económica, etc., no faltan los instrumentos. Basta saber reconocerlos. Uno, cuya eficacia todavía no ha sido descubierta, es la aparición en el mundo cristiano, después de las primeras décadas del ‘900, de decenas y decenas de Movimientos, que como una especie de red unen a los pueblos, a las culturas y a las diversidades: son casi un signo de que el mundo podría convertirse en una casa de las naciones, porque ya lo es a través de estas realidades, si bien todavía a nivel de laboratorio. Son Movimientos que no nacieron de proyectos humanos, sino de carismas del Espíritu de Dios, quien conoce mejor que cualquier hombre o mujer de la tierra los problemas de nuestro planeta y está deseoso de ayudar a resolverlos. Estos Movimientos, al ser fundados o estar compuestos preferentemente por laicos, son vehículo de un interés sentido y profundo por las vicisitudes humanas, con manifestaciones en el campo civil, donde ofrecen realizaciones concretas en política, en economía, etc. Y los Movimientos son muchos y espléndidos; surgieron en la Iglesia católica, reformada, anglicana, evangélica, ortodoxa, etc. Una característica que poseen es la presencia de muchísimos jóvenes, como una garantía del futuro, ya que al estar menos condicionados que los adultos por experiencias negativas del pasado, saben creer con mayor entusiasmo en ideales verdaderos y en los más grandes. Estos Movimientos se hicieron conocer el 8 de mayo pasado en Stuttgart (Alemania) en una Jornada muy lograda organizada por ellos, que fue transmitida via satélite en nuestro continente y en otros, cuyo título era “Juntos por Europa”. Ofrecieron su contribución para realizar, junto a la Europa política o económica o del euro, la Europa del espíritu, tratando de darle un alma a Europa, que también ayude a garantizar mejor su propia multiplicidad y cohesión. Para dar un ejemplo de estos Movimientos quisiera exponerles las líneas principales del que conozco mejor, porque estoy relacionada con él: el Movimiento de los Focolares, cuyo objetivo es, justamente, la unidad y la fraternidad universal. Nació durante la segunda guerra mundial, bajo los bombardeos, en Trento, al norte de Italia, cuando junto con las casas se derrumbaban todos los proyectos de vida, también los nuestros, las esperanzas, las seguridades. Mientras todo se destruía, en nuestros corazones, de primeras jóvenes focolarinas, afloraba con una fuerza hasta ese momento desconocida, una sola verdad: Dios es el único ideal que no se derrumba; Dios, que se nos revelaba por aquello que es: Amor. Y justamente en el ápice del odio y de la división Dios Amor nos sugirió que para amarlo teníamos que amarnos entre nosotras y llevar este amor a todos. Un amor que inmediatamente se extendió a toda la ciudad, y después, a lo largo de los años, a todo el planeta, a 182 naciones. El llamado a la unidad nos hizo privilegiar esos puntos de la tierra donde era más fuerte la división, y se fueron delimitando algunos lugares específicos de diálogo y de participación: en primer lugar en el interior de las Iglesias, donde el Movimiento contribuye para que haya cada vez más comunión; entre los cristianos de distintas denominaciones; con los fieles de las grandes religiones, con numerosas experiencias de “diálogo de la vida” respetuoso y profundo, premisa para la paz. Y por último, un diálogo entretejido con la activa colaboración de quienes no tienen una específica referencia religiosa. El Movimiento de los Focolares, además, es fundamentalmente religioso, pero desde sus comienzos y durante estos años, prestó una atención especial a todos los ámbitos de la sociedad, incluso al mundo político, hasta ver nacer desde su seno en Nápoles, en 1996, el “Movimiento político por la Unidad”, que ahora se está difundiendo y organizando en todo el planeta. De su origen y su desarrollo pude exponer varias veces, entre otros a parlamentarios de varias naciones europeas y del exterior en Estrasburgo, en el Centro Europeo de Madrid y en la ONU. Como expresión política del Movimiento de los Focolares, este Movimiento tiene como finalidad ayudar a las personas y a grupos comprometidos en política a redescubrir los valores profundos, eternos del hombre; a poner la fraternidad como base de su vida, y sólo después comenzar la acción política. Como consecuencia, en la actividad política el amor interpersonal se transforma en la posibilidad de un amor más grande, el amor a la polis. Un amor que al adquirir la dimensión política no pierde sus características, es decir: el compromiso de toda la persona, con su inteligencia y su voluntad, para llegar a todos; la intuición y la fantasía para dar el primer paso; el realismo de ponerse en la piel del otro, con la capacidad de donarse sin intereses personales y de abrir nuevos caminos, incluso cuando los límites humanos y los fracasos parecieran cerrarlos. No se trata de un nuevo partido, ni se quiere confundir religión y política, como ha sucedido y sucede en los integralismos de cristianos e incluso de no cristianos. Pueden formar parte del Movimiento político por la unidad políticos de todos los niveles, administradores, parlamentarios, militantes de partidos de distintas extracciones, que sienten el deber de actuar junto al verdadero titular de la soberanía, el ciudadano; ciudadanos que quieren hacer su parte como sujetos políticos activos; de modo especial los jóvenes, que en todas partes, como aquí en Suiza, saben comprometerse admirablemente y con pasión, como estudiantes de politología, por ej., que quieren ofrecer su contribución de capacidad y de investigación; funcionarios de la Administración Pública, concientes de su función específica. Lo que proponemos y tratamos de testimoniar juntos es un estilo de vida que le permita a la política alcanzar sus fines de la mejor manera: el bien común en la unidad del cuerpo social. Es más, quisiéramos proponer a todos los que actúan en política la formulación de una especie de pacto de fraternidad para con sus países, que garantice su bien por encima de los intereses parciales, sean estos individuales, de grupo, de clase o de partido. Porque la fraternidad ofrece posibilidades sorprendentes: permite mantener unidas y valorar exigencias que en otro caso corren el riesgo de transformarse en conflictos crónicos. Armoniza, por ejemplo, las experiencias de las autonomías locales con el sentido de la historia común; afianza la conciencia de la importancia de los organismos internacionales y de todos esos procesos que tienden a superar las barreras y consolidan etapas importantes para la unidad de la familia humana. La fraternidad, en efecto, puede hacer florecer proyectos y acciones en el complejo tejido político, económico, cultural y social de nuestro mundo. La fraternidad saca del aislamiento y pude abrir la puerta del desarrollo a pueblos que todavía están excluidos. La fraternidad indica cómo resolver pacíficamente las contiendas y puede relegar la guerra a los libros de historia. Por la fraternidad vivida es posible soñar e incluso tener esperanzas en una especie de comunión de bienes entre países ricos y pobres. La profunda necesidad de paz que hoy manifiesta la humanidad dice que la fraternidad no es sólo un valor, no es sólo un método, sino el paradigma global del desarrollo político. Es por esto que un mundo que de hecho es cada vez más interdependiente tiene necesidad de políticos, de empresarios, de intelectuales, de artistas, que consideren la fraternidad – instrumento de unidad – el centro de su actividad y de su pensamiento. El sueño de Martín Luther King era que la fraternidad se convirtiera en el orden del día de un hombre de negocios y en la palabra de orden del hombre de gobierno. Los políticos del “Movimiento político por la unidad” quieren hacer de este sueño una realidad. Pero esto puede realizarse solamente si en la actividad política no se olvida la dimensión espiritual, por lo menos la fe en los valores profundos que deben regular la vida social. También de esto estaba convencido Nicolás de Flue, que tanto hizo por la vida política de esta nación. Estaba siempre informado de todo. En su celda, una ventana daba al exterior, hacia los hombres, y otra hacia adentro, hacia el altar de la capilla. El diputado Igino Giordani, parlamentario italiano y cofundador de nuestro Movimiento, hoy siervo de Dios, con su estilo inconfundible escribió: “Cuando se atraviesa el umbral de casa para sumergirse en el mundo, la fe no se cuelga de un clavo detrás de la puerta, como una gorra ajada”. Un día me pareció comprender qué quería decir la política como amor. Si pensáramos un color para cada actividad humana, para la economía, la sanidad, las comunicaciones, el arte, el trabajo, la cultura, la administración de la justicia… la política no tendría un color, sería el fondo: el negro, que pone de relieve a los otros colores. Por eso la política debe buscar continuamente una relación con todos los ámbitos de la vida, para establecer las condiciones mediante las cuales la sociedad misma, con todas sus expresiones, pueda realizar plenamente su designio. Es claro que en esta tensión continua al diálogo, la política tiene el deber de reservarse algunos espacios específicos: establecer prioridades con un programa adecuado, preferir a los últimos, buscar siempre y en todas partes la participación, que quiere decir diálogo, mediación, responsabilidad y concreción. Para los políticos de quienes estoy hablando, la elección del compromiso político es un acto de amor con el cual cada uno responde a una auténtica vocación, a una llamada personal. Quien es creyente advierte que es Dios quien lo llama a través de las circunstancias; el no creyente responde a una llamada humana, a una necesidad social, a un problema de su ciudad, a los sufrimientos de su pueblo que encuentran eco en su conciencia; y unos y otros encuentran su morada en el «Movimiento político por la unidad». Pero ambos siempre ponen amor en su acción. Un amor que es fuente de luz, que hace ver la posibilidad de grandes resultados, que sustituye con el valor, con un nuevo coraje, ese temor aplastante y que inmoviliza, que a menudo está presente en el mundo político. Los políticos de la unidad toman conciencia de que la política es amor desde su raíz; por eso comprenden que también los otros, algunas veces denominados adversarios políticos, pueden haber hecho su propia elección por amor. Se dan cuenta de que cada formación política, cada opción, puede ser la respuesta a una necesidad social, y por lo tanto hace falta para la composición del bien común. Por eso se interesan por las actividades de los otros y por los principios que postulan como de los propios, y la crítica se vuelve constructiva. Tratan de vivir la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del país necesita de la obra de todos. Éste, a grandes rasgos, es el ideal del “Movimiento político por la unidad”, y ésta – me parece – es la política que vale la pena vivir; una política capaz de reconocer y servir el designio de la propia comunidad, de la propia ciudad y nación, hasta el de toda la humanidad, porque la fraternidad es el designio de Dios sobre la entera familia humana. Ésta es la verdadera, autorizada política que cada país necesita; en efecto, el poder confiere la fuerza, pero es el amor el que da autoridad. Ésta es la política que construye obras que perdurarán. Las generaciones futuras no estarán agradecidas a los políticos porque han conservado el poder, sino por el modo como lo han gestionado. Ésta es la política que el “Movimiento político por la unidad” con la ayuda de Dios desea generar y sostener. Entonces, �cuál es mi deseo para ustedes, políticos de esta espléndida Suiza? Que este pueblo, y en especial sus representantes, ricos de su noble historia de democracia, encuentren en la fraternidad el vigor necesario para continuar con una eficacia aún más grande su camino, y para dar una contribución protagónica a la historia de unidad de la familia humana. Nosotros, por nuestra parte, nos comprometemos a no dejarlos solos, poniendo a vuestra disposición el carisma de la unidad ofrecido por el cielo para toda la humanidad. Gracias por vuestra atención.

La fraternidad en la política: para devolver la historia al camino de la paz

La fraternidad en la política: para devolver la historia al camino de la paz

ANSA, 4 sept. – La fraternidad en la política. “Es la llave para volver a poner en camino la historia de nuestros Países y de la humanidad”. Dijo Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en Berna, ante 450 políticos suizos y jóvenes reunidos en el Palacio de los Congresos para reflexionar sobre el interrogante: “Fraternidad en la política: �utopía o realidad?”, promovido por un grupo de políticos suizos del Movimiento Político de la Unidad. La fraternidad en la política no es sólo necesaria, sino urgente Sobre el fondo de la trágica epidemia del terrorismo, la fraternidad, propuesta como una “categoría política fundamental” se presenta no sólo como necesaria, sino urgente. “La fraternidad en la política no puede ser más actual, ante el terror, la muerte y la violencia”. Afirmó en la inauguración del Congreso la Canciller de la Confederación, la señora Annemarie Huber Holz. Suiza ante una profunda crisis de transformación La fraternidad es más que necesaria también para la vida misma de Suiza, definida por la Concejal Nacional Chiara Simoneschi «como algo especial», ya que es una Nación que no nace de una cultura y un idioma común, sino de la voluntad de estar juntos. “El País –agregó- está atravesando en estos momentos por una profunda crisis, sometida al reto de la construcción europea, de un nuevo equilibrio geopolítico mundial, del fenómeno de la migración, de la larga recesión económica”. La Concejal Simoneschi habló de temores e incertidumbre, de divisiones y contraposiciones. Y de allí el motivo de la invitación a Chiara Lubich. Un horizonte con amplio respiro La fundadora de los Focolares abrió un horizonte con amplio respiro. En ella se siente vivo el drama del terrorismo: “Aflojar y callar –dijo con fuerza- no es ciertamente una respuesta ante la violencia”. Es necesario ir “a las causas de los desequilibrios económicos y sociales que generan el resentimiento, la hostilidad, la venganza”. “Es necesario buscar las vías del diálogo, las vías políticas y diplomáticas”. Urge una política cuya sustancia sea la fraternidad. Fraternidad que definió “no sólo como un valor, ni sólo como un método, sino como un paradigma global de desarrollo político”. Una fraternidad que es posible “sólo si no se olvida la dimensión espiritual”, los valores profundos inspirados en el amor. “Ese amor que es fuente de luz –dijo- que hace ver la posibilidad de grandes resultados y que sustituye ese temor aplastante que a menudo atraviesa el mundo político”. Amar el partido del otro como el propio Luz que hace ver “en toda opción política la respuesta a una necesidad social y por lo tanto pone en práctica la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del País tiene necesidad del trabajo de todos”. “Donde la crítica se vuelve constructiva”. Ésta es “la verdadera política autorizada de la que el País tiene necesidad”. La fraternidad en la política, no sólo es necesaria, sino posible La intervención de Chiara Lubich fue seguida por una serie de voces de políticos suizos e italianos adherentes al Movimiento Político de la unidad, nacido en 1996 y difundido en varios Países, quienes dieron testimonio de que la fraternidad en la política no sólo es necesaria, sino posible. En la tarde, tuvo lugar un vivaz intercambio entre los políticos y los jóvenes.

septiembre 2004

Llama la atención este pedido tan exigente y radical. No se dirige sólo a una categoría particular de personas, como los misioneros, los religiosos, que tienen que estar libres para ir a cualquier parte a anunciar el Evangelio. Tampoco es para momentos excepcionales, como los tiempos de persecución, cuando al discípulo no sólo se le pide que deje los bienes, sino que entregue la vida misma por permanecer fiel a Dios. Jesús dirige estas palabras a todos. Todos, por lo tanto, podemos responder.
Es una de las condiciones para seguir a Jesús, sobre la cual Lucas insiste en el Evangelio: “Vendan sus bienes y denlos como limosna… Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”; “Ningún servidor puede servir a dos señores… No se puede servir a Dios y al Dinero”; “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios”.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

¿Por qué Jesús insiste tanto sobre el desapego de los bienes, hasta convertirlo en una condición indispensable para poder seguirlo? ¡Porque la primera riqueza de nuestra existencia, el verdadero tesoro es él! Por eso invita a dejar de lado todos esos ídolos –los “haberes”– que pueden ocupar el lugar de Dios en nosotros.
Jesús nos quiere libres, con el alma desocupada de todo apego y de toda preocupación, para que podamos amar verdaderamente con todo el corazón, la mente y las fuerzas. Los bienes son necesarios para vivir, pero deben ser usados con el mayor desprendimiento. Tenemos que estar dispuestos a dejar de lado cualquier cosa, si llegara a ocupar el primer lugar en nuestro corazón. En el que sigue a Jesús no hay espacio para la avaricia, la complacencia en las riquezas, la búsqueda excesiva de comodidades y seguridades.
Nos pide que renunciemos a los haberes también porque quiere que nos abramos a los demás, que demos cabida y amemos al prójimo como a nosotros mismos: la renuncia a los propios bienes es en beneficio del prójimo. En el discípulo de Jesús no caben la codicia, ni el encierro ante el pobre.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

¿Cómo vivir, entonces, esta “Palabra de vida”? El modo más simple de “renunciar” es “dar”. Dar a Dios amándolo, ofreciéndole nuestra vida para que la use como quiera, preparados para hacer siempre su voluntad. Luego, para demostrarle ese amor, amemos a nuestros hermanos y hermanas, dispuestos a jugarnos a fondo por ellos.
Aunque no nos parezca, tenemos muchas riquezas para poner en común: tenemos afecto en el corazón que podemos dar, cordialidad que podemos expresar, alegría que comunicar; tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores para compartir; a veces tenemos cosas: libros, ropa, medios de transporte, dinero…
Demos sin pensarlo demasiado: “Pero esto me puede servir en tal o cual ocasión…”. Todo puede ser útil pero, mientras tanto, al seguir esas sugerencias, se infiltran en nuestro corazón muchos apegos y se crean siempre exigencias nuevas. No, tratemos de quedarnos solamente con lo que nos hace falta. Tengamos cuidado de no perder a Jesús por una suma guardada, por algo de lo que podríamos prescindir.

«Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo»

Por un “todo” que se pierde, hay un “todo” que se encuentra, muchísimo más valioso. Y, creámoslo, quien se beneficiará seremos justamente nosotros, porque en lugar de lo poco o mucho que hemos dado, tendremos como recompensa la plenitud de la alegría y de la comunión con Dios. Nos convertiremos en verdaderos discípulos.
Si el dar un vaso de agua tendrá su recompensa, ¿qué recompensa tendrá quien da todo lo que puede por Dios en el hermano y en la hermana? Da fe de ello uno de los tantos episodios de los que continuamente me informan muchos de los que viven con nosotros la “Palabra de vida”.
Un padre de familia de Caracas, Venezuela, se quedó sin trabajo. Dos semanas más tarde se enfermó gravemente. En esos mismos días, le robaron el auto. Para él y su familia eran momentos muy difíciles. A ello se sumó que, al poco tiempo, deberían dejar el departamento porque no podían pagar el alquiler.
Al mismo tiempo, un amigo de ellos, también pobre, advirtió interiormente el impulso de responder de una manera más plena al amor de Dios, y de vivir la Palabra según el ejemplo de los primeros cristianos, que ponían todo en común.
Esa noche confió ese deseo a su esposa y juntos decidieron ceder parte de su casa a aquella familia. Su propia pobreza no podía ser un motivo para dejarlos en la calle. La casa, sin embargo, todavía no está terminada… Al día siguiente llegó, inesperadamente, una ayuda económica para terminar de construir la parte de la casa que faltaba.

Chiara Lubich

Nuevos Horizontes de la Economía de Comunión

Nuevos Horizontes de la Economía de Comunión

Nunca como en estos últimos años se advierte la fragilidad y la incapacidad de sostenerse del actual sistema económico: desde la quiebra financiera de grandes empresas a la crisis energética, todo dice que la economía, así como la hemos concebido en los últimos dos siglos está gravemente enferma. Al mismo tiempo, nunca como en estos años la sociedad civil expresa un florecimiento de nuevas formas de economía social: comercio equitativo, ética financiera, consumo crítico. Un fenómeno que hace entrever la posibilidad de una economía y de y de un desarrollo sostenibles. En este contexto se sitúa la Economía de comunión: El congreso internacional que tuvo lugar en Castelgandolfo del 10 al 12 de septiembre, presentó un balance sobre los resultados alcanzados después de más de una década de experimentación a escala internacional, y la perspectiva de nuevos horizontes. El congreso presentó las experiencias más significativas sobre las ganancias compartidas por las empresas con los pobres; las tesis de graduación, 130, presentadas en Universidades de varios Países; los polígonos empresariales surgidos en América Latina y el naciente en Italia. De hecho, estas son algunas de las realizaciones del proyecto de la Economía de Comunión, lanzado por Chiara Lubich en Brasil en 1991, para responder al grave desequilibrio entre ricos y pobres. Uno de los temas más importantes ha sido: “Pobreza y desarrollo en la perspectiva de la comunión”. La misma fundadora de los Focolares presentó el tema central: “Nuevos horizontes de la Economía de Comunión”. Otra novedad característica del Congreso ha sido el diálogo entre las distintas formas de economía social actual en otros universos culturales. Se presentaron experiencias de microcrédito inspiradas en la economía gandhiana, otras experiencias innovadoras en el campo económico, originadas en la cultura hindú y jainista. Se propusieron estilos de vida caracterizados por la sobriedad, entre los cuales la experiencia holandesa de la “Economy of enough”. Intervinieron en este diálogo expertos en economía social a nivel internacional, como Michael Noughton y Stefano Zamagni, y otros expertos y empresarios de varios continentes y de distintas disciplinas. “Non sólo economía: para un humanismo de comunión”, fue el título de la última sesión del Congreso que injertó las realizaciones de este proyecto en el cuadro más amplio de un humanismo de comunión al que dan su aporte expertos en otros ámbitos como la ecología, la política y la urbanística.

La fraternidad en la política: utopía o necesidad?

En una época caracterizada por la fragmentación provocada por una creciente polarización en todos los niveles de la administración federal, y por la difundida visión de la política como lucha de poder entre partidos, el Congreso de Berna que tendrá lugar en el Centro de Convenciones de BEA (Bern-expo) el sábado 4 de septiembre de 2004, propondrá otro tipo de lectura del actuar político a la luz de una línea innovadora: la fraternidad universal. Esta iniciativa quiere ofrecer a los políticos suizos nuevos estímulos para su compromiso y favorecer el diálogo entre políticos y jóvenes. El tema principal: “La fraternidad en la política: �utopía o necesidad?” ha sido confiado a Chiara Lubich quien en 1996, en Nápoles, dio inicio al Movimiento político de la unidad, difundido después en varios Países. La fundadora de los Focolares ha ya afrontado el comprometedor argumento en varias sedes políticas en el ámbito internacional, entre las cuales: Londres, Madrid, Bratislava, Brasilia. Inaugurará el encuentro la Canciller federal, Annemarie Huber-Hotz. Presentará a Chiara Lubich la Concejal Nacional del Ticino, Chiara Simoneschi-Cortesi. Seguirá un diálogo entre los participantes y políticos de varios Países que ya han iniciado a experimentar en el campo esta nueva propuesta. En la tarde se le concederá un espacio especial a los jóvenes. La cita de Berna se realiza después del Congreso desarrollado en marzo del 2003 en Martigny, en el Vallese, donde participaron 250 personas comprometidas en la política en varios niveles. A partir de allí ha nacido la iniciativa de esta nueva cita a la que ya han confirmado su participación diputados, miembros de los parlamentos cantonales, alcaldes y numerosos jóvenes. La iniciativa ha sido promovida por: W. Donzé, Concejal Nacional (Frutigen, Berna), por los alcaldes suizos: M. Schwery de St. Léonard (Vallese), R. Lurati de Canobbio (Ticino), M. Wenger de Schaffhausen, S. Pont de Mollens (Vallese), M. Weber, vice-alcalde de Oberägeri (Zugo), por el Presidente y por la delegada del Parlamento de los jóvenes del Vallese*, Laurent Mösching y Krystel Bovy. * El Parlamento de los Jóvenes del Vallese fue creado en 1995. Iniciativas similares han tenido lugar también en otros cantones suizos. Está abierto a jóvenes que viven o estudian en el Vallese, ya sea suizos o extranjeros. En los distintos encuentros se afrontan temas de actualidad que se refieren a la política regional, nacional o internacional.

agosto 2004

En varias ocasiones Jesús comparó el Paraíso a un banquete de bodas, a una reunión de familia en torno a la mesa. En nuestra experiencia humana estos son, en efecto, los momentos más hermosos y serenos. Pero, ¿cuántos entrarán en el Paraíso, cuántos ocuparán su lugar en el “salón del banquete”?
Esa es la pregunta que un día alguien le dirige a Jesús: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”1. Jesús, como hizo en otras ocasiones, fue más allá de la discusión y puso a cada uno frente a la decisión que debe tomar. Lo invita a entrar en la casa de Dios.
Esto, sin embargo, no es fácil. La puerta para entrar es estrecha y permanece abierta por poco tiempo. En efecto, para seguir a Jesús es necesario negarse, renunciar, por lo menos espiritualmente, a sí mismos, a las cosas, a las personas. Hasta es necesario llevar la cruz como lo hizo él. Un camino difícil, es verdad, pero que con su gracia todos podemos recorrer.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Es más fácil tomar por “la puerta ancha y el camino espacioso”, del que Jesús habla en otra parte, pero que puede conducir a la “perdición”2. En nuestro mundo secularizado, saturado de materialismo, consumismo, hedonismo, vanidades, violencia, parece que todo está admitido. Se tiende a satisfacer cualquier exigencia, a ceder a cualquier pacto con tal de alcanzar la felicidad.
Sin embargo, sabemos que la verdadera felicidad se obtiene amando y que la renuncia es la condición necesaria al amor. Hace falta ser podados para dar buenos frutos. Hay que morir a sí mismos para vivir. Esa es la ley de Jesús, su paradoja. La mentalidad corriente nos embiste como un río en crecida y nosotros debemos caminar contra corriente: saber renunciar, por ejemplo, al ansia de poseer, al antagonismo como posición tomada, a la denigración del adversario; pero también realizar con honestidad el propio trabajo, y con generosidad, sin menoscabo de los intereses ajenos; saber discernir lo que se puede ver en televisión y lo que se puede leer, etc.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Para quien se deja estar en una vida fácil y no tiene el coraje de afrontar el camino propuesto por Jesús, se abre un futuro triste. Esto también está en el Evangelio. Jesús nos habla del dolor de los que serán dejados afuera. No bastará con apelar a la propia pertenencia religiosa y contentarse con un cristianismo por tradición. Será inútil decir: “Hemos comido y bebido contigo…”3. Nadie puede dar por descontada su salvación.
Será duro oír que a uno le dicen: “No sé de dónde son ustedes”4. Habrá entonces soledad, desesperación, falta absoluta de relación, la amargura abrasadora de haber tenido la posibilidad de amar y de ya no poder amar más. Un tormento del cual no se ve el final, porque no lo tendrá: “habrá llanto y rechinar de dientes”5.
Jesús nos lo advierte porque quiere nuestro bien. No es que él cierra la puerta, en todo caso seremos nosotros los que nos cerramos a su amor. El respeta nuestra libertad.

«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán»

Si la puerta ancha conduce a la perdición, la estrecha se abre de par en par sobre la verdadera felicidad. Después de cada invierno llega la primavera. Sí, tenemos que vivir con inmediatez la renuncia que el Evangelio requiere, cargar cada día con la propia cruz. Si la sabemos ofrecer con amor, en unidad con Jesús que ha asumido cada dolor nuestro, probaremos un paraíso anticipado.
Es lo que le sucedió a Roberto cuando se presentó a la audiencia del proceso contra quien, cuatro años antes, había causado la muerte a su padre. Después de la sentencia de condena, el atacante, junto a la esposa y al padre, se veía muy deprimido. “Hubiera querido acercarme a ese hombre, superando el orgullo que me decía que no; hacerle sentir que no me era indiferente”.
La hermana, en cambio, decía: “Son ellos los que tienen que disculparse con nosotros…”. Roberto finalmente la convenció y fueron juntos a ver a la familia “adversaria”: “Si esto puede aliviarlos, sepan que no alimentamos ningún rencor contra ustedes”. Se estrecharon las manos con fuerza. “Me siento invadido por la felicidad: he sabido aprovechar la ocasión de ver el dolor del otro olvidando el mío”.

Chiara Lubich

1) Lc 13, 23;

2) Cf Mt 7, 13;

3) Lc 13, 26;

4) Lc 13, 25;

5) Lc 13, 28.

Roma, Estación Termini: el valor de arriesgar la vida

  Un día fui a Roma para una cita médica con un especialista. Bajando en la Estación Termini un joven emigrante me roba, tres hombres empiezan a perseguirlo: “Es un ladrón, deténganlo!”. La muchedumbre lo detiene, haciéndolo caer al suelo. Los perseguidores empiezan a insultarlo, golpearlo y patearle el estómago. Viendo ese brutal espectáculo, pienso por un momento en mi situación de hipertensa grave, pero enseguida entiendo que en ese momento la vida de ese muchacho era más importante que la mía. No puedo dejar espacio a la mentalidad común y hacer como si nada. La coherencia con el Evangelio exige algo más. Me precipito de carrera, dispersando a todos y dando golpes a la derecha y a la izquierda con mi cartera; me lanzo sobre él haciendole de escudo. El joven grita fuerte que lo salven de sus agresores, los cuales, viendo mi actitud, deciden detenerse. “¿No les da vergüenza tratarlo de ese modo? ¿Qué hizo tan grave para ser tratado así?”, “!Me robó mi cartera!”, responde uno de ellos. El muchacho –tenía 16 años- me dice que robó para comprar un poco de pan para sobrevivir, dado que desde hace dos días no prueba bocado y duerme debajo de los puentes. Mientras tanto llega la policía, y el muchacho empieza a explicar: había escapado de su País hacía dos años. Su familia había sido destruida y sólo él había logrado salvarse escondiéndose en una paca de paja. Después había llegado a Italia, donde unos amigos le habían dicho que había mucho bienestar. Con los policías lo llevamos al hospital. Durante el translado me apreta fuerte la mano y me dice: “Mamá. tú me has salvado la vida. Tú eres mi mamá italiana”. Llega el diagnóstico a la sala de Emergencias: trauma craneal y lesiones en tres costillas. Después de un tiempo una religiosa nos dice que tiene que ser internado, pero que está desprovisto del vestuario necesario para el internamiento. Voy a comprar lo necesario, para que el muchacho pueda ser ingresado. Mientras lo atienden, los policías y las religiosas extienden el reporte médico, me preguntan si yo soy su pariente. Respondo que no. Veo en los ojos de los presentes la perplejidad y la emoción. “¿Por qué hace todo esto?”, me preguntan. Respondo que todos los días trato de amar al hemano, de ver en él el rostro de Jesús, y de no echarme para atrás en las situaciones incómodas. La hermana, con los ojos rojos, me dice que le he dado una buena lección de amor, porque sólo quien vive el Evangelio puede hacer esto, y me anima a proseguir por este camino. Antes de irme intento dejar una cierta cantidad de dinero, de la que disponía, para la cita con el especialista, para las necesidades del muchacho. Pero la hermana me dice que no me preocupe por él: “Usted ya le salvó la vida, ahora yo me encargo de él”. También los policías me agradecen por el gesto, diciendome que había arriesgado mucho. La justicia hace su camino; pero sé que hoy día este muchacho vive en una comunidad católica como vigilante, recomendado por la hermana del hospital. (M.T. – Italia, extraído de Cuando Dios interviene, Experiencias de todo el mundo, Città Nuova, Roma 2004)

Vivir en el amor para morir en el amor

Vivir en el amor para morir en el amor

Vincenzo, el cuarto de los ocho hijos de la familia Folonari, era un niño muy inquieto: en la escuela hacía berrinches, hablaba en lugar de escuchar, algunas veces la maestra lo castigaba, pero a partir del día de su Primera Comunión cambió radicalmente. Un día en la mesa Vincenzo preguntó a sus hermanos: “¿A qué edad les gustaría morir?”. “A mí joven…”, “A mí con 100 años…” Y él: “A mí con 33 años, como Jesús”.

Un ideal por el cual vivir

Algunos años después, en el verano de 1951, Vincenzo y dos de sus hermanas, al terminar las clases, fueron de vacaciones a la montaña. Chiara Lubich se encontraba en ese período en Tonadico, en la montañas Dolomitas. Se había vuelto habitual, para los adherentes del naciente Movimiento de los Focolares, esa cita en las montañas trentinas, que había tomado el nombre de Mariápolis. Los muchachos Folonari, que habían conocido el Movimiento en Brescia, su ciudad natal, obtuvieron el permiso de sus padres para pasar las vacaciones allí cerca, en S. Martín de Castrozza. No faltaron a las frecuentes citas en Tonadico; estaban en grupos distintos y no se habían visto en todo el día. En la noche, de regreso en el autobús. Vincenzo no tenía palabras, estaba feliz: “!Bellísimo, bellísimo!” – decía. Era como si hubiese encontrado algo que lo saciaba profundamente, un ideal por el cual vivir.

“Tú no has elegido a Dios, es Dios quien te ha elegido a ti”

Algunos meses después, Vincenzo se mudó a Roma, para inscribirse en la Universidad; enseguida se puso en contacto con el focolar. Durante la vigilia de Pentecostés fue a pie al santuario de la Virgen del Divino Amor para pedirle un signo externo que le hiciera entender su vocación. Al día siguiente, cuando Chiara lo encontró, le recordó una frase de Jesús: “No han sido ustedes quienes Me han elegido, sino Yo quien los he elegido a ustedes”. Desde entonces todo lo llamaran “Eletto” (Elegido).

En una carta a Chiara, Eletto escribió: “He elegido a Dios para siempre, sólo a Él, ninguna otra cosa”. Le comunicó que quería dar al Movimiento de los Focolares todos los bienes que había recibido en herencia – entre los cuales las 80 hectáreas en donde hoy surge la ciudadela de Loppiano -, agregando: “No tengo ningún mérito para tenerlas porque las he recibido gratis”.

Una vida para donar el Ideal de la Unidad a los muchachos

Una de las características de Eletto era su relación con los niños y los adolescentes del Movimiento, que Chiara le había confiado. En las Mariápolis de Fiera de Primiero estaba siempre rodeado por ellos. Con ellos iba de paseo, organizaba comedias…

Hablando con su hermana Virgo, quien a su vez tenía confiadas las muchachas, acostumbraba decirle: “Pero te imaginas si este Ideal de la Unidad tomara todos los muchachos, todos los jóvenes… !lo que surgiría!”.

Aquella sonrisa entre las olas del lago

Ese 12 de julio de 1964 era domingo, estaba con él uno de estos muchachos, Gabriele, y Eletto lo invitó a dar un paseo. Fueron al lago de Bracciano. Hacía mucho calor y decidieron dar una vuelta con la barca. A más o menos 200 metros de la orilla Eletto –deportista y nadador- entró en el agua sosteniéndose con ambas manos. “Está muy fría” –le dijo a Gabriele – y se puso muy pálido. El lago estaba movido y una ola le arrancó, primero una mano y después la otra, del borde de la barca, que, ya no estando sostenida por el peso de Eletto, se alejó repentinamente varios metros. Eletto gritó enseguida a Gabriele: “Ven acá, ven acá, acércate”, pero Gabriele, que no sabía ni remar ni nadar, no lograba acercarse, todo lo contrario, por la fuerte corriente, la barca se alejaba cada vez más. “A duras penas lograba divisar su rostro en medio de las olas, lo llamaba, pedía ayuda, le grité que no lograba alcanzarlo” – cuenta Gabriele. Y prosigue: “Me gritó: ‘Voy a la orilla… voy a la orilla’, y luego se dio vuelta, lo vi todavía por un segundo: su rostro estaba iluminado por una sonrisa radiante”. Después desapareció, tragado por el lago. Su cuerpo no fue encontrado nunca, su “tumba azul” es el lago de Bracciano.

Vivir en el amor, para morir en el amor

Chiara, el 19 de julio, escribía: «Eletto era tan bueno, tan humilde que pertenecía más a Dios que a nosotros y Él, quizás por esto, lo ha llamado. Ahora está con Jesús a quien ha amado, con María y con los nuestros que están en el Paraíso y, después de que se sentía el último, se ha convertido en el primero.

Dios mío, !qué abismo es esta vida y esta muerte que cada uno debe afrontar! Permítenos vivir en el amor para poder morir en el amor.

Eletto hizo –como último acto- un acto de amor. Quiere decir que estaba acostumbrado, porque de lo contrario, en esos momentos, se puede pensar sólo en sí mismo.

Eletto nuestro, ruega desde el cielo por nosotros que rezamos por ti. Estamos seguros de que Dios, amándote, te ha llamado en el mejor momento. Tú Lo has amado en la vida; no tenías más que Él y María.

Has llegado donde también nosotros tenemos que ir. Ábrenos el camino, Eletto, y prepáranos un lugar (…). Ahora que tú ves lo que realmente vale, como en realidad ya te habías acostumbrado aquí abajo, ayúdanos a no salir del camino y a mantenernos en la caridad como hiciste tú”.

El Movimiento GEN

Su muerte tan repentina dejó desconcertados no sólo a los adultos, sino también a los niños y muchachos que él seguía. “También ellos han tenido su prueba –escribió Chiara- tremenda e irremediable. Esperemos que sobre este dolor nazca algo para ellos en el seno del Movimiento, para la gloria de Dios, para embellecer la Iglesia. Por otra parte, Eletto no habría deseado nada mejor”. Pocos años después, nace el Movimiento Gen, que hoy día cuenta con miles de jóvenes, adolescentes y niños, de todo el mundo.

El recuerdo en Trevignano

El 12 de julio, 40 años después de la ida al Cielo de Eletto, tendrá lugar una jornada en Trevignano, en el lago de Bracciano (Roma). El encuentro iniciará a las 11.00 de la mañana, con la S. Misa, en la iglesia de la Asunción de María, que domina la pequeña ciudad. La conclusión está prevista para las 5.00 de la tarde.

Para mayores informaciones tel.: 06/94315300; 06/9412419

e-mail: gen2m@focolare.org ; centrogen2f@focolare.org

julio 2004

Los discípulos veían cómo oraba Jesús. Lo que más les impactaba era ese modo característico con el cual se dirigía a Dios: lo llamaba “Padre”1. Ya antes otros habían llamado a Dios con ese mismo nombre, pero esa palabra, en labios de Jesús, hablaba de un íntimo conocimiento recíproco entre él y el Padre, nuevo y único; de un amor y de una vida que los vinculaba a ambos en una unidad incomparable.
Los discípulos hubieran querido experimentar esa misma relación con Dios, tan viva y profunda, que veían en su Maestro. Querían orar como oraba él, por eso le pidieron:

«Señor, enséñanos a orar»

Jesús ya les había hablado muchas veces a sus discípulos del Padre, pero ahora, respondiendo a su pedido, les revela que su Padre es también nuestro Padre: nosotros, como él, gracias al Espíritu Santo, podemos llamarlo “Padre”.
Enseñándonos a decir “Padre”, Jesús nos revela que somos hijos de Dios y nos hace tomar conciencia de que somos hermanos y hermanas entre nosotros. Como hermano junto a nosotros, nos introduce en su misma relación con Dios, orienta nuestra vida hacia él, nos introduce en el seno de la Trinidad, nos hace ser, cada vez más, uno entre nosotros.

«Señor, enséñanos a orar»

Jesús no sólo enseña a dirigirse al Padre, sino que también enseña qué pedirle. Que sea santificado su nombre y venga su reino; que Dios se deje conocer y amar por nosotros y por todos; que entre definitivamente en nuestra historia y tome posesión de lo que ya le pertenece; que se realice plenamente su plan de amor sobre la humanidad. Jesús nos enseña, de esa manera, a tener sus mismos sentimientos, uniformando nuestra voluntad sobre la de Dios.
Nos enseña, además, a confiar en el Padre. A él, que alimenta a los pájaros del cielo, podemos pedirle el pan cotidiano; a él, que recibe con los brazos abiertos al hijo descarriado, podemos pedirle el perdón de los pecados; a él, que cuenta incluso los cabellos de nuestra cabeza, podemos pedirle que nos defienda de toda tentación.
Estos son los pedidos a los cuales Dios ciertamente responde. Podemos hacerlo con palabras distintas – escribe Agustín de Hipona – pero no podemos pedir cosas distintas2.

«Señor, enséñanos a orar»

Recuerdo cuando también a mí el Señor me hizo comprender, de manera novedosa, que tenía un Padre. Tenía 23 años. Todavía trabajaba como maestra. Un sacerdote que estaba de paso me pidió que ofreciera una hora de mi jornada por sus intenciones. “¿Por qué no toda la jornada?”, le respondo. Impactado por esta generosidad juvenil me dice: “Recuerde que Dios la ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. “Dios me ama inmensamente”. Lo digo, lo repito a mis compañeras: “Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente”.
A partir de ese momento advierto a Dios presente por todas partes. Está siempre. Y me explica. ¿Qué me explica? Que todo es amor: lo que soy y lo que me sucede; lo que somos y los que tiene que ver con nosotros; que soy hija suya y él es Padre para mí.
Desde ese momento también mi oración cambia: ya no es un dirigirme a Jesús, sino un ponerme a su lado, Hermano nuestro, dirigida al Padre. Cuando le rezo con las palabras que Jesús me ha enseñado, siento que no estoy sola trabajando por su Reino: somos dos, el Omnipotente y yo. Lo reconozco Padre también en nombre de todos los que no saben que lo es, pido que su santidad envuelva y penetre la Tierra entera, pido pan para todos, el perdón y la liberación del mal para todos los que pasan por pruebas.

Cuando hay acontecimientos que me alarman o me turban, vuelco toda mi ansiedad en el Padre, segura de que él se ocupa. Y puedo dar testimonio de que no recuerdo ninguna preocupación que haya puesto en su corazón y de la cual él no se haya ocupado. El Padre, si nosotros creemos en su amor, interviene siempre, en las pequeñas y en las grandes cosas.
En este mes tratemos de decir el “Padre Nuestro”, la oración que Jesús nos ha enseñado, con una nueva conciencia: Dios es nuestro Padre y se ocupa de nosotros. Digámosla en nombre de toda la humanidad, afianzando la fraternidad universal. Que sea nuestra oración por excelencia, sabiendo que con ella pedimos a Dios lo que a él más le interesa. El responderá a cada uno de nuestros pedidos y nos colmará de sus dones. Libres, entonces, de toda preocupación, podremos correr por el camino del amor.

Chiara Lubich
 

1) Mt 11, 25-26; Mc 14, 36; Lc 22, 42; Lc 10, 21; Jn 17, 1;

2) Carta 130, a Proba, 12, 22.

Del diálogo entre las religiones, una estrategia de fraternidad para un mundo nuevo

Del diálogo entre las religiones, una estrategia de fraternidad para un mundo nuevo

  “¿Cuál futuro para una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa? Es un interrogante cada vez más difundido y particularmente vivo en la sociedad inglesa, la más cosmopolita de Europa, el afrontado por Chiara Lubich en el Westminster Central Hall, el sábado en la tarde ante más de 2000 personas, entre las cuales el Card. Murphy O’ Connor, arzobispo de Londres, personalidades musulmanas, budistas y sijs. El título del encuentro, promovido por el Movimiento de los Focolares de Gran Bretaña era: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. Una estrategia de fraternidad para dar un vuelco a las relaciones internacionales Mientras muchos hablan de la amenaza de un choque entre civilizaciones debido al terrorismo, la fundadora de los Focolares indicó el remedio preventivo en el diálogo interreligioso. No sólo. A partir de este diálogo –dijo- puede empezar una “estrategia de fraternidad, capaz de señalar un vuelco en las relaciones internacionales”.

De la sociedad multiétnica y multirreligiosa puede nacer un mundo nuevo Haciendo una comparación entre nuestro tiempo caracterizado por tan profundas transformaciones y el de San Agustín de Hipona, quien fue testigo del trastorno de su sociedad, por la presión de las migraciones de los pueblos, Chiara Lubich afirmó que lo que está ocurriendo es “el nacimiento de un mundo nuevo”. El mundo nuevo del tercer milenio, para Chiara Lubich, será la unidad de la familia humana, enriquecida por las diversidades, según el designio de Dios. El boceto ya se pudo entrever en el denso intercambio de testimonios, de cantos, y de danzas que iban desde los colores y ritmos orientales y africanos, a las intervenciones de representantes de varias religiones, como la del Imán iraní, Mohammed Somali, y de la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú “Swadyaya Family”. ¿Cómo actuar el diálogo entre las religiones? El diálogo debe estar animado por ese amor –afirmó Chiara Lubich- que llega a “ponerse en el lugar del otro”, porque sabe hacerse una “nada de amor” delante del otro, sabe convertirse en ese espacio de acogida y escucha que prepara “el respetuoso anuncio del Evangelio”. Aquí la fundadora de los Focolares recordó las palabras pronunciadas por Juan Pablo II en India: “Cuando nos abrimos el uno al otro, nos abrimos también a Dios, y actuamos de modo que Dios esté presente en medio nuestro”. Y Él es “la fuerza secreta que le da vigor y éxito a nuestros esfuerzos, de llevar por doquier la unidad y la fraternidad universal”.

Una visión compartida por líderes de varias religiones y por políticos Es lo que expresaron los otros líderes, desde el Imán de Reino Unido, el Dr. Zaki Badawi, al jefe espiritual de los Sijs de Gran Bretaña y de Europa, Bai Shaib Mohinder Singh de Birmigham, quienes intervinieron enseguida después de Chiara Lubich, junto a la baronesa Kathleen Richardson de la Cámara de los Lord, quien recordó como “enseguida después de la guerra, la asamblea de la ONU se reunió por primera vez en asamblea plenaria precisamente en esa aula. La visión expresada hoy –agregó- es todavía más rica, porque no está construida sólo sobre aspiraciones humanas, sino sobre la participación en el amor de Dios”. Las nuevas tecnologías al servicio de la fraternidad entre los pueblos Unidad y fraternidad universal. Es una experiencia viva allí en el Westminster Central Hall que, como dan testimonio fax y e-mail, ha llevado una ola de esperanza a muchos Países de las Américas, Australia, Europa, Medio Oriente y el Norte de África, conectados vía satélite gracias a Telepace y por Internet. Algunos flash. Desde Bulgaria: “Nos hemos visto involucrados en esa fraternidad entre las religiones y culturas que queremos realizar también en nuestro País donde están presentes casi un millón de musulmanes, quienes son para nosotros el recuerdo de una llaga del pasado”. Desde Irlanda:“Hemos experimentado un fragmento de fraternidad universal realizada admirando la belleza y riqueza de tantos credos y culturas. Hoy se he marcado para nosotros el inicio de un nuevo camino lleno de esperanza, ahora que Irlanda se está volviendo cada vez más multicultural”. Desde Estocolmo:“Hemos entrevisto la solución de la violencia que hay en el mundo, una nueva esperanza de que la unidad y la paz son posibles”.

Miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.

La fraternidad como categoría política, antídoto al terrorismo y salvaguardia del bien común

La fraternidad como categoría política, antídoto al terrorismo y salvaguardia del bien común

De la libertad y la igualdad se habla mucho, pero ¿dónde terminó la fraternidad? Es este el interrogante central en la intervención de Chiara Lubich en el palacio de Westminster, sede del Parlamento británico. Estaban presentes también el Ministro de asuntos constitucionales, David Lammy, de origen africana y un miembro protestante del Partido Unionista de Irlanda del Norte. Es la última etapa del viaje de la fundadora de los Focolares a Gran Bretaña, después de los encuentros con las máximas autoridades anglicanas y católicas y con líderes musulmanes, hindúes y sijs, que han abierto perspectivas nuevas. “Hoy existe un velo de escepticismo hacia la política y no se sabe cómo ir más allá. Ya ninguno quiere escuchar las campañas electorales… El poder corrompe astutamente… �Cómo hacer para ir adelante manteniendo el poder y el objetivo del bien común?” Son algunos flash del diálogo entre los políticos y Chiara Lubich.

La visión de la política presentada por la fundadora de los Focolares es decididamente innovadora. Se refiere al trinomio de la Revolución Francesa y observa que la libertad y la igualdad, con el tiempo, “se han convertido en principios jurídicos y son aplicados como verdaderas categorías políticas”. Pide el mismo reconocimiento para la fraternidad. Sólo juntos podrán dar origen a una política que responda a las necesidades más urgentes de hoy, incluido el terrorismo. Y se refiere a una de las causas fundamentales: la creciente diferencia entre ricos y pobres. Sólo la fraternidad puede hacer que se muevan los bienes y entre en acción la solidaridad. ¿Utopía? Chiara Lubich cita hechos: son alrededor de 3000 los políticos que han asumido la fraternidad como categoría política en varios Países, desde Europa hasta América Latina. Forman el Movimiento Político por la Unidad al cual ella dio inicio hace unos diez años. Ofrece su testimonio el diputado Giuseppe Gambale, italiano, quien habla de numerosas iniciativas. Citamos sólo una: diputados de varias tendencias iniciaron “un grupo de trabajo transversal sobre la reforma de la cooperación internacional bloqueada desde hacía años en la Comisión del Ministerio de Relaciones Exteriores, descubriendo –dice- varios puntos de convergencia entre las propuestas de ley ya presentadas. Una forma concreta para contribuir a afrontar los grandes desequilibrios económicos y sociales entre el norte y el sur del mundo”. En el marco de una política cada vez más conflictiva, la fraternidad significa cambiar totalmente de actitud hacia los adversarios políticos, dijo Chiara Lubich. “Se toma conciencia de que toda ideología política puede ser la respuesta a una necesidad social y por lo tanto es necesaria para el bien común. La crítica puede ser constructiva hasta llegar a poner en práctica la aparente paradoja de amar el partido del otro como el propio, porque el bien del País tiene necesidad del trabajo de todos”. “Es ésta la verdadera política de la que cada País tiene necesidad –agregó-. De hecho el poder otorga la fuerza, pero es el amor el que da la autoridad”. Ha sido un encuentro que tendrá una continuidad. Se prevé en Londres el inicio de esos encuentros periódicos que ya tienen lugar en otros Países.

Chiara Lubich en audiencia con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams

Chiara Lubich en audiencia con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams

La primera cita de Chiara Lubich en Londres tuvo lugar en el Lamberth Palace, donde fue recibida en audiencia por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra. De ella habló Chiara Lubich misma en una rueda de prensa en Londres. “El arzobispo Williams estaba especialmente interesado en nuestra experiencia de diálogo interreligioso. Me preguntó cuál era nuestro secreto. Me referí a la Novo Millennio Ineunte, donde el Papa profundiza el misterio de Jesús en la cruz que grita: ‘Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado’. Jesús, después de que había perdido a su madre, a sus discípulos y su misma vida, perdió también el sentido de la unidad con el Padre que era todo para Él. Jesús se redujo a nada. Es éste el punto de nuestra espiritualidad de comunión que nos enseña, a ser “nada”, “nada de amor”, ante las personas de otras religiones, para “entrar” en ellos, porque –como se dijo- es necesario “saber ponerse en el lugar del otro”, hasta entender qué significa para ellos ser budistas, musulmanes, hindúes. Pero no se puede entrar en el otro si no se es nada. Entonces la figura de Jesús abandonado es el modelo”. “Después hemos hablado de muchos otros argumentos: del Movimiento ecuménico, del compromiso que hemos asumido –junto a muchos otros Movimientos católicos, anglicanos, evangélicos y ortodoxos- de contribuir a realizar una Europa del Espíritu. Esto suscitó en él un vivo interés, siendo él teólogo”. “Quedé muy impresionado por la ‘calidad’ de relación entre Chiara y el Arzobispo” –nos dijo Callan Slipper, ministro de la Iglesia de Inglaterra, focolarino, presente en la audiencia. “El Arzobispo tenía una actitud de profunda apertura, la inteligencia de quien sabe escuchar y apreciar. Esta actitud se vio desde el primer momento, cuando, después de que Chiara nombró los distintos Primados de la Iglesia de Inglaterra que ha conocido, dijo bromeando: ‘Entonces, �usted conoce la Iglesia de Inglaterra mejor que yo!’. Después, informado de las citas públicas programadas, afirmó que cuanto ocurre en estos días sucede en el momento oportuno, porque –dijo- tenemos mucha necesidad de ello, sea como Nación que como Iglesia”. La página ecuménica, de las relaciones con la Iglesia de Inglaterra, ha tenido inicio en 1961, con el Archidiácono Bernard Pawley, quien encontró a Chiara en Roma. Más tarde algunos ministros anglicanos estuvieron presentes en un encuentro, en Grottaferrata (Roma), entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hizo reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En 1966, en Londres, en el Lambeth Palace, Chiara encontró por primera vez al Primado de la Iglesia de Inglaterra, el entonces arzobispo Michael Ramsey. quien le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Seguidamente Chiara se encontró con los sucesores: Coggan, Runcie y Carey. En Gran Bretaña, el Movimiento de los Focolares se ha desarrollado entre los católicos, y entre anglicanos, presbiterianos, metodistas y bautistas. En Welwyn Garden City está naciendo una ciudadela ecuménica. Es la unidad, corazón de la espiritualidad de los Focolares, la que interesa en especial a los anglicanos.

«Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad»- En DIRECTO vía satélite y vía Internet

«Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad»- En DIRECTO vía satélite y vía Internet

 Está suscitando un amplio interés, en Londres, la capital de Europa más cosmopolita, y en toda Gran Bretaña, el evento con el título: “Imagina un mundo… enriquecido por la diversidad”. A través de ponencias, reflexiones, testimonios, espacios artísticos, este encuentro quiere expresar el compromiso común de cristianos de diversas Iglesias y comunidades eclesiales, y de seguidores de varias religiones, de construir un mundo de paz y unidad en la fraternidad. Es significativa la elección del lugar: el histórico Westminster Central Hall, donde en 1946 tuvo lugar la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, y en 1931 tomó la palabra el Mahatma Gandhi. Chiara Lubich, en su exposición, afrontará un interrogante cada vez más difundido: “�Cuál es el futuro de una sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa?”.Premio UNESCO por la Educación a la paz en 1996, fundadora y Presidente del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, precisamente en Londres, con ocasión de la entrega del Premio Templeton por el progreso de la religión, en 1977, dio un impulso decisivo al diálogo interreligioso, en el que desde entonces se ha comprometido el Movimiento de los Focolares, en los 5 continentes. Se esperan unas 2000 personas de varias Iglesias, y una representación de varias religiones, entre las cuales Musulmanes, Siks, Hindús. Entre las personalidades que han confirmado su participación se encuentran: el líder sikh, Bhai Sahib Ji Mohinder Singh de Birmigham; el Dr. Zaki Badawi, Presidente del Consejo de los Imán y de las Mezquitas de Gran Bretaña; la señora Didi Athavale, líder del gran Movimiento hindú Swadhyaya Family. Estarán presentes también el obispo anglicano Tom Butler, dirigente de la organización: “Red religiosa para Gran Bretaña”, el arzobispo de Glasgow, Mario Conti, especialmente comprometido en el ecumenismo, la baronesa Shirley Williams, conocida personalidad, de los demócratas liberales de la Cámara de los Lord.

El martes 15 de junio, Chiara Lubich fue recibida en audiencia en el Lambeth Palace por el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, Primado de la Iglesia de Inglaterra (anglicana) y Primer inter-pares entre los Primados de la Comunión Anglicana mundial. El Reverendo Williams empezó su ministerio el 27 de febrero de 2003.

La página ecuménica, en las relaciones con la Iglesia anglicana, tiene inicio en 1965 cuando algunos ministros anglicanos participaron en un encuentro en Grottaferrata (Roma) entre católicos y evangélico-luteranos. Quedaron impresionados por la atmósfera suscitada por el amor recíproco que los hacía reconocerse como hermanos y hermanas en Cristo. En Londres, en 1986, en el Lambeth Palace, el entonces Primado de la Iglesia de Inglaterra, el Arzobispo Michael Ramsey, encontrando a Chiara, le dijo: «Veo la mano de Dios en esta Obra» y la animó a difundir la espiritualidad del Movimiento en la Iglesia de Inglaterra. Lo mismo que han hecho sus sucesores: Coggan, Runcie y Carey.

Al día siguiente, miércoles 16, por invitación del Rector del St. Mary’s College de la Universidad Estatal de Surrey (Londres), Chiara Lubich desarrolló una lección sobre “Los nuevos Movimientos y el perfil mariano”, como conclusiòn de un ciclo sobre “Misiòn y evangelización” dedicado el año pasado a los Cardenales Connell, Pulic, Grinze, Napier, Williams, Daly, O’Connor, Stafford, y este año a los Movimientos, comunidades y caminos eclesiales.

 

IGINO GIORDANI: un alma de fuego

Igino Giordani, escritor, periodista, político, ecumenista y experto en patrística, es una de las figuras más representativas del Novecientos, una personalidad polifacética que ha dejado huellas profundas y ha abierto perspectivas proféticas a nivel cultural, político, eclesial y social.

Nacido en 1894, en Tivoli (Italia), es el primero de los seis hijos de Orsolina y Mariano, un albañil; empieza sus estudios gracias a la ayuda de un benefactor. En 1915 es llamado a las armas durante la Primera Guerra Mundial. Oficial en la trinchera, confesará más tarde que nunca quiso disparar al enemigo, sin embargo recibió la medalla de plata por su audacia y generosidad, además de por las heridas que lo angustiarán durante toda la vida. Graduado en Letras, se dedica a la enseñanza en Roma y se casa con Mya Salvati, tejiendo una historia de amor cada vez más delicada y fuerte, de la que nacerán cuatro hijos: Mario, Sergio, Brando y Bonizza.

En los años ’20 empieza su compromiso político.

Conoce a Don Sturzo, quien lo elige como jefe de prensa del recién nacido partido Popular. Piero Gobetti le publica el libro Rebelión Popular, definiéndolo como una “síntesis del nuevo pensamiento católico”.Funda el periódico Parte Guelfa. Y ya en los años ’24 y ’25 elabora y difunde ideas sobre la “Unión de las Iglesias” y sobre los “Estados Unidos de Europa”.

Abandonada por motivos políticos la escuela pública, en 1927 encuentra trabajo en la Biblioteca Vaticana, donde logra que contraten también a Alcide De Gasperi, quien acababa de salir de la prisión fascista. Se convierte en director de Fides, la revista de la “Obra Pontificia para la preservación de la Fe”.Colabora con el periódico Il Frontespizio de Piero Bargellini, estrechando relaciones con el vivaz movimiento literario florentino.

En 1944 dirige Il Quotidiano, el nuevo periódico de la Acción Católica en la segunda postguerra; seguidamente sustituye a Gonella en la dirección de Il Popolo.

El 2 de junio de 1946 es elegido como diputado y entra a formar parte de los “padres constituyentes” que pusieron las bases ideológicas de la República italiana. Será reelegido nuevamente en 1948, y en 1950 se convertirá en miembro del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo.

En síntesis, Giordani fue un político militante, no por ambición, sino por amor y servicio a la comunidad en momentos difíciles. En los años ’20 lucha con valentía por la libertad ante la dictadura. La fuerte connotación ética de su compromiso político le acarrea la marginación bajo el régimen: período de inteligente y continua “resistencia cultural”, en la que exalta en sus libros los valores de la libertad y de un orden diverso.

El período del ’46 al ’53 es el más creativo y vivaz, con iniciativas audaces y proféticas para la paz entre las clases y entre los pueblos, y una característica muy original: su famosa “ingenuidad” -como él la llama-, que lo lleva a asumir posiciones incómodas, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas… Una “ingenuidad” que pronto lo deja fuera de juego (no es reelegido en el ’53) pero que hoy hace que se le redescubra como (son palabras del historiador De Rosa) “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las motivaciones del poder por el poder”.

Como escritor ha publicado más de 100 obras (un promedio de casi dos por año), traducidas en los principales idiomas, sin contar los ensayos, los opúsculos, los artículos (más de 4000), las cartas, los discursos.

Una experiencia cristiana ejemplar

Entre los sufrimientos del hospital militar, con 22 años advierte un primer llamado a la santidad, reforzado por los escritos de Santa Catalina de Siena. Se vuelve terciario dominico por amor a ella, “la primera –dirá- que me incendió con el amor de Dios”.Como cristiano vive con espíritu evangélico toda su actividad terrena, viéndola siempre como una vocación. Sus escritos más válidos – de continua actualidad- nacen de un profundo conocimiento de la historia del cristianismo y de los Padres de la Iglesia. De allí la sólida formación teológica y espiritual que lo caracterizan y que él hace fructificar mediante una fecunda actividad de animación cristiana de la cultura y de formación espiritual de los laicos e incluso de sacerdotes y religiosos.

Precursor del diálogo ecuménico, anticipa en los años ’30 las líneas del Concilio Vaticano II. Estudia, traduce, explica el pensamiento de los Padres del primer cristianismo en años en los que habían sido casi olvidados. De ellos saca el “Mensaje social del cristianismo” que es una de sus obras más conocidas. Se ensimisma tanto con ellos que Italo Alighiero Chiusano lo define “como un antiguo Padre de la Iglesia al que Dios le dio el privilegio de resurgir y de moverse en medio de nosotros”.

Hacia los senderos de la santidad

Pero el evento que eleva todavía más su vida hacia senderos luminosos y exigentes de santidad, tiene lugar en septiembre de 1948, y es el encuentro con Chiara Lubich.

Se puede decir que empieza para él una experiencia nueva que lo involucra completamente, una asociación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, los acontecimientos mismos de mi vida se me presentaban como dirigidos hacia una meta… Podría decir que primero había buscado; ahora había encontrado”.

Fascinado por la radicalidad evangélica de la “espiritualidad de comunión” por ella anunciada y vivida, descubre la posibilidad de realización del sueño de los Padres de la Iglesia: abrir de par en par las puertas de los monasterios para que la santidad no sea un privilegio de pocos, sino un fenómeno de masa en el pueblo cristiano. Por lo tanto adhiere con totalidad de mente y de corazón al Movimiento de los Focolares dentro del cual es llamado “Foco” (“Fuego”), por el amor que testimonia y difunde. No sólo. Con su “sí” se convierte en un instrumento providencial para que la fundadora de los Focolares llegue a ulteriores comprensiones del propio carisma.

Giordani casi parece salir de la escena cultural y política hasta entonces perseguida, para revivirla en un plano sobrenatural. En el “hacerse niño” ante el amor totalitario de los llamados a la virginidad, a él, casado, se le abre de par en par, precisamente “en el amor sin medida”, un camino de comunión con ellos. Puro de corazón y con el alma dilatada a la humanidad, puede abrir así este camino a un escuadrón de casados en todo el mundo, llamados a este nuevo tipo de consagración. Y detrás de ellos surgen movimientos de masa para las familias y para la reanimación evangélica de las varias actividades humanas. Se convierte así en uno de los más estrechos colaboradores de Chiara Lubich, quien lo considera un “co-fundador” del Movimiento de los Focolares.

Por las vías de la mística

En el crisol del Focolar, Giordani realiza el más alto viaje del alma por los caminos de la mística, donde las pruebas espirituales, las incomprensiones y las humillaciones por la progresiva marginación, los dolores físicos, se disipan ante la experiencia cotidiana de la presencia de Cristo entre “dos o más” unidos en Su nombre, y del misterio de amor de un Dios crucificado y abandonado. Obtiene del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a quien más ama. Su viaje se convierte así en un “vuelo” en Dios, concluido la noche del 18 de abril de 1980. Sus restos mortales reposan en el cementerio de Rocca di Papa (Roma).

�Definir a Giordani con una sola palabra?

Muchos, incluso intelectuales exigentes, lo han llamado “un profeta”.

Para Chiara Lubich es “el hombre de las bienaventuranzas”, y revela su amplitud insólita cuando lo define como “alma-humanidad”.

Para Tommaso Sorgi, atento estudioso suyo, es un “enamorado de Dios y del hombre”.

Nedo Pozzi

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El viaje del alma de Giordani, a través de sus escritos, sobre todo de los más autobiográficos, es recorrido en una reciente breve biografía de Tommaso Sorgi, responsable del Centro de Estudios “Igino Giordani”, con el título: “Un alma de fuego”, editada por Città Nuova.

Devolver a Dios a la sociedad, a la cultura y a la política: el ideal de Igino Giordani

Devolver a Dios a la sociedad, a la cultura y a la política: el ideal de Igino Giordani

Igino Giordani: con su vida se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas. Dijo Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, el día de la apertura oficial del proceso de beatificación de esta personalidad “polifacética”: escritor, periodista, político, ecumenista, estudioso de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de San Pietro, en Francati, diócesis donde Giordani concluyó su vida terrena. Entre la multitud que colmaba la catedral, estaban presentes los hijos Sergio, Brando y Bonizza. La solemne concelebración litúrgica, que precedió la instalación del tribunal eclesiástico, fue precedida por el obispo de Frascati, Mons. Giuseppe Matarrese.

“Giordani atravesó el siglo XX como protagonista – dijo en la homilía Piero Coda, vicario episcopal-. Participó en la reconstrucción de la Italia republicana como miembro de la Constituyente y como parlamentario”, contribuyó a preparar y después a promover “con la vida y con la pluma” la primavera del Concilio. “En él ardía un deseo: devolver a Dios al mundo, a la sociedad, a la cultura”.

Y será después del encuentro con el carisma de Chiara Lubich, a quien encontró en Montecitorio en 1948, que Giordani dirá: “Sentí que pasaba del Cristo buscado, al Cristo vivo”.Con su vida –afirmó la fundadora de los Focolares interviniendo al final de la Misa- se podría volver a escribir la página evangélica de las bienaventuranzas: “Ha sido la pureza de corazón la que le afinó y potenció los sentimientos más sagrados hacia su esposa y sus hijos”. Ha sido un “Pobre de espíritu, por el desapego completo no sólo de lo que poseía, sino sobre todo de lo que era”. Ha sido un “constructor de paz, como documenta su historia de hombre político”.

En Giordani Chiara Lubich reconoce a un co-fundador del Movimiento de los Focolares, que ha dado un impulso excepcional a los movimientos de vasto alcance, nacidos para la animación cristiana del mundo de los jóvenes, de la familia, de la política, de la educación, de la medicina, del arte.

Ha sido él quien ha abierto de par en par un nuevo camino de consagración para los casados que lo llevó a experimentar “las alegrías de la contemplación y de la vida mística”. Superando finalmente ese “abismo” –como él lo llamaba- entre los religiosos que seguían ‘el ideal de perfección’ y los laicos, que –como decía con una pizca de ironía- seguían ‘el ideal de la imperfección’. “Fue él –siguió diciendo Chiara Lubich – la personificación de una de las finalidades más importantes de los Focolares: colaborar a la unificación de las Iglesias”.

Giordani, además de ser miembro de la Constituyente, hizo parte del Consejo de los pueblos de Europa en Estrasburgo. Es autor de 100 libros y de más de 4000 artículos. Entre sus obras más difundidas, traducida en muchos idiomas, incluso el chino, se encuentra el “Mensaje social del cristianismo”. Ya en los años 1924-25 elabora y difunde ideas sobre “La unión de las Iglesias” y sobre “Los Estados unidos de Europa”. El período que va de 1946 a 1953 es el más creativo, con iniciativas audaces y posiciones incómodas para ese tiempo, como la objeción de conciencia, el no a los gastos militares, el no a la demonización de los comunistas.

Una “ingenuidad” -es una expresión suya- que pronto lo hizo salir del juego (no fue reelegido en 1953), pero que hoy hace que se le descubra, según el historiador Gabriele De Rosa, como “un político de la anti-política, no hecho para todas las estaciones, no disponible a las razones del poder por el poder”.

En los últimos años, en los dolores físicos, debidos y agudizados por las heridas de guerra, gozaba de poderse “co-crucificar” con Cristo. Tenía una tal luminosidad en los ojos y afabilidad en el trato que infundía serenidad a todos e inducía a los pequeños a tratarlo como igual. Obtuvo del Cielo extraordinarias experiencias de unión con Dios y con María, y también esas pruebas “oscuras” del alma que el Señor reserva a sus elegidos. Su “viaje” se convirtió en un “vuelo” en Dios, que se concluyó la noche del 18 de abril de 1980.

Ha sido Mons. Pietro Garlato, entonces obispo de Tivoli, ciudad donde Igino Giordani nació en 1894, quien el año del gran Jubileo, tuvo la iniciativa de proponer “un gesto significativo”: “introducir su causa de beatificación, para que toda la Iglesia encuentre en él un modelo, un testigo del Evangelio, y un modelo de comunión”.

Chiara Lubich: Igino Giordani cristiano y cofundador

Agradezco sobre todo a S.E. Mons. Giuseppe Matarrese, Obispo de Frascati, también en nombre del Movimiento de los Focolares, por el acontecimiento en el que estamos participando: el anuncio solemne del comienzo de la causa de beatificación de Igino Giordani.
Saludo de corazón a los afortunados hijos, a la hija y a los demás parientes del honorable Igino Giordani, ahora Siervo de Dios.
Estamos agradecidos por la presencia del alcalde de Frascati, el Sr. Francesco Posa y los otros alcaldes, así como de toda la ciudadanía, que se muestra interesada por este cristiano colmado de muchos testimonios en la «ciudad del hombre».
Comparto la alegría de todos los miembros del Movimiento de los Focolares, aquí reunidos.

Con la instauración del tribunal eclesiástico, comienza la fase diocesana del proceso canónico. A cada uno de sus componentes, aquí presentes, les aseguro mi apoyo y el de todos nosotros a través de la oración en su delicado trabajo, y nuestra colaboración activa en todo cuanto pueda ser útil.

En esta ocasión tan especial, espero que les agrade que por mi parte diga unas palabras sobre el honorable Igino Giordani.

Como ya se sabe, él fue una eminente personalidad católica poliédrica, que siempre ha unido a su compromiso político una intensa y fecunda actividad cultural como periodista y escritor, apologista y hagiógrafo, estudioso insigne de los Padres de la Iglesia y de la doctrina social del cristianismo.
Se podría y debería hablar extensamente de los diferentes cometidos que han hecho famoso al honorable Igino Giordani.

Pero hoy, en este lugar sagrado y en esta circunstancia especial, me parece que tengo que hablar de él, sobre todo como cristiano, como focolarino y cofundador del Movimiento de los Focolares: acción, esta última, que desarrolló en el arco de los últimos treinta y dos años de su vida.

Giordani cristiano

Alguien dijo que si el Evangelio desapareciese de todos los puntos de la tierra, el cristiano tendría que ser tal, que quien lo viera vivir, podría volver a escribir el Evangelio.
Cuando Igino Giordani partió de esta tierra, se leyó en la Misa del día la página de las bienaventuranzas. Pues bien: cuantos lo habían conocido a fondo estaban de acuerdo en afirmar que él las había vivido a todas.
«Bienaventurados los puros de corazón». Fue esta pureza la que le hizo definir la existencia terrenal del hombre, siempre acompañada por el amor providencial de Dios, como una aventura divina. Fue la misma pureza de corazón la que le afinó los sentimientos más sagrados y se los potenció: hacia su mujer, hacia sus amados hijos.
Él fue un «pobre de espíritu» por el desapego total que tenía, no sólo de todo lo que poseía, sino, sobre todo, de cuanto él mismo era.
Su corazón estaba cargado de «misericordia»: acercándose a él, hasta el pecador más miserable se sentía perdonado y revestido de dignidad.
Fue siempre un «operador de paz», como documenta su historia de hombre político.
De carácter fuerte e impetuoso, llegó a poseer una tal «mansedumbre» que hacía entender que quien tiene esta virtud posee la tierra, como afirma el Evangelio. Con la gentileza más refinada, con esas exquisitas palabras suyas, conquistaba a todos los que tenían contacto con él.
Y … podríamos continuar…

Giordani focolarino

Cristiano de primer orden, culto, apologista, apóstol, cuando le pareció que había encontrado un manantial de agua genuina, que manaba de la Iglesia, supo posponer todo para seguir a Jesús, que lo llamaba.
Por lo que, si Giordani fue un verdadero cristiano, fue también un cristiano con un camino especial. Dios lo llamó a ser focolarino.
Personificó el nombre de batalla con el que se le llamaba entre nosotros: «Foco», fuego, es decir, ese amor hacia Dios y hacia el prójimo, sobrenatural y natural, que es el vértice de la vida cristiana.

Siempre había esperado que se le abriese algún camino para realizar su deseo de consagración total a Dios, a pesar de su condición de casado. Y en el 1948 se encontró con el Movimiento de los Focolares.
A través de la espiritualidad de la unidad, típica de esta Obra, se puede leer el Evangelio en su persona.

Para que Cristo viviese en él, para realizar la plena comunión con los hermanos que El pide, supo morir realmente a sí mismo, como lo expresa en un escrito poético de1951:

«Me he dispuesto a morir,
y lo que suceda ya no me importa;
ahora quiero desaparecer
en el corazón abandonado de Jesús.

Todo este penar
Por la avaricia y la vanidad
En el amor desaparece:
He conquistado mi libertad.

Me he dispuesto a morir
a esta muerte que ya no muere:
Ahora quiero gozar
Con Dios en su eterna juventud.»

Pero, aunque Giordani conoció la ascética cristiana, no le faltaron las alegrías de la contemplación y de la vida mística.
Dice Luis María Grignion de Montfort, hablando de las personas que la Virgen ama de una manera especial, que el don principal que éstas alcanzan es la realización aquí en la tierra de la vida de María en sus almas, de tal modo que ya no es el alma quien vive, sino María en ellas, o si se quiere de otro modo, el alma de María llega a ser la de ellos.
Escribe Giordani en 1957: «la tarde del primero de octubre, mes sagrado a María, después de las oraciones, de golpe el alma se desalojó de cosas y criaturas humanas; y en su lugar entró María, con Jesús desangrado, y toda la estancia del alma se llenó de su figura de dolor y de amor. (…)
Durante 24 horas, Ella estuvo, como altar que rige la Víctima: Virgo altare Christi. Mi alma era su estancia: el templo. (…) Tanto que me vino a los labios: ’Ya no vivo yo, sino que María vive en mí’.

Su presencia, de algún modo, había virginizado mi alma: marianizado mi persona. El yo había muerto y en su lugar había nacido María. De modo que ya no sentía la necesidad de que no sentía más la necesidad de llevar la mirada a las imágenes de las calles o a las imágenes de la Virgen; me bastaba con volver los ojos del alma hacia el interior de mí mismo para descubrir, en lugar del ídolo sórdido y grotesco de siempre, la Toda Hermosa: la Madre del Amor Hermoso. E incluso este pobre cuerpo dolorido me parecía una especie de catedral (…).
Si no soy el último miserable, tengo que hacerme santo: estar en armonía con esta realidad.»

Giordani cofundador

También fue cofundador del Movimiento de los focolares. El fue quien abrió de par en par el focolar a los casados, haciendo efectivo ese proyecto, antes sólo intuido, de una convivencia de vírgenes y casados, estos últimos de acuerdo a su propio estado.
Fue él quien dio un impulso excepcional al nacimiento de las ramificaciones de esta Obra que son los Movimientos de amplio alcance, como el «Movimiento Familias Nuevas», «Jóvenes por un mundo unido», «Humanidad Nueva», la cual se dedica a animar con el genuino espíritu cristiano el mundo del trabajo, del arte, de la medicina, de la escuela, de la política…
El dio inicio con otros diputados el «Centro Santa Catalina» precisamente para animar la política con el espíritu del Movimiento.
El fue la personificación de uno de los objetivos más importantes de esta Obra: contribuir a la unificación de las Iglesias, dirigiendo durante años el «Centro Uno» ecuménico.
El ayudó sobre todo al Movimiento a plantar raíces sólidas en la Iglesia, de manera que, todavía en vida, lo vio extender sus ramas en los cinco continentes con todo el bien que se puede imaginar, si se considera su espíritu evangélico, que subraya la fraternidad universal, la unidad entre todos los hombres.

Giordani fue uno de los mayores dones que Dios ha hecho a nuestro Movimiento.

Y ahora, para concluir, quiero recordar con ustedes uno de sus últimos días.
Se había agravado. Le había llevado una foto a colores del santo Padre con una bella bendición y firma autógrafa.
Esto le hizo feliz, y entre un sopor y otro, dijo: «�hoy es una gran fiesta! �Quién se lo esperaba?».
Y mientras el padre Antonio Petrilli – uno de los primeros focolarinos sacerdotes, que lo cuidaba en sus últimos años y que ahora está con él en la Otra Vida – colgaba la bendición enmarcada en la pared, añadió: «Tengo la idea de estar en el Paraíso».
A mi pregunta de si quería que escuchásemos la Misa juntos y renovásemos el Pacto de unidad del focolarino, exclamó: �Que maravilloso! Este es un don que se agrega».
Y en otro momento: «Tengo siempre presente a Dios con este nombre: Donator»; y citó algunos dones que le había hecho.
A mi pregunta de si le gustaría ir al Paraíso, hizo un gesto con la cabeza como para decir: �ojalá! Después, varias veces, con una sonrisa única, añadió: «�Esto es el Paraíso! �que puede existir más maravilloso?».
Refiriéndose otra vez a la bendición del Papa, susurró: «No se puede expresar el don que ha sido; más lo pienso, más me pierdo…».
Y después de la santa Misa con la indulgencia plenaria, afirmó: «Todo está completo».
Hoy Giordani está aquí presente entre todos nosotros.

Una ola de esperanza por una Europa capaz de fraternidad y de paz

Una ola de esperanza por una Europa capaz de fraternidad y de paz

  «Nos hemos sentido transformados, reforzados. Este encuentro ha sido un signo de gran esperanza. En estos tiempos nos llegan desde Europa sobre todo consumismo, moda, valores materiales. Hemos entendido que podemos dar valores espirituales». Dice un fax de la capital de Lituania, Vilnius, que el 1� de mayo, junto a otros 9 Países, festejó el ingreso a la Unión Europea, no sin el temor de muchos. Es ésta una de las 163 ciudades de Europa que el 8 de mayo estaban conectadas vía satélite con el estadio de Stuttgart, repleto con 10.000 personas de todo el continente para la gran manifestación con el título: Juntos por Europa. Un encuentro que muchos han definido como “histórico”, también porque era el primer encuentro de dimensiones europeas, con la presencia de 150 movimientos católicos, evangélicos, ortodoxos y anglicanos. Un alma para Europa «Estamos aquí para dar un alma a Europa que genere una unidad espiritual fuerte» – dijo Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en la inauguración- «como tantas redes de relaciones fraternas que unen a los pueblos, casi para preparar, a nivel de laboratorio, la plena unidad europea», en la riqueza de la diversidad. Son palabras que en Stuttgart se convirtieron en una experiencia viva: «Una impresión de esas que permanecen» –declaró en una entrevista para Città Nuova el Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi: «Hoy Europa se ha presentado con la posibilidad de cerrar un capítulo en la historia sin más dolor, sin más divisiones». Una experiencia que fue vivida con la misma intensidad en los encuentros conectados simultáneamente, como revelan los muchísimos fax y e-mail. Desde Trento escriben:«No sabíamos si estábamos acá o más allá de la pantalla».

Una piedra angular «Tenemos necesidad de una Europa de los corazones que no esté sólo llena de euros, sino llena de valores, llena de Dios», afirmó el card. Kasper desde el palco de Stuttgart. «Tenemos necesidad de esta Europa espiritual – dijo- de movimientos espirituales que hagan tangible esta Europa. Tenemos necesidad de comunidades que superen las fronteras de los pueblos y de las naciones: la de hoy es una piedra angular en este camino». En Ginebra, entre las personalidades presentes en la sede mundial del Consejo Ecuménico de las Iglesias, el Alto Comisario para los derechos humanos de la ONU, Marie-Francois Charrin dijo: «Esta Europa unida con un alma, un corazón, dos pulmones, sanará las enormes llagas en los Países en conflicto». Europa nació de los escombros del 2do. Conflicto Mundial El proceso de reconciliación y el sueño de una Europa unida nace precisamente a partir de los escombros de un conflicto: la Segunda Guerra Mundial. Lo recuerdan el pastor evangélico Aschoff de la Renovación Carismática de la Iglesia Evangélica y el historiador Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio. El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, se remonta a la visión de Schuman, De Gasperi y Adenauer y a los primeros pasos marcados con el tratado del carbón y el acero de 1951, después el euro y la Constitución en curso. Recuerda que los grandes padres se han nutrido de la fe para construir Europa. También hoy –dice- los cristianos están llamados a «aportar su creatividad», «para que Europa crezca no como una fortaleza, sino como un sujeto político que tiene un alma y hace de la paz y de la justicia su identidad y su vocación». Y agregó: «de esta alma, ustedes son un componente esencial». La visión de Europa a la luz de los carismas Es una visión de Europa iluminada con la luz de los carismas suscitados por el Espíritu a lo largo de los siglos que recorre la manifestación. No es por casualidad –recuerda el Pastor Aschoff- que precisamente «durante las duras jornadas de la guerra» nacieron en las distintas Iglesias muchos de los nuevos movimientos espirituales y comunidades. «Detrás de estos rostros, hay un corazón regenerado por el Evangelio» dijo Andrea Riccardi. Ante la falta de «empuje de Europa», ellos ofrecen «el gusto por el futuro».

Se trata de una Europa que «tiene necesidad de una nueva relación entre los hombres», afirma Ulrich Parzany, pastor luterano, secretario general de la YMCA en Alemania y promotor de una vasta iniciativa de evangelización, Pro Christ. «La misma democracia -advierte- se basa en presupuestos que ella misma no está en grado de crear». La palabra clave lanzada en Stuttgart es «fraternidad universal». De ella habla Chiara Lubich: es la aspiración más difundida, esa fraternidad hecha posible por Jesús que «ha abatido los muros que separan a los iguales de los distintos, a los amigos de los enemigos, haciendo una revolución existencial, cultural y política».

Los testimonios de los Movimientos y comunidades Una serie de hechos de vida ha presentado las semillas de renovación espiritual y social lanzadas por los distintos carismas de los Movimientos y comunidades: desde el «aporte determinante» para la sobrevivencia de la Iglesia ortodoxa en Finlandia, dado por el Movimiento de la Juventud ortodoxa (ONL), a la experiencia juvenil de un miembro de la comunidad evangélica FCJG de Ludenscheid, pasado «de la oscuridad más densa del alma» en la que había caído debido a la droga, a la liberación con el encuentro con Cristo. El iniciador de los cursos – Alpha, el anglicano Nicky Gumbel habla de la transformación obrada por el Evangelio incluso en las 124 prisiones de Reino Unido, mientras que movimientos evangélicos, como Family Life Mission y católicos como el Equipe Notre Dame, hablan de la renovación cristiana de la familia.

Cómo quieren comprometerse los jóvenes por Europa Resuena fuerte la voz de los jóvenes quienes con testimonios, canciones y banderas en varios idiomas hablan de cómo quieren y de cómo se comprometen a favor de una Europa capaz de perdonar, de superar los confines y de apuntar hacia un mundo unido. Un pacto de fraternidad Es este el compromiso expresado en el mensaje final: «Intensificar cada vez más esa fraternidad universal que no es otra cosa que el amor evangélico vivido»; «compartiendo bienes y recursos», «mediante la apertura a las otras culturas y tradiciones religiosas», «el amor solidario hacia los más débiles y pobres de nuestras ciudades», «un sentido profundo de la familia y de los valores de la vida». Se trata del momento culminante. Suben al palco decenas de representantes de los Movimientos y de las Comunidades que han preparado durante más de un año esta cita histórica. La aprobación es coral. Y no sólo en Stuttgart. Escriben desde Varsovia: «Conmoción profunda, en pie, como en Stuttgart, ante el manifiesto final. El alma de Europa, hoy la hemos visto y tocado». Suben también 50 obispos, de las distintas Iglesias. Con solemnidad leen los pasajes clave del Testamento de Jesús: «que todos sean uno». Al palco sube también la Reina Fabiola de Bélgica quien recita el Padre Nuestro. Una Europa unida por un mundo unido El mensaje de Stuttgart ha llegado también a los otros continentes: son 35 las ciudades conectadas. Desde Buenos Aires: «También nosotros éramos miles, en pie, hemos unido nuestras manos para sellar este pacto». Desde Brasilia expresan muy bien la dimensión profética del evento de Stuttgart: «Todas las divisiones a lo largo de siglos de historia nos parecían de cartón, experimentamos que el hielo de los corazones se derrite con el amor». Desde Man en Costa de Marfil se goza al ver una Europa abierta a todos los pueblos del mundo, especialmente hacia África. Es este el fuerte impulso dejado por Stuttgart, subrayado también por el mensaje del Papa, leído por el Arzobispo Stanislao Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos:«No se puede construir una casa común europea, sin ocuparse del bienestar de toda la humanidad, sobre todo del África, que está marcada por tantos y tan graves problemas». Y desde Singapur: «Las distancias se han anulado. Después de Europa se apunta ahora a la unidad del mundo entero». Es éste el horizonte presentado por Andrea Riccardi y Chiara Lubich: «una Europa unida por un mundo unido».

Un horizonte puesto en evidencia por el Papa: «Los cristianos de muchos Movimientos espirituales reunidos en Stuttgart –escribe en su mensaje- confirman que el Evangelio los ha llevado a superar el nacionalismo egoísta y a ver en Europa una familia de pueblos, rica de variedades culturales y de experiencias históricas». «La Europa del mañana –afirma- tiene necesidad de esta conciencia para tomar parte en los grandes eventos a los que la historia la llama». Un primer paso Una ola de esperanza se ha difundido desde Stuttgart, «como una primera onda en el agua, que no sabemos hasta dónde llegará» como escriben desde Vilnius. Pero, dicen muchos, que éste es sólo el primer paso.

junio 2004

Hacía poco que Jesús había tomado la decisión de iniciar el gran viaje hacia Jerusalén, donde debía cumplirse su misión. (Lc 9, 51) Había otros que querían seguirlo, pero Jesús les advierte que caminar con él es una opción seria. Será una marcha difícil, que requerirá contemporáneamente valentía y la misma determinación con la cual él ha decidido llegar hasta el fondo en el cumplimiento de la voluntad del Padre.
Jesús sabe que, al entusiasmo inicial, le puede suceder el desaliento. Acababa de contar la parábola del sembrador: las semillas caídas sobre las piedras “son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen, pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás” (Lc 8, 13). Jesús quiere ser seguido con radicalidad y no hasta cierto punto, a medias. Una vez que uno se ha puesto a vivir por Dios y por su Reino, no es posible volver a recuperar lo que se había dejado, a vivir como antes, a pensar en los intereses egoístas de un tiempo:

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Cuando nos llama a seguirlo – y todos, de distintas maneras, somos llamados -, Jesús nos abre por delante un mundo nuevo por el cual vale la pena romper con el pasado. A veces, sin embargo, nos asaltan recuerdos nostálgicos o se insinúa y presiona sobre nosotros la mentalidad común, muchas veces no evangélica.
Nos vemos, entonces, en dificultades. Por un lado querríamos amar a Jesús, y por el otro querríamos dar cabida a nuestros apegos, nuestras debilidades, nuestras mediocridades. Querríamos seguirlo, pero sentimos la tentación de mirar atrás, volver sobre nuestros pasos, o bien dar un paso adelante y dos atrás…
Esta Palabra de vida nos habla de coherencia, de perseverancia, de fidelidad. Si hemos experimentado la novedad y la belleza del Evangelio vivido, veremos que nada es más contrario a él que la indecisión, la pereza espiritual, la poca generosidad, las componendas, las medias tintas. Decidamos seguir a Jesús y entrar en el maravilloso mundo que él nos abre. Nos ha prometido que “quien persevere hasta el fin se salvará”.
(Mt 10,22)

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

¿Qué hacer para no ceder a la tentación de mirar atrás?
En primer lugar, no prestar oídos al egoísmo, que pertenece a nuestro pasado, cuando no se quiere trabajar como se debe, o estudiar con empeño, o rezar bien, o aceptar con amor una situación que pesa y duele, o bien cuando se querría hablar mal de alguien, no tener paciencia con algún otro, vengarse. A estas tentaciones les tenemos que decir que no diez, veinte veces al día, si fuera necesario.
Pero esto no es suficiente. Con los no, no se llega muy lejos. Se necesitan sobre todo los sí, a lo que Dios quiere y a lo que los hermanos y las hermanas esperan.
Asistiremos entonces a grandes sorpresas.
Recuerdo aquí una experiencia mía.
El 13 de mayo de 1944 un bombardeo había dejado inhabitable mi casa y esa noche, para refugiarnos, habíamos escapado con mi familia a un bosque cercano. Lloraba, comprendiendo que no podría partir de Trento con ellos, a los que tanto amaba. Veía ya en mis compañeras el Movimiento naciente: no habría podido abandonarlas.
¿El amor a Dios tenía que vencer también esto? ¿Tenía que dejar que los míos se fueran solos, cuando yo era la única que en ese momento los sostenía económicamente? Lo hice, con la bendición de mi padre.
Más tarde supe que habían partido contentos y muy pronto encontraron una buena ubicación.
Volví a buscar a mis compañeras entre las casas y las calles reducidas a escombros. Gracias a Dios, todas estaban a salvo. Nos ofrecieron un pequeño departamento. ¿El primer focolar? Nosotras no lo sabíamos, pero así era.

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Vayamos entonces siempre adelante, hacia la meta que nos espera, manteniendo fija la mirada en Jesús. (Heb 12, 1-2) Cuanto más nos enamoramos de él y experimentamos la belleza del mundo nuevo al cual ha dado vida, tanto más pierde atractivo lo que hemos dejado a nuestras espaldas.
Digámonos cada mañana, cuando comienza una nueva jornada: ¡Hoy quiero vivir mejor que ayer! Y, si nos sirve de ayuda, hagamos la prueba de contar, de alguna manera, los actos de amor a Dios y a los hermanos y hermanas. Por la noche nos encontraremos con el corazón rebosante de felicidad.

Chiara Lubich
 

Una lección de amor radical capaz de construir la paz

Una lección de amor radical capaz de construir la paz

  «Después del Año Santo 2000, empezó la segunda “Intifada ”, los peregrinos desaparecieron. Los cristianos del lugar se han sentido abandonados. La mayor parte de ellos viven de los servicios a los peregrinos, y ahora muchas familias están al borde de la sobrevivencia. Además de la ayuda material que se da, es también un apoyo espiritual” Es lo que nos dijo el Nuncio, Mons. Pietro Sambi, de Jerusalén.

“La unidad construida entre nosotros ‘peregrinos’ y con los amigos de allí, ha sido natural y concreta desde los primeros momentos. El corazón nos decía que era necesario ir a visitarlos allí, a su tierra, para entender la necesidad que tienen de sentirnos cerca, pero entrar en contacto con este pueblo quizás nos ha servido sobre todo a nosotros, que vinimos de otras partes del globo, para aprender y para agradecer por lo que ellos viven y ofrecen por todos”.

“Caminamos por la antigua ciudad y miramos a nuestro alrededor, llenos de tantas impresiones que con dificultad logramos ordenar. Son rostros, casas, colores, perfumes, palabras y silencios, panoramas y piedras. Las piedras que pisó un hombre-Dios cuya presencia está viva más que nunca y habla a este hoy, aquí. Es verdaderamente conmovedor ver como hay quien sigue construyendo la paz partiendo antes que nada de sí mismo”. Es la lección más grande de este viaje.

Hemos sido testigos de experiencias impresionantes: desde quien ha perdido al marido, a sus hermanos, a sus hijos; desde quien cada día vive con el temor de las alcabalas, viendo que se llevan a sus seres queridos o quien ve que se le derrumba su propia casa. De quien ya no tiene ninguna certeza, sólo la de que “es dándole Amor a quien pasa al lado que se puede volver a sonreír”, “amando a ese soldado, sonriendo no obstante esa ‘falta’, ofreciendo siempre algo positivo –a pesar de las mil injusticias- incluso a quien podría ser llamado tranquilamente ‘enemigo’”. Son miles las iniciativas de solidaridad, como la oficina de copiado nacida en una aldea de los Territorios Palestinos para ofrecer nuevos lugares de trabajo.

En estos días en Tierra Santa, este amor tan radical ha llegado también a nosotros. Es muchísimo lo que nos han dado, en vida y en gestos concretos: dulces, almuerzos, visitas, fiestas, todo ha sido un acto de Amor continuo hacia nosotros”. P. B.

Pequeños gestos que cambian la vida: dos flash desde Suiza y desde Paquistán

Como San Martín
Quedé viuda siendo joven, con tres hijos a cargo y una situación financiera precaria. Como empleada doméstica por horas gano poco. Un día fui a una iglesia a rezar y allí noté a un hombre que sufría. Tenía los pantalones llenos de parches. Le pedí a Dios que me hiciera entender se tenía necesidad de ayuda. Levantando la mirada noté una pintura de San Martín, quien había vivido con radicalidad el mandamiento evangélico del amor. Me acerqué y él: «Acabo de salir del hospital y ya no puedo trabajar. Ahora estoy aquí pero la verdad es que quisiera lanzarme entre las ruedas de un tren. No sé como salir adelante». Lo animé diciéndole: «Usted está en el lugar apropiado. Venga siempre aquí. Él lo ayudará». Le di lo que había ganado ese día: 80 francos suizos. Al día siguiente recibí inesperadamente la visita de un tío que no veía desde hacía 10 años. Fue una alegría grandísima. Saludándome, me puso en la mano un sobre. �Abriéndola encontré la suma de 8.000 francos suizos!
(M.M. – Suiza)

En el lavadero público
Hace dos días fui al lavadero, que está cerca de mi casa, para lavar. Había un buen sol ese día y tantas mujeres lavaban sus cosas, aunque el espacio era realmente poco. Estábamos conversando alegremente cuando llegó un anciano. Casi no veía. Tenía dos sábanas, una camisa y su turbante para lavar y pedía que le abriéramos campo. Ninguna quería moverse. Dentro de mí pensé: ”Jesús considera hecho a sí lo que hacemos a los hermanos”. Me dirigí a él: «Baba (apelativo de respeto que se usa con las personas ancianas), dame tus cosas que te las lavo yo». Las otras mujeres se pusieron a reír. «Con la familia numerosa que tienes, y esa montaña de ropa, �no estarás hablando en serio?» Repetí al Baba la invitación y empecé a lavar sus sábanas. Estaba muy contento, me dio su bendición paterna, y antes de alejarse, quiso a toda costa dejarme un pedacito de jabón que custodiaba celosamente. Ya nadie reía. En medio del silencio, en el lavadero, sucedió algo nuevo: había quien prestaba su cubeta a la otra, quien ofrecía el balde lleno de agua a quien estaba más lejos. �Había empezado una cadena de amor!

(F.V. – Pakistán)

Renata Borlone: las etapas de una escalada

Renata Borlone: las etapas de una escalada

– El hilo de oro
– Roma años ’40: bajo los bombardeos
-El descubrimiento
– Nadie pase a mi lado en vano
– La escalada final

El hilo de oro
“Leeremos bien nuestra historia sólo en el Paraíso, donde captaremos plenamente el hilo de oro que, esperemos, nos llevará donde tenemos que llegar”. Con estas palabras, la misma Renata empieza la historia de su vida, que había descubierto toda entretejida del amor de Dios.

Nace el 30 de mayo de 1930 en Aurelia, una pequeña ciudad de la Región de Lazio. Seguidamente, se traslada a Roma con su familia.

Los suyos no frecuentaban la Iglesia, pero eran personas rectas, sinceras, ricas de valores humanos.
“Nunca terminaré – decía siempre Renata – de agradecer a Dios por haberme hecho experimentar la vida de una verdadera familia, sobre todo por el amor que había entre mis padres”.

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Renata tiene 10 años. Su gran sensibilidad no la deja indiferente, y en su memoria permanecen algunos momentos fuertes.

Roma años ’40: bajo los bombardeos
El 13 de julio del ’43, al ver que las bombas caen, decide dar una dirección distinta a su vida. Escribe: “Me di cuenta de que la muerte podía llegar y advertí en un instante la vanidad de los juegos, del dinero, del mañana. Fue un momento de gracia… Cuando regresé a mi casa me sentía distinta. Había decidido ser mejor”.

Desaparece repentinamente una compañera suya de la escuela, muy buena. Era hebrea: “�Por qué son asesinados los hebreos? �No son como nosotros?”, se pregunta, pidiendo con insistencia explicaciones al papá.

El 8 de septiembre de 1943, día decisivo para la historia de Italia, ve desde el balcón de su casa a un soldado alemán que se desliza fatigosamente a lo largo de un muro, arrastrándose, casi con miedo de ser visto. Un sentimiento de compasión hacia él y hacia su pueblo la invade totalmente…

Imágenes lejanas en el tiempo, pero que hablan ya de un amor sin medida por el hombre, por todos los hombres, que seguidamente dominará toda su vida. Mientras tanto con la edad crece también la exigencia de una fe consciente y se vuelve urgente el problema de Dios. Empieza a frecuentar la Iglesia, se injerta en un grupo mariano, y entre sus profesores prefiere a aquellos que manifiestan una mayor corrección moral.

Con 14 años siente un especial “primer llamado”: el empuje interior de dar la vida para que los suyos, lejanos, encuentren la fe.

Sedienta de verdad, entre los 15 y los 19 años, se lanza de cabeza en los estudios para sondear las realidades más profundas, en busca de Dios. Se inscribe en la Facultad de Química, porque espera descubrirLo penetrando en los secretos del universo: “Me apasionaba la Matemática por su lógica. Tenía momentos de exultación cuando la mente descubría algo nuevo. Esperaba adquirir un conocimiento que pudiera de alguna forma hacerme abrazar lo universal. Buscaba a Dios en los seres inteligentes en donde podía haber un reflejo de Él. No sabía todavía que sólo en el Creador – Amor habría podido descubrir lo creado y las criaturas, y amarlas”.

El descubrimiento
El 8 de mayo del ’49, día que ella definirá como “extraordinario”, después de alguna duda – porque no le quería quitar tiempo al estudio – participa en un encuentro donde Graziella De Luca, una de las primeras compañeras de Chiara Lubich, habla del descubrimiento de Dios – Amor, de la nueva vida evangélica iniciada en Trento pocos años antes, mientras la guerra recrudecía.
“Lo que dijo no lo recuerdo. Recuerdo sólo que cuando salí de allí, sabía que había encontrado. (…) Tuve la intuición de que Dios es Amor. Esta experiencia entró hasta lo más profundo de mi ser. Perdí la imagen que tenía de un Dios sólo juez, que castiga a los malos y premia a los buenos y lo sentí como un Dios cercano”.

Convencida de haber recibido un llamado de Dios, da un vuelco decisivo a su vida. Poco a poco conoce a Chiara. Inmediatamente advierte con ella una relación estrechísima, vital, como entre madre e hija, junto a la clara confirmación de darse toda a Dios en el Movimiento de los Focolares. Y dice su Sí a Dios para siempre.

Su larga experiencia de donación en el focolar inicia el 15 de agosto de 1950. Acababa de cumplir 20 años. Su amor y su disponibilidad sin límites, su paz, pensando en su joven edad, no pasan inobservadas. Vive así 40 años al servicio del Movimiento de los Focolares, primero en varios focolares de Italia, después en Francia, en Grenoble.

En el ’67, a 37 años, Renata llega a la Escuela de formación de Loppiano, donde transcurre los últimos 23 años de vida como co-responsable de la ciudadela misma. Aquí su donación estalla en toda su potencialidad. Más de mil jóvenes han absorbido de ella esa sabiduría, esa fuerza interior para crecer espiritualmente.

Nadie pasa a su lado en vano
Su vida es un estupendo entramado de amor y de dolor, en el esfuerzo de morir a sí misma para dejar vivir a Jesús en ella. Y es a Jesús a quien encuentran estando ante su presencia.

Por su amor sin medida, nadie pasa a su lado en vano, como dan testimonio un gran número de personas de todas las categorías, condiciones, edades, culturas. Cada uno, entrando en contacto con ella, experimenta ese amor que hace de cada hombre un predilecto de Dios, amado y comprendido como hijo único.

Este amor radical, esta pasión por el hombre tiene su raíz en el amor incondicional a Jesús que en la cruz grita el abandono del Padre, y en el mirar como modelo a María que, ante el Hijo moribundo, todavía cree, todavía espera, todavía ama. De allí su escalada continua, realizada según la Palabra del Evangelio que consideraba su programa, casi como si trazara su fisionomía espiritual: “María (…) conservaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19).
Tensión constante a la santidad, desarrollo de las virtudes, correspondencia transparente al carisma de la fundadora “que todos sean uno” (Jn. 17, 21) florecían a partir de un inteligente y continuo dejar de lado su yo.

La escalada final
Con 59 años se le anuncia una enfermedad que muy pronto se manifiesta en toda su gravedad: delante de ella no quedan sino pocos meses. A partir de ese momento su vida se convierte en una escalada hacia Dios, mientras sigue siendo feliz como había prometido años antes a Jesús.
Su lecho se transforma en una cátedra de vida. En Cristo la muerte no existe, existe la vida, y ella repite hasta el último instante: “Quiero dar testimonio de que la muerte es vida”.

No se lamenta y rechaza los calmantes. Quiere permanecer lúcida, siempre dispuesta a decir su sí pleno a ese Dios que la había fascinado de joven y que ahora le pide el don de la vida. En los últimos días parece que se encuentra bajo una anestesia divina, tanto logra – no obstante el sufrimiento – transmitir a su alrededor sacralidad y alegría plena: “Me encuentro como en un remolino de amor. Soy demasiado feliz”. Encismada en una realidad paradisíaca, va al encuentro del Esposo el 27 de febrero de 1990.

La biografía completa de Renata Borlone ha sido recogida en el libro “Un silencio que se hace vida”, de G. Marchesi y A. Zirondoli (Editorial Città Nuova)

Quiero testimoniar que la muerte es vida!

Quiero testimoniar que la muerte es vida!

“La vida de los santos es siempre un alimento precioso para la comunidad cristiana. �Por qué la vida de Renata? Porque descubrió que Dios es Amor y desde ese momento su vida se vio incendiada por ese amor, hasta su muerte”. Así se expresó el obispo de Fiesole, Mons. Luciano Giovanetti, el 18 de diciembre de 2003, ilustrando a los presentes los motivos que lo empujaron a pedir el inicio de la causa de canonización.

En el gran salón S. Benito, repleto de amigos, en la ciudadela de Loppiano, en las colinas de Incisa, en el Valdarno (Florencia), el Obispo abrió oficialmente el proceso de canonización de Renata Borlone (1930-1990), focolarina, co-responsable de la ciudadela de Loppiano desde 1967 a 1990. Una vida enteramente donada a Dios y a los hermanos a la luz de la espiritualidad de la unidad, que continúa dejando tras de sí una estela luminosa.

Quién era Renata
Renata Borlone nace el 30 de mayo de 1930 en Aurelia, cerca de Roma. Crece en una familia no practicante, hacia los 14 años empieza a plantearse el problema de la existencia de Dios y a frecuentar la Iglesia. Sedienta de la verdad, se lanza en busca de Dios a través de los estudios. Con 19 años entra en contacto con la vida evangélica de algunas de las primeras focolarinas, que se acababan de transferir a Roma, y advierte una alegría y una plenitud nunca antes experimentadas; se le hace evidente una certeza: �Dios existe, Dios es Amor! Un descubrimiento fulgurante que transforma toda su vida. Empieza así una extraordinaria aventura que durante 40 años la verá comprometida en la edificación de esta nueva obra en la Iglesia. Muy pronto asume tareas de responsabilidad sea en Italia que en el extranjero. A partir de 1967 va a Loppiano como co-responsable de la ciudadela y encargada de la formación espiritual de las focolarinas.
Muere el 27 de febrero de 1990, dejando a todos el ejemplo de su vida que nos cuestiona todavía hoy.

mayo 2004

Durante la última cena, antes de dejar a sus amigos y volver al Padre, Jesús quiere establecer un lazo con él y entre ellos, un lazo que los una estrechamente, con el vínculo más consistente y duradero: el amor. Jesús ama “hasta el fin”, con el amor “más grande”, que llega hasta a “dar la vida”, y, como contrapartida, pide ser amado con el mismo amor.
El amor que él pide no es simple sentimiento, es hacer su voluntad, descripta en sus mandamientos: sobre todo el amor al hermano y a la hermana, y el amor recíproco. Es tan importante esta verdad para Jesús que, en este último discurso dirigido a los discípulos, lo repite con fuerza otras tres veces: “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama”; “El que me ama, será fiel a mi palabra”; “El que no me ama, no es fiel a mis palabras”.

«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos»

¿Por qué tenemos que cumplir sus mandamientos?
Creados a su “imagen y semejanza”, nosotros somos un “tú” que está frente a Dios, con la capacidad de una relación personal directa con él: una relación de conocimiento, de amor, de amistad, de comunión.
Yo “soy” en la medida en que digo sí al proyecto de amor que él tiene sobre mí.
En cuanto la relación con él, esencial a la naturaleza, se vive, se ahonda y se enriquece, tanto más el hombre y la mujer se realizan en su personalidad más verdadera.
Observemos a Abraham. Cada vez que Dios le pide algo, aún cuando parezca lo más absurdo, como el dejar la propia tierra para encaminarse hacia un destino que le es desconocido y sacrificar a su único hijo, Abraham adhiere enseguida confiando en Dios, y se le abre por delante un futuro impensado.
También a Moisés: en el monte Sinaí el Señor le revela la propia voluntad en el decálogo, y de la adhesión a éste nace el pueblo de Dios.
Lo mismo se verifica con Jesús. En él, el sí al Padre alcanza toda su plenitud: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Seguir a Jesús quiere decir cumplir la voluntad del Padre de la mejor manera posible, como él nos la ha revelado y como él, en primer lugar, la ha cumplido.
Los mandamientos que Jesús nos ha dejado son, de este modo, una ayuda para vivir de acuerdo a nuestra naturaleza de hijos e hijas de un Dios que es Amor. No son, por lo tanto, imposiciones arbitrarias, una superestructura artificial, y menos que menos, una alineación. No son tampoco órdenes, como las que da un patrón a sus servidores. Son más bien la expresión de su amor y de su premura por la vida de cada uno de nosotros.

«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos»

¿Cómo vivir, entonces, esta Palabra de vida?
Tratemos de escuchar con atención lo que Jesús nos dice en el Evangelio –sus mandamientos– y dejemos que el Espíritu Santo nos recuerde sus palabras a lo largo del día. El nos enseña, por ejemplo, que no basta con no matar, sino que se debe evitar la ira contra los hermanos; que no se puede cometer adulterio, pero tampoco desear la mujer de otros; “si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra”; “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores”.
Pero sobre todo vivamos lo que Jesús ha llamado “su” mandamiento, el que sintetiza todos los demás: el amor recíproco. En la caridad, en efecto, la ley se cumple en toda su plenitud, es el “camino mejor” que estamos llamados a recorrer.
Lo había comprendido muy bien el P. Darío Porta, un sacerdote de Parma (Italia), muerto el jueves santo de 1996. Si en los primeros años de sacerdocio había vivido de manera excelente su relación con Dios, más tarde comprendió mejor que a Jesús había que reconocerlo en cada prójimo y entonces el amar evangélico se convirtió en su pasión. Para permanecer fiel a ese compromiso se volvió cada vez más atento a los demás, posponiendo programas personales, hasta escribir un día, en su diario: “He comprendido que lo único que al final uno querría haber hecho es haber amado al hermano”1.
Todas las noches también nosotros, como él, podemos preguntarnos: “¿He amado a los hermanos?”.

 

Chiara Lubich

 

1. Dario Porta, Testimone dell’Amore gratuito, Piero Viola, Parma 1996, p. 33.

 

 

 

En Gniezno, han dicho

  Danuta Huebner, Ministro polaco de Asuntos Europeos “Los Movimientos y las comunidades cristianas tienen un papel propio que desarrollar: son los que están más cercanos a la gente y por lo tanto su responsabilidad en el proceso de integración consiste precisamente en dialogar con los simples ciudadanos. Deben hacer pasar la discusión de un nivel alto, filosófico, al nivel de la vida cotidiana. De este modo los valores humanos y cristianos que unen a Europa se convertirán en un argumento de diálogo y reflexión, y podremos entrar en la Unión más conscientes de lo que hacemos”. Rocco Buttiglione, Ministro italiano de Asuntos Europeos “El Espíritu de Dios suscita la novedad. Donde la Vieja Europa parece haber abdicado su herencia cristiana, el Espíritu de Dios ha hablado nuevamente, a través de los Movimientos. No es la primera vez: había sucedido ya con Francisco, Domingo, Ignacio, Benito… los nuevos Movimientos son un testimonio de la vitalidad de las raíces de Europa, cristianas pero no sólo, producidas por gente que ha contribuido a crear a Europa, con una búsqueda sincera de la verdad, de Dios” Tadeusz Mazowiecki, ex Primer Ministro Polaco, el primero después de la caída del régimen comunista Si Europa debe ser una comunidad política, también debe estar radicada en la cultura de esa que nosotros llamamos “Europa del Espíritu”. Desarrollarla requiere nuevas ideas, hombres que posean nuevas ideas. Creo que tantos Movimientos presentes hoy aquí han nacido precisamente por la necesidad de nuevas ideas, y tienen precisamente ese papel. La Iglesia es siempre antigua y siempre se renueva, hoy día, precisamente gracias a los nuevos Movimientos. Credo que todo esto sirve no sólo a la Iglesia, sino también a Europa. La necesidad de valores más profundos la advierte no sólo quien vive el cristianismo, sino también las personas alejadas de la fe. Tenemos necesidad de autoridades morales. La gente tiene una profunda necesidad de principios sólidos, y esto se ve. Ésta es la gran oportunidad que los Movimientos pueden ofrecer. Michel Camdessus, ex Director General del Fondo Monetario Internacional “Pienso que hemos asistido a un evento magnífico que muestra la vitalidad del catolicismo polaco, pero también las relaciones ecuménicas, y la seriedad con la cual Polonia se compromete en la aventura europea. Es cierto que los Movimientos espirituales tienen algo que decir a Europa, como todos los cristianos. En especial nosotros llevamos a Europa el pensamiento social cristiano, un tesoro que damos al mundo entero. Creo que no exista un sistema de pensamiento que aporte tantas respuestas a las inquietudes del hombre contemporáneo como el cristianismo”. Adam Schulz, jesuita, encargado de la consulta polaca de los Movimientos “La Europa del mañana tiene necesidad sobre todo de santidad, y este es el aporte más importante que pueden aportar los Movimientos. Una santidad expresada en modos diversos; es diversa para el político o para un hombre de cultura, para un estudiante… Realmente hoy Europa tiene necesidad de personas que vivan el Evangelio en modo radical. Los Movimientos son uno de los pocos ambientes donde se puede crecer en este tipo de santidad, y yo mirando a Europa

Chiara Lubich interviene en la Universidad de Poznan

Chiara Lubich interviene en la Universidad de Poznan

Poznan es una de las más antiguas ciudades polacas, situada a 50 Km. de Gniezno, donde tuvo lugar el Congreso «Europa del Espirito». No obstante tener una tradición plurisecular, Poznan es una ciudad con alma joven debido a la presencia de 19 universidades en su territorio, que la convierten en uno de los centros académicos polacos más vitales. Mons. Stanislaw Gadecki, arzobispo de Poznan, afirmaba: “Cuando escuché que Chiara Lubich venía a Gniezno, enseguida pregunté a los focolares si existía la posibilidad de un encuentro en Poznan, especialmente para los estudiantes. No creía que fuera posible, pero al final lo logramos. Y como hemos visto hoy, el clima fue tan especial que los que participaron quedaron cautivos de la espiritualidad de la unidad, de la espiritualidad de los focolarinos”. El 13 de marzo Chiara fue invitada a hablar en el Auditorium de la universidad “Adam Mickiewicz”. Antes de su discurso, sobre el escenario delante de un órgano monumental se presentó el pequeño “pueblo polaco” del Movimiento, que se formó antes de los años ’90 cuando no se podía hacer otra cosa más que vivir el Evangelio. Fue muy emocionante la proyección de la síntesis filmada de los encuentros del Papa polaco con los Focolares. Seguidamente tuvo lugar el discurso de Chiara en el que propuso a la asamblea la radicalidad evangélica del amor, que se manifestó como la única solución para poder elevar la temperatura de la vida de la comunidad cristiana. Es el antídoto al consumismo, a la tibieza; es la alegría, el fervor. Como conclusión, el arzobispo Satanislaw Gadecki le entregó a Chiara una medalla de reconocimiento de la diócesis por su visita. El card. Josef Glemp, arzobispo de Varsovia, se expresó así: “En el aula de la universidad de Poznan no solamente hemos escuchado un discurso de Chiara Lubich – a quien conozco muy bien – sino que hemos asistido a la creación de lo que yo llamaría el ambiente de la fe. Los jóvenes han podido experimentarlo, no sólo por los discursos y la racionalidad de los argumentos;, es un ambiente que permite dirigirse directamente a las personas dándoles del tú. Pienso que en esto consiste el gran carisma de Chiara”.

De la oscuridad al redescubrimiento del propio carisma

   Una religiosa, in un momento de oscuridad, impresionada por la serenidad con la que otra hermana vivía su grave enfermedad, descubre el secreto: el amor a Jesús crucificado y abandonado, corazón de la Espiritualidad de la Unidad, de los Focolares. “Para mí –cuenta- es una conversión”. Redescubre la actualidad de su fundador: “Ante la miseria material y espiritual de su tiempo, San Vicente consagró su vida a la evangelización de los pobres que él llamaba “nuestros patrones”. En Jesús abandonado ella descubre el rostro del Señor transfigurado en la pobreza de hoy: en un barrio de mala reputación, en una comunidad al servicio de los drogadictos, entre los rechazados por la sociedad. Hay quien se acerca a Dios y “pasa de la muerte a la vida”, porque empieza a amar a los hermanos. Soy una Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. La Compañía de la que formo parte fue fundada en el siglo XVIII por Vicente y Luisa Marillac. Conocí el Ideal de la unidad en un momento de oscuridad y de agotamiento, a través de una hermana que vivía la Espiritualidad. Le habían diagnosticado un  tumor cerebral, sin embargo ella permanecía serena y siempre abierta y dispuesta a amar. Durante la anestesia a menudo repetía: “Por tí Jesús, por ti”. ¿Dónde encontraba aquella fuerza? Descubrí el secreto: el abrazo a Jesús Crucificado y Abandonado. También yo quiero vivir esta aventura. Para mí es un momento de verdadera conversión: el Espíritu Santo quema el tormento que desde hace años quita a mi vida la frescura y la generosidad por Jesús. Dentro siento un deseo loco de amar. Empiezo a frecuentar el Focolar, participo en los encuentros donde encuentro la luz para vivir el carisma de mis fundadores. Me siento más libre, más alegre, más mujer, más Hija de la Caridad. El reglamento y la experiencia de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac me parecen más cercanos. Mi fundador, ante la miseria material y espiritual de su tiempo consagró su vida a la evangelización de los pobres que él llamaba “nuestros patrones”. Redescubro en Jesús Abandonado el rostro del Señor transfigurado en la pobreza de hoy. Si en el 1600 mis hermanas iban a evangelizar, curar, nutrir, vestir a los pobres, en las calles, en los campos de batalla, en las azoteas, en los hospitales, en las cárceles… Así hoy descubro la belleza y la actualidad de nuestro carisma viviéndolo en un barrio de mala reputación de Milán. En estos años redescubro cual es la forma en la que puedo contribuir a la realización del Ideal de la unidad: revivir a mi fundador para realizar la unidad. Años después me mandan a una comunidad al servicio de los drogadictos. Experimento la inseguridad y la absurdidad de abrazar esta realidad ante la cual me siento poco preparada e inadecuada. Me rebelo ante la idea de verme confinada a una casita de montaña, sin un papel o una actividad precisa. Pero es precisamente viviendo esta experiencia, aparentemente gris, que el Señor me libera de apegos y seguridades y renuevo mi “sí” a Jesús. De este modo Él me prepara para vivir otra aventura: me transfieren a un apartamentito en un barrio popular de Turín, caracterizado por la nueva pobreza: alcohólicos, dimitidos del hospital psiquiátrico, indigentes, ancianos, en otras palabras, los últimos, los rechazados por la sociedad. Tengo la fortuna de compartir la Espiritualidad de la Unidad con otra hermana. Viviendo con los pobres 24 sobre 24 horas encuentro a Jesús Abandonado a cada paso. Me enfrento con la desconfianza. La gente piensa que las monjas estamos allí para controlarlos y nos miran con desprecio. Pero ellos son “nuestros patrones”, en ellos reconocemos el rostro de Jesús. Poco a poco el amor los conquista. Los indigentes se convierten en nuestros primeros amigos. Nos interesamos por la vida de nuestros vecinos y abrimos la puerta de nuestra casa a todos. Ciertamente, no siempre es fácil, a veces nos entra la impaciencia, la incomodidad, la repugnancia y el desaliento ante la ingratitud o las pretensiones y exigencias de los más pobres. Pero abrazando el dolor, Jesús abandonado, vuelvo a encontrar la capacidad de amar y la alegría de vivir aquello que San Vicente pedía a las Hermanas de la Caridad: “Los pobres son tus patrones, patrones terriblemente exigentes. Más desagradables e injustos serán, más tendrás que amarlos”. El amor recíproco con la otra hermana genera la presencia de Jesús en medio (cf. Mt. 18, 20) y nuestra casa se convierte en un punto de referencia para la gente del barrio, para un grupo de jóvenes que quieren compartir nuestra actividad caritativa. Algunos se acercan a Dios haciendo la experiencia de la Palabra: “Hemos pasado de la muerte a la vida porque hemos amado a los hermanos”. Y algunos entienden que Dios los llama a seguirLo. Durante el invierno nuestra casa se abre también a los emigrantes que de lo contrario vivirían a la intemperie; algunos son musulmanes. Se quedan estupefactos ante el desinterés, el amor concreto y el respeto con el que nos acercamos a ellos. Chiara Lubich nos enseña a amar “haciéndonos uno”. Durante el período del Ramadán les hacemos encontrar un paquetito de comida, para que después del ocaso tengan algo para comer. También los gitanos se vuelven amigos nuestros; nos encontramos con los niños de las caravanas para prepararlos a los sacramentos y con los adultos para darles a conocer que Dios los ama. El año pasado la redimensión de nuestra Congregación me lleva a transferirme a otra parte, pero la experiencia de unidad vivida sigue abriendo otros ambientes. Regreso a Milán y experimento el dolor de dejar el grito de tantos pobres con quienes he compartido mi vida en estos años. Experimento así la frase de Chiara: “Todo desapego del bien que he hecho es un aporte para edificar a María” y repito: “por ti, Jesús”, que ahora sigo descubriendo en el rostro de los nuevos hermanos que me pone al lado. De este modo comprometiéndome a encarnar con la vida el carisma que San Vicente dejó a la Iglesia, trato, en unidad con toda la Obra de María, de realizar el testamento de Jesús: “Que todos sean uno”. Esto me da un nuevo ardor y la aventura continúa con nuevos hermanos en quienes redescubro Su Rostro”. (Hna. R.R.)

El mosaico se recompone

Desde hace meses, quizás años, no logro tomarme una hora de distracción. Una tarde me dejo convencer por mi hermana de ir al cine. Entrando en la sala mi mirada se cruza con dos ojos que me fijan con insistencia. Un muchacho de poco más de 18 años se me acerca, diciendo que quiere hablarme en el intervalo de la película. En ese momento no lo reconozco, pero después me empiezan a darme vuelta en la cabeza recuerdos e imágenes. �Cómo hice para no darme cuenta enseguida? Es Román, mi hijo, a quien no veo desde hace ocho años, cuando se fue a vivir con su padre, después de nuestra separación. Tenía apenas 10 años entonces, y ahora lo encuentro hecho un hombre. Nos abrazamos en silencio. Después me dice: “�Mamá puedo venir a vivir contigo?”. Después de las lágrimas de ambos, volvemos juntos a casa. Esa noche, por primera vez, mis 4 hijos duermen bajo el mismo techo: él y su hermano, nacidos de mi primer matrimonio, y los otros dos más pequeños, nacidos del segundo matrimonio.

Una vida en mil pedazos
A menudo he tenido la impresión de que mi vida fuese como un vaso roto en mil pedazos, y que más yo trataba de ponerlos juntos, más el vaso se rompía. Después de una infancia difícil y de relaciones tensas en mi familia, el día que cumplía diecisiete años me casé. Era un paso algo precipitado, pero estaba convencida de que el matrimonio me habría dado esa felicidad que esperaba. En cambio no tuve un sólo momento de tranquilidad. A pesar de que habían nacido dos hijos la situación había llegado, en poco tiempo, al punto de la ruptura, y después de 10 años de matrimonio nos separamos. Con 27 años, un niños pequeño (Román se había quedado con el padre), y un matrimonio fracasado a las espaldas, no era fácil volver a empezar.

No tenía a nadie a mi lado, e incluso aquél Dios que había encontrado de niña parecía haber desaparecido. En aquella soledad, cuando otro hombre me demostró un poco de afecto, en el deseo de ofrecerle al niño el calor de una familia, acepté casarme con él. Nacieron otros dos hijos y viví un período feliz. Después se presenta otra durísima prueba: mi compañero se ve afectado por un tumor. Se alternan momentos de esperanza y de desilusión, hasta cuando, por los dolores agudísimos, en un momento de crisis no logra más y se quita la vida.

�Es posible volver a empezar!
Quedo sola nuevamente, con tres hijos por mantener. Esa muerte trágica me zumba en la desesperación, también yo quisiera terminar con todo. Un día, no sé por qué, entro en una iglesia, donde no ponía un pie desde que era un jovencita. No logro decir nada, solamente lloro. Saliendo siento dentro una gran paz: era Él, Dios… me daba la posibilidad de volver a empezar. Vuelvo a frecuentar la iglesia, superando la vergüenza inicial. Allí encuentro una comunidad parroquial viva, encuentro calor, acogida. Poco a poco descubro que detrás de esta vida hay una elección radical del Evangelio. Su estilo de vida es el amor recíproco, que está en el mandamiento nuevo de Jesús. Descubro un cristianismo vivo. Empieza en mi una verdadera y profunda conversión. En las palabras de Jesús encuentro la luz y la fuerza para superar los momentos difíciles. Entiendo que el pasado ya no existe, y el encuentro con Dios hace todo nuevo y luminoso. Pero ahora con cuatro hijos por mantener los problemas económicos no faltan; sin embargo, en el momento oportuno, siempre llega lo que necesitamos: un vestido, una reparación gratuita, una suma para los gastos imprevistos.

Un amor más fuerte que la muerte
Una noche, hacia medianoche, tocan a la puerta. Román estaba fuera por trabajo y tenía que regresar a esa hora. En cambio son dos policías: Román fue atropellado por un carro mientras atravesaba la calle y murió instantáneamente. “Dios mío, esto es demasiado”, grito. Enseguida llegan mis nuevos amigos. Están a mi lado toda la noche, comparten en silencio ese abismo de dolor, me ayudan a no desesperar, transmitiéndome una fuerza no sólo humana. Finalmente he encontrado la familia que siempre busqué, la de los hijos de Dios. Afrontamos juntos los momentos más difíciles: en la funeraria, el sepelio. Poco a poco se abre camino una certeza: también esto es amor de Dios. Le repito mi sí. La vida recomienza. Me encuentro nueva. Ese abismo de dolor ha excavado en mí una nueva capacidad de amar. Ahora es más claro que nunca: sólo el amor permanece.
(L. M.)

abril 2004

No es la primera vez que Lucas cuenta que los discípulos discuten sobre quién es, entre ellos, el más grande. En esta ocasión lo hacen durante la Ultima Cena. Poco antes Jesús ha instituido la Eucaristía, el signo más grande de su amor, de su entrega sin medida, anticipo de lo que vivirá pocas horas más tarde sobre la cruz. El está en medio de ellos “como el que sirve”. El Evangelio de Juan refiere, en efecto, su gesto concreto de lavar los pies a los discípulos. En este mes en el que celebramos la Pascua, la Resurrección de Jesús, es importante recordar esta enseñanza suya.
Los discípulos no lo comprenden, condicionados por la mentalidad corriente del vivir humano que privilegia el prestigio y el honor, los primeros puestos en la escala social, el llegar a ser “alguien”. Pero Jesús vino a la tierra precisamente para crear una sociedad nueva, una nueva comunidad, guiada por una lógica distinta: el amor.
Si él, que es el Señor y el Maestro, ha lavado los pies (una acción considerada de esclavos), también nosotros debemos seguirlo y, sobre todo, si tenemos determinadas responsabilidades, estamos llamados a servir de igual manera a nuestro prójimo con hechos concretos y dedicación.

«El que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor»

Es una de las paradojas de Jesús. Se la comprende sólo si se piensa que la actitud típica del cristiano es el amor, ese amor que lo lleva a ponerse en el último lugar, que lo hace pequeño delante del otro, tal como hace un papá cuando juega con su hijo más chico, o ayuda en las tareas de la escuela al mayorcito.
Vicente de Paul llamaba sus “patrones” a los pobres y los amaba y servía como tales, porque en ellos veía a Jesús. Camilo de Lellis se inclinaba sobre los enfermos, lavando sus llagas, acomodando su cama, “con ese afecto – escribe él mismo ”.
¿Y cómo no recordar, más cercana a nosotros, a la beata Teresa de Calcuta, que acudió junto a millares de moribundos, haciéndose “nada” ante cada uno de ellos, los más pobres de los pobres?
“Hacerse pequeños” delante del otro quiere decir tratar de entrar lo más profundamente posible en su alma, hasta compartir los sufrimientos y los intereses, aún cuando a nosotros nos parezcan poca cosa, insignificantes, pero que sin embargo constituyen el todo de su vida.
“Hacerse pequeños” delante de cada uno, no porque nosotros estemos de alguna manera más alto y el otro más bajo, sino porque nuestro yo, si no se lo vigila, es como un globo, siempre dispuesto a elevarse, a ponerse en situación de superioridad con respecto a nuestro prójimo.

«El que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor»

“Vivir el otro”, por lo tanto, y no llevar una vida replegada sobre uno mismo, llena de las propias preocupaciones, de las propias cosas, de las propias ideas, de todo lo que se considera nuestro.
Olvidarnos, posponernos a nosotros mismos para tener presente al otro, para hacernos uno con cualquiera hasta descender con él y ayudarlo a elevarse, para hacerlo salir de sus angustias, de sus preocupaciones, de sus dolores, de sus complejos, de sus discapacidades, o simplemente para ayudarlo a salir de sí mismo e ir hacia Dios y hacia los hermanos y encontrar así, juntos, la plenitud de vida, la verdadera felicidad.
También los hombres de gobierno, los administradores públicos (“el que gobierna”), a cualquier nivel en que se encuentren, pueden vivir su responsabilidad como un servicio de amor, para crear y custodiar esas condiciones que permiten que todos los amores puedan florecer: el amor de los jóvenes que quieren casarse y necesitan una casa y un trabajo, el amor del que quiere estudiar y necesita escuelas y libros, el amor de quien se dedica a la propia empresa y necesita caminos y vías, reglas seguras…
Por la mañana, cuando nos levantamos, por la noche cuando vamos a dormir, en casa, en la oficina, en la escuela, por la calle, podemos encontrar siempre ocasiones de servir, y de agradecer cuando, a nuestra vez, somos servidos.
Hagamos todo por Jesús en los hermanos, no dejando de lado a nadie y, más aún, siendo nosotros los primeros en amar, tomando la iniciativa.
¡Sirvamos a todos! Es la única manera de que seamos “grandes”.

Chiara Lubich

Un mensaje de unidad para Irlanda, quien actualmente tiene la presidencia de la Unión Europea

Un mensaje de unidad para Irlanda, quien actualmente tiene la presidencia de la Unión Europea

   Encuentros de máximo nivel en el campo político, económico y eclesial han caracterizado la primera visita de Chiara Lubich a Irlanda, los cuales han sido reseñados también por dos de los diarios nacionales más importantes: el Irish Times y el Irish Indipendent. En este semestre de presidencia irlandesa de la Unión Europea, los temas de Europa, han tenido especial importancia en los coloquios con la Presidente de la República Irlandesa, Mary McAleese y con el Primer Ministro Bertie Aherne.

En un País en el cual, después del estallido económico de estos últimos años, florece la exigencia de una profunda dimensión ética, se ha puesto en evidencia el congreso desarrollado en la Facultad de Economía de la Universidad de Dublín, donde fue propuesta la Economía do Comunión como vía para humanizar la globalización. El congreso fue inaugurado por el Gobernador de la Banca de Irlanda, quien declaró: «El proyecto de la Economía de Comunión nace de una cultura espiritual que me parece muy importante. La economía tiene necesidad de una profunda dimensión ética que la Economía de Comunión puede traer también a Irlanda».

Irlanda, hasta hace pocas décadas profundamente católica, espera ahora una respuesta a la onda de descristianización en acto en todo el mundo occidental. El Presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, Mons. Seran Brady, invitó a Chiara Lubich a hablar a un grupo de obispos sobre la espiritualidad de comunión y sobre su experiencia de evangelización. Estaban presentes también el Nuncio, Mons. Lazzarotto, el arzobispo de Dublín, el Card. Connell, y el arzobispo coadjutor Mons. Diarmuid Martin. La búsqueda de la luz es redescubierta como el hilo conductor de la antiquísima historia de Irlanda, representada con un lenguaje artístico, en la fiesta de la familia de los Focolares de Dublín, unas mil personas, provenientes también de Irlanda del Norte, se encontraron con Chiara Lubich. La fundadora de los Focolares lanzó a todos a llevar la luz del ideal de la unidad, la fraternidad que nace del Evangelio vivido.

Como conclusión del viaje, la inauguración de la ciudadela del Movimiento, “Lieta”, un “laboratorio de unidad”. Un momento impresionante, el recuerdo de quienes han sido las raíces espirituales de la difusión del ideal de la unidad en Irlanda.