Movimiento de los Focolares
Del estallido económico a la búsqueda de una profunda dimensión ética

Del estallido económico a la búsqueda de una profunda dimensión ética

 

Es el gobernador de la Banca de Irlanda, Laurence Crowley, quien inaugura un Congreso hospedado por la Facultad de Economía de la Universidad Estatal de Dublín, con el título: “Humanizando la economía global, hacia una Economía de Comunión”. Se trata de una propuesta innovadora, nacida en el humus de la espiritualidad de la unidad, de los Focolares, que suscita un vivo interés por parte del mundo académico irlandés. Lo ilustra el mensaje de Chiara Lubich. Se trata de un auditorio calificado: académicos, empresarios, estudiantes. 200 personas. La Economía de Comunión, un taller de nuevas ideas, portadora de una cultura económica innovadora, es ilustrada por expertos. Las experiencias de algunos empresarios, empezando por los pioneros del Polígono Spartaco (Brasil), han dado una mayor credibilidad al proyecto. El gobernador Crowley, declaró: “La Economía de Comunión ciertamente me interesa por los aspectos que se refieren a la teoría económica y empresarial que están detrás. Pero por lo que he podido comprender, el proyecto nace de una cultura espiritual que me parece muy importante. La Economía tiene necesidad de una profunda dimensión ética que la Economía de Comunión puede traer también a Irlanda, donde el dinamismo económico necesita de un suplemento de valores éticos”.

Una respuesta a la onda de descristianización en un País con profundas raíces cristianas

Una respuesta a la onda de descristianización en un País con profundas raíces cristianas

Irlanda, que se enorgullece de tener una antigua y profunda tradición cristiana, en estas últimas décadas está sufriendo el violento impacto de la descristianización, también debido al estallido económico. El Presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, Mons. Sean Brady había invitado a Chiara Lubich a hablar a un grupo de obispos sobre la espiritualidad de comunión y sobre su experiencia de evangelización. En el diálogo, los obispos revelaron sus preocupaciones más graves por el difícil momento que está atravesando el País. El problema más serio: las nuevas generaciones. Chiara habla de la exigencia que ellos tienen de modelos, de testimonios. Después el diálogo prosigue sobre la relación con las otras religiones, la política, la colegialidad, la familia. La búsqueda de la luz, hilo conductor de la antigua historia de Irlanda El redescubrimiento de las antiquísimas raíces de una historia que se remonta a 5000 años atrás, la evangelización iniciada por San Patricio en el siglo V, la época misionera, la actual crisis que presenta los signos de la búsqueda de esa luz que recorre toda la historia irlandesa, y la acogida de la luz del carisma de la unidad, ya desde hace 30 años: otras tantas etapas, delineadas con expresiones artísticas y musicales, todo en la fiesta de la familia del Movimiento con Chiara, en la Universidad de Dublín donde, alrededor de 1000 personas, llegaron desde Irlanda del Norte y de las otras regiones. Chiara lanzó a todos a vivir la fraternidad entre católicos y protestantes y en las relaciones con las otras religiones, en especial con el Islam, en ésta que hoy día es también, por primera vez, una tierra de inmigración. En la mañana, fueron fuertes los testimonios de la comunidad irlandesa: una joven que cuenta de su búsqueda de Dios en la turbulencia juvenil; una pareja de Irlanda del Norte, que resiste a la tentación del odio, entre bombas y atentados, para hacer vencer ese amor que lanza puentes entre la comunidad protestante y la católica de Ulster. El arzobispo Diarmuid Martin, coadjutor de Dublín, presente en el encuentro, en la homilía durante la Misa animó a todos a vivir y difundir este carisma de la unidad que –dijo- “refuerza la unidad entre los cristianos y trabaja por un ecumenismo de los corazones, donde el amor está vivo en cada uno y ayuda a comprendernos mejor y a superar las tensiones de las divisiones”.

La inauguración de la ciudadela Lieta, “laboratorio de unidad” Como conclusión de la visita, asumió un significado especial la inauguración de la incipiente ciudadela del Movimiento: la Mariápolis Lieta, pequeño boceto de un mundo renovado por el Evangelio, en el contexto de la política y de la Iglesia en Irlanda. Estaban presentes sea personalidades civiles que religiosas.

Las raíces espirituales de la difusión del ideal de la unidad en Irlanda Varias veces, durante este viaje a Irlanda, fueron recordados aquellos que están en la raíz de la difusión del ideal de la unidad en este País: los primeros que lo acogieron y difundieron, Margaret Neylon y su hijo Eddie, el primer gen, clavado a una silla de ruedas. Impresionante el momento en el que se develó la placa con la foto de Lieta, focolarina argentina, durante la inauguración de la ciudadela que lleva su nombre. Por este Ideal, Lieta trabajo durante 30 años en Irlanda: desde el inicio de los años Setenta, hasta el 2002, cuando nos dejó. Vivos en el corazón de todos, Joe McNamara, uno de los primeros focolarinos y el focolarino Stephen Lukong, de Camerún, que partió repentinamente para el Cielo hace pocas semanas. Sus últimos días habían sido marcados por una profunda experiencia espiritual. Sus nombres quedaron marcados en las calles y las plazas de la ciudadela.

marzo 2004

El pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, mira el pasado con nostalgia, el tiempo glorioso en el cual Dios intervino con poder y liberó a sus antepasados, esclavos en Egipto. La tentación es la de pensar: Dios ya no mandará otro Moisés, ya no obrará esos grandes prodigios que hacía en un tiempo y nosotros tendremos que permanecer por siempre en esta tierra extranjera.
En cambio, el rey persa Ciro, en el 539 a.C. libera al pueblo elegido, cuyo retorno a la tierra prometida será aún más extraordinario que el éxodo de Egipto.
¡Dios no se repite nunca! Su amor es capaz de obrar cosas mucho más grandes que las realizadas en el pasado, cosas que no podemos siquiera imaginar. Por eso pone en los labios del profeta Isaías la invitación:

«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»

Además Isaías, al final de su libro, anuncia un futuro más luminoso que nunca: la creación de cielos nuevos y de una nueva tierra. Lo que Dios realizará será tan grande que “no quedará el recuerdo del pasado, ni se lo traerá a la memoria”.
También el apóstol Pablo, remitiéndose a las palabras de Isaías, anunciará la inimaginable intervención de Dios en nuestra historia. En la muerte y resurrección de Jesús, Dios hace nueva a la criatura humana, la recrea en su Hijo para una vida nueva. Por otra parte, en el Apocalipsis, al final de la historia, Dios anuncia que todo el cosmos será recreado: “Yo hago nuevas todas las cosas”.
Las palabras de Isaías recorren toda la Biblia y también nos hablan a nosotros hoy:

«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»

Somos nosotros ese “algo nuevo”, la “nueva creación” que Dios ha generado. A través de su Hijo, que llega a nosotros en sus Palabras y en todos sus dones, ha hecho nuevos nuestro ser y nuestro obrar: es Jesús mismo el que ahora vive y obra en nosotros. El es el que renueva nuestras relaciones con los demás: en la familia, en la escuela, en el trabajo. El es quien regenera, a través de nosotros, la vida social, el mundo de la cultura, de la diversión, de la salud, de la economía, de la política… en una palabra, de todos los sectores de la actividad humana en los que estamos involucrados.
No miremos más al pasado para quedarnos añorando lo hermoso que fue aquello o para llorar nuestros errores: creamos firmemente en la acción de Dios, que puede seguir realizando “cosas nuevas”.
Dios nos ofrece la posibilidad de volver a recomenzar siempre. Nos libera de los condicionamientos y de las cargas del pasado. La vida se simplifica, se vuelve más llevadera, más pura, más fresca. También nosotros, al igual que el apóstol Pablo, olvidando el pasado, estaremos libres de correr hacia Cristo, hacia la plenitud de la vida y de la felicidad.

«No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas: yo estoy por hacer algo nuevo»

¿Cómo vivir entonces esta Palabra? Tratemos de realizar con amor lo que Dios quiere de nosotros en cada momento presente de la jornada: estudiar, trabajar, atender a los hijos, rezar, jugar… cortando con todo lo que en ese momento no es Voluntad de Dios. De esta manera permaneceremos siempre abiertos a lo que él quiera obrar en nosotros y fuera de nosotros, y estaremos dispuestos a recibir esa gracia particular que nos ofrece siempre, para cada momento presente.
Viviendo de esta manera, ofreciendo cada acción a Dios, diciéndole explícitamente “es por ti”, Jesús vivirá en nosotros y realizará siempre obras que permanecen.

Chiara Lubich

Por una santidad de pueblo

Por una santidad de pueblo

 

De todas las partes de la tierra
Los hechos de protesta y de rebelión de estos días en Haití, los contrastes étnicos de Burundi y del Congo, los terribles aluviones en el Nordeste de Brasil, la situación de minoría vivida por los cristianos en territorio islámico al Norte de África en Kazakhstan: son algunos de los contextos de los que provienen los 105 Obispos amigos del Movimiento de los Focolares que, invitados por el Card. Miloslav Vlk, Arzobispo de Praga, se han reunido desde el 14 al 20 de febrero en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, para su 28� Encuentro Internacional.

Los Obispos alrededor del Papa
El punto culminante del encuentro ha sido la participación de los Obispos en la audiencia general del miércoles 18 de febrero, que ha ofrecido a los fieles un insólito cuadro: el Papa rodeado por los Obispos en torno a él sobre algunas pequeñas gradas, casi una imagen de la colegialidad efectiva y afectiva. Juan Pablo II, en el mensaje dedicado a los Obispos en el que ha dirigido un saludo especial a Chiara Lubich presente, con ellos, ha expresado su profundo aprecio por la temática del Encuentro, afirmando: “sólo, una comunidad cristiana resplandeciente de santidad puede cumplir eficazmente la misión confiada por Cristo, es decir, difundir el Evangelio hasta los últimos confines de la Tierra”. Y ha subrayado la exigencia de que los bautizados sepan “ vivir con coherencia el Evangelio en la cotidianidad… Precisamente, en lo ordinario debe vivirse lo extraordinario”.

Fraternidad vivida
Ha sido el deseo de crear un momento de intensa fraternidad – en el cual compartir, en un respiro mundial, los dolores, las alegrías, las preocupaciones, los desafíos – lo que ha hecho que se reúnan tantos Obispos de los cinco Continentes. “ Llegué aquí con un gran sufrimiento, pero la presencia de ustedes, su atención su amor, me han reconfortado”, confiaba, al final del encuentro, un obispo proveniente de un País que está en guerra civil. Y uno de sus hermanos en el episcopado, del Norte de África: “Este es un tiempo de gracia, por el hecho que nos encontramos, nos conocemos y vivimos como un solo cuerpo”.

Partir nuevamente del Evangelio
Un encuentro de fraternidad, ciertamente, pero así mismo, de espiritualidad, como expresaba el mismo tema del Encuentro: “ Por una santidad de pueblo: vivir y volver a proponer la ‘medida alta’ de la vida cristiana”. Instancia para nada teórica, sino posible y extremamente actual, como lo han hecho comprender los testimonios de vida de Obispos, familias, jóvenes, sacerdotes, personas comprometidas en la vida parroquial y en el ámbito social. A partir del Evangelio y del característico arte de amar que emerge de éste, se forman familias que, con su vida ‘contracorriente’, llegan a ser pioneros de la nueva evangelización, y comunidades cristianas que desarrollan una tal fascinación, que atraen a quienes miran la Iglesia desde lejos. Ha sido ésta una de las prometedoras perspectivas que el encuentro ha abierto.


El hermano, camino privilegiado para la unión con Dios
Chiara Lubich intervino en el Encuentro con un testimonio suyo sobre “La unión con Dios”, deteniéndose en particular en el “hermano como camino”. “Para nosotros, el camino típico, indiscutible, innegable, experimentado con éxito – afirmaba – es uno: nosotros llegamos a la unión con Dios amando al hermano” Y recordó el sintético trinomio con el que Igino Giordani, co-fundador del Movimiento, solía describir este camino: “ Yo, el hermano, Dios”. “ Yendo por este camino – explicaba la fundadora de los Focolares -, Dios se manifiesta dentro de nosotros. Lo advertimos presente. No estamos ya solos, nosotros con nosotros mismos. Somos dos: Él y nosotros. Y esto, en todas las situaciones de la vida. “ Todos nosotros debemos llegar a ser místicos, para poder vivir el Cristianismo en el mundo de hoy”, comentó un obispo de Hungría, citando la conocida expresión del teólogo Karl Rahner según el cual “el cristiano del futuro o es un místico o no es (cristiano)”.

Las intervienciones de los cardinales Kasper y Re
La Exhortación post-sinodal Pastores gregis, especialmente en su segunda parte, dedicada a la vida espiritual del obispo, ha sido un constante punto de referencia para las reflexiones de los obispos, tanto en las reuniones plenarias como en los encuentros de grupo. Partiendo de ésta, el Card. Walter Kasper, quien intervino presidiendo una de las concelebraciones, habló del obispo como “ hombre de las bienaventuranzas”.
Particularmente esperada la visita del Card. Giovanni Battista Re. Durante la concelebración que presidió, el Prefetto de la Congregación de los obispos expresó su alegría por este Encuentro que ofrece una ocasión propicia “ no sólo para profundizar la relación con Cristo, sino también la fraternidad entre los Obispos”, un aspecto – subrayaba- muy importante en estos tiempos difíciles.

Espiritualidad de comunión: incidencia en lo social
Un catalizador de esta experiencia ha sido la espiritualidad de comunión que se cultiva en el Movimiento de los Focolares y que produce frutos no solamente en el ámbito eclesial, sino también en el diálogo entre las culturas y las religiones “Aquí no se trata únicamente de una experiencia espiritual, sino de un impulso que tiene incidencia universal, también en la economía, en la política, en lo social”, constataba un obispo suizo comentando las eficaces video-síntesis a través de las cuales los obispos pudieron recorrer, decenio tras decenio, los 60 años desde que en 1943 nacieron los Focolares. Una historia cargada de esperanza, porque – como han expresado los obispos – testimonia que Dios, precisamente en este tiempo en el que vientos helados apagan en muchos la fe, está actuando fuertemente y prepara un nuevo florecer de la vida evangélica.

Apóstoles del diálogo
La conclusión del Encuentro, que ha puesto de relieve la fuerte convergencia entre las orientaciones actuales de la Iglesia y los efectos suscitados por el Carisma de la Unidad, fue una conversación de los obispos con Chiara Lubich en la que se profundizó el significado de la inédita expresión con la que Juan Pablo II había definido a los Focolares, en su mensaje por el 60� del Movimiento: “apóstoles del diálogo”, dentro de la Iglesia, entre las Iglesias, con personas de otras religiones y con quien no cree. Los obispos han dicho que quieren ser tales, al volver ahora a sus naciones.

El valor de abrir nuevos caminos de dialogo

El valor de abrir nuevos caminos de dialogo

“El Prof. Ehrlich es una de las grandes figuras en el diálogo hebreo-cristiano, no sólo en Alemania, sino también en Europa y más allá”. Así lo ha expresado Hans Hermann Henrix, director de la Academia católica de Aquisgrán, en el laudatio. “Marcado por la propia dolorosa historia de hebreo en Alemania nazi – ha continuado – habría tenido todas las razones para derrumbar puentes en vez de caminar con valor sobre nuevos caminos; el prof. Henrix ha subrayado cuánto él es, más que ningún otro, un hombre de diálogo, que no tiende a borrar las diversidades y las divisiones, sino que sabe apreciar al otro sin traicionar el propio ser”.

Estas palabras han sido pronunciadas con motivo de la entrega del Premio Klaus Hemmerle, instituido en el décimo aniversario de la desaparición del Obispo de Aquisgrán. La condecoración, que se le concede a personas que se comprometen con la causa de la unidad y del diálogo en y entre las iglesias y las religiones, le ha sido otorgado, tras una solemne liturgia, celebrada en la catedral de Aquisgrán por el cardenal Miloslav Vlk de Praga y por el obispo de Aquisgrán, Heinrich Mussinghoff.   El obispo Mussinghoff se ha alegrado por la buena elección del primer premiado recordando, al dirigir su saludo, la contribución decisiva de Ernst Ludwig Ehrlich en la fundación del primer grupo de diálogo hebreo-cristiano en el seno del Comité central de los católicos alemanes, en cuyo ámbito comenzó una amistad muy intensa entre Mons. Hemmerle y el premiado. El Prof. Ehrlich: mi amistad con Mons. Hemmerle Al agradecer, el Prof. Ehrlich ha descrito algunos momentos, muy personales, de encuentro con Klaus Hemmerle, su viejo amigo y compañero, expresando una profunda impresión por la comprensión que él tenía del hebraísmo “desde dentro”, por cómo el Obispo no es que hubiera escrito sobre la relación cristiano-hebrea, sino que la había vivido con inigualable profundidad, dignidad y espíritu de fraternidad. Esto también lo asemeja – decía – al Papa Juan Pablo II, que ha logrado crear signos de amistad, de relación de fraternidad en tantos encuentros profundos, fuertemente simbólicos, con representantes del hebraísmo. El card. Vlk: Mons. Klaus Hemmerle, una vida por la unidad El cardenal Vlk, en su homilía, ha puesto de relieve el profundo vínculo entre el obispo Klaus Hemmerle y el Movimiento de los Focolares, subrayando cómo Hemmerle haya sido un hombre de unidad, un hombre que lograba encontrar el nexo entre la Iglesia y el mundo, entre creyentes y no creyentes, entre intelectuales y obreros. Y cómo tal capacidad de vivir la unidad, de “… ensanchar su alma sobre Dios y sobre cada hombre…”, él mismo la atribuyese al encuentro con Chiara Lubich y con la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, que lo marcaron profundamente. Chiara Lubich: Convertirse en apóstoles del diálogo y de la comunión Chiara Lubich, en el saludo que envió, lo recuerda como un co-fundador de esta comunidad espiritual e internacional, invitando a todos los presentes a que se conviertan en “ apóstoles del diálogo y de la comunión…” como Hemmerle.

febrero 2004

Trascurre el año 740-739 a.C. El pueblo de Israel atraviesa un momento crítico. JHWH, el Dios de Israel, necesita de un profeta que hable en su nombre a todo el pueblo, que les anuncie la llegada liberadora del Emanuel, el Dios con nosotros. Entonces se le aparece, en su majestad, a Isaías, que está orando en el templo.
Ante la grandeza de Dios, el profeta advierte la propia nulidad y su ser pecador: “¡Soy un hombre de labios impuros!”, grita. Pero un ángel, con un carbón encendido que ha tomado del fuego que arde en el altar, le purifica los labios. A la pregunta que Dios le formula: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”, Isaías, totalmente renovado por la iniciativa celestial, ahora puede responder con prontitud: “¡Aquí estoy: envíame!”.
¿Peca de presunción el profeta al ofrecerse así a Dios? No, porque la iniciativa no es suya, sino de Dios. Isaías responde a un llamado:

«¡Aquí estoy: envíame!»

Así como ha llamado al profeta, a lo largo de la historia Dios sigue llamando a hombres y mujeres para confiarles una misión particular. Sobre cada uno él posa una mirada de amor: ninguno es insignificante a sus ojos. A veces podemos tener la impresión de que nuestra vida es inútil o sin sentido. Ella es plenamente rescatada por el llamado de Dios, que se dirige justamente a mí, a ti: nos invita a tomar parte del proyecto de amor que tiene sobre la humanidad y sobre la creación.
Se dirige a mí, a ti, como se dirigió a Isaías, a María, a Pedro, y en cada ocasión nos pregunta: “¿A quién enviaré?”. Él, que es Dios, nos da confianza y nos invita a ser sus colaboradores. Con nuestro “sí”, que repite el “sí” de Isaías, de María y de una multitud de cristianos que nos han precedido, podemos ponernos a su disposición.
Diciendo que sí a cada uno de sus deseos – a ese que día a día me hace comprender –, cualquier acción mía, aún la más pequeña, aún la que puede parecer insignificante, adquiere valor, se vuelve importante, contribuye a la venida del Reino de Dios, a la fraternidad universal.
Responder que “sí” no es ninguna presunción, tampoco para nosotros. La iniciativa siempre es suya, como es suya la primacía del amor. Lo nuestro es sólo una respuesta de amor a un amor que nos ha precedido. Sí, gracias a su llamado, estoy dispuesto a cumplir cualquier deseo suyo, a trabajar por él y a repetirle:

«¡Aquí estoy: envíame!»

¿No nos sentimos a la altura de la misión que él nos confía? ¿Nos parece que no tenemos la capacidad ni las fuerzas para llevarla a término?
Si Isaías se hubiera detenido a considerar la propia indignidad o los propios límites, habría seguido repitiendo: “Soy un hombre de labios impuros”. A María le parecía imposible convertirse en Madre de Dios, tan extraordinario era el anuncio que se le hacía. Al apóstol Pedro, cuando se sintió llamado por Jesús, le resultó espontáneo responder: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”.
Con su llamado, Dios nos da también la capacidad de realizar la misión que nos confía: “No hay nada imposible para Dios”. A Isaías se le purifican los labios para que pueda hablar en nombre de Dios. María es colmada por la presencia del Espíritu Santo y por el poder del Altísimo5. Pedro es sostenido, en su misión de ser “piedra”, por la oración del mismo Jesús.
A cada uno de nuestros “sí” le seguirán todas las gracias para realizar cualquier tarea que nos pida la voluntad de Dios.

«¡Aquí estoy: envíame!»

Esto también es lo que sucedió en nuestra pequeña historia cuando, en 1943, al comienzo de nuestra experiencia, comprendimos que Dios nos amaba inmensamente y nos sentimos impulsadas a comunicarle a todos esa gran noticia: “Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente”.
Algunos meses más tarde se celebraba la fiesta de Cristo Rey. Es día quedamos fascinadas por las palabras de la liturgia: “Pídeme, y te daré las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra”. Era el llamado a la unidad y a la fraternidad universal.
De rodillas en torno al altar, impulsadas posiblemente por el Espíritu Santo, le dijimos a Jesús: “Tú sabes cómo se puede realizar la unidad. Aquí estamos. Si quieres, usa de nosotras”. Era nuestro: “¡Aquí estoy: envíame!”. En ese momento éramos un grupo pequeño, siete, ocho jovencitas, pero ya le habíamos dado nuestra respuesta a Jesús.
Desde entonces, en sesenta años, este espíritu, con la vida de millares de personas del Movimiento, ha llegado a 182 naciones.
Una experiencia que confirma la posibilidad de las grandes cosas que él puede hacer si encuentra personas dispuestas a responder a su invitación.

Chiara Lubich

JUNTOS POR EUROPA para contribuir a dar un alma al continente

JUNTOS POR EUROPA para contribuir a dar un alma al continente

   En el momento en el que se delínea la unidad de Europa, también con el ingreso de pueblos del Este y del Sur del continente, Movimientos, Comunidades y grupos de varias confesiones cristianas, por primera vez en la historia, entretejen un camino de comunión y de colaboración: juntos quieren contribuir a la unidad espiritual del continente, en favor de una Europa que actúe su vocación universal de paz y unidad entre los pueblos.

Movimientos, Comunidades y grupos quieren hacer visible: – una red de fraternidad que ya se extiende en todo el continente y rompe con nacionalismos y barreras históricas; – la renovación a nivel espiritual que se está desarrollando a partir del Evangelio vivido y que se manifiesta en tantos sectores de la vida civil; – el aporte de los pueblos en pro de una Europa de los ciudadanos.

En una gran manifestación en STUTTGARD (Alemania), en el Estadio Hanns Martin Schleyer, en conexión vía satélite con encuentros contemporáneos en más de 100 ciudades europeas. Están en programa la intervenciones de fundadores y responsables de Movimientos, Comunidades y grupos, entre los cuales: Chiara Lubich, Andrea Riccardi; los pastores evangélicos Friedrich Aschoff, Ulrich Parzany, p. Heikki Huttunen, ortodoxo. Se esperan los aportes del Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, del Card. Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos y del Obispo de la Iglesia evangélico-luterana de Baviera, Johannes Friedrich. Serán numerosos los testimonios de Movimientos, Comunidades y grupos en respuesta a las preguntas fundamentales de hoy: la paz, un nuevo estilo de vida que ponga a los europeos en diálogo; la integración de pueblos y culturas diversas; los valores de la familia, la solidaridad con los más pobres en Europa y en el mundo. Tomarán la palabra también los jóvenes: hablarán de su compromiso y de su ‘visión’ de Europa. Durante la manifestación se alternarán significativos momentos artísticos que expresarán también la riqueza de los varios pueblos. Participarán entre otros: Judy Bailey, Albert Frey, Beatbetrieb, Gen Rosso, Gen Verde, la Compañía de ballet de Liliana Cosi y Marinel Stefanescu. Está prevista la participación de obispos de varias Iglesias, de numerosos representantes de instituciones políticas de diversos Países europeos y de personalidades del mundo de la cultura. La transmisión vía satélite será realizada gracias al soporte técnico de TELESPAZIO, CRC/Canadá y MEDIA SPACE Alliance

Cómo nace la idea de JUNTOS POR EUROPA

Cómo nace la idea de JUNTOS POR EUROPA

  Con ocasión de un encuentro en Roma en mayo de 2002, entre fundadores y responsables de algunos Movimientos y Comunidades católicas y evangélicas nació la idea de promover una gran manifestación en Alemania, para contribuir a dar un alma a Europa. Estaban presentes: la Comunidad de San Egidio, el Convenio de responsables de Comunidades y Movimientos evangélicos, los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento de los Focolares, el Movimiento de Schöenstatt, la Renovación carismática católica (de Italia), la Renovación carismática de la Iglesia evangélica (GGE), la YMCA.

 La manifestación “Juntos por Europa” es el fruto del entretejerse de un camino iniciado, en el ámbito evangélico en 1969, entre más de 120 Movimientos, Comunidades y grupos, y en el ámbito católico a partir del gran encuentro con Juan Pablo II durante la vigilia de Pentecostés ’98, y que actualmente ha involucrado a más de 240 Movimientos y Comunidades en el mundo. A partir del 31 de octubre de 1999 – fecha de la histórica firma de la Declaración conjunta entre la Iglesia católica y la Federación luterana mundial sobre la Doctrina de la Justificación – en un encuentro en el Centro Ecuménico de Ottmaring, en los alrededores de Ausburg entre algunos responsables de Movimientos, Comunidades y grupos católicos y evangélicos, surgió una nueva experiencia de comunión y colaboración que se está extendiendo también a los ortodoxos, anglicanos y otros cristianos. Quiénes son los Movimientos, comunidades y grupos cristianos de Europa presentes en Stuttgard Han surgido en distintos Países europeos antes y después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos se han difundido en toda Europa y en el mundo;

son diversos por entidad, difusión, ámbitos de trabajo, laicos en su mayoría, involucran a personas de todas las edades y categorías; – abren amplios espacios de diálogo a distintos niveles; – tienen en común el retorno a la autenticidad evangélica y la conciencia de no ser fruto de proyecciones humanas, sino de un don del Espíritu, como respuesta a los retos de hoy. Este evento se injerta en una semana importante para Europa 1 de mayo: ampliación de la Unión Europea con el ingreso de Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Malta y Chipre. 8 de mayo: aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (8.5.1945) 9 de mayo: fiesta de Europa, en el aniversario de la histórica declaración de Robert Schuman de 1950, en la que proponía la formación de una comunidad al servicio de la paz, primicia de la Unión Europea.

Schoolmates: desde los pupitres del colegio al mundo

Schoolmates: desde los pupitres del colegio al mundo

SCHOOLMATES PREVEE DOS POSIBILIDADES: CONOCERSE: A través de una página Web, chicos y chicas de Países diferentes pueden escribirse y hacer una red mundial entre las clases para intercambiarse riquezas recíprocas, compartiendo su cultura, idioma, tradiciones e iniciativas, ya en acción, para construir el mundo unido. AYUDARSE: A través de un fondo de solidaridad, las clases que lo desean pueden crear becas de estudio a favor de chicos y chicas de los países menos favorecidos que no tienen la posibilidad de frecuentar el colegio, viviendo de esta manera la «cultura del dar»

En lo cotidiano para construir la paz

Algunos muchachos y muchachas polacos vinieron a vivir a poca distancia de mi casa. Todos viven en una única habitación, dedicados a la bebida, a la espera de tener algo que hacer. Entre ellos se encuentra una muchacha más bien tímida. Se dirige a las religiosas del barrio y con su pobre italiano les confía que no quiere estar más con sus amigos: teme un triste futuro para todos. Las hermanas la acogen con ellas, dándole comida, alojamiento y trabajo, pero el problema más grave por superar es el contrato. De hecho, la joven no tiene visa para estar en Italia. El gestor a quien le han encargado su trámite, después de algunos meses, todavía no logra regularizar su situación. Las hermanas me preguntan si puedo hacer algo para resolver el caso. Si bien no se nada de las leyes vigentes, pienso que es la ocasión apropiada para dar una mano a una persona de otro país. Voy a la oficina de empleos para informarme sobre los trámites. La solicitud debe ser expuesta allí durante quince días, después otros quince en una oficina de Roma. Por la coincidencia de varias festividades, a menudo la oficina está cerrada o no está la persona interesada. En fin, muchas vueltas: dos medios días de permiso para ir a la embajada, después a la comisaría, al correo para enviar a Polonia los documentos para la visa y todavía a la oficina de tributación para el código fiscal… Realmente mucho qué hacer. Un día la joven me pregunta “Pero �por qué me ayudas?”. Le respondo que siendo cristiana, lo hago por amor y que no me debe nada a cambio. En efecto sentía que era mi ladrillo para construir la fraternidad entre todos, haciendo míos los problemas de quien está a mi lado, aunque fuese un desconocido. Después de un mes la muchacha es contratada y el trámite se concluye de manera perfecta. Precisamente en este período, en el que se habla tanto de la inmigración, pienso en las infinitas dificultades que los extranjeros encuentran por la lentitud de la burocracia y a los que, aun queriendo ponerse en regla, corren el riesgo de desanimarse. El amor sin embargo es la llave que abre todas las puestas. L. – Italia Soy R. y provengo de Albania. Mi País vivió durante 50 años bajo un régimen que ha marcado fuertemente la vida de todos los albaneses, llevando a una destrucción, no sólo económica, sino sobre todo espiritual. A pesar de esta situación los valores de mi pueblo, tan probado, han permanecido vivos y mi familia ha logrado transmitírmelos, junto con la fe en Dios. La caída del muro en 1989 provocó también en Albania un vuelco socio-político. Nosotros los jóvenes quedamos confundidos y desorientados. No sabíamos en quién creer, a cuál verdad aferrarnos, quedamos marcados por la pasividad, por la falta de optimismo, de esperanza. Dentro de mi sentía que el pasado no podía ser el patrón de nuestros sueños. Todo lo contrario, la esperanza en una vida nueva era la exigencia más fuerte de mi alma. Precisamente en este período conocí a algunos jóvenes. A través de ellos descubrí una nueva dimensión del cristianismo: creer en el amor de Dios por cada uno de nosotros y actuar de consecuencia. En Él encontré la respuesta a todas mis exigencias y empecé a vivir el arte de amar que el Evangelio nos enseña. A pesar de mi anhelo de paz y de unidad, existía sin embargo dentro de mí un nudo por resolver: se trataba de las personas que han llevado a mi País a la destrucción de casi todo. Sólo con pensarlo, me invadía un sentido de rebelión sin límites. �Cómo podía perdonar? Sin embargo, el amor de Dios, entrando hasta el fondo de mi alma, me permitió aprender a respetarlas y quizás a entenderlas un poco. Poco a poco empecé a superar la categoría del enemigo, hasta llegar a elegir amar a los demás gratuitamente y sin preferencias. Creo que fue el primer paso para construirme una “conciencia” de paz con la cual contagiar a cuantos encuentro. R. – Albania

enero 2004

Actualmente, hay en el planeta alrededor de 30 conflictos armados. Algunos están a la vista de todos, otros son olvidados, pero no por eso menos crueles. Violencia, odio, actitudes belicosas se advierten también muchas veces en países que viven “en paz”.
Todo pueblo, toda persona siente un profundo anhelo de paz, de concordia, de unidad. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia seguimos siendo incapaces de alcanzar una paz estable y duradera.
Jesús vino a traernos la paz, una paz –nos dice- que no es como la que “da el mundo”, porque no es solamente ausencia de guerra, de peleas, de divisiones, de traumas. “Su” paz es también eso, pero es mucho más: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es fraternidad en el amor entre todos los pueblos. Él mismo es nuestra paz, por eso puede decirnos:

«Les doy mi paz»

Pero, ¿qué hizo Jesús para darnos su paz? Pagó con su persona. Precisamente mientras nos prometía paz, era traicionado por uno de sus amigos, entregado en manos de los enemigos, condenado a una muerte cruel e ingnominiosa. Se puso en medio de los contendientes, se hizo cargo de los odios y las separaciones, derribó los muros que separaban a los pueblos. Muriendo en la cruz, después de haber experimentado por amor a nosotros el abandono del Padre, volvió a unir a los hombres con Dios y entre ellos, trayendo a la tierra la fraternidad universal.
La construcción de la paz nos exige, a nosotros también, un amor fuerte, capaz de amar incluso a aquel que no responde de la misma manera, capaz de perdonar, de ir más allá de la categoría del enemigo, de amar a la patria de los otros como a la propia. Nos exige pasar de ser personas pusilánimes, tal vez concentradas en sus propios intereses y sus propias cosas, a convertirnos en pequeños héroes cotidianos que, día tras día, poniéndose al servicio de los hermanos y las hermanas, están dispuestos a dar si es necesario la vida por ellos. Exige además de nosotros un corazón y unos ojos nuevos para amar y ver en todos a otros tantos candidatos a la fraternidad universal.
Quizás nos preguntemos: “¿ver candidatos a la fraternidad universal también en los consorcistas conflictivos? ¿En los colegas de trabajo que me crean dificultades para que no avance en la carrera? ¿En quien milita en otro partido o en el equipo de fútbol que me enfrenta? ¿En las personas de religiones o nacionalidades distintas a la mía?”.
Sí, todos y cada uno son para mí, hermanos y hermanas. Aquí es donde precisamente comienza la paz, en la relación que yo sea capaz de establecer con cada uno de mis prójimos. “El mal nace en el corazón del hombre”, escribía Igino Giordani, por eso “para desplazar el peligro de la guerra es necesario desplazar el espíritu de agresión, explotación y egoísmo del cual proviene la guerra: se necesita reconstruir una conciencia”.

«Les doy mi paz»

¿Cómo puede Jesús darnos hoy la paz? El puede estar presente en medio de nosotros a través de nuestro amor recíproco, a través de nuestra unidad. De este modo podremos experimentar su luz, su fuerza, su mismo Espíritu, cuyos frutos son: amor, alegría, paz. La paz y la unidad corren a la par.
En este mes, en el cual en buena parte del planeta se reza de modo particular para que se llegue a la comunión plena y visible entre las Iglesias, advertimos aún más fuerte el vínculo entre la unidad y la paz. En los últimos años hemos visto cuánto han trabajado juntos, por la paz, cristianos de distintas iglesias.
¿Cómo dar testimonio, por eso, de esa paz profunda traída por Jesús, si entre nosotros, cristianos, no se da la plenitud del amor, si no somos un solo corazón y un alma sola como en la primera comunidad de Jerusalén?
El mundo cambia si nosotros cambiamos. Por cierto, tenemos que trabajar, de acuerdo a las posibilidades de cada uno, para resolver los conflictos, para elaborar leyes que favorezcan la convivencia de las personas y de los pueblos. Pero, sobre todo, podremos contribuir a la creación de una mentalidad de paz, al poner de relieve lo que nos une, y trabajar juntos por el bien de la humanidad.
Dando testimonio y difundiendo valores auténticos como la tolerancia, el respeto, la paciencia, el perdón, la comprensión, las otras actitudes que se oponen a la paz, caerán por sí mismas
Esa ha sido nuestra experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando entre nosotras, unas pocas jovencitas, decidimos vivir sólo para amar. Eramos jóvenes y temerosas, pero apenas nos pusimos con fuerza a vivir la una por la otra, a ayudar a los demás comenzando por los más necesitados, a servirlos aún a costa de la propia vida, todo cambió. En nuestros corazones nació una fuerza nueva y vimos cómo la sociedad comenzaba a cambiar de cara: comenzó a renovarse una pequeña comunidad cristiana, semilla de una “civilización del amor”. Al final es el amor el que triunfa, porque es más fuerte que cualquier otra cosa.
Hagamos la prueba de vivir así este mes, para ser levadura de una nueva cultura de paz y justicia. Veremos renacer en nosotros, y a nuestro alrededor, una nueva humanidad.

Chiara Lubich
 

La humanidad tiene necesidad de puentes, no de muros

La humanidad tiene necesidad de puentes, no de muros

Una experiencia de unidad

«Bombas y misiles siguen sembrando dolor y odio. He querido, junto con mis hermanos obispos, escuchar otras voces, bombas y misiles espirituales, más fuertes, que siembran el amor, la concordia, la comprensión, la unidad”. Son las palabras del obispo iraquí Shlemon Warduni, auxiliar patriarcal de Bagdad. Eran 34 los obispos ortodoxos, siro-ortodoxos, anglicanos, evangélico-luteranos y católicos de varios ritos, llegados de distintos Países de Europa, Medio Oriente y América, que concluyeron el 1� de diciembre su encuentro anual desarrollado en el Centro internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa (Roma).

El Congreso fue transferido de Estambul a Roma debido a los trágicos atentados.

Originalmente el Congreso tenía que desarrollarse en Estambul y estaban programados importantes encuentros con el Patriarca ecuménico Bartolomé I, con el Patriarca armeno apostólico Mesrob II y otras personalidades religiosas. Pero debido a los atentados, de los quales el segundo tres días antes del inicio, el encuentro tuvo que trasladarse a Roma. “Nos habíamos preparado desde hacía tiempo a ir a Constantinopla –dice el obispo evangélico-luterano emérito de Estocolmo, Henrik Svenungsson – y las iglesias ortodoxas del lugar nos habían preparado una gran acogida. Después todo cambió. Pero ya lo hemos decidido: Estambul será la meta del próximo encuentro”. “El odio destruye los programas y cierra los caminos, pero el amor crea nuevos programas y abre nuevas vías”, comentó el promotor del Congreso, el Card. Miloslav Vlk. El encuentro nació de un profundo dolor, pero ha dado muchos frutos”.

El Mensaje del Patriarca ecuménico de Constantinopla

Del Patriarca Bartolomé I llegó, esperado, un afligido mensaje en el cual, citando al Papa, subraya que “la humanidad tiene necesidad de puentes, no de muros” y prosigue: “Habríamos querido estar en medio de ustedes, hablar ‘cara a cara’, para que nuestra alegría fuese plena”. “Lamentablemente esta oportunidad nos ha sido negada repentinamente y violentamente”. Y resaltó el especial contexto del Congreso: “En estos tiempos que se caracterizan por la falta de estabilidad y de seguridad (…), es muy prometedor y motivo de alegría el hecho de que existan individuos, organizaciones o movimientos, como el amado Movimiento de los Focolares, que se han dado cuenta de que la unidad entre ellos y del mundo en Cristo es el elemento fundamental de la verdad y de la vida. Pero es todavía más prometedor que hayan hecho de la realización de esta unidad el motivo principal de su actividad”.

Chiara Lubich sobre el tema “La presencia de Jesús en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”, centro del Congreso

Día tras día, los obispos han vivido el “diálogo de la vida” y experimentado como puede potenciar las varias dimensiones del ecumenismo. Sobre todo, “la oración en común”, durante las celebraciones litúrgicas de las varias Iglesias que han abierto los tesoros espirituales de las diversas tradiciones. Y el diálogo de la caridad, de la “acogida recíproca”.

El tema del congreso ha sido para los Obispos el encuentro con “Jesús presente espiritualmente en la comunidad, donde dos o más están unidos en su nombre, es decir en su amor”. Chiara Lubich ha profundizado esta realidad con un tema programático sobre “La presencia de Cristo en medio de los suyos y el ‘diálogo de la vida’”.

Remontándose a los 60 años de historia del Movimiento, la fundadora de los Focolares puso en evidencia como las personas involucradas en esta aventura, desde un inicio, estaban orientadas a dar vida por doquier a células vivas del Cuerpo místico. “Se formaron y se forman así –dijo- en la Iglesia católica, en las otras Iglesias y entre miembros de distintas Iglesias, fragmentos de cristiandad unidos en el nombre de Jesús a la espera de un ulterior vínculo de unidad, la Eucaristía, cuando Dios querrá”. Es la experiencia del “diálogo de la vida”, del “diálogo del pueblo”, “porque sentimos que componemos entre nosotros ‘un único pueblo cristiano’ que le interesa a los laicos, pero también a los monjes, a los religiosos, a los diáconos, a los sacerdotes, a los pastores, a los obispos”.

Jesús en medio de los suyos ha sido, en efecto, la gran experiencia de este congreso.

La promesa de Mateo 18, 20, Jesús en medio de los suyos, se ha presentado también como el camino para mirar con esperanza a nuestro tiempo, la llave para llevar el espíritu del Evangelio a la humanidad de hoy: a las familias y a los jóvenes, a la política, a los medios de comunicación, a la economía, al mundo de la cultura, como lo han demostrado numerosos testimonios.

El obispo evangélico-luterano Helge Klassohn comentó: “Por primera vez he encontrado el Movimiento de los Focolares. Pienso que esta comunidad ecuménica es muy importante: no sólo nos confirma en nuestro servicio, sino que es un signo para el camino de la Iglesia”.

En el Patriarcado ecuménico de Constantinopla para la fiesta de San Andrés apóstol

En el Patriarcado ecuménico de Constantinopla para la fiesta de San Andrés apóstol

Habiendo postergado para el próximo año la cita en Estambul, por el riesgo de nuevos ataques terroristas, los obispos de igual modo quisieron dar un signo claro de solidaridad a la comunidad cristiana de Constantinopla, enviando una pequeña delegación. Por este motivo el 28 de noviembre, partieron de Roma, para participar, a nombre de todos, en la fiesta de San Andrés apóstol, considerado el fundador y patrono del Patriarcado ecuménico, el Card. Miloslav y el Obispo luterano Henrik Svenungsson.

Fueron recibidos en audiencia por el Patriarca ecuménico Bartolomé y se encontraron también con el Patriarca armeno Mesrob II, con el Vicario patriarcal siro-ortodosso Çetin y con el Nuncio apostólico, Mons. Edmund Farhat. Fueron horas de intensa comunión ecuménica, en el marco de una ciudad que lamentablemente ha quedado profundamente marcada por los recientes acontecimientos. La delegación coincidió en su llegada con la del Vaticano, guiada por el Card. Kasper, y con la del Consejo ecuménico de las Iglesias de Ginebra con el Dr. Konrad Raiser.

Un rico intercambio de “dones”

Un rico intercambio de “dones”


La inauguración del Congreso en la abadía greco bizantina de San Nilo Para Estambul estaban reservados más de 60 Obispos, 34 de ellos lograron cambiar, al último momento, sus programas y venir a Roma. Pero, también en los Castillos Romanos, tuvieron una acogida especial, con una solemne y alegre celebración de apertura en la histórica abadía católica de rito bizantino, de San Nilo, situada en Grotaferrata y fundada hace mil años, en el 1004. El mensaje del Papa y el diálogo con el Card. Karper El Card. Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos, acogió a los Obispos en su sede en el Vaticano, y enseguida leyó el mensaje que el Papa había enviado al Congreso: “… con gran afecto los acoge (…) la Iglesia de Pedro y Pablo en Roma y les ofrece la hospitalidad reservada a los hermanos en Cristo”. Refiriéndose al lema del Congreso “Ustedes son todos uno en Cristo Jesús” (Gal 3,24), el Papa subrayó el tema: “Se trata de un tema más que nunca actual. Éste puede ofrecer una respuesta válida a las grandes laceraciones de afligen al mundo de hoy”. El Card. Kasper, seguidamente, entabló con los Obispos un diálogo intenso y muy abierto, trazando un interesante cuadro de las relaciones actuales de la Iglesia católica, relaciones caracterizadas no sólo por el diálogo teológico, sino también por un fuerte espíritu de participación en las alegrías y en los dolores de las otras Iglesias. Puso su atención en la esperanza que, a pesar de todas las dificultades, alcanza a los innumerables esfuerzos ecuménicos, y sobre el aporte que el Movimiento de los Focolares da a los mismos. Después el Card. Kasper animó a los Obispos a llevar adelante el “diálogo de la vida” característico del Movimiento de los Focolares y de su espiritualidad. El “diálogo teológico” -dijo- siempre debe caminar al mismo paso de una intensa espiritualidad ecuménica: “este diálogo de la vida para nosotros es esencial -afirmó- porque no estamos divididos sólo por doctrinas, sino también por que no nos conocemos, debemos vivir juntos para conocernos y hacernos amigos. Estoy muy agradecido a los focolarinos que nos ofrecen un modelo de este tipo de ecumenismo de la vida y de la amistad”. Mensaje del arzobispo de Canterbury y visita al Centro Anglicano de Roma Otra cita significativa fue la visita al Centro Anglicano, en el Palacio Doria Pamphili en Roma, donde el nuevo director, el Obispo John Flack, participante en el Congreso, acogió al grupo de los obispos afirmando que la relación con el Focolar, en esta nueva tarea, es esencial para él. Entregó a los obispos un mensaje del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams que, entre otras cosas subraya: “No hace falta recordar a nadie que el amor de Dios, expresado tangiblemente, nunca ha sido tan necesario como ahora, en este mundo turbado y dividido”. Y aseguró sus oraciones “por su reflexión común sobre la continua relevancia de los ideales inspiradores de Chiara Lubich”. Vísperas en la iglesia greco-ortodoxa de Roma y visita a la sede de la comunidad luterana sueca. Ulteriores ocasiones para un mayor conocimiento recíproco fueron la participación en las Vísperas de la fiesta de San Andrés, fundador y patrono del Patriarcado ecuménico, en la iglesia greco-ortodoxa de San Andrés de Roma y la sucesiva visita a la Casa de Santa Brígida, donde vivió la Santa en el siglo XII, y que hospeda la Iglesia de la comunidad luterana sueca. Visita a las Catacumbas de Domitila y el pacto del amor recíproco Otro punto central del Congreso fue la visita a las Catacumbas de Domitila, lugar de raíces comunes, con la Iglesia de los primeros cristianos. Era grande la conmoción cuando en un clima recogido y solemne, los Obispos estrecharon entre ellos, precisamente en ese lugar, un pacto de amor recíproco, prometiéndose amarse uno al otro, según la medida de Jesús, hasta que la cruz del otro llegue a ser la propia cruz, la alegría de uno la alegría del otro, en modo de amar la Iglesia del otro como la propia. En cierto modo se revivió cuanto está escrito de los primeros cristianos de Antioquía: “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”. (cf At 4, 32).

!Augurios de una Navidad y un Año Nuevo de Paz!

!Augurios de una Navidad y un Año Nuevo de Paz!

 

Para que la humanidad siga viviendo tenemos que tener el valor de “inventar la paz”. Seguramente nos hemos preguntado: �De dónde nace la radicalidad de la terrible elección de los kamikasis? Nosotros deberíamos ser capaces de dar nuestra vida por el gran ideal del amor a Dios y a los hermanos. Un amor posible para todos, porque el amor fraterno es el ADN de cada hombre. Florecería por doquier esa fraternidad que Jesús ha traído a la tierra haciéndose hermano nuestro y haciéndonos hermanos. Quizás la providencia divina se sirve de las situaciones de destrucción para suscitar transformaciones morales inesperadas y energías insospechadas para construir “ex-novo” la paz y volver a dar aliento a la humanidad. Chiara Lubich

Un aniversario lleno de sorpresas: las felicitaciones del Papa

Un aniversario lleno de sorpresas: las felicitaciones del Papa

La experiencia de la unión con Dios – El 7 de diciembre se cumplen 60 años del nacimiento, en Trento, del Movimiento de los Focolares. Ese 7 de diciembre de 1943 Chiara Lubich, entonces con poco más de 20 años, cuando pronuncia su sí a Dios para siempre, está sola. No podía imaginar entonces la fecundidad de ese “matrimonio con Dios”. Varias veces ha repetido que sólo la idea de que habría nacido un Movimiento habría turbado esa elección sólo de Dios. Y ahora, en el 60�, en un intenso clima espiritual, ha hablado de la unión con Dios a más de 1500 focolarinas de Europa y de los 5 continentes, reunidas en Castelgandolfo para su encuentro anual, un momento de profunda comunión sobre su experiencia personal.

“Cuando entra la unión con Dios, lo divino te invade totalmente: es algo nuevo que tú no ves con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. En la mente entra una luz, la luz del Espíritu Santo, que es más que la inteligencia, y la eleva. En el corazón entra el amor. Antes había amor humano, limitado a parientes y amigos. Después entra el amor mismo de Dios, que abre de par en par el corazón a todo el mundo. con la vida sobrenatural se injerta también una fuerza nueva. Incluso la fuerza física es sostenida por la gracia de Dios”.

Las felicitaciones del Papa por el 60� aniversario del Movimiento de los Focolares llegaron, no sólo con un mensaje para Chiara Lubich leído por S. E. Mons. Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo, sino incluso con una llamada telefónica del Santo Padre, el mismo 7 de diciembre.

Al inesperado mensaje del Papa, se sumaron las palabras de Mons. Rylko sobre el “don precioso del carisma”, que, porque es un don del Espíritu Santo, suscita continuas sorpresas.

Otros momentos fuertes del encuentro en este aniversario: el recuerdo de Chiara Lubich de ese 7 de diciembre de 1943, el testimonio de sus primeras compañeras, el sí para siempre a Dios pronunciado por más de 100 focolarinas de los 5 continentes.

Este 60� aniversario se han puesto las premisas para hacer nacer un Centro de espiritualidad y estudio en Jerusalén en el mismo lugar donde dice la tradición que Jesús pronuncio la oración por la unidad. Un Centro con un significado especial, que se sumará a los focolares de Tierra Santa, en Jerusalén y en Haifa, comprometidos en llevar la paz y la unidad en esa tierra tan atormentada.

7 de diciembre del ’43: el inicio de una aventura pensada por Otro

7 de diciembre del ’43: el inicio de una aventura pensada por Otro

El Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos como conclusión de la lectura del mensaje del Santo Padre, acogido con un interminable aplauso, desarrolló algunas de las ideas de Juan Pablo II, en especial el por qué de su acción de gracias a Dios: “por este don que se llama carisma”. El carisma es definido por él como “la cosa más preciosa que les ha sido confiada mediante la fundadora del Movimiento, Chiara”. Gratitud “al Señor por lo que ha obrado en ustedes en estos 60 años, por las grandes obras de Dios”, acompañadas por el sentido de responsabilidad que tal don comporta: fidelidad, acogida radical “con una total apertura a Dios dejándose guiar por la gracia del carisma, con una continua profundización en este don para hacerlo fructificar en la vida personal, en la vida de la Iglesia y del mundo”. Mons. Rylko observó que “el carisma es completo desde un inicio, sólo que ni siquiera el fundador conoce sus detalles. Si le preguntan a Chiara si ese 7 de diciembre quería fundar un Movimiento responderá que absolutamente �no!”. Esta fecha –recordó- “ha sido el inicio de una aventura pensada en su totalidad por Otro. Es el mismo Espíritu Santo quien revela poco a poco la enorme riqueza que el carisma conlleva”. Es más “la garantía de la juventud y de la permanente frescura de un carisma –precisó- está precisamente en el hecho de que sorprende siempre con cosas nuevas que revela ante nuestros ojos”, porque “cuando el Espíritu Santo interviene sorprende siempre”. Y aquí Mons. Rylko subrayó la importancia de la memoria de los “eventos surgidos de la fuente” que han dado origen a un Movimiento. En esta “memoria –concluyó- está la fuerza, la luz para poder caminar, para poder ir adelante en la certeza de que el Señor está con nosotros”. Después Mons. Rylko auguró a Chiara “mucha fuerza todavía por largos años”.

Un centro de espiritualidad en el lugar mismo donde la tradición dice que Jesús pronunció la oración por la unidad

Un centro de espiritualidad en el lugar mismo donde la tradición dice que Jesús pronunció la oración por la unidad

En este 60�, se han puesto las premisas para que surja en la parte antigua de Jerusalén, signo de la unidad, un centro de espiritualidad y de estudio de los Focolares contiguo a la escalera de piedra donde, según la tradición, el Jueves Santo, Jesús invocó al Padre la unidad. Con motivo de este aniversario los miembros del Movimiento en el mundo han recogido un primer aporte para la realización de este proyecto. El mes pasado fue firmado un acuerdo en el que el Patriarcado Latino de Jerusalén concede en uso perpetuo a los Focolares una parcela de terreno ubicado precisamente en las cercanías de “aquella escalera”. Se está realizando un sueño de hace casi 50 años, cuando en 1956 Chiara Lubich visitó por primera vez Tierra Santa. De hecho fue precisamente en esta página del Evangelio, leída en un refugio durante la Segunda Guerra Mundial, que Chiara y sus primeras compañeras descubrieron el por qué de sus vidas. Desde hace 25 años el Movimiento de los Focolares está presente en Tierra Santa con algunos centros en Jerusalén y en Haifa, comprometidos en llevar la paz.

«Un himno de gratitud a Dios» por la Obra que ha suscitado de un ’sí’ para siempre

«Un himno de gratitud a Dios» por la Obra que ha suscitado de un ’sí’ para siempre

 07/12/2003

El 7 de diciembre se cumplen los 60 años del nacimiento del Movimiento de los Focolares, en Trento. Ese 7 de diciembre de 1943, Chiara Lubich, entonces con poco más de 20 años, cuando pronuncia su sí a Dios para siempre, está sola. No podía imaginar entonces la fecundidad que ha surgido. Ahora son millones de personas de todas las edades, categorías sociales, idiomas, razas y credos que en todo el mundo, en 182 países, están comprometidas a suscitar por doquier fragmentos de fraternidad para contribuir a componer en unidad la familia humana que hoy, más que nunca, aspira a la paz.

Chiara escribe en «Vita Trentina»:

�Cuál es mi estado de ánimo? �Qué llevo en el corazón en esta especial circunstancia?
Una honda conmoción, si pienso sólo por un momento ante lo que me encuentro: un pueblo nuevo nacido del Evangelio, esparcido en toda la tierra, una Obra inmensa que ninguna obra humana habría podido hacer surgir. De hecho es “una Obra de Dios”, para la cual he sido elegida de primera, como instrumento suyo siempre “inútil e infiel”.

Y un himno de gratitud a Dios por todo lo que, con mis hermanas y hermanos, he podido ver, experimentar, construir, llevar hacia esa meta con su ayuda.
�Un gracias profundo y sentido por cada cosa Dios mío!

Gracias sobre todo por haberme hecho nacer en tu Iglesia, hija de Dios, por haberme nutrido día tras día de la Eucaristía;
por haber llenado mi vida, desde pequeña, de signos premonitorios del divino carisma que habrías puesto en mí para tantos;
por haberme hecho experimentar las verdades del Evangelio y sus promesas que siempre se verifican;
por haberme donado la alegría del “céntuplo” en todo sentido;
por haberme revelado el secreto de la unidad en tu Hijo crucificado y abandonado;
por haber permitido sufrimientos precursores de una más profunda unión contigo;
por haberme donado una novísima espiritualidad, personal y comunitaria al mismo tiempo, tan actual;
por haberme abierto, con todos los míos, a toda la humanidad, hacia los otros cristianos, hacia los fieles de otras religiones, hacia personas que todavía no son tuyas, pero de buena voluntad;
por el paterno amor de tus Vicarios en la tierra, especialmente de Pablo VI y de Juan Pablo II, y por su bendición sobre nuestra Obra durante años y años;
por haberme bendecida con una larga vida;
por haber perdonado mis pecados.

Gracias por haberme dado, como misión específica, el colaborar con la Iglesia a actuar el Testamento de Tu Hijo: “Que todos sean uno” y de prepararTe amplios fragmentos de fraternidad universal.
Gracias, gracias. La alabanza y la gloria a Ti.

Así Chiara recordaba hace algunos años aquel 7 de diciembre de 1943:

«En la mañana me levanté hacia las cinco. Vestí el mejor traje que tenía, si bien pobre, y me encaminé, atravesando toda la ciudad, hacia el pequeño colegio.
Una tormenta encrudecía, tanto que tuve que abrirme paso empujando la sombrilla hacia delante. También esto tenía un significado. Me parecía que quería decir que el acto que estaba haciendo habría encontrado dificultades.

Llegando al colegio un cambio de escena: un enorme portón se abre por sí solo.Una sensación de alivio y acogida, casi como brazos abiertos de par en par de ese Dios que me esperaba. La iglesita estaba adornada lo mejor posible. En el fondo hondeaba una Virgen Inmaculada. Delante del altar, más allá de la baranda, estaba preparado un reclinatorio.

Antes de la Comunión vi por un momento lo que estaba por hacer: con la consagración a Dios atravesaba un puente, y el puente caía a mis espaldas, no podría regresar atrás, al mundo. Recuerdo que ese abrir los ojos sobre lo que estaba haciendo fue tan fuerte que se me cayó una lágrima en el pequeño misal. Después una alegría secreta. Yo me casaba con Dios.

Creo que hice el camino de regreso a casa corriendo, sólo me detuve a comprar tres claveles rojos para el crucifijo que me esperaba en la habitación. Serían el signo de la fiesta común. Me había casado con Dios. De Él podía esperarlo todo».

Palabra de vida Diciembre 2003

n este período de Adviento, como se llama el tiempo que nos prepara para la Navidad, se vuelve a proponer la figura de Juan el Bautista. Había sido enviado por Dios a preparar los caminos para la llegada del Mesías. A los que acudían a él, él les pedía un profundo cambio de vida: “Produzcan los frutos de una sincera conversión”. Y a quien le preguntaba: “¿Qué debemos hacer entonces?, él respondía:

«El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto»

¿Por qué darle al otro parte de lo que es mío? Porque el otro, creado por Dios como yo, es mi hermano, mi hermana; por lo tanto, es parte de mí. “No puedo herirte sin hacerme daño”, decía Gandhi. Hemos sido creados como un don el uno para el otro, a imagen de Dios, que es Amor. Llevamos inscripta en nuestra sangre la ley divina del amor. Jesús, viniendo a estar entre nosotros, nos lo ha revelado con claridad cuando nos dio su mandamiento nuevo: “Amense los unos a los otros, así como yo los he amado”. Es la “ley del cielo”, la vida de la Santísima Trinidad traída a la tierra, el corazón del Evangelio. Así como en el cielo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en comunión plena, al punto de ser una sola cosa, del mismo modo nosotros, en la tierra, somos nosotros mismos en la medida en que vivimos la reciprocidad del amor. Y así como el Hijo le dice al Padre: “Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío”, también entre nosotros el amor se realiza plenamente cuando compartimos no sólo los bienes espirituales, sino también los materiales.
Las necesidades de un prójimo nuestro son las necesidades de todos. ¿A alguien le falta trabajo? A mí me falta. ¿Alguien tiene la madre enferma? Le ayudo como si fuese la mía. ¿Otros tienen hambre? Es como si yo tuviera hambre y trato de conseguirle alimento como lo haría para mí mismo.
Esta es la experiencia de los primeros cristianos de Jerusalén: “La comunidad de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos”. Comunión de bienes que, si bien no era obligatoria, se vivía entre ellos intensamente. No se trata, como explicará el apóstol Pablo, de quedarse sin lo necesario por sostener a los otros, “sino de que haya igualdad”.
San Basilio de Cesarea dice: “El pan que pones aparte, le pertenece al hambriento; el manto que guardas en tus baúles, le pertenece al que está desnudo; el dinero que tienes escondido, le pertenece a los indigentes”.
Y San Agustín: “Lo que es superfluo para los ricos pertenece a los pobres”.
“También los pobres pueden ayudarse unos a otros: uno puede prestar sus piernas al rengo, otro los ojos al ciego para guiarlo; otro puede, a su vez, visitar a los enfermos”.

«El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto»

También hoy podemos vivir como los primeros cristianos. El Evangelio no es una utopía. Lo demuestran, por ejemplo, los nuevos Movimientos eclesiales que el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia para hacer revivir, con frescura, la radicalidad evangélica de los primeros cristianos y para responder a los grandes desafíos de la sociedad de nuestros días, donde hay injusticias y pobreza tan marcadas.
Recuerdo que, en los orígenes del Movimiento de los Focolares, el nuevo carisma nos hacía sentir un amor muy particular por los pobres. Cuando encontrábamos alguno por la calle escribíamos su dirección en un anotador para ir más tarde a visitarlos y llevarle ayuda; eran Jesús: “lo hicieron conmigo”. Después de haber ido a visitarlos en sus tugurios, se los invitaba a comer en nuestras casas. Se ponía el mejor mantel, los mejores cubiertos, se preparaba una comida especial. En nuestra mesa, en el primer focolar, se sentaban un pobre y una focolarina, un pobre y una focolarina…
Hasta que, llegado un momento, nos pareció que el Señor nos pedía que nosotras nos volviéramos pobres para servir a los pobres y a todos. Entonces, en una habitación del primer focolar, cada una trajo y puso en el centro lo que le parecía que tenía de más: un tapado, un par de guantes, un sombrero, también un abrigo de piel… ¡Y hoy, para dar a los pobres, tenemos incluso empresas que dan trabajo y distribuyen sus utilidades!
Aunque siempre queda mucho por hacer para “los pobres”.

«El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto»

Tenemos muchas riquezas para poner en común, aunque a veces no nos parezca. Tenemos una sensibilidad que afinar, conocimientos que adquirir para poder ayudar concretamente, para encontrar el modo de vivir la fraternidad. En el corazón tenemos afecto que podemos dar, cordialidad que podemos expresar, alegría que podemos comunicar. Tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores para poner en común con la palabra o por escrito; además, a veces también tenemos cosas, un bolso, lapiceras, libros, dinero, casas, medios de transporte que se pueden poner a disposición… A lo mejor acumulamos muchas cosas pensando que algún día nos pueden resultar útiles, pero mientras tanto al lado nuestro hay alguien que tiene una necesidad urgente.
Así como cada planta sólo absorbe de la tierra el agua que le es necesaria, también nosotros tratemos de tener sólo lo que hace falta. Además, es mejor que cada tanto nos demos cuenta de que falta algo; mejor ser un poco pobres, que un poco ricos.
“Si todos nos conformáramos con lo necesario –decía San Basilio-, y diéramos lo superfluo al necesitado, no habría más ricos ni pobres”.
Hagamos la prueba, comencemos a vivir así. Ciertamente Jesús no dejará de hacernos llegar el céntuplo; tendremos la posibilidad de seguir dando. Al final, nos dirá que todo lo que hemos dado, a cualquiera, se lo hemos dado a él.

Chiara Lubich

 

Convertirse en bendición los unos para los otros

Convertirse en bendición los unos para los otros

Como un gran canto de alabanza a Dios y con el alma en fiesta, se abrió y se concluyó el Congreso internacional de la Renovación Carismática Católica, convocado “para interrogarse sobre el reto de la madurez y convertirse en bendición los unos para los otros”, el cual tuvo lugar del 18 al 30 de septiembre en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. Vinieron más de mil personas de 72 Países de todo el mundo, para participar con su típico entusiasmo carismático en este evento.

Sobre el comprometedor reto de la santidad, de la Renovación Carismática, habló, a la luz de la Carta Apostólica de Juan Pablo II “Novo millennio ineunte”, el padre Raniero Cantalamessa, quien guió el retiro espiritual. El predicador de la Casa Pontificia también respondió a una serie de preguntas sobre la relación entre la fidelidad al Espíritu y la Institución, subrayando también el profundo cambio que la Renovación Carismática sigue obrando en la vida de tantas personas: «Veo los mismos efectos en muchísimas personas, un cambio radical que naturalmente supone que después ha de ser cultivado a través de los Sacramentos y del Magisterio, para poder llegar a la perfección de la vida cristiana. He visto gente transformada, aquí hemos escuchado el testimonio de una pareja que los dos provenían de una vida desesperada, fracturada, perdida y ahora son un matrimonio santo, en el que precisamente resplandece la santidad que nos ha encantado a todos. Las mismas cosas suceden sea en los sacerdotes como en los casados, no se puede negar que son obra del Espíritu Santo. Mi deseo para todos nosotros es que esta gracia sea compartida por todos, que la Iglesia no mire a la Renovación Carismática como a una isla de algunas personas particularmente propensas a la emotividad, sino que vea en ésta la norma de la vida cristiana. Jesús ha concebido su vida, la vida que nos ha dado en la Cruz, para que la vivamos en el Espíritu». “Doce días de bendiciones”, el prometedor tema del encuentro, en un clima de profunda comunión, expresaba casi palpablemente que, en Cristo Señor y Salvador, el amor se hace carne en medio de nosotros. Es la bendición más grande, la que se incarna en la “espiritualidad de comunión”, tan alentada por el Papa y de la que da testimonio también Chiara Lubich, huésped en el congreso carismático. Un testimonio de amor que se transforma en ayuda a los pobres lo ofreció el prof. Andrea Riccardi, de la Comunidad de San Egidio. Del radioperiódico de la Radio Vaticana, 26 de septiembre de 2003

Vivir la esperanza en la sociedad global del riesgo

Vivir la esperanza en la sociedad global del riesgo

Cada año las Asociaciones Cristianas de Trabajadores italianos, organismo de las asociaciones católicas italianas, comprometido en el ámbito social, organizan un congreso nacional para profundizar sobre los retos culturales, económicos y políticos del mundo actual y preparar una respuesta específica para los católicos.

La cita de este año: “Vivir la esperanza en la sociedad global del riesgo”, acogió en Orvieto, del 5 al 7 del mes de septiembre, a 400 exponentes del mundo de la cultura y de la política internacional.

El presidente Luigi Bobba invitó a Chiara Lubich: “Pensando en la esperanza, no podía dejar de venirme a la mente una mujer que encarna esta virtud de la esperanza”.

El vídeo con su mensaje grabado abrió la sesión dedicada al reto multicultural.

«El paradigma de la unidad -dijo Chiara entre otras cosas- si se actúa, se presenta como un gran recurso para la globalización hoy en acto, dado que contiene en sí el germen de toda forma de integración entre los pueblos y el método para alcanzarla: el amor recíproco (…) Traerá como consecuencia la exigencia de poner a disposición de todos los pueblos los bienes de la creación como dones de Dios, y superar así el subdesarrollo de algunos y el hiperdesarrollo de otros: es la idea de la ‘comunión’, de la fraternidad universal en acto”.

Nuevo impulso al camino de comunión

Nuevo impulso al camino de comunión

La Asamblea nacional extraordinaria de la Acción Católica Italiana, con 837 delegados, de 214 diócesis, ha representado un cambio de ruta hacia una mayor comunión y un renovado empuje misionero, manteniendo siempre el carácter diocesano de su actividad y de su estructura. Son éstas las líneas trazadas en el nuevo Estatuto, aprobado por la Asamblea. El Papa, en su mensaje, subrayó que “La Iglesia tiene necesidad de ustedes, tiene necesidad de los laicos que en la Acción Católica han encontrado una escuela de santidad, en la que han aprendido a vivir la radicalidad del Evangelio en la normalidad de la vida cotidiana”. La presidente nacional, Paola Bignardi, en una entrevista a “Città Nuova”, especificó entre otras cosas que la relación con los Movimientos y las Comunidades eclesiales tiene necesidad de una renovación, de modo que no sólo se “viva en paz unos con otros, sino que se sepa encontrar el camino para vivir unidos con los demás, los unos con los otros”. Por tal motivo Paola Bignardi y el asistente general, el obispo Francesco Lambiasi, invitaron a Chiara Lubich y a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, a dar un saludo a la Asamblea. Chiara, invitada a la mesa de la presidencia, empezó así: “Conozco la Acción Católica por haber transcurrido buena parte de mi juventud entre sus filas. Fueron años especiales, los de la Asociación, que todavía gozaba de la presencia de Armida Barelli y de sus compañeras. Años felices para mí, por haber participado en tantos encuentros en Trento, mi ciudad, y en congresos para la juventud estudiantil, donde recibí una sólida formación cristiana de base”. Seguidamente, Chiara pudo recorrer las etapas de la comunión entre los Movimientos y Nuevas Comunidades iniciada a partir de Pentecostés ’98, preguntándose al final: “�Será este el momento para dar inicio a lo que el Santo Padre quiere de la Acción Católica, del Movimiento de los Focolares y de los otros Movimientos? A nombre del Movimiento de los Focolares, que represento, puedo decir que nosotros estamos dispuestos. El Espíritu Santo indique el tiempo y la forma a ustedes, hermanos y hermanas queridísimos”. Las palabras de adhesión de la presidente y el aplauso de la asamblea dieron enseguida una respuesta positiva. Después, Andrea Riccardi habló de “la deuda que tenemos hacia este gran laboratorio cristiano que es la Acción Católica”, auspiciando una “comunión más profunda, vivida en la conciencia de la misión de hoy”. Despidiendo a los huéspedes, Paola Bignardi dijo: “Gracias por la amistad que nos han brindado en esta nueva estación de comunión y de diálogo, que no es mortificación de las diferencias, sino todo lo contrario, un enriquecimiento de nuestras riquezas”.

Primera Jornada Mundial de la Interdependencia

Señor gobernador de Pensilvania, Edward Rendell; profesor Benjamín Barber, señoras y señores: Es para mí un gran honor poder dirigir este discurso a un público tan calificado, que hoy se ha reunido en Filadelfia para declarar su compromiso de construir un mundo más unido, más justo, más fraterno. Era mi deseo estar allí presente, pero como no me fue posible permítanme ofrecerles con este mensaje una breve reflexión personal. Cuando en junio pasado, en Roma, tuve un prolongado y cálido encuentro con el profesor Benjamín Barber, adherí espontáneamente, con alegría, a esta primera Jornada Mundial de la Interdependencia. La realidad de la interdependencia, en efecto, me remite a un ideal muy querido por el cual – junto a muchas personas de buena voluntad comprometidas en la política, en la economía y en los diversos campos de la acción y del saber – decidí invertir mi vida: la unidad de la familia humana. Al día siguiente del 11 de setiembre muchos de nosotros han advertido la exigencia de reflexionar a fondo sobre sus causas, pero sobre todo de comprometerse por una verdadera, responsable y decidida alternativa al terror y a la guerra. Para mí ha sido revivir un poco la experiencia de la destrucción y la sensación de la impotencia humana, en la ciudad italiana de Trento, bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Pero justamente bajo las bombas, mis primeras compañeras y yo hemos descubierto en el Evangelio la luz del amor recíproco, que nos llevó a estar dispuestas a dar la vida unas por otras. Y entre los escombros de esa destrucción, convencidas de que “el Amor vence todo”, nació el deseo fuerte de hacer partícipe de este amor a cada prójimo, sin distinción de personas, grupos, pueblos, y sin tener en cuenta las condiciones sociales, la cultura, las convicciones religiosas. De modo análogo hoy en Nueva York como en Bogotá, en Roma como en Nairobi, en Londres como en Bagdad muchos nos preguntamos si es posible vivir en un mundo de pueblos libres, iguales, unidos, donde no solamente unos respeten la identidad de los otros, sino que también se interesen por las respectivas necesidades. La respuesta es sólo una: no solamente es posible, sino que es la esencia del proyecto político de la humanidad. La unidad de los pueblos en el respeto de las múltiples identidades es la finalidad misma de la política, que la violencia terrorista, la guerra, la injusta distribución de los recursos del mundo y las desigualdades sociales y culturales parecen poner hoy en discusión. Desde muchos puntos de la tierra se eleva el grito de abandono de millones de refugiados, de millones de hambrientos, de millones de explotados, de millones de desocupados que son excluidos y como ‘amputados’ del cuerpo político. Esta separación, y no solamente las carencias y las dificultades económicas, es la que los hace aún más pobres, que aumenta – si es que todavía puede aumentar – su desesperación. La política no habrá alcanzado su finalidad, no habrá mantenido la fidelidad a su vocación hasta tanto no haya reconstituido esa unidad y sanado esas heridas abiertas en el cuerpo político de la humanidad. Pero cómo podremos alcanzar una meta tan exigente, que parece superior a nuestras fuerzas? Ante los desafíos que nos presenta el presente y el futuro de la humanidad, la libertad y la igualdad no bastan por sí solas. Nuestra experiencia nos enseña que se necesita, creemos, un tercer elemento, olvidado desde hace tiempo en el pensamiento y la praxis de la política: la fraternidad. Sin la fraternidad ningún hombre y ningún pueblo son libres e iguales, en el verdadero sentido de esas palabras. Igualdad y libertad siempre serán incompletas y precarias, hasta tanto que la fraternidad no forme parte integrante de los programas y de los procesos políticos de cada región del mundo. Queridos amigos, el nombre de la ciudad donde estamos reunidos, Filadelfia, �no evoca acaso un programa de amor fraterno? Es la fraternidad la que hoy puede dar contenidos nuevos a la realidad de la interdependencia. Es la fraternidad la que puede hacer florecer proyectos y acciones en el complejo tejido político, económico, cultural y social de nuestro mundo. Es la fraternidad la que hace salir del aislamiento y abre la puerta del desarrollo a los pueblos que todavía están excluidos. Es la fraternidad la que indica cómo resolver pacíficamente las discordias y que relega la guerra a los libros de historia. Es por la fraternidad vivida que se puede soñar e incluso esperar en una especie de comunión de bienes entre países ricos y pobres, ya que el escandaloso desequilibrio que existe en el mundo es una de las causas principales del terrorismo. La profunda necesidad de paz que la humanidad expresa dice que la fraternidad no es solamente un valor, no es solamente un método, sino que es un paradigma global de desarrollo político. Es por esto que un mundo cada vez más interdependiente tiene necesidad de políticos, de empresarios, de intelectuales y de artistas que pongan a la fraternidad – instrumento de unidad – como centro de sus acciones y de sus pensamientos. El sueño de Martín Luther King era que la fraternidad fuera el orden del día del hombre de negocios, y la palabra de orden del hombre de gobierno. Queridos amigos: �cómo cambiarían las relaciones entre los individuos, los grupos y los pueblos, si solamente fuéramos conscientes de que somos todos hijos de un único Padre, Dios, que es Amor y que ama a cada uno personal e inmensamente, y se ocupa de todos! Ese amor, conjugado en sus infinitas formas, incluso políticas y económicas, conduciría a superar nacionalismos y visiones parciales, abriendo las mentes y los corazones de los pueblos y de sus gobernantes, y empujando a todos – como afirmé en mi discurso en la Naciones Unidas, en el 1997 – a amar la patria del otro como la propia. Esta es la experiencia de sesenta años del Movimiento de los Focolares, que hoy está presente en 182 Países del mundo, y al que adhieren millones y millones ce personas de todas las latitudes. Hago votos, entonces, para que esta primera Jornada Mundial de la Interdependencia, y para cuantos han adherido, sea la ocasión de un compromiso renovado de vivir y trabajar juntos, con dedicación y confianza, sosteniéndose siempre unos a otros, por la unidad de la familia humana universal.

Ciudadanos del mundo para construir el futuro

Ciudadanos del mundo para construir el futuro

«We the people of the world…»

«Nosotros, pueblos del mundo, declaramos nuestra interdependencia como individuos y miembros de comunidades y naciones distintas. Nos comprometemos a ser ciudadanos de una única ciudad-mundo…”

En Filadelfia, los padres fundadores de los Estados Unidos, firmaron, en 1776, la declaración de independencia. Separándose y distinguiéndose del Viejo Mundo. Los Estados Unidos encontraban así su libertad y autonomía.

Más de dos siglos después, el día después del 11 de septiembre del 2001, los estadounidenses descubrieron su fragilidad. Al terror, sea en Afganistán como en Irak, se respondió con la fuerza de las armas, sembrando otro terror.

A dos años de distancia y después de dos guerras declaradas en nombre de la lucha contra el terrorismo los Estados Unidos y el mundo de hoy se sienten todavía más inseguros.

En este contexto asume un significado altamente simbólico el acontecimiento que tuvo lugar en Filadelfia el 12 de septiembre de 2003: ante el palacio donde fue firmada la Declaración de Independencia, a 227 años de distancia, se quiso firmar la Declaración de Interdependencia. Una iniciativa compartida por muchos que en los Estados Unidos profesan su credo en el multilateralismo, en el diálogo entre las culturas, en la necesidad de una ciudadanía global.

Por iniciativa del Profesor Benjamín Barber, politólogo y docente de la Universidad de Maryland, ex consejero del Presidente Clinton, políticos, académicos, artistas, simples ciudadanos, han querido declarar que son “ciudadanos del mundo”, que sienten en su carne la responsabilidad de construir un futuro sostenible para la familia humana.

Ante la interdependencia negativa experimentada con el terrorismo internacional y las epidemias como la SARS y el SIDA, ha de ser promovida una interdependencia positiva de ciudadanos globales que se conviertan en promotores del bien común. “A la guerra preventiva – explica Barber- debemos oponer una democracia preventiva”.

Hace más de doscientos años, los Estados Unidos encontraron su libertad separándose del Viejo Mundo: “Hoy en cambio la libertad la podemos encontrar sólo trabajando por la libertad de todos”.

En síntesis, la exigencia está en pasar de la independencia a la interdependencia, promoviendo un movimiento desde la base que trasforme a los individuos en ciudadanos de un mundo en relación.

El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, el ex Presidente de la Rebública Checa, Vaclav Havel, la fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, el alcalde de Roma, Walter Veltroni, han enviado mensajes de adhesión.

“Debemos ponernos –subrayó la fundadora de los Focolares en un mensaje leído en Filadelfia durante la ceremonia- como horizonte de la interdependencia la fraternidad: es la fraternidad la que puede dar hoy en día contenidos nuevos a la realidad de la interdependencia…”

De este modo se vivió en Filadelfia una jornada altamente simbólica que mostró la voluntad y el compromiso de tantos en favor del bien común y de la fraternidad de la familia humana.

Contemporáneamente fue celebrado el Día de la Interdependencia en otras varias localidades de los Estados Unidos, como la Universidad de Maryland, el College Park, la Roosevelt University di Chicago y el Suny – Stonybrook en Nueva York, además de Budapest, donde Ivan Vitanyi, miembro del Parlamento, acompañado por Arpad Goencz, primer presidente de Hungría después del régimen socialista, organizó una mesa redonda dedicada a la interdependencia.

Para el 2004 está previsto el Día de la Interdependencia en Roma, Calcuta, Johannesburg, Pequín y muchas otras metrópolis.

Silencios de amor

En el hospital tenía que hacer guardias nocturnas con otro médico que se decía cristiano, pero que no era practicante y a menudo, viéndome participar en la Misa casi todos los días, me tomaba el pelo. Teníamos que permanecer disponibles toda la noche, pero él me dejaba sólo ya al final de la tarde y esto para mí quería decir mucho más trabajo. No era justo, pero “Bienaventurados los pobres de espíritu…” así que traté de mantener hacia él una actitud abierta, sin juicios, un mes, dos… Un día me dijo que deseaba venir a la Misa conmigo porque: “en estos meses, de tu modo de amar en silencio, he aprendido muchas cosas”. Desde aquél día no volvió a salir del hospital antes de tiempo, e incluso empezó a preocuparse por mí durante la noche para que no me cansara demasiado. En otro momento compartí la habitación con un médico de religión islámica. Varias veces me hizo notar que nuestro modo de vivir la Cuaresma es mucho más suave que el Ramadán de ellos. Mientras tanto me enteré que su madre había muerto hacía un año y no tenía a nadie que se ocupara de su ropa y de sus cosas personales. De hecho me había dado cuenta que su bata a menudo estaba sucia y que le faltaban algunos botones. Una noche decidí lavarle la bata, planchársela y pegarle los botones que le faltaban. A la mañana siguiente, lógicamente, le costó reconocer su bata y preguntó quién la había arreglado. Cuando lo supo, vino a abrazarme diciendo: “Ahora entiendo. Amando en silencio has dado un sentido mucho más profundo al ‘mortificarse’ de cuanto yo habría podido imaginar”.

La revolución del Evangelio

La revolución del Evangelio

En la clase de P. (Gran Bretaña) hay dos compañeros que siempre lo molestan. “Intenté no responder –le dice a C., su amigo más grande- �pero ellos siguen!”. “Pidamos a Jesús que te dé la fuerza para amarlos todavía más” –sugiere C. Un día P. lleva a la escuela un gran frasco de dulces para festejar su cumpleaños. La maestra le propone que vaya a ofrecerles también a los niños de las otras clases: “�Elige a dos compañeros para que vengan contigo!” le dice. Paul debería llamar a sus amigos preferidos, pero después… “ama al enemigo”. “�Pueden venir T. y L.?” le pregunta a la maestra. �Precisamente los dos compañeros que siempre lo molestan! P. cuenta todo a C.: “�Viste? Jesús me dio la fuerza, y… �sabes? �Ahora ya no me molestan más!”. F. d. M. de Guatemala: “El otro día papá y mamá pelearon. Estaba triste. ‘Cómo quisiera que fueran felices –pensé- �qué puedo hacer?’. Fui donde mis hermanitos. Tomamos un papel, recortamos corazones y flores y los pegamos en el muro. Papá y mamá estaban mirando la televisión en silencio. La apagamos un momento y yo canté una canción sobre el amor entre nosotros. Papá y mamá se conmovieron y se pidieron disculpas. Mamá lloraba de la alegría. Me sentía feliz. Todos fuimos a dormir contentos. Yo le dije a Jesús: ‘�Gracias!’”.

E., de Trento, recibe mucho dinero por parte de sus abuelos por los dientitos que se le cayeron. Feliz quiere darlo para los pobres que en todo el Movimiento estamos ayudando. “Déjate al menos una parte para comprarte unos zapatos; �los necesitas!” le aconseja el papá. De hecho no tienen tantas posibilidades económicas. “�Pero papá –responde E.- los niños pobres no tienen zapatos!” y lo convence. Poco después llega, de parte de los tíos, un regalo: �son precisamente los zapatos de los que tenía necesidad! E. de 5 años. Es de San Pablo, la ciudad más grande de Brasil. El señor C. la acompaña todos los días a la escuela. Él no cree en Dios y muchos dicen que es un tipo malhumorado. Una mañana, mientras están en el carro, E. le pregunta: “�Tú sabes qué es un acto de amor?”. “No –responde él- �qué significa?”. “Significa ver a Jesús en todos y hacer a cada uno lo que harías a Jesús”. El señor C. se queda pensativo. Algunos días después, en la mesa, el papá cuenta que el señor C. ha cambiado, que ya no se enoja tanto. “A quien le preguntó, bromeando, qué le había sucedido –continúa el papá- �saben qué respondió? “Pregúntenselo a la pequeña E. �A veces aprendemos muchas cosas de los niños!”.

Hacer de cada obstáculo un trampolín de lanzamiento

Hacer de cada obstáculo un trampolín de lanzamiento

“Queridísimos jóvenes, no dejen que las dificultades, que sin duda existen y siempre existirán, los detengan, hagan de cada obstáculo un trampolín de lanzamiento �hacia un amor más grande, más profundo, más verdadero!”.

Es éste el centro del mensaje que Chiara Lubich lanzó a miles de jóvenes de 105 ciudades de todos los continentes en una conexión telefónica, el domingo 12 de octubre, como conclusión de la Semana Mundo Unido, que ya llegó a su VII edición.

Siguieron después las intervenciones de jóvenes probados por la guerra, la discriminación, la pobreza, la injusticia: desde Jerusalén, Irak, Nueva York, Costa de Marfil, Cebú, Uganda, la República Centroafricana, Recife, etc. Sus experiencias han vencido la profunda sensación de impotencia que a veces impera, sobre todo entre los jóvenes europeos, ante los males del mundo, haciendo entender claramente que el amor es más fuerte que todo y que juntos, es posible aliviar al mundo. Intervinieron también jóvenes de Burundi hospedados en un campo de refugiados en Tanzania. Por primera vez se conectó Medan, en Indonesia, donde estaban presentes más de 50 jóvenes cristianos, budistas y musulmanes, todos unidos por el mismo ideal: �el mundo unido!

“Si siguen con un empuje renovado, llevando el amor de Dios al mundo (…) �entonces realmente serán libres de sí mismos! Entonces sí que irán contra la corriente, es más crearán una corriente novísima, en nuestro planeta, de amor, de fuego… Es ésta la consigna que Chiara ha dado a los jóvenes.

�Qué es la Semana Mundo Unido?: una propuesta dirigida a los jóvenes, a las instituciones nacionales e internacionales, públicas y privadas, de valorar las iniciativas que promueven la unidad a todo nivel. Durante una semana, del 5 al 12 de octubre, tuvieron lugar distintas citas, en ciudades grandes y pequeñas, con iniciativas de solidaridad, conciertos y eventos deportivos, vigilias, debates, que tenían como tema principal la fraternidad como camino hacia el mundo unido. Muchísimas las entrevistas en televisión, nacionales y locales, en la radio y en los periódicos, para difundir el mensaje de la SMU.

Las iniciativas en el mundo

En Rosario, en Argentina la SMU fue declarada de interés municipal y la alcaldía se comprometió a darle publicidad, también durante los meses siguientes, en los boletos del metro y de los autobuses de la ciudad.

En el Estado de San Pablo, Brasil, se distribuyeron 70.000 “agenditas”, que proponían para cada día de la SMU un lema para poner en práctica para construir la paz y que encontró un eco inesperado en los estudiantes de numerosos liceos, entre los profesores y representantes de las instituciones,

Nueva Caledonia quedó tapizada por las actividades de los jóvenes, que involucraron a todos los grupos étnicos, por lo general en conflicto entre ellos.

En Kampala, Uganda los jóvenes visitaron a los niños enfermos de SIDA en un orfanato de la capital y se comprometieron a recoger ropa y artículos de primera necesidad para la comunidad de Gulu, en el norte del País, afligida por una gran necesidad provocada por la situación de guerrilla.

En Sicilia, Italia: tuvieron un denso calendario de compromisos y actividades. El diario italiano Avvenire” publicó la siguiente nota de prensa, que reportamos: «“Signo de fraternidad” es el título de la iniciativa que ve a los Jóvenes por un Mundo Unido, expresión juvenil del Movimiento de los Focolares, comprometidos en favor de iniciativas que promuevan la fraternidad y la paz en los 5 continentes. A partir de ayer, hasta el 12 de octubre, cientos de Jóvenes por un Mundo Unido de Sicilia han sido protagonistas de 16 actividades en la ciudad y en las provincias de Palermo, Caltanissetta, Messina, Catania, Siracusa, Ragusa.

Lo recogido con las distintas iniciativas está destinado a financiar becas para jóvenes de algunas naciones de Medio Oriente y de Argentina y contribuir a la realización del Proyecto África, lanzado por Chiara Lubich en el 2000 y que prevé, este año, el inicio de actividades laborales y educativas en un campo de refugiados de los Grandes Lagos, en Tanzania, y la construcción de un fondo para becas para jóvenes de Congo que no tienen los medios para proseguir sus estudios universitarios».

Nace una nueva esperanza

Bien expresa lo que ha suscitado la Semana Mundo Unido en muchísimos jóvenes, la impresión inmediata de un joven de Uganda: “A veces, cuando parece que el amor, la fraternidad y Dios se apagan, aparecen signos como éste que te hacen venir el deseo de seguir en el intento”.

Madre Teresa de Calcuta, «maestra excelsa en el arte de amar»

Madre Teresa de Calcuta, «maestra excelsa en el arte de amar»

De Madre Teresa, me quedó el calurosísimo abrazo final que nos dimos en Nueva York, la última vez que la encontré, en mayo de 1997. Estaba enferma, en cama. Fui con la intención de estar sólo un momento. Después empezó a hablar, a hablar de su Obra. Era su canto del Magníficat, �una cosa maravillosa! Estaba felicísima. Ese abrazo quedó en mí como un signo, una promesa: de que habría seguido amándonos con predilección, porque así nos amaba cuando estaba en vida. Y por eso desde el momento de su muerte, la agregué a nuestros protectores, segura, como todos, de que pronto será proclamada santa. Realizó plenamente lo que el Papa define como “genio femenino” que consiste precisamente en la característica de María: no estaba investida por un ministerio, sino que estaba investida por el amor, por la caridad que es el don más grande, el más grande carisma que viene del cielo. Para nosotros es un modelo. De hecho es una maestra excelsa en el arte de amar. Amaba verdaderamente a todos. No le preguntaba a su prójimo si era católico o hindú o musulmán. A ella la bastaba que fuera hombre o mujer, y en ello redescubría toda su dignidad. Madre Teresa era la primera en amar: era ella quien iba a buscar a los más pobres para quienes había sido enviada por Dios. Madre Teresa veía, quizás como ningún otro, a Jesús en cada uno: “A mí me lo hiciste” era precisamente su lema. Madre Teresa “se hacía uno” con todos. Se hizo pobre con los pobres, pero sobre todo “como” los pobres. Está aquí la diferencia con la simple asistencia social o con quien se dedica al voluntariado. No aceptaba nada que no pudieran tener también los pobres. Es conocida, por ejemplo, su renuncia y la de sus hermanas a una simple lavadora, renuncia que muchos no comprenden – dicen: �en estos tiempos! -, pero ella hacía así porque si los pobres no la tienen tampoco ella. Asumió, hizo propia la miseria de los pobres, sus penas, sus enfermedades, su muerte. Madre Teresa amó a todos como a sí misma, hasta ofrecerles su propio ideal. Por ejemplo, invitaba a los voluntarios que prestaban, durante cierto tiempo, un servicio en su Obra, a buscar su propia Calcuta allí donde cada uno regresaba. “Porque los pobres –decía- están en todas partes”. Madre Teresa sin duda amó a los enemigos. Nunca se detuvo a contestar las acusaciones absurdas que le hacían, en cambio rezaba por sus enemigos. Después de su muerte, la conocí todavía más profundamente y con “avidez” leí libros sobre ella. Admiré a Madre Teresa en modo especialísimo por su determinación. Tenía un ideal: los más pobres entre los pobres. Y permaneció fiel a él. Toda la vida apuntó a este único objetivo. También por ello es para mí un modelo de fidelidad al ideal que Dios me ha confiado.

El gracias al Papa artífice de la Iglesia del futuro: la Iglesia-Comunión

El gracias al Papa artífice de la Iglesia del futuro: la Iglesia-Comunión

 

P. Entre los varios aspectos proféticos del pontificado de Juan Pablo II se puede sumar sin duda la nueva página abierta durante la vigilia de Pentecostés ’98, en el primer encuentro histórico con cientos de miles de adherentes a los Movimientos y nuevas comunidades eclesiales. Allí los reconoció públicamente como “significativas expresiones carismáticas de la Iglesia” y reafirmó la “co-esencialidad” entre la dimensión petrina-institucional y la mariana-carismática. �Qué perspectivas se abren para el futuro a partir de esta visión de la Iglesia que tiene el Papa? R. A partir de ese día el Papa encendió en nosotros un sueño: el sueño de la Iglesia del Tercer Milenio: la Iglesia-Comunión. En este período de redescubrimiento de los carismas que no está en contraposición, sino en profunda comunión con el Papa y con los obispos, se me abrió la esperanza de que se pondrá de relieve sobre todo la obra del Espíritu Santo, atrayendo al mundo a Jesús. Desde ese día, precisamente para responder al deseo de comunión entre los Movimientos expresado por el Papa, asumí el compromiso de dar inicio a un camino de comunión entre nosotros, Movimientos y Nuevas Comunidades. Ciertamente no podía imaginar el desarrollo al que hoy asistimos: Pentecostés ’98 se repitió desde entonces en incontables diócesis, en los 5 continentes, con la presencia de los obispos, involucrando a cientos de Movimientos y Comunidades. Teniendo como fruto nueva vitalidad y esperanza. El eco de este camino ha llegado a los Movimientos y Comunidades surgidos en las últimas décadas también en otras Iglesias, como en las Iglesias evangélicas de Alemania. Un fenómeno que antes era para nosotros desconocido. De allí ha nacido, a partir de 1999, una fraternidad tal que ha hecho surgir la idea de hacerlo visible, por ejemplo a través de un gran encuentro, el 8 de mayo del 2004, en Stutgard. Con el mismo, trataremos también nosotros de dar, con nuestros carismas, un aporte a la “Europa del Espíritu”. P. �Cuál es su experiencia directa en su relación con el Papa? R. A lo largo de los años esta relación se ha hecho cada vez más profunda. Es más, un par de veces he vivido una experiencia algo especial. Por ejemplo, después de una audiencia en la que experimenté un momento de gran unidad con el Papa, de hija a Padre, tuve la impresión de que el cielo se abriera y sentí una unión con Dios especial. Lo que la caracterizaba era el hecho de que no advertí intermediarios. El Papa es “mediador” pero cuando el mediador ha contribuido a unirte a Dios desaparece. Me pareció entender que esto depende del hecho de que el Papa ha recibido las llaves para abrirnos el cielo: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos…” Quizás estas llaves no sólo sirven para borrar los pecados, sino para abrirte a una unión más profunda con Dios. �Será éste el secreto de los cambios radicales de alma y de historia obrados por él en estos 25 años? Él comunica a Dios y Dios hace “nuevas todas las cosas”. Una “Presencia” que se hace cada vez más fuerte, en la medida en la que pasa a través del peso del sufrimiento. P. �Recuerda algún episodio en especial de sus encuentros con el Papa, en estos 25 años? R. Me vienen a la mente muchos momentos que han marcado otras muchas piedras angulares en nuestra historia y no sólo. Como ese día, era el 23 de septiembre de 1985, -es un hecho ya conocido- en el que ya en la puerta, al concluir una audiencia, mirando hacia el futuro, me atreví a preguntarle al Papa: “�Considera posible que el presidente del Movimiento de los Focolares, de esta Obra, que es de María, sea siempre una mujer?”. “Sí, -respondió- �ojalá!”. Y fue de las palabras del Papa que motivaron ese “sí”, que se me abrió, por primera vez, esa nueva conciencia de la Iglesia en sus dos dimensiones: petrina-institucional y mariana-carismática. “�En la Iglesia naciente se encuentran ambas – había afirmado, citando al teólogo Hans Urs von Balthasar – y deben permanecer!”. Y es ésta la gran novedad a la que el Papa, en los años siguientes, se ha referido. Lo que sorprende es que el Santo Padre no ve el “perfil mariano” de la Iglesia sólo como una realidad espiritual o mística, sino también como una realidad histórica y da testimonio con los hechos, abriendo de par en par las puertas a las novedades del Espíritu. P. Cuéntanos otro hecho R. Con los años nacieron, también en los jóvenes, en las familias, en personas de las más variadas categorías sociales, anglicanos, luteranos, ortodoxos y de otras Iglesias, las mismas vocaciones florecidas en la Obra de María entre los católicos. Una novedad que por años ha estado bajo estudio por parte de muchos canonistas. Pero parecía que no se encontraba ninguna salida. A un cierto punto hablé de ello con el Papa. �Se mostró muy abierto! En la segunda audiencia, también esta vez en pie, me dijo con su conocido ingenio: “Entendí. Tengo que decir: �Dejen en paz a la Obra de María que es de María!”. Y la situación se desbloqueó. Recuerdo que en la noche de repente me pasó por la mente un pensamiento: “ Si hay un punto que es todavía un obstáculo en el camino ecuménico, es precisamente el ministerio del Papa. Pero �quién ha ‘acogido’ a estos focolarinos de otras Iglesias? Precisamente el Papa”. Esto quedará en la historia. Además el Papa ha ido más allá: fue por una sugerencia suya que ahora también los obispos de otras Iglesias se encuentran regularmente, todos los años, para alimentar su ministerio con la Espiritualidad de la Unidad que ya comparten muchos obispos católicos, de quienes aprobó su vínculo, no jurídico, sino espiritual con esta Obra de María. (Città Nuova, n.19 – 2003)

En los 5 continentes 157 Congresos Marianos: Maria descubierta como modelo de vida

En los 5 continentes 157 Congresos Marianos: Maria descubierta como modelo de vida

“En este mundo herido por el terrorismo, por guerras y venganzas, el Congreso Mariano nos anuncia el alba de un mundo de esperanza, paz, amor y santidad” una impresión inmediata desde Taiwán. Y un joven austriaco: “Todo ha tenido una frescura increíble. Nada era anticuado. �Ver a María así es la cosa más genial del mundo!” “He descubierto que el Rosario es verdaderamente una oración de paz. �Es un antídoto para la guerra!”, escriben desde Filipinas. Desde Argentina: “Hoy he descubierto a María como la mujer de la paz, la mujer fuerte, la mujer modelo de la humanidad”. Y desde Uganda: “Es maravilloso comprender a María en un modo nuevo. Nos da el empuje para llevar a María a casa y vivir con ella en nuestra sociedad en evolución”. Estos son algunos de los tantos ecos llegados de los 157 Congresos Marianos que se han desarrollado en el mundo durante el año del Rosario. María ha sido redescubierta especialmente como madre y modelo de vida. Ha iluminado el camino de muchos que ahora desean entrar en su camino.

El momento más alto había sido marcado por el Congreso Mariano Internacional de Castelgandolfo, del que han sido un eco tantos otros Congresos que han tapizado los cinco continentes. Una alabanza a María realmente planetaria que se ha elevado desde cada rincón de la tierra.

En Milán estaban presentes 9000 personas, en Eslovaquia 1900, en Corea 2250, en Filipinas, en Manila 1800, en Malasia 1300, en México 1200, en Argentina, en Buenos Aires 3400, en Paraguay 2000, en El Congo 1500, en Burundi 3000. Sólo para citar algunos encuentros. Por doquier los Congresos han sido una fuerte experiencia eclesial vivida, muchas veces, con toda la diócesis y preparada en comunión con los otros Movimientos y Asociaciones de la región, �dando así realce al aspecto carismático de la Iglesia, a su dimensión mariana!

Periódicos y canales de televisión han hablado de ello. Obispos, políticos, artistas, representantes de Movimientos eclesiales y de la cultura han ofrecido aportes notables. Otra característica: la presencia, y en diversos casos el testimonio, de hermanos y hermanas de varias Iglesias. También algunos seguidores de otras grandes religiones han dado su aporte con respecto a María. La revista «Città Nuova», a partir de noviembre 2002, tiene una nueva sección cultural: “Año del rosario”. Salió un nuevo volumen de Chiara Lubich: “María transparencia de Dios”, mientras que otra publicación ha sido dedicada a los niños, un colorido volumen con el título: “Era bellísima…”.

Pero regresemos al 16 de octubre de 2002, en la Plaza San Pedro, cuando Juan Pablo II da a Chiara Lubich una carta suya personal. En ella está escrito: “(…) Quisiera entregar idealmente a todos los Focolarinos la oración del Santo Rosario (…). Ofrezcan su aporte para que estos meses lleguen a ser para toda la comunidad cristiana una ocasión de renovación interior”. La adhesión de Chiara ha sido inmediata. Como respuesta al deseo del Papa, florecen enseguida ideas y proyectos para concretar a lo largo de este año mariano. Se siente la exigencia de agradecerle con mensajes de varias partes del mundo, por los frutos de vida nueva imprevisibles que de éste han surgido.

Entre los muchachos de la calle: del grito de dolor renace la vida

 R. C. desde hace 28 años está en Brasil, en un barrio marginal de una gran ciudad. “Si aquí hay tanto dolor, si aquí es Viernes Santo, aquí nacerá tanta vida y resurrección”. Abre la “Casa do Menor”: acoge a muchachos víctimas de la droga, la prostitución, el narcotráfico y de muerte precoz.  Muchachos a menudo violentos, porque nunca nadie los ha amado.

«Una noche, regresando del centro de la ciudad, detengo el automóvil arriba de un puente sobre la autopista: miro las luces del barrio, escucho los ruidos y los gritos de dolor. Siento rechazo, repulsión e impotencia. Todos los días muertos, sufrimiento sin solución.  Me dan ganas de escapar.

Repentinamente entiendo que este dolor inmenso es un gran Cristo desfigurado y sufriente que grita su abandono en este barrio abandonado por todos y aparentemente también por Dios. Una luz: si hay tanto dolor, si aquí es Viernes Santo, aquí nacerá tanta vida y resurrección. Este dolor me atrae. Acelero el auto. Voy a la estación: encuentro tantos muchachos y muchachitas que se drogan, tienen relaciones sexuales. Corren a mi encuentro, abrazándome… Sentado en medio de ellos que apestan a ‘pega’, me siento en adoración ante Jesús, presente en esta plaza en su rostro más inaceptable. Porque Él ha dicho: “Todo aquello que hagas al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hiciste”.

Regreso a casa. Me espera un adolescente. Me entrega un arma: «Toma esta pistola. Ya no quiero robar ni matar más».

Otra noche, apenas regreso, me avisan que le dispararon a Pirata, un muchacho que había acogido en casa en le momento en que la policía lo estaba persiguiendo para matarlo. Pero había cambiado: se había bautizado y se estaba preparando para la Primera Comunión. Veo la sangre delante de mi casa. Tiemblo y corro al hospital. Lo encuentro sobre una piedra helada con un disparo de revólver en la cabeza.

Un muchacho me busca. Me dice, azorado, que en mi parroquia ya han sido asesinados 36 muchachos sólo en el mes de marzo. Me presenta una lista de otros 40 “que faltan por morir”. «El primer nombre en la lista es el mío –dice -. Yo no quiero morir. ¿Ustedes no hacen nada?». Pienso a cuando, hace un año, fui a sepultar, en un solo día, a 9 muchachos asesinados por la policía. Estoy allí para absorber un dolor sin explicación y ofrecerlo, como María a los pies de la Cruz, impotente en su dolor.

También yo he sido amenazado de muerte y de secuestro más de una vez. Permanezco tranquilo y siento que, con la gracia de Dios, estoy dispuesto realmente a dar la vida. Un día, mientras celebro la Misa, entiendo: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre…”. No sólo el cuerpo de Jesús… debo estar dispuesto a dar mi cuerpo. Pero quizás Dios no quiere todavía mi martirio: sino dar la vida en pequeños gestos de amor, de perdón, de capacidad de volver a empezar con los muchachos que me parece que no quieren nada de la vida o que no logran salir adelante en el tiempo que quisiéramos.

A un cierto punto, regreso a Italia, porque hace tiempo que no estoy bien de salud. Incluso mi cabeza ya no funciona. ¡Y me importa mucho mi cabeza! Un médico me examina y me dice con firmeza: «En estas condiciones ya no puede regresar a Brasil».

Es como si Dios me dijera: “Hazte a un lado. La Casa do Menor es una obra mía, no tuya. Hasta ahora eras tú el protagonista. Ahora deja que sea yo quien la lleve adelante”. Y la ‘Casa do Menor’ mejora, y mucho, en el período de mi larga ausencia.

Regreso, y sigo diciendo sí a Dios todas las veces que tengo que enterrar a muchachos que no hemos logrado salvar o que han regresado a la calle o a la droga después de que les hemos dado tanto amor. ¿Para qué sirve amar si no hay resultados? Pero yo no debo pretender cambiar a nadie, sólo debo amar.

Junto a un religioso y a miembros de una nueva familia espiritual que está naciendo, voy de noche por las calles de la gran ciudad. Encontramos situaciones cada vez más dramáticas de muchachos a quienes nosotros queremos, porque nadie los quiere. Asistimos a verdaderos milagros: drogadictos o traficantes de droga que renacen a una vida nueva. Nos convertimos en signo y modelo de políticas sociales y desde muchas partes nos llaman porque tenemos algo que hace la diferencia.

Para decir la verdad, cuando conocí el Movimiento de los Focolares, no entendía por qué Chiara Lubich había elegido a Jesús, que en la cruz grita el abandono del Padre, como único ‘todo’ de su vida. Después, poco a poco, he descubierto que Jesús abandonado es el Dios-Hombre que da la vida, amando hasta el final sin esperar nada. Si resisto en ese barrio sangriento y con mil rostro de sufrimiento, es porque he descubierto su rostro y lo amo”.

[:it]Nonostante tutto, non fermarti![:en]No matter what, don’t give up!

El nuevo trabajo como técnico dental había comenzado de la mejor manera: buen sueldo y perspectivas interesantes. Pero después de algunos meses el idilio decae porque mi jefe, primero algunas veces, y después casi todos los días me repite: “Usted trabaja demasiado lentamente y los colores de los dientes no son como deberían”. No entiendo. Todas las mañanas, cuando se distribuye el trabajo, veo que no confía en mí y que me despediría con gusto. Al entregar los trabajos, en la tarde, después de una jornada de intenso trabajo, casi siempre tengo que hacer todo de nuevo. He vivido meses de íntima tensión, de lucha interior: me siento tentado de rebelarme, aumentan los juicios hacia mi jefe, pero trato de “cortar” para “volver a empezar” cada día. Una mañana de invierno, yendo al trabajo, empieza a llover fuerte: ese temporal parece la imagen de la escena que vivo dentro. Recuerdo la imagen de Jesús crucificado que desde hace años tengo en mi habitación y que muchas veces en esos días he mirado sin encontrar una respuesta, como Él, por otro lado, cuando gritó al Padre su abandono, pero se volvió a abandonar en Él, creyendo en Su amor. Así poco a poco dentro de mí se abre paso una idea: “Sigue amando y, no obstante todo ?no te detengas!”. Llegando al trabajo, trato de asumir los consejos de mi jefe, sin esa sutil desconfianza que desde hace meses me acompaña. Encuentro una libertad interior que desde hacía tiempo había perdido. Algún tiempo después me llama para decirme que había ido donde el oculista y que el médico le había descubierto un defecto en la vista: era eso lo que le procuraba tensión y alteraba los colores. Por lo tanto era ésta la causa principal de nuestras discusiones y de tantas noches de trabajo de más. Algunos días después, en un momento de íntimo coloquio, entre otras cosas, me dice: “Yo estoy llegando a la edad de pensionarme y he pensado proponerle a usted que asuma mi empresa, porque he visto que usted ante las dificultades no se rinde”. F. L.

 

Agosto 2003

¡Un Dios que nos habla a nosotros como amigos! El antiguo pueblo de Israel se sentía orgulloso de tener un Dios tan cercano, que le daba leyes y normas tan justas, como leemos en este pasaje del Deuteronomio, que forma parte del Antiguo (y Primer) Testamento.
Precisamente porque la Palabra de Dios tiene un encanto extraordinario, existe el peligro de creer que, una vez que se la ha escuchado, ya está todo hecho; en cambio la Palabra tiene que ser vivida. Esa es la cuestión.
También el Apóstol Santiago, en el Nuevo Testamento, advertía a los primeros cristianos: “Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos”. Lo mismo enseñaba Moisés cuando se dirigía a todo el pueblo con estas palabras:

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica»

Por lo tanto, escuchar la Palabra y vivirla.
Por otra parte, en las palabras de Jesús está presente él mismo, sus palabras son él mismo, y dado que son eternas, son siempre actuales en cada momento; universales, por lo tanto válidas para todos, más allá de cualquier raza o cultura; no son simples exhortaciones, sugerencias, órdenes, como pueden ser las palabras humanas: ellas contienen y trasmiten la Vida.
Jesús, al final de su gran sermón de la montaña, nos dejó a este propósito una famosa parábola: al que escucha con entusiasmo sus palabras, pero luego no las pone en práctica, lo compara con una casa construida sobre arena; llegan los vientos y las lluvias, es decir, otras propuestas humanas más fáciles y seductoras, doctrinas que encantan e ilusionan con brillos pasajeros, y esa persona se desmorona porque en ella el mensaje evangélico no se ha vuelto vida.

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica»

Luego Jesús compara, al que pone en práctica su Palabra, con una casa construida en la roca: pueden venir las pruebas, las tentaciones, las dudas, las desorientaciones, pero esa persona se mantiene firme en el camino del Evangelio, sigue creyendo en las Palabras de Dios porque ha probado con la vida que son verdaderas.
Vivir la Palabra de Dios provoca una auténtica revolución en nuestra vida y en la de la comunidad humana con la cual compartimos el Evangelio.

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica»

Las palabras de Jesús se deben vivir con la simplicidad de los niños. El dice: “Den y se les dará” (Lc 6,38). ¡Cuántas veces hemos podido experimentar que cuanto más damos, más recibimos! Cuántas veces nos hemos encontrado con las manos llenas, porque todas las veces que hemos dado a quien pasaba necesidades, nos hemos vuelto a encontrar con cien veces más. ¿Y cuando no teníamos nada que dar? ¿No ha dicho Jesús: “Pidan y se les dará” (Mt 7,7)? Pedíamos… y nuestra casa se llenaba de todo tipo de cosas para poder dar más todavía.
Cuando estamos agobiados por las preocupaciones, debido a alguna situación que parece que supera nuestras fuerzas, por la angustia que nos paraliza, recordemos las Palabras de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados…” (Mt 11,28), y volcando en él cualquier inquietud, veremos que vuelve la paz y, con ella, la solución a nuestros problemas.

La Palabra de Dios rompe nuestro yo, anula el egoísmo, sustituye nuestro modo de pensar, de querer, de actuar con el de Jesús. Viviéndola, va entrando en nosotros la lógica divina, la mentalidad evangélica y vemos todo con ojos nuevos; cambian también nuestras relaciones con los demás; personas que antes no se conocían, viviendo la Palabra de Dios y comunicándose las experiencias que ella suscita, se reconocen hermanos, se vuelven pueblo, Iglesia viva. Una sola Palabra del Evangelio vivida por muchos podría cambiar el curso de la historia.
La Palabra de Dios, si se la vive, produce milagros. Nace así, en nuestro corazón, una confianza nueva, ilimitada, en el amor del Padre que asiste a sus hijos con su intervención cotidiana. Sus palabras son verdaderas: si las vivimos, también él las pone en práctica, al pie de la letra, y nos da lo que promete: el céntuplo en esta tierra, la plenitud de la vida y la alegría sin término del Paraíso.

Chiara Lubich

Pueden las religiones ser ‘compañeras’ en el camino de la paz?

Pueden las religiones ser ‘compañeras’ en el camino de la paz?

 «Sin fraternidad no hay paz» El pluralismo religioso, superficialmente parece el germen de divisiones y guerras. En realidad el mismo es –dijo Chiara Lubich en su intervención- un reto: todas las religiones están llamadas a restablecer, juntas, la unidad de la familia humana, porque en todas las religiones “de algún modo el Espíritu Santo está presente y activo”. Precisamente el fenómeno del terrorismo, que no se logra combatir con los medios convencionales, demuestra que las religiones tienen un gran aporte que dar a la paz: “La causa más profunda del terrorismo” es “el insoportable sufrimiento” ante un mundo donde es cada vez mayor la diferencia entre ricos y pobres, subrayó Chiara Lubich en Caux. Existe la exigencia de una mayor igualdad, mayor solidaridad, y sobre todo de una distribución de los bienes más equitativa. “Pero, como se sabe, los bienes no se mueven solos”, “es necesario mover los corazones de las personas”. Y “�de quién, sino de las grandes tradiciones religionas, podría partir una estrategia de fraternidad capaz de marcar un vuelco incluso en las relaciones internacionales?”. De hecho, sin fraternidad –sostiene Chiara Lubich- no hay paz. Sin perder la propia identidad En todas las religiones está radicada la idea de la unidad y del amor: “en práctica, esto significa que somos compañeros en el camino de la fraternidad y de la paz. Sin perder nuestra identidad, entre las grandes tradiciones religiosas de la humanidad nos podemos encontrar y comprender” subrayó Chiara Lubich. Como vía maestra hacia la comprensión entre las religiones, la fundadora del Movimiento de los Focolares, indicó el camino del amor: “Si emprendemos el diálogo los unos con los otros, y si por lo tanto nos abrimos a un diálogo hecho de benevolencia, de estima recíproca, de respeto, de misericordia, nos abrimos también a Dios y actuamos de modo tal –son palabras de Juan Pablo II- que Dios esté presente en medio nuestro”. Chiara Lubich se muestra convencida de que es precisamente con la presencia de Dios que se pueden encontrar verdaderas soluciones a los problemas actuales. El secreto del diálogo El Movimiento de los Focolares tiene una rica experiencia en el diálogo interreligioso: “en un clima de amor recíproco se puede establecer un diálogo con los propios compañeros, un diálogo en el que se intenta hacerse nada para ‘entrar’, en cierto modo, en ellos”. Este ‘hacerce uno con el otro’ es indicado por Chiara Lubich como el secreto de un diálogo capaz de llevar a la unidad. Exige una verdadera pobreza de espíritu: “vaciar nuestra cabeza de las ideas, liberar nuestro corazón de los afectos, nuestra voluntad de los deseos” para poder ensimismarnos con el otro y entender a quien tenemos delante. Ante una actitud así el otro o la otra queda “tocada” y por su parte empieza a hacer preguntas (ésta es la experiencia de Chiara). “Entonces podemos pasar al ‘anuncio respetuoso’, y comunicar, por lealtad con Dios y con nosotros mismos, pero tambièn por honestidad con el prójimo, cuanto afirma nuestra fe sobre el argumento del que se habla, sin imponer con ello nada al otro, sin sombra de proselitismo, sino por amor. Y es el momento en el cual, para nosotros cristianos, el diálogo desemboca en el anuncio del Evangelio”. Gran simplicidad Durante el coloquio sucesivo, Cornelio Sommaruga, presidente de “Iniciativas y cambio”, subrayó la “extrema sencillez” con la que Chiara Lubich difunde su mensaje de amor. Rajmohan Gandhi, nieto de el Mahatma Gandhi, profesor de la Universidad de Nueva Delhi, también él responsable de la organización que promovió el seminario, agregó: “Esta mujer habla a los corazones. Pero no como muchos otros, con voz potente y apasionante, sino con dulzura y fuerza. El diálogo interreligioso promovido por la señora Lubich es de grandísima importancia, especialmente en nuestro tiempo”. Y el rabino Marc Raphaël Guedj, fundador de “Racine et Source” (“Raíz y Fuente”) quedó impresionado por la “personalidad de Chiara, que habla de amor siendo amor, sabiduría, sabiduría en la vida cotidiana,… amor que transforma el mundo”. Del servicio de Beatrix Ledergerber-Baumer para la agencia KIPA, 3 de agosto 2003 (nuestra traducción)

Iniciativas y cambio

El ex-presidente de la Cruz Roja Internacional es hoy el presidente de la Fundación suiza “Caux – Iniciativas y cambio”, distinta de la asociación internacional Iniciativas y Cambio. Ambas entidades surgieron a partir del preexistente grupo de Oxford y son, según las palabras de Cornelio Sommaruga, “como el Movimiento de los Focolares, un producto de la Segunda Guerra Mundial”. En 1938, cuando los estados se preparaban para la guerra, el fundador del Movimiento, Frank Buchmann, invitó a un “rearme moral y espiritual” en favor de “un mundo sin odio, miedo ni avaricia”. Después del final de la guerra el Movimiento mantuvo, bajo el nombre de “Rearme Moral (MRA)”, el proceso de reconciliación de viejos enemigos, primeros entre todos Alemania y Francia. Hoy “Iniciatvias y Cambio” consiste en una red de personas de las más diversas culturas, religiones y generaciones, que se han comprometido en el proceso siempre necesario de “renovación del mundo”. En Caux, más arriba de Montreux (VD), cada año, en el “Caux-Palace”, tienen lugar varios seminarios sobre los más variados temas. Este año, entre otros: “Del conflicto a la comunión”, “El factor espiritual-religioso en una sociedad laica”, “Iniciativas de paz” y “Seguridad humana para la prevención de conflictos”. A cargo de Beatrix Lederberger-Baumer para la agencia KIPA, 3 de agosto de 2003

Julio 2003

De un árbol, admiramos su follaje y sus flores y esperamos sus frutos, pero esa vida al árbol le llega de las raíces. Es lo que sucede también con nosotros. Estamos llamados a dar, a amar, a servir, a crear relaciones de fraternidad, a trabajar para construir un mundo más justo. Pero se necesitan raíces, es decir, vida interior de unión con Dios, nuestra relación personal de amor con él, que motiva y alimenta la vida de comunión fraterna y el compromiso social.
Es igualmente cierto que, el amor al otro, alimenta a su vez el amor a Dios y lo hace más vital y concreto, tal como la luz y el calor, a través de las hojas, fortalecen las raíces. Amor a Dios y amor al prójimo son expresiones de un único amor. También a nosotros Jesús nos repite lo que un día le dijo a sus discípulos, al verlos cansados por su entrega generosa a los demás. La vida interior y la vida externa son una raíz de la otra.
La Palabra de Vida elegida para este mes nos invita, sin embargo, a cultivar de manera especial la vida interior, sobre todo a través del recogimiento, la soledad, el silencio, para profundizar nuestra relación personal con Dios. También a nosotros Jesús nos repite lo que un día dijo a sus discípulos cansados como consecuencia de la constante donación a los demás:

«Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco»

También Jesús, cada tanto, se alejaba de sus muchas ocupaciones. Había enfermos que curar, multitudes que instruir y alimentar, pecadores que convertir, pobres que ayudar y consolar, discípulos que guiar… Sin embargo, aunque todos lo buscaban, él sabía retirarse, lejos de los centros poblados, a la montaña, para estar sólo con el Padre1. Era como si volviese a casa. En su coloquio personal y silencioso encontraba las palabras que luego le diría a su gente2, comprendía mejor su misión, recobraba fuerzas para encarar el nuevo día. Eso es lo que él quiere que hagamos también nosotros.

«Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco»

No es fácil detenerse. A veces estamos tomados por el ritmo vertiginoso del trabajo, de las actividades, como a merced de un engranaje del cual hemos perdido el control. Muchas veces la sociedad nos impone un ritmo de vida frenético: producir cada vez más, avanzar en la carrera, sobresalir… No es fácil enfrentar la soledad y el silencio tanto fuera como dentro de nosotros. Sin embargo, son condiciones necesarias para escuchar la voz de Dios, para confrontar nuestra vida con su Palabra, para cultivar y ahondar la relación de amor con él. Sin esta linfa interior corremos el riesgo de girar en el vacío y de que nuestro mucho trajinar termine resultando infructuoso

«Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco»

Jesús se llevó aparte a los discípulos para que estuvieran con él y en él encontraran reposo: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”3. El mejor descanso es darse tiempo para “estar” con Jesús, vivir en gracia, en el amor, dejándose plasmar y guiar por su Palabra. En particular, antes de la oración, momento privilegiado del “estar con él”, es bueno dejar todo de lado, descansar un poco, recogerse, entrar en el secreto y en el silencio de nuestra habitación interior4. En nuestra oración no tenemos que andar midiendo el tiempo. En eso, cuanto más perdamos más ganaremos. Será como un zambullirnos en la unión con Dios, y encontraremos la paz. Podremos entonces llegar a un coloquio continuo con él, a un recogimiento constante, también más allá del tiempo dedicado a la oración. Es mi experiencia de muchos años.

En una ocasión escribí:

“…¡Señor!
En el corazón te tengo,
tesoro que ha de dar sentido a mis gestos.
Tú, cuídame, mírame,
es tuyo el amar: gozar y padecer.
Que nadie recoja un suspiro.
Oculta en tu tabernáculo,
vivo, trabajo por todos.
Que el toque de mi mano sea tuyo,
sólo tuyo el acento de mi voz…”.

Aún cuando no nos sea posible alejarnos del ruido o del torbellino del mundo que nos rodea, podemos ir al fondo del corazón, en busca de Dios, y él siempre está allí. A veces bastará decir: “Es por ti, Jesús”, antes de cada actividad y de un encuentro. Este también es un medio para retirarse un poco aparte y darle a todo un sentido, una entonación sobrenatural. Y ofrecerle cada dolor, pequeño o grande.
La comunión con él nos perfeccionará. También el físico resultará beneficiado y será posible volver con nuevas energías a nuestra actividad, a amar con impulso renovado.

Chiara Lubich