Mirar más allá de nosotros mismos
Mirar más allá de nosotros mismos
Mirar más allá de nosotros mismos
“Tocar” las heridas de las personas
Hacerse prójimos
Perdonar los agravios sufridos
Ver nuevas a las personas con las que vivimos
Cada cinco años tiene lugar la Asamblea general de la Obra de María, Movimiento de los Focolares.
La próxima se desarrollará del 1 al 21 de marzo de 2026.
Una oportunidad para responder a la vocación de los Focolares: vivir por la unidad. Se trata de uno de los acontecimientos más importantes: durante la Asamblea serán elegidos los nuevos dirigentes de los Focolares y los trabajos durante esos días, brindarán la oportunidad de dialogar sobre ideas, propuestas y mociones que serán las directrices que guiarán al Movimiento para los próximos cinco años.
El camino de preparación está iniciando: todos estamos llamados a dar nuestra contribución.
Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, explica a través de este videomensaje cómo podemos prepararnos de manera sinodal.
Para comprender mejor qué es la Asamblea, cómo se desarrollará y cómo prepararse para esta importante cita, he aquí un vídeo con infografía.
El amor da sentido a todo
Cada cinco años tiene lugar la Asamblea general de la Obra de María, Movimiento de los Focolares.
La próxima se desarrollará del 1 al 21 de marzo de 2026.
Una oportunidad para responder a la vocación de los Focolares: vivir por la unidad. Se trata de uno de los acontecimientos más importantes: durante la Asamblea serán elegidos los nuevos dirigentes de los Focolares y los trabajos durante esos días, brindarán la oportunidad de dialogar sobre ideas, propuestas y mociones que serán las directrices que guiarán al Movimiento para los próximos cinco años.
El camino de preparación está iniciando: todos estamos llamados a dar nuestra contribución.
Ven, hermano exiliado, abracémonos. Dondequiera que estés, como sea que te llames, hagas lo que hagas, eres mi hermano. ¿Qué me importa si la naturaleza y las convenciones sociales se esfuerzan por separarte de mí, con nombres, especificaciones, restricciones, leyes?
El corazón no se detiene, la voluntad no conoce límites, y con un esfuerzo de amor podemos cruzar todas estas barreras y reunirnos como familia.
¿No me reconoces? La naturaleza te colocó en otro lugar, te creó de otra manera, dentro de otras fronteras. ¿Eres quizás alemán, rumano, chino, indio? ¿Eres quizás amarillo, color aceituna, negro, bronce, cobrizo? Pero ¿qué importa?
Eres de otra patria, pero ¿de qué sirve? Cuando este pequeño globo, aún incandescente, se consolidó, nadie podía imaginar que por esas fortuitas excrecencias los seres se matarían entre sí durante mucho tiempo.
E incluso hoy, frente a nuestros sistemas políticos, ¿te parece que la naturaleza nos pida permiso para expresarse mediante volcanes, terremotos e inundaciones? ¿Y te parece que le importan nuestras disparidades, apariencias y jerarquías?
Hermano desconocido, ama tu tierra, tu fragmento de la corteza común que nos sustenta, pero no odies la mía. Bajo todas las apariencias, bajo las clasificaciones sociales, por codificadas que sean, tú eres el alma que Dios creó, hermana de la mía, de la de todos los demás (único es el Padre), y eres como todos los demás, un hombre que sufre y quizá hace sufrir, que tiene más necesidades que capacidades, que oscila, se cansa, tiene hambre, tiene sed, tiene sueño, como yo, como todos.
«Hermano desconocido, ama tu tierra, tu fragmento de la corteza común que nos sustenta, pero no odies la mía. (…)
In te riconosco il Signore. Lìberati, e sin d’ora fratelli che siamo, abbracciamoci. «

Eres un pobre peregrino que persigue un espejismo. Te crees el centro del universo, y solo eres un átomo de esta humanidad que se mueve sin aliento entre dolores en lugar de alegrías, milenio tras milenio.
No eres nada, hermano, así que unamos fuerzas en lugar de buscar el conflicto. No te enorgullezcas, no te separes, no acentúes las marcas de diferenciación ideadas por el hombre.
¿No lloraste al nacer como yo? ¿No gemirás al morir como yo? El alma regresará, sea cual sea su envoltura terrenal, desnuda, igual. Tú vienes. De más allá de todos los mares, climas, leyes, de más allá de cualquier ámbito social, político e intelectual, de más allá de todos los límites (el hombre no sabe circunscribir, dividir, aislar), vienes, hermano.
En ti reconozco al Señor. Libérate, y desde ya, hermanos como somos, abracémonos.
Igino Giordani
in: Rivolta cattolica, Città Nuova, 1997 (ed. Piero Gobetti, Torino, 1925)
Elena Merli
Foto: © CM – CSC Audiovisivi
Descubrir el amor del Padre durante el día
Capaces de cercanía
Martine viaja en metro en una gran ciudad europea. Todos los pasajeros están concentrados en su móvil. Conectados virtualmente, pero en realidad atrapados en el aislamiento. Se pregunta: «¿Es que ya no somos capaces de mirarnos a los ojos?».
Es una experiencia común, sobre todo en las sociedades ricas de bienes materiales pero cada vez más pobres de relaciones humanas. Y sin embargo, el Evangelio vuelve siempre con su propuesta original y creativa, capaz de «hacer nuevas todas las cosas» [1].
En el largo diálogo con el doctor de la Ley que le pregunta qué hacer para heredar la vida eterna [2], Jesús le responde con la famosa parábola del buen samaritano: un sacerdote y un levita, figuras relevantes de la sociedad de aquel tiempo, ven al borde del camino a un hombre agredido por unos salteadores, pero pasan de largo.
«Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión».
Al doctor de la Ley, que conoce bien el mandamiento divino del amor al prójimo [3], Jesús le pone como ejemplo un extranjero considerado cismático y enemigo: este ve al caminante herido y tiene compasión, un sentimiento que nace de dentro, del interior del corazón humano. Entonces interrumpe su viaje, se acerca a él y lo cuida.
Jesús sabe que toda persona humana está herida por el pecado, y esta es precisamente su misión: curar los corazones con la misericordia y el perdón gratuito de Dios, para que sean a su vez capaces de acercarse y compartir.
«[…] Para aprender a ser misericordiosos como el Padre, perfectos como Él, tenemos que fijarnos en Jesús, revelación plena del amor del Padre. […] el amor es el valor absoluto que da sentido a todo lo demás, […] que encuentra su más alta expresión en la misericordia. Una misericordia que ayuda a ver siempre nuevas a las personas con las que vivimos cada día, en la familia, en clase o en el trabajo, sin recordar ya sus defectos ni sus errores; que nos ayuda no solo a no juzgar, sino a perdonar las ofensas sufridas. Incluso a olvidarlas»[4].
«Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión».
La respuesta final y decisiva se expresa con una clara invitación: «Vete y haz tú lo mismo» [5]. Es lo que Jesús repite a cualquiera que acoja su Palabra: hacerse prójimos, tomando la iniciativa de tocar las heridas de las personas con las que nos cruzamos cada día en los caminos de la vida.
Para vivir la proximidad evangélica, pidamos ante todo a Jesús que nos cure de la ceguera de los prejuicios y la indiferencia, que nos impide ver más allá de nosotros mismos.
Luego, aprendamos del Samaritano su capacidad de compasión, que lo empuja a poner en juego su misma vida. Imitemos su prontitud en dar el primer paso hacia el otro y la disponibilidad a escucharlo, a hacer nuestro su dolor, sin juicios y sin la preocupación de estar «perdiendo el tiempo».
Esa es la experiencia de una joven coreana: «Traté de ayudar a un adolescente que no era de mi cultura y al que no conocía bien. Y sin embargo, aunque no sabía qué hacer ni cómo, me armé de valor y lo hice. Y con sorpresa me di cuenta de que, al prestar esa ayuda, yo misma me sentí curada de mis heridas interiores».
Esta Palabra nos ofrece la clave para practicar el humanismo cristiano: nos hace conscientes de nuestra humanidad compartida, en la que se refleja la imagen de Dios, y nos enseña a superar con valentía la categoría de la cercanía física y cultural. Desde esta perspectiva es posible ampliar las fronteras del nosotros hasta el horizonte del todos y recobrar los fundamentos mismos de la vida social.
Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida
Fotos © John-Lockwood – Unsplash
[1] Cf. Ap 21,5.
[2] Cf. Lc 10, 25-37.
[3] Dt 6,5; Lv 19,18.
[4] C. LUBICH, Palabra de vida de junio de 2002: Ciudad Nueva n. 388 (2002/6), p. 17.
[5] Lc 10,37.
Cotidianamente observamos a nuestro alrededor muchos sufrimientos que nos pueden hacer sentir impotente si no se abren resquicios de humanidad. Sin embargo, a veces, la respuesta viaja por WhatsApp, como ocurrió en una pequeña comunidad de una ciudad de Italia que desea vivir la unidad: «…en el hospital donde trabajo hay un joven, extranjero, que está completamente solo y se está muriendo. ¿Quizá alguien podría pasar unos minutos con él, para dar un poco de dignidad a esta situación?». Impacta profundamente y las respuestas no se hacen esperar. El mensaje de quien estuvo presente en las últimas horas dice: «Junto a su cama vimos enseguida que la asistencia era puntual, atenta y amorosa, y que por tanto no teníamos nada que hacer de concreto salvo estar allí. Ni él, ya en coma, podía beneficiarse de nuestra presencia». ¿Inútil? En esas pocas horas, una pequeña comunidad, dentro y fuera del hospital, acompañó y dio sentido. Quién sabe si una madre podrá llorarlo en su país. Seguramente su “paso” no fue en vano para quienes pudieron amar a aquel joven, que ya no era un desconocido.
La compasión es un sentimiento que nace desde dentro, desde lo más profundo del corazón humano. Nos hace capaces de interrumpir el propio viaje lleno de compromisos y citas frenéticas del día y tomar la iniciativa para acercarnos y ofrecer una mirada que cuida, sin miedo a “tocar” las heridas.
Lo explica con incisiva sencillez Chiara Lubich: «Imaginemos que estamos en su situación y tratémoslo como quisiéramos ser tratados nosotros en su lugar. ¿Él tiene hambre? Tengo hambre yo – pensemos. Y démosle de comer. ¿Sufre una injusticia? ¡Soy yo quien la sufre! Y digámosle palabras de consuelo, compartamos su dolor y no descansemos hasta que no esté iluminado y aliviado. Veremos cambiar lentamente el mundo a nuestro alrededor». 1
Nos lo confirma también la sabiduría africana con un proverbio marfileño: «Quien acoge a un extranjero, acoge a un mensajero».
Esta idea nos ofrece una clave para realizar el humanismo más auténtico; nos hace conscientes de la humanidad común, en la que se refleja la dignidad connatural de cada hombre y cada mujer, y nos enseña a superar con valentía la categoría de la “cercanía” física y cultural. Desde esta perspectiva, es posible ampliar los confines del “nosotros” hasta el horizonte del “todos” y reencontrar los fundamentos mismos de la vida social. Y es importante cuidarnos a nosotros mismos, con la ayuda de los amigos con los que caminamos juntos, cuando nos parece que sucumbimos ante los sufrimientos que nos rodean. Recordando que –como dice el psiquiatra y psicoterapeuta Roberto Almada– «si los buenos abandonan la batalla a causa del cansancio, nuestra humanidad común correrá el mayor de los riesgos: el empobrecimiento de los valores».2
1. Chiara Lubich, El arte de amar, Ciudad Nueva
2. R. Almada, El cansancio de los buenos, Ciudad Nueva
Foto: © Alexandra_Koch en Pixabay
LA IDEA DEL MES, es elaborada por el “Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas” del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES está traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. dialogue4unity.focolare.org
Dejarse “herir” por la compasión
Trabajar por el mundo unido
El 29 de junio el papa Pablo VI había invitado al Patriarca Athenágoras a enviar a Roma algunos representantes. Desde entonces los responsables de las dos Iglesias se intercambian visitas: el 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, viaja a Roma una delegación del Patriarcado de Constantinopla, y en alguna ocasión ha venido el Patriarca mismo, mientras que el 30 de noviembre, día de San Andrés, va al Patriarcado una delegación del Vaticano en nombre del Papa. San Pedro, obispo de Roma, y San Andrés, según la Tradición, fundador de la sede episcopal de Constantinopla, eran hermanos. Estas visitas son un llamado a estas dos Iglesias que se consideran hermanas a comprometerse en la reconciliación y reforzar los vínculos de solidaridad.
En esta fiesta, que también tiene un valor en el camino de unidad entre las Iglesias, publicamos un video con algunas impresiones recogidas durante la conclusión del Congreso que llevaba como título “Called to hope – Key players of dialogue” (Llamados a la esperanza – Protagonistas del diálogo). Fue promovido por el Centro Uno, que es la secretaría internacional para la unidad de los cristianos del Movimiento de los Focolares, y de él han participado 250 personas de 40 países y 20 Iglesias cristianas, con más de 4000 en el mundo que han seguido el evento a través de streaming.
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Dar testimonio del amor
Capaces de amar
Iniciar desde el corazón
No entendía cómo un joven, agotado por los estudios y los sacrificios, podía ser revivido para prepararlo para una operación en la que tendría que matar a personas desconocidas, inocentes, y él, a su vez, tendría que ser asesinado por personas a quienes no había hecho daño. Vi el absurdo, la estupidez y, sobre todo, el pecado de la guerra: un pecado agudizado por los pretextos con los que se buscó la guerra y por la futilidad con la que se decidió.
El Evangelio, ya suficientemente meditado, me enseñó, como deber inseparable, hacer el bien, no matar; perdonar, no vengarme. Y el uso de la razón me dio casi la medida de lo absurdo de una operación que atribuía los frutos de la victoria no a quienes tenían razón, sino a quienes tenían cañones; no a la justicia, sino a la violencia […].
En el «radiante mayo» de 1915, me llamaron a las armas. […]
¡Cuántas trompetas, cuántos discursos, cuántas banderas! Todo esto acrecentó en mi espíritu la repugnancia por aquellos enfrentamientos, con gobiernos que, encargados del bien público, cumplían su tarea asesinando a cientos de miles de hijos del pueblo y destruyendo y dejando que se destruyeran los bienes de la nación: el bien público. ¡Pero qué idiota me parecía todo esto! Y sufrí por millones de criaturas, obligadas a creer en la santidad de aquellos asesinatos, una santidad también atestiguada por eclesiásticos que bendijeron cañones destinados a ofender a Dios en la obra maestra de la creación, a matar a Dios en efigie, a llevar a cabo el fratricidio en la persona de hermanos, bautizados, además.
“Vi el absurdo, la estupidez
y, sobre todo, el pecado de la guerra…”.

Como recluta, me enviaron a Módena, donde existía una especie de universidad para la formación de guerreros y líderes. Proveniente de Virgilio y Dante, el estudio de ciertos manuales que enseñaban a engañar al enemigo para matarlo me impactó tanto que, con una imprudencia insuperable, escribí en uno de ellos: – Aquí se aprende la ciencia de la imbecilidad -. Tenía un concepto muy diferente del amor a la patria. De hecho, lo concebía como amor; y amor significa servicio, búsqueda del bien, aumento del bienestar, para la creación de una convivencia más feliz: para el crecimiento, y no para la destrucción, de la vida.
Pero yo era joven y no entendía el razonamiento de los viejos, a quienes no les importaba comprender: se aturdían con desfiles y gritaban consignas para narcotizarse.
[…]
Tras unas semanas, tras graduarme en Módena, volví a casa para ir al frente. Abracé a mi madre, a mi padre, a mis hermanos y hermanas (en mi casa, los abrazos eran muy raros) y tomé el tren. Desde el tren vi el mar por primera vez, mucho más ancho que el Aniene; y fue como si hubiera cumplido con uno de los deberes de mi existencia: en tres días, llegué a las trincheras del Isonzo con el ciento once Regimiento de Infantería.
¡La trinchera! En ella, de la escuela paseé a la vida, entre los brazos de la muerte con las salvas de los cañones. […]
Si disparaba cinco o seis tiros al aire, lo hacía por necesidad: nunca quería apuntar el cañón del fusil hacia las trincheras enemigas, por miedo a matar a un hijo de Dios. […]
Si todos esos días pasados en el fondo de las trincheras, contemplando juncos, matas de zarzas, nubes aburridas y azules brillantes, los hubiéramos dedicado a trabajar, se habría producido una riqueza capaz de satisfacer todas las necesidades por las que se libró la guerra. Claro, pero esto era un razonamiento; y la guerra es un antirrazonamiento.
Igino Giordani
Memorias de un cristiano ingenuo, Ciudad Nueva, Madrid, 2005.
Elena Merli
Foto: © ZU via Fotos Públicas
Escuchar la voz de la conciencia
Con motivo del Jubileo de los Jóvenes, del 29 de julio al 1 de agosto de 2025, los jóvenes del Movimiento de los Focolares ofrecen una propuesta a sus compañeros peregrinos que llegarán a Roma: ¡cuatro días de espiritualidad, intercambio, testimonios, oraciones, catequesis, alegría y caminar juntos!
Una oportunidad única para emprender un camino por lugares llenos de historia y espiritualidad, con muchas personas que se encontrarán en el camino, para crecer en la fe y la esperanza.
Cada día se propone una palabra clave, una etapa con un momento de reflexión y oración, una profundización espiritual vinculada al carisma de la unidad con testimonios y cantos, para vivir el Jubileo de los Jóvenes como un viaje basado en cuatro ideas clave: peregrinación (un camino), puerta santa (una apertura), esperanza (mirar hacia adelante) y reconciliación (hacer la paz). Para quienes lo deseen, habrá catequesis en el punto de encuentro Focolare meeting point a cargo de Tommaso Bertolasi (filósofo), Anna Maria Rossi (lingüista) y Luigino Bruni (economista).
La Peregrinación a las siete Iglesias
Esta oferta propone una ruta que sigue un itinerario histórico que ha acompañado a los peregrinos desde el siglo XVI: la Peregrinación a las Siete Iglesias, ideada por San Felipe Neri. Un viaje de fe y comunión fraterna, compuesto de oración, cantos y reflexiones sobre la vida cristiana.
Las etapas de esta peregrinación recorren siete lugares símbolo de Roma: la Basílica de San Sebastián, la Basílica de San Pablo Extramuros, la Basílica de Santa María la Mayor, la Basílica de San Pedro, la Basílica de San Lorenzo, la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén y la Basílica de San Juan de Letrán. 20 km de recorrido total, una experiencia vivida durante siglos por miles de jóvenes y adultos. Además, se prevé participar en los grandes eventos del Jubileo de los Jóvenes: el momento de reconciliación en el Circo Máximo, los encuentros con el Papa León XIV durante la vigilia y la misa final en la explanada de Torvergata, sede de la vigilia y la misa de los Jóvenes en el Jubileo del año 2000. Quienes puedan quedarse unos días más, el 4 de agosto podrán visitar el Centro Internacional de los Focolares en Rocca di Papa (Roma).
Hay muchos eventos para vivir el Jubileo, descubrir Roma y vivir juntos un momento de fe y espiritualidad. Durante el itinerario, los jóvenes recibirán una Credencial del Peregrino: en cada iglesia visitada, podrán describir, con una sola palabra, lo que experimentaron o lo que les impactó. Al final, tendrán un recuerdo único de esta experiencia.
¿Listos para partir? ¡Buen viaje!
Para más información: : sgmu@focolare.org – +39 338 159 3455.
Lorenzo Russo
Descarga el libro de meditaciones «Etapas de espiritualidad»
El amor incluye la paciencia
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Adherirse al plan de Dios
En julio de 2008 se tuvo la primera Asamblea General del Movimiento de los Focolares sin la fundadora. En efecto, Chiara Lubich nos había dejado pocos meses antes, el 14 de marzo. Una incógnita flotaba en la atmósfera, ya densa de emociones e interrogantes: ¿Quién debería suceder a Chiara al frente del Movimiento? Parecía obvio pensar en las primeras compañeras de Chiara, ya ancianas, pero aún capaces de guiar una primera fase pos-fundacional, al menos algunas de ellas.
Durante la primera sesión de la Asamblea, Carlos Clariá, abogado argentino, consejero general, y María Voce, durante muchos años secretaria de la delegada central Gisella Cagliari, pronunciaron un discurso de carácter jurídico sobre un tema relevante para la Asamblea. Recuerdo que yo estaba sentado junto al conocido teólogo Piero Coda. Cuando terminaron su intervención, le dije con cierta audacia: «He aquí nuestra nueva presidenta». La verdad es que la forma en que había explicado las cosas me había impactado mucho.
María Voce (Emmaus) fue elegida en la tercera votación, no sin un cierto “suspense”. Comenzaba una nueva etapa para la Obra de María. También yo fui elegido como consejero.
Una tarde, después de las elecciones, mientras salíamos del Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, Emmaus se acercó a mí y me dijo más o menos estas palabras: «He pensado en confiarte el cuidado de los estudios y la cultura en el nuevo consejo. Eres un hombre de pensamiento y siempre me han gustado los informes anuales que hacías cuando eras responsable regional en América Latina». Durante los seis años siguientes, la relación con ella estuvo marcada por la normalidad.
En la Asamblea de 2014 Emmaus fue reelegida, mientras que los participantes volvieron a poner su confianza en mí como copresidente. Desde aquel momento la relación se intensificó enormemente, sin perder su normalidad. Recuerdo que al principio sentía cierta aprensión ante la idea de tener que trabajar codo a codo con una presidenta que pertenecía a la generación inmediatamente sucesiva a la de los primeros tiempos, pero esa sensación duró poco. Siempre percibí de su parte un gran respeto y consideración, lo cual me dejó mucha libertad. Yo llegaba con un puñado de ideas nuevas y ella me apoyaba con su sabiduría y experiencia. En nuestras intervenciones conjuntas preparábamos lo esencial y nos complementábamos con sencillez. Una vez le dije: «Contrariamente a lo que se podría pensar, me siento seguro de exponer algunas ideas creativas solo cuando te tengo a mi lado».
Hicimos largos e importantes viajes a la India y a China, donde pude constatar su capacidad para penetrar en las situaciones más intrincadas y relacionarse con personalidades muy diversas.
María Voce, Emmaus, pasará a la historia del Movimiento de los Focolares como la primera presidenta de la fase pos-Chiara Lubich. Si consideramos que al asumir el cargo, aún vivían muchos de los primeros compañeros y compañeras de Chiara, podremos comprender la “resiliencia espiritual” con la que actuó en aquellos primeros años; no porque fuesen personas difíciles, simplemente porque eran los primeros, los brazos de la fundadora, personas que de alguna manera participaban del carisma fundante.
Emmaus pasará a la historia del Movimiento de los Focolares por haber sido la presidenta de la “nueva configuración”, el primer paso innovador-organizativo del Movimiento en la era pos-Chiara, en fidelidad creativa al carisma. Durante su primer mandato, cuando la ausencia de Chiara se hacía sentir y podía provocar desaliento, recorrió el mundo para confirmar a los miembros y adherentes de las comunidades de los Focolares en su compromiso por un mundo más fraterno y unido, según el carisma de la fundadora. En el segundo mandato, comenzó a preparar al Movimiento para la fase de inevitable ‘crisis’ que se perfilaba en el horizonte y que el papa Francisco identificó como una gran oportunidad. Y, a propósito, la gran estima que el papa argentino le ha tributado, haciéndoselo notar en cada ocasión, demuestra otra de sus características: su espíritu eclesial.
Siempre he admirado en Emmaus su sobriedad, su libertad interior, su determinación y su capacidad de discernimiento, ayudada por una formación jurídica que hacía su parte.
Maria Voce pasará a la historia del Movimiento como “Emmaus”, para evocar la centralidad de Jesús en medio de los suyos, un principio absolutamente no negociable para ella.
Gracias, Emmaus, por haber dicho un “sí” solemne en el momento más difícil de nuestra aún breve historia. María te habrá acogido en sus brazos, te habrá presentado a su Hijo y juntos te habrán llevado al seno del Padre, que ha sido la fuente perenne de tu inspiración».
Jesús Morán
Copresidente del Movimiento de los Focolares
Foto @ CSC Audiovisivi
Resaltar los puntos fuertes de los demás
Cuidar de los demás
María Voce, la primera presidenta que sucedió en el Movimiento de los Focolares (Obra de María) a su fundadora, Chiara Lubich, nos dejó ayer, a los 87 años en su casa de Rocca di Papa (Italia), rodeada por el afecto y las oraciones de muchos.
Lo anunció ayer tarde Margaret Karram –su actual presidenta– a todos los que forman parte de los Focolares en el mundo.
En una nota, también expresó el inmenso dolor que ha suscitado su partida y el vínculo fraterno y filial que la unía a María Voce. “Como primera presidenta del Movimiento de los Focolares, después de nuestra fundadora, supo gestionar con inteligencia, visión de futuro y la necesaria determinación, el difícil paso de nuestra Obra de la fase fundacional a la pos-fundacional. Logró conjugar su luminosa fidelidad al Carisma de la Unidad con la valentía de afrontar los numerosos retos de una asociación mundial como la nuestra, que actúa en tantos niveles de la vida humana, social e institucional.
El nombre ‘Emmaus’, que Chiara Lubich le había dado como programa de vida, se convirtió también en el programa de su gobierno: caminar juntos, de modo sinodal, confiando ─a pesar de los interrogantes y perplejidades que pueden surgir a lo largo del camino─ en la presencia de Dios en medio de los suyos.
Cuando después, en 2021, la sucedí en la presidencia de los Focolares, me acompañó siempre con una cercanía discreta pero presente y con sus consejos llenos de Sabiduría. Además de su preparación espiritual, teológica y jurídica, estaba dotada también de una profunda y acogedora humanidad y de un sentido del humor envolvente y siempre respetuoso. Su estatura humana y sapiencial fue reconocida por las más diversas personalidades religiosas y civiles: el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco; líderes de las distintas Iglesias, e incluso representantes de otras religiones y culturas.
Pocas horas antes de su paso a la otra vida, Jesús Morán y yo pudimos visitarla por última vez. Estaba serena. Me consuela el pensamiento de que, esperándola en el Cielo está la Virgen María, a la que estaba unida por una relación muy profunda, diría existencial”.
Jesús Morán, que estuvo junto a María Voce los primeros seis años de su servicio como copresidente de los Focolares, reconoce que, con su elección, comenzó una nueva etapa para los Focolares. Escribe: «Emmaus pasará a la historia del Movimiento, no solo como la primera presidenta de la fase pos-Chiara Lubich, sino también como quien dio el primer paso innovador-organizativo del Movimiento en la era de la pos-fundación, en perfecta fidelidad creativa al carisma. Durante su primer mandato, cuando la ausencia de Chiara se hacía sentir y podía provocar desaliento, recorrió el mundo para confirmar a los miembros y adherentes de las comunidades de los Focolares en su compromiso por un mundo más fraterno y unido, según el carisma de la fundadora. En el segundo mandato, comenzó a preparar al Movimiento para la fase de inevitable ‘crisis’ que se perfilaba en el horizonte y que el papa Francisco identificó como una gran oportunidad. Y, a propósito, la gran estima que el papa argentino le ha tributado, haciéndoselo notar en cada ocasión, demuestra otra de sus características: su espíritu eclesial.
Siempre he admirado en Emmaus su sobriedad, su libertad interior, su determinación y su capacidad de discernimiento, ayudada por una formación jurídica que hacía su parte.
Gracias, Emmaus, por haber dicho un “sí” solemne en el momento más difícil de nuestra aún breve historia. María te habrá acogido en sus brazos, te habrá presentado a su Hijo y juntos te habrán llevado al seno del Padre, que fue la fuente perenne de tu inspiración».
I funerali si terranno lunedì prossimo, 23 giugno 2025, alle ore 15.00 presso il Centro internazionale dei Focolari a Rocca di Papa (Roma), via di Frascati, 306 – Rocca di Papa (Roma).(*)
Stefania Tanesini
Nota biografica
María Voce nace en Ajello Cálabro (Cosenza – Italia), el 16 de julio de 1937, la primera de siete hijos. Su padre era médico; su madre, ama de casa. Durante su último año de Jurisprudencia en Roma (1959), conoce en la universidad a un grupo de jóvenes focolarinos y comienza a seguir la espiritualidad (de la unidad). Tras finalizar sus estudios, ejerce su profesión en Cosenza, convirtiéndose en la primera mujer abogada en el tribunal de la ciudad. Posteriormente, estudia teología y derecho canónico.
En 1963, siente el llamado de Dios a seguir el camino de Chiara Lubich, al que responde de inmediato. En el Movimiento de los Focolares, a Maria Voce se la conoce como “Emmaus”, nombre que hace referencia al conocido episodio de los dos discípulos que caminan con Jesús después de la resurrección. Ella misma relata cómo Chiara se lo propuso: «Chiara confirmó una intuición que en mi interior yo sentía con fuerza: tenía que dedicar mi vida para que, cuantos tuvieran la oportunidad de encontrarme, hicieran la experiencia de Jesús en medio». Desde ese momento su compromiso es el de construir puentes de unidad, hasta merecer la presencia de Dios entre las personas.
De 1964 a 1972, está en las comunidades de los Focolares en Sicilia (Italia), Siracusa y Catania, y de 1972 a 1978 forma parte de la secretaría personal de Chiara Lubich.
En 1977, Chiara Lubich realiza un importante viaje a Estambul (Turquía), donde desde hacía años cultiva una profunda relación con el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Durante esos años María Voce vive precisamente en el focolar de esa ciudad y narra: «Fue una experiencia intensa, no solo por los importantes contactos con las diversas Iglesias y con el islam, sino también porque sentíamos que únicamente Jesús en medio de nosotras nos fortalecía ante los numerosos problemas de esa tierra».
En Estambul, Emmaus establece relaciones ecuménicas con el entonces Patriarca de Constantinopla, Demetrio I, y con numerosos Metropolitas: entre ellos el actual Patriarca Bartolomé I, y con representantes de diversas Iglesias.
En 1988 Chiara le pide a Emmaus que regrese a Italia para trabajar en el Centro Internacional en Rocca di Papa y formar parte de la escuela Abba: Centro de Estudios interdisciplinario de los Focolares, incorporándose en 1995 como experta en Derecho. Desde el año 2000, también es corresponsable de la Comisión Internacional de «Comunión y Derecho», una red de profesionales y académicos involucrados en el ámbito de la justicia. De 2002 a 2007, colabora directamente con Chiara en la actualización de los Estatutos Generales del Movimiento.
El 7 de julio de 2008, pocos meses después del fallecimiento de Chiara Lubich, es elegida presidenta del Movimiento de los Focolares; y el 12 de septiembre de 2014 es reelegida para un segundo mandato. Indicó siempre, como estilo de su presidencia, el compromiso de «privilegiar las relaciones» y tender con todas sus fuerzas al objetivo por el que nació el Movimiento: buscar la unidad a todos los niveles, en todos los ámbitos, siguiendo los caminos del diálogo. Ella misma reiteraba repetidamente la importancia del diálogo. «Si existe el extremismo de la violencia ─afirmó en 2015 en las Naciones Unidas, en Nueva York─, tenemos que responder con igual radicalidad, pero de una forma estructuralmente diferente, es decir, con el extremismo del diálogo».
Han sido numerosos los viajes a todos los continentes para reunirse con las comunidades del Movimiento repartidas por todo el mundo; y para mantener contactos con personalidades del mundo civil y eclesial, de los ámbitos cultural y político, ecuménico e interreligioso: etapas importantes para fortalecer los vínculos de amistad y colaboración emprendidos por el Movimiento de los Focolares y para favorecer el desarrollo del camino de fraternidad entre los pueblos.
Durante su presidencia, tanto con el Papa Benedicto XVI como con el Papa Francisco, María Voce mantiene encuentros y audiencias en las que, por ambas partes, emergen expresiones de estima y afecto fraterno. El 23 de abril de 2010, el Papa Benedicto XVI la recibe en audiencia privada. Respecto a la espiritualidad de los Focolares, el Papa habla de un «carisma que construye puentes, que crea unidad» e invita a proseguir el trabajo con un amor cada vez más profundo y tendiendo a la santidad. En octubre de 2008, participa e interviene en el Sínodo de los Obispos sobre “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. El 24 de noviembre de 2009, el Papa Benedicto la nombra Consultora del Consejo Pontificio para los Laicos y el 7 de diciembre de 2011, Consultora del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.
El 13 de septiembre de 2013, el Papa Francisco la recibe en audiencia junto con el copresidente, que era entonces Giancarlo Faletti. Emmaus recuerda ese momento: «Nos recibió de inmediato con una cálida bienvenida. Me hizo sentir como en casa. Probé una gran alegría: la de sentirme ante un padre, pero sobre todo ante un hermano. Me sentí hermana suya y este sentimiento permaneció siempre».
Y en otra ocasión, dijo: «El Papa Francisco siempre nos ha animado a avanzar, a acoger los signos de los tiempos para actualizar el carisma –decía él–, recibido para el bien de muchos, dando un testimonio gozoso del mismo ». Una de esas ocasiones fue la visita del Santo Padre a la ciudadela internacional de Loppiano (Florencia, Italia) en 2018. María Voce está allí para darle la bienvenida: «Santo Padre, tenemos un meta elevada, queremos “aspirar a lo alto”. Quisiéramos hacer del amor mutuo la ley de la convivencia, que significa experimentar la alegría del Evangelio y sentirnos protagonistas de una nueva página de la historia».













Vivir plenamente el presente
Queridas y queridos todos:
Les escribo con gran dolor y profunda emoción para anunciarles que hoy, a las 17:22, Dios ha llamado a Sí a nuestra Emmaus, María Voce, la primera presidenta del Movimiento de los Focolares después de Chiara Lubich.
Su Santo Viaje se ha cumplido en Rocca di Papa, en su casa, rodeada del cuidado y del amor de las focolarinas de su focolar y de la oración de todos nosotros. Hoy, a primera hora de la tarde, Jesús y yo pudimos visitarla por última vez. Estaba serena.
Me une a ella un gran afecto y una estima inmensa por su entrega a Dios en la Obra de María hasta el final.
Desde mi elección como presidenta, su cercanía, tan discreta pero viva, me ha acompañado siempre, sosteniéndome con sus consejos muy llenos de Sabiduría. Estaba presente en las más diversas ocasiones: fiestas, aniversarios, viajes; me aseguraba sus oraciones, la ofrenda de su vida y a menudo me hacía encontrar un regalo, una flor, un poema suyo.
El nombre “Emmaus” que Chiara le había dado, que evoca la experiencia del Resucitado en camino con nosotros, ha marcado toda su vida. De hecho afirmaba: “¿Cómo se construye la Obra de Dios? ¡Con Jesús en medio!”.
En nuestros corazones quedan grabados su luminosa fidelidad al Carisma de Chiara, el coraje para afrontar los numerosos retos y su fe en la unidad, en la comunión.
Son innumerables los reconocimientos por su estatura humana, espiritual y sapiencial de las más diversas personalidades religiosas y civiles: del Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco; de los líderes de las distintas Iglesias, hasta los representantes de otras religiones y culturas.
El funeral será el próximo lunes, 23 de junio a las 15.00 (hora italiana) en el Centro Internacional de Rocca di Papa.
¡Permanecemos unidos en el amor que une el Cielo y la tierra!
Margaret Karram
Rocca di Papa, 20 de junio de 2025
Mirar con ojos nuevos la realidad que me rodea
La guerra è un omicidio in grande, rivestito di una specie di culto sacro, come lo era il sacrificio dei primogeniti al dio Baal : e ciò a motivo del terrore che incute, della retorica onde si veste e degli interessi che implica. Quando l’umanità sarà progredita spiritualmente, la guerra verrà catalogata accanto ai riti cruenti, alle superstizioni della stregoneria e ai fenomeni di barbarie.
Essa sta all’umanità, come la malattia alla salute, come il peccato all’anima : è distruzione e scempio e investe anima e corpo, i singoli e la collettività.
[…]
«Tutte le cose appetiscono la pace», secondo san Tommaso. Difatti tutte appetiscono la vita. Solo i matti e gl’incurabili possono desiderar la morte. E morte è la guerra. Essa non è voluta dal popolo; è voluta da minoranze alle quali la violenza fisica serve per assicurarsi vantaggi economici o, anche, per soddisfare passioni deteriori. Soprattutto oggi, con il costo, i morti e le rovine, la guerra si manifesta una «inutile strage». Strage, e per di più inutile. Una vittoria sulla vita, e che sta divenendo un suicidio dell’umanità.

«Tutte le cose appetiscono la pace», secondo san Tommaso.
Difatti tutte appetiscono la vita.
Solo i matti e gl’incurabili possono desiderar la morte.
E morte è la guerra.
[…] Dicendo che la guerra è una « inutile strage », Benedetto XV diede la definizione più precisa. Il Card. Schuster la definì « un macello di uomini ». Significa regioni intere distrutte, migliaia e migliaia di povera gente senza più nè casa nè averi, ridotti ad errare per la campagna desolata, fintanto che non venga a falciarli di fame o di freddo la morte.
[…] I vantaggi materiali che si possono trarre da una guerra vittoriosa, non riescono mai a compensare i danni che essa importa ; tanto, che si richiedono parecchie generazioni successive per ricostruire stentatamente tutta quella somma di valori spirituali e morali che erano andati distrutti durante un eccesso di frenesie belliche » [1]. […]
L’ingegno umano, destinato a ben altri scopi, ha escogitato e introdotto oggi strumenti di guerra di tale potenza da destare orrore nell’animo di qualunque persona onesta, soprattutto perché non colpiscono soltanto gli eserciti, ma spesso travolgono ancora i privati cittadini, i fanciulli, le donne, i vecchi, i malati, e insieme, gli edifici sacri e i più insigni monumenti di arte ! Chi non inorridisce al pensiero che nuovi cimiteri si aggiungeranno a quelli tanto numerosi del recente conflitto e nuove fumanti rovine di borghi e città accumuleranno altri tristissimi ruderi ? » [2]. […]
A cura di Elena Merli
Igino Giordani, L’inutilità della Guerra, Città Nuova, Roma, 2003, (terza edizione), p. 3
Foto: Copertina: © RS via Fotos Públicas, Igino Giordani © CSC-Audiovisivi
[1] Card. Schuster, messaggio natalizio 1950.
[2] Pio XII, «Mirabile illud», 1950.
La guerra es un homicidio en gran escala, disfrazado de una suerte de culto sagrado, como el sacrificio al dios Baal. Y la razón de ella es el terror que inspira, la retórica tras la que se esconde y los intereses que implica. Cuando la humanidad haya progresado espiritualmente, la guerra será incluida entre los ritos cruentos, las supersticiones de los hechiceros y los fenómenos de barbarie.
La guerra es para la humanidad lo que la enfermedad para la salud, o el pecado para el alma. Es destrucción y vergüenza; ataca al alma y al cuerpo, a los individuos y a la colectividad.
[…]
«Todas las cosas apetecen la paz», según Tomas de Aquino. En efecto, todas apetecen la vida. Solo los locos o los enfermos terminales pueden desear la muerte. Y la guerra es muerte. El pueblo no la quiere; la quieren algunas minorías que con la violencia se aseguran provechos económicos o, también, la satisfacción de las peores pasiones. Más que nunca hoy, los costos, las muertes y la destrucción definen a la guerra como una «masacre inútil». Masacre y, además, inútil. Una victoria de la muerte sobre la vida, verdadero suicidio de la humanidad.

«Todas las cosas apetecen la paz», según Tomas de Aquino.
En efecto, todas apetecen la vida.
Solo los locos o los enfermos terminales pueden desear la muerte.
Y la guerra es muerte.
[…] Benedicto XV dio la definición más precisa al decir que la guerra es una «matanza inútil». El cardenal Schuster la llamó «una matanza de hombres». Significa regiones enteras destruidas, miles y miles de pobres sin hogar ni bienes, obligados a vagar por la desolada campiña hasta que la muerte los selle de hambre o de frío.
[…] Las ventajas materiales que pueden sacarse de una guerra victoriosa nunca llegan a compensar los daños que ésta ocasiona; tanto es así que se requieren varias generaciones sucesivas para reconstruir laboriosamente toda esa suma de valores espirituales y morales que habían sido destruidos durante un exceso de frenesí bélico»[1]. […] […]
“La inteligencia humana, destinada a otras finalidades, ha inventado y puesto en marcha hoy instrumentos de guerra capaces de despertar el horror en el ánimo de toda persona honesta, sobre todo porque no atacan solo ejércitos, sino que a menudo también a poblaciones civiles, niños, mujeres, ancianos, enfermos, además de destruir construcciones sacras y obras de arte. ¿A quién no espanta la idea de que nuevos cementerios se sumen a los ya numerosos del reciente conflicto y que nuevas ruinas humeantes de barrios y ciudades aumenten las destrucciones anteriores?» [2]. […] […]
Elena Merli
Igino Giordani, La inutilidad de la guerra, Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2003, (tercera edición), p. 9.
Foto: Apertura: © RS via Fotos Públicas, Igino Giordani © CSC-Audiovisivi
[1] Card. Schuster, mensaje navideño 1950.
[2] Pio XII, «Mirabile illud», 1950.
La paz es fruto de la justicia
Solidarios con todos
Amar a todos por igual
Hacer prevalecer la mansedumbre
Dios es Amor
Tras la publicación de la primera parte de la biografía del Padre Foresi dedicada al período inicial de su vida, salió también la segunda parte, que lleva como título: “La regola e l’eccesso” (La regla y el exceso) de la Editorial Città Nuova, de las tres previstas, que afronta los años que van de 1954 a 1962. ¿Qué surge, para Usted, en este volumen como nota característica de ese período de la vida de Foresi?
Una nota que caracteriza profundamente la vida y la experiencia de Pasquale Foresi en los años indicados se puede expresar de la siguiente manera: era un espíritu libre, de una persona animada por una tensión creativa entre carisma y cultura, movida por la exigencia de traducir espiritual y operativamente la inspiración de Chiara Lubich (el carisma de la unidad) y la necesidad, de alguna manera, de darle espesor teológico, filosófica e institucional, en un contexto eclesial ampliamente preconciliar. El libro lo describe muy bien, como una persona comprometida, junto a Chiara Lubich, en “encarnar” el carisma en formas comprensibles para la Iglesia del tiempo y para el mundo cultural y laico en general. En ese sentido se puede llegar a definirlo, más allá de un cofundador, también como un intérprete eclesial del carisma; como la persona que trataba de hacerlo “explicable” en los códigos de la Iglesia y que quiso ser constructor de puentes entre la dimensión mística de Chiara Lubich y la teología clásica, haciéndola accesible a muchos sin aguarla.
Al mismo tiempo Foresi era un intelectual atípico y un pensador original. A pesar de no haber dejado grandes obras sistemáticas (tampoco se lo había propuesto como tarea específica), ejerció un fuerte impacto en la Obra de María (Movimiento de los Focolares), justamente en el lapso de tiempo descrito en este volumen. Este segundo libro documenta una existencia dinámica, atravesada por un sentimiento de urgencia, como si las palabras del Evangelio relacionadas con el desarrollo del Movimiento de los Focolares tuvieran que encarnarse “enseguida”, sin postergaciones.

«Don Foresi, un espíritu libre, una persona animada por una tensión creativa entre carisma y cultura».
Nuestro entrevistado, el profesor Marco Luppi, investigador de Historia Contemporánea en el Instituto Universitario Sophia de Loppiano (Italia).
Las más de 600 páginas del texto afrontan no sólo los episodios que se refieren a la vida de Foresi en el período en examen, sino que también trazan la vida y la historia de Chiara Lubich y del Movimiento de los Focolares de esos años, detallando también situaciones y acontecimientos en los cuales él no estuvo presente, como el mismo autor afirma. ¿Por qué piensa Usted que se hizo esa opción editorial?
Zanzucchi incluye eventos y episodios de vida incluso que Foresi no vivió directamente porque su figura no puede separarse de la historia del Movimiento de los Focolares. Contar el contexto, los protagonistas y las dinámicas colectivas permite captar el significado del aporte de Foresi, insertándolo en la trama viva de una experiencia comunitaria. Como afirma claramente en su introducción, Zanzucchi ve en Foresi no sólo un protagonista, sino también un cofundador, o sea uno de los elementos estructurales y constitutivos del Movimiento de los Focolares. Por consiguiente la biografía de Foresi es inseparable de la biografía de la biografía del Movimiento. En otros términos, el autor adopta una perspectiva que podríamos definir “biografía inmersa”: no una simple reconstrucción individual, sino una narración relacional y contextual, en donde el sentido de la figura de Foresi surge del diálogo vivo con otros actores (Chiara Lubich, Igino Giordani, personalidades del ámbito eclesial, etc.) y con la historia colectiva del Movimiento.


El trabajo de Michele Zanzucchi es la primera biografía sobre Foresi. ¿Cuáles cree Usted que son los aspectos de la vida de Foresi que merecerían ulteriores profundizaciones e investigaciones históricas?
A Zanzucchi le gusta decir, a menudo, que él no es un historiador puro, sino más bien un narrador y divulgador atento y escrupuloso y que por lo tanto en varios momentos se tomó esa licencia, con la finalidad de aclarar algún pasaje no demasiado explícito. Pero, sin duda, ése es un trabajo muy importante y un primer esfuerzo por devolvernos la personalidad y la vivencia de Foresi con una mirada completa. Es una mirada, y muchas otras podrá haber, a través de ese mismo espíritu crítico, abierto a múltiples interpretaciones, que debe animar la reconstrucción de la historia de todo el Movimiento de los Focolares y de sus figuras de referencia. Entre las muchas profundizaciones que tienen que ver con posibles futuras investigaciones sobre Foresi, indicaría tres. Una primera sobre el pensamiento teológico y filosófico de Foresi. Zanzucchi destaca que Foresi no fue un teólogo académico, sino más bien un “visionario cultural”, con una producción desperdigada en artículos, discursos y apuntes. Por ello se nota la falta de una exposición orgánica de su pensamiento sobre temas clave como Iglesia, sacramentos, relación fe-razón, etc. Además habría que estudiar la originalidad de su pensamiento eclesiológico, que anticipa algunas intuiciones conciliares. Una segunda investigación podría ser la del rol “político” de Foresi y las relaciones con el mundo eclesiástico romano. El autor menciona repetidamente los vínculos de Foresi con la curia vaticana y con algunas personalidades eclesiásticas. Sin embargo, no queda del todo claro el peso que tuvo Foresi en las mediaciones políticas o eclesiales de la segunda posguerra y por lo tanto sería útil explorarlo, especialmente en los momentos de tensión con la jerarquía. Finalmente, un tercero y estimulante frente podría ser la iniciativa editoral y el “laboratorio cultural” de Città Nuova (Ciudad Nueva). Zanzucchi destaca el rol de Foresi como fundador, director e inspirador de la revista “Città Nuova”. ¿Qué tipo de “cultura” trataba de proponer Foresi? ¿Cómo se posicionaba respecto de otras revistas católicas (Civiltà Cattolica, L’Osservatore Romano, Il Regno)? Tarde o temprano será necesaria una monografía también sobre lo que hizo Foresi como editor y periodista, en el contexto de la prensa católica del siglo XX.
a cargo di Anna Lisa Innocenti
Foto: © Archivio CSC audiovisivi
Compartir los bienes
En el mundo también surgen espacios en los que la fraternidad se cultiva con propósito. Uno de ellos es MilONGa, un proyecto que se ha establecido como una iniciativa clave en el ámbito del voluntariado internacional, con el objetivo de promover la paz y la solidaridad a través de acciones concretas.
MilONGa propone una alternativa concreta: vivir la solidaridad en primera persona, a través de experiencias que trascienden fronteras culturales, sociales y geográficas.
Su nombre, que proviene de “Mil organizaciones no gubernamentales activas”, es mucho más que un proyecto. Es una red que une a jóvenes con organizaciones de diversas partes del mundo, brindándoles la oportunidad de involucrarse activamente en iniciativas sociales, educativas, medioambientales y culturales. Desde su creación, el programa ha crecido tejiendo una comunidad global que se reconoce en valores compartidos: la paz, la reciprocidad y la ciudadanía activa.
Lo que distingue a MilONGa no es solo la diversidad de sus destinos o la riqueza de sus actividades, sino el tipo de experiencia que propone: una inmersión profunda en realidades locales, donde cada voluntario y voluntaria no llega a “ayudar”, sino a aprender, intercambiar, construir juntos. Se trata de un camino de formación integral que transforma tanto a quienes lo viven como a las comunidades que los acogen.
Los países donde se pueden realizar estas experiencias son tan diversos como los jóvenes que las protagonizan y abarca distintas latitudes: México, Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Perú en América, Kenia en África, España, Italia, Portugal y Alemania en Europa, Líbano y Jordania en Medio Oriente.
En cada uno, MilONGa colabora con organizaciones locales comprometidas con el desarrollo social y la construcción de una cultura de paz, ofreciendo a los voluntarios oportunidades de servicio que tienen un impacto real y duradero.
Detrás de MilONGa hay un sólido entramado de alianzas internacionales. El proyecto cuenta con el respaldo del AFR.E.S.H., project, co-financiado por la Unión Europea, que permite consolidar su estructura y ampliar su impacto. Además, forma parte del ecosistema de New Humanity, organización internacional comprometida con la promoción de una cultura de unidad y diálogo entre los pueblos.
Una historia que deja huella
Francesco Sorrenti fue uno de los voluntarios que viajó a África con el programa MilONGa. Su motivación no fue solo el deseo de “ayudar”, sino una necesidad más profunda de comprender y acercarse a una realidad que sentía lejana. “Era algo que me llevaba dentro desde hacía años: una curiosidad profunda, casi una urgencia de ver con mis propios ojos, de intentar acercarme a una realidad que sentía lejana”, cuenta Francesco sobre su experiencia en Kenia.
Su experiencia en Kenia estuvo marcada por momentos que lo transformaron. Uno de ellos fue su visita a Mathare, un barrio marginal de Nairobi. “Cuando uno de ellos me dijo: ´Mira, aquí viven mis padres. Yo nací aquí, mis hijos también. Mi esposa la conocí aquí, y probablemente muramos aquí´, sentí una impotencia muy fuerte. Entendí que antes de hacer cualquier cosa, era necesario detenerse. Que no estaba allí para arreglar las cosas, sino para mirar. Para no dar vuelta la cara”.
También vivió momentos de luz en su trabajo con niños en una escuela local. “La alegría de esos chicos era contagiosa, física. No hacían falta muchas palabras: bastaba estar ahí, jugar, compartir. Ahí comprendí que no se trata de hacer grandes cosas, sino simplemente de estar presente”, cuenta.
Dos años después de su experiencia, Francesco sigue sintiendo su impacto. “Mi manera de ver las cosas cambió: ahora valoro más lo que realmente importa y aprendí a apreciar la simplicidad. Esta experiencia también me dejó una forma de fuerza, una tenacidad interior. Te queda dentro una especie de resistencia, como la que vi en los ojos de quienes, al amanecer, querían hacerlo todo aunque no tuvieran nada”.
Encuentros que multiplican el compromiso
En abril de 2025, MilONGa formó parte del congreso internacional “Solidarity in Action, Builders of Peace” que tuvo lugar en la ciudad de Porto, en Portugal. Este encuentro fue organizado en conjunto por AMU (Azione per un Mondo Unito), New Humanity NGO y el Movimiento de los Focolares de Portugal, reuniendo a jóvenes líderes de todo el mundo vinculados a los programas Living Peace International y MilONGa.
Durante tres días, Porto se convirtió en un laboratorio de diálogo y acción, en el que los y las jóvenes participantes intercambiaron experiencias, compartieron buenas prácticas y construyeron estrategias conjuntas para fortalecer su rol como agentes de paz. MilONGa tuvo un rol clave, no solo a través de la participación activa de sus voluntarios, sino también mediante la creación de sinergias con otras redes juveniles comprometidas con la transformación social.
Uno de los momentos más significativos del congreso fue el espacio de talleres colaborativos, donde los y las participantes imaginaron y diseñaron proyectos concretos de impacto local y global.
MilONGa no se define solo por lo que hace, sino por el horizonte que propone: un mundo más justo, más unido, más humano. Un mundo donde la solidaridad no es una consigna, sino una práctica cotidiana; donde la paz no es una utopía, sino una responsabilidad compartida.
Manuel Nacinovich
Enjugar las lágrimas de quien sufre
Difundir en el mundo la confianza
Acoger las preocupaciones de los demás
Ponerse de acuerdo
Provengo de un contexto familiar de división; nací de una relación extra-matrimonial de mi padre. Por ello mantuve en secreto mi existencia y durante mucho tiempo sentí, sobre todo siendo niña, un temporáneo abandono de su parte.
Sentía que mi historia tenía algo que quedaba en la oscuridad. Lo que no sabía era que Jesús iniciaría un proceso de conversión radical en la vida de mi padre, que lo llevaría a ser un pastor pentecostal.
Mi historia y el sentido de abandono podrían haber sido, sin duda, un motivo para alejarme de la fe. Sin embargo, no fue lo que sucedió. Frente a la experiencia del abandono, no podía dejar de interrogarme acerca de ese amor que, incluso frente al dolor de una niña, había alcanzado la vida de mi padre. A veces me preguntaba: “¿Qué tipo de amor es éste, que es capaz de atravesar el dolor que estoy sintiendo?”. Cuando tenía 16 años, durante un crucero por la finalización de mis estudios secundarios, encontré ese amor. Una noche, sentada en la parte superior del buque, la voz del Señor habló claramente a mi corazón: “No has nacido para hacer lo que hacen tus amigos, Mayara, tú eres mía”. Gracias a lo que empezó allí, me volví una joven pentecostal convencida.
Cuando tenía 19 años, entré a la Pontificia Universidad Católica de San Pablo (Brasil) para estudiar teología. Tras una historia que sólo el Espíritu puede escribir, llegué a ser presidente del Centro académico y de la Comisión estudiantil de teología del Estado de San Pablo. Era muy amiga de algunos seminaristas, y tuve contactos con varias diócesis y órdenes religiosas; algunos sacerdotes visitaban mi casa a menudo. Al comienzo, mi madre bromeaba: “Nunca me hubiera imaginado tener a tantos sacerdotes en mi casa, Mayara”.
Por esa experiencia decidí escribir mi tesis final sobre la unidad de los cristianos, pero cuando empecé a pensar en qué camino tendría que seguir, se dieron muchas cosas que me llevaron a reflexionar sobre mi historia familiar; atravesé un profundo proceso de perdón y reconciliación. Y así, mientras perdonaba, escribía. En todo momento, mi memoria me recordaba cuánto puede doler tener una familia dividida, pero fue en esos momentos cuando el Señor también me preguntó: “¿Y mi familia, la Iglesia?” Podía, y sentí que era necesario, unir mi abandono al de Jesús.
«Decidí escribir mi tesis final sobre la unidad de los cristianos (…), y se dieron muchas cosas que me llevaron a reflexionar sobre mi historia familiar; atravesé un profundo proceso de perdón y reconciliación».
Nella foto: Mayara durante el Congreso Ecuménico
en Castel Gandolfo (Roma, Italia) en el mes de 2025

Partiendo del patrimonio común de la Sagrada Escritura, concluí esa etapa tan sufrida escribiendo sobre el tema: “El Espíritu y la Esposa dicen: ¡ven!” La figura de la Esposa como respuesta profética a la unidad de la Iglesia”. Fue ese paso el que me condujo al diálogo católico-pentecostal: a la Comisión para la unidad de la Renovación carismático-católica de San Pablo y a la
Como encargados que somos de ser “peregrinos de la esperanza”, quisiera concluir todo esto que les he compartido con una frase que mi padre dice cuando cuenta la historia de nuestra familia. Repite innumerables veces que ella nació entre dolores y heridas, pero inundada por el amor infinito de Dios; se trata de la tribulación que se ha convertido en vocación”. Cuando mi padre vislumbra esa realidad, cita siempre la carta de San Pablo a los Romanos: “Allí en donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia de Dios” (
Mayara Pazetto
Foto: © CSC Audivisivi
Tiempo de escucha
Tú haces nuevas todas las cosas