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Para contarles esta historia, tengo que presentarles a mi amigo Anthony.
En aquel entonces, vivía en Nueva Jersey.
Padecía una enfermedad renal crónica y tenía que someterse a diálisis tres días a la semana. Como imaginarán, esto complicaba su vida diaria.
Un día pensé: “Tal vez podría donarle un riñón”. Fue solo una idea pasajera que me vino a la mente y nunca se concretó. Ni siquiera se lo mencioné a nadie.
Un par de meses después, fui a un retiro de Pascua. El primer día, fui a la capilla para prepararme un poco para el retiro. De repente, me vino a la mente esta pregunta: “Jean Pierre, ¿sigues queriendo donar un riñón?”.
La pregunta me tomó por sorpresa porque no lo había pensado en esos meses, pero en ese momento, allí en la capilla, reflexioné, oré y pensé: “Sí, quiero seguir adelante con esta idea. Y quiero ver si realmente puede convertirse en una posibilidad”.
Al día siguiente, durante el retiro, la hija de Anthony, Gidget, compartió su experiencia. Contó cómo, durante su adolescencia, su madre había sufrido mucho. Su madre padece lupus y una enfermedad renal. Ahora, muchos años después, su padre sufría la misma enfermedad renal.
Y continuó: “Aunque sufrimos mucho como familia, no cambiaría esta experiencia por nada del mundo”. Esto se debe a que, al reconocer a Jesús en la cruz en medio de ese sufrimiento, se sintió más cerca de Dios. Y esto, a su vez, fortaleció enormemente los lazos familiares.
Tras decir esto, Gidget abandona el escenario, pero luego regresa, toma el micrófono y dice: “Por cierto, si a alguien le interesa saberlo, el grupo sanguíneo de mi padre es O positivo”.
Esta frase me impactó porque yo también soy O positivo. Sentí que Gidget solo lo había dicho para que yo lo escuchara.
Entonces comprendí que Dios me había dado la oportunidad, el día anterior, de tomar esa decisión en paz y con libertad, solo entre Él y yo en ese momento en la capilla. Fue un regalo.
Luego, todo siguió su curso. También hablamos con otros miembros de la comunidad de los Focolares y nos hicimos análisis de sangre y tejidos. Todo era compatible.
Unos meses después, hicimos el trasplante de riñón.
Claro, también se habla de las consecuencias… en fin, se puede vivir con un solo riñón. Pero, obviamente, no lo había pensado en absoluto. Sentía que no era solo mi decisión, sino también una especie de aliento de Dios, como: “Mira, si quieres, esto podría ser una posibilidad…”. Era como una invitación discreta de Su parte para que diera ese paso por amor a Él. Esto me pasaba por la mente.
Por supuesto, Anthony y yo pasamos unos días en el hospital. Por mi parte, sentí una inmensa alegría en mi corazón. No era una alegría del tipo “yo hice algo”, sino que percibí que era una alegría que venía de Dios. Fue profunda, inmensa y tangible. Un verdadero regalo, ¿sabes?, un momento especial.
Jean Pierre Slee (Whashington – EE.UU.) Foto: archivo personal de JP Slee
Este vídeo forma parte de la serieOn Point producido por Focolare Media. Esta serie web explora los puntos clave de la espiritualidad del Movimiento de los Focolares a través de reflexiones y experiencias de vida. Visita Focolare Mediao sucanal YouTubepara acceder a más recursos de este tipo, disponibles con subtítulos y doblaje en varios idiomas.
Hace algunos años, lejos de mi familia, tuve que compartir vivienda por un tiempo con un colega de trabajo. Alberto, mi colega, era ateo. Hablábamos de deportes, cultura, religiones, etc. Yo le compartí un par de veces lo que había sido para mí la conversión, el encuentro con Dios, en Jesús. Me agradecía cortésmente, aunque, por supuesto, permanecía en sus convicciones.
Por otro lado, yo sabía que poner en práctica la palabra de Dios significaba amar concretamente a esta persona. Comencé, entonces, a interesarme de su vida, de su familia, de lo que le gustaba, de lo que le molestaba o lo que lo hacía sufrir.
Viendo que Alberto estaba muy ocupado, me ofrecí a cocinar más de lo que me correspondía y también hasta lavarle la ropa. A él le gustaba salir a correr y, aunque no era mi deporte favorito, empecé a salir a correr con él para conectar más con sus intereses.
Un día me propuso salir «a mujeres». Cortésmente le dije que no y le expliqué que para mí el sexo era algo muy profundo. Me miró medio incrédulo y, me dijo: «tengo que pensar en lo que me dices».
Nuestros caminos se separaron. Volví a encontrarlo años después en un aeropuerto. Nos abrazamos y me dijo: “¿sabes de dónde vengo? De una junta. Soy el presidente del consejo parroquial”. ¡Sorpresa! Yo no podía creerlo.
Alberto agregó: «Miguel, ¿recuerdas hace tantos años, cuando tú cocinabas en días en los que yo tendría que haberlo hecho, o cuando me lavabas la ropa y salías a correr conmigo? Yo te observaba, y veía que tú tenías algo dentro de ti, una luz, una fuerza para tu vida que a mí me faltaba. Pues bien, fue eso lo que me tocó y empezó, poco a poco, a sacudir mi corazón y mi mente. ¿Cuál fue el resultado? Una profunda conversación interior con Dios. Empecé a leer el Evangelio y a cambiar mi estilo de vida. Llegó el bautismo y, heme aquí: de ateo a presidente del consejo parroquial. ¡Gracias por aquellos meses que vivimos juntos!”
La noticia llegó de improviso e inesperada, la mañana del 10 de agosto. Kala Acharya acababa de apagarse dentro del campus de la Somaiya University en donde vivía y en donde, por deseo de su fundador, Shri Karamshi Jethabhai, dedicó a la institución cuarenta años de su vida. Como la definió Samir Somaiya, sobrino del fundador y actual Presidente de esa prestigiosa institución académica, Kala era ella misma una institución con su presencia y su personalidad. De acuerdo con el Doctor Shantilal Somaiya, que mientras tanto había asumido de su padre la dirección del fideicomiso que administraba la institución académica, había fundado el Somaiya Sanskriti Peetham, un instituto para la formación de docentes formales e informales a los valores morales y religiosos. Al mismo tiempo, se había involucrado junto al Doctor Somaiya en el diálogo interreligioso, colaborando, ya a mediados de la década de 1990, en el Seminario Católico San Pío X de Mumbai y con varios profesores e instituciones extranjeras, entre las cuales algunas italianas.
En septiembre del año 2000, a los pocos meses del primer viaje de Chiara Lubich a la India, Monseñor Félix Machado, subsecretario del entonces Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso), les pidió a Marina Pracchia y a Roberto Catalano, responsables de los Focolares en la India, que se pusieran en contacto con la profesora Kala Acharya a quien consideraba como una hermana y que esperaba pudiera participar en algún momento del viaje de Chiara Lubich. El primer encuentro en Vidhyavihar, en el gran campus de la Somaiya University, fue muy cálido desde el primer momento. Kala aceptó inmediatamente la invitación a participar en la ceremonia del otorgamiento del Premio Gandhi, Defensor de la Paz, que Chiara Lubich recibió del Shanti Ashram en Coimbatore, en los primeros días de enero de 2001. Justamente en Coimbatore, poco antes de partir para Mumbai, Chiara Lubich tuvo un encuentro personal con la académica india: se entendieron al instante. La fundadora de los Focolares escribió en su diario, al día siguiente: «Ayer, día de Reyes, he tenido un encuentro muy especial, tal vez con una criatura que posee un designio de Dios, Kala Acharya. […] Siendo muy culta, ha profundizado el diálogo hindú-cristiano, conoce muy bien el Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso y fue recibida dos veces personalmente por Juan Pablo II. Entrando en la sala donde nos encontramos, enseguida dijo que se sentía bendecida…: “El amor de Dios viene a mí. Trabajaré siguiendo la línea que tú me des. ¡Te lo prometo!”. […] ella quiere que me encuentre con un grupo de personas altamente cualificadas de varias religiones en Bombay: “tu palabra debe llegar directamente a todas las religiones –me dijo– es importantísimo el significado que tú le das al amor”. Habrá profesores, estudiantes, ‘queremos que todos ellos se vuelvan los vehículos de tu palabra’ «.
En las fotos: De izquierda a derecha: Chiara Lubich y Kala Acharya. En la segunda foto, entre Chiara y Kala, la profesora Shubada Joshi, y a la derecha, el Dr. Shantilal Somaiya. En la tercera foto: el Dr. S. Somaiya, Kala Acharya, Chiara Lubich y el cardenal de Bombay, Iván Dias.
De hecho, algunos días más tarde, en Mumbai debajo de una shamiana (una gran cortina decorada) en la explanada que está en el centro del gran campus universitario, había 600 personas que esperaban la palabra de Chiara Lubich. Ella contó su experiencia cristiana y su anhelo y compromiso en el diálogo. Poco antes, el Doctor Shantilal Somaiya le había asegurado a Chiara que quería transformarse en un soldado a sus órdenes, para llevar el espíritu de la unidad y del diálogo a todas partes. Fue el comienzo de una temporada única en la experiencia de los Focolares; y ello no solo porque todo se organizó siempre con los nuevos amigos hindúes y conjuntamente con el Dicasterio vaticano para el diálogo interreligioso y con la Diócesis de Mumbai. El Movimiento, por primera vez en su historia, se abrió a un diálogo interreligioso también a nivel académico. Y todo eso fue por mérito propio de la Profesora Kala Acharya quien le sugirió a Chiara proseguir la amistad juntas, a través de simposios para reflexionar sobre temas comunes. Justamente durante el primero de estos simposios Chiara Lubich sintió el impulso interior de compartir su experiencia espiritual más íntima. La respuesta entre los hindúes fue notable y Chiara continuó esta experiencia de comunión durante su segundo viaje a la India en 2003. En esa ocasión transcurrió toda una mañana junto a unos veinte de esos académicos para compartir realidades espirituales muy profundas en un clima de comunión difícil de describir.
Chiara y Kala se consideraron siempre ‘hermanas’ espirituales y Kala continuó, como pudo, pero con gran fidelidad, llevando adelante en su ámbito el diálogo interreligioso que había nacido de su relación con Chiara. Había comprendido –junto con otros hindúes como Minoti Aram y Suresh Uppadhyaya– la naturaleza profética del carisma que ella expresaba en estos términos: «En el hinduismo nosotros tenemos tres caminos para llegar a Dios: el Bhakti Yoga nos hace rezar, el Karma Yoga nos hace actuar, el Jnana Yoga nos hace pensar y meditar para llegar a conocerse a uno mismo y a Dios. Chiara Lubich nos propone un cuarto camino, el Prem Yoga, el camino del amor al hermano y entre nosotros «.
Del 29 de junio al 10 de julio, en el Centro Internacional de los Focolares, se realizó por primera vez un curso de formación para los miembros del Consejo General y de los consejos de los centros de las focolarinas y los focolarinos. Fueron momentos de encuentro que, en esta fase de transición tras la Asamblea General de 2026, han proporcionado herramientas concretas y orientaciones útiles a los nuevos miembros, valorando la experiencia de los miembros salientes. Un deseo ha animado estas intensas jornadas: caminar cada vez más «juntos y en comunión».
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Me llamo Tony, y mi esposa se llama Walaa. Vivimos en Belén, en la tierra en donde nació el Niño Jesús, y estamos casados desde hace dieciséis años. Dios nos ha dado tres hijos: John (14 años), Maria (11 años) y Andros (6 años).
Conocimos el Movimiento de los Focolares hace alrededor de diez años, cuando el focolar de Belén se encontraba al lado de nuestra casa. No imaginábamos en ese momento que esa cercanía se convertiría en un camino de vida. Desde cuando empezamos a participar de los encuentros del Movimiento y de las Mariápolis, y en los encuentros anuales de las comunidades para construir diálogo y fraternidad, muchas cosas han cambiado dentro de nosotros. El Evangelio ha pasado a ser el compañero cotidiano de nuestra vida, y el espíritu de unidad ha entrado a nuestra relación de pareja, al mundo en el que educamos a nuestros hijos y a nuestra forma de ver el mundo.
Pero la vida en Tierra Santa no es fácil. Vivimos en un lugar en el que se construyen más muros que puentes, y en donde se siembran más miedos que serenidad. Somos parte de esa realidad y ello pesa sobre nosotros todos los días.
La familia Ballout
Yo trabajo en la Municipalidad de Belén, mientras que Walaa es maestra en una escuela en al‑Eizariya (Betania). Para llegar hasta la escuela tiene que atravesar un puesto de control (checkpoint) militar y muy a menudo, además de tener que esperar mucho tiempo antes de que la dejen pasar, a raíz de los cierres existe el riesgo de que se quede afuera hasta muy tarde a la noche. Son muchas las experiencias dolorosas que se viven y cuando la dignidad de uno de los progenitores se ve afectada, los hijos también lo perciben y se experimenta una gran sensación de impotencia para proteger a la familia.
El muro se ha vuelto parte del paisaje cotidiano y a todo ello se añade la crisis económica que Belén está atravesando; o sea la desocupación es alta, los sueldos irregulares, y a menudo recibimos solo una parte del sueldo, mientras que las responsabilidades y los compromisos siguen siendo los mismos.
En el medio de todo esto, no hemos perdido la esperanza.
En el Evangelio hemos encontrado una respuesta a cada una de las preguntas de nuestros hijos, y en la familia de los Focolares un espacio auténtico de amor, unidad, comunión y vida evangélica. Hemos experimentado la presencia de Jesús Abandonado en medio de nosotros, y hemos descubierto que el Evangelio no es solo un libro para leer, sino que es una vida que se puede vivir en el día a día. Sabemos que la unidad es nuestra elección y que empieza con un gesto de amor para con el otro, incluso en las circunstancias más difíciles. Es este el legado que queremos dejarles a nuestros hijos.
Profundizando la espiritualidad de los Focolares, se nos propuso participar de la LFE 2026 (Loppiano Family Experience), la Escuela de Formación de verano para animadores del Movimiento Familias Nuevas, rama del Movimiento de los Focolares compuesta por familias que quieren vivir la espiritualidad de la unidad e irradiarla en el mundo, transmitiendo los valores que promueven la fraternidad universal.
Momentos de la «Loppiano Family Experience 2026»
Ante la propuesta, hemos considerado esa Escuela enseguida como una etapa importante en nuestro camino como familia y como pertenecientes al Movimiento de los Focolares en Tierra Santa. Pero el año pasado no pudimos participar porque los documentos de viaje no estaban listos; y agradecemos a Dios por haber podido participar este año.
Desde los primeros días nos hemos sentido dentro de una gran familia. Nos hemos encontrado con familias de países, culturas e idiomas distintos. La diversidad es una riqueza, y el amor tiene un idioma que todos comprenden.
Nuestros hijos han vivido experiencias que pueden parecer simples para muchos, pero que para ellos eran extraordinarias: caminar entre los árboles y las montañas sin miedo, sin ver armas, jugar libremente, hacer amistad con niños de diferentes países y vivir con ellos el amor. Todo eso para ellos ha sido un nuevo descubrimiento del significado de la infancia.
Nosotros, en cambio, hemos encontrado en el contacto con los demás y en las experiencias de las familias una verdadera escuela de vida. Hemos escuchado testimonios llenos de desafíos, pero también de esperanza, y hemos experimentado que la diversidad de culturas, costumbres y tradiciones no impide la unidad, sino que además la vuelve más bonita, realizando la oración de Jesús: “Que todos sean uno”.
Los temas afrontados en la Escuela han cambiado profundamente nuestra vida. Hemos entendido que las dificultades familiares no son el final del camino, sino una ocasión para crecer en el amor si se las vive con Jesús Abandonado. Lo hemos experimentado también en nuestra realidad en Tierra Santa, porque incluso el dolor puede ser un lugar en donde florece la esperanza cuando está Dios presente.
Volveremos a Belén más unidos entre nosotros, más convencidos de que la diversidad es una riqueza y que la unidad es una misión.
Esta experiencia nos ha llevado al corazón de nuestra vocación: ser una familia que vive el Evangelio y da testimonio del amor propio en donde ello parece imposible. Llevar la luz de la unidad a la tierra en donde nació Jesús.