Un nuevo espacio para conocer y dar a conocer de forma directa e informal. Un espacio para compartir noticias, historias e iniciativas para descubrir lo que ocurre en el Centro Internacional y en las distintas partes del mundo y reforzar el sentido de comunidad.
En este primer episodio partiremos del Centro Internacional (Rocca di Papa, Roma), sede central del gobierno del Movimiento de los Focolares, y tras algunas curiosidades conoceremos mejor a algunos de los consejeros que, tras la Asamblea General de marzo de 2026, han concluido su mandato.
¡Vamos!
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Si prestamos atención al mundo que nos rodea, nos damos cuenta de que a menudo lo que prevalece es el ruido de las opiniones. Todos desean decir la suya y se multiplican los espacios de debate en los que parece que todos lo saben todo. Sin embargo, no siempre encontramos en ellos auténtica sabiduría; a veces, por el contrario, se corre el riesgo de favorecer la superficialidad, la ignorancia y un progresivo empobrecimiento cultural.
Ante este panorama, ¿qué merece realmente ser escuchado? Existen palabras y Palabras. ¿Qué las distingue? Podemos llamar Palabras, con P mayúscula, a aquellas —escritas o pronunciadas— que, una vez hechas propias, tienen la capacidad de transformarnos. Son palabras que expresan sabiduría, porque ofrecen una clave de lectura de la existencia humana, del deseo de trascendencia y de las relaciones que unen a los seres humanos entre sí y con la naturaleza. Como escribió Rabindranath Tagore, poeta, filósofo y escritor indio: «Las palabras llegan al corazón cuando han salido del corazón».
La Palabra no pertenece a una época, a un lugar concreto o a una religión. Xavier Melloni, antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión, observa que para algunos la Palabra está inspirada por el Espíritu Santo, mientras que para otros es fruto de la iluminación de la conciencia. Pero ¿cómo reconocer cuándo nos encontramos ante la Palabra?
«Podemos decir que la Palabra es aquello que nos hace capaces de abrirnos a los demás, de entregarnos y de permanecer en silencio, yendo más allá de nosotros mismos hacia una profundidad cada vez mayor. La palabra auténtica es vital y genera vida»[2]. Así, la Palabra, entendida en un sentido amplio, libera de los vínculos a los que estamos sometidos; no depende de intereses ocultos, no es coercitiva, pero se convierte en idolatría cuando deja de ser sabia.
Y, sin embargo, la Palabra no resuena siempre del mismo modo en nuestro interior, incluso cuando está expresada con las mismas palabras. Su acogida está estrechamente ligada al momento de la vida que estamos atravesando. La superficialidad, las preocupaciones afrontadas con autosuficiencia o la indiferencia son obstáculos que impiden que la Palabra dé fruto en nosotros y, a través de nosotros, en los demás.
La Palabra sabia se convierte en un sólido punto de referencia en el camino del ser humano. A veces nos ofrece respuestas; otras veces suscita nuevas preguntas; nos permite contemplar las cosas desde una perspectiva diferente y abrirnos a dimensiones de la realidad que antes no lográbamos percibir; nos hace libres y nos conduce a experimentar aquello que es verdaderamente esencial para nuestra existencia. Solo la Palabra auténtica, la Palabra sabia, puede transformar nuestra manera de pensar y de actuar. Aceptada y vivida, nos ayuda a dar un mayor significado a nuestra existencia, a vivir relaciones más profundas y a construir juntos una sociedad más humana y fraterna.
Cuenta Jordi: «Cada encuentro con la Palabra es personal e íntimo. Mi encuentro con la Palabra llegó después de años centrados en el trabajo y la tecnología. La lectura de libros de distintos ámbitos —biografías, novelas, filosofía, etc.— despertó en mí la búsqueda de la sabiduría para dar sentido a las grandes preguntas de la vida, sostener mi existencia y comprender por qué la Palabra se manifiesta de formas tan diversas y aparentemente contradictorias. En este camino conocí la sabiduría de Chiara Lubich, expresada en una relectura nueva y vital del Evangelio y testimoniada por un estilo de vida estimulante. A pesar de su carácter confesional, demostró ser capaz de entrar en sintonía con personas que, como yo, no tienen convicciones religiosas y de implicarlas en el camino de la fraternidad».
Este mes alimentémonos de Palabras sabias, hagámoslas nuestras y transformémoslas en vida. Y, si tenemos la oportunidad, compartamos los frutos que generan con quienes, como nosotros, están en camino. De este modo construiremos juntos una convivencia más humana y llena de significado.
[1] Esta reflexión se inspira en la intervención de Jordi Illa en el Congreso Internacional promovido por el Centro para el Diálogo con Personas de Convicciones no Religiosas en 2013, titulado «La Palabra». 2 Véase Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
[2] Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.
LA IDEA DEL MES, está elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida, que es la frase de la Escritura que las personas del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES se traduce a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. dialogue4unity.focolare.org
Después de haber hablado en parábolas a una gran muchedumbre a la orilla del lago Tiberíades, Jesús se dirige a sus discípulos y les explica a ellos el sentido profundo de sus palabras.
El protagonista de nuestro relato es la Palabra de Dios, comparada con una semilla pequeña y frágil. La piedras, las zarzas y las aves pueden impedirles germinar, echar raíces y producir espigas maduras, pero el sabio sembrador conoce su sorprendente vitalidad.
A través de estas imágenes, Jesús revela la relación entre el hombre y la Palabra que Dios ofrece abundantemente, pero hay quien la acoge y quien, por diversos motivos, la deja caer sin que dé fruto. Efectivamente, en el corazón humano, la superficialidad y las excesivas preocupaciones materiales amenazan el milagro de la vida sobrenatural que Dios mismo desea encender en sus criaturas.
También a nosotros, como a los discípulos, Jesús nos invita a entrar en el humilde misterio del amor de Dios, y al mismo tiempo nos interpela personalmente sobre una decisión: ¿qué terreno queremos ser?
«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».
Escuchar y comprender: este parece ser el secreto que nos convierte en un terreno acogedor, donde la semilla de la Palabra puede expresar su fuerza y dar buenos frutos.
¡Qué valioso es estar disponibles a la escucha! Es el espacio espiritual para dejar entrar la vida de Dios, que siempre nos precede con su misericordia, con la paciencia del trabajador que conoce y respeta los tiempos de maduración.
Las palabras de Dios, como escribe Chiara Lubich, «iluminan interiormente no solo la mente, sino todo el ser, porque son luz, amor y vida. Dan paz –la que Jesús llama suya: “mi paz”– incluso en los momentos de turbación y de angustia. Dan alegría plena aun en medio del dolor que a veces atenaza el alma. Dan fuerza, sobre todo cuando sobrevienen el abatimiento o el desánimo. Nos hacen libres porque abren el camino de la Verdad. […] También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la Palabra de Dios: acojámosla atentamente cuando se nos proclame en las iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla… Pero sobre todo estamos llamados a vivirla. […] Al vivir una Palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada Palabra suya Él se entrega por completo, viene Él mismo a vivir en nosotros […] y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las circunstancias de la vida» [1].
«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto».
Wambil de México nos cuenta: «Hubo un tiempo en que me sentía atrapado en un profundo agujero. Estaba inmerso en una relación violenta, trataba de huir y arreglarlo todo con mis fuerzas. Influido por las redes sociales y el ruido exterior, a menudo perseguía cosas que no estaban en el plan de Dios. A pesar de todos mis esfuerzos, seguía sintiéndome vacío y sin una meta. Sabía que el amor es un lenguaje universal, así que me puse a hacer voluntariado, y encontré un modo de actuar que solo podía venir de Dios. Con el tiempo descubrí un lugar donde escuchar su Palabra y crecer en la relación con Él. Estoy profundamente agradecido».
Incluso cuando nos sentimos tierra árida y pedregosa, la misma Palabra es eficaz, como revela el profeta Isaías: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, […] así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55, 10-11).
Sostenidos por esta esperanza, en un tiempo dominado por miedos y tensiones, cultivemos también la confianza en las mujeres y en los hombres con quienes compartimos la vida. Confiemos en su capacidad de dar buenos frutos y de crear ocasiones de escucha y diálogo, para caminar juntos hacia el horizonte de la fraternidad.
Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida
[1] C. LUBICH, Palabra de vida de marzo de 2003: Ciudad Nueva n. 396 (2003/3), pp. 24-25.
Cada año, el primer domingo de mayo, a las 12:00 del mediodía, Run4Unity, la maratón mundial de los Chicos por un mundo unido, da comienzo en todos los países del mundo. Así, mientras decenas de chicos corren con las pirámides egipcias de fondo, en India se entregan los premios de la carrera de relevos recién concluida, y en Asunción, Paraguay, se preparan varias carreras de atletismo que comenzarán poco después en un gran parque de la ciudad. Estas carreras y torneos, en un espíritu de paz y solidaridad, comienzan en Oceanía y concluyen en América. Durante 24 horas, miles de chicos participan, listos para “comenzar” cuando su zona horaria marque el mediodía. En ese momento, reciben el relevo de los países de la zona horaria anterior y, una hora después, lo pasan a los países de la siguiente zona horaria.
Una idea brillante y sencilla que nació en el equipo del Centro Internacional de los Chicos por un mundo unido en 2005 junto con algunos gen 3, después de que Chiara Lubich, recién llegada de un viaje a la India, les contara la maravillosa experiencia que tuvo cuando fue invitada a participar en una gran manifestación de jóvenes del Movimiento Hindú Swandhyaya, muy vinculados con el deporte: “Quizás el deporte podría ser un camino para los chicos”, había dicho Chiara.
El formato Run4unity se extendió rápidamente, adaptándose localmente a las distintas naciones y a las características específicas de cada cultura: el deporte se combina con acciones de diálogo interreligioso, desarrollo para los más necesitados, defensa y cuidado de la naturaleza, y compromiso con la paz y la fraternidad entre los pueblos.
En 2025, la DG EAC (Dirección General de Educación, Juventud, Deporte y Cultura), un organismo de la Comisión Europea, y la EACEA (Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura), que gestiona la financiación para la educación, la cultura, lo audiovisual, el deporte, la ciudadanía y el voluntariado, lanzaron los premios deportivos europeos #BeActive EU Sport Awards.
New Humanity del Movimiento de los Focolares presentó su proyecto internacional plurianual Run4Unity, que fue seleccionado como finalista en la categoría de Paz. “Hace unas semanas, supimos que habíamos sido seleccionados entre 279 actividades deportivas presentadas y, por lo tanto, estábamos entre los 15 finalistas, tres por cada categoría”, comentaron. “La comunicación incluía una invitación para que dos representantes de cada proyecto viajaran a Bruselas el 23 de junio de 2026 para la ceremonia de entrega de premios. Agostino Spolti (ex codirector de Chicos por un mundo unido) y Elisabetta De Bernardi (una joven que ha participado como joven y adolescente en varias ediciones de Run4Unity centradas específicamente en la paz) nos representaron, ¡y ganamos!”. Un reconocimiento de alto nivel a esta propuesta en 2026 que, 21 años después de la primera Run4Unity, ha visto celebrarse carreras de relevos en todo el mundo, en más de 100 países, con miles de niños, acompañados por jóvenes y adultos en una fructífera relación intergeneracional.
El deporte es una forma de experimentar la inclusión, el cuidado de los demás, el respeto y el crecimiento conjunto, y —como se indicaba en el anuncio de la competición— es, sin duda, una manera de forjar y difundir una cultura de paz. “Ganamos”, afirma Agostino Spolti, “porque Run4Unity encarna precisamente estos elementos: el deporte, el relevo entre distintos países, el sentimiento de pertenecer a una misma familia humana, la reflexión y la oración por la paz con el Time Out, y todo ello con un gran valor educativo”.
El miércoles 24 de junio de 2026, a las 6:04 de la tarde, Venezuela cambió su rostro en menos de un minuto. Dos terremotos, de magnitud 7.1 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro-norte del país. El epicentro fue localizado cerca de Morón, en el estado de Carabobo, pero el impacto ha sido devastador, sobre todo en La Guaira, en Caracas y en las zonas limítrofes, en donde numerosos entre casas y edificios se derrumbaron. El balance de las víctimas, de los dispersos y de los heridos sigue subiendo mientras prosiguen las tareas de rescate. Equipos especializados provenientes de varios países están llegando para unirse a la búsqueda de los sobrevivientes, junto a las ayudas humanitarias y bienes de primera necesidad, en una respuesta internacional que crece hora tras hora.
Las réplicas no dan tregua; ya son más de 100. Algunas apenas se advierten, otras nos obligan a escapar de las casas continuamente. Vivimos en un estado de alerta constante. Dormimos poco. El cansancio pesa, pero también el miedo. A todo ello se suman las dificultades de una ciudad que trata de seguir funcionando. Las líneas telefónicas y la señal de internet funcionan en forma intermitente, la electricidad sufre continuas fluctuaciones y, en muchos edificios, la provisión de gas ha sido suspendida por precaución. Incluso las decisiones más simples requieren un gran esfuerzo: organizarse, concretar acciones, coordinar equipos o simplemente comunicarse con las personas queridas para saber si están bien. Todo se vuelve complicado cuando la tierra sigue recordándonos que aún no ha terminado de temblar.
Venezuela afronta este terremoto partiendo de una condición de vulnerabilidad. Muchos edificios se han construido sin criterios antisísmicos, que hoy son la norma en otras regiones, y algunos arrastran consigo años de desgaste y mantenimiento insuficiente. Esta emergencia se suma a una realidad socio-económica ya comprometida. Todo ello vuelve aún más complejo el proceso de respuesta.
Sin embargo, en medio de esta realidad tan frágil, estamos descubriendo también una fuerza inmensa que nace de la comunión.
Como Movimiento de los Focolares hemos abierto nuestras casas –los focolares, que afortunadamente no han sufrido daños estructurales– para acoger a los que han tenido que abandonar su vivienda. Algunas familias ya no pueden volver a sus casas, porque los edificios corren el riesgo de derrumbarse. Otras lo han perdido todo. Hemos ofrecido alojamiento, alimentos, ropa y todo lo que pueda aliviar las necesidades más urgentes e inmediatas.
Lamentablemente, el dolor ha tocado también a nuestra familia muy de cerca. Una voluntaria del Movimiento ha perdido a algunos familiares por el derrumbe de los edificios en donde vivían. Solo una sobrina se ha salvado y ya se ha recuperado tras su paso por el hospital. Como ellos, muchas familias esperan noticias entre los escombros; otras lloran a sus seres queridos y muchas siguen aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a los que están dispersos.
La solidaridad forma parte de nuestra identidad y en estos días se hace tangible. Desde las primeras horas después del sismo se han multiplicado los viajes entre Caracas y La Guaira: se trata de autos privados, voluntarios, parroquias, organizaciones y vecinos que llevan agua, comida, medicamentos, ropa y artículos de primera necesidad. Enteras comunidades de otras regiones del país que nada más han advertido el terremoto se han organizado espontáneamente para equipar centros de recolección, distribución de las donaciones y preparar las ayudas que siguen llegando a las zonas más afectadas; a través de la Iglesia. Toda pequeña iniciativa, toda llamada telefónica, cada uno de los paquetes es preparado con cuidado, cada persona que ofrece su propio tiempo, teje una red de fraternidad que sostiene a quien más lo necesita.
Nos conmueve profundamente también la cantidad de personas, dentro y fuera de Venezuela, que desean ayudar. No hemos logrado aún responder a todos los mensajes que nos han llegado. Familiares, amigos, miembros del Movimiento y personas que quieren simplemente saber cómo estamos o preguntar cómo pueden colaborar. Estamos activando todas las sinergias posibles para que esta enorme generosidad encuentre canales concretos y llegue allí donde hay una necesidad mayor.
A todos ellos les queremos expresar un agradecimiento sincero. Gracias por las oraciones, por los mensajes de cercanía y por los gestos concretos de solidaridad que ya están actuando. En momentos como este experimentamos de una manera muy viva lo que Chiara Lubich nos ha dejado como horizonte: “Sean una familia”.
Tal vez el desafío más grande es vivir el momento presente. No anticipar el miedo al próximo temblor ni quedarse paralizados por la enormidad del dolor. Permanecer en el presente es, hoy más que nunca, el camino para descubrir lo que el Amor nos pide en cada momento.
Vivir el carisma de la unidad nos lleva, en este contexto, a dar una respuesta concreta: ser puentes en donde hay aislamiento, ofrecer fraternidad en donde el miedo divide y sembrar esperanza allí donde la incertidumbre parece imponerse.
Hay mucho camino por recorrer aún. La emergencia no ha terminado y la reconstrucción requerirá tiempo. Pero en el medio de tantas pérdidas somos también testigos de una humanidad que no se resigna, que se organiza, que comparte lo poco o lo mucho que tiene y que vuelve a recordarnos que cuando la tierra tiembla, el amor puede seguir siendo el terreno más sólido sobre el que reconstruir la esperanza.